El centro histórico de Colón

La opinión de…

 

Jorge Luis Macías Fonseca

El estudio Centro Histórico de Colón: conócelo y protégelo, es un proyecto de los arquitectos, Almyr Alba, Kurt Dillon y Eduardo Tejeira, iniciado en septiembre de 2010 y patrocinado por la Embajada de Estados Unidos, propiamente por el Ambassador Fund for Cultural Preservation, tal y como informa un comunicado de prensa de esa misma Embajada. Se trata, además de un proyecto, uno de entre 63 en todo el mundo, escogido por el Departamento de Estado de Washington en 2010.

El propósito es loable, toda vez que permite abordar un aspecto de trascendencia en Colón, como lo es su patrimonio arquitectónico, promoviendo su identificación y conocimiento, así como políticas de planeamiento participativo para su recuperación.

Independientemente del proyecto que hoy desarrolla la Embajada de Estados Unidos, desde 1986 en Colón se vienen desarrollando esfuerzos a favor de su patrimonio histórico. Con el Archivo Regional de Colón (1986-1988), con la Organización Patrimonio Histórico de Colón (Pahico, 1994), con el Museo de Colón, con el Acuerdo Municipal de 1996 que declara la “Ciudad de Colón, sitio de Interés Histórico”, promovido por Pahico, y con el Colegio de Historiadores de Colón, en formación. Entre algunos de los objetivos de estas organizaciones ha estado el referido al patrimonio arquitectónico que, dicho sea de paso, es parte del conjunto de bienes históricos tan importantes como los documentales, culturales, ecológicos, etc.

No obstante, por la ausencia de una visión y de una política gubernamental a nivel local de parte del Municipio, la Gobernación, el Ipat, el Inac, el Meduca y las universidades, no se ha podido formular ni emprender un programa en la dirección de una historia regional que atienda el asunto relativo al patrimonio histórico. Preocupa sobremanera el planteamiento hecho por la arquitecta Almyr Alba, durante el Primer Taller Participativo, realizado en la Iglesia San José de Colón el 27 de enero del año en curso, en los términos de que desde 2009 se había detectado que el Patrimonio Arquitectónico de Colón estaba en riesgo. Esto no es nuevo, pero interesa conocer el desconocimiento por parte de las instituciones que tienen que ver con estos asuntos, pues señalan en el documento de prensa arriba aludido que una de las acciones en el taller era “informar a la comunidad y a las autoridades”.

El estudio, llevado a cabo por el conjunto de arquitectos, sorprende, pues en su fase diagnóstica, efectuada en octubre–diciembre de 2010, no se incorporó a los sectores verdaderamente involucrados, como son las universidades, el Municipio, la Gobernación, el Meduca, el Inac, el Ipat, ni a las organizaciones que desde hace tiempo realizan esfuerzos por el patrimonio histórico. Igualmente, preocupa que la convocatoria a los colonenses para atender lo que es esencialmente nuestro, se haga desde afuera, lo que indudablemente obliga a reflexionar sobre nuestra realidad y sobre nuestro futuro.

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Este artículo se publicó el 9 de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El Centro Histórico de Colón

La opinión del Docente Universitario…

Jorge Luis Macías Fonseca 

El estudio, “Centro Histórico de Colón: conócelo y protégelo”, es un proyecto de los arquitectos, Almyr Alba, Kurt Dillon y Eduardo Tejeira, iniciado en septiembre de 2010 y patrocinado por la embajada de los Estados Unidos, propiamente por el “Ambassador Fund for Cultural Preservation”, tal y como informa un comunicado de prensa, de esa misma embajada.    Se trata, además de un proyecto, entre uno de 63 en todo el mundo escogido por el Departamento de Estado de Washington en 2010.

El propósito es loable, toda vez que permite abordar un aspecto de trascendencia en Colón, como lo es su patrimonio arquitectónico, promoviendo, su identificación y conocimiento, así como políticas de planeamiento participativo para la recuperación del centro histórico de Colón.

