Cambios que no llegan

La opinión de…

EUCLIDES  M.  CORRO  R.
emacor@cwpanama.net

Con la designación del nuevo director de la Caja de Seguro Social, Guillermo Sáez Llorens, hace un año aproximadamente, muchos confiaron en su experiencia y, aunque no es médico, se pensó que el cambio sería favorable para los asegurados.   En la práctica el asunto ha sido lento, más allá de lo que se esperaba, y lógicamente hay desaliento entre los derecho—habientes.

En muchos aspectos lo que hoy se nos brinda dista mucho de lo que hace poco más de treinta años teníamos como beneficios de ser cotizantes de la primera entidad social de nuestro país, a pesar de que hoy día se aporta una cuota obrero patronal mucho más alta.

Para los que desconocen de qué les estoy hablando y para aquellos que ya lo han olvidado, el cuadro básico de medicamentos era quizás cinco veces lo de hoy y probablemente me estoy quedando corto.

Además, estaban las farmacias subrogadas. ¿Qué era esto?, para que se sorprenda, cuando un medicamento incluido en ese cuadro básico era recetado y no había, se le daba una orden de compra al asegurado para que fuera a algunas de las farmacias del país incluidas en el sistema, para que se lo entregaran.

¿Increíble? Pues, así funcionaba la CSS. Por otra parte, no había que esperar mucho para que un especialista nos atendiera.   Claro, hoy la población es mayor y los costos operacionales igualmente han aumentado. En esa misma línea de realidades, los médicos no formaban parte de organizaciones que parecieran estar más dispuestas a pelear por otros asuntos que por elevar la calidad de atención a los asegurados.

No lo digo como critica, sino como una realidad. Hoy hay muchos problemas tanto en la atención ambulatoria como en la privada. Es tal la situación, que ha sido necesario contratar médicos especialistas en el exterior, porque los que hay en Panamá o no quieren ir al interior del país, o simplemente tienen compromisos de trabajos en las clínicas privadas.

Quiero referirme a otros problemas menores, pero que sumados convierten en una verdadera tortura tener que recibir atención por parte del sistema de la Caja de Seguro Social.   Por ejemplo, conocí hace un par de días la situación de una señora de casi 70 años, muy humilde, residente en El Chorrillo, con una pensión realmente exigua, que fue a una cita con una especialista y esta le entregó una receta de un medicamento que no está en el Cuadro Básico y que en las farmacias cuesta cuatro balboas cada pastilla.

No hace mucho una persona muy apreciada falleció en las instalaciones del SS, y la familia aún está petrificada por la forma en que tuvo que pasar sus últimos días la dama en referencia.   Cito parte de una nota que me escribió su esposo, aún aturdido por la pena de perder a su compañera por más de 40 años.

Me dice: ‘Para quienes hemos vivido el calvario de tener un paciente en el Hospital Metropolitano, esto no es nada nuevo. Hemos visto de entre el baúl de las maldades, cómo las enfermeras y auxiliares se peleaban los esparadrapos por citar una nimiedad.   No hay jeringuillas, los ‘pampers’ están cuando hay y cuando eso ocurre, es dramático ver la pelea por los mismos entre los pacientes.

Los pacientes los recluyen en observación privados de la visita de familiares, mientras esperan camas. Allí son dejados casi a la intemperie y muchas veces sin atención médica por días, especialmente los fines de semana.   A los internistas hay que rastrearlos en las noches, porque se pierden sin rumbo fijo.

A estas bondades y más, súmele la indiferencia de las ahora licenciadas en enfermería y la grosera atención e indolencia de un sinnúmero de auxiliares.   Si su familiar cae en muchas de las salas de este hospital, comience a rezar para que salga vivo’.

Por tanto, lamento como el que más, que todas estas situaciones se sigan dando y observar que a la vista, por lo menos en la percepción de los panameños, con la nueva designación en la Dirección General, poco o muy poco se ha observado para encaminar a esta entidad en la dirección correcta .

