Fallo de la Corte sobre la Sala Quinta

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La opinión de la Abogada,  Escritora y Feminista…

Mariblanca Staff Wilson 

mariblanca12@gmail.com
Después de más de once años de estar engavetada en la Corte Suprema de Justicia, la demanda de inconstitucionalidad contra la derogatoria de la Sala Quinta de Instituciones de Garantía, felizmente –mejor dicho- convenientemente, el pleno de la Corte declara inconstitucional su derogatoria.

¿Por qué hasta ahora el Pleno decide revivir dicha Sala, cuando la mayoría de los honorables Magistrados que conforman dicho máximo tribunal estaban en el cargo cuando se presentó la demanda de inconstitucionalidad? Sencillamente porque no era conveniente en aquel momento sino ahora.    ¿Por qué en 1999 era inconstitucional la Sala y ahora es constitucional? Las matemáticas no fallan: uno más uno es dos. Ni más ni menos.

Por tanto, si es inconstitucional la derogatoria de la Sala V, con mayor razón lo es la destitución de los Magistrados/as que integraban dicho tribunal y me da el derecho de interponer una demanda contra el Estado por los salarios caídos. Oportunamente presentaré la demanda. No estaré mendigando, sino ejerciendo y exigiendo mis derechos.

 

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<>Artículo publicado el 19  de enero de 2011   en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.
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Imprescindible mecanismo de compensación

La opinión de….

 


ROGELIO  HERRERA
rogelio1944@hotmail.com

‘Urge entonces un mecanismo que sea cónsono con esta realidad y que permita al Estado panameño resolver o menguar tal situación’. Debido a la globalización, inflación, especulación, políticas económicas deficientes y otros fenómenos afines, se hace cada vez más difícil que las personas de ingresos refrenados pueden cubrir sus necesidades presentes y futuras.

Urge entonces un mecanismo que sea cónsono con esta realidad y que permita al Estado panameño resolver o menguar tal situación. Sugerimos que se ejecute un diseño que resuelva problemas estructurales y el desequilibrio social y económico, que contenga un componente de compensación.

La práctica ya existe, si se sabe que en los próximos meses subirá el costo de la canasta básica familiar y otras necesidades, en la propia medida se aumentará el salario a las personas. En un análisis de la Unión Europea se indica: ‘los salarios y los precios acaban ajustándose a la tasa de inflación, la curva de oferta agregada es vertical a largo plazo. En este caso, las variaciones de demanda agregada, como las que se deben a la variación de la oferta agregada, no afectan a la producción de bienes y servicios de la economía.

‘Siempre que varía la inflación esperada la C.P. a corto plazo se desplaza.’

El economista Friedrich A. Hayek, premio Nobel de economía 1969-1977, dice que la inflación es siempre el resultado de la debilidad o ignorancia de aquellos que tienen a su cargo la política monetaria. El fenómeno consiste en el aumento de los precios de los bienes y servicios, si se da una baja continuada de los precios entonces se produce la deflación.

A mucha gente, incluyendo a nuestro presidente Ricardo Martinelli, le afecta ver comparecer a jubilados y pensionados pidiendo aumento salarial.

Los bajos salarios de muchas personas les inducen a endeudarse y a perder lo poco que tienen.   Coexisten estructuras económicas que impiden el progreso y que perpetúan actitudes empobrecedoras. Si no las identificamos y las corregimos a tiempo, difícilmente podremos crear prosperidad, sin importar cuánto tiempo, recursos, dinero, preocupación, lamentos o sermones dediquemos a la solución de la pobreza.

El Artículo 66 de nuestra Constitución, sobre el trabajo, dice en lo pertinente: La Ley establecerá la manera de ajustar periódicamente el salario o sueldo mínimo del trabajador, con el fin de cubrir las necesidades normales de su familia, mejorar su nivel de vida, según las condiciones particulares de cada región y de cada actividad económica; podrá determinar así mismo el método para fijar salarios o sueldos mínimos por profesión u oficio.

Con todo lo anterior se colige que es un asunto de Estado y debe ser una política económica que dentro del Presupuesto de la Nación, se realicen los ajustes salariales, tanto a los funcionarios de gobierno como a los empleados de las empresas privadas, de tal suerte que se garantice un estatus de vida estable a los ciudadanos.

 

 

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<> Este artículo se publicó el  7 de enero de 2011    en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Inmigración y sociedad

La opinión de…

 

José A. Claus G.

