¿Y si no celebramos carnavales?

La opinión del Comunicador Social…

ERNESTO  A. HOLDER
ernestoholder@gmail.com

Me incomoda la pasividad de la mayoría de la población ante los retos de avaricia y sordidez que enfrentamos.   Creo que lo que hay es una gran pereza, sí y compartida; multiplicada a la enésima potencia del desinterés. Confieso, nuevamente que, cada semana, se hace más difícil escribir esta columna frente a los acontecimientos que se dan, rápidamente y tan de seguido en el espacio de siete días.

Antes he expuesto que mis preocupaciones fundamentales se centran en el deterioro de la condición social y cultural de la especie y particularmente, de los que habitan esta estrecha franja de tierra en las Américas.  El Yo por Yo y mis amigos, más nadie.

Acaba de terminar la primera década del nuevo milenio. Hemos recuperado la totalidad de nuestro territorio a expensas de la vida de tantos ilustres héroes de todas las capas sociales, que en muchos casos, sacrificaron todo para que fuéramos soberanos a cabalidad. Idealicé para este tiempo, una sociedad en franco camino a compartir espacios de crecimiento, desarrollo social y cultural. Una sociedad entretejida, avanzando hacia metas comunes de prosperidad; mejores condiciones de vida para todos. Una sociedad respetuosa del espacio, las ideas, la cultura y los deseos de cada sector como retribución a los sacrificios de los que expusieron o dieron sus vidas por la causa patriótica. Aún guardo esperanzas de que no me haya engañado.

A principios de la semana pasada, varios analistas internacionales mostraban preocupación porque después de dos semanas de protestas en Egipto, la intensidad de las mismas fuera disminuyendo.   Era razonable especular sobre esa baja en las presiones multitudinarias que el pueblo egipcio había expresado. Parecía que el ritmo iba en decadencia frente a la negativa del presidente Mubarak de abandonar el poder. El jueves se intensificó nuevamente y la presencia de manifestantes, casi 24 horas al día, aumentó a razón de las negativas declaraciones de Mubarak esa tarde.   A la hora de entrega de este artículo todo parece indicar que el pueblo egipcio ha triunfado: Mubarak ha abandonado el poder.

En Panamá, como ya sabemos y si han estado prestando atención, se daban demostraciones en contra del código que permite el desarrollo de la actividad minera en nuestro país.   Las protestas se han dado particularmente en los sectores indígenas del país, quienes serían los directamente afectados por las consecuencias de la explotación minera. Tal como reportó La Estrella de Panamá el jueves pasado en su edición en línea, ‘la diputada Crecencia Prado, de ascendencia Ngäbe Buglé, denunció que la aprobación del mencionado Código, es indicativo de que el presidente Ricardo Martinelli nos ha agarrado de ‘tontos, mientras envía representantes a hablar con el pueblo Ngäbe aquí aprueba la ley’, en referencia a la Asamblea de Diputados.   Según Dichter & Neira, el 68% de la población encuestada rechaza la modificación el código en mención.

Hubo tímidas manifestaciones de parte de algunos sectores populares ante un tema de tanta importancia, y que tiene el potencial de afectar permanentemente nuestro rico y exuberante hábitat y ambiente.   La Universidad de Panamá fue cerrada desde el jueves, no por lo significativo de las manifestaciones (muy tímidas de parte de un sector que debería ser socialmente proactivo), sino por el vandalismo y el robo de insumos a lo interno del Campus, aprovechándose de las circunstancias.

En Panamá, esa misma tarde del jueves en las noticias de una televisora local que escuchaba, el tema de Egipto fue mencionado brevemente.   El de las protestas por la minería, también. Con bombos y platillos como se dice en el argot local, transmitía los últimos detalles de los carnavales venideros bautizados ‘Carnaval de la City’ y con el lema ‘Goza lo tuyo Panamá’.    Se oficializó la Cinta Costera como ruta oficial.    Un ‘culecódromo’ será organizado entre la calle 29 y 30, cerca de la avenida Balboa. La reina será escogida el día 16 de febrero y como premio especial será embajadora cultural y participaría en todas las ferias internacionales en donde estuviera la presencia de Panamá como parte de la estrategia de turismo del país.

¿Por qué no abolimos los carnavales para siempre, a lo largo y ancho del país? ¿Cuántos protestarían? El dinero que todos los sectores invierten y lo que se gastan en preparativos para estas superficialidades, pudiera muy bien servir para invertir en mejorar las deficiencias que nos amenazan.   En educación, por ejemplo.

Calle Abajo y Calle Arriba de Las Tablas, pudieran hacer las paces, limar vetustas asperezas que nadie ya recuerda. Juntar esa energía y esos esfuerzos de todo el año por deslucir a la parte contraria. Trabajar con ese afán y protestar con esa vehemencia, pasión y alegría por preservar lo que tenemos y en repudio a los que atentan contra el futuro del país.

