‘Preciosa’ y el derecho a la vida

La opinión de…

Raúl Leis R.

Claireece Precious Jones. Negra. Pobre. Obesa. Solo 16 años de edad. Analfabeta funcional pues fue forzada a abandonar la escuela.   Violada por su propio padre y en cinta por segunda vez. Residente en un gueto neoyorquino junto a una madre despiadada, abusadora y maltratadora. Aislada del mundo, con una autoestima en el piso y sin apoyo de nadie. Ya empieza a cometer pequeños robos. Luego descubre algo terrible: la han contagiado del virus del sida.

Ella está tocando fondo y lo sabe, pero surge una oportunidad a través de un programa de educación alternativa de jóvenes y adultos, donde encuentra a la joven maestra Rain, quien a través de un proceso integral, participativo grupal, logra avanzar no solo en la lectura y los temas básicos educativos, sino en una trascendencia ética que le permite que Preciosa crezca en capacidad, dignidad, construyendo un nuevo e intenso camino de posibilidades de existencia.

Esto resume el guión de la película Preciosa (Precious) basado en la novela Push de Sapphire, ganadora de 50 premios de cine, y que debería ser vista y debatida en nuestro medio.   Pero no hay que ir muy lejos para encontrar situaciones similares e incluso peores en nuestro medio, y los recientes sucesos y situación actual del Centro de Cumplimiento de Menores así lo demuestran.

Los menores privados de libertad, tanto los que fueron asesinados a través de una ejecución extrajudicial como los que aun sobreviven en condiciones infrahumanas, son producto de una cadena de exclusiones sociales, económicas, políticas, generadas por la sociedad en que vivimos, asimétrica y desigual. Más de la mitad de la población panameña es menor de 25 años pero el 57% de los pobres tiene menos de 20 años.

Mucha de la responsabilidad de lo que sucede con muchos jóvenes es de nuestra sociedad que no les proporciona las necesarias oportunidades, los invisibiliza y hasta estigmatiza. También suma un acumulado de años de errores y desidias gubernamentales, agravado hoy por un gobierno de corte autoritario y prepotente, que ha apostado más al castigo que la prevención y resocialización, y ha blindado de impunidad a la fuerza pública, estimulando así desmanes y represiones como las ocurridas en Changuinola y Tocumen.

La situación la plasmó diáfanamente Justo Arosemena, hace siglo y medio, con palabras que tienen plena vigencia hoy en día: “El sistema penal es más propio para empeorar que para corregir a un delincuente.    Nuestros presidios son focos de infección física y moral, escuelas de perversidad, en donde el hombre todavía sano se corrompe, y el malvado se perfecciona en el crimen perdiendo el último resto de pudor […] Vista la urgencia, ¿cuál es la esperanza de una reforma completa, general y concienzuda de nuestro cuerpo de derecho?”.

El informe de la Asamblea Ciudadana (31 de enero) sobre las condiciones inhumanas de los centros de cumplimiento y custodia da cuenta del abandono y la indiferencia, y contiene valiosas recomendaciones inmediatas para superar el estado de cosas: Se declaran vigilantes ante esta crisis en el sistema carcelario que viola los derechos humanos de la población privada de libertad, así como del procesamiento de los responsables y culpables directos e indirectos del crimen cometido. Piden la demolición del centro de cumplimiento y la adecuación del Centro Arco Iris garantizando que sólo puedan atender a los reclusos para los cuales tienen la capacidad física y técnica. Un mecanismo institucional vinculante, con recursos y presencia de organismos de sociedad, con un plan a corto y mediano plazo para evitar que se sigan construyendo escenarios de improvisación institucional y de malgasto de recursos públicos.

Un eje de transparencia e integridad que permita prevenir actos de corrupción y tráfico de influencias. La capacitación de todo el personal del sistema en materia de derechos humanos, en especial los relacionados con los menores. Seguimiento de las mejoras al sistema en el que estén representados Gobierno, técnicos del sistema, organismos nacionales e internacionales de DDHH, y en el cual tengan voz permanente representantes de los reclusos.

Gente como Preciosa tiene derecho a la vida al igual que todas las víctimas de la violencia y la criminalidad, y nos enseña que, en conjunto con los cambios estructurales profundos a la justicia, la apuesta educativa es fundamental en el proceso de rescatar a nuestra niñez y juventud. Un modelo educativo que conjugue los cuatro grandes pilares del Informe Delors: “aprender a aprender, aprender a hacer, aprender a vivir juntos, aprender a ser”, a lo largo de toda la vida.