En una economía perfectamente capitalista se puede promover la liberalización de la inmigración, pero en el mundo real en el que vivimos la inmigración indiscriminada distorsiona el mercado laboral. La constante quejadera de los gremios empresariales de que hace falta mano de obra calificada no tiene sentido, cuando vemos que los ingresos familiares están muy por debajo de lo que cuesta la vida en Panamá. Los auges económicos tienen vidas cortas y son seguidos por recesiones, por esta razón se tiene que permitir que el ciudadano común también tenga la oportunidad de ofertar sus servicios, sin temor a que vayan a importar mano de obra extranjera. La única manera en que se verá un alza generalizada de los salarios en Panamá, será cuando verdaderamente se proteja al panameño de la competencia desleal de los inmigrantes.

Hay los que proponen la liberalización de las restricciones a la inmigración, basada en las teorías de mercado libre, pero no explican cómo es que el empleado común en Panamá sigue percibiendo salarios de pobre. Los países capitalistas desarrollados tienen restricciones fuertes a la inmigración, sin embargo, en Panamá estamos inundados de extranjeros. Me parece que cada país tiene, ante todo, que hacer todo lo posible para que sus ciudadanos logren tener salarios dignos, antes de abrirle las puertas a extranjeros de países fracasados.

Son contadas las empresas que necesitan personal tan especializado que tienen que importar mano de obra extranjera, y la legislación panameña prevé estos casos. El ejemplo más visible es el Canal de Panamá. En menos de 20 años se reemplazó a miles de trabajadores ultra-especializados norteamericanos con panameños. Hoy día, vemos que en el Canal siempre se está pidiendo que los panameños hagamos más con menos.

La Ley Orgánica de la Autoridad del Canal de Panamá heredó una legislación que obliga a la administración a negociar con los empleados, cuando se le pide más productividad. Por lo que he observado, cuando por fin se logra hacer a un lado la naturaleza envidiosa del ser humano, llegamos a acuerdos que siempre benefician a la empresa, muchas veces más que a los empleados. Esto es lo que se tiene que practicar en Panamá, no tomar el camino más fácil de importar mano de obra de países fracasados.

Mucho cuidado, gremios empresariales, porque el costo de vida en Panamá se incrementa a pasos agigantados y los salarios no suben proporcionalmente. Hay que aprovechar estos auges para elevar el nivel de vida del panameño común, si no veremos que su frustración se puede convertir en represalia violenta izquierdista. La meta inmediata tiene que ser que el panameño común gane suficiente para no depender de subsidios sociales del que se aprovechan los políticos para aumentar la planilla estatal.

 

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<> Este artículo se publicó el  7  de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Idiosincrasia del panameño (4)

Bitácora del presidente  – La opinión del Abogado,  Empresario y actual presidente de los diarios La Estrella de Panamá y el Diario el Siglo…

EBRAHIM  ASVAT
easvat@elsiglo.com

 

Los panameños frente al mundo desarrollado estamos conformados por dos categorías. Los que están en kinder y los que llegamos hasta la primaria.   La relación poblacional capacitada es algo así como 85-15.

En nuestras faenas diarias no somos personas con capacidad para concentrarnos y se nos complica establecer relaciones causales. Se nos dificulta entender la relación entre el trabajo y el salario. Nadie, en su sano juicio, computa el décimo tercer mes para los propósitos de determinar el salario real. Tampoco sumamos los bonos. Para los panameños, los bonos que reparten los empleadores es una gratificación. Nos lo regala el patrón una vez al año, generalmente en diciembre. Nadie lo vincula con la productividad o con el desempeño. Somos propensos a cambiar de empleo por un aumento salarial hasta por diez balboas, aunque en la empresa existente repartan bonos al final del año.

Para nosotros, los aumentos salariales son los que en realidad nos importa porque de ello depende nuestra capacidad crediticia.  A más salario mensual, mayor es la capacidad de obtener préstamos. De igual forma, sólo vemos el cheque al final de la quincena para resolver la concreta. Lo extra que podemos recibir no se computa para la vida diaria, sino para los gastos superfluos.

Como no somos conscientes de que el salario está ligado a la productividad, vivimos estancados en salarios mínimos bajos. Cuando los acreedores y las financieras nos agobian, ejercemos presión en la empresa para que nos aumenten el salario, no el bono o la participación.

Preferimos pagar el monto mínimo en las tarjetas de crédito porque nos interesa ser sujetos de crédito, aunque las tasas de interés sean exorbitantes.   Si algo nos preocupa es la APC. Con ellos no jugamos porque nos pueden arruinar nuestras vidas. Sin crédito no podemos vivir.