 

Este artículo se publicó el  14  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Otra vez pan y circo

 

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministro de Estado…

MARIELA  SAGEL
marielasagel@gmail.com

No acaban de resolverse los dos acontecimientos más dramáticos que en menos de seis meses han sacudido al país, que han dejado muertos y heridos e investigaciones inconclusas, y ahora, como maestros de birlibirloque, los conspicuos funcionarios del gobierno han volcado la atención en la celebración de los Carnavales en la ciudad capital.

Todos los años escribo sobre el mismo tema, independientemente de cuál gobierno esté en el poder. Desde los primeros carnavales que se celebraron después de la invasión, cerca de estas fechas señalo lo innecesario que es destinar recursos a esta celebración, que si bien es una fiesta tradicional del panameño, también es una que a la larga trae más lamentos que alegrías.

Este año debo mencionar también que no solo sería irresponsable celebrar los carnavales en la ciudad capital por el tema de la crisis del agua, que no acaba de resolverse, sino porque está ampliamente demostrado que, por lo menos los capitalinos, no atraen, como alegan algunos, turistas e inversión en beneficio de los nacionales.

Empecemos por evaluar la realidad de los desafueros de la carne (carnevale): las celebraciones que se organizan en el interior del país empiezan a planearse con un año de anticipación, recaudan dinero, organizan certámenes para escoger la reina o las reinas y cuando llegan los cuatro días de desafuero, ofrecen lucidos desfiles y disfraces. Las mínimas infraestructuras con las que cuentan los pueblos del país que tienen como centro de actividad estas fiestas que anteceden a la Cuaresma, hacen su agosto, como se dice en buen panameño, por la afluencia de nacionales y extranjeros que colman las vecindades, tanto para divertirse como para presenciar manifestaciones de cultura popular que, en muchas ocasiones, son magníficas demostraciones de talento y arte.

Desde que la organización de los carnavales en la ciudad volvieron a ser responsabilidad de las autoridades de turismo —y por ende, del gobierno— más nunca han repuntado para emular los ejemplares esfuerzos que hicieron en 1986 y 1987 los empresarios Ricardo Gago y Roberto Pascual.   Y en fechas recientes, lo que han ofrecido los carnavales capitalinos da pena.

Además de deslucidos, han sido objeto de permanentes escándalos que nunca llegan a aclararse, de malos manejos por parte de los responsables que son designados de a dedo y que al final no rinden cuentas. Ahora, para agregar más a la ya deplorable situación que atravesamos los residentes en la capital, por el problema del agua que ya supera los 50 días, se insiste en no solo organizarlos de vuelta en el centro de la ciudad, sino en la Cinta Costera, esa obra de infraestructura que le ha dado lustre a la ciudad, como si no fueran suficientes los agravios que las últimas dos navidades le ha infligido el gran bufón del Hatillo.

La mayoría de la población que se traslada al centro de la ciudad vive en áreas retiradas de Panamá Este, léase las barriadas aledañas a la 24 de Diciembre.   Lo más potable para todos, tanto los que participan en esos días de desafuero como para los que no nos interesa involucrarnos en ellos, sería hacer un ‘culecódromo’ donde lleguen todos los que quieran que les echen agua —que este año será turbia y seguramente, portadora de enfermedades y caldo de cultivo para infecciones— y que el resto de la ciudad disfrute de cuatro días de tranquilidad.   En las noches, bien pueden organizarse bailes, como en las épocas de antaño, que los hoteles ofrecían bailes, con artistas de prestigio (donde seguramente en alguna ocasión cantó el hoy ministro de comercio su Preludio a la Destrucción).

Las estadísticas de turistas que llegan para esas fiestas apuntan a que sus intereses se orientan hacia los lugares del interior. Igualmente los artistas que vendrían serían de mejor categoría, si se les ofrece un escenario acorde. De lo contrario, lo que se presenciaría sería de total decadencia.

Panamá no está para tafetanes. Deberíamos iniciar una cruzada de luto por la muerte de los cinco quemados y todos los que cayeron en Bocas del Toro. También prevenir que caigamos con una plaga, como la tiene Haití. El Gobierno Nacional tiene una oportunidad de quedar bien, si toma una decisión responsable en este sentido.

Este artículo se publicó el 6 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

Cinta Costera, el “play pen” del clientelismo político

La opinión del Abogado…

Alberto E. Fadul N.

