Arquitectos: ‘una denuncia que espero acojan’

La opinión del Miembro Emérito e Insigne de la SPIA.  Miembro de la CAPAC (Ingenieros Asesores). Inspector Ad Honorem de la Junta Técnica de Ingeniería y Arquitectura…

Ing. Humberto E. Reynolds de Unamuno – –

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Nicolás Real Osorio

Mi estimado Nicky:

Al regresar del exterior y enterarme de que estás en la Junta Técnica, consideré prudente notificarte que la Junta Técnica de Ingeniería y Arquitectura tiene que actuar para mitigar la ‘mala práctica’ que se está usando en la mayoría de las obras civiles.

Si se mantienen callados serán cómplices por omisión y tú conoces, Nicky, la cantidad de cosas que se están haciendo mal, pues, fuiste coordinador de la Comisión Vial, donde denuncié esta mala práctica.

Espero que actúen en la Junta Técnica, teniendo como base nuestras disposiciones, pues, toda empresa que se dedique a edificar obras civiles tiene que tener registrados profesionales panameños que son responsables de lo que realiza la empresa, especialmente si existe la mala práctica que tú bien conoces.

Si la Junta Técnica no le pone atención a este llamado, se convertirán en cómplices de las anomalías que se denuncian diaria mente en los medios y existen en los informes nuestros.

Espero atiendas esta respetuosa notificación, pues el Ministerio Público está avanzando con mi denuncia del 2009 y me pidieron ampliar la denuncia que interpuse en aquella época.

Estoy seguro de que Julio Rovi no apadrinará estas anomalías, pues le conozco desde nuestros años mozos cuando estábamos en La Salle y estoy al mismo tiempo comunicándome con él. El propósito, Nicky, es depurar nuestro ejercicio de la profesión…

Respetuosamente,

Ing. Humberto E. Reynolds de Unamuno*

CC.: Administración S.P.I.A.; Colegio de Ingenieros Civiles.

Este artículo se publicó el  9  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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La sutil diferencia entre arquitectura y repostería

La opinión de…

Orlando Acosta

Degradación simple y pura es lo primero que viene a mi mente, parafraseando al arquitecto francés Jean Nouvel, cuando leo la noticia en primera plana sobre el inicio de las obras del nuevo edificio del hemiciclo legislativo.

En Panamá la práctica de la arquitectura y urbanismo sucede de manera diferente que en otros lugares del mundo. Lo panameño es resultado de la ausencia de una reflexión sobre la relación entre espacio y sociedad, de la historia y de la funcionalidad. Para estar de acuerdo con Renzo Piano, es lo que la hace más próxima a la repostería que a la construcción de ciudades.

La propuesta y el aporte de los arquitectos y del Estado como promotor y regulador del espacio urbano tienen notables ejemplos en las grandes metrópolis del mundo, pero no así en Panamá.    Edificios como el Beauborg o Centro George Pompidou en el centro histórico de París, el estadio de fútbol Nicola de Bari en Italia, la galería Menill en Texas, o las intervenciones en el Potsdamer Platz de Berlín (centro de la ciudad post la caída del muro), o la escuela Anna Frank y la Ópera de Lyon son resultado de un arduo y profundo ejercicio reflexivo en el que los volúmenes, texturas, lenguaje, significado, uso y entorno determinan el resultado final como aporte perpetuo al espacio urbano por genios como Piano y Nouvel.

Allí la diferencia entre las ciudades del primer mundo y el caos urbano de las nuestras; entre albañiles y arquitectos, entre mediocres y maestros.

La mayoría de estas obras urbanas y arquitectónicas citadas acá son insertas en el contexto de una sociedad moderna y democrática, y son resultado de la ejecutoria de notables arquitectos, cuyas obras fueron reconocidas y desarrolladas mediante concursos promovidos desde el escenario del Estado, como responsable de articular la construcción de una ciudad eterna, universal y sobre todo funcional sobre la base de una discusión amplia, transparente y democrática.

En Panamá, el predio del Palacio Legislativo es el caso único y excepcional en la historia de la ciudad de Panamá que es resultado de esta metodología de trabajo. A finales de la década del 50, post asesinato del presidente Remón Cantera, el Estado panameño convocó a un concurso internacional para producir lo que fue en su momento uno de los espacios de la arquitectura modernista más notables en América Latina.

El edificio y el conjunto escultórico, reseñado en los anales de la historia de arquitectura en América, fue resultado de un concurso internacional. Hoy lo premiado y reconocido es desfigurado y transformado de “a dedo” sin ningún criterio objetivo que simplemente la necesidad de ampliar cubículos y recintos para albergar al exponente más contradictorio, absurdo y corrupto de la élite política panameña. La degradación de lo urbano es al menos consecuente con el proceso de descomposición de lo político. No hay más que decir.

