Subestimamos a Dios

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La opinión del Periodista…

Manuel E. Barberena R.

Cuando lo vemos como un recurso para satisfacer necesidades banales o solucionar problemas que competen a los funcionarios de la administración del Estado. 

Según las enseñanzas, el Hacedor ha delegado ciertos poderes en el hombre para que sea capaz de enfrentar sus problemas con inteligencia, voluntad y tenacidad.

Todos los gobiernos adolecen de funcionarios soberbios, feudalistas y erráticos, que en cierto sentido son inocentes de sus yerros, pues algunos han sido mal ubicados por obra de la partidocracia. Es como poner a un albañil de soldador o a un zapatero a hacer trajes.

La partidocracia es el marco inicuo de la política donde se ponen como en subasta los puestos de la administración pública y del servicio exterior.   El pueblo resulta estafado por la mala calidad de los servicios públicos, y el país, perdidoso, por el mal uso de los fondos para el bienestar social. Los presidentes no escapan a la responsabilidad como guías supremos de la Nación y resultan afectados en su reputación personal y su futuro político.

Dejar en manos de la providencia la solución de los problemas que la mano del hombre debe enfrentar, equivale a recurrir a los milagros y entrar en el campo de la fe. Hay una fe natural y una fe teologal. La primera se basa en la evidencia, la ciencia y la razón. Para la religión, creer solo en lo posible no es fe. Este es un misterio insondable en el que los hombres no se ponen de acuerdo.

Una opinión aterradora fue expuesta recientemente: “Sólo Dios puede cambiar los niveles de turbidez de las aguas del lago Alajuela”, expresó un alto funcionario del IDAAN, a buen entendedor, pocas palabras, el embalse del lago Alajuela colapsó como fuente de agua para la potabilizadora de Chilibre… Un embalse viejo por lo general tiene menos capacidad de retención de agua debido al progreso de la sedimentación…

Los “necios” científicos de la Universidad de Panamá habían advertido sobre eso muchos años antes… Alajuela fue construido en la década de los 30, por lo que tiene una edad de 80 años.   No es difícil imaginar que el destino final de un embalse es convertirse en ciénaga si no lo someten a un régimen de dragado continuo… (Raúl Amores Serrano, Ecólogo de Lagos y Docente. El colapso del lago Alajuela. Opinión. Panamá América, (09.01.2011).

En materia de prosperidad tenemos que distinguir entre desarrollo y progreso. El desarrollo es el proceso de crecimiento de un proyecto. El progreso es la meta ya alcanzada del proyecto. Un país con las proyecciones de progreso que tiene Panamá requiere de un desarrollo cultural previo al desarrollo económico y social, en un período de años, por la formación y la información, y de un sistema de abastecimiento hídrico, soberano, salubre y eficaz. El agua, además de ser la sangre del canal es sostenedora de la vida humana y del progreso nacional. Hagamos lo que dice Santa Teresa de Jesús: “Trabaja como si todo dependiera de ti, y reza como si todo dependiera de Dios”.

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<>Artículo publicado el 27  de enero de 2011   en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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¿La Singapur de las Américas?

La opinión de…

FRANKLIN  CASTRELLON

Una de las anécdotas que se atribuye al general Omar Torrijos cuenta que cuando se aprobaba la ley que creó el Centro Financiero Internacional de Panamá, un prestigioso economista afirmó, palabras más, palabras menos, “general, Panamá será la Suiza de las Américas”, a lo que Torrijos ripostó lacónicamente, “¿Dónde están los suizos?” Y Torrijos tenía razón; con la idiosincrasia que tenemos los panameños, es imposible convertir a Panamá en “la Suiza de las Américas”, aunque –justo es reconocerlo– el Centro Financiero es uno de los pocos éxitos de los que nos podemos vanagloriar.

Ahora, el presidente de la República, Ricardo Martinelli, ha señalado que Panamá será la Singapur de las Américas. Pero, parodiando a Torrijos, ¿Dónde están los singapurenses? Esta aspiración, expresada desde poco después de haber iniciado su gobierno, se vio fortalecida durante la visita oficial que hizo a Singapur del 17 al 19 de octubre de 2010. Tras reconocer las similitudes entre ambos países, Martinelli y su colega S.R. Nathan se comprometieron a impulsar la cooperación para que ambos países se beneficien del status especial que tienen como hubs marítimo y aéreo y como centros financieros.