 

Este artículo se publicó el  12  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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Protagonistas silenciosos o silenciados

La opinión de…

Omar O. Rosas    

El programa de cirugías de reemplazos de cadera y rodilla (colocación de prótesis) en el Hospital Santo Tomás (HST), para pacientes de bajos recursos económicos (objetivo y filosofía del programa), a través del trabajo conjunto entre médicos, enfermeras y fisioterapeutas de Estados Unidos y un equipo similar de profesionales panameños, en su gran mayoría del HST coordinado por el Despacho de la Primera Dama, ha tenido garantizado el éxito en costo y beneficio anatomo–funcional en los pacientes, gracias a un equipo multidisciplinario.

Garantía que dentro del proceso de rehabilitación por el que deben pasar los beneficiados, descansa en un 80% en el profesionalismo y las manos de los fisioterapeutas nacionales, principalmente los del Hospital Santo Tomás (el 5% depende de la cirugía y el otro 5% de la cooperación de los pacientes).

Participación determinante y fundamental de los fisioterapeutas, que se extiende más allá de los cuatro y cinco días que permanecen los profesionales norteamericanos en el hospital. Es un proceso que puede extenderse entre dos y cuatro meses o más, dependiendo de la edad, peso y patologías agregadas (entre otras más) con el ingreso expedito a la unidad de fisioterapia de la consulta externa del HST y asistiendo de dos a tres veces a la semana para tratar la sintomatología, ampliar arcos de movilidad, fortalecer y reeducar la marcha (con el médico pasan una vez al mes para control).

Lamentablemente, la coordinación del equipo médico institucional que participó –interesado más en el show publicitario, donde el egocentrismo y la vanidad afloran– ignora la participación de los fisioterapeutas nacionales, y más de los de su propia institución.

Reclamo y exijo para los fisioterapeutas nacionales y, sobre todo, los del Hospital Santo Tomás, no un espacio en la farándula –pues el principio humanístico y profesional que nos caracteriza habla por sí solo– sino el merecido lugar que les corresponde, porque la rehabilitación es un proceso multidisciplinario y es justo reconocer que la fisioterapia, como ciencia, y los fisioterapeutas, como profesionales, somos parte indispensable en todo proceso rehabilitador.

“Cuando le niegas méritos a otros, solo te indigestas de egolatría”.

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<> Este artículo se publicó el 19  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en:  https://panaletras.wordpress.com/category/rosas-omar/

Formando a nuevos médicos

La opinión de…

Paulino Vigil–De Gracia

En Panamá se forman excelentes doctores en medicina, de hecho por más de medio siglo se están formando médicos. Desde hace más de 40 años se forman especialistas y hace cerca de 20 años se inició la formación de subespecialistas. Esto es motivo de orgullo para todos los profesionales de la salud, los creadores de estos proyectos, la población en general y, en especial, para todos los gobernantes y autoridades de salud que le han dado su aval y correcto seguimiento.

Recientemente observamos en los medios que se entrevista a las autoridades de salud sobre la necesidad de más médicos, especialistas y subespecialistas en el país. Esto genera una interrogante: ¿Está Panamá formando a los especialistas y subespecialistas que necesita?

En respuesta a ello podríamos señalar que:   Existen algunas subespecialidades que aún no se forman en el país (endocrinología, neurología, alergología);   no siempre hay suficientes aspirantes para una subespecialidad (cirugía cardiovascular, cardiología);   hay especialidades y subespecialidades que se han estado formando al ritmo que los necesita el país.

Podríamos usar varios ejemplos para ilustrar la última aseveración, utilicemos el caso de la ginecología y obstetricia.   Recién observamos que se hizo pública la necesidad de siete ginecólogos obstetras para ser nombrados por el Ministerio de Salud, incluso se planteó la posibilidad de contratar a médicos extranjeros y, por otro lado, se ha manifestado la necesidad de abrir más cupos para formar a dichos especialistas.