JessicaTasónOrtega – jessica.tason@epasa.com
PA-DIGITAL  -“A pesar de que solo faltan 28 días para que arranquen los Carnavales, aún no se ha definido la ruta en la capital.   Sin embargo, el administrador de la Autoridad de Turismo de Panamá, Salomón Shamah, mostró su inclinación por la Cinta Costera”. 

Era de esperar que el bello espacio verde que surge en el sector de la cinta costera fuese respetado y que, con el pasar de los años, este fuese una fuente de oxigenación para la ciudad; sin embargo, ese destino se ve en peligro, anualmente, por un Alcalde descuidado e irresponsable, que cuenta con una mina de oro para la celebración, prolongada, del nacimiento del niño Jesús en el área de la cinta; dejando, al concluir el evento, las áreas verdes con parches de verdor desaparecido, tierra trastocada y plantas destruidas.    Sus promesas de corregir los daños quedan en el vacío ya que, simplemente no cumple con sus obligaciones alcaldicias de manera apropiada.

¿Será que el irrespeto al uso del dinero de quienes pagamos los impuestos es una de sus especiales características? No es posible que un evento como el señalado requiera de contrataciones directas todos los años. ¿Qué hay de tras de éstas? Y que, anualmente, se tenga que resembrar hierba, plantas, arbolitos, palmitas, etc. es totalmente absurdo e irresponsable.   El evento navideño se puede llevar a cabo en el parque Urraca pero no, el narcisismo del individuo es intolerante.

Otro ejemplo: el Alcalde no es persona de trabajo en equipo. Los pretendidos impuestos municipales sin consulta al ministerio respectivo y al sector privado, es una muestra clara de su exuberante desconocimiento del concepto de autonomía. El ego de este personaje es, por decir lo menos, voluminoso.

A diario, la cinta costera y sus instalaciones son disfrutadas por jóvenes y adultos de todos los grupos sociales de manera tranquila, con seguridad y sin causar daños.   Converse con su asesor, el joven diputado panameñista a quien considero muy capacitado.

En cuanto al señor Salomón Shamah, favor reconsiderar sus inclinaciones de generar un huracán de gente borracha, sin el más mínimo recato en el irrespeto a la propiedad privada, estatal y mucho menos a todas las personas registradas en los hospitales del sector, que son bastante. El destrozo de las áreas verdes será implacable, su reposición costosa al igual que los costos derivados de robo de luminarias, cables, etc.

Existen tantas razones para no utilizar la cinta costera en eventos de la naturaleza expuesta, que es difícil entender las inclinaciones del Alcalde y de su persona, en cuanto a utilizaciones de las que no derivan más beneficios que costos e intranquilidad social.

<>Artículo publicado el  6 de febrero  de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Agua, agua, sin saber qué hacer

La opinión de…

Adán Castillo Galástica

Me disponía a tratar de ahondar y aportar alguna opinión sobre la tragedia del agua potable tras mes y medio de angustias, desagravio del río Chagres y la vulnerabilidad del Canal,   cuando de pronto a quemarropa y en medio de enjundiosos reconocimientos a mi permanente empeño, recibí nota de despido de mis funciones en la Autoridad de los Recursos Acuáticos de Panamá (ARAP).    Pero eso es otra cosa de lo cual me ocuparé en su debido momento.

Ahora vamos al encabezado. En el contexto de aquella desdichada e imprudente nota, tuve la oportunidad de expresar a monseñor José Domingo Ulloa Mendieta en su convocatoria dialogal a periodistas en el templo Don Bosco algunas impresiones sobre esta dramática señal que la naturaleza nos viene marcando.   Sobre el particular, creo que seguimos tomando el rábano por las hojas, fenómeno clásico de la trivialidad con que el común panameño irreflexivo ve el cada día.

He de recordar al buen amigo José Jorge Bonamico cuasi traumatizado por lo que entonces alertaba con no poco dramatismo: “Escuchamos que el Canal se seca”.    Se refería a una serie de opiniones y propuestas encabezadas por el Dr. Heckadon, así como a la falta de previsión que desde los años 50 del siglo pasado anunciaban el inminente desbordamiento migratorio y la consecuente devastación ambiental de la cuenca hidrográfica del sistema Chagres.   No obstante, la borrachera perpetua que fatalmente nos acompaña no nos dejó ver, tampoco ahora, la peligrosidad del asunto.   Y viene el Carnaval.

Medio resuelto el problema, la “llamará e’ capullos” se apaga. ¿Cuáles fueron las lecciones aprendidas?: ¿Comprarle agua a Costa Rica si acaso la tienen disponible, a Honduras, Colombia o Perú en el marco del TLC, que para algo deben justificar sus elevados costos burocráticos y propagandísticos?