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Este artículo se publicó el 3 de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

“Sin causa de justificación”…

La opinión de…

Ariel Banqué Estrada 

“La pena constituye un medio de prevención general…, reinserción social y protección del detenido”, entonces es menester del Estado garantizar el respeto de la vida e integridad de los reclusos pues estos están bajo su custodia. En ese sentido, el fin del régimen penitenciario es lograr la convivencia ordenada y pacífica; así como llevar a cabo con eficacia el tratamiento de readaptación social del condenado. ¡Sí! también sabemos que la delincuencia y la inseguridad son un dilema que menoscaban el intelecto del ser humano que la sufre, no obstante, consideramos que a estos jóvenes presas de las pandillas, de las presiones de grupo, de las malas influencias, se les debe corregir enérgicamente, pero dentro de un marco de resocialización, la cual es ficticia en los centros penales, por desinterés de los Gobiernos.

 

¿Cómo estigmatizar  a este grupo social? si vivimos en una sociedad sin principios, sin valores de responsabilidad, respeto, honestidad, etc.… ¿A quién endilgarle la culpa?   El problema de la delincuencia existe por una serie de factores que los políticos, y timadores de la democracia no se preocupan por identificar y sanear. Sin duda alguna, quien cometa un delito “sea quien sea”, debe ser  sancionado dentro del rigor de la justicia, por transgredir la ley, pero, de ahí a que se consienta que seres humanos sean calcinados sin el mínimo esfuerzo de los presentes de inmutarse a socorrerlos, es una animalada y sobre todo cuando es orquestada por nuestros prestatarios del orden público.

 

Esto es reprochable, todavía más que las vulneraciones a garantías constitucionales, como la presunción de inocencia y el libre transito por el Pele Polis,  e injustificable pues los guardianes en los centros penales no deberán (según la ley), emplear la fuerza salvo en asuntos de legitima defensa –que no fue el caso-; para controlar y evitar evasiones –seguían encerrados los reos-; o para reducir su resistencia a una orden legal o reglamentaria impartida –lo que no amerita que se descarguen dos bombas lacrimógenas a una celda trancada con seres humanos dentro-.

 

Apelamos a los buenos oficios de la Fiscalía encargada de esclarecer los hechos, para que pueda responsabilizar al culpable de esta atrocidad, pues a pesar de su estatus delincuencial estos como seres humanos que son, le son innatos una serie de facultades que como mortales con dignidad, se les debe respetar,  sobre todo al estar vigilados por el Estado.

Hago la salvedad, que no soy apologista de delitos, pero hasta el más abyecto ser humano es “Digno” de ciertas prerrogativas  en su vida. Sostengo que el delincuente debe pagar sus actos, pero,  “Hay que darle al culpable la posibilidad de reparar lo malo que hizo” y no repeler con violencia, la violencia.

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Artículo publicado el 20 de enero de 2011 a las 0:26  en Facebook y etiquetado en nuestro muro por el autor.  También fue reproducido el 26 de enero de 2011 en el Diario El Panamá América, a quien damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Favores políticos

La opinión de la Psicóloga Especialista de la Conducta Humana…

GERALDINE EMILIANI
geraldinemiliani@gmail.com

 

El hablar y escribir sobre lo acontecido aquel domingo en el Centro de Cumplimiento de Menores me ayuda a soportar psicológicamente esa sensación de dolor, enfado y preocupación.

A modo de resumen el siguiente análisis psicológico del incidente: de parte de los custodios y policías clínicamente observé ese patético sentido de fuerza, potencia, cinismo y placer en situaciones sádicas, ligado a la necesidad de poder sobre su objeto de dominio.

Custodios y policías con posibles historias de frustración, inadecuacidad, resentimientos, maltratos y humillaciones por medio de la cual se encubre o se compensa consciente o inconscientemente esas debilidades o deseos de hacer daño, lo que conduce a un refuerzo de sentimientos de inferioridad. Un uniforme y un cargo endiosa a los acomplejados y los ‘eleva’ a una altura ficticia pero efectiva para su cruel propósito.

De parte de los internos: la impotencia y el dolor se convirtió en su única respuesta para sobrevivir en ese contexto de desesperación.   Sobre la incidencia de las quemaduras se estima que por las características, efectos y consecuencias estas constituyen una de las lesiones más graves y adversas experimentadas por el ser humano.

