Jugando con la cadena

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministro de Estado…

MARIELA  SAGEL
marielasagel@gmail.com

Hay un viejo refrán que dice que se puede jugar con la cadena, pero no con el mono.   Lo escuchamos una y otra vez en los tiempos del gobierno militar, cuando se hacía referencia a la situación en la que se colocó Noriega frente a su antiguo aliado, los Estados Unidos.

En las últimas semanas, convulsionadas por más de una instancia, hemos visto encontronazos violentos desde varios frentes: las reformas que se impusieron a pesar del rechazo de la mayoría de la población al Código Minero, la negativa a aceptar responsabilidad y asumirla de una manera decente, en el caso de la masacre ocurrida en el Centro de Cumplimiento de Tocumen y las repetidas y permanentes amenazas que se ciernen sobre la libertad de expresión muestran a todas luces que el actual gobierno se está pasando a jugar con el mono.

Pareciera que no aprendimos nada de los eventos de Bocas del Toro, ocurridos el año pasado, y que aún no se han aclarado del todo ni se ha deslindado la responsabilidad última sobre ellos. No se sabe cuántos muertos hubo, cuántos perdieron la vista y cuántos heridos aún sufren sus secuelas.   Esos eventos son un típico caso de jugar con el mono: por querer pasar una ley a la brava hubo enfrentamientos innecesarios y lamentables, misma ley que después fue derogada y disfrazada para, en algunos temas, aprobarla como se quiso inicialmente.

No entiendo la lógica de pedir perdón en vez de pedir permiso. Se levantan frentes de combate innecesarios y al final lo que se pierde es tiempo en lograr los objetivos que se pretenden. Tiempo que resta en la maratónica carrera que empezó con el gobierno del cambio y que hasta ahora solo ha ofrecido el programa de 100 para los 70 y la beca universal.

Lo de los cambios al Código Minero, otros mucho más versados y conocedores del tema han ilustrado ampliamente de los pro y los contra de la minería a cielo abierto en un país como Panamá, cuya concentración en atraer inversión económica debería enfocarse primordialmente en el turismo, los atractivos de su biodiversidad, culturales y los servicios.

Ahora mismo muchos ojos miran nuestro país como un lugar para levantar hoteles, desarrollos inmobiliarios y logísticos, que además de elevar el nivel del país ayudan en la capacitación de muchas personas y por ende, en su calidad de vida. Para muestra un botón: los proyectos de playa, como Decámeron, tuvieron un impacto positivo en las poblaciones circundantes, capacitaron a un amplio porcentaje de personas, y esas mismas han sido vasos comunicantes en los otros proyectos de playa que se han ido construyendo en el área. Las playas en Panamá Oeste y la provincia de Coclé, por no decir en el mismo Chiriquí, así lo demuestran.

Pero el discurso de desarrollo no se conjuga el mismo ritmo que el de imposición a ultranza que se vive a diario. No se puede estar en permanente confrontación con una gran mayoría del pueblo panameño y estar invirtiendo en costosas campañas publicitarias para atraer inversionistas, si cuando éstos vienen encuentran las calles llenas de basura y de huecos, manifestaciones y cierres de vías a diario, protestas y noticias que alarman sobre la intolerancia de los funcionarios y la permanente amenaza de un gobierno totalitario y autócrata. El mono se ha convertido en el ‘motu proprio’ que vemos a diario.

Sobre la responsabilidad que aún ninguna autoridad ha asumido en lo que aconteció trágicamente el pasado 9 de enero en el Centro de Cumplimiento de Tocumen, insisto y seguiré insistiendo que se debe velar porque no vuelva a ocurrir una muestra de deshumanización tan deplorable, además que no podemos permitir que los dos muchachos que han sobrevivido y que están a punto de ser dados de alta en el hospital —ya uno salió— no tengan un tratamiento de recuperación garantizado, porque cuando ocurrió la tragedia, ellos estaban bajo la patria potestad del Estado.

Es urgente que se les ofrezca a sus familiares los tratamientos tanto de curación, injerto y atención de las heridas y quemaduras que sufrieron, como la ayuda sicológica que exigen las circunstancias.

De no hacerlo, se estaría cometiendo un doble crimen y jalándole descaradamente la cadena al mono.