Me temo que no podemos contar con Nicaragua, perpetuo aspirante canalero. Durante la guerra de aquel país contra Somoza (“estirpe maldita”) como corresponsal escuché que algún día el Canal de Panamá no sería más que una zanja de lama pestilente, dando paso a la vía por Nicaragua.   Creo que otra comisión o “Autoridad” bien podría derivar en otra entidad burocrática y clientelista.

Para la cuenca del Canal ya existe en ACP [Autoridad del Canal de Panamá] una “Comisión Interinstitucional” (CICH): ¿Cuáles son sus resultados, experiencias, innovaciones, impactos y efectividades?  Lo mismo el Idaan, institución obsoleta al margen de las grandes expectativas de nuestro tiempo, sin mayor visión, jerarquía; fuente de cobros y partidismos, sin emoción, ni perspectiva.

Lo más probable es que el próximo evento que de acuerdo a las facturas del cambio climático pudiera ser un tsunami, terremoto como los del siglo XIX, sequías o inundaciones. De poco y nada nos servirán las improvisaciones o invocaciones celestiales.

Lo que se requiere es una concepción integral del bien ambiental y su variante hidrológica, no como “recurso” como tal, expuesto a la voracidad mercantil, sino como un bien del común, de todos; el conjunto del sistema hídrico ambiental y marino costero amenazado de leso crimen humano y vulnerabilidad climática por tanto estratégico en emergencia nacional.

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Este artículo se publicó el 29  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El lado positivo de la crisis del agua: ¡una lección!

La opinión de…

Kendhy Serrano 

En los últimos días, con la crisis de agua que pasa la ciudad, trato de ver algo positivo a la situación y no lo tomen a mal, pero veo esto como una “lección” para valorar lo que tenemos y muchas veces desperdiciamos… como ejemplo en los carnavales.

A mediados del año pasado leyendo la revista National Geographic abril 2010, Agua (en edición especial); sentí tanta pena por los casos que se describen y las fotos que se muestran; recuerdo que mi hermano de 21 años me comentó: ” Que suerte tenemos los panameños de poder tomar agua del grifo y de nunca tener esos problemas”…. por semanas esas imágenes las mantuve en mi mente, inclusive mostraba esta revista a mis compañeros de trabajo, para que se pensar dos veces el desperdiciar el agua.

Pero es de confesar que aún cuando estoy tan consciente de la importancia de esta fuente, no volví a pensar en el tema hasta cuando lamentablemente se dieron las inundaciones en nuestro país, y se solicitaba mas que todo botellas de Agua para los damnificados.   Diarios explicaban que podemos pasar aproximadamente 36 días sin comida, pero no mas de 4 días sin agua.

Hoy con la crisis que vivimos en la ciudad, (vivo en Vía Argentina), he podido sentir apenas un poco de lo mucho que ellos han sufrido y en otros países se vive a diario, esperando por un carro cisterna, tratando de comprar botellas de agua en el supermercado, donde solo encuentras latas de “perrier” (agua con gas) pero igual pienso: ” Al menos se dice que en 48 horas o unas más todo volverá a funcionar al 100%”; en cuantos lugares esta esperanza no existe, y ni siquiera tenemos que salir de Panamá, podemos visitar lugares como Chilibre, San Vicente, Quebrada Ancha que irónicamente están tan cerca del río Chagres, y pasan con esta necesidad la mayor parte del año.

Otra de las situaciones que puedo tomar como positiva es notar que no importando si nos conocemos o no, si tenemos la misma preferencia política, con nuestras diferentes opiniones de que todo esto es una táctica del gobierno para privatizar el IDAAN, que es por la tala de árboles, que esto es causado por el exceso de construcciones mal planificadas, y así… los jóvenes ayudan a los mayores a cargar los tanques de agua, otros tocan las puertas avisando que el carro cisterna llego, prestan envases a quienes no tienen, y hasta una vecina dice: ” los de abajo no están, les guardaré un galón por lo menos”.

Espero que no olvidemos esta lección y hagamos un buen uso de este recurso tan valioso y necesario, igual que los gobiernos, entidades u organizaciones responsables inviertan en comerciales que concienticen a la población; como se hace en Brasil, ya que según la FAO, uno de cada 5 países en vías de desarrollo presentará escasez de agua antes del 2030.

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>Artículo publicado el 14  de enero de 2011    en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les correspon

¿Carnaval para qué?

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La opinión del Periodista…

Aquilino Ortega Luna

Luego de los desastres naturales ocurridos en Panamá en el último año, las chambonadas políticas, las protestas callejeras, las leyes inconsultas y las confrontaciones a nivel de la dirigencia deportiva, una actitud inteligente del gobierno del cambio, sería la de suspender los carnavales del 2011. La “fiesta de la carne” no tiene sentido en medio de todas las vicisitudes que enfrenta el panameño de a pie, que gana el salario mínimo.