Las iniciativas del Estado, impulsadas por el gobierno de turno en Panamá expresadas en el producto de una ciudad gubernamental, la insistencia en una torre fálica de oficinas públicas en la Avenida Balboa, en un centro de convenciones, en una sede del Tribunal Electoral serán resultado de un ejercicio impositivo, de un interés de lucro privado revestido de una transparencia dudosa y celebrada en faraónicas fiestas navideñas, mientras el país se ahogaba en agua; son ejemplos alejados de una reflexión profunda, ausente de una visión de futuro y lejos de la imagen de una ciudad perpetua, rica, armoniosa con significado histórico y cultural.

Al final, expresa el resultado de una sociedad con un legado mediocre, agresivo, sin significado, sin historia. Un espacio y una ciudad que refleja y deja viva la percepción o simplemente reafirma el proceso de la degradación simple y pura de los espacios y la sociedad que contiene.

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Este artículo se publicó el 21  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La floreciente arquitectura panameña

Los sueños de gloria de victoriosas batallas llenaban de felicidad al oscuro dictador de la República de las Bananas, el entregaba a sus fieles chimpancés una palma de coco, con la orden de transformar y modificar el secular cocotal… y fue así que al sueño de la razón, construían monstruos en el cocotal.

La opinión del Artista Veraguense residente en Florencia, Italia…

 

ARISTIDES UREÑA RAMOS  –*
aristides_urena@hotmail.com

 

Santiago, Veraguas, 17 de noviembre de 2010.— En un silencioso anonimato, sentado frente a una mesa del restaurante Boulevard Balboa, degustando un suculento desayuno; observo el ir y venir de encorbatados burócratas, quienes desayunan en apresuradas conversaciones matutinas. Ellos, tal vez, representan la elite de empleados de la efervescente burocracia capitalina.

Afuera, se extiende el malecón con su novedosa remodelación. Extrañamente percibo en mi mente la presencia de aquella visión de la vieja avenida Balboa. Como si al poner el pie fuera de aquí me encontraría con ese reciente pasado.

Me doy cuenta de que mi educación sobre la estética es conservadora, tal vez debido al estímulo al cual soy sometido continuamente en Italia. Donde las rígidas reglas que las construcciones tienen que conservar ponen un cierto obstáculo con la compatibilidad del ambiente y colocan al centro de las proyecciones arquitectónicas aquellos valores que una buena arquitectura debe enfrentar y desarrollar.

Estas ‘reglamentaciones’ nacen bajo la necesidad de defender algunos patrimonios pertenecientes a la Humanidad, como son el patrimonio histórico, ambiental y paisajista; evitando las especulaciones y la destrucción de estos valores… Además, a través, de una buena ‘reglamentación’, se planifica una armoniosa repartición urbanística, que sea compatible con el ambiente y que permita controlar el caos que el crecimiento demográfico impone a las ciudades modernas.

Es claro que el modelo al cual me refiero es funcional a una cierta educación intelectual y a las necesidades de cada país. Muchas son las formas con las cuales una ciudad se desarrolla, como también son los modos con los cuales viene concebida, porque estas formas y modos son el fruto de la habilidad de sus constructores; de la fantasía creativa de sus arquitectos, como también de la decisión visionaria de sus gobernantes. Y es bajo estas reflexiones que me siento perturbado cuando intento comprender la bella ciudad capital de Panamá. Ella produce dentro de mí sentimientos contradictorios.

Al alzar la mirada y observar las impactantes edificaciones que se están levantando, luce un vigor como si quisieran demostrar que en esta ciudad se anida un gran poder económico, todo proyectado a diseñar nuevos y futuros escenarios; al mismo tiempo al golpe de una mirada, el caos estilístico reina por doquier, confundiendo la atención y despertando en uno la voluntad de renunciar a encontrar un orden a dicho caos urbanístico.

Lo mío es solo preocupación en entender, dar orden a mis reflexiones; aunque sí, en verdad, mi miedo es el encontrarme con lo que vengo llamando desde hace muchos años el efecto Michael Jackson: un genio de la música, un ícono indiscutible, digno representante de la contradicción de la cultura contemporánea. Porque… la genialidad sin reglas crea monstruos que abandonan y transfiguran su propio origen.

 

<> Este artículo se publicó el 20 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del   autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/urena-ramos-aristides/

Sobre cilindros y otras formas degradantes

La opinión de…

Álvaro González Clare

El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) publicó el pliego de cargos para contratar el diseño conceptual y planos de construcción de la Torre Financiera en la Avenida Balboa, en una licitación que tiene un precio de referencia (por el diseño y los planos) de 8 millones de dólares y un costo estimado de construcción de la obra de 200 millones de dólares.

