La cultura del terror

La opinión del Secretario General de CONUSI – FRENADESO….

 

GENARO LÓPEZ
rologe54@yahoo.com

 

El 2011 ha iniciado con mayores cargas para el pueblo panameño: aumento de los precios de la canasta de alimentos; incremento del pasaje aunque ahora más usuarios van parados;   más de treinta días sin el servicio de agua potable aunque con el recibo por el servicio no prestado por el IDAAN;   agua embotellada sin control de precios ni de calidad; inundados de basura pese a los millones que corren de un lado para otro;   aumento del precio del combustible.    En medio de este cerco, se continúa con el asalto a la cosa pública (megaproyectos financiados por el Estado con nuestros impuestos) y los procesos de privatización de bienes y servicios públicos.

Aunado a ello las pretendidas reformas al Código Minero; más impuestos municipales; más subsidios a las monopólicas transnacionales del servicio de electrificación; los casos de corrupción y penetración del narcotráfico en la esfera pública (Ministerio Público); el decadente cuerpo exterior que exhibe un pobre acervo cultural y total desconocimiento de la historia patria.

Las cortinas de humo y show mediáticos del Ejecutivo para desviar la atención frente a los graves problemas por los que atraviesa el pueblo panameño y los cables de Wikileaks, no se han hecho esperar, tal fueron los casos de la reforma constitucional para abanicar la pretendida reelección inmediata y la imposición de la ley mordaza que buscaba penalizar, hasta con cuatro años de prisión a quienes ofendieran al Presidente o a funcionarios elegidos por el voto popular. Sobre el particular, no se puede negar que ambos proyectos formen parte de la agenda nada oculta de Martinelli, lo que explica su supuesto cambio de posición, que ‘obligaron’ a los diputados a archivar momentáneamente los proyectos.

Lo más abominable, en escasos cuarenta y cinco días (Diciembre 2010 – Enero 2011), la flagrante violación a los derechos humanos que dejó como saldo la muerte de tres de los siete menores que sufrieron quemaduras considerables durante el incendio en el Centro de Cumplimiento de Menores de Tocumen. Vídeos de las televisoras locales registran la conducta de los miembros de la Policía Nacional, cuando ante la suplica de los menores para que los auxiliaran, éstos se dedicaron a mofarse del sufrimiento de los jóvenes, con frases tales como ‘¿viejo, no son hombrecitos? ¿agua, no son hombrecitos? ¡Muérete!’.;   ello recordó la famosa frase del ministro de Seguridad Mulino, quien recién asumido su cargo, dio ordenes de ‘tirar a matar’ a los reclusos que pretendieran evadir las cárceles.

Se trata de otro capítulo de abusos y atropellos de la Policía Nacional contra el pueblo.   Se trata de una salvaje violación de los derechos humanos que ha horrorizado a la nación y que ha generado rechazo de los organismos internacionales de derechos humanos.

Es decir, estamos frente a un estado de terror e indefensión, puesto que las autoridades e instituciones llamadas a hacer cumplir las leyes, promover y defender los derechos humanos y proteger la vida de los ciudadanos por encima de cualquier otro interés, son quienes transgreden las mismas.

Parafraseando a Eduardo Galeano, estamos frente a una cultura de terror visible, donde se ‘te prohíbe decir, te prohíbe hacer, te prohíbe ser’. Una cultura del terror que extorsiona, insulta, amenaza, abofetea y azota. En donde algunos métodos de penitenciaria y tortura consisten en prohibir salir, prohibir decir lo que se piensa, prohibir hacer lo que se siente y humillar públicamente.

Lo que no entienden quienes pretenden imponer esta cultura, es que jamás podrán detener la lucha de un pueblo, la dignidad y ética de quienes concebimos la organización social como la base de la transformación social. Pese a la represión, la intimidación, los carcelazos y las mordazas, los que creemos en los principios de humanidad, solidaridad, libertad y democracia seguimos trabajando en la construcción y consolidación de un instrumento político donde la esperanza de otro Panamá es posible.