Durante la hospitalización los menores experimentan dolor, miedo, ansiedad y alteraciones del sueño. Las características propias de la lesión junto al hecho inexcusable determinan el pronóstico de la misma y de las secuelas psicológicas del menor y su familia.   En el caso de estos internos, la muerte parece ser la única alternativa.

Se sabe que en estos delincuentes precoces es frecuente la no aceptación de normas de disciplina y que deben pagar por los delitos cometidos, pero además tienen otras grandes desventajas: la impulsividad y la rebeldía y la falta del manejo en la solución de sus conflictos internos y externos, ausencia de una educación integral y guía espiritual, aunado a factores sociales, económicos, y familiares.

Y, es por ello, que se les priva de su libertad para que se le brinde las herramientas adecuadas a su resocialización para luego ser reinsertados a la sociedad como hombres de bien. Pareciera que en esos centros de reclusión lo que más se maneja es precisamente el reaprendizaje de mecanismos de destrucción mental y social.

Tampoco es de extrañar que después de lo ocurrido es que se va a revisar los protocolos o procedimientos establecidos para atender motines y hacer los correctivos necesarios. ¡Vaya torpeza! Este incidente pudo haberse evitado, si los sistemas y procedimientos de trabajo de las instituciones involucradas hubiesen existido.

¿Hasta cuándo los favores políticos a figuras que por el amiguismo y parentesco ligado a las ambiciones personales, se les acomoda en el engranaje gubernamental como trofeo sin tener el perfil, el conocimiento, la experiencia, y la preparación académica para que sus funciones sean eficaces y efectivas?

¿Cómo no se van a dar éstas situaciones si el personal civil regente en las cárceles de mi país no está calificado para tan sensitiva labor?   Nada daña más el desarrollo de nuestra sociedad que la pasividad, el individualismo, el oportunismo, el amiguismo, el parentesco y los favores y compromisos políticos.

Este es un problema que data de hace décadas. El sistema no está colapsado, los colapsados debido a los favores políticos y ambiciones personales es el personal administrativo al frente de estas instituciones, eso es todo.

Hay mil y unas formas para mantener a estos muchachos ocupados. Hay mil y unas formas para que a los custodios y policías se les capacite mental, emocional, y profesionalmente y cumplan con su labor para poder lidiar con gente en conflicto, aunque de criminales se trate.

La Psicología mantiene un cuerpo de teorías y modelos que nos permiten entender y visualizar la conducta criminal desde varias perspectivas que integran la biológica, la social y la psicológica. Existe una serie de pruebas psicométricas que están diseñadas para analizar el cerebro y determinar la capacidad mental y revelar los misterios de la personalidad. Igualmente, existen terapias psicológicas para la resolución de conflictos. ¿Por qué no considerar la aplicación de estas pruebas y sesiones terapéuticas periódicas desde el momento en que un menor es recluido? ¿Por qué no considerar la aplicación de éstas pruebas y sesiones terapéuticas periódicas a los custodios y policías encargados de éstos menores?

Las imágenes y gritos desgarradores de los muchachos quedará fotografiada en la mente de cada uno que vio el vídeo. Definitivamente que no hay justificación alguna de un hecho que sólo la mente de un sádico puede perpetrar. Y, si la acción fue intencionalmente dañina como se aprecia, desciende esta acción al primer estrato de un desequilibrio mental.

Definitivamente, que un modelo de prevención bien estructurado es la herramienta eficaz para evitar situaciones de peligro inminente como la que se dio aquel domingo en el Centro de Cumplimiento de Menores y todo debido a favores y compromisos políticos.

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Este artículo se publicó el 19 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

Sociedad, víctimas y victimarios

La opinión del Comunicador Social…

 

ERNESTO  A.  HOLDER
ernestoholder@gmail.com

Cuando se dan hechos que atentan contra la colectividad y el bienestar común, en el ejercicio por definir responsabilidades o culpas, muchas personas lo tratan a la ligera.   Hay quienes hacen un esfuerzo maduro – frío, no emocional – por realizar un análisis detallado y puntual sobre el tema. Pero, desafortunadamente, están los que ven la oportunidad de aprovechamiento personal, político y muchas veces económico que nubla las posibilidades concretas para que la sociedad busque correctivos a largo plazo.

El sábado 8 de enero, afuera de un supermercado en Tucson, Arizona (Estados Unidos) la congresista demócrata Gabriel Giffords patrocinaba un evento al aire libre llamado ‘Congress on your coner’ (El congreso en tu esquina).    No repartía bolsas de comida ni pasaba ‘salves’ para ‘poner la paila’ o para comprar un tanque de gas.   Allí recibía a sus contribuyentes o atendía a todo aquel que deseaba tener unos minutos con ella para conversar sobre asuntos de la comunidad.