Singapur y Panamá son naciones pequeñas: la primera tiene 697 kilómetros cuadrados y su litoral costero es de 193 kilómetros, mientras que Panamá tiene 75 mil 517 kilómetros cuadrados y 2 mil 988 kilómetros de costas. Ambas están estratégicamente situadas en las principales rutas del comercio marítimo; por Panamá pasan unas 145 rutas uniendo a todos los continentes, mientras que Singapur es el principal centro del comercio inter Asia y con los demás países del mundo.

A diferencia de Singapur, que limita sus recursos a los pesqueros y a sus puertos de alto calado, Panamá cuenta con una riqueza ecológica envidiable, incluyendo sus parques naturales, amplias tierras aptas para la explotación agrícola y ganadera y una variedad de recursos minerales.   Sin embargo, con todas las ventajas a nuestro favor, Singapur ha logrado convertirse en una de las naciones más desarrolladas del mundo, mientras Panamá no atina a salir del subdesarrollo.

Con un ingreso per cápita de 36 mil 537 dólares, Singapur multiplica varias veces el ingreso per cápita de Panamá (menos de $6 mil), con la ventaja adicional de que su riqueza está mucho mejor distribuida.

Pero, si Panamá tiene más recursos naturales que Singapur y comparten las mismas ventajas geoestratégicas, ¿Por qué Singapur ha logrado alcanzar el nivel de uno de los países más desarrollados del mundo, mientras que Panamá se debate en el subdesarrollo? Basta con leer los indicadores que miden el comportamiento de las economías del mundo en temas clave para el desarrollo, para comprender las causas.

Mientras que Singapur (86.1 puntos) ocupa el segundo lugar del Índice de Libertad Económica 2010, Panamá (64.7 puntos) ocupa el puesto 60 por debajo de Chile (77.2), El Salvador (69.9), México (68.3), Perú (67.6) y Costa Rica (65.9). Preparado por The Heritage Foundation y The Wall Street Journal, este índice mide el comportamiento de los países en áreas tales como libertades de hacer negocios, comercial, de inversión, financiera, fiscal, económica, laboral, monetaria, derechos de propiedad, gasto del gobierno y percepción de corrupción.

En el Informe 2010, el índice señala que la libertad económica de Panamá está limitada por debilidades institucionales (control del Ejecutivo sobre otros órganos del Estado que deberían estar libres de su influencia). Y tan o más grave, el documento subraya que el “sistema judicial se mantiene vulnerable a la interferencia política, abrumada por la mora judicial, y laxa en vigilar el cumplimiento de los contratos” con el Estado.

Otra de las grandes debilidades del gobierno es su enorme, costosa e ineficiente burocracia. A pesar de promesas de los dos últimos gobiernos para reducir su tamaño y su peso sobre las finanzas públicas, ellas han cedido al clientelismo político con el resultado de que la misma ha aumentado de manera escandalosa. Mientras que Singapur, con un producto interno bruto de 36 mil 537 millones de dólares, cuenta con 124 mil funcionarios, Panamá, con un PIB de 19 mil 374 millones de dólares, se da el lujo de tener 176 mil 800 funcionarios.

Al problema de la burocracia hay que agregar lo siguiente: Mientras que la nuestra es una de las más ineficientes y, con frecuencia, corrupta, la de Singapur es una de las más eficientes del mundo.   De hecho, el Sistema de Consulta sobre Riesgo Político y Económico (PERC por sus siglas en inglés) escogió en 2010 a la burocracia de Singapur como la más eficiente de Asia.   En este escenario, sobran las intenciones, expresadas por nuestro Presidente, de convertir a Panamá en la Singapur de las Américas. A menos que se decida a enderezar el rumbo de su gobierno.

<> Este artículo se publicó el 27 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El manual del funcionario


La opinión del Ingeniero y Analista Político….

MARIO  A. ROGNONI
marognoni@gmail.com

La mayor crisis del actual gobierno, similar a algunos gobiernos anteriores, nace de la falta de conocimiento por parte de los altos personeros del manual del funcionario público. De un tiempo atrás, ya el Doctor Arnulfo Arias Madrid en su conocimiento político les había cambiado el título de funcionario a servidor público.   Lo inteligente del cambio radica en lo que implica. El servidor público debe entender primeramente que es un servidor pagado por el Estado para colaborar con los ciudadanos en su mejoramiento y calidad de vida. Eso implica que debe atender al ciudadano en sus funciones.

