La Paradoja de Jevons

La opinión del Economista,  Político y Docente Universitario…

Juan Jované  

En 1865 William Stanley Jevons, considerado uno de los iniciadores del enfoque marginalista de la economía, introdujo, como parte de un libro dedicado a estudiar los posibles problemas del agotamiento de las reservas de carbón sobre el poderío industrial de Gran Bretaña, la paradoja que sirve de título al presente artículo.
De acuerdo a esta el resultado de una mejora en la eficiencia económica en el aprovechamiento de la energía no llevaría a una disminución en el uso total de carbón. Por el contrario llevaría a un incremento del mismo que aceleraría el agotamiento de la dotación de carbón.    Se trata, de acuerdo al economista ecologista Herman Daly, de una paradoja que luego de haber sido olvidada ha vuelto vengativamente, esta vez referida al problema del uso del petróleo.

La paradoja puede explicarse de dos maneras. En primer lugar, se debe entender que una mayor eficiencia en el uso de la energía alienta un uso incrementado de la misma, que sobrepasa el efecto eficiencia.   Es así, tomando el caso norteamericano como ejemplo, que pese a que ahora los motores de los automóviles tienen una mayor eficiencia, esto es una relación peso-milla por galón superior, lo cierto es que se tiende a utilizar, en promedio, vehículos más grandes, los cuales, además, recorren una mayor distancia diariamente.   La segunda explicación está dada por el hecho de que en la medida en que la mayor eficiencia económica eleva los beneficios, también incrementa el proceso de acumulación y crecimiento económico, el cual termina por demandar más energía.

En el caso de Panamá, si se toma como referencia el largo período que va desde 1985 hasta el 2009, se puede observar una clara ganancia en la eficiencia en el uso del petróleo,   la que se refleja en el hecho de que entre esos dos años la cantidad del mismo utilizado por unidad real de producto interno bruto declinó en cerca del 46.67%.   Sin embargo, para el total de utilización, medido en barriles diarios, se observa durante el mismo período un crecimiento del 43.5%.

Con el fin de establecer que se trata de un fenómeno vinculado con el estilo de crecimiento de la economía se estableció por vía econométrica que, para el período en referencia, la relación entre la tasa de crecimiento del consumo total de petróleo y la tasa de crecimiento del PIB por persona, lo cual constituye lo que los economistas conocen como una elasticidad, tiene un valor de 0.48.   Este, siendo menor que la unidad, muestra que se ha dado un incremento en la eficiencia energética, pero al ser positivo también muestra que la utilización total se ha incrementado, cumpliéndose así con las condiciones de la paradoja de Jevons.

Todo esto nos conduce a llamar la atención sobre el hecho de que los problemas ecológicos y económicos relacionados con los combustibles fósiles no tienen una solución exclusivamente tecnológica, la misma precisa ajustes en nuestro estilo de desarrollo, instituciones y conducta, a fin de adecuarlos a los requisitos de la sostenibilidad.

*
<>Artículo publicado el  23  de noviembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/jovane-juan/
Anuncios

El petróleo de El Quiteño

La opinión del periodista….

ALEXIS   ATENCIO  GUTIÉRREZ

‘ Panamá puede tener petróleo y de existir sería en algunos recodos de los ríos’.

En El Quiteño, un lugar enclaustrado entre montañas al Noreste de David, se abrió un pozo y se sacó un líquido acuoso de color negro, que se transportó hacia la capital vía puerto Pedregal.   Hoy solo queda el pozo sellado, después de ese acontecimiento.

El Quiteño, un regimiento del corregimiento de Las Lomas en la ciudad de David, ubicado a diez minutos de la cabecera de la provincia en automóvil, allá por 1900, según lo cuenta Gustavo Castillo, descendiente de lugareños quien dice que ‘para entonces había más tranquilidad’. Y es que apenas había unas cuantas casas distantes unas de otras.

