La fiesta de Fernandito

La opinión de…

Berna Calvit

bdcalvit@cwpanama.net

Era inevitable que en las actuales circunstancias recordara el merengue La lluvia, que canta el dominicano Fernandito Villalona; el pegajoso coro de la canción, “La lluvia no daña mi fiesta/ la lluvia no daña mi vacilón” le viene como anillo al dedo al presidente Martinelli. ¡Para su comparsa “Los locos somos más”! Anda de tan buen ánimo el Presidente, que partió de viaje ¡otro más!, cuando tomar agua, bañarse, y hacer “la mayor y la menor” ya se había convertido en complicación mayúscula en toda la ciudad.

Los entendidos en asuntos del clima y el manejo de aguas, habían advertido sobre las posibles consecuencias por fallas en la construcción de la potabilizadora de Chilibre y deficiencias en todo el sistema. Una enojada y abusada madre naturaleza se encargó de ponerlas al descubierto.

Las autoridades, más interesadas en cerrar pactos políticos, y en jugosos e innecesarios megaproyectos, que en atender lo primordial, no prestaron la debida atención. Y llegó el caos. Mirando la desesperación y la rebatiña por el agua que se repartía en diversos puntos me parecía estar viendo escenas del sufrido Haití. ¡En Panamá, el del crecimiento económico del que tanto alardeamos!

La politiquería, sin embargo, no estaba viviendo en seco, sino con mojaditos brindis por el deseado final de un alocado y servil proyecto para castigar con prisión las ofensas al Presidente y a funcionarios de elección popular.

La presión de las organizaciones, de particulares e, incluso, de astutos políticos oficialistas, impidió que prosperara; estos últimos, entre ellos el Presidente, se dieron cuenta de las consecuencias nacionales e internacionales de semejante desafuero. Igual suerte corrió la “chellada” (mi sinónimo para chabacanería) de los diputados Sergio Gálvez (Chello) y Vidal García, encargados de “tantear el terreno” de la reelección inmediata; otra vez tronaron las protestas y, especialmente fuertes, las de los varelistas, mireyistas y de “arnulfistas de verdad”, en riesgo de quedar “con los crespos hechos”, aplastados por el devorador Cambio Democrático, que más que partido político parece un dispensador de prebendas.

¿Creyeron las organizaciones de la sociedad civil que el Ejecutivo iba a considerar sus recomendaciones para nombrar el nuevo procurador general de la Nación?   ¿Olvidan cómo Moncada y Almengor se convirtieron en magistrados de la Corte Suprema de Justicia? ¿Creen que cumplirá la promesa a la Comisión de Estado por la Justicia, hecha antes de convertirse en presidente, de tomarlos en cuenta para nombrar a los magistrados del Tribunal Constitucional contemplado en las reformas constitucionales que promueve el Gobierno?   “El Estado soy yo”, dijo el rey Luis XIV. ¡Quiero mi Torre Tusa y mis corredores, más importantes que el agua!, dice el otro.

Se comentó que el discurso del Presidente en la inauguración del nuevo período del Legislativo parecía referirse a otro país, no a nuestro Panamá, tragada por la basura para felicidad de ratas grandes y gordas como conejos de granja; donde no se sabe cómo andan los gastos ni los negocios estatales, porque el 40% de los ministerios e instituciones no pasan la información al nodo de transparencia de la Defensoría del Pueblo, como es su deber; donde los tentáculos del narcotráfico asoman por todas partes; donde, al cambiar de ropaje, de FIS a PAN engavetaron los negociados en el FIS.

A propósito del FIS, recientemente se le negó al ex legislador Francisco Ameglio un incidente de controversia en el caso que se le sigue por un supuesto peculado; le iría mejor si hiciera como el alcalde de San Miguelito, Héctor Carrasquilla, que envuelto en un abultadísimo caso de supuesto peculado, brincó del PRD a Cambio Democrático y el caso… ¿Qué caso?

Todo palidece ante la infamia de los sucesos en el Centro de Cumplimiento de Tocumen, eufemismo rimbombante para un sitio infernal; la saña, el sadismo, la indiferencia de algunos policías, y la incompetencia y la burocracia del sistema convirtieron en pira la celda en la que la vida de varios jóvenes detenidos no valía nada.

¿No es censurable la destemplada reacción del ministro de Justicia, Mulino, ante estos hechos? ¿Defenderá a “su gente” el director de la policía, Gustavo Pérez, como defendió a los que asesinaron a los jóvenes pescadores de Boca La Caja? ¿Le importa al Gobierno el informe que rindió la comisión que constató la brutalidad policiaca en Changuinola? León Felipe, poeta español, dijo en su poema “Sé todos los cuentos”:

“Yo no sé muchas cosas, es verdad.

