Relacionistas públicos vs. Periodistas

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La opinión de la Periodista…

Judy Meana

Los medios de comunicación social están llamados a buscar la verdad, informar los hechos tal y como sucedieron. No se le ocurra decirle a un periodista que por favor le publique algo, que no le pregunte de eso o aquello y mucho menos insinuarle que él está vendido o que está parcializado. Lo más sagrado para un periodista es su reputación y su credibilidad, atributos que se ganan ejerciendo la profesión de manera honesta y objetiva.

 

Cuando se llama a un periodista para que cubra una noticia, tenga claro que irá a buscar a su contraparte. Si lo invita a una conferencia de prensa, hará las preguntas que estime necesarias para entender el asunto. Recuerde que no hay malas preguntas, hay malas respuestas.

Si un medio lo está llamando para que de una entrevista, conteste. El periódico no dejará de publicar la noticia, ni la televisora dejará de producir su noticiero porque usted no quiso hablar.

Hablar o no hablar, contestar de inmediato o tres semanas después, qué decir y cómo decirlo es parte del trabajo del relacionista público. Es el profesional que se dedica a comunicar lo que hace la empresa o institución que representan.   Cuando a un periodista se le cuestiona por sacar ¨noticias negativas¨, lo más probable es que diga que no es relacionista público y que si una empresa o institución quiere que le publiquen intacta su nota, deben comprar un aviso o pagar una gacetilla de TV.

Admiro a los periodistas que tienen la oportunidad de producir sus propios programas de radio o de televisión y a la vez venden los espacios de publicidad. Pueden tener miles de cuñas en sus programas, pero siempre informarán objetivamente. Como siempre su público estará muy pendiente y aplaude que mantengan su imparcialidad.

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<>Artículo publicado el 25  de enero de 2011    en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.
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El efecto de la estupidez humana

La opinión de la Psicóloga Especialista de la Conducta Humana…

GERALDINE EMILIANI
geraldinemiliani@gmail.com

A veces quisiera hacerme la muy valiente cuando emito mis opiniones a través de esta columna semanal.   Pero en verdad muchas veces siento miedo y eso no es bueno, no es saludable.   Es ese miedo a que mi país vuelva a los años en que la libertad de expresión y de información guardaban silencio.

Expresar tus ideas, opinar sobre lo bueno lo malo y lo feo, te ayuda. Y ayuda a todos hasta al que no quiere oír, al que está enfrascado en su torpeza, en su capricho, en su desamor a la patria y hace daño.   Él no es tu dueño, tú no tienes dueño.    Sentirte en libertad te dignifica, te engrandece. Esa libertad que muchas veces hemos de prostituir porque la untamos en todo, como mantequilla al pan y la encontramos en acuerdos, convenios, contratos, hasta en las obras literarias.   La hemos cantado, la hemos bailado, la hemos llorado, la hemos pintado y, la seguimos soñando. Es causa de inspiración y emotividad. La usamos como bandería de rivalidades y disputas y hasta nos orgullecemos al pronunciarla y nos creemos grandes patriotas al defenderla.

Amigo y amiga, cuando sientan una molestia, preocupación o temor, escríbelo en el diario de tu propia vida, eso alivia y te hace reflexionar.   Allí te desahogas, te confiesas contigo mismo. Guardar silencio te afecta, debilita tu corazón que se agita de dolor, porque sientes esos sobresaltos angustiosos, el sobresalto de ese peligro inminente que se te acerca y no puedes con él.

A los periodistas que trabajan con la obsesión de hacer el bien buscando e investigando la noticia, craneando para que la verdad salga a relucir, y nos llegue sin un punto y coma de más, aunque esa verdad moleste a otros, mi admiración. Ese es el buen periodista, amante de su profesión, que bajo las inclemencias del tiempo y muchas veces sin ingerir alimento alguno, nos mantienen bien informados.

Es terrible y muy pero muy triste el periodista que se doblega porque ha de bailar al ritmo de la complicidad en la fiesta de los corruptos porque el dueño del medio le advirtió:   ‘¡Eso no va! porque molesta a los poderosos’.    Señores Periodistas ustedes son nuestros oídos, nuestros ojos, nuestra voz, no nos defrauden. Háganse sentir como Dios manda, porque la Panamá por dentro los necesita.

