Universidad para el siglo XXI

La opinión de:

Francisco Diaz Montilla

En 2013, la American Association of State Colleges and Universities publicó un breve informe, Top 10 Higher Education State Policy Issues for 2013, que dentificaba 10 problemas básicos de la educación superior en Estados Unidos, veamos:

1. Impulsar el desempeño institucional.

2. Apoyo estatal a la educación superior pública.

3. Política y precios de la matrícula.

4. Programas estatales de subvención y becas estudiantiles.

5. Preparación para la universidad.

6. Inmigración.

7. Educación en línea y educación basada en competencias.

8. Armas en el campus.

9. Desarrollo económico y laboral.

10. Protección a los consumidores de universidades con fines de lucro.

Algunos de estos problemas también afectan a la educación superior en Panamá. En nuestro caso, determinar cuáles son exactamente, no es tarea fácil; en parte porque no hay un plan nacional para la educación superior ni cuerpo institucional que la coordine. A modo de ejemplo, el Plan Estratégico de Gobierno 2015-2019, reconoce que “las universidades tienen una capacidad de investigación débil” (p. 99), pero no presenta una sola estrategia con el fin de mejorar esta situación.

Desde el punto de vista institucional, lo más que se logró en los últimos lustros fue crear el Consejo Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria de Panamá (Ley 52 de 26 de junio de 2015). Este, sin embargo, tiene un alcance limitado, pues se trata de un “organismo evaluador y acreditador, y representativo de los actores vinculados a la educación superior universitaria del país” (Art. 20).

En la referida ley, la universidad se concibe como una “Institución de educación superior universitaria, creada mediante ley o autorizada mediante decreto ejecutivo, que tiene como misión generar, difundir y aplicar conocimientos mediante la docencia, la investigación, la extensión y la producción, así como formar profesionales idóneos, emprendedores e innovadores y ciudadanos comprometidos con la identidad nacional y el desarrollo humano y sostenible del país” (Art. 4.32). Pero, al margen de la obvia circularidad definitoria, no está claro que las funciones del Consejo en materia de evaluación hayan tenido impacto significativo para la educación superior, salvo la de servir de elemento publicitario a las universidades públicas y particulares acreditadas.

La ausencia de un entorno institucional que determine o defina la política educativa en educación superior ha desbordado la capacidad de las instituciones universitarias para trazar la senda que debe recorrer la sociedad. No es esperable que las universidades particulares contribuyan (in)mediatamente en ese sentido, pues sus prioridades se enfocan hacia el lucro. Pero tampoco se espera que lo hagan las oficiales, inmersas en sus propias contradicciones.

Hoy en la Universidad de Panamá el proceso electoral ofrece una ocasión propicia para diagnosticar, evaluar y asumir cursos de acción que reorienten la práctica educativa. Ojalá que los movimientos de renovación, de renacimiento, de reforma, etc. que se activan cada cinco años en la primera universidad del país contribuyan en ese sentido y ofrezcan más que consignas, más que frases prefabricadas y propensas a la demagogia. La sociedad demanda una universidad distinta para el siglo XXI.

<> Este artículo  se publicó el 30 de mayo en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde
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Acerca de la Universidad secuestrada

 

La opinión de:

Francisco Herrera

Un efecto grave del clientelismo interno en la Universidad de Panamá (UP) ha sido la merma de la academia, entendida esta no como su estamento de docentes, sino como su hacer intelectual, investigativo y crítico de la realidad. Su función se ha reducido en la mayor parte a la de docencia, importantísima si no fuera porque no está apoyada por la investigación y el debate crítico de la realidad.

La politización negativa de los docentes, educandos y administrativos se ha convertido en el mecanismo de control y desarrollo de la institución, hasta crear un desbalance de poder, anómalo e incongruente con el deber ser de la UP. Se desplaza al profesorado por segmentos administrativos y estudiantiles, afiliados mediante planilla a la estructura de las decisiones.