Nuestros jefes son pesados y no se saben comunicar con nosotros. Nos miran como adultos formados, cuando somos niños de kinder. Para poder sacar provecho de lo mejor de nosotros deben actuar consecuentemente. Nos gustan los premios, si llegamos a la meta. Buscamos en cada jefe un buen padre de familia, un psicólogo, un ser humano que nos escuche y nos atienda cada uno de nuestros pesares, que comparta nuestras alegrías y nos oriente para la vida. Todo nos lo tienen que explicar muchas veces hasta que nuestras mentes se acostumbren. Nos gusta que el trabajo se administre como un juego o un baile. Así aprendemos más rápido. No nos gustan los castigos y esperamos que nos aconsejen cuando tenemos la culpa. Creemos que cualquiera puede cometer un error, aunque lo cometamos varias veces.

 

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<> Artículo publicado el 2 de diciembre  de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Salario docente justo y transformación educativa

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La opinión del Educador y Ex Ministro de Educación…

JUAN BOSCO BERNAL

La reivindicación salarial de los docentes vuelve a ocupar un espacio dentro del debate de los dirigentes gremiales magisteriales y autoridades del gobierno. Igualmente, se cierne como una de las preocupaciones capitales de las familias, mayoritariamente de los sectores populares, por los efectos nocivos que pueda tener este desencuentro en la pérdida de clases de sus hijos, alejándoles, una vez más, de las posibilidades de alcanzar una formación integral de calidad.

El tema salarial es consustancial al ejercicio de todas las profesiones, especialmente de la docente, que está en la mira de la sociedad por la delicada misión asignada de formar las generaciones del mañana con los conocimientos, valores y habilidades que la sociedad y el nuevo momento histórico demandan. De allí que, probablemente, ninguna otra profesión tenga un efecto tan directo en el desarrollo personal y el porvenir de la sociedad como la profesión docente. Esta convicción sobre la trascendencia social de la función docente ha sido asumida plenamente por las naciones que más avanzan en la educación y que han dado muestras claras del lugar que ocupa el maestro o profesor dentro de la escala de profesiones y de los salarios de sus países.

Son múltiples los ejemplos en naciones de continentes y culturas diferentes, como Finlandia, Singapur y Chile, que han hecho de la docencia y el magisterio una profesión de elevado prestigio y reconocimiento, igual o superior al de otras de histórica reputación social (Ingeniería, Arquitectura, Medicina), tanto por la sólida formación de sus egresados, como por el nivel salarial y de respeto a esta función en la estructura del Estado y valoración de la comunidad. Por eso, en el momento de plantear y evaluar la situación salarial de los docentes, conviene hacerlo en un contexto más amplio, que permita responder a preguntas tales como: ¿Qué tipo de docente necesita Panamá para asegurar la calidad de los aprendizajes que los alumnos requieren para vivir y trabajar en la nueva sociedad? ¿Cómo formar inicial y continuamente a estos docentes para que cumplan con éxito la misión asignada? ¿Cómo debe remunerarse un profesional que cumple con las exigencias descritas y que muestra un desempeño eficaz de sus funciones y tareas? ¿Cuáles deben ser los incentivos para atraer a los mejores talentos al servicio docente y reconocer el desempeño más innovador?

La respuesta a la primera y a la segunda pregunta, puede construirse mediante una política pública de formación docente (que no existe actualmente) que oriente con claridad las competencias pedagógicas, científicas y culturales, además de los fundamentos éticos, que debe tener el educador, el perfil de ingreso a la formación docente dentro de la universidad, los lineamientos curriculares básicos de esa formación, los requisito para los formadores de formadores, la importancia de la práctica a lo largo de la formación, así como los requisitos de egreso de la formación e ingreso al servicio docente activo. Esta política debe contener lineamientos claros acerca de la formación continua del personal docente en servicio y el que ingrese en el futuro, mediante experiencias de aprendizaje que perfeccionen y actualicen los modelos y estilos de la práctica pedagógica en el centro educativo.

Un ejemplo de criterios de acceso a la formación docente en las universidades lo ofrece Finlandia, que exige a los aspirantes un rendimiento en el bachillerato igual o mayor de 9 (En una escala de 1 a 10) y una evaluación de competencias docentes (Lectura, escritura, empatía, comunicación, artísticas, científicas, matemática). El gobierno de Chile, por su parte, además de acompañar el proceso formativo en las universidades, ha establecido pruebas de ingreso al servicio docente dentro del Ministerio de Educación. La remuneración docente representa siempre el resultado de la ecuación: valor que el Estado asigna a esta profesión en la sociedad, el nivel de formación académica exigido y los resultados del desempeño profesional. Esta remuneración se compone de diversos factores: salario inicial para el tipo de cargo, incrementos salariales por años de servicio, superación y resultados observados, y las bonificaciones por el valor agregado en el cumplimiento de sus funciones normales en términos de su creatividad y dedicación.