Es conveniente señalar que independientemente del proyecto que hoy desarrolla la Embajada de los EE.UU. desde 1986, en Colón se vienen desarrollando esfuerzos a favor de su patrimonio histórico. Con el Archivo Regional de Colón (1986-1988), con la Organización Patrimonio Histórico de Colón (PAHICO)(1994),  con el Museo de Colón, con el Acuerdo Municipal de 1996 que declara la “Ciudad de Colón, sitio de Interés Histórico” promovido por PAHICO, y con el Colegio de Historiadores de Colón (COHICO), en formación.   Entre, uno de los objetivos de estas organizaciones, ha estado el referido al Patrimonio Arquitectónico, que dicho sea de paso, es parte del conjunto de bienes históricos, tan importantes como los documentales, culturales, ecológicos, etc.

No obstante, por la ausencia de una visión y de una política gubernamental a nivel local, ni los municipios, gobernación, IPAT, INAC, MEDUCA, ni las universidades, han podido formular ni emprender un programa en la dirección de una historia regional, que atienda el asunto relativo al Patrimonio Histórico. Preocupa sobremanera el planteamiento de la arquitecta, Almyr Alba, hecho en el ”Primer Taller Participativo”, realizado en la Iglesia San José de Colón el 27 de enero del año en curso, en los términos de que desde el año 2009, se había detectado que el Patrimonio Arquitectónico de Colón, estaba en riesgo.   Esto no es nuevo, pero interesa conocer respecto del desconocimiento de esto por parte de las instituciones que tienen que ver con estos asuntos, pues señalan en el documento de prensa arriba aludido, que una de sus acciones en el Taller, era: “Informar a la comunidad y a las autoridades..”

El estudio llevado a cabo por el conjunto de arquitectos sorprende, pues la fase diagnóstica del mismo efectuada en octubre-diciembre de 2010, no incorporó a los sectores verdaderamente involucrados, como son: Universidad, Municipio, Gobernación, MEDUCA, INAC, IPAT, y a las organizaciones que desde hace tiempo han realizado todo un esfuerzo por el patrimonio histórico.     Igualmente preocupa que la convocatoria a los colonenses para atender lo que es esencialmente nuestro, se haga desde afuera, lo que indudablemente obliga a reflexionar sobre nuestra realidad y sobre nuestro futuro.

<>Artículo publicado el  2 de febrero  de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Un lamento por el pasado

La opinión de…

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Pedro Luis Prados S.

Con estupor, pero más que todo con gran tristeza, presencié por los medios el pasado 30 de octubre la visita al país de un equipo de evaluación del Comité de Patrimonio Mundial de la Unesco, para determinar la permanencia de los conjuntos monumentales del país en la lista de dicho organismo.

Tristeza sobre todo porque ese día se conmemoraría el septuagésimo octavo aniversario del natalicio de esa extraordinaria panameña que fue la Dra. Reyna Torres de Araúz, forjadora del gigantesco proyecto de rescatar, clasificar y ordenar jurídicamente el Patrimonio Nacional de Panamá.

El Patrimonio histórico–cultural de un país lo constituyen todos aquellos bienes muebles o inmuebles que son parte del pasado de los pueblos que forman la nación y que son elementos de identificación y cohesión colectiva.

Dentro de los mismos debemos reconocer los grandes conjuntos ceremoniales y arquitectónicos, o aquellas viviendas solitarias testimonio de un acontecimiento memorable; los bienes arqueológicos, artísticos, literarios, folclóricos, culinarios y la indumentaria de cada etnia; las costumbres, tradiciones, mitos, relatos y leyendas transmitidas de una generación a otra.   El patrimonio cultural es, en definitiva, todo lo que una sociedad ha hecho desde sus orígenes para hacer sentir su presencia en el mundo, pero, sobre todo, para reconocerse a sí misma. Cuando una nación pierde esa irremplazable herencia, pierde su rostro; deja de ser un país para convertirse en un negocio.

La energía de la Dra. Reyna Torres de Araúz la llevó a la creación de 14 museos en la geografía del país, entre ellos el Museo Antropológico que hoy lleva su nombre –lamentablemente reducido a una vitrina de artefactos arqueológicos sin ninguna lectura museográfica–, la mayoría de ellos en pésimas condiciones o clausurados por inseguros.