¿Será correcto abrir más plazas de las que usualmente se estaban abriendo para formar especialistas? En estos momentos hay 59 médicos formándose en ginecología y obstetricia, lo que significa que en un lapso de cuatro años tendremos por lo menos 59 gineco–obstetras disponibles para el campo laboral, sin contar los que vienen graduados del extranjero.

Si en vez de siete decimos que la necesidad es de 10 por año, significa que en cuatro años tendremos más de 20 gineco–obstetras desempleados o haciendo otro trabajo para sobrevivir;    lo peor, de mantenerse el ritmo de formación que se inició este año, el desempleo será progresivo cada año.

El otro aspecto relevante es preguntar si nuestros hospitales formadores tienen la capacidad docente–administrativa necesaria para formar a mayor cantidad de especialistas y, por otro lado, si esos médicos en formación tendrán las mismas oportunidades de aprendizaje, sobre todo, en el aspecto quirúrgico.

Recordemos que en principio un médico en formación es una buena mano de obra y para algunos representa una buena oportunidad para sacar trabajo. Incluso algunos justifican la necesidad de estos puestos,   valorando solo el último criterio, no necesariamente la necesidad en el país.

El problema es no haber formado a los especialistas que se requieren ¿o será que los médicos no quieren asistir al área donde se necesita? Conozco a especialistas en gineco–obstetricia sin nombramiento, que no aceptan dichas plazas de trabajo, porque no llenan sus aspiraciones. Probablemente, mejorando muchas de las condiciones para ellos, se tendrían suficientes profesionales interesados, incluso, algunos podrían solicitar traslados a esas áreas.

En resumen, creemos que el problema que se tiene hoy en algunas especialidades y subespecialidades no se resuelve abriendo más plazas para formarlos, por el contrario, se estaría generando un grave problema, pues esas plazas de trabajo estarán ocupadas en cuatro años, porque no creo se mantengan vacantes por ese tiempo y, de mantenerlas vacantes, sería interesante saber qué harían con los que terminan antes.

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Artículo publicado el 29 de agosto de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

¿Voto o juramento?

Aclaraciones en la opinión del médico…

Daniel R Pichel 

A raíz de mi última columna, recibí muchos mensajes electrónicos y leí los comentarios anotados en prensa.com sobre la escasez de especialistas. Me sorprendió la cantidad de anotaciones que se hicieron en la página del periódico. Mi única incomodidad es que pienso que todo aquel que emite una opinión debe identificarse correctamente para que nadie utilice el “anonimato cibernético” para decir cualquier tontería.

La transparencia en las actividades humanas debe ser prioritaria, en especial en los medios de comunicación. Por eso, mis columnas incluyen mi correo personal para que me pueda escribir todo aquel que lo desee. Comentaré algunos de estos mensajes…

Siempre hay tres o cuatro amargados crónicos de esos que se quejan de todo lo que los rodea, juzgando y opinando sobre cosas que no tienen idea. Me acusaron de practicar “el pensamiento falangista de la España de Franco”, por haber participado en el grupo de garantes de salud que convocara el gobierno anterior con motivo del asesinato con dietilenglicol.    Sospecho que el imbécil que escribió semejante cosa, evidentemente ni me conoce ni tiene la más remota idea de mi forma de pensar.

Algunos me cuestionaron por no aceptar la plaza de trabajo que me ofrecieran en Colón porque seguramente “ya ganaba demasiado en mi clínica privada”.   La razón real es que, en aquel momento, tenía una práctica muy incipiente, principalmente durante la mañana, lo cual, si me trasladaba a Colón, no podría mantener.   Además, mi hijo tenía un año de edad y mi esposa hacía el internado en el interior, por lo cual no iba a alejarme de mi familia por ninguna plaza de trabajo.

