Hace más de 2000 años: nacimiento y resurrección

La opinión del Empresario…

JUAN RAMÓN MORALES
juramor777@hotmail.com

Hace dos mil años, se produjeron los acontecimientos más importantes que registra la historia humana: Nacimiento, muerte y resurrección de Jesús.

Una estrella guió el camino, para así adorar al unigénito de Dios Padre. Nació en un pesebre, con la mayor humildad, diciéndole al mundo con cuanta humildad debemos vivir. Sus calentadores eran: un buey y un asno; y su castillo, apenas el portal que encontraron.

El nacimiento de Jesús separó la historia en dos épocas: A. de C. y D. de C. nadie antes separó la historia de la Humanidad en dos épocas como ocurrió, hecho este que ha tenido origen divino incuestionable, negado por nihilistas, hebreos y ateos. La separación de dos épocas humanas confirma definitivamente el advenimiento del Hijo de Dios.

Muchos fueron los profetas que habitaron la Tierra, todos han sido voceros de la voluntad de Dios, como lo fue también Jesús, con la diferencia de que Jesús, Hijo de Dios, es el Dios mismo y quien marcó verdaderas pautas.

Jesús vivió y murió haciendo del amor su primerísima bandera de lucha y de ejemplo. En torno a estos hechos, cabe una pregunta: ¿El hombre ha seguido las enseñanzas del Redentor?, definitivamente no.

Las luchas intestinas que se han dado en el mundo y las dos conflagraciones mundiales han puesto de manifiesto el camino equivocado por el que ha caminado la Humanidad.

El ego, las mezquindades, las ambiciones desmedidas para lograr el poder son ejemplos fehacientes de la ruina humana que mina al hombre en las profundidades de su conciencia.

La descomposición social, la desintegración de los hogares, la pésima distribución de la riqueza, todos estos ingredientes al margen de las enseñanzas de Jesús, están contribuyendo a la violencia intrafamiliar, la violencia en los diferentes escenarios de la vida humana. ¡Qué lástima!

En un par de meses, estaremos conmemorando la Semana Mayor y celebrando el día de la resurrección de Jesús, el día en que Jesús venció a la muerte, para demostrar al mundo su omnímodo poder.

Uno de los propósitos indiscutibles de la presencia de Jesús en la Tierra, fue para que la Humanidad confirmara que el Dios invisible, sí existe y que vino al mundo para reafirmar su existencia y se inmoló para el perdón de nuestros pecados.

En una oportunidad conversaba con un amigo, al margen de creencias religiosa, le expresé: ‘Han habido manifestaciones divinas, entre las cuales, la que te citaré, no admite réplica alguna. Una campesina, ignorante, no leía y menos escribía, pero su conducta ejemplar le valió ser merecedora de revelaciones divinas, así las cosas, se convirtió en la mujer que comandó ejércitos y ganó grandes batallas dando a Francia unidad sin precedentes, expulsando a los ingleses hace menos de 600 años. Esta campesina ignorante, fue nada menos que Juana de Arco’. ¿Puede, sin que medien hechos divinos, convertirse cualquiera mujer ignorante en lo que se convirtió Juana de Arco? Estoy con vencido que no. Así son las cosas.

Este artículo se publicó el 7 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Mujer, creación de Dios

Un mensaje al Corazón.  El mensaje, el consejo y la opinión del Obispo Auxiliar de San Pedro Sula,  Monseñor…

Rómulo Emiliani

Dios creo al hombre y a la mujer iguales en dignidad; diferentes a nivel biológico y psicológico, pero complementarios. Por ser creación de Dios, la mujer no es inferior al varón. Pero desde el principio, en la Biblia y todo el contexto ambiental de oriente, vemos una marcada diferencia en los papeles sociales, donde la mujer ha sido tratada como un ser de inferior categoría.

Jesús de Nazaret siempre trató con respeto y admiración a las mujeres. La figura femenina, tanto de María como de otras mujeres que Cristo trato, tiene un porte, una elegancia y un respeto. Aún María Magdalena, la de los siete demonios, se convirtió en una mujer maravillosa, quien tuvo el honor de ser la primera persona a la que Cristo se apareció al resucitar.