Digo tan sólo lo que he visto.

Y he visto:

Que la cuna del hombre la mecen con cuentos,

que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,

que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,

que los huesos del hombre los entierran con cuentos,

y que el miedo del hombre…

ha inventado todos los cuentos.

Yo no sé muchas cosas, es verdad,

pero me han dormido con todos los cuentos…

y sé todos los cuentos”.

Yo también.

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Este artículo se publicó el 17  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Un clima nuevo para Panamá

La opinión de…

Adrián Benedetti

Acostúmbrense, el calor no va a parar. Actualmente hay 8 mil millones de toneladas de CO2 en la atmósfera del planeta. En 1956 había entre mil millones y 2 mil millones. Estas moléculas demorarán alrededor de 3 mil años en ser absorbidas, si todos los países del mundo paran de emitirlas mañana.

Es sentido común, si le añades más leña a un fuego crearás un fuego que no vas a poder controlar. En este caso, el CO2 es un gran pedazo de leña.

Aunque Panamá no emita mucho CO2, en comparación con los países industrializados, no puede ignorar la realidad de que el clima seguirá cambiando en el futuro. Por esta razón es importante desarrollar planes de adaptación que puedan reducir nuestras pérdidas socio-económicas y biológicas ante lluvias más fuertes y temporadas secas más prolongadas.

Pero primero, ¿qué es “adaptación?”. Son ajustes que se pueden realizar a sistemas humanos o naturales en respuesta a los cambios actuales o esperados del clima, los cuales moderan los daños o explotan oportunidades benéficas. Un ejemplo de una estrategia de adaptación sería empezar a manejar nuestros ríos a un nivel de cuenca. De esta manera disminuiríamos los daños a comunidades e industrias, causados por las continuas inundaciones que ocurren anualmente en Panamá.

Para tener cuencas saludables se requiere de un esfuerzo interdisciplinario que debe involucrar a múltiples entidades del Gobierno y la sociedad civil durante el periodo de planificación y ejecución. Hay que realizar planes holísticos que incluyan programas sociales, económicos y ambientales.

Dragar los ríos cada año y seguir canalizándolos artificialmente son parches temporales que nunca lograrán una solución a largo plazo.

Por ende, antes de empezar a gastar un solo centavo en macro proyectos de mucha infraestructura hay que promover estructuras de gobierno que fomenten confianza, participación y aprendizaje, ya que todo esto mejorará la capacidad de adaptación de una población.

Las políticas que genera un gobierno pueden reducir la capacidad social para la adaptación. Por ejemplo, políticas que centralizan poderes refuerzan las tendencias de personas de buscar que otros les resuelvan sus problemas. Estos enfoques reducen las oportunidades de aprendizaje e innovación de una población y aumentan la cultura de dependencia.

Por ejemplo, para atender las inundaciones, la Autoridad Nacional del Ambiente, el Ministerio de Obras Públicas, el Sinaproc, el Idaan, la Autoridad de los Recursos Acuáticos de Panamá, las ONG, los municipios y los miembros de las comunidades afectadas deben trabajar en comisiones de cuencas. Estas deberán desarrollar planes de manejo de corto, mediano y largo plazo en los que se asegure que el cuidado de los ríos y sus sistemas naturales son uno de los ejes principales de desarrollo.

Muchos de los retos sociales, ambientales y económicos que actualmente enfrenta Panamá requieren sistemas de gobierno más ágiles, transparentes y participativos, que permitan dar respuestas prácticas y eficientes.

El desarrollo de vías claras de comunicación entre comunidades y entes de gobierno facilita el diálogo, el debate y el respeto mutuo. Ante todo, es vital cultivar un ambiente de confianza y de cooperación desinteresada. Esto solo se logrará dentro de un marco socio–político descentralizado que comparte responsabilidades.

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<> Este artículo se publicó el 15 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Mucha lluvia, pero queremos agua

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La opinión del Abogado…

Silvio Guerra Morales

Compele al dolor y al sufrimiento, conforme nos ha sido presentado por los medios televisivos y periodísticos de nuestro país, las vistas que han recogido, en parte, los desastres naturales que a consecuencia de las constantes lluvias que se han dado, básicamente, en Colón, Panamá Este, Oeste y Panamá Centro, han causado cientos de víctimas que todo lo han perdido, como diría mi padre “hasta el modo de andar”.