Hasta me acusaron de homofóbico por decir que, “si los especialistas que se traigan del extranjero son gente normal y forman una familia en Panamá, ya no regresarán a sus países”. Pues resulta que a mí me parece de lo más normal que si un profesional joven (porque no serán los veteranos quienes vendrán), se traslada a otro país, lo más seguro es que consiga una pareja y forme una familia. No veo la homofobia en el asunto, pero…

También opinaron los médicos y sus familiares, resaltando lo intensivo de la preparación de un profesional de la medicina hasta completar una especialidad (12 ó 13 años de estudios). Algunas ideas interesantes surgieron, aunque la mayoría de ellas no descubren ninguna fórmula que no haya sido aplicada ya en otros países. Incentivar no solo económicamente sino también con capacitación a quienes instalen su práctica en el interior del país me pareció lógico, así como mejorar la remuneración de los médicos que hagan práctica exclusiva a nivel público (esta fórmula fue utilizada con éxito en España).

Otros, confirman que el problema es mucho más complejo de lo que parece. Existe un terrible rencor contra los profesionales de la medicina, trabajen en el Estado o en la medicina privada, por el hecho de que aspiren a mejor remuneración por su trabajo. Algunos comentaron que “el médico debe tener un sueldo digno (sin definirlo, por supuesto) pero no superior al de ninguna otra profesión”.

Francamente, es difícil comprender esto, pues los médicos tenemos los mismos compromisos, metas y aspiraciones que cualquier otro ciudadano, teniendo un trabajo de gran responsabilidad. Olvidan que existen intermediarios entre quien da el servicio y el enfermo, lo que, se quiera o no, altera la dinámica de cualquier relación natural médico-paciente. Si los “pagadores” (sean Minsa, CSS o aseguradoras), establecen una escala de remuneración basada solamente en precios y cantidades de pacientes atendidos, ignorando resultados medibles, no podemos esperar nada muy diferente a lo que tenemos.

Así, es interesante escuchar que el asegurado diga “yo pago seguro y exijo que mi hipertensión la trate un cardiólogo como en Paitilla”… eso suena democrático pero, les guste o no, el sistema no tiene recursos para dar ese servicio. Por eso, es básico establecer un modelo de medicina primaria que permita el tratamiento de los problemas, refiriendo a quienes realmente lo requieran.

Entiendan que, si la presión está controlada, para el paciente no hará ninguna diferencia si la receta la escribe un médico general, un internista o un cardiólogo. Así, los recursos se usarán de manera más sensata y la escasez será menos manifiesta.

Por último, hago una aclaración muy pertinente. Lo que hacemos los médicos cuando nos graduamos es un “juramento” originalmente redactado en épocas hipocráticas y ahora modificado por la OMS en 1948. En ningún momento, que sepamos, hacemos un “voto de pobreza” como los monjes franciscanos.  Por favor, no confundan ambas cosas…

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Artículo publicado el 29 de agosto de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Duplicidad de salarios

La opinión de…

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Marcos A. Mora 

Hace bastante tiempo, estando al frente de la Sección Social de la Dirección de Presupuesto de la Nación, implementé junto con el personal del Ministerio de Salud y la Caja de Seguro Social, un mecanismo para detectar las horas superpuestas de funcionarios médicos de ambas instituciones.

Era un momento en que difícilmente se hubiese podido incorporar al sistema los egresados universitarios de medicina.

El mecanismo funcionó y se detectó una buena cantidad de profesionales médicos que sumaban 12 y más horas entre ambas instituciones.

En ese momento, para absorber a los egresados recomendé que el máximo permitido fuese de ocho horas, que era el período de labor de ambas instituciones de manera simultánea.

Esta medida evitó que funcionarios adeptos al régimen siguieran abusando del fisco y facilitó el nombramiento de médicos salidos de las universidades, lo que no fue bien visto por algunos políticos del momento, pero no me importó.

Hoy no estoy tan seguro de que la duplicidad se haya eliminado en sectores del engranaje gubernamental. Con la reciente disposición de la Corte Suprema, referente a diputados electos, a quienes a su vez se les eligió como representantes de corregimiento, está la duda acerca de que si podrán devengar, al mismo tiempo, ambos salarios.