María Santísima, la Madre de Jesús, alcanzó un grado superlativo de santidad, más que cualquier otro ser humano, siendo declarada por la Iglesia pura e inmaculada, aún en su concepción. Ella es la mas digna y ejemplar, la más perfecta en su ternura, fortaleza, agudeza y profundidad, en su fe y aceptación del plan de Dios. María es el ejemplo total de una persona perfecta.

En la historia hay muchos ejemplos concretos, y tantos otros anónimos, en los que se destacan mujeres ejemplares, personalidades maravillosas y únicas. Pero en muchas culturas primitivas, se tenía a la mujer como un ser totalmente inferior y aún en la edad media la mujer era un ser de segunda categoría.   En los años de su historia, la Iglesia Católica ha defendido la integridad, dignidad y santidad de la mujer. En ella han nacido innumerables mujeres realmente santas, que gracias a vivir en Gracia de Dios han llegado a la cúspide del desarrollo espiritual y humano. El Señor creó a la mujer para que complementara al varón y ambos se perfeccionaran. La dotó con una energía y vitalidad única, una sensibilidad muy especial, emociones y sentimientos más profundos y desarrollados, más feminizados, una ternura muy especial, una intuición aguda y una potencia anímica más desarrollada. Para que el mundo sea más perfecto, el hombre y la mujer deben complementarse, y unidos lograrán hacer de este mundo el que Dios quiere.

¿Qué ha pasado a la humanidad; qué gran error histórico hemos cometido, qué tragedia tan espantosa hemos permitido que ocurra por mantener prejuicios tan descabellados en contra de las mujeres? ¿Cómo es posible que en este siglo,   hasta hace unas décadas, en muchos países las mujeres no podían ni votar? Desgraciadamente, también en nuestra cultura latinoamericana se han pisoteado muchísimo los derechos de las mujeres.

Las sociedades machistas como la nuestra han causado mucho daño porque la mujer muchas veces es vista como una esclava, un objeto sexual o alguien simplemente inferior.

 

<>Artículo publicado el  5 de febrero  de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Una fiesta con nombre y apellido

 

La opinión de…

 

Benito Ladrón De Guevara Ureña

Hace algunos años se descubrieron en las costas de Palestina documentos antiquísimos, suscritos nada menos que por Pontius Pilatus, en los cuales habla sobre Jesús o Cristo. Esto me llamó la atención, pues, hasta donde sé, dicho personaje no fue cristiano y al escribir sobre Cristo manifiesta una prueba clara de la existencia histórica del carpintero de Nazareth.

Pero resulta que, también, escribieron sobre Cristo, Plinio el joven, el historiador romano Suetonio, el judío Flavio Josefo y Tácito, célebre historiador romano, quien, además de definir al cristianismo como “detestable superstición”, dice “este nombre les viene de Cristo a quien, bajo el principado de Tiberio, Poncio Pilato entregó al suplicio…”. Obviamente, la misma animadversión demostrada por Tácito hacia Cristo y al cristianismo, sirve de prueba fidedigna a la existencia de Jesús.

Haber mantenido una doctrina idéntica por más de 2 mil años por parte del cristianismo es, también, prueba de que esta doctrina tuvo como punto de partida la existencia real y concreta de su fundador. La gran cantidad de escritos no bíblicos, en los que se exponen las líneas generales de esta religión, siempre basados en la vida de Jesús descrita en los evangelios, sin contradicciones importantes, indican una fuente concreta e histórica.

Aunque no se sepa exactamente el día y la hora en que nació Jesús, hay un hecho cierto: nació, y ha sido tan grande su influencia, que hay una fecha estimada de su nacimiento para celebrarlo de manera especial. Para muchos no cristianos, este hombre de Nazareth, no es Dios, pero sí es un modelo de lealtad a sus convicciones, un ejemplo de hombre, fue capaz de defender sus ideales hasta las últimas consecuencias. Bien pudo haberse salvado de la cruz, pudo negociar con Pilato, enviar su legión de ángeles, pero no… decidió continuar con su dolorosa misión. Se pone al lado de los grandes hombres y mujeres que mueren por sus ideas. Menos claudicar.