 

Pero creo que no debemos quedarnos tan solo en la contemplación del fenómeno sino, de manera responsable, tomar cartas en el asunto, así sea poniendo, de los más profundo de nuestros corazones y también de nuestros bolsillos, algún aporte que, aunque parezca insignificante, no lo será para quienes padecieron y siguen padeciendo las inclemencias del tiempo. Agua es el primer elemento a aportar, comidas enlatadas, leche, mantas, colchones, ropa, en fin. Hay que dar cariño, sin condiciones, ni siquiera condicionando que si lo damos también lo recibiremos. Simplemente dar sin pretender recibir nada a cambio. La responsabilidad de enfrentar y paliar o solventar la situación, primordialmente, es tarea del Gobierno Nacional; sin embargo, ningún ciudadano que se repute de serio y con sana conciencia, puede quedarse al margen de lo acontecido si se encuentra en condiciones de ayudar, socorrer, concurrir al pódium de la sentida humanidad y solidaridad social diciendo “¡presente!”.

No sabemos aún la cuantificación de las pérdidas. De hecho la agricultura ya ha sido golpeada y mermará considerablemente los réditos de su producción en esas áreas; también la economía familiar de miles y miles de hogares que, reiteramos, todo lo perdieron; no dejemos a un lado las estructuras que han colapsado y las que no que han sido seriamente deterioradas. Todos, cierto, hemos sido victimizados por las constantes lluvias. Pero, en estricto sentido, víctimas han sido los que durmieron en los albergues temporales acondicionados para pernoctar; los que tuvieron y han tenido que extender sus brazos para asir el plato de arroz o el mendrugo de pan; los que dejaron de arroparse en la noche para dar sus mantas o cobijas a sus pequeños hijos; los ancianos desvalidos que desde una silla de ruedas vieron que el mundo se les venía encima o las madres y esposas que lloran a los suyos porque aún no aparecen o porque se ahogaron.

Corazón y sentimiento; sentimiento y amor, es lo que se impone a todos los que habitamos en este terruño de sorpresas de todo tipo. El Presidente Martinelli reconoció que no estamos, aún, preparados para estos desastres y que no había helicóptero que sirviera. Por ello, pienso y considero que debemos hacer un serio llamado de atención a todos los estamentos involucrados en la protección y seguridad social, ciudadana, para que no nos agarre este tipo de acontecimientos naturales desprevenidos e improvisados. Queda abierta la ayuda y el debate.

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<>Artículo publicado el  10  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Agua y más agua

La opinión del Ingeniero Civil…

Rogelio Pinilla

Ya lo decíamos en junio pasado. Este año se perfilaba extremadamente húmedo. Como fue pronosticado por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, se ha presentado el fenómeno de “La Niña” y con muchas lágrimas. De frontera a frontera nuestro país sufre los embates propios de la estación lluviosa.

El fenómeno no solo está haciendo estragos sobre nuestro territorio, sino que países hermanos como Colombia, Venezuela y Costa Rica han sufrido las peores inundaciones de las últimas décadas. Estos fenómenos se dan cíclicamente en nuestras regiones tropicales. No se deben al llamado “cambio climático”. Como ya lo hemos aseverado, siempre hemos tenido y tendremos años secos y años húmedos, y debemos estar preparados para enfrentar estos fenómenos naturales.

Como especialista y defensor de los recursos hidráulicos, considero que el agua es una bendición para nuestro país, pues es la materia prima que permite el cruce de los barcos por el Canal, industria que soporta gran parte de nuestra economía. Además, y como uso prioritario, el agua captada por la cuenca del Canal abastece a toda el área metropolitana y es fuente limpia y soberana de energía que requiere nuestro desarrollo. Debemos tener presente que así como las lluvias nos bendicen con el recurso agua, si no la controlamos su abundancia nos puede perjudicar, produciendo desastrosas inundaciones que ponen en peligro la vida y bienes de los ciudadanos.

De acuerdo a relatos de nuestros antepasados, Panamá desde mucho antes de la era republicana ha estado expuesta a los fenómenos de sequías e inundaciones. Me cuentan que entre los años 1878 y 1880, nuestras provincias centrales (en aquel entonces parte de la Gran Colombia) sufrieron tres años seguidos de sequía, y algunos ríos se secaron. Entre 1912 y 1913 ocurrieron grandes inundaciones en todo el país.   El efecto de estos fenómenos no fue significativo, pues nuestras poblaciones eran pequeñas y estaban ubicadas en áreas no vulnerables. A medida que fueron creciendo, sus pobladores fueron invadiendo las áreas propensas a inundaciones, por eso ha crecido el número de afectados cuando ocurren.