La senadora fue herida con un arma de fuego en la cabeza por el aparente desquiciado Jared Loughner; con evidentes muestras de una errática conducta personal, marcada por las influencias del entorno socio-político en que se desenvuelve. Otras seis personas en el área del evento murieron; entre ellos, una niña de nueve años y otros trece resultaron heridos. Veinte personas en total. Este violento atentado, en lo que debió ser una tranquila mañana de enero, parece encaminado a ser un acontecimiento que puede incidir significativamente en la retórica política de la sociedad estadounidense; que parece haber recrudecido desde que Barack Obama fue electo presidente de ese país.

El domingo 9 de enero, una reyerta provocada por un grupo de jóvenes detenidos en el Centro de Cumplimiento de Menores en Panamá dejó seis quemados (de los cuales, a la hora de preparar esta entrega, han muerto dos) y siete heridos, en un hecho en donde la inmediatez de las trasmisiones televisivas han permitido presenciar la presunta participación negligente de varios representantes de las entidades de custodia que deberían tener la seguridad y protección de estos menores como su responsabilidad primordial.

Un agente de la policía, que ha trabajado con menores infractores, me cuenta de los directos y constantes abusos que enfrenta en estos centros de parte de los que allí son recluidos. Tanto verbales como físicos en algunos casos. Esto lo menciono porque hay que tener en cuenta el contexto general de todas las situaciones y recordar, por más difícil que sea, de quiénes estamos hablando. Estos muchachos son peligrosos, muy peligrosos. Pero, esto no es excusa de ninguna manera. La primera reacción ante la amenaza a la vida humana es, y debe ser, la de preservarla a como de lugar.

Las imágenes captadas durante el incendio en el Centro muestran la degradación de la conducta humana, no hay otra manera de ponerlo. Frente a las súplicas desgarradoras porque los dejaran salir del área en peligro, las evidencias visuales y de audio presentadas en los medios son sencillamente inhumanas.

Me llama la atención que en el recuento de las circunstancias, se enfocó mucho en el hecho de cuánto tiempo le faltaba a tal o a cual menor por cumplir con su reclusión: 10, 15 ó 40 días. Nadie, particularmente padres y abogados, hasta donde he podido seguir el tema, ha hablado de procesos de resocialización o de seguimiento social para velar porque aquellos recluidos no regresen dentro de unos meses.

Para algunos y, aparentemente para las familias, cumplir con el tiempo de censura mediante el aislamiento en centros como estos es suficiente.   Y lo que ha venido sucediendo desde aquel fatídico acontecimiento es que los que oficialmente deben velar por la responsabilidad de proteger a estos jóvenes (y a la sociedad mediante su resocialización) han venido preparando su defensa: pasándose la culpa y refugiándose en los entramados legales del sistema judicial.

Lo que sucedió en Tucson, aquella mañana del 8 de enero pasado, es el resultado de un atentado contra la sociedad, no del desquiciado con su arma que redefinió la vida de tantas personas, sino de un sistema que permite, y da pie a, que legalmente, cualquiera tenga la oportunidad de adquirir armas letales, por encima de las preocupaciones de instituciones sobre su estado y capacidad mental para convivir pacíficamente en sociedad (ya había advertencias sobre Loughner).

Y lo que repercute en Panamá sobre el caso del Centro de Menores, es igualmente un insensato atentado contra la posibilidad de que le demos otra mirada a la conducta delictiva y peligrosa de estos jóvenes; la responsabilidad de sus padres y del Estado en su resocialización y a atender la indiferencia que mostramos por el bienestar y la recuperación de sus víctimas que no aparecen en la discusión actual.

Este artículo se publicó el 17 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Prevención terciaria: ¿Menos delincuencia?