Hay un caso conocido de un representante que tiene licencia con sueldo en una institución, pero a la vez cobra como representante. Otro caso es el ventilado por el zar anticorrupción, referente a un hermano de la procuradora suspendida, Ana Matilde Gómez. Este caso pareciera, según lo expresado por el canciller, no estar claro, pero lo intrigante de este asunto es lo incisivo del zar y otros funcionarios en lo relacionado con Gómez y, sin embargo, no dicen nada sobre los diputados y el representante.

Me parece un exagerado abuso del poder de los altos funcionarios públicos, muy similares a los agentes de policía que golpean sin misericordia a quien ya está postrado en el suelo.

No tengo por qué defender a Gómez, ni ella me lo ha pedido, pero esto ya raya lo no permisible. La oficina del zar debería hacer un balance de sus labores en la persecución de los delitos de alto perfil y no ventilar a la luz pública casos de montos insignificantes y, por ende, baladíes.

Con base en lo que se ha ventilado a la fecha, lo honorable sería que esta oficina hiciese un balance de las sumas recuperadas versus los gastos generados en su funcionamiento.

Con todo lo que tantos conocidos han robado en este país, si la relación de monto recuperado/funcionamiento, no es superior a 100, deben cerrar esa oficina por inoperante.

Los funcionarios deben verse en el espejo de Gómez, los puestos de ese calibre son para ejercerlos con rectitud, no para favorecer a unos pocos. Ella con razón, solicita se le trate con justicia y en estricto derecho, algo a lo que jamás podrán aspirar tantas personas humildes.

Dejemos que vaya a su juicio con las prerrogativas que la ley le confiere y que no se tape, con artimañas, el acto de corrupción que dio inicio a esta trama.

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Este artículo se publico el 11 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Un país con muy pocos oncólogos

La opinión de…..

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ROBERTO LÓPEZ

Existen menos de 25 especialistas en Panamá, de los cuales 18 están al servicio del Hospital Oncológico.

Por razones diversas no ha habido el relevo de los oncologistas que han estado saliendo. Nosotros creamos la especialidad de Oncología Médica hace tres años en el Instituto Oncológico Nacional y para este años estamos empezando a tener los primeros oncólogos médicos entrenados aquí en Panamá y con un reconocimiento a nivel internacional.

Todavía hacen falta especialistas en las ramas de Cirugía Oncológica y de Radio Oncología que no podemos formar en en el país hasta este momento, pero creemos que muy pronto lo vamos a hacer y esta deficiencia poco a poco se va a ir resolviendo, ya que hace dos años enviamos a Chile a dos médicos que están haciendo Radio Oncología y que el primero de ellos debe estar regresando a Panamá el próximo año.

También, hace tres años enviamos a un médico a México a hacer Cirugía Oncológica y acaba de regresar; y otro oncólogo médico se fue hace poco a Canadá para hacer Cirugía Oncológica y un tercero se está entrenando en los Estados Unidos.

Hay un déficit real que se está resolviendo muy lentamente y por eso hemos tratado de ir a la Escuela de Medicina y a las escuelas secundarias para tratar de hacer conocer este problema para que los futuros médicos especialistas se entusiasme con esta disciplina y la falta que hacen.

Recordemos que el cáncer es la primera causa de muerte en Panamá, de acuerdo a nuestro censo y a las estadísticas, hay una población creciente con cáncer, por lo que necesitamos más especialistas, mucho más de los que tenemos, ya que trabajamos con grandes limitaciones debido a la falta de este recurso humano.

De acuerdo a nuestra población y a las incidencias del cáncer, necesitaríamos como mínimo unos 20 oncólogos médicos y hoy solo habemos 6. Necesitaríamos unos 15 radio oncólogos y actualmente solo contamos con 5. En el área de Cirugía necesitamos entre 10 o 15 especialistas y en realidad solo existen 6.