Como celebrar después que un total de 7 menores de un centro de reclusión experimentaron serias quemaduras en gran parte de su cuerpo y que un número plural de bocatoreños perdieron la vista producto del salvajismo, en ambos casos, de la policía. El pueblo está herido de muerte, dolido y particularmente decepcionado de la política y de los políticos nacionales.

El Carnaval no es la estrategia adecuada de escape. Luego de 4 días de jolgorio y desenfreno el pueblo descubrirá que los problemas siguen allí, que no se fueron con el Carnaval.

La estrategia de distracción de los Carnavales no tiene sentido. Los culecos no servirán de mucho y menos las tunas y los disfraces multicolores de Las Tablas para lograr olvidar un año, que está para el olvido.

La gente no cree en promesas. Paradójicamente se ahoga en la escasez de agua, se asfixia entre los saltos políticos de un partido a otro, las contrataciones directas, los cónsules iletrados y las leyes que intentan asesinar la libertad de expresión.

Más que alegría y paz, el Carnaval acrecentará el dolor en medio de la tragedia, de la gente que sufre y que llora a sus muertos por la violencia en las calles, por las quemaduras y por las balas asesinas. El Carnaval sólo le dará a la gente una patente de corso para pensar que todo está permitido, que todo es valido y para herir los sentimientos religiosos y políticos de otros. El Carnaval contrario a lo que piensan los que se llenan los bolsillos con su celebración, es dañino para la sociedad.

Es un atentado directo contra la moralidad, la dignidad y las buenas costumbres, propicia el consumo excesivo de alcohol, la violencia, la desintegración familiar, las intoxicaciones y los accidentes de tránsito.

Un ¿Carnaval para qué? Para que aumenten el consumo de drogas, las enfermedades venéreas y embarazos no deseados y para que la gente olvide por 4 días sus inolvidables problemas.

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<>Artículo publicado el 14  de enero de 2011   en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Mercaderes de agua

La opinión de…

Rubén Chen W.

Lo que, probablemente, se crea que es una situación temporal, puede convertirse en el episodio de una película post apocalíptica, en la que la gente está dispuesta a pagar fuertes sumas de dinero, o aun matar, por un producto que en su tiempo era gratis.

Cumplido más de un mes, la situación no mejora, y no se puede seguir utilizando como excusa las fuertes lluvias que una vez cayeron. Todos nos comimos ese cuento sin saber a lo que nos enfrentaríamos.

La situación del Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (Idaan) es un problema de Estado que lo tiene que resolver su director, primordialmente, y todo el Gobierno que está, supuestamente, apoyando.

Es increíble la falta de liderazgo del director de esa identidad quien, con mucha sinceridad y sin saber las consecuencias, dice no tener idea de cuándo podrá resolverse el problema. Es aún más insensible, cuando envía agua a nuestras residencias y después dice que no es segura para tomar.

¿Acaso cree que el agua la usamos para jugar en la casa? ¿Acaso cree que todo el mundo puede comprar agua embotellada? Que, por cierto, su escasez se hace notoria a medida que transcurren los días.

No he visto en ninguna de las conferencias de prensa del Idaan que se haya dado una solución con fecha de cumpleaños. La incapacidad del director, al no poder dirigir a un grupo de expertos para crear un plan de acción y seguir dicho plan para resolver este problema, nos deja como estamos ahora mismo, sin agua y sin saber si habrá mañana. En una entrevista que se le hizo, él comentaba de las pérdidas que ha sufrido la institución y de sus proyectos futuros.

¿Usted cree que alguien le interesa esa información, con la situación que afrontamos en estos momentos? Creo que está totalmente fuera de lugar. Como “director”, no ha podido ni hacer ni transmitir algo que nos pueda resolver.

Durante todo este tiempo, nos han suplido de agua los camiones cisterna del Idaan o subcontratados, que han ayudado a aminorar el problema; sin embargo, desde hace casi una semana, ya no pasan tan frecuentemente. La razón es que algunos edificios están pagando hasta 100 dólares por este servicio que debiera de ser proporcionado gratis por el Idaan. No culpo a los conductores de los cisternas por el “incentivo” ofrecido, créame que haría lo mismo, con el sueldazo que se devenga haciendo ese trabajo.

La otra noche, cuando iba al súper, me asusté al ver tanta gente comprando agua en botella. Jamás, pero jamás en la historia de mi vida había visto algo así en Panamá. Ni siquiera en la invasión de 1989.

El agua embotellada no durará mucho tiempo, y cada día es menos accesible en los supermercados y establecimientos. Esto es de esperarse, porque en solo este mes se ha vendido mucha cantidad de agua, al punto que los fabricantes de botellas y los envasadores no podrán producir al ritmo en que se vende.