 

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<> Este artículo se publicó el  16 de enero de 2011    en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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El derecho al precio a la vista

La opinión del Comunicador Social…


ABILIO ABEL GONZÁLEZ
aaglopez77@yahoo.com

La información de precio es indispensable, para que el consumidor decida al momento de comprar. La Ley 45 de 2007, establece que todos los bienes que se ofrecen en un determinado local comercial, deben tener en forma clara, precisa y en un lugar visible el precio al contado de los mismos.

Según el especialista de mercadotecnia, Iván Thompson, ‘el precio es la expresión de valor que tiene un producto o servicio, manifestado por lo general en términos monetarios, que el comprador debe pagar al vendedor para lograr el conjunto de beneficios de tener o usar el producto o servicio’.

Si los consumidores que acuden a cualquier establecimiento comercial, no ven el precio del artículo o servicio que desean adquirir, entonces desconocen el monto a pagar, por lo que es una falta a la transparencia del agente económico o comerciante hacia sus clientes.

Cifras proporcionadas por la sección de Estadísticas de la Acodeco, revelan que de enero a septiembre del presente año, se dieron en todo el país 219,877 faltas de precios a la vista de los consumidores. De acuerdo a fuentes de esta institución gubernamental, esta es una de las infracciones que regularmente cometen los agentes económicos en todo el país.

Los consumidores deben exigir el derecho a la información de precio y denunciar a los que se oponen al mismo. Asimismo, hay que reportar aquellos casos donde no atiendan su reclamo, cuando al adquirir un producto, cuyo precio es anunciado en el anaquel y al pagarlo el lector de código de barras le registra un precio mayor. Si usted detecta esta irregularidad, no dude en presentar su queja inmediatamente al empleado correspondiente. La Ley de Protección al Consumidor señala que ‘…En caso de que un producto tenga más de un precio marcado por el proveedor, prevalecerá el menor, y el proveedor estará obligado a venderlo con ese precio…’.

En una reciente visita al Mercado Agrícola Central, o de Abastos, como popularmente se le conoce, me percaté de la carencia total de precio a la vista de los productos que allí se comercializan. Teníamos que preguntar de puesto en puesto, para así conocer quién mantenía el mejor precio. Al solicitar a algún vendedor que lo colocara a la vista, nos miraba con desconfianza, ignorando o en una clara infracción a la Ley, nos manifestaba ‘que si nadie lo tenía, por qué él debía hacerlo’.

Esto es un solo ejemplo de lo que acontece en el mercado nacional, pues, si mencionamos todos aquellos locales, como en las llamadas ferias libres, abarroterías, ventas de autos usados, ferreterías, entre otros, tener precio a la vista es como si fuera un pecado comercial. Incluso en algunos supermercados, hay ocasiones en que el precio brilla por su ausencia y cuando el producto tiene un precio menor a otros, lo quitan a la vista y ni el lector de código o verificador de precio lo tiene registrado.

Los agentes económicos, que gozan de la libre oferta y demanda, no tienen ningún motivo para incumplir con informar sobre los precios de sus productos o servicios que ofrecen, a menos que tengan temor a la libre competencia.

 

<> Este artículo se publicó el 28 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Receta para multiplicar el dinero

La opinión de…

Luis E. García

Nuestro sistema de libre oferta y demanda proporciona una excelente oportunidad para hacer dinero.   La ética detrás del sistema es cuestionable, pero no sé de ningún economista ni inversionista que no defienda las bondades del proceso.

¿Se ha preguntado usted por qué el tomate, el pan y el combustible están tan caros? Pues, porque sus precios se rigen por el sistema.