La característica de la mayor cantidad de oficinas públicas, sin embargo, es el pésimo trato que reciben los ciudadanos que acuden a ellas.    Ministros, viceministros y directores de entidades, por regla general no devuelven ni atienden llamadas telefónicas. Secretarias evitan dar citas con sus jefes y cubren, como parte de su eficiencia, las deficiencias del superior.    Los empleados en general adoptan la actitud de que están haciéndole un favor al ciudadano al atenderlo y, en más de una ocasión, la forma de garantizarse atención esmerada es a base del pago de una coima, lo que se ha generalizado a los más bajos niveles del escalafón.

Mientras en la empresa privada ‘el cliente siempre tiene la razón’, en el gobierno el ciudadano es el menos importante de la situación. Con la llegada de un empresario exitoso a la Presidencia pensé que la actitud del funcionariado cambiaría, impulsada por la fama del presidente del manejo de sus complicadas empresas, donde el trato al cliente es básico para mantenerse al frente del sector.   Pero, curiosamente, la situación ha empeorado, ahora agravada por la noción del supuesto servidor público, convertido hoy en empleado estatal simplemente, que debe atender solo a copartidarios del presidente y en segundo lugar a ciudadanos miembros de los partidos de su alianza, relegando cualquier intención de atender a miembros de los partidos opositores a la más lenta velocidad posible.

El problema de la eficiencia de gobierno cae presa de estos servidores públicos, que no comprenden su rol y la necesaria imparcialidad política en su manejo cotidiano.   Pero tampoco podemos culparlos cuando ellos se sienten presionados por las direcciones de los partidos gobernantes, que los podrían afectar cuando miembros de los mismos los denuncien por maltrato o lentitud en sus trámites. Por supuesto, en nuestra sociedad política, una denuncia de un opositor no pesa, como sí lo hace la denuncia por un aliado.   Si a todo lo anterior agregamos que no existe una ley de sueldos ni tampoco se respeta una carrera administrativa, no hay justificación para exigir mejores rendimientos. El servidor público de hoy sabe que le debe su puesto a un dirigente que lo recomendó, su permanencia la garantiza su padrino y su partido, sus aumentos dependen de su fuerza política o relación con el superior. No hay una escala de salarios ni pruebas de evaluación, hay influencias.

Al final del día, difícilmente puede el jefe de un departamento aspirar a un nivel de eficiencia como vemos en la empresa privada. Si sumamos a esto que no hay por qué evitar costos innecesarios, porque la utilidad no está en juego, el derroche por exceso de nombramientos es bien visto, porque en fin de cuentas produce más inscritos en el partido o más seguidores electoralmente. Para un político con aspiraciones, el éxito lo refleja el número de adherentes que logra a través de su cargo, al margen de la incapacidad e ineficiencia del funcionariado. Pero, admito, hay un momento en el que la ineficiencia se paga con despido: al darse un cambio de gobierno y entrar un nuevo partido a dirigir la institución, entonces la razón de los despidos es justificada porque los servidores que no son aliados son identificados rápidamente como ineficientes y se dan las grandes barrerías de cada cinco años.

Ricardo Martinelli dijo en campaña que ‘gobernaría con los mejores, no importaba afiliación política’ y creó una gran esperanza de que quizás veríamos finalmente un gobierno para todos.   Sin embargo, los dirigentes de los partidos de su alianza han girado instrucciones directas contrarias a la intención del presidente y la carrera por sumar adherentes y destituir opositores no termina, a casi 18 meses de iniciado el gobierno. Habrá que esperar otro gobierno para ver si finalmente adoptamos un manual justo, aprobando además una carrera administrativa y una ley de sueldos moderna.

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<> Este artículo se publicó el 7 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Idiosincracia del panameño (5)

Bitácora del presidente  – La opinión del Abogado,  Empresario y actual presidente de los diarios La Estrella de Panamá y el Diario el Siglo…

EBRAHIM ASVAT
easvat@elsiglo.com
 

Los panameños participamos de la política partidista para luego, cuando se llega al poder, ver qué nos toca.   El espíritu cívico, la vocación de servicio o la patria son aspectos secundarios durante ese proceso natural que se fermenta entre el día del triunfo hasta el día de la toma de posesión para los aspirantes a altos cargos y el primer año de gobierno para el resto de los militantes.