Se ha dicho hasta la saciedad que la UP es un microcosmos del país. Si la intención es que la realidad de la nación proyecta sobre la vida universitaria sus virtudes y defectos, podríamos estar de acuerdo, pues se trata de una institución formada por seres humanos y miembros de la misma sociedad. Pero hasta ahí el símil. Si lo repetimos como una aceptación de una verdad que es imposible cambiar, entonces la UP estaría de más, como institución pública formadora de agentes sociales de calidad para una continua renovación. Aunque, de hecho y como institución pública dependiente del poder del Estado, a pesar de su autonomía relativa, ha sufrido los avatares de la dinámica política.

Uno de estos elementos es el presupuesto asignado por el Estado para su funcionamiento. El otro es la incidencia estatal en la selección de los poderes administrativos, a través de fuerzas políticas externas que operan en el campus, los partidos políticos.

Como institución pública de educación superior, la UP ha jugado momentos estelares en la construcción de la conciencia ciudadana. Algo de ese sedimento se mantiene en el país y en algunos estamentos dispersos, en conjunto con la academia y, probablemente, entre los estudiantes y administrativos.

Los años de funcionamiento durante el periodo militar tuvieron efectos contradictorios. Por un lado, se creó una subcultura clientelar (no dudo que también la hubiera en el periodo anterior, como se comentaba cuando fuimos estudiantes), que se intensificó en la medida en que el sistema fue regido desde afuera por el poder. Cuando desaparece ese poder, el sistema de democracia formal le agrega su propio modelo de control, orientado a regular la conducta política de los estudiantes, manteniendo los mecanismos de clientelismo institucional previamente creados.

Lo peor que ha pasado es que el sistema se ha enraizado al punto de que la mala hierba –como la paja canalera– apenas si puede desarraigarse, pues sus raíces son tan intrincadas y extendidas que al cortar una sección horizontal aparece más adelante, reproduciéndose, como la hidra. Tal vez, desconociendo los antecedentes, presumiría que la práctica actual, que emplanilla a dirigentes estudiantiles, es relativamente nueva. Es decir, nueva desde la época militar, pero ha provocado que cada dirigente o cada estudiante que quiere sobrevivir se haga un espacio en la planilla universitaria, sin más formación ideológica y política que los clichés ya desgastados de las protestas armadas, cuando son necesarias.

De forma que, acompañando a un estamento universitario geróntico, se extiende sobre el horizonte una actitud de desfallecimiento institucional que apenas si levanta cabeza en algunas que otras instancias académicas. ¿Contra qué se lucha? ¿Hay lucha? ¿Hay agonía? Agonía significa lucha, pero no parece existir en la UP cuando aun los mejores mantienen callada su inteligencia, proyectándola hacia afuera, como esperando que por rebote tales pronunciamientos reflejen la queja de todo el mundo universitario. No ocurrirá hasta cuando ese grito se haga desde adentro. Y el silencio hasta ahora parece ser el refugio del temor extendido, del autocontrol que reafirma que en boca cerrada no entran moscas.

No se puede decir que la actitud es responsabilidad de los que callan, sino de los que mandan a callar, con múltiples técnicas de amenazas y control social interno.

La academia ha muerto por la muerte segura de una generación que, si alguna vez fue actora en las reivindicaciones nacionales, hoy parece que su agotamiento la induce a la comodidad del silencio.

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Publicado hoy 30 de mayo  de 2016  en el diario La Prensa,  a quien damos, lo mismo que damos al autor, todo el crédito que les corresponde.

Año de la renovación universitaria

 

La opinión de…

 

CÉSAR VALDÉS PAREDES

Entendemos por renovación un cambio o sustitución de una cosa por otra por haber quedado vieja o por haber terminado su periodo de validez. Es el caso de la Universidad de Panamá que se encuentra en un estado ruinoso en lo físico y en lo moral, de una gestión ya paquidérmica, colapsada, con una estructura autocrática, antidemocrática y anticientífica, la cual ha dejado a una institución amorfa que atraviesa crisis tras crisis sin encontrar su destino.