No importa cuánto cuesta producir el bien más una ganancia razonable, sino lo que pueda usted inventar para subir el precio. Así tenemos que si un país vecino de Kuwait entra en guerra, “el temor” (sí, el temor) de que el conflicto se extienda hará que el precio del petróleo suba a un nivel fijado por el temor del especulador a ganar menos de lo posible.

En otros casos, algo más razonable puede impactar el costo, como una tormenta de nieve que arrase los cultivos de trigo. La harina subirá de inmediato, sin importar que los silos estén llenos para suplir el mercado por meses y el productor tenga seguro.

Usted debe entender: hay escasez, por lo que el precio sube.

En Panamá no tenemos guerras, y no producimos petróleo ni trigo. Por tanto, debemos pensar otras formas de beneficiarnos con el sistema.

La naturaleza le da a nuestros capitalistas la excusa perfecta en muchos casos. Compre un camión y dedíquese a revender vegetales.   Los compra a buen precio al productor y los revende a buen precio a los verduleros.

Como usted compra y vende a buen precio, se hará de buena clientela. Cuando tenga suficiente efectivo, compre solo la mitad a los productores.

Diga que no hay demanda.   Cuando vaya a vender, diga que no hay producción.   Si preguntan por qué, échele la culpa al clima: el fenómeno de El Niño siempre está rondando, aunque su ciclo sea de 11 años, llueva o haga sol.

El productor tendrá su cosecha a punto de ser pérdida desastrosa, y el consumidor estará añorando un tomate.

Luego de un par de días, llegue al productor y ofrezca la solución: compra todo a mitad de precio. Al aparecer donde el verdulero diga que la escasez está dura: venda el producto 50% más caro que antes.   Todos felices y el sistema funciona.

Por supuesto que la libre oferta y demanda es lo mejor.

Ningún economista que se respete lo pondrá en tela de juicio. La sola idea de regular la economía para poner topes basados en los costos de producción y una ganancia razonable es una herejía.

Mientras tanto, debemos resignarnos a seguir viviendo con un salario que corre detrás de los precios, con dos años de desventaja. Porque el precio sube si cae mucha nieve en un lugar,   pero no será hasta dentro de dos años que quizá suban el salario mínimo. Nunca lo suficiente, por cierto, y si lo suben encomiéndese a Dios, porque los precios vendrán subiendo.

Cosa rara, pero casi todos los empleados del país ganan el salario mínimo.

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Artículo publicado el 26 de agosto de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Crecimiento económico, ¿para quiénes?

La opinión de…

Christi Escalante 

En los últimos tres años me ha sorprendido el alto crecimiento económico con que Panamá se ha perfilado, y parece que este buen ambiente económico se mantendrá por algunos años más.

Sin embargo, este supuesto crecimiento no se compagina con la realidad que vivimos los panameños. Cada día observamos cómo se incrementan sin cesar los precios de los alimentos, el aumento de los impuestos y el alto costo de la energía eléctrica, factores que terminan originando pobreza y extrema pobreza.

Otros de los tantos malestares que nos agobian, son el pésimo sistema de salud y transporte, los tranques descomunales, la ausencia de agua potable en sectores apartados, la inseguridad en las calles, el crecimiento de los maleantes de cuello blanco, algunos políticos altamente mediocres y, bueno, si sigo mencionando no creo acabar nunca.

Precisamente, hace escasamente unos días tuve el disgusto de escuchar a un alto funcionario del Ministerio de Desarrollo Agropecuario aconsejar al pueblo que, en virtud del costo elevado de algunos productos, se hace necesario optar por alimentos sustitutos, es decir, que si antes teníamos acceso a comprar ciertas verduras o vegetales, simplemente ya no podremos consumirlos. Sus palabras produjeron en mí “repugnancia” y una percepción de mediocridad del personaje, al ser incapaz de ofrecer alternativas para lograr que los precios de los productos bajen, pero ya todos sabemos de qué va esto.