Castillo amplia su información añadiendo que a inicios del siglo XX llegaron unos hombres que decían ‘buscaban una mina’; como para entonces ya se usaban las carretas, ellos pagaban estas para traer de puerto Pedregal muchas cosas, entre ellas máquinas. Estos hombres decían que venían de Martinica y otros pueblos a trabajar en el lugar .

El relator señala que para 1913 se habían posesionado de las faldas del Cerro Negro, donde existía una quebrada que se conoció como El Vigía. Las carretas, cuenta, se dedicaron a transportar leña, la que servía para hacer mover una caldera, la que a su vez hacia funcionar un barreno que perforaba la tierra.

La historia advierte que el jefe general de la mina era Míster Johnson, al que atendía la caldera le decían ‘el fogonero’, Míster Pier, de quien quedaron varios hijos por estos lares. El señor Aurelio Diez era el jefe de todos los carreteros y José Diez era el segundo.

Las carretas llevaban a puerto Pedregal el producto que acomodaban en barriles. Era una masa negra que le denominaron petróleo.   La llegada del primer auto a Chiriquí ocurrió en 1914, era propiedad de Míster Johnson y lo trajeron del puerto en carreta.

Este pozo fue sellado y allí quedan las huellas y es de fácil comprobación.

¿De verdad era petróleo? ¿De qué tipo de líquido negro parecido a este pudo tratarse que le interesase a los extranjeros para venir al lugar?   ¿Cómo supieron de la existencia de la mina y del lugar?

Hoy El Quiteño es un pueblo próspero, ha crecido de caserío a un lugar de unas 1500 personas según lugareños, con escuela primaria, centro funerario, carretera de asfalto, subcentro de salud y con enormes perspectivas para mejorar sus condiciones sociales y habitacionales.

El día de mañana, puede convertirse en un lugar como en los tiempos de la California norteamericana, cuando se encontró oro en cantidades industriales.

La historia es grata, siempre hay quien le ponga empeño a las cosas y ayer como hoy vendrán gobiernos dispuestos a hacer las cosas bien, a investigar, a producir, a buscar fuentes alternas de energía, sin hacer daño a la madre naturaleza, a tratar de aminorar el costo de la canasta básica.

Será entonces que ese día se investigue si de verdad ese pozo de El Quiteño existe y si este tenía petróleo o eran cuentos de los ancianos o solo fue parte de una leyenda misteriosa que contaban los más viejos a sus hijos, sobrinos o nietos para hacer placentero el momento a la hora de dormir.

Le tocará al gobierno de Ricardo Martinelli realizar los estudios y buscar en sus investigaciones esas fuentes alternas de energía y, de encontrarla, beneficiar en todas las formas al lugar que les facilitó las cosas. Importante será no llegar con la arrogancia de los ricos imponiendo y haciendo sufrir a los más pobres. ¡He dicho!

<>

Este artículo fue publicado el  27 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Petróleo en las huellas

La opinión de…

Stanley Heckadon–Moreno 

Panamá no es un país petrolero pero, por su ubicación, su Canal y las actividades vinculadas a la vía, está expuesto a derrames mayores y menores que afectan su naturaleza costera. Aquí recapitularemos el primer derrame en estudiarse científicamente.

Fue el 13 de diciembre de 1968. Según los marineros el 13 es mal día. Ese mes la brisa norte que trae el verano se inició temprano levantando marejadas y grandes olas que zarandeaban el viejo petrolero Witwater. Su carga, 20 mil barriles de diésel y bunker. A dos millas de la entrada caribe del Canal, la nave encalla, partiéndose en dos. En su proa quedan ocho mil barriles de aceite que escaparon a razón de 50 barriles diarios. El resto formó una gran mancha que la brisa empujó hacia isla Galeta, hogar del Laboratorio Marino de Punta Galeta. Por 15 años sus científicos estudiaban la naturaleza costera de Colón, estudios que sirvieron para comparar el estado de los arrecifes, manglares y corales antes, durante y después del naufragio.