Estos fenómenos se seguirán repitiendo en el futuro. Tenemos que aprender a controlarlos y mitigarlos. Debemos construir presas y embalses para control de avenidas y, a la vez, como reservas de agua para los períodos de sequía.   Los sistemas de drenaje y desalojo de las aguas pluviales deben ser dimensionados y actualizados con suficiente capacidad para que capten y conduzcan la escorrentía superficial que aumenta, a medida que aumentan las áreas techadas y pavimentadas. Debemos respetar las planicies de inundación en las áreas costeras y evitar asentamientos humanos en dichas áreas. Las tomas de agua de poblaciones importantes deben ser colocadas en embalses para evitar daños a las mismas por sedimentación o a causa de las corrientes.

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<> Este artículo se publicó el  5  de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Me gusta cuando llueve

Reproducimos el artículo de  opinión del Médico…

Juan Carlos Ansin

El clima se parece al matrimonio. Es encantador en lo que ambos tienen de impredecible y consecuente. El que vive en el trópico y lo agobia el calor o lo sofoca la humedad, añora la fría claridad de la nieve, y a los que el frío les congela el alma, sueñan con empeñarla en una isla del Caribe. También conozco gente que hipoteca su futuro por un verano en Nueva York.

Pasé mi niñez en una ciudad de malos aires, pero los conquistadores españoles, en su fiebre argentina, la bautizaron al revés.   Alguien que no haya estado en el sur,   no sabe lo que es el frío de la pampa húmeda. No son agujas que penetran por la piel, es un gélido dolor constante en los huesos y en la carne que asoma por los poros.   No hay manta, ni poncho que abrigue. Tan sólo el calor del quebracho -cuyo rescoldo es capaz de durar hasta el amanecer- permite dormir sin castañetear de dientes ni tiritar de huesos. Allí sólo son buenos los aires de la primavera, o en los días soleados del otoño, donde cada paso desprende aromas de hojas muertas.

Aunque es en los días espléndidos del verano cuando el mundo suele entregarse por entero, como una mujer madura que está sola y espera, a mí me gusta cuando llueve porque está como dormida, y una nube de molicie enciende la penumbra de unos ojos que no dejan de mirar hacia adentro.   Es el tiempo donde el mundo despierta con la tierna placidez húmeda, de una sensualidad consumada bajo el rumor de una sinfonía monótona y persistente.

Me gusta cuando llueve, porque donde sea que haya ido, siempre estaré conmigo. El agua del cielo refresca la memoria y lava recuerdos. Las cosas adquieren una claridad que antes no tenían, cuando el oro del sol transforma momentos, lugares y circunstancias y termina por confundir la ocasión de aquel preciso instante que, en un abrir y cerrar de ojos, queda atrapado en la maraña íntima de una obsesión sublime. Me gusta cuando llueve porque entonces vuelvo a ser aquel joven con los bolsillos repletos de esperanzas y la cabeza henchida de sueños. Me gusta cuando llueve porque es tiempo de volver a ver, una y otra vez, desde el comienzo, una vieja película inconclusa; donde los protagonistas son los personajes que pasaron por mi vida con la virtud fugaz de los encuentros. Mientras, por las alcantarillas, antiguos dolores terminan por morir en el tormentoso mar del olvido. Me gusta cuando llueve, porque en el diario bogar por los extremos, es cuando vuelvo a encontrar el centro.  Ese precario equilibrio interior desde cuya cima se contempla el bosque sin discriminar al árbol. Me gusta cuando llueve, porque nada es más conmovedor que ver llorar de gratitud a un campesino con el rostro vuelto al cielo.

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Este artículo se publicó el  22  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Sobre “El Niño” que nunca fue

La opinión del ingeniero…..

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Eduardo A. Esquivel R.

Recuerdo que en noviembre o diciembre del año pasado, hubo una reunión regional de expertos en meteorología y predijeron que este año “El Niño” iba a ser catastrófico, que la temporada seca se iba a extender hasta julio o agosto, etc.

El primer indicio de que esta predicción estaba equivocada fue la aparición de una ola de frío proveniente del Norte, que los meteorólogos no habían previsto. Las temperaturas promedio diarias si fueron más altas que lo de costumbre, pero esto no tienen nada que ver con El Niño, sino con el Calentamiento Global.