La Panamá por fuera es bella, elegante, entusiasta, la envidia de muchos de nuestros hermanos países, pero la Panamá por dentro sufre, gime, llora, y grita, porque la maltratan, la golpean, la queman con el fuego de la indiferencia y sin misericordia igual como le sucedió a los 7 internos del Centro de Menores aquel domingo 9 de Enero, precisamente en la fecha en que muchos panameños murieron enfrentándose a la estupidez humana del intruso prepotente, y cuyo único y sano objetivo fue por nuestra soberanía, por nuestra libertad que no se compra, no se vende y no se alquila.

Así como castigamos la conducta del delincuente, gente que lucha contra el egoísmo resistente de una sociedad humanamente deteriorada, materialista, hostil y espiritualmente vacía, ¿quién castiga la pasividad, el individualismo, el oportunismo, el amiguismo, el parentesco, y los favores y compromisos políticos debido a la estupidez humana de todos los gobiernos en detrimento de un pueblo sediento por abrir caminos, conocer los medios y encontrar los fines?

Somos soberanos de nuestra vida mental y afectiva, praxis y razón, ese es el sentido de la verdadera libertad. El hombre no puede estar sometido bajo el dominio de nadie. Nuestra conciencia en sus perspectivas intelectuales, afectivas y de acción, no tiene dueño.

El rostro de la estupidez humana se ve reflejado en el rosario de problemas e injusticias sin resolver y en el tiempo que se invierte en temas tan insignificantes como las discusiones estériles,  peleas irreconciliables, enredos, bochinches e hipocresías,  y que me hacen sentir indignada y sin fuerzas para continuar y luchar contra la corriente.

Cuando será el momento en que esa misma estupidez humana entienda que se ha comprobado científicamente que la convivencia social de un país es uno de los factores más trascendentes para el bienestar, armonía y felicidad de sus habitantes. Somos fundamentalmente animales grupales y nuestro equilibrio mental es mucho mayor cuando nos encontramos en un ambiente de tolerancia y de estrecha comunión.

Se ha demostrado hasta la saciedad que cuando nos encontramos solos estamos más predispuestos a un amplio espectro de enfermedades físicas, sociales y mentales.  No puede haber un ‘yo’ sin un ‘tú y todos’ esto es mucho más que un concepto filosófico y constituye una necesidad humana fundamental.

 

Este artículo se publicó el 26 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

Un Mensaje de Año Nuevo

La opinión del Periodista…

Juan B. Gómez Amador 

Como ya deben estar enterados, en el último mes he tenido problemas graves con mi salud.   Y como en los cuarenta años de mi programa Impacto, por Radio Chiriquí, siempre que he estado en el país, he venido a darles mi mensaje de Año Nuevo.

Podría hablarles de muchas cosas, pero quiero ir a lo esencial de esos mensajes anteriores.

Siendo un joven estudiante del Instituto Nacional leí una frase del filósofo chino Confucio, que marcó buena parte de mi conducta futura.

Ese pensamiento decía: “Vive hoy como si fueras a morir mañana; libre tu corazón de odios y prejuicios; en paz con Dios y con los hombres”.

Y hoy en las proximidades de un Año Nuevo, quiero volver sobre lo que dije a través de cuarenta años.

Yo decía entonces, y lo ratifico hoy: que tenía que darle gracias a Dios por tres cosas: primero, porque me permitió vivir, tantos murieron. Segundo, porque me dio salud, tantos no la tuvieron, y tercero, porque me permitió vivir con dignidad.

Este último agradecimiento a Dios, francamente, normó mi vida –hasta donde pude. Creo que sin dignidad la vida de un hombre pierde el centro de su existencia.

Con respecto a mi salud, este año, como todos saben, ha tenido sus fallas grandes. Y aun así, agradezco a Dios que me permite estar hablándoles a ustedes en este fin de año.

Ayer, hablando con los amigos Roger Patiño y Librado Montenegro, les decía que si Dios me lo permite escribiré un ensayo sobre cómo ve la vida un hombre que se aproxima a los ochenta años de edad.

Siempre me he considerado un hombre amante de la vida; y por eso amo sus cualidades principales: la salud, la inteligencia, el amor y las emociones intransferibles del espíritu y del honor. La inquietud que siempre he mantenido por penetrar –lo impenetrable- que es Dios.