Desde la vicepresidencia del Comité de Patrimonio Mundial impulsó la declaratoria de los Conjuntos Monumentales de San Lorenzo de Chagres, Portobelo, Panamá la Vieja y el Parque Nacional del Darién como Patrimonio de la Humanidad; promovió la creación del Museo del Canal con apoyo de ese organismo, y obtuvo el financiamiento y apoyo técnico para el rescate de las riquezas arqueológicas y sacramentales del país.   Sustentó, en susúltimos días de vida, ante la Asamblea Nacional la Ley para la Administración y Protección del Patrimonio Histórico, hoy violada con toda impunidad por propios y extraños.

Investigadora incansable hurgó los orígenes, costumbres y creencias de los grupos indígenas del país compilados en una monumental obra. Con igual vehemencia negociaba con un cacique ngäbe o kuna, en sus lenguas nativas, un proyecto arqueológico; o bien sustentaba en la Unesco una ponencia en varios idiomas. Un empeño de vida soterrado por la ignorancia, el oportunismo y la negligencia en el cual se repite una vez más esa actitud tan panameña de medir todo con la marea política.

La temprana desaparición física de la gestora de estos grandes proyectos precipitó la custodia del patrimonio histórico en el vértigo de la política partidista y con ello desapareció el criterio técnico de su administración. Al igual que su obra, su figura fue sumida en el olvido y el pasado del país en un lamento de cosa perdida.

Por eso, miro con escepticismo el revuelo mediático sobre características y manejo de los símbolos patrios, no porque carezcan de importancia, sino porque empeñados en la pantalla sólo vemos las imágenes que los medios nos venden y olvidamos los empeños, desdichas y frustraciones de quienes hicieron posible su creación.

Nadie recuerda a don Manuel Encarnación Amador, creador de la bandera nacional, destituido por el presidente Arnulfo Arias como cónsul en un país europeo en el ocaso de su vida; sin pensión se ve obligado a impartir clases de dibujo en un zaguán de la Escuela Nacional de Pintura, deambulando en las tardes en los cafés de la Plaza Cinco de Mayo, con el desgastado traje de lana, los viejos zapatos que apenas podía amarrarse por la hinchazón de la gota, esperando que un amigo lo invitara a un café.

La figura de don Nicanor Villalaz, creador del escudo, obligado a trasladarse con su arte a Centroamérica, en donde realiza la mayor parte de su obra y en donde muere a temprana edad, por la carencia de espacio para la actividad creadora.   O el triste drama de don Santos Jorge, destituido como director de la Banda Republicana, puesto concedido por el presidente José Domingo de Obaldía como agradecimiento del país, y remitido con una beca a tomar clases de armonía en el Conservatorio Nacional por imposición de Narciso Garay Díaz, un muy culto, pero arrogante Secretario de Instrucción Pública.

Por eso siempre pensamos que era cuestión de tiempo. Borrada la pasión por el patrimonio nacional, olvidaremos igualmente a sus gestores. Sencillamente, está en nuestra naturaleza.

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<> Este artículo se publicó el 6  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/prados-s-pedro-luis/

Palos de ciego

No es secreto que el patrimonio cultural a este gobierno le trae bastante al fresco y que otro museo no es la solución.   La opinión de…

MÓNICA MIGUEL
monicamiguelfranco@hotmail.com

Como le gusta repetir a alguien muy cercano a mí, ‘la ignorancia es atrevida’. Y este país, sobre todo en temas de patrimonio, se atreve a casi todo. En varias ocasiones he aullado acerca de diversas bestialidades que se han hecho contra el patrimonio histórico y cultural de todos los panameños. Cuando este gobierno asumió el poder me dije que había que darle el beneficio de la duda, que esperáramos a ver qué iban a hacer en ese tema, lamentablemente a estas alturas ya me he dado cuenta de que no sólo no han hecho nada, sino que no tienen intención de hacerlo. Continúan poniendo parches, lo cual, en temas patrimoniales, es más de lo mismo.

Dependiendo de los intereses personales de cada director general de turno así sopla el viento en el INAC. En el resto de las áreas se siguen dando palos de ciego y se sigue nombrando a todo aquel a quien se le deba un favor y no se sepa donde ponerlo.