De esta manera, un docente debidamente formado, independientemente del ciclo o modalidad escolar en el que se desempeñe, puede alcanzar la más alta remuneración en atención a su desempeño, superación y dedicación. En ese sentido, atraer al sistema a los jóvenes más talentosos e inspirados para formarlos en la profesión docente, mejorar las condiciones laborales en favor del rendimiento académico y la autoestima profesional y personal; incrementar la capacidad de los docentes en servicio dentro del sistema para llevarlos al nivel deseado y retener dentro de la profesión a los educadores más comprometidos y eficaces, se convierte en el más importante de los desafíos de la educación panameña en la búsqueda de la calidad ambicionada. Es por ello que el salario y los incentivos profesionales del personal docente se tornan en elementos de negociación que apuntan al mejoramiento continuo de sus habilidades, el entorno laboral y de los aprendizajes. Así, más allá del ciclo viciado de tensión gremio—gobierno, habría que trabajar en la solución de salario justo y calidad educativa.

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<> Este artículo se publicó el 18  de octubre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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Rectifique señor Presidente

La opinión de…

Marcos A. Mora

Señor Presidente su elección al más alto cargo de nuestra República se escenificó de una manera inobjetable y arrolladora, sin embargo, hay que aclarar que ello no significa de manera alguna que el pueblo panameño le haya endosado un cheque en blanco para hacer y deshacer.

Ha transcurrido poco más de un año y atrás quedó el grito de guerra inicial de “se acabó el relajo” con el cual supuestamente, mazo en mano, pretendía perseguir a aquellos “empresarios” que estaban abusando de la cosa pública. Independientemente de la legalidad de tales acciones, las mismas calaron positivamente en la mayoría de los ciudadanos.

Agotado el primer año de gobierno, su energía y la de su equipo muestran signos de flaqueza y descoordinación, porque no hay resultados en los frentes abiertos y se empiezan a notar visos de nepotismo, amiguismo y contrataciones directas –tan criticados en campaña– que, en caso de no corregirse, provocarán olores a podredumbre en su administración, como el de la basura que hoy cubre las ciudades de Panamá y San Miguelito

Se han hecho una serie de nombramientos cuyos mayores méritos son la relación de familiaridad y amistad con los altos funcionarios. Los altos cargos públicos han sido reservados para miembros de su clase social –generalmente, inexperta en el manejo de la cosa pública–, quienes han dejado atrás altos salarios, honorarios y gastos de representación que, de igualarse en el sector público, drenarían las finanzas públicas.

No me explico quién que gané más de 20 mil dólares mensuales ocuparía un cargo público con un salario menor. Estos casos solo se reservarían para descendientes de la madre Teresa de Calcuta.

La Caja de Seguro Social, con los déficits que acarrea, se ha rodeado de una estructura gerencial de muy alto costo, cuando en el medio y dentro de la propia institución hay expertos en seguridad social y en el sector público que podrían realizar estas actividades por menores erogaciones y con más efectividad.

Me llama la atención que en su administración se han creado y están por crearse una serie de “autoridades” que no tienen otra justificación que reservar un alto salario para un gamonal o para pagar favores políticos a muy alto costo para un país –léase bien– ¡pobre!

Debe hacer más énfasis en crear la “Autoridad del Ejemplo”. Usted, sus ministros y directores nacionales hablan de planes majestuosos y multimillonarios, pero sin un plan central integrado de Gobierno que enlace todos sus componentes.

Me asusta pensar en lo astronómico de la deuda externa e interna que se pudiese generar. Ahora resulta que todo es de urgencia notoria y debe ser por contratación directa.  Solamente ayer nos enteramos de la adquisición de seis helicópteros por 60 millones de dólares, suma que se hace más astronómica al agregar radares modernos. Nadie, por “seguridad nacional”, aclara el monto final de esta aventura.

Mientras, se destacan macroproyectos como el Metro, el Metro Bus, la extensión de la cinta costera, la autopista a Colón, la ampliación de la vía Divisa–Las Tablas, el “Internet para Todos”, el Plan Curundú, la Ciudad Hospitalaria y la Ciudad Carcelaria, casi todos a costos astronómicos. Mientras, las cámaras urbanas muestran a infinidad de campesinos que no pueden sacar sus productos a los mercados, a sus hijos que no pueden llegar con comodidad a las escuelas, por lo deteriorado de los caminos; así como a una cantidad de gente humilde que no recibe atención adecuada de salud, entre otros casos.