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Este artículo se publicó el 13 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

Democracia mancillada

La opinión del Periodista y Productor de TV…

JOSÉ  MIGUEL  GUERRA
jmguerra@cableonda.net

Más que perder la cabeza, los custodios y policías del Centro de Menores de Tocumen perdieron la humanidad, hoy la patria está de luto. Toda muerte es lamentable y más cuando un grupo de sanguinarios fueron los que tomaron la decisión de cómo hacer justicia sin estar autorizados para ello.

¿Cómo se le hace entender a los policías que ellos no son autoridades, que son agentes que reciben órdenes y que solo pueden hacer los que las leyes le permiten? En eso se basa el trabajo policial. Resulta inútil tener academias de policía de tropa o de oficiales, si no entienden que esto es su razón de ser. Éste periodo presidencial pasará a la historia como el más represivo, tal vez más represivo que el de la dictadura, la única diferencia entre el periodo de la dictadura y éste es una menor cantidad de muertos (hasta ahora), pero, en esencia, es más represivo que el noriegato.

Por todos lados vemos cómo sargentos, agentes, oficiales, etc. hacen lo que les da la gana, retienen ciudadanos sin órdenes, aplican el pele-pólice sin una ley u orden que lo ampare, los casos contra los periodistas son interminables, en fin esta dictadura disimulada parece ir creciendo.

¿Y dónde están los que hace un mes estaban horrorizados por el escándalo en el Ministerio Público?, poco o nada han dicho, la Cámara de Comercio, el CoNEP, los defensores de los valores cívicos y morales, la conferencia episcopal y tantos otros que han pasado agachados y no se han manifestado abiertamente en contra de la masacre del 9-1-2011.

Los empresarios están más pendiente de sus ganancias y luchando unidos contra el pago de los impuestos municipales, los otros, si los ven, me los saludan.

Esto me recuerda muy bien los años de la dictadura, cuando los acaudalados y los nuevos ricos hacían billete con los dictadores de turno y nada pasaba en Panamá, solo fue cuando un loco como Noriega se salió del circulo que comenzaron a protestar, pero, cuando estaban haciendo billete de verdad todos miraron para otro lado.

Un ejemplo que les puedo contar es el del fraude electoral de 1984, se reprimió y se robaron las actas de la sede de la ADO en el teatro Metro, cinco años después, ya cuando había pasado la invasión, fue que los antiguos socios de Noriega pasaron las imágenes de ese hecho, pero, en 1984 todos asistieron a la toma de posesión de ‘Fraudito’ y no les importó con el fraude.

Hoy, nadie pregunta por qué la Policía solo invierte en armas letales, cuando en todas partes del mundo los policías están tratando de usar los equipos no letales; a nadie le importa con las retenciones arbitrarias de fin de semana, donde la policía dice que capturaron a presuntos delincuentes el viernes a las 6 de la tarde, los muestran por televisión y el lunes cuando se cumplen las 24 horas los dejan libres sin una explicación.

¿Hasta dónde vamos a llegar con estas amenazas a periodistas, a la gente que hace opinión, etc.?

Estamos constantemente presionados, los que trabajan para un medio, no se atreven ni a subir la cabeza; los que hacemos opinión, ya la mayoría no tenemos medios convencionales donde expresarnos; los dirigentes gremiales, ante la debilidad de ellos mismos, han quedado oprimidos tratando de que no los despidan y preservando su sustento económico.

Esto es una lucha que en democracia jamás habíamos visto, ¿cuál es nuestro futuro, el de nuestro país, será que no se podrá decir nada que disguste a los gobernantes, algún asesor habrá dicho que ese es el mejor estado para gobernar?

Qué triste realidad la que nos tocó vivir, si fuese esa la postura oficial, y qué vergüenza para los que han preferido pasar agachados.

 

Este artículo se publicó el  12  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Carta al Dr. Ebrahim Asvat del Dr. Ricardo Arias Calderón

La opinión de…

Ricardo Arias Calderón

Panamá ,   27 de enero de  2011
Doctor
EBRAHIM ASVAT
Estimado amigo:
Tu renuncia a la presidencia de las compañías que publican La Estrella de Panamá y El Siglo, periódicos a los que con éxito restauraste gran parte de la credibilidad perdida durante largos lustros y colocaste nuevamente entre los rotativos independientes que aportan a la comunidad panameña una cuota de verdad y criterio autónomo, es una pérdida lamentable. 