Empujado por el oleaje y el viento el petróleo cubrió los arrecifes y playas en torno al laboratorio. Su personal y voluntarios de la armada estadounidense quemaron unos cinco mil barriles que quedaron en la playa y otra cantidad se succionó con bombas. Se logró eliminar la mitad del aceite. La otra mitad formó una capa flotante, de una pulgada de espesor, que las corrientes arrastraron por la costa.

Los fuertes vientos y olas mezclaron el petróleo con el agua salada, generando un rocío contaminante que cubrió la costa, los árboles y herbazales de la playa, hasta dos metros de altura. En dos meses, con el calor solar, la vegetación rociada había muerto. Sin árboles, el oleaje aceleró la erosión de los suelos. La especies que habitaban los charcos que deja la marea al bajar perecieron.

A salvo quedaron los arrecifes de aguas profundas, pues no tuvieron contacto con el aceite. También, los organismos que los habitan. Los corales expuestos en bajamar murieron.

Las olas arrojan millones de galones de agua a las playas cada día y la arena las filtra. Meses después, la fina arena de las playas aparentaba estar blanca y limpia. Pero, a una pulgada de profundidad, estaba saturada de aceite. Otro fenómeno fueron las corrientes subterráneas de agua, que mezclaban más el aceite con el agua salada. Esta emulsión penetraba cientos de metros tierra adentro, contaminando el subsuelo y reduciendo fauna que lo habita.

Los más afectados fueron los manglares. Vientos y mareas empujaron el petróleo hacia los esteros, cubriendo la arena y el lodo de los playones. Meses después, al caminar los científicos por los esteros, de cada pisada manaba petróleo a la superficie. Como los suelos de los manglares carecen de oxígeno, los mangles respiran con sus raíces. Cubiertos sus pulmones de aceite, los árboles murieron.  Sobre todo el mangle rojo y el negro, cuyas finas raicillas asemejan deditos que apenas sobresalen del suelo.   El aceite mató las semillas y mangles pequeños. Muertos los manglares, desaparecieron las criaturas que viven entre sus raíces. Los cangrejos perecieron primero. Se observaron garzas y aves marinas cubiertas de aceite y tortuguitas marinas muertas.

El Witwater ha debido servir como campanada para resaltar la importancia de la investigación científica a largo plazo y prepararse para futuros derrames. Pasó el tiempo y poco se hizo. El 27 de febrero de 1986, unos 240 mil barriles de petróleo escaparon de tanques en la refinería de bahía Las Minas. Fue el mayor derrame hasta entonces en el Caribe. Pero ese es tema de otro escrito. Ambos derrames petroleros son lecciones obligatorias para el país, ahora que se torna en epicentro de distribución de combustible, se ensancha el Canal y aumenta el número y dimensión de sus puertos.

<>

Este artículo se publicó el 21 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

El efecto bumerán

La opinión de….

Mirla Maldonado

La cuenta regresiva o la hora cero en el calendario de las naciones está cerca, y en su agenda de prioridades una preocupación: afrontar el fin de la era del petróleo, la energía que aceleró la industria y el comercio a escala mundial en el siglo XX.

En realidad, nuestras actividades están mayormente rodeadas de energías fósiles, desde los alimentos, medicinas, vestidos, calzados, casa, edificios, escuelas, oficinas, campos, fábricas, hasta los vehículos usados como medio de transporte. En un tronar de dedos, cambiará nuestro modo de pensar, y en consecuencia de actuar.

El derrame del crudo en el golfo de México por el gigante del petróleo British Petroleum, con una pérdida de 100 mil barriles diarios –según cifra suministrada por el Gobierno de Estados Unidos– complica el asunto; mientras nuestros personajes de la política panameña parecen acabados de salir de un caleidoscopio y muestran una flagrante ineptitud para dirigir el país.

Los expertos aseguran que puede no ser más que el principio de un desastre ecológico de imprevisibles consecuencias para el planeta, porque el mayor ecosistema marino de Estados Unidos está en peligro.