La administración universitaria se ha abrogado el derecho de vigilar y a veces de violar la autonomía interna, que no es más que el derecho que tienen los universitarios a disentir, a expresarse, a tolerar las ideas, a investigar, a impartir su cátedra libremente, a respetar los méritos de los demás, a respetar la ley, los estatutos, a no perseguir a los docentes, administrativos y estudiantes.

Las características del actual escenario universitario presentan grandes complejidades y turbulencias que conllevan a que la universidad dé un paso a su renovación y se desprenda del tradicionalismo y relajamiento con el cual ha venido operando, identificando con innovaciones que permitan cumplir con el rol por el cual fue creada. La universidad debe reencontrar su alma para que se oriente decididamente hacia una transformación académica, cultural, científica, humanística y de investigación. Se debe tener muy claro que la fuerza de una universidad no procede de sus recursos económicos ni de sus apoyos políticos, el origen de su potencia se halla en la capacidad que sus miembros tengan de pensar con originalidad, con libertad, con energía creadora.

Debe la Universidad de Panamá saber gerenciar adecuadamente el talento humano que se tiene, aprovechar su gran capacidad creativa e innovadora, que a lo largo es la que proporciona sus ingresos. Todo esto nos conduce a actuar planificando y programando, creando místicas de acción con los estamentos universitarios, dando sentido de integración y metas especificas.

La universidad tiene que renovar su carácter nacional, fortaleciendo su tejido institucional, abriendo sus programas académicos, descentralizando en su área de influencia sus actividades de docencia, investigación, extensión y experimentando nuevos planes y programas, establecer nuevos y más efectivos esquemas de vinculación con los diversos sectores de la sociedad.

Para finalizar, respetables lectores, quiero expresarles que tengo confianza en la comunidad universitaria, que será lo suficientemente capaz de romper con muchos nudos que a lo largo del tiempo nos han impedido actuar; es el momento de todos los universitarios de renovarnos, de oxigenar nuestra casa de estudios superiores que tanto queremos, nosotros tendremos el derecho de renovarnos o perecer.

¿Qué universidad queremos para afrontar los retos del futuro?

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Este artículo se publicó el 18  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Un consejo que necesita consejo

La opinión del Profesor Universitario…



JAIME  TURNER – –
jturnerp@yahoo.com

A raíz de un artículo que publiqué –Por el cambio en la Universidad (o crónica de una muerte anunciada)- se ‘inició’ una persecución que pareciera no tener sentido: primero, se me inventó un expediente; se me citó a una Comisión de Disciplina, vía notificaciones y un edicto (como en los ‘buenos’ tiempos del oeste); el Consejo Académico me sentenció con un año de suspensión sin salario; remití a éste Órgano una reconsideración de mi caso, sin obtener una respuesta en el lapso de dos meses, como lo establece la Ley 38, por lo que caí en el llamado silencio administrativo; y, así las cosas, interpuse una demanda contencioso administrativa ante la Corte Suprema de Justicia.

Increíblemente, el 29 de diciembre del 2010 y el 5 de enero de este año, el Consejo Académico –en un fuera de orden total– vuelve a tocar mi caso, penalizándome, esta vez, con UN DÍA de suspensión, a pesar de que dos miembros de la junta directiva de la Asociación de Profesores de la Universidad de Panamá, a la cual pertenezco, abogaran porque fuese un año.

¿Cómo nos explicamos que se reduzca la suspensión de UN AÑO a UN DÍA? ¿Cómo es posible que nadie, pero nadie, del Consejo Académico le haya ‘aconsejado’ al rector al respecto de tal desacierto? ¿Cómo explicamos que nuestro Consejo Académico haya incurrido en chascos, como por ejemplo, adjudicar concursos a profesores diferentes a los recomendados por una Comisión de Concurso, adjudicar un concurso a un profesor quien ni siquiera concursó?   ¿Qué ha sucedido al respecto el ‘Informe de la Comisión Murgas sobre el escándalo de diplomas falsos en la Universidad de Panamá?  én aconseja, orienta, guía, instruye, al Consejo Académico? ‘Mil’ preguntas sin respuestas. Ahora, sí interesa aquí el por qué de mi cesación de un año a un día: porque el señor rector piensa que mis motivaciones son netamente personales, y que con la tremenda reducción de la condena yo bajaré la guardia.   ¡Se equivoca una vez más señor rector!,   no soy de los que ‘venden su alma al diablo’.