Las presiones a las que has sido sometido en el ejercicio de la libertad de expresión en este gobierno de Ricardo Martinelli, revelan la descomposición social en la que la actual cosa nostra que nos gobierna está sumiendo a Panamá. La mordaza que han tratado de ponerte revela cuan baja es la condición de quien no permite la crítica.

Esta actuación se suma a la lista de crímenes y abusos, no exhaustiva, que presentaras en tu Bitácora del viernes 14 de enero, a la que hay que agregar los recientes atropellos a la población Ngöbe Buglé que protestaba ayer por el proyecto de reformas al Código de Recursos Minerales. Esta visión resume la inequidad que por momentos caracterizó tiempos pasados, de forma tal que el año y medio de gestión de los líderes ‘del cambio’, rivaliza con algunos de los peores aspectos de la dictadura por su ineficacia y crueldad. Si a nosotros no nos paralizase la norma moral, que no retiene a mucha de la gente de gobierno, de que la vida privada es coto vedado a la crítica mordaz de la política, el asombro ciudadano sería superlativo.

Con respecto al caso específico de la masacre cometida en las personas del Centro de Cumplimiento de Menores en Tocumen, debo reiterar como con consternación hemos visto a los custodios y policías, no solo negar auxilio e impedir que los bomberos cumplieran con su deber, sino ser los causantes del incendio y así asesinar con sevicia a estos jóvenes que claman piedad llamando a su madre como último refugio al que recurrir en la hora fatal; escandaliza escuchar cómo, ante estos clamores, se burlaban sarcásticamente, salomando como si estuvieran en una cantadera y profiriendo la fatal sentencia: ‘¿no eras hombrecito?, muérete ahora’.

Las evidencias fílmicas son contundentemente claras para condenar a estos autores materiales del hecho delictivo y violatorio de los derechos humanos, pero existen otros a quienes también cabe responsabilidad política y administrativa; por ellos la colectividad clama igualmente.   Éstos son quienes encabezan el Órgano Ejecutivo: Martinelli, Mulino y Méndez, últimos responsables del control de la Policía Nacional según la Constitución Política de la República, y ni hablar del director de la Policía Nacional,  todos deben ser sometidos a juicio, no solo al crítico de la comunidad, sino al de la justicia.

El país ha escuchado sin olvidar, las frases lapidarias del presidente y su ministro de Seguridad, respecto a la manera como se enfrentarían a los delincuentes; cabe pensar, por sus actuaciones, que en mente tienen además, a quienes se les opongan y critiquen.   Estas afirmaciones no se borrarán, a pesar de las tibias declaraciones y condolencias presentadas en televisión el fin de semana pasado.

Tú tienes, Ebrahim, el honor de ser una víctima más, pero has demostrado que tus convicciones son tu lanza y escudo.

Cordialmente te saluda, tu amigo,

Ricardo Arias Calderón

 

Este artículo se publicó el  8  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Violencia institucional

La opinión del Secretario General de CONUSI – FRENADESO…

GENARO  LÓPEZ
rologe54@yahoo.com

 

Miles de personas sufren de diferentes formas de violencia practicadas por las instituciones del Estado, sus órganos y agentes en nombre del mantenimiento de la Ley y el orden.

Paradójicamente las instituciones que deberían garantizar sus derechos, los vulneran y transforman a algunos grupos de personas en víctimas de una violencia institucional que, según los especialistas, son discriminados por el solo hecho de ser pobres o pertenecer a un grupo social o étnico determinado, o por el hecho de estar organizados.

Fenómenos como la represión, la impunidad, la injusticia, la desigualdad social, aunados a la militarización de los cuerpos policíacos, son utilizados para contener a los movimientos sociales, siendo estrategias comunes la difamación de movimientos que se consideran divergentes, además de otras organizaciones sociales que representan una critica al modelo económico y social que establece el Estado, estas estrategias son utilizadas para mantener la apariencia de un orden y un estatus.

Entre todas las formas de violencia, la que ejerce la Policía, que incluye la violencia física, verbal y psicológica en contra de la población, tiene ciertas particularidades. Aunque está generalizada y extendida, mucha de ella se comete en la clandestinidad y con prácticas de encubrimiento. Sería invisible si no es por las denuncias de las víctimas, de sus familiares o por el accionar de las organizaciones sociales, o tal como ocurrió en el Centro de Custodia de Menores, por la presencia de los medios de comunicación social.