Sería una burla encontrar una factura del Idaan en nuestras casas en los meses venideros.   Vamos a ver si en carnavales se les ocurre hacer “mojadera”.   El Gobierno debería prohibirlo, por lo menos, este año.

La situación post apocalíptica está aquí para quedarse.

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Este artículo se publicó el 12  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde

Grata noticia

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La opinión del Abogado y comentarista…

Guillermo Márquez B.

Somos muchos los panameños que aplaudimos la decisión de nuestro Ministerio de Turismo de no importar conjuntos musicales foráneos para animar en nuestros próximos carnavales.

 

En lo particular nuestra complacencia es grande porque en años anteriores hemos expresado, más que nuestro rechazo, nuestro repudio por la trivialidad de algunas Juntas de Carnaval que han derrochado miles de balboas trayendo a nuestro medio a “famosos” conjuntos de otros países como si aquí no los tuviésemos, y muy buenos por cierto.

Ya era tiempo de que abriéramos los ojos y decidiésemos actuar con cordura conforme se ha hecho ahora y no dejarnos arrastrar por trivialidades, y menos aún, a tan altos precios como ha ocurrido en el pasado.

Ojalá que en este sentido no se entienda como los próximos carnavales únicamente los ya venideros de este año, sino los de todos los demás años por venir.

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<>Artículo publicado el 6  de enero de 2011   en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Las dos caras del Carnaval

La opinión de….

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Priscilla Delgado

Transcurrido un mes del Carnaval, reflexiono sobre lo que ha sido y es hoy el Carnaval tableño y distingo dos caras antagónicas, por un lado está la cara de la tradición y el folclore, y por el otro, la de la falta de transparencia en su organización y en el manejo de los fondos que genera.

En Las Tablas, lo primero que aprenden las niñas es a mover las manos como reinas, porque todas aspiran a serlo, ya sea en Calle Arriba (La Bolívar) o Calle Abajo (Punta Fogón). Este Carnaval tuvo sus inicios con la tuna de Calle Arriba, hace 60 años.    En Las Tablas cada calle tiene su reina, modelo que ha sido copiado en el resto de los pueblos del interior que también han adoptado sus “Calle Arriba y Calle Abajo”, aunque estos registros no son muy claros.

Sin la menor duda, el Carnaval tableño ha sido la ruta más codiciada de diversión de los panameños y de muchos extranjeros, en donde el lujo, la estética y la belleza física de las reinas son los elementos que empujan a muchos a carnavalear en este pueblo.

Otro elemento que adorna los carnavales de Las Tablas son las murgas, además del tamborito.   Quién puede olvidar la famosa Murga de Consuegra, que alegró por muchos años el Carnaval de Calle Abajo, manteniendo vivo el folclore sin salirse de los ritmos típicos e impidiendo que ritmos nuevos, que nada tienen que ver con nosotros, se alojaran en las tonadas propias del Carnaval.

Hoy día las murgas son otras, pero vemos renovado este entusiasmo por la música en niños que ya las integran y que aprenden a tocar sin escuela de música, solo a base de prácticas que comienzan en noviembre y terminan una semana después de los carnavales, con los carnavalitos.

Todo parece perfecto a la luz del visitante, porque el jolgorio no permite mirar más allá de la mascarada de lo que es esta fiesta en Las Tablas, como en muchos pueblos del interior. En casi todo el país el Carnaval es un negocio, en donde una o dos personas se quedan con el dinero de todos. Esto queda en evidencia en Las Tablas, en donde diferentes empresas ponen su sello en el parque, a fin de promocionar sus marcas, que van desde compañías de seguros y licoreras hasta empresas de telefonía celular.

Nadie da cuentas del dinero que ingresa porque no hay supervisión de ninguna clase y cada tuna tiene sus representantes, que parecen ser los mismos de siempre, ellos son los que reciben y manejan los fondos.   Tan serio es esto que en la tuna de Calle Arriba no se pone de acuerdo y hay dos directivas que se disputan la organización.   Este fenómeno llama la atención porque se viene dando desde los inicios del Carnaval, sin que la sociedad exija rendición de cuentas.   No hay un patronato ni una fundación ni una organización que presente cuentas ni siquiera a la familia de las reinas, esto se repite en casi todos los festivales y ferias del interior, en donde casi no existe una organización que permita al ciudadano ver los resultados con claridad.

Al Estado debería fiscalizar una actividad como esta, porque al fin y al cabo el grueso del dinero que se recauda proviene de ciudadanos panameños y no se puede desconocer que el Carnaval, con todos sus elementos, es parte del nuestro patrimonio cultural. En otras palabras, el Gobierno debe involucrarse pero, siempre y cuando, se reconozca el Carnaval como actividad cultural. Solo de esta manera puede supervisar el buen uso de los fondos que provienen de la empresa privada.