En Panamá los grupos ecologistas advierten de la importancia de los estudios de impacto ambiental –ver Ley 30– porque conocen la dimensión de un problema que ha estado exento de la consulta hacia aquellos sectores directamente involucrados en el tema. La naturaleza no perdona cuando tiene que cobrarse el daño que recibió.   Y de eso, países como Nicaragua, Guatemala, El Salvador, tienen harta experiencia.   Jamás permitamos que la estupidez de los bárbaros acabe con el pulmón de la ciudad de Panamá:   el Parque Natural Metropolitano.

Un comunicador responsable debe señalar la posibilidad futura, aunque el calígula del patio –emperador romano famoso por su crueldad– nos haya inyectado con los espejuelos de la modernización. ¡Dum, Dum! Parada… llegamos a la estación de un Metro que contamina.

¿Está cuidando nuestra casa, Sr. Presidente? ¿Su casa o su máquina tragamonedas? ¿Cuáles son las políticas climáticas del gobierno? ¿Qué medidas se están tomando a lo interno, para afrontar las emisiones de dióxido de carbono (CO2) que causan el calentamiento y/o repercusiones del cambio de energías renovables en la cadena alimenticia?

En estos tiempos de vorágine, es complicado enviar un cohete a la Luna, requiere de matemáticas, hardware y software desarrollados por expertos, pero qué simple debe ser respetar los derechos humanos, no sea que después tenga que contratar un especialista de la NASA para resolver un problema que requería de un cambio de actitud.

El escenario de acontecimientos no puede verse como si se tratara del mágico mundo de Harry Potter. Las sociedades tecnológicas se encuentran en el marco de una ecología industrial. Es sumamente difícil romper los nudos de la red sin que repercuta en todo lo demás.

En el tablero del ajedrez nacional, el rey está caracterizado por el mazo, rompe con las reglas del juego, y el riesgo de un bumerán será estrepitoso para el país. Una cosa fue la copia al carbón de la Cosa Nostra–PRD, y otra la aplanadora parlamentaria de un partido personalista–CD, sin una estructura orgánica y con un aliado –Partido Panameñista– que está más preocupado por la tarta de frutas –elecciones 2014– que por los problemas del país. Cuidado y nos invade la ola verde o el fenómeno Mockus de Colombia, como una propuesta de partidos verdes ecologistas que se forman en la región.

Mientras estos personeros de la política panameña se reparten el pastel, la demanda del oro negro ha aumentado en las últimas décadas, y la producción del crudo ha disminuido, en un proceso que según conocedores es irreversible. ¿Qué relación hay entre ecología y petróleo? ¿Será progresivo el cambio a energías limpias? ¿Cómo afectará la salud de la población? ¿Cuáles son los factores de la producción que resultan en detonante de esta implosión? ¿Cómo impactará en la economía del país? ¿Por qué si se conocen otras fuentes de energía, como la eólica, la solar o la hidráulica, no se comienzan a implementar con la urgencia que requiere el momento?

Estas son las preocupaciones de una desconocedora de las leyes que rigen el medio ambiente. ¿Serán estas las preocupaciones de la biempensante clase política panameña?

<>

Este artículo se publico el 3 de julio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Impotencia ante la sordidez humana

La opinión de….

Jaime Figueroa Navarro

Con la obsesión de que nos cultivásemos en la lengua de Shakespeare desde temprana edad, mi padre se empeñó en reubicarnos hacia el norte durante nuestras vacaciones de verano. Frisaba los 10 años al despuntar 1963 cuando abordamos el buque en Cristóbal rumbo a esa prodigiosa urbe, bautizada en 1718 por el colono francés Jean–Baptiste Lemoyne en la desembocadura del majestuoso río Mississippi como La Nouvelle Orléans.