Señor rector, ¿tiene usted idea en dónde radica el verdadero problema? Me parece que no. La verdadera molestia radica en el modelo de universidad que usted ha engendrado, que mediante la manipulación ‘constante impuesta a audiencias más o menos sojuzgadas puede ser destructiva: destruyendo la autonomía mental, la libertad de pensamiento la responsabilidad y, conduciendo a la inercia, la sumisión y la renuncia a cambiar.’ (Herbert Marcuse). Y es precisamente por ello que los estudiantes, así como muchos docentes y administrativos de esta universidad del pueblo hemos decidido asolar ese régimen de ignominia, pues, con carácter de urgencia, el país requiere que nuestra universidad retome los senderos de conciencia crítica de la nación.

 

Este artículo se publicó el 17 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

En defensa de la historia y el historiador

La opinión del Docente Universitario….

 

JORGE  LUIS  MACÍAS  FONSECA
jorge101@cwpanama.net

Pasados los primeros días de noviembre dedicados a la patria, conviene una obligada reflexión. No cabe duda que gran parte de la conciencia nacional se sustenta sobre el conocimiento histórico.   Si hay una distorsionada conciencia histórica consecuencialmente habrá un déficit en lo concerniente a la conciencia de patria. Por eso es importante la valoración que se haga de los hechos históricos, sobre todo si es producto del estudio, el análisis y principalmente de la investigación científica. De manera que estarán en mejor condición para ello, quienes estén armados de razones, de conocimientos y de formación en el área, puesto que se corre el peligro de desviaciones, lo que a la postre puede incidir de manera negativa.

Conceptuamos que el espacio que se abre para la indagación, el debate, la información y el análisis en los días patrios es positivo, pero además de responsabilidad, y ello debe conllevar a que las instancias educativas nacionales, entre ellas: el Ministerio de Educación y la Universidad de Panamá, asuman la dirección, proponiendo una embajada de profesionales de la historia y de reputados y comprobados estudiosos de ella, para que la visión de la historia patria sea tenida en su dimensión objetiva, y no de manera subjetiva, como puede ocurrir cuando se apuran apreciaciones, sobre todo si provienen de aficionados y no de profesionales de la ciencia histórica.

Debe ser, esto un tema de estado. Nadie osaría poner en duda los extraordinarios aportes de Ricaurte Soler (q.e.p.d.), Álvaro Menéndez Franco, Carlos Mendoza, Romel Escarriola, Alfredo Castillero, Carlos Gasteazoro (q.e.p.d.), Patricia Pizzurno, Celestino Araúz, José Alvaro y en su momento el del prof. Rolando Hernández (q.e.p.d.) , y muchos otros.   En Colón de Max Salabarría, César Quijano, José Young, y Jorge Luis Macías.

Esto es correcto, pero debe ser parte de una programación de gobierno, bien pensada para que el país reciba de mentes claras e inteligentes y de voces autorizadas los planteamientos y los razonamientos probados sobre la historia nacional y local.

La aparición de ‘historiadores’, de pronto bien intencionada pero peligrosamente presentada puede dar pie a señalamientos obtusos. En Colón, por ejemplo, plantear que Porfirio Meléndez, fue un genio es minimizar el papel de muchos dirigentes que jugaron un papel protagónico en la jornada independendista. Afirmar que Aminta Meléndez nació en Jamaica, debe ser probado con argumentos y fuentes sólidas. Negar la leyenda idílica y la leyenda negra sobre la coyuntura del 3 de noviembre es invalidar esfuerzos serios de connotados talentos y estudiosos de la historia patria, magnificar más allá de lo objetivo el papel de Aminta Meléndez es desconocer el rol de otras mujeres en Colón, que ni siquiera son mencionadas en esta justa.    Presentar a Pablo Arosemena como prócer de la independencia en lugar de Orondaste L. Martínez, como ocurrió con el busto ubicado en el parque 5 de noviembre, es imperdonable.

