In Memoriam Carlos Andrés Pérez

La opinión del Ex Vicepresidente de la República…


Ricardo Arias Calderón 

El dos veces Presidente por elección popular, Carlos Andrés Pérez, murió el 25 de diciembre pasado en Miami, en el exilio, por su oposición frontal a Hugo Chávez, quien lo utilizó como excusa para su intento de golpe de Estado en 1992. Pidió a su familia que sus restos no reposen en Venezuela hasta que no esté libre de la dictadura.

 

 

Su muerte pasó con poco reconocimiento, sin embargo, Carlos Andrés Pérez sin duda es unas de las personalidades latinoamericanas más destacadas del siglo XX, desconocer este hecho sería una falta de leso humanismo.

 

Le traté durante un periodo no menor de 15 años y asistí a su segunda toma de posesión en 1989, en donde pronunció un discurso tan ambicioso que más bien parecía que se dirigía al planeta como el secretario general de las Naciones Unidas o como el presidente de un Estado panlatinoamericano, según el sueño de Bolívar.    Su proyección fue tan amplia y abarcadora que parecía irreal a las circunstancias concretas.

 

El hecho de invitar a su asunción al poder, a los tres miembros de la nómina presidencial de la Acción Política Opositora de inspiración Civilista (ADO Civilista) señalaba el cambio de postura de Venezuela: del apoyo al general Torrijos en razón de la lucha nacionalista panameña por nuestro canal y todo lo que resultó de demagógico en sus promesas de justicia social, al rechazo al general Noriega por su brutal dictadura y carencia de todo ideal patriótico. Carlos Andrés había cambiado de postura y quería que el mundo lo supiera.

 

En esa ocasión hablé personalmente con él sobre el régimen de Noriega que se estaba desintegrando ante las manifestaciones civilistas y las medidas de bloqueo económico de los Estados Unidos.   En los últimos meses del año 1989 pasamos los días más angustiosos por la cercanía previsible del fin de la dictatura y el comienzo de la democracia.   Durante este tiempo Carlos Andrés seguía de cerca los eventos en Panamá, a mi casa llamaba frecuentemente por teléfono, ya sea él personalmente o su ministra de la presidencia, Beatriz Rangel, para saber qué había sucedido en las 24 horas previas, y si yo necesitaba algo o alguna gestión para mi seguridad.

 

A principios de 1990, ya en democracia, nos reunimos nuevamente a instancias suyas, pero discretamente pues yo era vicepresidente y Venezuela aún no reconocía al gobierno. Le propuse a Endara, en función de una conducta ejemplar de alianza, que me acompañase en al viaje Joaquín Fernando Franco, quien a pesar de haber hecho todo lo posible por evitar que la Democracia Cristiana surgiera en Panamá, era lo suficientemente realista para reconocer que no había tenido éxito en las últimas elecciones en 1984.    Entre los temas suscitados por el presidente venezolano estuvo el derecho a bases militares norteamericanas más allá del año 2000, que él daba por sentado, le respondí negativamente disipando así sus ideas prefijadas.

 

Al final Carlos Andrés nos dijo que consideraba política y democráticamente conveniente que el país tuviera una nueva elección y sabiendo que el Presidente Endara no aceptaba ninguna acción que pusiera en duda su derecho a la Presidencia, le manifesté que después del trauma de fin de la dictadura, de la invasión norteamericana y del vandalismo subsiguiente, Panamá no aguantaba una indecisión más en su realización de un gobierno democrático efectivo.

 

Al tomar el avión que Carlos Andrés había puesto a nuestra disposición para el viaje a la isla La Orchila, donde nos recibió, yo iba confiado que Venezuela nos reconocería a corto plazo y la conversación había sido una prueba de evaluación política de los nuevos dirigentes panameños. El resultado, a mi juicio, fue positivo.

 

Mucho se ha comentado el papel que Carlos Andrés Pérez tuvo durante los 21 años de la dictadura pero cualquiera que haya sido éste, debe tenerse en cuenta para una justa apreciación el rechazo a Noriega y su atención a los problemas y necesidades democráticas de los panameños, de otro modo se faltaría a la verdad.

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<>Artículo publicado el  13  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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La responsabilidad de los políticos

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La opinión de la Doctora en Medicina y miembro del Club Rotario de Panamá…


Marisín Villalaz de Arias 

Desde hace muchos años se han venido dando en América Latina ciertos golpes de estado militares que debilitan y hacen desaparecer la democracia por la ambición de quienes lo dan y el manejo equivocado de las situaciones por parte de los políticos cuyos dirigentes no muestran deseos ni conocimientos sobre la materia para conservar lo que se les ha dado en bandejas de plata.