Los panameños nos merecemos una mejor calidad de vida, y no me refiero únicamente a percibir un buen salario, es poder además contar con una buena alimentación, beneficiarnos de un sistema educativo y de salud confiable y digno, poder movilizarnos en un servicio de transporte público adecuado, un verdadero sistema legal donde impere la ley y que los infractores –no importa de quiénes se trate– sean verdaderamente sancionados.

También anhelamos un clima agradable y tranquilo en los vecindarios, sin tener que escuchar palas excavadoras a las 8:00 p.m. y permitirnos descansar; vivir en un lugar donde no haya hacinamiento de viviendas, ya que las autoridades conceden permisos de construcción a diestra y siniestra, sin hacer las evaluaciones técnicas responsables y serias, todo por permitirle a empresarios inescrupulosos hacer grandes negocios; un país donde se respete y proteja el medio ambiente; pero lamentablemente estamos a muchos años luz de lograr que todo esto mejore y todavía este gobierno se atreve a decirnos que está trabajando.

Con profunda tristeza y decepción observo cómo este gobierno quiere reflejar de cara al exterior y a nosotros mismos, que Panamá es una especie de fina y majestuosa alfombra persa, pero nosotros los panameños, sabemos muy bien lo que hay debajo: abundante porquería, y nosotros, lamentablemente somos sus receptores.

Este crecimiento económico no está llegando a los panameños, principalmente a los más humildes, por eso me atrevo a preguntar: crecimiento económico, ¿para quiénes?

Lo único que nos queda es aferrarnos a nuestros valores y principios, defender y proteger nuestros derechos, que el pueblo alce su voz al unísono en contra de todo aquello que hoy sigue perjudicándonos.

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Este artículo se publicó el 20 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Sí se puede, señor Presidente

La opinión del  economista, educador y humanista.….

VICTORIANO  RODRÍGUEZ

Mientras el Presidente procura honrar su palabra de aumentar a todos los jubilados y pensionados B/.50.00 mensuales, el director de la Caja de Seguro Social (CSS) insiste en la insuficiencia del Programa Invalidez, Vejez y Muerte (IVM).

Es posible que los actuarios de la CSS tengan razón en ese programa, sin embargo, a la CSS tenemos que verla en su conjunto, todos los programas, y trabajar en base a ello, sin descuidar ninguno.   Al igual que el ser humano, sus distintos órganos trabajan al unísono, no como componentes diferentes. Es decir, si es necesario recalcular los porcentajes de distribución, debe hacerse. Sí se puede, señor Presidente.

Se especula que el Fondo de Administración posee tantos recursos que el director prevé hacer compras directas hasta por tres millones de balboas.   Lo cierto es que la CSS, producto de su solvencia económica, se previó para hacer frente a compromisos internacionales, y ahora para la adquisición de los corredores (Norte y Sur), incluso por valores aparentemente de sobre pago.

Como analogía, si en su cocina tiene mucho arroz y granos, pero no tiene carnes ni legumbres, ¿no cree que un intercambio le vendría de maravilla?

Los índices de precio se dispararon. El poder adquisitivo ha disminuido. De canasta se pasó a bolsa, ¡el dinero ya no alcanza!, pero en el gobierno se incrementan los salarios a posiciones del cambio y aumentan los viáticos (sin mencionar que quienes viajan son los mismos), mientras que los jubilados y pensionados cobran lo de siempre.

No obstante, la Asamblea “Nacio-mal de Dis-putados” jamás se ha preocupado en hacer una ley que limite al 35% el monto de descuento al cheque del jubilado. A la fecha, pueden comprometer hasta el 75%, muchas veces empujado por hijos, nietos u otros.

Situación que aprovechan las financieras y bancos (hasta mueblerías) para promocionar sus préstamos, dejándolos indefensos económicamente y viviendo con una miseria mensual para alimentación, transporte y medicamentos.

Es obligatorio legislar al respecto, a fin de evitar que los gobiernos se vean presionados por la insuficiencia de sus recursos, producto de la explotación de parientes y financistas.