Para los que sí creemos en Cristo, como hombre y como Dios, su nacimiento fue el inicio de la redención prometida por el Padre desde los inicios de la humanidad. En este sentido qué difícil es entender el amor. Por ejemplo, el amor de una madre que se atreve a sufrir lo indecible con tal de parir a su hijo, o el amor de un padre que trabaja de sol a sol para gastar su dinero en su familia, el amor de una misionera que se va a predicar su religión a lugares inhóspitos…, pues más grande que estos amores, probados en el sacrificio, fue el amor de Jesús. En vez de venir como un titán poderoso y vencer a cuanto ejército se le enfrentara, se hizo niño, indefenso, hijo de José y María, nacido en una cueva, visitado por humildes pastores, para después ser ultrajado y asesinado en una cruz. No envió un ángel, ni a un profeta, ¡cuánto amó Dios al mundo que mandó a su propio hijo!

Muchas más cosas se podrían escribir sobre Jesús, con más autoridad y de mejor manera, pero basta con estas humildes líneas para concluir que la Navidad es una fiesta, pero no una fiesta cualquiera, el cumpleaños de quien nos liberó, no el de quien nos invita a comprar y vender; es la fiesta del amor, no la del negocio.

Por eso, los creyentes adornan sus casas con nacimientos, enalteciendo la figura del niño Dios, no otras figuras; por eso decimos: ¡Feliz Navidad! y no simplemente felices fiestas. En fin, no dejamos usurpar el sentido de la Navidad, para que haya gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres y a las mujeres de buena voluntad.

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<> Este artículo se publicó el 31 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Verdades

La opinión de…

Aviva  Levy 

A dos días de celebrarse la Navidad se publicó una opinión del Analista Internacional Jairo Henri Pertuz Suarez donde nos presenta un breve recuento de la descendencia judía de Jesús y hace la pregunta: “¿Quién tiene la verdad, los judíos o los cristianos?”. Luego nos afirma con las siguientes palabras: “cada Navidad los judíos en todo el mundo hacen mucho dinero a costas de Jesús, aunque no festejan su nacimiento ni lo aceptan como su Mesías”.

 

No entraré en detalles pero sí les haré recordar que cuando hablamos de religión estamos hablando de un conjunto de sucesos históricos, los cuales se han acoplado, evolucionado y transformado a lo largo de los tiempos.   Ninguna religión se hizo en un día.   El origen y el resultado son factores que encierran entre estos una lista larga de transformaciones, conflictos ideológicos, asimilaciones, influencias externas, cambios, añadidurillas y ajustes, los cuales han pasado por largos corredores de otros conflictos, obstáculos, rechazos, etc.    Ninguna religión, ningún pueblo, ninguna filosofía ni pensamiento poseen una absoluta verdad,   no de un Mesías,   no de un Dios y tampoco de una deidad.

La religión es parte de una cultura, es parte de las creencias de un pueblo y de ninguna manera poseen las llaves de alguna verdad.   La verdad única que provee una religión es el de darle al pueblo una manera sana de convivencia, de bienestar y hermandad. En tiempos antiguos, incluyendo tiempos llamados Bíblicos, las religiones eran parte de la política con la cual se gobernaba el pueblo.

Con respecto a la parte comercial que menciona Pertuz con un: “los judíos hacen mucho dinero a costas de Jesús” debemos recordar que en primer lugar esos judíos les proporcionan puestos laborales a miles de personas así como aportan en el desarrollo económico del país.   La venta de artículos navideños no es a costa de Jesús, es pura demanda y oferta tal como en otras festividades, día de la madre, padre, día del maestro, carnavales, Halloween. Pertuz también se queja del “improvisado personaje llamado Santa Claus” a lo cual debemos recordar que este personaje se origina en Europa probablemente de alguna leyenda antigua la cual inspiró la noble práctica de obsequiar regalos a los niños pobres en Navidad.