Las elecciones más traumáticas que he conocido en Panamá fueron las de mayo de 1968 cuando hubo toda clase de improperios, insultos y violencia por falta de no ver una realidad existente con el liderazgo del Dr. Arnulfo Arias.

A raíz de ello y la mala estrategia decidida por el mismo, se dio aquel golpe de estado tan funesto para Panamá y que duró demasiado tiempo, siendo necesaria una invasión para acabar con ellos.

La inteligencia del pueblo hizo que se aprobara la modificación de la Constitución para no tener más ejército que para lo único que sirven es para gastar el presupuesto nacional y maltratar a los nacionales. Fueron 21 años de martirio, de muertes, exilios, torturas y pérdida de la libertad tan preciada para millones de los nuestros.

Una situación parecida se dio en Venezuela cuando los políticos se desbocaron y la corrupción fue tal que llevó a una reelección y su comportamiento errado trajo como consecuencia la elección de Chávez aun a sabiendas de que podía convertirse en dictador, pero estaban cansados de los políticos de siempre y su mala política para llevar al país.

Allí lo tienen convertido en lo que nadie quiere, acabando con el país y con la vida y honra de los venezolanos.

Solo pongo estos dos casos por espacio, pero suficientes para que los panameños abramos los ojos y despertemos; para que nuestros políticos la jueguen con honestidad, con despojo de ambiciones personales y pensando más en el país. “La historia puede repetirse en espiral” y no quisiéramos que sucediera aquí.

Basta muy poco en las actuaciones de nuestros políticos para evitar que la izquierda se entronice y perdamos la democracia. Basta de irresponsabilidades porque de todos, especialmente de los políticos depende que sigamos siendo un país democrático.

Adquiramos la cultura política que necesitamos para que, gobernantes y gobernados sigamos el camino que corresponde en el devenir diario nacional y que podamos decir que hemos madurado, que nos hemos culturizado y que somos capaces de transformar nuestro futuro en un presente fuerte, poderoso, de libertad y democracia.

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<>Artículo publicado el 5  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

Carlos Andrés Pérez y los Tratados Torrijos-Carter

La opinión de…

 

Eduardo Morgan Jr.

Carlos Andrés Pérez fue uno de los venezolanos que heredaron el espíritu de Simón Bolívar. Su vida, tal como ha sido resumida en la prensa mundial con motivo de su fallecimiento a los 88 años, fue una lucha constante por la democracia y la libertad en Venezuela y en el resto de América Latina. Panamá es vivo ejemplo de esa lucha al haber recibido su apoyo sustancial y militante en las negociaciones de los Tratados Torrijos-Carter.

Conocí a CAP en mi primer viaje a Venezuela en el verano de 1970. En ese entonces él era el secretario general del Acción Democrática, poderoso partido en oposición. Fue un encuentro breve,  en un almuerzo campestre en casa de uno de sus mejores amigos, quien era mi anfitrión en ese mi primer viaje a Caracas.

A las pocas semanas mi amigo me avisa que Carlos Andrés pasará por Panamá rumbo a Costa Rica, a la toma de posesión de don Pepe Figueres programada para el 8 de mayo y me pide que lo atienda en los dos días que estará en Panamá.   Esa coyuntura inesperada permitió que pasara dos días inolvidables con un genio de la política y un creyente en la superación del ser humano.

Carlos Andrés contaba con muy buenos amigos en Panamá donde había estado exiliado (entre ellos Carlos Iván Zúñiga y Diógenes de la Rosa).    Los dos días los aprovechó para interrogarme a fondo sobre Panamá y sobre el general Omar Torrijos,  del cual sabía éramos buenos amigos.    Durante un paseo que dimos por el área del Canal –entonces bajo jurisdicción norteamericana– al regresar a la ciudad y mientras descendíamos por el puente de las Américas, bajo uno de esos chaparrones tan comunes en mayo, me hizo la siguiente reflexión: “Mientras la Zona del Canal exista bajo la jurisdicción norteamericana, Panamá no habrá perfeccionado su independencia”.   Mi comentario fue darle vehementemente la razón y decirle que la única forma de lograrlo era con la ayuda de los países hermanos.