La opinión del Abogado, Odontólogo y Decano de la Facultad de Odontología de la Universidad de Panamá…

Omar O. López Sinisterra

La Prevención a nivel terciario se realiza en los Centros Carcelarios y de Cumplimiento en nuestro país. Muchos funcionarios y aún los que se relacionan diariamente con estos procesos, no creen o tienen fe en este tipo de prevención. Y es que para llevarla a efecto hay que poseer un presupuesto adecuado para el desarrollo de programas efectivos que tienden a mejorar el cuadro conceptual y mental de los internos en cuanto a valores y en cuanto a la valoración de la vida misma.
Los procesos de Resocialización que introducen programas, actividades y diferentes prácticas, son importantes para que los jóvenes desde edades tempranas, puedan ser reintegrados y asimilados por el entorno social.
Muchos piensan que esta ingente tarea constituye una pérdida de tiempo, dinero y esfuerzo, pero devolver vida y esperanza a estos jóvenes, significa construir para la patria y prevenir que vayan a engrosar las filas de la delincuencia.
En nuestra América Latina en muchos países, se realizan estos programas de prevención terciaria y además existen las penas alternativas y la justicia restaurativa en los casos que se pueda implantar.
En los programas participa activamente la familia del joven según el diseño elegido. Estos programas deben incluir objetivos claramente definidos en función de la prevención, una metodología de trabajo con la familia y la comunidad, el financiamiento del programa y su permanencia.

En Panamá, el Instituto de Estudios Interdisciplinarios realiza programas en los Centros de Cumplimiento del país con personal calificado y con muchas limitaciones sobretodo de tipo presupuestarias.

Es necesario conocer a fondo la situación de los jóvenes en estos centros en los cuales existen muchas carencias que influyen en los resultados que se puedan obtener en relación a la prevención terciaria en estas instituciones.

Desde estructuras físicas enfermas, falta de equipos, bibliotecas especializadas y virtuales, personal custodio suficiente y rotativo, personal especializado que pueda atender la creciente población de menores infractores, facilidades deportivas y de estar para combatir el ocio tras las barras carcelarias, y muchas otras carencias existentes, presentes sobre todo en el sitio carcelario.

Nos olvidamos casi siempre de esos jóvenes reclusos en los centros, provenientes de medio ambientes de gran dificultad, en hogares desintegrados en donde las madres solteras hacen lo imposible para sostenerlos. En donde se van relacionando con pandillas y grupos que otorgan identidad y aceptación.

Solo medimos y accionamos sobre el hecho delictivo realizado y no nos detenemos en sus razones u orígenes. Pensamos en el castigo y su permanencia merecida en retribución al daño causado. Miremos hacia el futuro y busquemos una salida de esperanza a estos jóvenes panameños.

<>Artículo publicado el 9 de septiembre de 2010 en el diario  El Panamá América a quien damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

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El miedo es la clave

La opinión del Ingeniero Agrónomo….

EDWIN  SILVERA

Todo ser humano nace como un pizarrón en blanco, es la sociedad, partiendo desde la familia, la que determina su personalidad. El individuo nace, es un infante, luego adolescente y después adulto; en los primeros 10 años de vida se definen muchos valores de ese futuro ser social, que a la postre marcan en base a los valores aprendidos y adquiridos, si será un hombre bueno o malo; sin embargo, esto no implica que durante su desarrollo como hombre, alguna presión de grupo lo haga saltar de lo bueno a lo malo; es por ello que es responsabilidad de la sociedad en general, en cada etapa del desarrollo humano, tener una respuesta positiva a cada comportamiento negativo que se dé de parte de cualquier individuo.

En base a esta premisa, tenemos que separar lo que es la prevención del combate a la delincuencia y la resocialización. Son tres áreas cuyo manejo es totalmente diferentes, porque en la primera, todavía se cuenta con espacio y tiempo para evitar a que no se lleve a cabo el hecho o la mala acción; en la segunda, se tiene que evitar que la acción se siga dando, porque la acción de delinquir está activa o vigente; y la tercera tiene que ver con la reformulación de la conducta cognitiva del individuo.

En cuanto a la prevención debemos tomar en cuenta: a.— Estudio socioeconómico de la familia (economía familiar, educación y salud); b.— Programas de desarrollo y habilidades culturales (música, pintura, teatro, canto, artesanía) y deportivas.

En cuanto al combate al delito menor y crimen: a.— Un punto importante es que el delincuente debe sentir miedo de actuar, mientras el no sienta miedo va a seguir delinquiendo. Para que sienta miedo debemos promover leyes que lo castiguen severamente. El endurecimiento de la pena a través de años cárcel, tanto a menores asesinos y obviamente a los adultos, puede constituirse en un contrapeso mental para no cometer el delito; Saber que pasará 30 años en prisión pesa mucho; b.— Los policías deben portar un arsenal moderno de manera individual, para que infundan respeto al hacer las rondas y acto de presencia; c.— Se debe contar con un sistema de comunicación súper sofisticado con doble propósito; para que entre la policía estén debidamente en contacto directo, y por otro lado, que la ciudadanía no demore más de un minuto en comunicar el posible hecho punible. Se requiere de mucha divulgación de números de teléfonos claves y respetar la confidencialidad del denuncio o aviso.