Todo este cúmulo de acciones y otras tantas son una realidad cotidiana en Panamá, afectando a diversos sectores sociales (obreros, campesinos, indígenas, comunales, educadores, profesionales, ambientalistas, comunicadores sociales, promotores de derechos humanos, entre otros), que es mantenido por una espiral de violencia, que se ejerce de manera sistemática por las instancias del poder.

El gobierno de Martinelli ha ejercido todo tipo de violencia. En el orden de la violencia física, la masacre de Bocas del Toro constituye la más clara evidencia de violencia institucional, no solo por la magnitud de la represión física y sus resultados, sino también por el escenario de terror que sembró; ello acompañado de impunidad para quienes cometieron crimen de lesa humanidad. Igualmente con la masacre del Centro de Custodio de Menores. Pero la ola represiva no se detiene, durante esta semana se reprimió a pescadores de Pedregal en el distrito de David, estudiantes universitarios, indígenas y pobladores.

Esta violencia física que se comete cada vez con mayor frecuencia por parte del gobierno, es una agresión intencional que ocasiona daños a la integridad física con el fin de someterla. Este tipo de violencia es terrible, porque no solo ocasiona daños físicos que a veces hasta llegan a incapacitar a la persona, sino que también dejan huellas emocionales profundas y daños muchas veces irreversibles.

Pero, también, la violencia es psico—emocional, que consiste en actos u omisiones que se expresan a través de prohibiciones, coacciones, condicionamientos, intimidaciones, amenazas, insultos, burlas y silencio.   Las agresiones de este tipo tienden a humillar, ofender, asustar y tienen graves repercusiones en la autoestima, seguridad y estabilidad emocional de las personas.

Ricardo Martinelli, José Raúl Mulino y Alma Cortés han mostrado habilidad en este tipo de violencia. El llamar a los obreros de la construcción ‘maleantes de mierda’; el acusar a los indígenas de borrachos, el ordenar tirar a matar.   Igualmente, la elaboración de expedientes amañados a dirigentes del movimiento social, el silencio frente al feminicidio; los indultos a 125 policías, muchos de ellos involucrados en violencia institucional; restricciones a la información y mayor cercenamiento a la libertad de expresión. El guardar silencio frente a las causas de la falta de agua potable, la desidia en atender el problema de recolección de basura, el crimen ecológico, la falta de medicamentos en la CSS, el alto costo de la vida y los bajos salarios; los engaños a jubilados y pensionados que solicitan aumentos de sus pensiones, son otros ejemplos que tienden a generalizarse como política gubernamental.

 

Este artículo se publicó el 6 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

El silencio de los inocentes II

La opinión del Escritor…

MANUEL ORESTES NIETO
manuelorestes@gmail.com

 

Con el título de la Bitácora de Ebrahim Asvat del 20 de enero –precisamente el día en que se vio forzado a dejar la presidencia de La Estrella y El Siglo– escribo también abochornado de vivir estos tiempos sombríos en un país cada vez más contagiado de perversidad.   Ya son cinco jóvenes panameños muertos después de ser calcinados dentro de su celda. Sus custodios y policías los dejaban morir achicharrados y hervidos por dentro. Sus jefes jerárquicos enmudecieron y ellos, que tanto hablan de sus logros, se quedaron sin lengua.

Ante las escenas dantescas de este crimen cruel, ni el Jefe de la Policía, ni el Ministro Mulino que sólo sabe rugir, ni la Ministra Méndez, de voz inaudible, se dieron por aludidos, apenas balbuceos y trabalenguas para justificar lo injustificable.    Como si nadie hubiese muerto, han seguido tranquilamente el guión diseñado para, en efecto, intentar estirar la farsa del cambio.   La realidad es inversa: voltear un país urgido por salir de la pobreza, necesitado de educación y salud y convertirlo, no en un idílico paraíso, sino en un Panamá arrodillado, sometido y, como máximo record histórico –como les gusta jactarse– inscribirlo como propiedad privada.