En otras palabras, señor Presidente, usted y su equipo parecen haber aterrizado en un país que no es Panamá, se comportan como si viviéramos en un país desarrollado, cuando no es así. Con los fondos públicos hay que actuar con mayor responsabilidad y prudencia que con los propios, porque le pertenecen a todos los panameños. Sugiero que la próxima e inmediata contratación directa sea para comprar las válvulas que requiere el Idaan, para solucionar la gravedad en materia de suministro, experimentada recientemente.

Esto sí es de “urgencia notoria y de seguridad nacional”, no las otras cositas que se le ocurren a los miembros de su equipo. Se debe investigar por qué estas válvulas presentan problemas, luego del amplio trabajo e inversión que se hizo en la planta potabilizadora Federico Guardia, y en la línea paralela. Tengo entendido que un componente importante de estos contratos era el reemplazo y suministro de válvulas importantes del sistema, así como el adecuado balance de presión.

Reitero a nuestros políticos, y a los ricos y poderosos, que hay que enderezar este país; en caso contrario serán otros, no tan bendecidos por Dios como ellos, los que dictarán en el futuro las pautas acerca de la distribución de las riquezas.

<> Artículo publicado el 14  de octubre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

Más artículos de este autor: https://panaletras.wordpress.com/category/mora-marcos-a/

Ajedrez político

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La opinión de la Economista y Educadora…


LIZABETA S. DE RODRÍGUEZ

Un tema que acaparó la atención de la opinión pública en las últimas semanas, fue la polémica entre el dirigente de los jubilados independientes Eladio Fernández y el señor presidente de la República.

Tal diferencia se produce por las declaraciones efectuadas por el presidente Martinelli, cuando expresa ante los medios que ‘nunca habló de aumentar B/.50.00 a los jubilados’, mientras el señor Fernández, asevera que existe ese compromiso, que se busquen las grabaciones.

Otra discrepancia surgida a raíz de este tema, se da producto de lo expuesto por el presidente Martinelli, al anunciar la intención de usar los fondos del subsidio electoral, para financiar el aumento a los jubilados.   Esta iniciativa trajo el rápido rechazo del Foro Ciudadano Pro Reformas Electorales.   Así como reacciones de miembros de partidos políticos, quienes argumentan que es necesario salvaguardar la contribución electoral por diversos motivos, entre los cuales señalan prescindir de financiamiento privado, robustecer la institucionalidad de los partidos y asegurar igualdad de oportunidades.

Aunque el subsidio electoral se introdujo como mecanismo para fortalecer la institucionalidad de los partidos políticos y contribuir a asegurar la representación popular, existe una fuerte percepción ciudadana de que estos fondos millonarios generalmente no son bien utilizados, lo que representa una ofensa frente a las inmensas carencias y pobreza en que vive la población.

En atención a ello, la propuesta del presidente Martinelli de aumentar a los jubilados, con fondos del subsidio electoral, caló positivamente, en un altísimo porcentaje de la población, aún cuando dirigentes políticos señalan que es una estrategia política para debilitar a quienes puedan ser sus adversarios en los comicios electorales del 2014.

Por los vientos que soplan, se evidencia que aún cuando está iniciando la actual gestión gubernamental, la política partidista no se detiene y ya se inicia el proselitismo para el próximo periodo electoral. De ser ciertas las apreciaciones enumeradas por opositores del gobierno, a la eliminación del subsidio electoral, el presidente Martinelli estaría haciendo gala de ser un buen ajedrecista político, al aprovechar la falta de credibilidad y descontento popular en los partidos políticos. Con esta iniciativa mataría dos pájaros de un solo tiro.

Ahora, independientemente de resolverse la justa petición de todos los jubilados, con pensiones menores a B/.1500.00, es necesario reflexionar sobre el incremento del costo de vida en Panamá y su afectación en el bolsillo de la población.

Es imperante dejar la politiquería de lado y diseñar e implementar políticas de Estado en materia salarial. Si se quiere un cambio verdadero, es necesario sentar bases sólidas para despolitizar las instituciones públicas, dejar atrás la mala práctica del clientelismo, el amiguismo, el compadrazgo y establecer un sistema equitativo de cargos y salarios.

De igual manera, implementar iniciativas efectivas, a fin de que los dineros incautados del narcotráfico sean utilizados para proyectos y obras de beneficio social.

<> Artículo publicado el 6  de octubre  de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos,  lo mismo que a la autora,   todo el crédito que les corresponde.

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