A los pocos meses, en septiembre u octubre de ese año, me llamó mi amigo y me dijo que Carlos Andrés necesitaba verme en persona, urgentemente, y me rogó que tomase el próximo avión a Caracas.    Carlos Andrés me explicó que me quería ver para entregarme una carta para don Pepe Figueres, presidente de Costa Rica, pues se había enterado que se estaban formando guerrillas contra Panamá en suelo costarricense.    Me dijo que por su relación con el presidente Figueres habían involucrado su nombre y él quería que don Pepe recibiera una carta personal suya desmintiéndolo. Además, me recalcó que él no gustaba de los regímenes militares, pero que Omar Torrijos le parecía un militar diferente y que a Panamá no le convenía el regreso de Arnulfo Arias al poder.

En un sobre abierto me entregó la carta dirigida a Figueres y al día siguiente regresé a Panamá y le comuniqué a Omar Torrijos las novedades.   Le resumí la carta que, en lo medular, desligaba a Carlos Andrés de cualquier acción contra Panamá y le recomendaba hacer lo mismo a don Pepe.   Al día siguiente viajé a San José y entregué la carta a don Pepe en un acto que había en el Teatro Nacional.   Al leerla me dijo que al día siguiente me mandaría una carta para Torrijos en la cual le expresaba que no permitiría ningún movimiento contra el Gobierno panameño en suelo costarricense.

Mi amistad con Carlos Andrés se fortaleció con los frecuentes viajes que por ese tiempo hacía a Caracas y me correspondió acompañarlo algunas veces durante su primera campaña a la presidencia. Su triunfo fue histórico, ya que rompió todos los récords de votos, a pesar que había partido prácticamente de cero en las encuestas.     Su lema fue “El hombre que camina” y lo hizo realidad caminado casi toda Venezuela.   Le acompañé el día de la elección en la que resultó triunfante y aproveché para recordarle que había prometido ayudarnos a los panameños a perfeccionar la independencia con la terminación de la presencia norteamericana en la Zona del Canal y en las bases militares.    Me contestó tajante: “Ven mañana a mi primera conferencia como Presidente electo y verás que el tema principal de mi política internacional será la desaparición de la anacrónica Zona del Canal”.

Y sí que cumplió Carlos Andrés.   Hay que ver su total dedicación a la causa de Panamá, de la cual fue, más que un negociador, un apóstol y para ello organizó el grupo de apoyo que contó con Alfonso López Michelsen (Colombia), Daniel Oduber (Costa Rica) y José López Portillo (México). Sus intervenciones están en la magnífica obra Historias de las negociaciones de los Tratados Torrijos-Carter, de Omar Jaén Suárez y en otros relatos sobre las mismas.

Carlos Andrés Pérez fue un gran venezolano y latinoamericanista a quien le tocó culminar la gesta del Libertador con su invaluable ayuda para la erradicación de la Zona del Canal, última colonia que subsistía en América Continental.   Panamá está en deuda con él.

<> Este artículo se publicó el 30 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La última tarea de Carlos Andrés… II parte

La opinión del Politólogo….

 
MARCEL SALAMÍN-CÁRDENAS
msalamin@yahoo.com

La segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez lo enfrenta al formidable reto de derrotar esa cultura, recuperar la competitividad productiva y corregir las muchas inequidades que la bonanza petrolera había puesto en evidencia. Las fuerzas conservadoras que desató —desde la izquierda hasta la derecha— fueron inmensas y definitivamente Carlos Andrés sobreestimó el compromiso democrático de esas fuerzas. Para preservar sus prebendas y negociados, no solo se alzaron los cogollos políticos y los económicos, sino que se amancebaron en una alianza expúrea.

Quienes hoy lloran en el exilio la propiedad de los enormes oligopolios de los medios de comunicación y de la industria transformadora, son los mismos que junto a los políticos resentidos, quebraron la confianza de los venezolanos en la democracia cuando más la necesitaban. Fueron ellos los que alentaron un odio devastador contra la política y las instituciones democráticas.

Carlos Andrés fue enjuiciado sin pruebas, fue separado, destituido y encarcelado en abierta violación de la Constitución vigente. Pero no se arredró. No salió huyendo. No dio un paso atrás para renunciar al mandato constitucional que le entregaba una partida presupuestaria cuyo uso, por razones de seguridad nacional, era secreto y discrecional. La sentencia irrisoria y ridícula que cerró ese juicio, es el mayor monumento a su inocencia.