Aunque los hechos ocurrieron bajo esta administración, olímpicamente se lavaron las manos y a estos muertos parece que no se les hará justicia.   Recordemos la destitución forzosa de Ana Matilde Gómez y las salvajadas de su siniestro sucesor Bonnisi, los magistrados incondicionales y las intromisiones consecutivas e incontables desde el Ejecutivo. La justicia ya violentada, además se esfumó, se la fumaron y brilla por su ausencia.

Es como aplicar a los menores la pena de muerte y montar luego una investigación difusa, para olvidar.   Lo que hacen son simulaciones, se ponen las máscaras y ejercen la mentira pública ante una sociedad al borde del precipicio.

Veremos si lograrán pasar la página de este horrendo crimen con saña y toletazos, que todo el país vio con rabia y en vivo por televisión, como han dejado en la nada a Changüinola y la indolencia que llevó a la muerte a Virgilio Castillo y Antonio Smith, que dejó decenas de ciegos y lisiados por perdigonazos.

Humo, soberbia y, en efecto, locura.   El eslogan de la campaña es la única verdad que han dicho, que están poseídos por una espeluznante locura. Hay que matizar.   Locura que se infecta así misma todos los días.    Desprecio y vanidad extremas; y como siempre, la oportuna justificación democrática: …ustedes nos eligieron para mandar, es decir, para hacer y deshacer desenfrenados; ¿no se acuerdan del cheque del 3 de mayo del 2009 que firmaron con los votos?

Pues bien, ahora le toca el pueblo… pero aguantársela completa… sin agua, sin seguridad, con basura, ineptitud y cinismo desde el poder… y que viva Panamá, con Shamah a las cabeza del carnaval y con el ministro Papadimitriu, el que mueve los hilos del poder y tiene capacidad de ventrílocuo y cancerbero a la vez; en fin,   ¡Yo el Supremo, mi trono y mis súbditos, en este país mío por los próximos cien años!.    Ese es el sueño de opio y la sopa borracha que alimentan vanidades y soberbias, aunque huela a sangre quemada y le echen tierra a lo que le hicieron a indígenas acribillados.

Adelante hay un becerro de oro macizo que han decidido capturar a toda costa para comérselo en un festín y que el pueblo se quede sin oportunidades de salir de la pobreza.    Ahora es manipulación a toda manivela.   Y de ñapa, hay que tragar esa cosa espantosa que se llama a sí mismo el búfalo sexual,   la degradación asquerosa en persona, el lambón hoy CD y mañana marciano, y al penoso alcalde y sus fantasías pueriles y lamentables porque sus errores letales pueden producir cualquier día de estos el colapso de la capital de nuestro país.

En el gobierno, persisten en el método fascista de que acallar volatiliza lo que no es conveniente que se difunda. Y han llevado al cadalso a la información libre. Asvat hizo lo posible; admirable, honesta y de sincera vergüenza ciudadana fue su Bitácora.

Sólo después de haber muerto el quinto joven el Presidente pone en vilo al mundo mediático, genera expectativa, viene, viene un anuncio importante y… que desilusión… lo siente mucho… Precisemos: en este doloroso asunto, nadie politiza nada, nadie divide ninguna sociedad. El país está estupefacto. Allí está ese día, por paradoja un 9 de enero, donde desataron un vil asesinato colectivo.    Y, por tanto, hay asesinos y, además, responsabilidades institucionales. No sólo los que actuaron físicamente. Como ya retumba en múltiples repudios a esta atrocidad: Esto no se puede quedar así.

 

Este artículo se publicó el 27 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,

Cárceles literalmente infernales

La opinión de…

Betty Brannan Jaén
LaprensaDC@aol.com

“… Nadie conoce realmente cómo es una nación hasta haber estado en una de sus cárceles”. Nelson Mandela, 1994.

Por más de 20 años he criticado que las cárceles panameñas son un “infierno”, pero jamás pensé que ese término pasaría de lo metafórico a lo literal. Lo ocurrido hace tres semanas en el Centro de Cumplimiento de Menores de Tocumen es escalofriante y vergonzoso, como también es criminal.   Tenemos que exigir completa responsabilidad penal por la inmolación sin piedad de esos muchachos –cinco de los cuales han muerto-. Dos chivos expiatorios no bastan, tratándose de una crueldad salvaje que obviamente se ha nutrido de mucha complicidad institucional.    También, creo, se ha nutrido de la impunidad.