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Artículo publicado el 13 de marzo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Carnaval: ¡De abajo hacia arriba!

La opinión de……

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Juan Manuel Castulovich

Para la sorpresa de nadie, los pomposamente llamados “carnavales del centenario”, fueron otra pantomima. Unos días antes no había ruta cierta; el gobierno aumentaba la confusión, primero lavándose las manos para después meterlas todas; mientras una seudo “junta de carnaval” remaba en un bote lleno de agujeros. Resultado: otra farsa de la farsa; otra nueva y mayor frustración.

Igual que en los desastres anteriores, las recriminaciones escalan en virulencia, se repiten los propósitos de enmienda y las promesas de celebraciones deslumbrantes para el siguiente año. Esta vez, lo único positivo para registrar es que el sainete costó 200,000, bastante lejos de los 4 ó 5 millones, y las “cuentas del gran capitán”, de las aventuras carnavaleras del gobierno de “la patria nueva”.

Como también era de esperar, han comenzado a aparecer “las varitas mágicas” que prometen devolver a los carnavales capitalinos “se perdido esplendor”. Por un lado, la Autoridad de Turismo, que el final terminó mangoneando el pasado carnaval, al ser la encargada de “repartir el subsidio”, insiste en “retener el control”; por otro, la apabullada “junta de espontáneos” pretende prolongar su protagonismo y anuncia “un carnaval privado y autónomo”; y finalmente, algunos representantes de corregimientos del distrito capital vuelven a invocar un “derecho natural” a organizar la fiesta, pero con fondos oficiales “manejados por ellos”.

El error esencial, cometido año tras año, es empeñarse en hacer carnavales de arriba hacia abajo y no de abajo hacia arriba, como debiera ser. En lugar de pomposas juntas o de autoridades que pretenden controlarlo todo, especialmente el dinero, y que terminan marginando al pueblo de la que debe ser “su fiesta”, hay que darle a éste el protagonismo. Bastaría que un año antes, se apruebe un fondo de un millón de balboas (dos permitirían mayores incentivos), aportado a partes iguales por el gobierno central y el municipio capitalino, destinado a premiar las mejores comparsas, los mejores carros alegóricos, los mejores arreglos musicales, los mejores disfraces y a las reinas de los diferentes barrios. Si con antelación de un año se anuncian los premios y éstos son motivadores, desde las entrañas de los barrios renacerá el espíritu del carnaval.

La reina del carnaval debe escogerse a la media noche del segundo día, tomando en cuenta las presentaciones y el despliegue de alegría que hayan aportado durante el sábado y el domingo. La triunfadora presidiría, entonces, y con apoyo oficial, los días lunes y martes.

En el interior del país, y Las Tablas es el mejor ejemplo, el carnaval nace del pueblo, calle abajo y calle arriba, comienzan a organizarse, apenas enterrada la sardina, para el año siguiente. En la capital debería estimularse una sana competencia entre los barrios para volver a encontrar las raíces de auténtica fiesta popular que debe ser el carnaval.

Un buen carnaval en la principal ciudad del país, es un magnífico gancho para el turismo y permite que muchas personas humildes obtengan ingresos ganados honradamente. En una actividad de esa naturaleza, las autoridades deben ser estimuladoras y cooperar en temas como la seguridad y la salubridad, pero no pretender ser administradores de la alegría. Esa nace del pueblo; solo se requiere encausarla adecuadamente.

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Publicado el 2 de marzo de 2010  en el Diario  El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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Para tomar en serio el Carnaval

La opinión de…..

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Dairo Herrera Cotina


El Carnaval es la expresión cultural más importante de nuestra nacionalidad porque reafirma nuestra identidad como pueblo.  Es un símbolo de la Nación y a la vez una oportunidad para crecer con aspiraciones de equidad social. El Estado debe permitirles a los ciudadanos acceso a estos bienes simbólicos.   Señor Presidente: es tiempo de pensar en un Ministerio de Cultura.

Atrás quedan las declaraciones públicadas por los medios, antes y durante el Carnaval 2010, desatinadas por algunos, atinadas por otros y descabelladas por los “metomentodo”; por lo tanto, es inminente la necesidad de convocar a un diálogo nacional para concertar y abrir espacios de discusión que nos permitan insertar nuestro Carnaval y, por ende, a Panamá, en el escenario mundial, tal como lo han hecho Brasil, Colombia y Puerto Rico desde nuestra América.