Panamá le debe mucho a Carlos Andrés. Su contribución a la democratización de nuestro país ha sido invaluable. Forjó con Omar Torrijos una relación y una amistad profunda y sincera, que le permitió sellar el compromiso de levantar todas las restricciones a la actividad partidaria y regresar la República a la plena vida democrática una vez lograda una solución negociada de la causa patriótica panameña.

Todos aquellos que insisten en atribuir a la presión gringa ese paso estratégico, desconocen que fue con Carlos Andrés —ante quien Omar Torrijos no sentía que arriaba ninguna bandera soberana— con quien selló ese compromiso. En los archivos personales de Carlos Andrés reposa la carta que el general Torrijos le envió como respuesta. También reposa allí, la carta extraordinaria que la madrugada del 20 de Diciembre de 1989, le enviara a George Bush protestando indignado por esa herida innecesaria y artera que se le infligía a la más indefensa de las repúblicas americanas.

Intentó por todos los medios a su alcance que Noriega renunciara para ahorrarle a Panamá y a América Latina la vergüenza y la tragedia de la invasión. No le unía a Noriega amistad ni complicidad política y tuvo que soportar desplantes, insultos y vejaciones a mano de los perros cancerberos de Noriega.

Ningún opositor de esos tiempos encontró oídos sordos ni puertas cerradas en Miraflores. El Canal es hoy nuestro, porque estadistas como Carlos Andrés endosaron todo su capital político en la solución negociada y respaldaron al general Torrijos en la hazaña diplomática más refinada de nuestros tiempos. Sin él, sin sus opiniones fuertes y francas, sin su fino olfato político y su sentido del honor y la dignidad, no hubiéramos llegado a donde nos encontramos hoy.

Queda una última tarea: restituirle la democracia a Venezuela. Somos muchos para quienes no importa dónde se entierren o dispersen nuestras cenizas. Pero las de Carlos Andrés Pérez, el bachiller tachirense que se ganó el corazón de todos los demócratas del mundo, esas cenizas solo pueden reposar en su Venezuela querida.

Si su ausencia hoy le hace brillar más que nunca, su viaje de retorno debe ser la fuerza que reúna bajo el viejo pendón, la vieja constitución y el viejo escudo de armas, al bravo pueblo de Venezuela.

Hacia allí hay que llevarlas y cuando así suceda, veremos tambalearse a quien hoy manda pésames cargados de hipocresía y no pudiendo contener su naturaleza torva, aprovecha para vejar a quien ya no puede ripostarle. Tenemos que terminar la faena, Carlos Andrés. ¡Manos a la obra!

 

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<> Este artículo se publicó el 1 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

La última tarea de Carlos Andrés… I parte

La opinión del Politólogo…


MARCEL SALAMÍN-CÁRDENAS
msalamin@yahoo.com

Una vida entera dedicada al desarrollo y fortalecimiento de la democracia, la libertad y la justicia social en Venezuela, en América Latina y en África. No hay lugar de la geografía política que no tocara en su constante peregrinar, con o sin la banda presidencial, para llevar una voz de aliento a aquellos que luchaban; para abogar por ellos ante sus gobiernos, o darles refugio y apoyo cuando se cerraban las puertas.

Su opinión franca y sin dobleces en defensa de la democracia y la libertad lo enfrentó a gobernantes y líderes de izquierda y de derecha, pero ni los reveses menguaron su proverbial terquedad para desbrozar el camino a las fuerzas democráticas ni nunca, como buen taurófilo que era, se rindió o tiró el capote hasta terminar la faena. Desde Rubio, su pueblo natal en los Andes tachirenses, joven imberbe aún, se lanzó a la lucha clandestina contra la dictadura de Juan Vicente Gómez y no paró nunca más. Su huella temprana está en aquel breve eclipse democrático que llevó a la Presidencia de Venezuela a Rómulo Gallegos en 1948; esa impronta se evidencia en el derrocamiento del dictador Marco Pérez Jiménez en 1958 y de manera clara y prominente en la victoria democrática de Rómulo Betancourt que abrió Venezuela a la vida democrática por cuarenta años.

