Portobelo, patrimonio en riesgo

La opinión de…

 

Orlando Acosta

El inusual evento climatológico al que estuvimos expuestos en días pasados dejó una serie de efectos sobre el territorio y la sociedad panameña. La interrupción del suministro de agua a más de la mitad de la población del país ha sido de los más comentados, sin demeritar la pérdida de vidas humanas.

Las inundaciones provocadas por las principales cuencas hidrográficas del país demostraron la condición de vulnerabilidad y riesgo a que se exponen las poblaciones asentadas en las riberas de los ríos más importantes, aguas abajo de las principales presas para el control hidrológico de los ríos Bayano y Chagres.

Las pérdidas materiales fueron cuantiosas y el impacto sobre el territorio aún se está por estimar, sin embargo, quedan otros temas que considero deben ser puestos sobre el tapete para su reflexión y discusión. Es así que se hace necesaria una pausa para evaluar las causas que provocaron muertes y metros de sedimento que se asientan hoy sobre el pueblo de Portobelo y las fortificaciones del sitio de patrimonio mundial.

Cinco vidas humanas cobró el alud que, además, cubrió con cientos de metros cúbicos de lodo y roca el Fuerte de Santiago de La Gloria.   El poblado y sitio de patrimonio mundial ha sido impactado por efectos de un evento intenso, acentuado por el cambio en las condiciones del clima global.

Lo anterior se agrava ante la ausencia de visión planificadora, frente al cambio climático y conservación patrimonial. Estamos hablando de acciones y estudios que tomen en cuenta el manejo de los riesgos y amenazas que traen el cambio climático, los desastres naturales y cómo se articulan a las políticas de conservación patrimonial. Ante la ausencia de planes de manejo y conservación para el conjunto monumental de Portobelo que consideren estas amenazas se está poniendo en riesgo la población y la continuidad del sitio patrimonial.

El ordenamiento del poblado de Portobelo, la evaluación de la condición de las estructuras y del entorno natural que forman parte del conjunto monumental y la formulación de planes ante las condiciones del cambio climático son tareas prioritarias. Urge articular planes de contingencia para la atención de la población y conservación de los fuertes.

Creo que aún no se ha estimado el alcance de los daños sobre el sitio de Portobelo, como tampoco se ha podido articular un operativo para la limpieza. El efecto de una acción que no esté enmarcada bajo criterios técnicos puede dar el golpe mortal a las ya deterioradas estructuras del conjunto monumental. La acción del hombre puede ser, en este momento, más nociva que el agua, el lodo o el tiempo.

¿Quién lidera este proceso hoy en Portobelo? ¿Cuáles recursos se encuentran disponibles para atender a la población? ¿Quién está evaluando el alcance de los daños sobre el recurso cultural? ¿Cómo se está enfrentando la crisis? ¿Se ha informado ya a la Unesco de lo ocurrido, tal y como establecen los procedimientos de gestión de sitios inscritos en la lista de Patrimonio Mundial? No tengo respuestas.

Los recursos culturales y la pérdida de vidas humanas comparten una misma característica: son elementos no renovables, es decir, que no es posible su reemplazo en el evento de su muerte o desaparición. Aquí lo medular del asunto: si las personas y las fortificaciones de Portobelo son destruidas por la naturaleza o por la no acción del hombre, estas nunca podrán ser reemplazas.

Las amenazas climáticas sobre el poblado y el conjunto monumental son reales. Ante la situación de hoy, es urgente articular una acción de emergencia para la protección de las personas y el rescate y la conservación del conjunto monumental de Portobelo.

Lo ocurrido en Portobelo es una sirena de alarma para atender, desde la perspectiva de adaptación al cambio climático, la continuidad de otros sitios patrimoniales como lo es el Fuerte San Lorenzo.

Desde hace tiempo hacemos un llamado de atención para que el Estado, desde su responsabilidad en la conservación patrimonial, articule una acción científica, técnica y social para integrar la participación de actores públicos, privados y agentes económicos que garanticen a los panameños y al mundo entero la continuidad de los valores culturales en tierras panameñas.

Estamos ante una posición de espera, como simples espectadores del cambio en los ciclos de la naturaleza. Estamos esperando más pérdidas de vidas humanas y la destrucción de un legado que tiene siglos de estar en pie sobre suelo panameño, pero no hacemos nada.

*

<> Este artículo se publicó el 19 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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