Los lectores de cierta edad recordarán que en 1996 hubo una crisis parecida cuando una cámara de televisión captó a custodios que golpeaban duramente a reos desnudos en la cárcel Modelo. Se le formularon cargos a 10 custodios, que fueron enjuiciados en 1998 (sin haber estado presos mientras esperaban sus procesos). Su defensa fue que estaban “siguiendo órdenes”. ¿Qué pasó con ellos? ¿Fueron condenados? ¿Enviados a la prisión? ¿Hubo reformas genuinas?

Los hechos repugnantes de este mes sugieren que no, y la razón es que ningún gobierno post dictadura se ha preocupado por componer la crisis en las cárceles (que tiene 20 años de arrastre).    Siempre las medidas son huecas o cosméticas en vez de profundas.   Cuando se dio la golpiza de la cárcel Modelo, por ejemplo, la reacción oficial fue tumbar la cárcel, lo que me pareció absurdo.   Escribí esto: “La solución no es demoler la cárcel Modelo porque el hacinamiento en la cárcel Modelo es solo una parte de un problema mucho más grande, además de que las paredes de la cárcel Modelo no tienen la culpa de esta crisis.

Lo que hay que demoler no son paredes, sino actitudes retrógradas, procedimientos absurdos y un sistema de justicia penal que hace mucho tiempo dejó de funcionar”. (4 de agosto, 1996). No ayudó que en ese entonces tuviéramos a un fiscal (Rosendo Miranda) que había dicho que “los detenidos no tienen derechos constitucionales” y a un presidente (Ernesto Pérez Balladares) que había afirmado que “cada centavo que se gasta en mejorar las condiciones en las cárceles es un centavo menos que se gasta en programas de beneficio social”. Irónicamente, los gobiernos siguientes han utilizado la demolición de la cárcel Modelo como excusa por el hacinamiento en las cárceles.

El gobierno de Mireya Moscoso no atendió la crisis, mientras que Martín Torrijos tuvo una ministra de Gobierno (Olga Gólcher) que afirmó ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que “el sistema penitenciario de Panamá es respetuoso de los derechos humanos de los privados de libertad”. Felizmente, eso provocó que una estudiante panameña de derecho en Harvard (María Luisa Romero) lanzara una investigación devastadora de las cárceles panameñas que fue presentada ante la CIDH y actualizada solo el mes pasado. (La Prensa, 12 de diciembre de 2010.) Ahora se han involucrado el Instituto de Criminología de la Universidad de Panamá y representantes de la sociedad civil, horrorizados por lo que encuentran al recorrer las cárceles.

En otras palabras, tras una crónica de crisis anunciada que lleva más de 20 años de estarse escribiendo, hemos vuelto al mismo punto crítico en el que estábamos hace 15 años (1996) tras la golpiza en la cárcel Modelo (solo que este último incidente fue mucho peor).   Sigue siendo cierto que la crisis se debe en buena medida a falta de recursos –lo cual de por sí confirma la falta de voluntad gubernamental en rectificar la situación— pero no dejemos que eso nos distraiga de algo aún más fundamental: criterios retrógrados y un sistema de justicia penal que consiste básicamente en tirar los reos al calabozo y botar la llave al mar.

Mientras no rectifiquemos eso, el “infierno” de esos calabozos seguirá siendo tanto literal como metafórico, para vergüenza nuestra.

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Este artículo se publicó el 30  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

La verdad desnuda o una defensa a destiempo

La opinión de…

Dicky Reynolds O’Riley

Cuando pensé que lo peor había pasado, aún reverberan en mi conciencia las imágenes de la paliza de la Cárcel Modelo o en términos eufemísticos “La calle de honor” o simplemente, “el correctivo”, en el código, no escrito, de la retórica policial. Hecho deleznable bajo cualquier punto de vista.

Situación que deploro. Quince años después me persiguen esos fantasmas y las ulteriores consecuencias en mi vida privada, profesional, demeritándolas, sin darle valor o crédito a otras actuaciones más loables de mi existencia. Siento el escarnio de la vindicta pública que me ha condenado.

Ese estigma que me acompañará hasta mi última morada. No quiero imaginar mi final lapidario, quizás diga aquí yace el “Torturador de la Modelo”, Noir du merd o “Un Noriega de bolsillo”. No soy “San Dicky” y no me motiva conmoverlos de pesar y mucho menos de lástima ni tampoco atizar el fuego de la morbosidad que recae en un tema tan humano como el trato hacia una persona privada de su libertad, no importa por qué motivos esté restringida.