Sumergido en la lucha clandestina, hombro con hombro con Rómulo Betancourt, organizaron y construyeron ese formidable partido popular y social-demócrata que durante más de seis décadas fuera Acción Democrática. En los setenta años de su intensa vida política, Carlos Andrés Pérez fue blanco de persecuciones, atentados, carcelazos, conspiraciones y vivió largos períodos de exilio y nunca, ni siquiera bajo el fuego granado de los golpistas de 1992, cedió a la tentación de echar por la borda su profunda y conmovedora fe en la democracia. En esa ocasión, con el Palacio Presidencial tomado por los golpistas, desembarcó del extranjero y se tomó el Palacio de Miraflores con su pistola en mano y al mando de sus fieles soldados y amigos. Chávez prefirió quedarse escondido cuando se enteró del arrojo y la valentía de su víctima.

Como secretario privado del presidente Betancourt y luego como su ministro del Interior, le tocó enfrentar a los muchos destacamentos guerrilleros del archipiélago ideológico de la izquierda radical venezolana. Los derrotó política y militarmente. Pero no los vejó, ni los humilló. En parte porque el grueso provenía de desprendimientos de Acción Democrática, en parte porque entendía las razones que les llevaron a la montaña, aunque no compartiera los medios.

Y salvo pocas excepciones —naturales en la turbulencia de los enfrentamientos militares contra la insurgencia civil y las intentonas golpistas castrenses que nunca cesaron— los máximos dirigentes de esa aventura militar, incorporados exitosamente a la vida democrática, han reconocido posteriormente que tuvieron en Carlos Andrés un contendor valiente, firme y decidido, pero gallardo, respetuoso del orden jurídico y dispuesto a un diálogo y a un entendimiento que permitió luego finalmente cerrar este capítulo de la historia de Venezuela.

Dos veces fue Carlos Andrés Pérez elegido con abrumadora mayoría a la Presidencia de la República. En la primera, nacionalizó la industria petrolera y la de los minerales básicos, poniéndolas bajo la propiedad y gestión del Estado. La OPEP es una criatura tan suya como lo es el plan de becas Gran Mariscal de Ayacucho, motor del enorme salto de calidad de la educación y la cultura de la Venezuela de nuestros días.

Las consecuencias sociales, políticas y económicas de ese acto, todavía hoy son determinantes para entender la Venezuela contemporánea. El orden social conservador y autoritario de la Venezuela agraria —que había parido tantos dictadores— se derrumbó y abrió el paso a uno nuevo, modernizante, progresista y democrático. Los saltos de calidad se expresaron a lo largo y ancho de toda la actividad de los venezolanos, aunque no pudieron borrar ni superar todas las deformaciones del viejo orden social.

Así como las drogas fuertes, si son mal manejadas, pueden producir adicciones rápidas y crisis sistémicas, el monto sin precedentes de los ingresos petroleros ciertamente que enriqueció a los venezolanos y transformó toda la infraestructura nacional, pero el descuido en su administración y dosificación, derivó en el surgimiento de una poderosa cultura clientelar y de corrupción que lentamente hegemonizó el quehacer privado y público hasta arrastrar la República a la crisis en la cual se debate.

Sigue mañana…

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<> Este artículo se publicó el31 de diciembre de 2010   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

El dictador Chávez

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La opinión del Empresario y Político…

Samuel Lewis Galindo

En los últimos días el que se hace llamar todavía “Presidente” de Venezuela, Hugo Chávez, se quitó al fin la mascara de demócrata.  Se ha aprovechado, como algunos otros, del sistema democrático para burlarse de él y lograr más poder y control político, que le convierten en un dictador.

Chávez desatendió, una vez más, la voluntad popular. A muy escasos días de que terminara el mandato de la dócil Asamblea Nacional, donde tiene un control absoluto sobre ella, pidió poderes extraordinarios para dictar por sí solo las leyes de su país.

Hay que destacar que la oposición logró 62 legisladores que deben comenzar a ejercer sus funciones en la nueva Cámara de Diputados del próximo 5 de enero. Esos legisladores obtuvieron el 52% del total de los votos que se emitieron en esa elección. No pudieron, no obstante, obtener la mayoría de los escaños por disposiciones del Código Electoral venezolano. Sí pueden esos nuevos legisladores venezolanos de oposición impedirle al Presidente muchas de sus decisiones autoritarias.  Había pues que actuar rápido y lograr de la Asamblea que está por finalizar le dieran los poderes que Chávez quería.

No hay la menor duda de que entre los propósitos de los nuevos poderes dados a Chávez está el de lograr el cierre definitivo de GloboVisión, que es uno de los pocos medios de información que se oponen a sus propósitos desmedidos. Los otros medios oposicionistas fueron todos cerrados utilizando para ellos varios argumentos que chocaban, por supuesto, con la Constitución que el dice cumplir sacando a cada rato su “librito rojo”.