Cada día me convenzo más de nuestra propia pequeñez. Se imaginan, que somos menos, mucho menos, que un grano de arena en un inmenso arenal. Y que aún la Tierra, nuestro planeta, es nada frente a los cientos de miles de millones de astros que pueblan el cielo, muchos de ellos más grandes que la Tierra.

Finalmente, pues, no somos nada.

Pero, un momento, situándonos en el pequeño espacio que nos toca vivir; el Hombre, muchos hombres se han agigantado y han realizado una obra descomunal.

Por eso, la gran paradoja: el hombre, infinitamente pequeño en el universo, ha creado obras inmensas dentro de su vida. Pensemos en Jesús, Lincoln, Einstein, Edison, Galileo, Bill Gates y en todos los líderes que han alejado grandemente al hombre de la bestia.

A esos grandes hombres tenemos que reverenciarlos, y rogar que cada día haya más como ellos.

Siento que los canso con estas viejas creencias. Hoy solamente he venido a desearles a todos ustedes muchas felicidades; y que el Nuevo Año nos traiga a un hombre aún mejor, para que la raza humana pueda darle las gracias a Dios por tantas bendiciones.

Eso, es lo que me ha traído hoy aquí. Con un fuerte abrazo cordial, desearles que el Nuevo Año los colme de felicidades.

<>Artículo publicado el  8  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Historia de un deicidio

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministro de Estado….


MARIELA  SAGEL
marielasagel@gmail.com

Montreal, Canadá-. La expresión deicidio hace referencia al acto de matar a un dios o una divinidad. En muchas ocasiones se ha utilizado para temas religiosos, aunque también ha sido sujeto de películas y ensayos, como el que escribió el reciente premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa sobre la obra de Gabriel García Márquez en 1971, que le sirvió de tesis para su grado de doctorado.

Pero el deicidio que voy a relatar aquí no es ni de literatura ni de ciencia ficción, mucho menos de religión.   Es la trágica desventura que ha tenido el diario La Prensa desde que, a principio de los años 90, se les ocurrió la brillante idea de traer a un director asociado que lo que hizo fue malear a toda una generación de periodistas panameños, hasta más idóneos que él, y lo continuó haciendo más recientemente otro que quiso seguirle los pasos pero como la vida da sorpresas, el tipo les salió, además de engreído y fantoche, corrupto, mentiroso y con precio al mejor postor.

Cuando al periodista Paco Gómez Nadal lo quisieron amedrentar a su salida del país, a mediados del año, por el hecho de haber estado criticando en su columna semanal las acciones del actual gobierno, un periodista al que admiro mucho me comentó que no me precipitara a defender a Paco olvidando todo lo que vivimos con Gorriti.   Ese no era el punto. Paco Gómez no vino aquí a enseñar a una pléyade de profesionales cómo se combatía a un presunto enemigo, vino a asesorar a ese mismo diario en temas editoriales que, según entiendo, no le pararon bolas, así que decidió solamente seguir de columnista y se involucró de lleno con las luchas de los indígenas naso y otras actividades altruistas que lo mantuvieron siempre con la óptica serena y la pluma aguda de señalar lo bueno, lo malo y lo feo, pero no con tirrias. Paco no tiene permiso de trabajo de esa empresa editorial y hasta representa una organización mundial que vela por los derechos humanos.

El caso Gorriti fue nauseabundo. No solamente se creía un dios sino que sus secuaces llegaron a creer que lo era.    Sus conductas estuvieron muy alejadas de ser ejemplares, pero se siguió endiosando porque servía intereses personales del grupo que maneja ese diario, que se precia decir la verdad.   Se inventó la unidad investigativa que si se le aplicara a él, muchos quedarían boquiabiertos.   En una ocasión me llamó, cuando se le debía renovar su permiso de trabajo (siendo yo ministra y por ende, responsable de migración) y con gran pomposidad me dijo que iba para esas oficinas a buscarlo –supongo que con cámaras y toda la parafernalia del que quiere titulares— y yo le pedí al que era mi director de esa entidad que se lo mandara a su lugar de trabajo para que ni se molestara en montar su show.