Durante meses no se lee nada nuevo en cultura oficialista y de pronto veo en la prensa un artículo que me hizo dar un respingo,   ¿se van a gastar diez millones de dólares en un museo de la pollera?   ¿En serio?    Tuve que mirar el calendario para convencerme de que no era el día de los inocentes. Me aclaran que es una iniciativa con fondos privados imaginada por alguna mente calenturienta… Pero no puedo dejar de pensar que hay tantas necesidades urgentes en los museos estatales que ya existen, en los que llevan años abandonados, en los que están tratando de sobrevivir con uñas y dientes, que parece una broma de mal gusto el que alguien diga que van a hacer uno más. Las piezas agonizan por falta de cuidados preventivos, faltan planes reales y acciones meditadas, y eso en los que ya están abiertos al público.

Como ejemplo pongamos el Museo Antropológico Reina Torres de Araúz. Porque ese pobre miserable lleva años agonizando. Sus piezas fueron trasladadas de mala manera a un galpón que no fue construido para ser un museo arqueológico; algunas de ellas fueron mal montadas para una exhibición inaugural ordenada por la anterior mandamás y luego retiradas para montar otro bodrio al que se atrevieron a llamar exhibición y almacenadas en condiciones nada apropiadas que, en muchos casos, han implicado un daño permanente a piezas que, por su antigüedad, son sumamente delicadas.

Este gobierno está abogando por el turismo, y en nombre del mismo algunos están pensando ahora montar un museo de la pollera e invertir en él diez millones de dólares esperando que sea un foco de desarrollo. Y no dudo que sea una buena idea, lo que digo es que, si con los museos que el país ya tiene abiertos no saben qué hacer, si el personal no es adecuado, si se está contratando a gente que no tiene idea de museos, de patrimonio, ni de cultura, si estamos poniendo parches en un sitio y en otro. Si todos sabemos que en realidad el patrimonio cultural a este gobierno le trae bastante al fresco (porque no hay responsables de lo del Hotel Central ¿verdad? ¿y de lo del P.H. Independencia?), nos queda la duda de a quién beneficiará esta brillante idea surgida de las mentes preclaras cercanas al gobierno.

¡Arreglen lo que tienen! ¡Mantengan lo existente! Y cuando lo que hay tenga buena salud y haya salido de cuidados intensivos, piensen entonces en otras metas. Pero claro, me imagino que es más vistoso cortar la cinta de algo que se les haya ocurrido a ustedes solitos para sentirse inteligentes, y luego no importa que inicie también el largo camino de olvido hacia su futuro cierre.

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<> Este artículo se publicó el 24 de octubre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la autora,   todo el crédito que les corresponde.
Más artículos de la autora  en: https://panaletras.wordpress.com/category/miguel-franco-monica/

¿Futurismo o patrimonio histórico?

La opinión de…

 

Ana Elena Porras

El desarrollo inmobiliario y urbano de la ciudad de Panamá acecha, con su vorágine de rascacielos, al patrimonio histórico y cultural urbano de los panameños.

En este escenario urbanístico subyace un importante dilema que recuerda a Hamlet: ¿ser o no ser? ¿tradición o modernización? ¿patrimonio histórico o futurismo? La preferencia de nuestras autoridades y empresas inmobiliarias, evidentemente, favorece a una modernización a ultranza, con una proyección futurista de alta densidad y grandes torres.

Pero ¿es, acaso, necesaria la oposición entre modernización y desarrollo contra la preservación de nuestro patrimonio histórico?

El presente artículo adopta el paradigma ecológico del desarrollo sostenible respecto al medioambiente, extrapolado al escenario del desarrollo urbano y el patrimonio histórico. En efecto, el paradigma de la sostenibilidad indica que modernización e historia no son inherentemente excluyentes entre sí. Y que la destrucción de nuestro patrimonio histórico y cultural no es intrínsecamente necesaria para el desarrollo y modernización de nuestra ciudad.

Indica además el paradigma de la sostenibilidad, en el marco del desarrollo respecto a la historia en este caso (de igual manera que del desarrollo con el medioambiente), que la preservación de monumentos y edificios iconográficos construyen la memoria colectiva de nuestra historia y fortalecen la identidad nacional.