El venezolano pasa toda clase de penurias y es muy pobre. El desempleo tiene cifras alarmantes. La inflación es la más alta del continente. La criminalidad es cada día mayor y preocupa mucho al ciudadano ser parte de una sociedad insegura. Es el único país del Hemisferio que no tendría crecimiento económico. No se invierten en el país los dineros necesarios que produce la riqueza petrolera. No obstante varios países con regímenes autocráticos como el de él viven como sanguijuelas de la riqueza ajena. Todo esto lo hace Chávez para lograr que algunas naciones sigan al pie de la letra sus consignas políticas. Parece que Venezuela le quedó chica a sus insaciables ambiciones.

Tenemos que ver con mucho cuidado como actúan las verdaderas democracias del continente en especial la OEA ante la actitud cada día de acrecentar más poder del nuevo dictador latinoamericano.

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<>Artículo publicado el  28  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Vargas Llosa y la libertad de expresión

La opinión del Escritor y Analista Político…

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Rafael Montes Gómez 

“¡Que se vayan! son un enorme estorbo para el desarrollo de sus países”    Vargas Llosa acerca de Castro y Chávez,  en entrevista a CNN.     Mientras el país se debate sobre la libertad de expresión a causa de la condena por el Segundo Tribunal de Justicia a dos periodistas por un caso de calumnia e injuria, el veterano Mario Vargas Llosa gana el premio Nobel de Literatura 2010. 

Vargas Llosa había perdido el gusto de la espera del extraordinario reconocimiento de la Academia Sueca. El fallo del jurado nos tomó de sorpresa a todos los que comprendemos el juego de la intelectualidad con la izquierda.

Es complejo admirar a Vargas Llosa en medio de un mundo de literatos que tienden hacia la izquierda.   Hay que ser realistas en que después de la gran guerra, a los grandes literatos si son o no son, y a la propia intelectualidad, la catalogan de izquierda. No exagero, ni tampoco quiero decir que los de derecha, son brutos.

Don Mario es admirado por su propia fotografía descriptiva de las realidades sociales, plasmadas en un plano crítico político de derecha. No importa si usted ha leído “Pantaleón y las visitadoras” -mi favorita-, “La tía Julia y el escribidor” –han usado el término en peyorativo conmigo y yo muero de risa- o “La Fiesta del Chivo”, aunque realidades distintas es la misma crítica social que va a encontrar.

El Vargas Llosa de Arequipa (Perú) y Cochabamba (Bolivia) que desde muy joven dio sus primeros pasos en el periodismo es algo así tan grande para nosotros, como lo es Eduardo Galeano para la izquierda y sus simpatizantes.

En sus impresiones a distintos medios ha contado de su simpatía en los años mozos con la revolución cubana y su desencanto por el caso del poeta Heberto Padilla y otros prisioneros de conciencia del régimen castrista; verdaderos atentados contra el derecho a disentir y a la libertad de expresión que una masa crítica intelectual con su silencio siempre oculto.

A Castro ya ni le pone atención, pero ha puesto sus cañones en fila contra Chávez.   Lo importante ¿Qué piensa un hombre como Vargas Llosa de la libertad de expresión? “Yo no creo que vaya a cambiar con motivo de este premio, voy a seguir escribiendo sobre las cosas que más me estimulan… voy a seguir defendiendo las ideas que tengo, la defensa de la democracia, la defensa de la libertad, la defensa de la opción liberal, las críticas a toda forma de autoritarismo”.

Concluyo con el diario el País de España que recoge algunas afirmaciones suyas: “El periodismo, tanto el informativo como el de opinión, es el mayor garante de la libertad, la mejor herramienta de la que una sociedad dispone para saber qué es lo que funciona mal, para promover la causa de la justicia y para mejorar la democracia… precisamente porque el periodismo garantiza la libertad, todas las dictaduras, de derechas y de izquierdas, practican la censura y usan el chantaje, la intimidación o el soborno para controlar el flujo de información. Se puede medir la salud democrática de un país evaluando la diversidad de opiniones, la libertad de expresión y el espíritu crítico de sus diversos medios de comunicación”.

 

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<> Este artículo se publicó el 23  de octubre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que al  autor, todo el crédito que les corresponde.
Mas artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/montes-gomez-rafael/