Al igual que en esta oportunidad, pareciera que algunos de los más allegados colaboradores, ex profeso o “sin percatarse”,   hacen lo posible para que al presidente Martinelli se le apode “Menti-relli”. ¡Dios te salve Panamá!

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Artículo publicado el   19  de agosto de 2010 en el Diario El Siglo, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Indolencia

La opinión del Economista, Político y Docente Universitario…

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Juan Jované

Mientras que en el mundo se habla sobre el posible fenómeno de la deflación y Dean Baker llama la atención de que el índice de precios al consumidor (IPC) en los Estados Unidos se ha visto reducido durante tres meses seguido,   en Panamá el proceso inflacionario sigue mostrando una notable vitalidad y persistencia.

Es así que, de acuerdo a estadísticas generadas por el INEC, el ritmo observado de inflación hasta el mes de junio significa que, de mantenerse el ritmo, el año terminará con un incremento de costo de vida equivalente al 4.2%, mientras que el índice de precios de los alimentos y bebidas lo hará en 5.7%.

El fenómeno del creciente costo de la canasta básica alimenticia también se refleja en las estadísticas del MEF, de acuerdo a las que el costo total de dicha canasta se habría incrementado entre diciembre del año pasado y junio del presente en 8.50 balboas, lo que representa un aumento de 3.2% en sólo seis meses.

De continuar esta tendencia en diciembre se tendrá que su costo superará en cerca de 17.34 balboas al observado al inicio del año.

Estos resultados y perspectivas no sólo muestran el incumplimiento del compromiso de campaña del actual gobierno de “garantizar la seguridad alimentaria de todos lo panameños”.   Descubren, además, que la argumentación esgrimida por los voceros oficiales, quienes han argumentado que el alza de precios de los alimentos se debe casi exclusivamente al entorno internacional, es simplemente errada.  En efecto, si se toma como referencia el índice internacional de los precios de los alimentos que es calculado por la FAO se puede observar que durante el mismo período de referencia este se ha visto reducido en cerca de 6.0%, cifra que contrasta con el aumento de 3.2% en la canasta básica alimenticia del MEF.

Se trata, de acuerdo a esto, de una diferencia de 9.2 puntos porcentuales que claman por una explicación.   Si se tiene en cuenta el alto grado de apertura de la economía panameña y su dependencia de las importaciones de alimentos, se tiene que concluir que una buena parte del incremento del costo de la canasta básica alimenticia, como ya hemos adelantado en otras ocasiones, tiene como origen la persistente especulación que existe a nivel del comercio de los bienes alimenticios.

Es claro, además, que el actual gobierno, que ha sido incapaz de reconocer el origen del problema, no cuenta con la voluntad política de enfrentar este problema,  el cual precisaría de una intervención seria del Estado con el fin de detener el creciente impacto negativo que sobre el nivel de vida de los panameños y panameñas tiene la inclemente especulación.

Se trata de un gobierno centrado en promover la acumulación por desposesión y apuntalar el modelo concentrante y excluyente de la economía, que resulta en consecuencia indolente frente al problema del alto costo de los alimentos.

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Este artículo se publicó el  17  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La economía de mercado y algunos vicios ocultos

La opinión de…

Víctor Hugo Herrera Ballesteros 

Ante los actuales acontecimientos, caracterizados por el pésimo manejo de la política de competencia y del papel que deben jugar las instituciones, me veo obligado como ciudadano a puntualizar algunos elementos de fondo.

Es obvio el marcado enfoque asistencialista, reforzado por shows mediáticos que han expuesto las cabezas de los billeteros por vender chances y billetes de lotería “casados” o que en otro momento algún burócrata nos quiera hacer creer que la canasta básica de alimentos ha bajado uno que otro dólar, respecto del mes anterior, siendo a lo mejor producto de algún efecto de inventario.