Ahora, el argentino que se trajeron les resultó, además de una prenda, un petulante de primera y encima, traidor.   Ha revuelto a este país y puesto a la justicia de cabeza, llegando inclusive a ser tan estridente su malversación de información que las investigaciones se hacen de oficio, porque no se habla de otra cosa.   No hay Unidad de Análisis Financiero ni Corte Suprema que no haya caído en sus redes.   Los casos más sonados, por supuesto dirigidos hacia los enemigos del mandamás del periódico y su adlátere más conspicuo –Pérez Balladares, Delgado Diamante, entre otros— siguen mandando tanto como lo hacía la ex embajadora Stepheson cuando ungió la alianza ganadora de las elecciones.

Y como la vida sigue dando sorpresas, ahora el sujeto de marras asume la dirección de la nueva empresa editorial que es, a todas luces, otro brazo más del imperio 99, como si no hubiera periodistas capaces, competentes e idóneos para asumir ese cargo.   Para nadie es un secreto que le encontraron cosas feas a quien creían un dios (hasta una revista le crearon, en perjuicio de todas las que insertaban) y de allí su salida por la puerta de atrás.   Finalmente se dieron cuenta que el ídolo tenía pies de barro.

No sé qué esperan los gremios periodísticos para levantar su voz de protesta ante tanto atrevimiento.

 

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<> Este artículo se publicó el 2 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

Ser periodista

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La opinión del Periodista…

Juan B. Gómez  

Hace unos diez años fui invitado a dictar una conferencia sobre ética periodística en la Universidad de Chiriquí.   Y allá me di cuenta de que había una sentida rivalidad contra los periodistas no graduados en una universidad; se nos trataba casi despectivamente como “empíricos”. Por eso empecé diciéndoles, que el término empírico no tenía sentido cuando se lo atribuían a muchos periodistas panameños.
Que tal vez podrían calificar así a Gil Blas Tejeira, que fue un magnífico estudioso del idioma español, sin asistir a una universidad; o al valiente y brillante Guillermo Sánchez Borbón, que tampoco hizo estudios universitarios. Pero cuidado con llamar empíricos a Harmodio Arias, José Isaac Fábrega, Mario J. de Obaldía, Eduardo Ritter Aislán, Carlos Iván Zúñiga, Mario Augusto Rodríguez, Ramón H. Jurado, y a muchos otros que, aunque no fueron graduados de periodismo en universidad alguna, sí tuvieron estudios universitarios en otras disciplinas; y hasta fueron profesores universitarios algunos de ellos.   Y todos fueron grandes periodistas.

Me perdonan que les hable del caso mío. Yo tampoco soy un periodista empírico. Yo cursé, casi hasta el final, la carrera para profesor de español; y no la terminé porque en el último año me nombraron para desenvolverme en un cargo diplomático en Argentina; y no terminé mis estudios para profesor.   Y algo más, en mis tiempos de universitario no existía la carrera periodística;   y yo, que lo confieso, nací para periodista, estudié para profesor de español con la esperanza de que algún día lo sería. Los estudios del idioma, su literatura y su gramática, me sirvieron más tarde grandemente como periodista. Creo que uno de los requisitos más importantes que se le deben exigir a un profesional del periodismo, es que sepa hablar y escribir bien; y esto, sea graduado o no como periodista en una universidad.

Pasé diez años en el servicio diplomático; y algunos recordarán que desde Argentina, España, Brasil, Suiza y Hong Kong, mantuve siempre una frecuente relación con los periódicos panameños. Y ahora, acabo de cumplir 40 años como periodista radial en Chiriquí.

Estoy convencido de que a un periodista no lo hace la universidad, por más prestigiosa que ésta sea. El periodista se hace trabajando el periodismo. No quiero desmerecer los estudios de periodismo que se realizan en una universidad, pero quiero enfatizar que es en la práctica donde se hacen los periodistas…

Sobre esto y muchas otras cosas hablé a los estudiantes de periodismo de la Universidad de Chiriquí, hace un buen rato.

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<>Artículo publicado el  11  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Yo voté por el cambio, pero…

La opinión del Escritor…

Enrique Jaramillo Levi

Yo voté por el cambio. Ante la única otra opción, la de una mujer políticamente desprestigiada que, a mi juicio, hubiera sido nefasta al frente del país, opté por lo que en ese momento sentí como la esperanza.

La mía y la de miles de panameños. Y es que uno siempre se acoraza en la esperanza, para no padecer eternamente los embates del descreimiento, la frustración y los malos augurios que se cocinan en la mente cuando el pasado siembra temores y ensombrece las entretelas del futuro.