Así que ya saben… la Navidad, regalos, Santa Claus, judíos, todo esto es parte de la verdad de hoy. Y hablando de hoy, este es un buen momento para felicitar a los nuevos propietarios de Panamá América, los empresarios Alberto Eskenazi y Henry Mizrachi.   Les deseo muchos éxitos y tengo las esperanzas en que no permitan que las páginas de este diario se manchen con judeofobia.

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<>Artículo publicado el  29 de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

El buen samaritano: II

La opinión del Empresario….

 


RAFAEL CARLES
rcarles@cableonda.net

Recibí muchos comentarios la semana pasada sobre mi columna acerca de la parábola del Buen Samaritano y decidí retomar el tema, precisamente porque nos encontramos en una época que permite y facilita la reflexión.

En los tiempos antiguos existía la incertidumbre sobre el término prójimo. No se sabía a ciencia cierta si se refería a los del propio clan familiar, a los amigos, a quienes pertenecían al pueblo de Dios, etc. Había diversas respuestas. Por eso, el doctor de la ley le pregunta a Jesús: ‘¿y quién es mi prójimo?, ¿con quién debo tener esas muestras de amor y de misericordia?’.

A través de esta bellísima parábola, se nos explica el significado y alcance de la palabra prójimo: el prójimo es un hombre, un hombre cualquiera, alguien que tiene necesidad de mí. No se hace ninguna especificación de raza, amistad o parentesco. Nuestro prójimo es cualquiera que esté cerca de nosotros y tenga de necesidad de ayuda. Nada se dice de su país ni de su cultura, ni de su condición social: homo quidam, un hombre cualquiera.

En el camino de nuestra vida vamos a encontrar gente herida, despojada y medio muerta, del alma y de cuerpo. La preocupación por ayudar a otros nos sacará de nuestro camino rutinario, de todo egoísmo, y nos ensanchará el corazón guardándonos de caer en la mezquindad. Encontraremos a gente dolorida por falta de comprensión y de cariño, o que carece de los medios materiales más indispensables; herida por haber sufrido humillaciones contra la dignidad humana; despojada, quizá, de los derechos más elementales: situaciones de miseria que claman al cielo. Por eso, una persona que dice ser cristiana nunca puede pasar de largo, como hicieron algunos personajes de la parábola.

También encontraremos cada día a ese hombre al que han dejado medio muerto, porque no le enseñaron las verdades más elementales de la fe, o se las han arrebatado mediante el mal ejemplo, o a través de los grandes medios modernos de comunicación al servicio del mal. No debemos olvidar en ningún momento que el bien supremo del hombre es la fe, que está por encima de todos los demás bienes materiales. Y procuraremos dar, junto a los bienes de la fe, todos los demás: los de la cultura, la educación, la formación del carácter, la moralidad en las costumbres, el anhelo de justicia social, expresiones vivas y concretas de una caridad rectamente entendida.

Las personas no deben desatenderse del bienestar humano y social de tanta gente necesitada, y tampoco deben dejar en un segundo plano esa preocupación por iluminar las conciencias en cuanto a la fe y la vida espiritual.

Y continúa la parábola: lo vio y pasó de largo. Los que pasaron de largo no hicieron un nuevo daño al hombre malherido y abandonado, como terminarle de quitarle lo que le quedaba, insultarle, etc. Iban a lo suyo —quizá cosas importantes— y no quisieron complicaciones. Dieron más importancia a sus asuntos que al hombre necesitado. Su pecado fue ése: pasaron de largo.

Dios nos pone al prójimo, con sus necesidades concretas, en el camino de la vida. El amor hace lo que la hora y el momento exigen. No siempre son actos heroicos, difíciles; con frecuencia son cosas sencillas, pequeñas muchas veces, pues esta caridad no hay que buscarla únicamente en los acontecimientos importantes, sino ante todo, en la vida ordinaria. En prestar un pequeño servicio, en dar un poco de aliento a quien hemos encontrado desalentado, en una palabra amable en la que mostramos nuestro aprecio, en una sonrisa, en indicar con amabilidad la dirección de una calle que nos han pedido, en escuchar con interés.