Los edificios, como las casas, las calles, los parques y las plazas, son como los documentos escritos o los testimonios orales, en el sentido de que ellos también son históricos. Ellos nos cuentan, con su presencia yestilos, historias sobre nuestros antepasados. Constituyen evidencias del recorrido histórico de los panameños. Como los álbumes de fotografías familiares, sólo que, en este caso, los edificios ofrecen imágenes del pasado de la familia panameña en su conjunto.

En este marco conceptual, la torre financiera propuesta por el actual gobierno responde a un proyecto futurista de Panamá, concebida como una torre iconográfica del futuro económico de Panamá como país del primer mundo. Lamentablemente, tan interesante propuesta choca con la preservación del edificio de la antigua embajada norteamericana y del entorno urbano del hermoso edificio del Hospital Santo Tomás. ¿Por qué no buscarle a la nueva torre un espacio urbano más coherente para su estilo, concepto y función?

El Hospital Santo Tomás, conjuntamente con el Barrio de la Exposición, fue construido durante la tercera administración presidencial de Belisario Porras. Estos edificios fueron construidos como un acto de reafirmación del Estado–nación emergente de la República de Panamá, frente a los desafíos políticos y simbólicos de la construcción de la Zona del Canal, que amenazaban la propia existencia de nuestro Estado. En consecuencia, el edificio del Hospital Santo Tomás representa la dignidad y voluntad de autodeterminación del Estado panameño, durante los años de 1920, como también simboliza su política interna como Estado de bienestar social. Por su parte, la Embajada de Estados Unidos, como monumento histórico y símbolo, cuenta historias de neocolonialismo, prepotencia e intervención de ese país en la República de Panamá.

Estos edificios–símbolos, con sus historias, deben conservarse en la cinta costera convertidos en importantes centros culturales: la Embajada de Estados Unidos podría convertirse en el Museo de Arte Contemporáneo, mientras que el edificio original del Hospital Santo Tomás ofrecería el lugar perfecto para el Museo Antropológico de Panamá, con sus respectivas exhibiciones, bibliotecas, cines de arte y cultura, cafeterías, restaurantes, miradores, dignos de la modernización de Panamá ¡una modernización sostenible y no destructiva de su historia! De esta manera, contribuirían ambos edificios a definir y planificar la cinta costera como un espacio urbano amigable, coherente con el deporte, la recreación, la historia y la cultura; el descanso, la reflexión y los encuentros de los habitantes y visitantes de la ciudad.

<> Artículo publicado el 12  de octubre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,    lo mismo que a la autora,   todo el crédito que les corresponde.

De jardines moribundos y otras hierbas

La opinión de la Médico Cirujano…


Amarilys Taylor Schwander

Si queremos pensar en un jardín en donde calles y veredas bordeadas de hermosos árboles de sombra acogedora y grata nos reserven el frescor de sus verdes frondas, no podemos mostrar a los visitantes de otros países el otrora centro de la ciudad y ahora pálido reflejo de lo que fue, nuestro Casco Antiguo.
Desde hace algunos meses este lugar que todos los panameños deberíamos poder enseñar a amigos extranjeros como a visitantes del interior con orgullo, además de sufrir de un lastimoso abandono, pese a los esfuerzos vanos y agotadores de una oficina del Casco Antiguo que no puede más, esta hermosa herencia del pasado, no solamente está mal cuidada sino que ahora está amenazada por la incuria y la falta de cultura de todos los gobiernos de paso.

Un informe de la Unesco ha pedido a las autoridades detener el avance de la Cinta Coimera (recuerden que costó 189 millones, que no es un lugar de esparcimiento sino un cruce de autopistas).   Lugar peligroso tanto para la seguridad como para la salud de los intrépidos que se aventuran en ella y que ya sea caminando o corriendo respiran los gases tóxicos que arrojan un sinnúmero de autos en perenne “tranque”.

Nuestro país ha sido tema en la última reunión en Brasil de esta entidad internacional que estuvo a punto de declarar la vieja ciudad “patrimonio en peligro”.   ¿En peligro de qué ? En peligro de ser sencilla y puramente desfigurada por una Cinta Coimera prolongada pues se ha hablado ya en el 2009 de “una tercera fase que continuará la precitada obra hasta Amador “. La tan cacareada Costanera que iría ¡hasta Pedasí!