Son menos de 25 los especialistas en la atención del cáncer en un país con una población que supera los 3 millones de habitantes. Son muchos más los panameños que mueren de cáncer en comparación con las enfermedades cardiovasculares y de accidentes. La mayoría de los pocos oncólogos médicos que existen en Panamá están al servicio del Estado y solo dos optaron por el ejercicio en instituciones privadas.

Con una curva ascendente en el número de casos de cáncer el déficit de especialistas es muy marcado.

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Este artículo se publicó el 4 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

A oídos del director de la CSS

La opinión de…….

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Mauro J. Zúñiga Araúz

Lo conocí el pasado 10 de marzo en el Complejo Hospitalario Metropolitano Arnulfo Arias Madrid.   En su exposición dejó la impresión de ser un ejecutivo con un verdadero deseo de llevar a cabo las transformaciones en los procesos internos de la Caja de Seguro Social (CSS), dentro de la esfera pública–pública, lo que la institución reclama desde hace más de 20 años. Lo felicito.

Permítame, en esa dirección, hacerle algunas observaciones y recomendaciones:

1. Conocemos de los excesos y las falencias de las juntas directivas de la CSS, pero en vez de quitarles funciones, “coja el toro por los cuernos” y haga que los asegurados se sientan representados en la junta directiva, involucrándolos en la planificación estratégica, la fiscalización y evaluación de los procesos.   Sea un garante de la participación activa y continua de los asegurados. Facilite su organización.

2. A los hospitales llega la gente enferma. Son los arcos de una cancha de fútbol hacia donde se patean muchos balones desde diferentes ángulos. Los médicos somos los guardametas.   No podemos reducir el tamaño del arco ni el de la cancha, pero podemos jugar mejor.  Dejar en la cancha un solo balón significaría cambiar el modelo social, económico, político y cultural del país. Yo aspiro a que eso se dé, pero no todos estamos de acuerdo.

Para jugar mejor deberíamos iniciar el proceso de deshospitalización: internar solo a los pacientes que necesiten una atención continua de parte del personal de salud.   Para ello se requiere reorientar los recursos para fortalecer la atención primaria.

Dividir el país en sectores en torno a las unidades ejecutoras (Ulaps, policlínicas). Las personas que viven en cada sector se adscriben a su médico de cabecera.

Cada médico debe tener adscritos un promedio de 2 mil 500 pacientes, que cita de acuerdo a su criterio, pero con los cupos abiertos para una demanda diaria. En cada unidad ejecutora habrá médicos que atiendan a los pacientes no adscritos o a los pacientes de los médicos de cabecera en sus ausencias temporales. Los cuartos de urgencias de las unidades ejecutoras deben estar debidamente equipados, para atender las 24 horas.

En cada unidad ejecutora deben haber, en cada turno, grupos de atención domiciliar (médicos, enfermeras, paramédicos), para que atiendan a los pacientes en sus casas y los asistan como lo indica la evolución de la enfermedad. Esto permite que el paciente se mantenga dentro de su entorno familiar. En caso de hogares desestructurados, la CSS puede disponer de personal idóneo para la atención.

Se deben utilizar al máximo las modernas vías de comunicación: entre los médicos de cabecera y los especialistas; entre los cuartos de urgencias de los hospitales con el grupo de atención domiciliar; entre el hospital y los médicos de cabecera, para que éstos sigan la evolución de sus pacientes y se les informe el día del egreso; entre el grupo de atención domiciliar y el médico de cabecera

Hay que reorientar la educación médica continuada de acuerdo a los perfiles epidemiológicos de la población.

Por otro lado, la automatización de los medicamentos y los análisis de laboratorio y de gabinete, se fortalecerá con el médico de cabecera.

Estos son, en términos muy generales, los conceptos para un nuevo modelo de atención y de gestión eficiente. Es una nueva dinámica para la atención de la enfermedad.

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Artículo publicado el 24 de marzo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.