Me había deleitado sobremanera la lectura de los fascinantes narrativos del célebre autor y humorista Mark Twain sobre las aventuras de los traviesos Tom Sawyer y Huckleberry Finn a lo largo del que es considerado en amalgama con el afluente Missouri, el torrente más extenso de Norteamérica, con una extensión de casi 4 mil millas, razón por la cual mi curiosidad infantil se vio mayormente ilusionada por conocer la geografía del enorme delta que clausura a unas 95 millas de Nueva Orleans y el circundante lago Pontchartrain.

Durante nuestro placentero y soleado viaje de cuatro días cruzamos el mar Caribe desde Panamá, a través de Centroamérica, rebasando el canal de Yucatán entre Cuba y la península azteca del mismo nombre hasta llegar al grandioso golfo de México de cuyas aguas azuladas se levantaban cuantiosos peces voladores (Exocoetidae) cuya presencia indica en aguas más profundas una rica manifestación de sus principales acechadores: delfines, merlines, pez vela, meros, atunes y calamares, entre otros. Hasta hace muy poco, estas cálidas aguas albergaban uno de los sistemas más espectaculares y con mayor diversidad biológica del orbe.

Al divisar tierra fuimos prácticamente escoltados por numerosos juguetones delfines moteados hasta las inmediaciones del puerto. En el camino también observamos uno que otro manatí, mejor conocido como vaca marina. Estos parajes también albergan tortugas, lagartos y diversas especies de grullas. Simbólico en los cielos, el pelícano es sin duda el ave emblemática de la región. ¡Impresionante derroche de naturaleza, hoy asolada por nuestra avaricia!

Al revisar recientemente el portal de Saint Stanislaus College en Bay Saint Louis, Mississippi, centro de enseñanza primaria de los Hermanos del Sagrado Corazón que nos acogió hace casi medio siglo, nos percatamos de que el torneo de pesca anual ha sido “pospuesto”.   Su señorial sede costanera disponía de un prolongado muelle techado, donde solíamos pescar en nuestros momentos de ocio.

¡Qué sinsabor pensar que ni el torneo ni el muelle tendrán un futuro! ¡Qué nostalgia cavilar que muy posiblemente hemos extinguido todo vestigio de vida del golfo de México para siempre!

Dos macabras remembranzas del siglo XXI deambularán en mi mente hasta que rescinda mi existencia: el embate de la segunda aeronave contra las Torres Gemelas que presencié el 11 de septiembre de 2001 y el irremediable brote de petróleo de la plataforma Deepwater de British Petroleum del 22 de abril de 2010, aún descontrolado, creciente y a diario envenenando todo lo que a su paso encuentre.

Como seres humanos tenemos que hacer un alto en frío a toda actividad que atente contra la naturaleza. Aún no sabemos cómo terminará este cuento. El daño al ecosistema, sin duda alguna será tan masivo que un vistazo a este escrito en algunos años hará brotar lágrimas de los ojos del lector, o peor aún no comprenderá esta narración.

A pesar de nuestra desidia, indiferencia, tala indiscriminada, destrucción de nuestros bosques, mares, fauna y flora, goza aún Panamá de un envidiable sitial ecológico en el globo terráqueo que bien valdría la pena priorizar sobre todas las otras obras de desarrollo humano. Detesto escribir ante oídos sordos. Cómo quisiera que mis palabras calaran en el corazón de todos los seres humanos, sobre todo aquellos que han recibido nuestro sagrado voto para gobernar.

Persiste mi quijotesca lucha, porque rehúso aceptar que aquel golfo que tanto amé, ahora sufre de una tos ferina mortal, escupiendo petróleo en vez de sangre. ¡Resultado de la avaricia de algunos en perjuicio de todos!

¿Hasta cuándo insistiremos en destruir en vez de sembrar? ¿Hasta cuándo sentiremos la impotencia ante la sordidez humana? ¿Hasta cuándo?

<>

Este artículo se publico el 15 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

La verdad sobre el petróleo en Panamá

La opinión del Ingeniero…..


.

Eduardo A. Esquivel R.