Enfrentar la corrupción y castigarla, poner orden en la cosa pública, emprender proyectos ambiciosos que beneficien a las grandes mayorías, enrumbar las bases mismas de nuestra incipiente democracia, son ideales que la gente sensata necesariamente comparte.

Pero qué desagradable es irse decepcionando, lentamente o a pasos agigantados, cuando empiezan a agrietarse las más elementales normas que rigen los cimientos de la sensatez y los logros trabajosamente conquistados en materia de libertad de expresión, equilibrio medioambiental, equidad económica para todos los sectores, seguridad ciudadana y otros derechos humanos fundamentales, tras haber enfrentado durante tantos años el oprobio de la vieja dictadura.

Qué sensación de engaño ante la prepotencia galopante que en todos los ámbitos sentimos abiertamente o de forma solapada. Qué decepción cuando a cada rato surgen contradicciones entre lo dicho y lo que en realidad se hace o se deja de hacer; entre lo prometido en campaña y los vicios que vemos repetirse, solo que desproporcionadamente aumentados como si los estuviéramos mirando bajo el prisma ilusorio de una lupa.

Lamentablemente, todo parece indicar que la percepción no es ilusoria. Y, además, la gente siente que empieza a reptar tras bambalinas un amedrentamiento que, gestado en diversas instancias del poder, provoca un temor real en quienes no se pliegan ni transigen; sobre todo, en los que se atreven a disentir, a criticar, incluso a debatir públicamente sobre temas que en un momento dado se perciben como delicados o inconvenientes, ya sea porque las decisiones que se toman o se van a tomar riñen con la Constitución, o porque sin hacerlo amenazan el progreso de muchos a favor de unos pocos, a menudo desquiciando de paso las bases mismas de la institucionalidad.

La compra directa y la omisión del control previo recientemente decretados con excusas baladíes, además de los obvios favoritismos políticos y económicos, son buenos ejemplos. Aparte del desastre nacional que fue la reciente represión en Bocas del Toro, con sus secuelas trágicas en distintos niveles, por la terquedad de aprobar una ley obtusa e intransigente que de todos modos ha sido necesario cambiar.

Ahora los medios de información, y no pocos periodistas individuales, de diversas maneras y con pretextos disímiles empiezan a ser amedrentados. El informe de la comisión panameña ante la Sociedad Interamericana de Prensa, reunida hace unos días en Mérida, México, es clarísimo en su contundente muestreo y denuncia de peligrosos desaciertos del Gobierno en su progresivo asedio sutil o abierto a dichos medios.

Si a esto sumamos el desafío a los grupos ambientalistas, a los pobladores locales y a la salud del país mismo en materia de minería a cielo abierto y otras formas de violentar la indispensable protección ambiental en aras de un supuesto beneficio económico superlativo, además de diversas modalidades de enfrentamiento o desavenencia permanente con otros grupos de la sociedad civil, lo que tenemos es un cuadro nacional en extremo deprimente. Y, por supuesto, muy, muy preocupante.

Ante este panorama, en una sociedad democrática no queda más que organizarse. Pero al margen de los partidos políticos, de los que todos estamos hartos por esa eterna actitud convenenciera que de una manera u otra suele uniformar a los oportunistas, que son muchos de sus dirigentes. Decididamente, empezar a hacer sentir a nuestros gobernantes sólidos criterios divergentes cuando los haya, acaso más sensatos; y tal vez incluso, poco a poco, mayoritarios. Porque si la unión hace la fuerza, la fuerza de los razonamientos individuales al multiplicarse puede perfectamente convertirse en mayoría. La historia, siempre sabia, ha dado múltiples ejemplos del fenómeno.

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<> Este artículo se publicó el 4 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Amigos o enemigos

La opinión de la Psicóloga Especialista de la conducta humana…

GERALDINE  EMILIANI
geraldinemiliani@gmail.com

Hay que estar en alerta respecto a los falsos principios que el entorno humano nos vende como verdades.   Por ejemplo, he visto muchos casos en los cuales la lealtad se hace a un lado para cederle el paso a la complicidad y, que el agradecimiento por favores recibidos supera los valores humanos.    Esto se ve con frecuencia entre jefes y subordinados, amigos y colegas, miembros de un partido político y funcionarios de un gobierno.