Los quehaceres de este buen samaritano pasaron por unos momentos a segundo término, y sus urgencias también: empleó su tiempo, sin regateos, en auxiliar a quien lo necesitaba. Es decir, no solo debemos estar dispuesto a compartir nuestro tiempo, sino también nuestras aficiones personales, nuestros gustos deben ceder ante las necesidades de los demás.

Y la parábola concluye con una lección cordial dirigida al doctor: Ve y haz tú lo mismo. Sé el prójimo inteligente, activo y compasivo con todo el que te necesita. Es una lección que apunta directamente a todos nosotros, para que acabemos con la indiferencia y las discriminaciones. Ya lo sabemos: ¡el prójimo es cualquiera!

 

 

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<> Este artículo se publicó 28  de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

El regalo

La opinión del Analista Político y Escritor….

 

RAFAEL  MONTES 
recursossinlimites@gmail.com

De la religión persa de Zoroastro que practicaban los tres Reyes Magos, obtuvimos por herencia de conocimiento los temas acerca del bien y el mal, el monoteísmo, Dios y Satanás, demonios y ángeles, así como del cielo y el infierno, además de fundamentales principios morales que no debemos pasar por alto; todo ello como preludio de algo que todavía no hemos entendido:

Dios no tiene exclusividades y su plan de salvación para la Humanidad es inclusivo, su plan es el mismo para todas las naciones, tal como ya había sido dado al hebreo Jonás el encargo de salvar a la antigua Nínive asiria o cuando Ruth la moabita se caso con Booz, la verdadera descendencia multiétnica del linaje humano de David de donde proviene el Salvador.

Los Magos no eran magos sino príncipes consejeros, hombres de gran sabiduría y ciencia, incluyendo astronomía, poseedores de dones de revelación e interpretación de las profecías. Por ello, sin ser judíos, interpretaron correctamente la estrella que señalaba hacia Belén, cosa que no sabía la institución religiosa local ni el poder político; de allí la reacción de Herodes y el sacerdocio.

Humildad y opción preferencial por los pobres, es el significado del pesebre, Jesús tuvo por cuna el recipiente donde comen los animales rumiantes.   Él nació en Curundú, en Cerro Cocobolo, en Ñurum, en Besico, en Boca de Cupe, en ese contexto de miseria y pobreza recibió el Niño la visita de los tres sabios consejeros con agrado, quienes postrados a sus pies le adoraron.

Tan significativo como los tres sabios persas son los regalos que ofrecieron en oro, incienso y mirra, indicativos de los oficios del Dios-Hombre: Rey, sacerdote y sacrificio.

El oro representa a la realeza, Jesús es Rey y su reino no es de este mundo, está inmerso en los corazones de todo aquel que cree, así como sus decretos y leyes son los principios que guían tu actuar.

Del incienso se infiere el sacerdocio y su santidad, el verdadero pontífice que construye puentes de entendimiento entre Dios y el hombre y entre los propios hombres.

La mirra representa el sacrificio necesario por el perdón de nuestros pecados. Jesús el Salvador es el sacrificio, el Mesías prometido por siglos que murió en favor de todos nosotros, Él es el significado de la Navidad, Él es el regalo que da vida. ¿Aceptarás hoy con agrado el regalo de Dios para ti?

 

 

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<> Este artículo se publicó el 22  de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Símbolo de la luz

La opinión del Periodista y Docente Universitario…

 

DEMETRIO OLACIREGUI Q. 
d_olaciregui@hotmail.com

Andemos como de día, honestamente.   No en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidias. San Pablo.

Entre las múltiples anécdotas que los historiadores han rescatado de la vida de Diógenes, sabio y filósofo del siglo IV a.C., hay una en la que dan cuenta de que apareció por las calles de Atenas con una lámpara en la mano a plena luz del día. ‘Busco un hombre’, repetía insistente, mientras iba apartando a quienes se cruzaban en su camino. ‘Lo que veo es pura basura. Busco un hombre honesto’. La lámpara de Diógenes hacía la diferencia entre la luz y las tinieblas.