¿Porqué nada me extraña ni me asombra de esta fechoría que se quiere cometer?    Este gobierno como todos los que le han precedido, tiene una agenda mercantil en la cual no hay cabida para preocupaciones históricas, no se cuida lo poco que queda, se trata de “hacer” cosas sin importar el impacto ambiental, ni la propaganda engañosa que se le hace a los extranjeros que admiran los mismos huecos de las calles que año tras año se vuelven más grandes; el arco chato que se desplomó después de cientos de años de haber resistido, una miseria a penas disimulada, gentes desarrapadas que viven en casas peligrosas a punto de desplomarse.

Los que vienen, vieron, se horrorizaron y no volverán. Necesitamos a alguien que verdaderamente tome la responsabilidad de obligar a los propietarios de las viviendas de este ” Conjunto Monumental” dándoles un plazo razonable, a reconstruir sus propiedades.

Es urgente que el gobierno se comprometa a no hacer una extensión de esta obra “costera” que ya desfigura toda la ciudad, que se hagan intervenciones arquitecturales cónsonas con la arquitectura existente, en fin que sin intervenciones politiqueras, se resucite la vieja ciudad. ¿Será esto posible o vamos a caer nuevamente en los “panameñismos” de decidir de no decidir, de confiar las cosas a “amiganchos” y en fin de cuentas, dejar el desastre tal cual está?

Lástima para el Casco Antiguo, lástima para nosotros que nos quedaremos sin historia, sin pasado, con unas construcciones espúreas que sólo satisfacen a sus desalmados y avariciosos dueños.

<>Artículo publicado el 8  de septiembre de 2010 en el diario  El Panamá América a quien damos, lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

Aniquilamiento histórico

La opinión de…

Luis A. Puleio

En 1992, mediante la ley 30 del 30 de diciembre, se creó el parque Camino de Cruces.    El campo de antenas de Clayton (Chivo, Chivo) era parte de su territorio. Por motivos que desconocemos, el campo de antenas fue permutado por los bosques de Clayton, es decir herbazales (paja canalera) por las selvas próximas a la comunidad.   En el ínterin, no se entregaron los bosques de Clayton y se perdió el campo de antenas.

El actual gobierno, al amparo de la muy cuestionada ley 30, ha repartido el campo de antenas para el establecimiento de proyectos hospitalarios, incluidos el mercado de abastos de la ciudad, la Policía Nacional y hasta una línea del Metro Bus.

Señor presidente Ricardo Martinelli: los conservacionistas e historiadores sólo pedimos que se conserve el eje del camino de cruces que corre intacto por más de cuatro siglos a lo largo del campo de antenas de Clayton.   La idea es la de eslabonarlo con el resto del empedrado que se encuentra protegido por los parques Camino de Cruces y Soberanía contiguos al campo de antenas. Igualmente pedimos, el que se aplique la beneficiosa fórmula de desarrollo con conservación.   Ello nos lo ejemplifica la Universidad Tecnológica de Panamá, con el rescate del Aljibe, pozo colonial español, perteneciente a un rico hacendado de apellido Cárdenas, así como el hallazgo de indicios precolombinos.

Recomendamos al director de la Caja del Seguro Social  y a los arquitectos e ingenieros que construirán el complejo hospitalario en las 30 hectáreas del globo B incorporar en el plano de construcción el histórico camino y la erección de un pedestal con una placa alusiva en el lugar donde existió el poblado de Guayabal, entorno donde el gobernador Pérez  de Guzmán organizó la primera defensa de la ciudad de Panamá, en contra de las huestes del pirata Morgan.

Señor Presidente: avancemos hacia el futuro conservando el ambiente y la historia, logrando en el campo de antenas el más genuino ejemplo de cultura, de armonía con la naturaleza y de fraternidad con las miles de personas que en el paso del tiempo recorrerán y admirarán nuestro pasado y nuestro presente.

Emerson dijo que los que construyen sobre ideas, construyen para la eternidad.  Nosotros podemos colegir que los que reafirman la historia, consolidan el porvenir.

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Este artículo se publicó el 15 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.