Pero hay mucho más que los puestos cuando se llega al poder. El cargo es el poder y por ende una forma o estilo de vida. Los de arriba merecen carros, escoltas, secretarias, nombramientos, viajes, entre muchas otras cosas. Los de abajo, un puesto fijo y cómodo sin perturbaciones y estabilidad. Si eres militante es difícil que te destituyan por inepto o incapaz. Los riesgos solo están si entras en el pequeño séquito de tu nominador. Destituido el nominador, corres igual suerte. Trasladado el nominador las probabilidades son que te vayas a donde nombren a tu nominador.

Las oportunidades en el gobierno dependen de tu posición jerárquica. Si estás en un cargo de mando y jurisdicción, tienes espacio para recibir algo en los repartos de negocios estatales. En materia de qué es corrupción y qué no es corrupción, no tenemos las cosas claras. Si desvías o te apropias de los fondos públicos no tienes dudas de que eso no se puede hacer. Pero no te disgusta quedarte con los viáticos adicionales, usar el vehículo oficial para asuntos personales o familiares o llevarte algunas cositas de esas que sobran o pueden desaparecer de las oficinas públicas.

Si hay un negocio que se puede hacer se lo ofreces a tus amigos a cambio de que te den una comisión o un pedazo del negocio y no te parece algo pecaminoso. Lo ves como un negocio para ti y eso está permitido. De otra forma, para qué entrar al gobierno si se descartan todas estas oportunidades.

Si le debes pedir a una empresa una coima para aprobarle un asunto te da calambre en el estómago. Si te lo propone la empresa, como que te ayuda a tomar la decisión.   Si lo aceptas, harás lo posible para hacer ver que todo lo actuado es legal. Si después de atender un asunto complejo lo resuelves a favor de una empresa y ésta te tira un salve no lo ves mal.   Lo aceptas porque te convences a ti mismo que eso no es corrupción. Al final fue un acto voluntario y no fuiste tú el que lo haya pedido. Tampoco eres pendejo.

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<> Artículo publicado el 3 de diciembre  de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Saber renunciar

 

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La opinión del Periodista…

Juan B. Gómez 

“Si obligas a correr a una tortuga tan de prisa como un caballo de carrera, la matarás”.

No me gusta generalizar, pero me parece que antes los políticos sabían cuándo renunciar a un cargo público mejor que lo hacen ahora.   Lo digo, porque veo que con frecuencia el Presidente enrostra públicamente a sus ministros y subalternos con faltas de su conducta como funcionarios, por incompetencia o deshonestidad; y ellos, como si nada, se quedan en el cargo con la cara más lavada del mundo, como dicen los brasileños.   No saben renunciar.

En cambio, en el pasado hubo muchos casos en que una leve censura a su conducta, bastaba para que el Presidente se quedara sin ministro o funcionario. Nadie los obligaba, pero ellos tenían tan alto sentido de la dignidad que no les permitía continuar en el cargo.

Estoy pensando en un hecho público que trajo grandes repercusiones en la vida política del país Voy a recordarlo, apelando solamente a la memoria, porque no conservo documentos del hecho trascendental.

Veamos. El Dr. Daniel Chanis, a la muerte del presidente Domingo Díaz Arosemena, ocupaba como Primer Vicepresidente la presidencia de la República.   Y, después de muchas demostraciones de prepotencia, destituyó al comandante de la policía nacional, coronel José Antonio Remón Cantera; pero Remón no aceptó la destitución, y se fue contra el Dr. Chanis y lo derrocó. En esa situación, el señor Roberto F. Chiari, como Segundo Vicepresidente, ocupó la presidencia de la República.