En Panamá hay una época seca que va normalmente desde mediados de diciembre a mediados de abril. Me sorprendió que algunos ganaderos y expertos en clima dijeran que en esta época no llovía debido al Niño.

Y aunque usted no lo crea, algunos se beneficiaron con El Niño. Hubo inclusive la compra inútil de seguros multimillonarios contra los efectos de El Niño en la generacion eléctrica.

En el sector agropecuario se prepararon para la supuesta sequía y ahora no saben que hacer con el exceso de lluvias, que perjudica el tomate, la cebolla, el melón, la sandia, etc.

Cuando en marzo empezaron a caer lluvias esporádicas, los expertos se apresuraron a aclarar que estas lluvias no eran la temporada lluviosa, porque El Niño venía.

Cuando a mediados de abril cayeron tremendos aguaceros y ha seguido lloviendo hasta finales del mes, aun algunos meteorólogos dicen que no ha empezado la temporada lluviosa, porque viene El Niño.

Aunque ya algunos han tenido que rendirse ante las evidencias, y aceptar que ya se inicio la temporada de lluvias, y que el Niño fue una farsa.

Y resulta que la época seca no solo no se extendió hasta agosto, sino que se adelanto 15 días. Sin duda una de las predicciones más desastrosas que ha habido en la historia.

Esto nos demuestra lo poco avanzada que esta la técnica de la predicción del clima. De hecho, aun hoy en día, con las estaciones meteorológicas sofisticadas, satélites y computadoras, el clima de una región a 24 horas solo se puede predecir con un 75% de precisión. Y a un mes la precisión es prácticamente nula.

Lo que sí es posible predecir, con razonable precisión, es que, debido al Cambio Climático, esta época lluviosa en Panamá será turbulenta, con tormentas eléctricas y lluvias en exceso.

Debemos prepararnos para las crecidas de los ríos y quebradas, las marejadas altas, los derrumbes, y una caída notable en la producción agrícola, por estas causas.

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Este artículo se publicó el 3 de mayo de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Día Mundial de la Tierra

La opinión del Periodista…..

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Modesto Rangel Miranda

Los procesos climáticos han transformado el ecosistema de la Tierra ocasionando que las naciones convocaran a una conferencia mundial, sin embargo, en pleno Siglo 21 uno de los problemas ecológicos que está causando grandes transformaciones es la posible destrucción de la capa de ozono junto con el descongelamiento polar y los cambios climáticos que podrían afectar la vida humana en toda la Tierra.

Pero, muchos son los factores que han movido la transformación de la Tierra, como el alteramiento de las zonas ecológicas, tala de árboles, fuertes inundaciones, quemas de árboles, contaminación del ambiente por parte de grandes empresas, la poca aceptación de reciclar botellas, embutidos, plásticos, comidas, etc.

El Día de la Tierra, 22 de abril de 1970, no sólo constituyó la entrada a una nueva era de apoyo a la conservación del medio ambiente, sino que también propició la creación de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés), y la aprobación de legislaciones claves como las leyes de Aire Limpio, Agua Limpia y Especies en Peligro.

Organismos internacionales como el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente – PNUMA, el Fondo Mundial para la Naturaleza WWF y el Centro Mundial de Monitoreo de la Conservación CMMC, señalan que la capacidad de regeneración que posee la biósfera de la Tierra está en un descenso ambiental sino se logra un cambio que beneficie a todo el planeta.

El resultado es que nuestro ecosistema, según explican los investigadores, está sufriendo un “calentamiento global” y, por ende, un “cambio climático”, relacionado con las catástrofes en varios países, como las tormentas, ciclones o huracanes, que traen consigo graves inundaciones y daños a la agricultura, ganadería y a los propios asentamientos humanos, afectados por estos fenómenos.

El Día de la Tierra es el momento perfecto para unirse y crear nuevas ideas que aceleren el progreso favorable de nuestro ambiente. Este día, y todos los demás del año, resultan ideales para actuar y proteger a nuestro planeta.

En esta fecha se recuerda el deber insoslayable del ser humano de preservarla como elemento vivencial, cuestión que por el contrario, es un pasivo que cargamos al hombro. Pero hay esperanzas y en función de ello, varias organizaciones conservacionistas han preparado charlas, programas y eventos, para recordar la necesidad de emprender de forma urgente, la tarea de rescatar este único refugio que tenemos disponible.

Pensemos que lo fundamental es nuestra casa, cuyo objetivo es cuidarla con gran esmero, dedicación cariño y amor a la Tierra, Feliz Día 22 de abril de 2010.

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Este artículo se publicó el  22  de abril de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.