En todo esto, corresponde a los medios de comunicación, dirigir con acierto sus pasos hacia la idoneidad y no hacia la improvisación, y a la Universidad de Panamá con su escuela de Historia, reclamar los espacios legítimos para evitar la usurpación.

 

 

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<> Este artículo se publicó el  9 de enero de 2011    en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

La investigación como actividad universitaria

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La opinión del Catedrático de la Universidad de Panamá…

Eduardo Flores Castro

La investigación en la Universidad de Panamá se ha caracterizado, en comparación con universidades oficiales de otros países, por un bajo presupuesto y por un número reducido de profesionales dedicados a esta actividad, lo que ha conllevado a tener baja productividad y reducidas publicaciones en revistas indexadas.   Si utilizamos criterios basados en competencias como: inversión en investigación, número y salario medio de los investigadores, también tenemos un déficit.

La institución está limitada por la cosmovisión de sus administradores, por el bajo apoyo a la investigación y por asignar un valor marginal a esta labor. Es absolutamente necesaria la renovación de la administración universitaria, de manera que se establezcan programas de incentivos a los investigadores, programas de perfeccionamiento profesional y se asigne un porcentaje del presupuesto universitario a la investigación. Merecería la pena emular a la Universidad Autónoma de Chiriquí, que tiene una asignación por ley, del 10 % del presupuesto de funcionamiento para el apoyo a la investigación.

El moderno enfoque que debemos aplicar es el de: investigación-desarrollo-innovación. Mientras que algunos definen la investigación como “la actividad donde se invierte dinero para obtener conocimiento”, la innovación sería “la actividad donde se invierte conocimiento para obtener dinero”.

La Universidad, tiene competencias para participar con opciones de éxitos en licitaciones, pero lo hace muy pocas veces o no lo logra por falta de organización. Esto presupone una falla gerencial en: transferencia de tecnología, base de datos, herramientas informáticas, técnicas de relaciones públicas, de comunicación, etc.

Es fundamental reforzar las tareas de análisis de nuestras fortalezas y debilidades para no perder la inversión y potenciar los resultados. La nueva administración universitaria tiene que centrar sus esfuerzos en la organización, para incluir los criterios de optimización que generen competitividad debido a la eficacia y eficiencia en sus acciones.

Debemos realizar un estudio de las fuentes de financiamiento nacional e internacional y definir una estrategia adecuada cuyo objetivo sea la captación de fondos. Gestionar fondos para crear un sistema de servicios científicos y tecnológicos con miras a participar en el mercado nacional e internacional y generar los fondos para su sostenimiento y para el apoyo al desarrollo de las ciencias, las humanidades y las ciencias sociales y administrativas. Esto implica un estudio de mercado con técnicas modernas e índices orientadores de las políticas a seguir.

Es recomendable elaborar un centro de datos, que nos permita ordenar los logros alcanzados por los panameños tanto en el territorio nacional como en el exterior, así como los aportes en investigación de los extranjeros residentes en Panamá.

Por otro lado urge el establecer una política de publicaciones, comunicación y relaciones públicas. Esto incluye la optimización y reorientación de las publicaciones universitarias, las páginas web y los sistemas virtuales, que proyecte la universidad en distintos escenarios: el público en general, la comunidad educativa, la comunidad empresarial, la comunidad de egresados y la comunidad política y gubernamental. Es una condición ineludible establecer accesos eficientes a internet, bibliotecas digitales, centros de datos, apoyo virtual a los cursos, teleconferencias, pasantías, certificaciones, evaluación continua, etc.

Debemos mejorar los criterios de selección de personal para ser audaces y aprovechar las potencialidades.   La Universidad de Panamá capta a un bajo porcentaje de egresados de universidades prestigiosas, por su sistema rígido de selección, que en muchas ocasiones no favorecen los criterios académicos. El actual modelo que se tiene en la Universidad apoya muy poco a quienes hacen investigación. Para un docente con gran cantidad de horas de clases y las obligaciones de horas de servicio administrativo, le es muy difícil cumplir con las exigencias que requiere un proyecto de investigación de primera línea, lo que indica que hay que hacer cambios radicales en esta institución para poder impulsar la investigación.