Como correspondía al presidente Chiari, nombró a sus ministros e integró su gabinete con prestigiosas figuras del mundo político. A los señores Samuel Lewis lo nombró ministro de Relaciones Exteriores y a José Isaac Fábrega, ministro de Educación. Pero el país se sorprendió, cuando apareció una carta pública, firmada por los dos señores mencionados, en la que le decían al presidente Chiari, que solamente aceptarían ocupar sus cargos si destituía al Comandante Remón… Ante la situación surgida con la renuncia de los señores Lewis y Fábrega, el presidente Chiari solicitó de la Corte Suprema de Justicia que le dijeran cuál era su situación constitucional, y como la Corte contestó que el presidente constitucional era el Dr. Chanis, Chiari se fue para su casa, dejando el cargo en acefalía.

Entonces, el coronel Remón tomó la decisión, desesperada, de llamar al Dr. Arnulfo Arias y entregarle la presidencia, diciéndole que él había sido el verdadero elegido por el pueblo panameño, pero esa es otra historia….

En esta ocasión, quise llamar la atención de la actitud tan correcta y patriótica de los señores Lewis, Fábrega y Chiari. Y pregunto, ¿en nuestro tiempo tenemos políticos que como ellos, sabrían renunciar con tanta dignidad a un cargo? Es lo que quiero saber.

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<>Artículo publicado el  27  de noviembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/gomez-juan-b/

Los empleados públicos

La opinión del Jurista…

Fernando Sucre Miguez

Érase una vez cuando la planilla estatal no era muy grande y los salarios de aquellos empleados públicos tampoco.  De repente el Estado decidió, por muchas razones, convertirse en agencia de colocación de empleo y salvamento para muchos en el país, quienes lo único que han sabido hacer en sus vidas es trabajar para el gobierno.

El funcionario por regla general es nombrado por ser miembro activo del partido en el poder, compadre del jefe o sobrino de otro jefe en alguna institución.

En cuanto llegan adquieren ciertos rasgos característicos que normalmente los distinguen como burócratas.

El funcionario que lleva algunos años en el puesto está en una oficina poco menos que deprimente, en un escritorio oxidado, con una computadora con varios virus y un teléfono de disco, en donde para animar su panorama ha pegado en las paredes pensamientos relacionados con la belleza de la vida o la amistad, cuadros de flores o algún santo.

Su vida cotidiana se inicia cuando de forma puntual, porque es puntual, llega a su sitio de labores con alguna fritura, café o soda para desayunar, pues el tiempo no les dio en la casa para realizar tan magna labor. Si se trata de alguna funcionaria, a la hora de entrada comienza el proceso de maquillaje, pues al público hay que recibirlo con buena cara.

Si el funcionario es varón resulta importante iniciar sus labores bien informados, por lo que expande sobre su escritorio alguno de los tabloides más sangrientos de la plaza.

Cuando finalmente decide arrancar la faena, empieza el proceso de estudiar los casos que sus jefes le han encomendado. No hay que equivocarse en mis apreciaciones, ya que el trabajo que se genera en una oficina pública es inmenso, producto de que todo gira alrededor del gobierno.

Es por ello que el funcionario público está encerrado en un desgano permanente, pues no importa cuánto haga, al final, siempre encontrará mucho más que hacer.

Si usted como contribuyente se acerca a realizar un trámite no habitual o fuera del estrecho manual de procedimiento, se encontrará que nadie se atreverá a recibir su solicitud, por miedo a perder su puesto si lo hace. Consultarán con su superior y lo más seguro es que le dirán que eso no se puede hacer, pues ellos llevan 20 años haciéndolo de otra manera.

Si su solicitud ya está en trámite, pero se encuentra algo demorada en el laberinto burocrático, no se le ocurra formar ninguna clase de escándalo, ya que eso podría acarrear una demora adicional y hasta una negación a su solicitud.

Si lo que han hecho es emitir una resolución en contra y usted reconsidera, de seguro la confirmarán, pues a quién se le puede ocurrir que el mismo funcionario que le falló en contra, ahora, cinco días más tarde, va a estar de acuerdo con su posición.

Los días miércoles son de suma importancia para el funcionario, pues comprar su pedacito de billete es imprescindible para mantener la fe viva de que, si gana, podrá salir de allí.

Eso sin perjuicio de cualquier rifa clandestina en donde se comprometen a pagarle una suma de dinero en el evento que su número salga premiado en el sorteo de la lotería.

Para las instituciones más organizadas están los boletos de algún happy hour para recaudar fondos para la cooperativa.

Los días de quincena son altamente importantes para los prestamistas usureros, los cuales madrugan en la institución para cambiar los cheques y cobrar la letra del préstamo a perpetuidad que tomó el funcionario.