Nos falta humildad para hacer las cosas en grande, necesitamos una mirada más fraterna, solidaria y objetiva para evaluar juntos esta oportunidad; la venda de la subjetividad nos lleva a subestimar nuestro acervo cultural y se notan a la distancia intereses individuales o grupales limitados al simple cálculo económico, propio de una lógica estrecha del mercado, donde el poder económico es más fuerte y prevalece por encima de la cultura. El Estado debe actuar y no permitir soltarle las riendas al libre mercado. El Carnaval es un legado de nuestros antepasados desde la Colonia, formalizado desde finales del siglo XIX y protocolizado desde la primera década del siglo XX, existe un Carnaval, es un bien común que le pertenece a todos los panameños y ahora debemos en estos tiempo trabajar con la visión de compartirlo con la humanidad.

Hoy tenemos mil y una razones para que nuestro Carnaval rebase las fronteras porque hace mucho rato dejó de ser un patrimonio nacional, observemos su tradición centenaria, y si de comparar con otros carnavales se trata fijémonos en el derroche de alegría de la gente por las calles, nuestras comparsas y disfraces, la dedicación y entonación de nuestras murgas, la diversidad cultural desde Colón hasta David, y qué no decir de los trajes de tradición, las espectaculares polleras y el montuno.

Nuestra democracia entregó en 2009 un mandato a Ricardo Martinelli y le confió nuestra cultura, dentro de ella el Carnaval, por lo tanto, estamos seguros que nuestro Presidente de la República revisará atentamente lo sucedido en este Carnaval 2010 y valorará los logros, pero no echará en sacos rotos las equivocaciones y la miopía de muchos actores en estas festividades. El pueblo hizo y seguirá haciendo lo que le corresponde año tras año, ahora le toca al Gobierno apoyar y reforzar esta gestión en pro de la cultura y en defensa de nuestra tradición carnestolenda.

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Publicado el 28 de febrero de 2010 en el Diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Sin aportes nuestro ensayo democrático

La opinión del periodista……

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RAÚL EDUARDO CEDEÑO

De los males de Panamá somos responsables los mismos panameños, porque no aportamos a nuestro ensayo democrático el mínimo de cordura,  de decencia,  de fervor y de interés cívico en la defensa de nosotros mismos, defensa que la democracia exige para ser medianamente eficaz.

Por su perenne debilidad económica, éste no ha podido nunca poner libremente en juego aquellas fuerzas interiores que le garanticen una buena y estable calidad de vida, cuyo ejercicio le asegura al país una democracia tolerable y eficiente. Y es que también este pueblo padece, políticamente, lo que llamaría una especie de complejo de inferioridad que le hace inhibirse de la acción rectificadora, quizás porque considera este esfuerzo poco menos que inútil para adecentar nuestra vida pública. Veamos unos simples ejemplos:

Ante el excesivo poco importa para con el pueblo de algunas empresas multinacionales, el panameño ha optado por un derrotismo fatalista, resignado a dejar que el barco derive hasta que definitivamente se estrelle en algún peligroso arrecife, de esos que están emergiendo por nuestro continente.

Cuando nos enteramos de que se aprobaba el pago igualitario a las generadoras hidroeléctricas -que usan el agua del pueblo panameño- el mismo precio de las generadoras de diésel y búnker, nuestra opinión osciló entre una rabia desesperada y una esperanza a largo plazo.

Por su “linda cara” había que pagarles más sin justificación alguna, aunque el que pagaría ese regalo fuera el pueblo. ¡Qué bellaquería! Más cuando se anunció la rebaja de la electricidad, todos aplaudimos brevemente, porque esta empresa rápidamente pasó por encima de la orden gubernamental e hipócritamente, como la más pérfida de las mujeres, hace un aumento imaginario al consumo mensual del usuario para equiparar la rebaja ordenada y seguir ganando todavía más.

Para carnaval se anuncia una rebaja en el costo de los combustibles. Era un incentivo a los dueños de vehículos para motivarlos al consumo, que gastaran más.  Y lo dijimos públicamente: dejen que pase carnaval y verán el aumento del combustible. Así ha sido, porque las ansias infinitas de “más dinero” hacen que sus gargantas profundas se expandan más, aunque el precio del petróleo está bajando.

Ante estas situaciones, tenemos que levantar nuestra voz enérgica como aporte para el beneficio de nuestra democracia.  Y tener en cuenta que todo, hasta hacer política de barrio con honestidad, es preferible a que el desentendido encogimiento de personajes entre nuestros ciudadanos se vuelva crónico; es preferible para la búsqueda de personas con ideales patrios que tengan los pies en la realidad nuestra.

Prefiero un intento de organización eficaz a cuyo lado, estoy seguro, se pondrían fuerzas inéditas del país. ¿Habrá todavía solidaridad y visión para ese empeño salvador?

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Publicado el 28 de febrero de 2010 en el Diario El Siglo a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.