Reformas al Código Electoral

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La opinión de….

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Alfredo Spiegel Calviño

He leído con agrado en la prensa, que la alianza de los partidos de gobierno propone instaurar la segunda vuelta electoral, si ningún candidato presidencial obtiene el 50% de los votos. En mi opinión, la segunda vuelta permitiría el reagrupamiento de las fuerzas políticas, obligaría a negociar un entendimiento y canalizaría las fuerzas electorales de tal modo que se lograría un gobierno con una sólida base electoral necesaria para ejercer el poder.

Parece que la oposición no es indiferente a la propuesta oficialista de la segunda vuelta. Algunos opinan que la segunda vuelta sólo beneficiaría a los partidos con mayores recursos, y miembros del opositor PRD, que siempre se han opuesto a una segunda vuelta, condicionan que se establezca un porcentaje base menor al 50%. ¡Ojo! Y es que el sentido de una segunda vuelta consiste en que, para llegar al cargo público que corresponda, es necesario obtener más del 50%, o sea, la mitad más uno de los sufragios válidos.  De lo contrario, podría ocurrir como en Nicaragua que Daniel Ortega, con la mayoría votando “contra” él,  ganó con un apoyo minoritario de la población, ya que en Nicaragua se puede ganar la Presidencia de la República con tan sólo el 35% de los votos.   Es una de las varias reformas electorales que se fraguaron en el pacto Ortega-Alemán de 1999. Anteriormente era necesario el 45% para llegar a la Presidencia.

Entre otras propuestas presentadas por los partidos para las reformas al Código Electoral están la de que los gobernadores sean electos por votación popular, además de prohibir la revocatoria de mandato y recortar la veda para la reelección presidencial de 10 a 5 años.

Si nuestro sistema de gobierno fuese  federalista, que es aquel que está compuesto por estados particulares, cuyos poderes regionales gozan de autonomía e incluso soberanía en importantes aspectos de la política interna,   sería ideal la elección por votación popular de los gobernadores; pero con el sistema centralista actual, en mi opinión no tiene sentido esta propuesta.

De la reelección presidencial, veamos por ejemplo que, en Latinoamérica, en cinco países se permite la reelección consecutiva (Argentina, Brasil, República Dominicana, Nicaragua y Venezuela); en otros cinco se permite la reelección después de dejar pasar un periodo (Bolivia, Chile, Colombia, Perú y Uruguay); y en seis está prohibida totalmente (Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Paraguay y El Salvador).  En Costa Rica no había reelección desde 1970 hasta que la Sala Constitucional revocó, el 4 de abril de 2003, una reforma a la Constitución de 1969 que prohibía la reelección presidencial.   Solo en Panamá se permite dejando pasar dos periodos consecutivos. Lo que me parece saludable para nuestra todavía incipiente democracia.

Me imagino que ante la Comisión Nacional de Reformas Electorales, que será instalada el día 14 de enero de 2010, compuesta por representantes de todos los partidos políticos legalmente constituidos, de la sociedad civil y los magistrados del Tribunal Electoral, seguramente se multiplicarán las propuestas. Entre ellas sugiero la prohibición taxativa de utilizar el tricolor nacional y/o símbolos patrios en las banderolas y distintivos de los partidos políticos.

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Publicado el 4  de enero de 2010 en el Diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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