En cuanto a la resocialización del reo:

a.— Las cárceles deben estar diseñadas de acuerdo a la categoría o nivel del delito cometido, de lo contrario la oratoria de corrección no tendría efecto, porque no se puede corregir al mismo tiempo a dos o más individuos con conductas muy alejadas e incompatibles unas de la otras;

b.— La resocialización debe incluir un programa de estudio y el mismo debe hacerse previo examen de aptitudes.

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Este artículo fue publicado el  7 de agosto de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Todos queremos paz

La opinión de…..

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Víctor Juliao III

La historia demuestra que muchos deben sacrificarse para que surjan las cruzadas por causas nobles. En el Viejo Testamento varios seguidores de lo que hoy es nuestra religión, ofrendaron sus vidas para que se cumplieran las profecías. Otros fueron actores de grandes acontecimientos para que la humanidad viera el poder de Dios.

El ejemplo de la mayor entrega por la salvación de los hombres y mujeres lo tenemos en el hijo del Altísimo; ése que siendo inocente nos dio su sangre, su vida, su aliento, para que cada uno tuviese la oportunidad de una vida eterna al lado del todopoderoso.

En varias latitudes se pueden contar los personajes que, de una u otra forma, encabezaron movimientos libertarios, utilizando el arma de la palabra, del ayuno, de la huelga pacífica. Acá, en nuestro Panamá, la muerte impactante de varios ciudadanos hizo surgir un gran movimiento por la paz. Tal vez el punto más emblemático lo tenemos en el joven estudiante Daniel Carrizo. El padre de Carrizo, en vez de anidar rencor en su corazón, en vez de pensar en la venganza y en la respuesta individual, decidió formar parte de esa cruzada para que la muerte de su vástago salvara a muchos. A no dudarlo, la presencia masiva en la cinta costera, el pasado domingo 23 de mayo, es una muestra de que los buenos, que somos más, resocializaremos a los malos, que son los menos.

¿Qué es la paz? Esta palabra proviene del latín. Es la ausencia de guerra entre naciones; es el entendimiento entre poblaciones y en el plano individual es adquirir un estado interior exento de cólera, odio. En pocas palabras, es el acto de reemplazar los pensamientos negativos por los positivos. Si logramos obtener esta forma de vida será fácil corregir y evitar actos como los que se vivieron con el desaparecido abogado Javier Justiniani. El asesino dijo que lo mató por rabia. Hoy uno está sepultado y al otro le espera una larga condena y todo por la ausencia de paz en su corazón.

No entiendo por qué pequeños sectores criticaron la presencia del mandatario y parte de su equipo de gobierno, en esa marcha por la paz. Ese estado de ánimo que buscamos, no es de un solo movimiento; la paz la queremos todos; además, serán los funcionarios los encargados, en primera instancia, de aprobar y poner en práctica los mecanismos para lograrlo.

Sé que el Presidente de la República cumplirá con la promesa de hacer de este país el más pacífico de la región.   Él pidió tres años para lograrlo y tengo fe y confianza que así será.   Ahora, esa misión tiene como portaestandarte al Ejecutivo, pero, la verdadera eficacia de los planes radicará en la población.   Si continúan los padres guardando silencio frente a la bellaquería de los hijos; si los vecinos siguen apadrinando las “bellezas de las pandillas;   si compras objetos de dudosa procedencia, etc., etc., los esfuerzos que se hagan a nivel de gobierno serán insuficientes.

Aplaudo a los organizadores de ese movimiento cívico; felicito al presidente Martinelli por la convocatoria que hizo, ese mismo día, en el Palacio de las Garzas. Reconozco el gran papel de los medios de comunicación e insto a los detenidos a que sigan enviando esos mensajes de fe y esperanza, tal como se vivió, en la Joyita, en Tinajitas y en El Renacer. También van mis reconocimientos para las iglesias que día a día hacen su trabajo en las cárceles, enseñándoles a los privados de libertad que hay un mundo mejor cuando se vive en paz.

Que la marcha del domingo pasado no se quede en sustantivo. Que ella sea el verbo motor que se introduzca en nuestras mentes para que de allí salgan los mensajes hacia nuestros músculos y todos, sin excepción, busquemos y encontremos la paz.

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Este artículo se publicó el  29 de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.