Cuando se inició todo este periplo judicial para encontrar a los responsables de la barbarie de la Modelo –como han adjetivizado en la opinión pública los medios de comunicación social este hecho–, los agentes instructores de otrora no tuvieron posturas para sindicar a los verdaderos responsables, a quienes mostré con pelos y señales. Me negaron el derecho de carearme con ellos para restregarle la verdad en el rostro. Creyeron que era importante no afectar la renovada imagen policial que venía ya señalada por sus desaciertos en materia de derechos humanos en tiempos no tan remotos. Nefasta decisión. Sabíamos que el tigre no iba a ser vegetariano.

Hay una realidad, soy “reo convicto”, infame honor me persigue, una especie de letra escarlata. Se preguntarán ¿Por qué rompe el silencio hasta ahora? Tardía autorreinvidicación. ¿Temor o complicidad? ¿Sacar provecho mediático para exorcizar sus demonios? U otras conjeturas, que, cada quien es libre de hacer. Mi candidez fue pensar que los jueces serían equilibrados y justos, que se practicarían las pruebas, más allá de las solas vistas televisivas y las declaraciones de los agentes policiales, quienes por ese temor reverencial no se atrevieron a señalar a sus jefes y prefirieron “cargar con el muerto”.

Sumado a la complicidad de quienes editaron y sacaron de contexto mis deposiciones para favorecer a sujetos innombrables, que, luego por efectos de las leyes del karma, se vieron señalados en otros acontecimientos bochornosos que trascendieron a las esferas administrativas y penales. Pequé de ingenuo, pero pecado al fin y al cabo que me somete diariamente al acicate como responsable.

La confabulación de siniestros personajes que se aprovecharon de mi sentido de lealtad a idearios políticos, al punto de arriesgar mi vida y mi honor por el partido. Me dejé llevar por la falsa sensación de amistad de los que decían esta tormenta pasará, solo resiste. No lo niego, me desinteresé de mi suerte en lo judicial y he aquí las consecuencias. Me dejaron solo en el baile, como se dice en el argot panameño, mientras que los policías cerraron filas con sus unidades, principio rector de la institucionalidad.

No se puede llorar sobre la leche derramada. Ya no puedo evitar ser tema de debate, por que aquí no cabe el término, como se dice en derecho, que este asunto es “cosa juzgada”. Creía en la máxima que rezaba: “A los amigos no hay que darle explicaciones, porque no las necesitan y a los enemigos tampoco, porque no los convencerás”. En realidad, estoy cansado que me estén asoleando todos los días en los medios, aunque sé que estos son los frutos de decisiones propias y ajenas. Cargo esa enorme roca como Sísifo en su tragedia griega.

Motivo estas reflexiones, extraídas del inventario de mi vida, como introducción al hecho de la masacre del Centro de Cumplimiento de Menores de Tocumen, acaecido el pasado 9 de enero, solo comparable con el suceso de la Modelo, porque ese fue el preámbulo de esta dantesca escena.

Nuestra sociedad, con su doble moral, critica a la Policía, pero tampoco quiere leyes que trate a los menores infractores como a los niños cantores de Viena, se queja de los beneficios que le da su condición de minoridad. Hay quienes, solapadamente, han aplaudido el clásico “bien hecho”, por mal portados. Somos dados al actuar efervescente, situación que disipa soluciones estructuradas, permanentes y a largo plazo, sobre todo en el tema del internamiento y resocialización de las personas. Nos acordamos de ellos cuando surgen eventos como este y una vez neutralizada la disconformidad, epitelial, de la opinión pública no se vuelve a hablar del asunto.

Mi preocupación, sin sesgo, resentimiento ni actitud de bandolero redimido, va encaminada en el sentido que se haga una investigación, prolija y sin ambages de estos hechos y, más allá de la condena mediática, que el largo brazo de la ley alcance a los verdaderos responsables. Si ello no se lleva a cabo, la justicia estará pagando las consecuencias por su andar timorato, ya bajo cuestionamiento. Creo, que, sin pecar de inmodesto, tengo la catadura moral para decirlo. Dicho en términos más románticos, la voz de la experiencia.

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Este artículo se publicó el 5 de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.