Desde hace algunos días, los medios reproducen noticias sobre el “Descubrimiento” de supuestos yacimientos de petróleo en el Darién, cerca de la frontera con Colombia.

Esta noticia despierta sospechas y suspicacias porque se quiere hacer ver que Panamá puede ser un país petrolero y que nos vamos a hacer ricos de la noche a la mañana. —O mejor aun (¿?), que vamos a ser un nuevo Venezuela—

La verdad es que esta “noticia” no es falsa sino que no es noticia porque tiene por lo menos 50 años de edad. Pocos saben que los norteamericanos, durante su permanencia en Panamá, y especialmente durante la segunda guerra mundial, hicieron extensas y detalladas exploraciones buscando petróleo, y otros minerales valiosos.   Ellos fueron los que encontraron el cobre, el oro, el manganeso, el aluminio y el petróleo, entre otros. Esta información sirvió de base a los proyectos mineros que se desarrollan y los que se piensan desarrollar.

Hace como 30 años, un amigo, geólogo minero, me contaba la anécdota que escuchó a un indígena darienita decir que, cerca de su aldea, había una quebrada de aceite. Pero que este aceite no servía para cocinar. Él viajó al lugar en Darién y para su sorpresa vio por primera vez un manantial natural de petróleo. Cuando inspecciono los alrededores, encontró restos de perforaciones y pozos sellados con placas de metal numeradas, con el logo del Dpto. de Ingenieros del Ejército de los EE.UU.

Cuando volvió a la ciudad de Panamá, hizo contacto con algunos colegas norteamericanos relacionados con el Ejército, y estos le informaron que, efectivamente, en Darién ellos habían encontrado petróleo, pero que estos yacimientos eran muy pequeños y que en esa época no valía la pena explotarlos. Se dejaron como parte de la reserva estratégica de petróleo de los EE.UU., según ellos, con la aprobación del gobierno panameño.   Aunque no tengo pruebas válidas para esta historia, creo en ella porque data de hace 30 años y no había ningún tipo de interés en este asunto. Pero debe ser muy fácil de comprobar, investigando los archivos del Comando Sur.

Esperemos que esta extraña noticia no sirva de sustento de algún tipo de concesión o estafa disfrazada por parte de los especuladores y aventureros que, como sabemos, siempre están dispuestos a llenarse los bolsillos con el dinero del pueblo.

<>

Este artículo se publicó el  14  de mayo de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Pintada de verde del 15 de mayo de 2010.

La opinión de la Abogada, Periodista y Ambientalista…..

.

LINA VEGA ABAD


ESPEJO. Mientras el Gobierno mexicano empieza a hablar de la posibilidad de demandar a la empresa British Petroleum por los graves daños ambientales que se produzcan en México como consecuencia de la fuga del crudo, los representantes de las tres empresas que operaban la plataforma Deepwater Horizon protagonizan un lamentable cruce de acusaciones sobre lo sucedido. Verdaderamente patético, pero bastante previsible en casos como estos.

Desde el inicio de la tragedia, el 22 de abril pasado, se han vertido más de 15 millones de litros de petróleo que han llegado a 64 kilómetros de las costas de Louisiana. ¡Una verdadera tragedia! Hasta el momento las corrientes marinas han sido favorables para México, y se han llevado el crudo hacia las costas de Estados Unidos, pero en esta área amenazan gravemente, entre otras cosas, el arrecife que conforman las islas Chandeleur. Se trata de una zona protegida que utilizan diversos tipos de aves en su migración, y donde habitan, entre otras especies, tortugas y tiburones. Lo cierto es que el derrame está fuera de control y se asegura que es imposible medir la cantidad de combustible que se libera cada día de la plataforma hundida.

A ello se suma el hecho de que los métodos empleados para dispersar la mancha que flota en el golfo podrían ser tan dañinos para la biodiversidad de la zona, como el propio petróleo. El remedio parece ser pues, peor que la enfermedad. Mirémonos en ese espejo.

<>

Este artículo se publicó el  15  de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.