A nivel nacional nuestra fortaleza es el gran número de profesores con alta formación. Debemos aprovechar esta ventaja e impulsar la investigación a través de implementar doctorados en todas las disciplinas, hacer descargas horarias a quienes tengan proyectos financiados. Para esto debemos hacer sinergias con instituciones como: la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología, la Ciudad del Saber, el Instituto Smithsonian, el IFARHU, la ANAM, el Ministerio de Educación, el Sindicato de Industriales y universidades extranjeras de prestigio. De esta forma forjaremos una universidad que oriente el desarrollo nacional.

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<>Artículo publicado el  12  de enero de 2011   en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Movimiento universitario: Oportuno u oportunismo

La opinión del Docente Universitario….

 
JORGE LUIS  MACIAS FONSECA
jorge101@cwpanama.net

Luego de consumado el referéndum reformatorio de la Ley universitaria para permitir la reelección de las autoridades universitarias, con los resultados conocidos, las ‘fuerzas’ que lo adversaron parecieran estacionarias, salvo el caso del prof. Eduardo Flores, quien ha mantenido una posición constante en defensa de su propuesta de universidad.

Distinto a esto, las fuerzas que abanderaron la reforma a la Ley universitaria, avanzan con paso firme, convencidas de su objetivo. Sin detenerse en el tiempo, y como dijera el poeta, Goethe, parecen hacerlo: ‘…sin pausa’.

Ahora bien, lo que interesa es el camino que tomó, el llamado movimiento: ‘V-Generación Relevo+3’, el cual pretendió liderar el no al referéndum reformatorio a la Ley Universitaria. Superada la coyuntura de la consulta interna, parece sumergido, más bien desaparecido. Su ‘efímera presencia’ en el escenario universitario no fue más allá, de las apariciones televisivas de su dirección, de las emisiones casuales de comunicados, sin estimular en puridad el debate sobre la realidad presente y futura de la institución. Más bien pareció un ‘movimiento’ construido con apuro para el momento.

En un comunicado titulado: Únete a la Fuerza del NO. Alerta a la Conciencia Universitaria, cuyo final reza: Reelección ¿Hasta Cuándo?, firmado por el prof. Dorindo Cortez, dice que: ‘La reforma a la Ley 24 para permitir, una vez más, la reelección de las autoridades debe alertar la conciencia de todos los universitarios. 14 años al frente de la administración universitaria son más que suficientes…. Para V-Generación Relevo +3, las razones para justificar la reelección no son consecuentes con la realidad que vive la institución, son, más bien contrarias al compromiso ético y moral asumido por el consenso universitario que estableció, en la ley 24, la no reeleción. Cambiar las reglas establecidas nos introduce en un ambiente de incredibilidad que desdice el papel que nos corresponde desempeñar hacia el resto de la sociedad. En 2011 iniciaremos una nueva etapa… necesitamos fortalecer la unidad entre los universitarios, no para impulsar reelecciones… Lamentablemente, las élites gremiales… buscan imponer a toda costa la reelección de las autoridades… Para ello, publican pronunciamientos, recogen firmas, solicitan injerencia del Ejecutivo en los asuntos electorales de la Universidad lacerando, así, el principio de autonomía’.

Las interrogantes obligadas para ese ‘Movimiento’, son: ¿Mantiene en la actualidad la misma posición?, ¿Consideran, ahora, conveniente la reelección de las autoridades universitarias?, ¿Era genuino el rechazo al referéndum reformatorio de la Ley universitaria?, ¿Qué plantea hoy ante la inminente reforma a la Ley universitaria?

Precisamente las respuestas a esas preguntas, permitirá abrir las consideraciones sobre lo oportuno o lo oportunista, a las que se refirió el escritor español, Pío Baroja. Así, y con la misma responsabilidad, con que se llamó la atención, habrá que decirle a los universitarios, ¿cuál ha sido el destino de ‘V-Generación Relevo+3’ .

 

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<> Este artículo se publicó el 5  de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.