Pero lo inevitable es que con cada nuevo ciclo económico, los precios de los alimentos y de los combustibles se sitúan permanentemente en niveles superiores, indistintamente de las fluctuaciones intermensuales. Y ni siquiera en eso hay un consenso inteligente entre las instituciones estatales.

Peor aún, es la desfachatez manifiesta de solo considerar a los billeteros, en ser los únicos que venden con sobreprecios ¡vaya idiotez!    En la práctica común siempre ha sido esa en todos los ámbitos del comercio y hasta en las licitaciones públicas. ¿Y cuántas cabezas han rodado por eso? Solo basta con recordar algunos vergonzosos casos recientes. ¿Dónde ha quedado la transparencia? Espero que no quede en el olvido.

Como diría Friedrich Nietzsche respecto de esta estirpe de funcionarios miopes, su condición de animal inferior solo les ha permitido anteponer el Yo al razonamiento, ¿o es que el razonamiento solo reside en sus entrañas flatulentas? O bien, ¿para satisfacer sus necesidades mundanas y aferrarse al sector público de forma parasitaria? Se han pasado informándonos de cosas de poco valor informativo, como si fueran grandes noticias y que en nada alimentan la discusión y el debate social serio, respecto de los elementos de fondo, que afectan el buen funcionamiento de nuestra economía de mercado y que se manifiestan en altos precios de los bienes y servicios, derivados en muchos casos de una moral corrupta de hacer negocios, y teniendo además como telón de fondo a un sector agropecuario atrasado tecnológicamente, bajo la mirada miope de instituciones inoperantes y decadentes.

¿Cuáles son los elementos de fondo? Solo mencionaré algunos, que a estas alturas son verdaderos clásicos de nuestra economía hipertrofiada: la falta de infraestructura para la producción agropecuaria, falta de créditos, escasa inversión en investigación y desarrollo y, por ende, poco progreso tecnológico en la producción y comercialización de productos alimenticios; o bien, la escasa capacidad para hacer cumplir metas de calidad y eficiencia a las empresas de servicios públicos, en adición a la impotencia manifiesta para combatir prácticas monopolísticas, ante los inevitables procesos de concentración económica en las ramas más modernas de la economía, y que derivan en una mayor desigualdad en la distribución de la riqueza en el ámbito sectorial, son algunos ejemplos nefastos de nuestra inoperancia institucional o la mejor prueba de un estado fallido.

¿Dónde queda la eficiencia productiva y el incremento de la productividad, como sustento del mejoramiento de los salarios y bienestar de la población? Tenemos que seguir pagando millonarios subsidios en el consumo de hidrocarburos o, como en el caso del sector eléctrico, que en vez de disminuir sigue aumentando, igual que la falta de visión en nuestras políticas públicas, que debieran enmarcarse sobre la base de un desarrollo sustentable, que garantice el buen funcionamiento del mercado y que no le cueste más millones de dólares a nuestras futuras generaciones. Ni siquiera aquella estirpe de funcionarios que dicen defender la economía de mercado entienden que el progreso tecnológico también encarece los bienes.

No comprenden que para sustentar un estado de bienestar, la productividad debe ser el fundamento del crecimiento económico y para garantizar una relación equilibrada respecto del capital por trabajador, que contribuya al incremento de los salarios y a la competitividad empresarial, en un mercado donde la tecnología sigue evolucionando y debe difundirse a todos los sectores de la economía.

Es hora de que las políticas de Estado se hagan con un enfoque integral, dirigidas a resolver las imperfecciones del mercado interno y sin deteriorar indiscriminadamente los ecosistemas, para que nuestros consumidores y empresarios honestos de generaciones futuras no sigan pagando el precio de tener instituciones decadentes, que solo se basan en shows mediáticos, que garantizan la existencia mundana de algunos funcionarios ineptos, en detrimento de aquellos que son honestos, decentes y capaces.

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Este artículo se publicó el 6 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.