Una de las plagas de Egipto fueron las tinieblas que envolvieron el reino por tres días, tan densas que ninguno podía ver el rostro de quien estaba cerca, lo que aterrorizó al faraón y su pueblo.

La luz es ancestralmente el símbolo de la vida y ha sido utilizado en los rituales litúrgicos de la mayoría de las religiones. En Egipto colocaban el universo de los vivos bajo el fuego del sol. Rodeado por la luz de las tinieblas se situaba el universo de los muertos en un rayo que proyectaba el lucernario.

La luz ha sido preocupación constante de pintores y poetas. El cine, el video y la fotografía, refulgen con la luz. La energía y la luz generada por la electricidad transformaron el mundo cuando se introdujo de forma industrial a comienzos del siglo XIX. ‘He aquí que tinieblas cubrirán la tierra y oscuridad las naciones, pero sobre ti alumbrará Dios’, dijo el profeta bíblico.

Las tinieblas se definen como falta de luz, corrupción, violencia, muerte. No hay comunión entre la luz y las tinieblas. Salir de las tinieblas morales a la luz admirable de la virtud, es uno de los anuncios de la llegada de Jesús, el Mesías, a este mundo.

Las acciones de las tinieblas son aquellas que se hacen a escondidas, en secreto, ocultas, que no pueden realizarse a plena luz del día. En la luz prevalecen las acciones transparentes, sinceras, de acuerdo a valores elevados. Son las que irradian un comportamiento ético, de justicia, compasión, solidaridad, desprendimiento, y persiguen el bien común.

Levántate a alumbrar, es una consigna que da el contraste entre los hijos de la luz, del día, y los de la noche y las tinieblas.

La luz es un hermoso símbolo para describir la vida del ser humano. Hay culturas que celebran la fiesta de las luminarias, dándole a la luz una dimensión sagrada. Realzan la capacidad de la luz para iluminar la oscuridad de lo vulgar, profano y abyecto. Porque la luz es elemento central de la vida sobre la Tierra. Es el reflejo de lo divino que aún palpita en la esencia del ser humano. La luz y su contrapartida, las tinieblas, estuvieron relacionadas desde siempre con la Humanidad. Frente a la oscuridad, la luz aparece como sinónimo de bondad, de pureza, de lo sagrado. Panamá, como colectivo social, vive tiempos de oscuridad, de exclusión, de baja calidad democrática, de inseguridad y temor. Desde la cúspide del poder, la rapiña y la avaricia sin límites, tratan de eclipsar la energía espiritual de los panameños. Pero la buena nueva es que no han podido exterminar al remanente que trabaja con dedicación para dar luz e iluminar con acciones ejemplares la realidad nacional. En esta época sombría en la que vive Panamá —producto de las acciones de la banda gobernante corrupta que pretende robarse el país— hay que tener la expectativa, porque de esa oscuridad brote la luz. La naturaleza enseña que después de la noche viene el día. La luz es la toma de conciencia acerca de las razones por las que hay que luchar por acabar con el periodo de tinieblas que están envolviendo al país.

‘En cuanto caiga la noche’ —aconseja Amado Nervo— ‘enciende tu lámpara. No permanezcas en la oscuridad. Enciende cuidadosamente tu lámpara’.

Así, al irradiar luz, pueden obtener consuelo los viajeros de la vida, las personas solitarias y abandonadas, los niños y los ancianos, las víctimas del gobierno y sus funcionarios despóticos, de la violencia, la enfermedad, la marginación y la exclusión. A quienes tienen por existencia una jungla que trata de engullirlos diariamente. ‘En verdad te digo —plantea el poeta— que es misericordioso, a las primeras sombras, encender nuestra lámpara: la buena lámpara de que el Padre ha provisto a los caminantes de la vida’.

 

<> Este artículo se publicó el 23 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.