Los bochinches institucionales son perennes. Es habitual escuchar que el ministro o director posee una lista de funcionarios a ser despedidos en la próxima quincena. Eso desmotiva aún más a los ya desmotivados empleados, además de aumentar la lentitud en los trámites, pues no se sabe si este será su último cheque.

El funcionario público cuenta con una familia muy numerosa, la cual se enferma con relativa frecuencia, rompiendo las estadísticas del Ministerio de Salud que indican que no hay ninguna epidemia de importancia en Panamá. Esto le permite pedir no menos de tres permisos mensuales para ver al pariente que se encuentra en convalecencia.

La madre del funcionario siempre está enferma, pero lo asombroso es que ni se cura, ni se muere, es por ello que se acerca al jefe con regularidad a pedirle un préstamo, el cual nunca paga, para comprarle los medicamentos que el Seguro Social hace rato no trae.

Cuando un funcionario es extremadamente incompetente y el jefe decide ponerle fin a la relación, se encuentra con el escenario en que o está en carrera administrativa, y para despedirlo debe realizar un proceso bastante complicado, o el funcionario es primo del tío del hermano del ministro de turno, quien lo salva normalmente trasladándolo junto con su ineficiencia a otra dirección.

Si el funcionario no está en ninguno de los casos anteriores, entonces empieza a reclamar que él tiene 15 años de servicio y que no lo pueden botar, como si los años en el cargo fueran una impunidad para no ser despedido por ineficiente.

En fin, el funcionario público es sin lugar a dudas un personaje que ha repercutido en la cultura panameña quedando arraigado hasta lo profundo.

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<> Este artículo se publicó el 27  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/sucre-miguez-fernando/

Zancadillas de la política

La opinión de…

Levana Melamed Núñez

Es triste ver cómo se van vaciando las oficinas, cómo cada día se despiden más y más compañeros, cómo quedan huecos en puestos importantes. Es lamentable ver cómo profesionales preparados, con experiencia, pero sobre todo con entusiasmo de trabajar, de aprender, de aportar a nuestro país, se van de las instituciones para dejar un hueco que solo los políticos saben cuándo se llenará de nuevo.

El asunto no es solo ver partir a unos, sino estar en la zozobra de si los que quedan serán parte del mismo ritual también; de si los que vengan serán igual de capaces, de interesados en los temas, de dispuestos a salir adelante, a dar seguimiento a los proyectos anteriores, a aprender de los que ya llevan años invirtiendo tiempo, esfuerzo y profesión en ello. Para los que se quedan las cosas no son color de rosa, hay acumulación de trabajo, falta de toma de decisiones, aumento de responsabilidades y descontento en general.

Peor aun es cuando se ve partir a personas que, con o sin título profesional, dedicaron años de trabajo al Estado, años de disposición y entusiasmo, mientras que en esas sillas quedan algunos que están solo por cobrar, que no les interesa la misión que deberían cumplir, que les da igual que unos vayan y otros vengan, que además no están preparados para el puesto que ocupan y, peor aun, no tengan interés alguno en superarse y dar lo mejor de sí para cumplir con la responsabilidad que aceptaron en su momento.

Las instituciones gubernamentales están al servicio del Estado; es decir, de todos nosotros que somos ciudadanos de este país, no al servicio del gobierno de turno. Lastimosamente esto es solo teórico, porque con cada cambio de gobierno vienen miles de despidos, sin importar el desempeño del funcionario que destituyen, sin importar si su labor fue importante.

Muchas veces el trabajo que unos empezaron queda en la nada, porque el que viene no tiene interés en el mismo o porque la disputa entre quien va ocupar el puesto es tan larga que pasan semanas antes de que llegue, y mientras los demás cargan con más de la cuenta, el trabajo se atrasa, la gente se decepciona, se agota.

Ya sé que hay una mala fama o había en relación a los funcionarios, sin embargo no se puede meter en un solo saco a todos, hay quienes sí quieren y disfrutan su trabajo, sin embargo como todo ser humano, si jalas la carreta solo por mucho tiempo en algún momento te vas a cansar.

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<> Este artículo se publicó el 18  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos de la autora  en: https://panaletras.wordpress.com/category/melamed-nunez-levana/