Cuando nos hallamos en este tipo de situaciones complicadas, vale la pena recordar que el fin jamás justifica los medios.    Este es un principio que encierra un gran contenido moral y ético, que nos permitirá caminar con la frente en alto, aunque sea con dos o tres amigos menos.   Y ‘amigos’ entre comillas, por supuesto, porque nadie que sea un verdadero amigo, te obligará a violar tus criterios reclamando lealtad por encima de todo y de permitirlo habrás perdido la más importante batalla de tu vida.    Recuerda que ni el estatus que te brinda un excelente empleo y un jugoso sueldo, ni tampoco la promesa de un mejor porvenir, ni los regalos recibidos, justifican hacer a un lado los valores que te impulsan a ser una persona y un profesional de bien.

Esto implica forzosamente honrar tu nombre y tu profesión, con la verdad en la trascendente tarea de hacer, de pensar y de expresarte con la libertad que te asiste, siempre con el debido respeto.

Cuando supe de la fiesta a los periodistas de parte del gobierno, confieso que inicialmente me gustó la idea.   Pensando que era oportuna para limar asperezas, enmendar errores, mejorar las relaciones interpersonales entre ambos grupos, sin antagonismos, sin rencores y que el perdón es fundamental, porque nos hace crecer como personas.   Sin embargo, y estando en la quietud de mi hogar, en compañía de Osho, autor de más de 36 libros que abarcan desde la búsqueda individual y la colectiva, hasta los asuntos sociales y políticos más urgentes de la sociedad actual, y leyendo una de sus obras,   ‘La Conciencia’, que trata sobre la confianza, la lealtad y la honestidad en uno mismo y hacia el otro, me llevó a repensar sobre este evento.

En las últimas semanas se han dado y de manera frecuente las insidias, acusaciones, temores y menosprecios a los comunicadores de parte de algunos funcionarios públicos y del presidente Martinelli, cuando de críticas se trata a su gestión de gobierno, causando perjuicios y heridas muchas veces difíciles de sanar y me parece que una fiesta no es el lugar adecuado para solventar las diferencias existentes y, mucho menos cuando no todos los periodistas estuvieron presentes, porque hay quienes se sienten aún ultrajados, molestos y preocupados.   Como muestra reciente, la sorpresiva auditoría realizada a Omega Stereo empresa de Guillermo Antonio Adames, presidente del Consejo Nacional de Periodismo.   El haber hecho críticas al gobierno es su pecado imperdonable. Y, para rematar, los procesos de periodistas indultados se reabrirán, según declaraciones del presidente de la Corte Suprema de Justicia.

No hay que ser un erudito para saber que aún se continúa en el ejercicio de la persecución y del temor a los que nos mantienen informados sobre sucesos del acontecer nacional.   La comunidad requiere de alguien que hable por ellos, les divulgue sus problemas y exija sus derechos.   Y, esta es la labor del buen periodista.

Quiero aclarar que la intención de agasajarlos fue buena, pero soy de la opinión que mientras no se aclaren los hechos antes mencionados, existirá el antagonismo entre ambas partes. Y, esto no es saludable para nadie.

Yo creo en el periodismo libre de ataduras.   Yo creo en el periodista que no se doblega ante nadie, ésa es su primera misión.   Definitivamente, que cada quien hace de su tiempo lo que quiera después de horas laborales.   Pero, la situación de homenajear a este organismo puede causar la división entre estos profesionales.   Si es que ya no la hay.   Y, si la idea del gobierno es la de fomentar la división, entonces estamos ante un peligro inminente.   Lo conveniente y prudente hubiese sido una actividad de docencia, instruyendo con ejercicios prácticos y fundamentos teóricos a las partes en conflicto, con la finalidad de mejorar sus habilidades interaccionales.

Cuando alguien frecuenta un grupo contrario a sus ideales y compromisos inherentes a su profesión, lo que acaba ocurriendo es que nadie confía en ese tipo de personas.   Recuerda que la lealtad es un valor, es llevar la amistad a su etapa más profunda, es estar con el amigo y colega en las buenas y en las malas, es estar con el que no te da la espalda para su beneficio personal.

<> Este artículo se publicó el 24 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos de la   autora  en: https://panaletras.wordpress.com/category/emiliani-geraldine/