En el pliego de cargos se incluye el diseño preliminar del edificio que proponen los arquitectos norteamericanos Skidmore, Owing and Merrill (SOM) que fueron contratados de a dedo por el ministro Alberto Vallarino por un honorario fijo de $300,000.   El diseño preliminar propuesto por SOM es una torre con forma cilíndrica de 333 metros de altura, muy similar a la torre Agbar de Barcelona, diseñada por el arquitecto Jean Novel, que los catalanes han bautizado peyorativamente con el apodo de “el supositorio”, y a la torre Gherkin de Londres, que los ingleses conocen con el apodo de “el pepinillo”.

Los participantes en la licitación, según la documentación oficial “… podrán mejorar esta, informaron”,   o sea que solo podrán mejorar, pero no cambiar la propuesta del diseño preliminar de los arquitectos SOM. Las implicaciones que tiene la exigencia anterior es la razón que motiva este artículo.   Aclaro que con esta intervención no estoy avalando la iniciativa del MEF.

El diseño preliminar de los arquitectos SOM está, a mi juicio profesional, muy lejos de ser un diseño excepcional y original;   peor aún, la propuesta es muy parecida a otros edificios que no tienen mérito arquitectónico como para ser imitada.

Cuando estudié arquitectura a mediados del siglo pasado la profesión estaba liderada por los modernistas que nacen con el movimiento de Bauhaus y coinciden con el cubismo en la pintura. Esta corriente tuvo su momento estelar en el siglo XX con arquitectos excepcionales, como Walter Gropius, Alvar Aalto, Le Corbusier, Mies van der Rohe, entre tantos otros.

En la década de 1950, los arquitectos de SOM diseñaron entre otras obras importantes el Lever House, un edificio en el medio de Manhattan que rompió todos los esquemas urbanos de la época poniéndose a la vanguardia del International Style. Recordemos que en la actualidad son estos arquitectos los que diseñaron el edificio más alto del mundo en Dubái sumándolo a un expediente de grandes creaciones arquitectónicas en sus casi 75 años de ejercicio profesional.

Definitivamente, estos arquitectos tienen todo el mérito para hacer la propuesta de diseño preliminar de la torre del MEF.   Es por esto que me llama poderosamente la atención que SOM haya presentado una propuesta de diseño preliminar con tan baja calidad arquitectónica.    Para lo que han presentado, considero que si el MEF hubiera hecho un concurso de diseño entre los arquitectos panameños, con un buen jurado internacional, tendría una propuesta mucho más apropiada, innovadora y relacionada con la cinta costera y el perfil urbano marino de la ciudad.

Pero lo que más apremia es el mensaje que envía el documento oficial cuando limita a los proponentes para que solo puedan mejorar la información del diseño preliminar adjunto en el pliego de cargos. Es decir, los arquitectos que participen en este concurso solo podrán moverse dentro de la forma cilíndrica propuesta. El mensaje subliminal es que a cambio de un cilindro de 333 metros de altura solo podrán los arquitectos proponer otro objeto de muy similar apariencia a la forma que haga las veces del degradante uso que le apodan los catalanes.

Reconozco que los 8 millones dólares que ofrece la licitación a los arquitectos nacionales que concursen para hacer el diseño conceptual y los planos de construcción, es una cifra que puede demoler hasta los más sólidos cimientos éticos y morales, pero a pesar de esto y siendo muy ingenuo y optimista le solicito a mis colegas que le pidan al MEF que elimine del pliego de cargos la exigencia que limita la expresión de la forma arquitectónica. Aceptar este requisito de diseño es sencillamente indigno y humillante.

<>Artículo publicado el 7 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

El Kitsch arquitectónico panameño

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministra de Estado…..

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MARIELA SAGEL

Muchas personas que vieron la película Chance alegaban que se trataba de una burla a la clase alta panameña, a los “rabiblancos” (y de hecho, sé de casos en los que algunos se sintieron seriamente ofendidos).   A mi entender, y sin ser ni pretender ser crítica de cine, no se burlaban de la clase alta sino a los “wanna be”, esa gente que aparenta ser más de lo que tiene y vive del cuento y de las apariencias.

Todas esas doñitas que no hacen nada todo el día, aparte de tomar café en el Deli e ir a misa y hablar mal de todo el mundo, o los sufridos maridos que hipotecan hasta el trasero para alcanzar un puesto que les permita pregonar que ahora sí le toca al pueblo. Y por supuesto, el mal trato que le dispensan a la servidumbre.

Pero ya muchos se encargaron, con buen juicio y tino, de hacer críticas valederas a la cinta que ha sido un éxito local y entiendo que también en los países vecinos.

En esa película mostraban una tendencia —en gustos y estilo de vida— que, aparejado al crecimiento inmobiliario y el boom de la construcción, se ha ido imponiendo, y de allí se ha derivado hacia el mal gusto que hasta los avisos luminosos ostentan. La palabra kitsch se originó en Alemania entre los años 1860 y 1870 e intenta definir el arte que es considerado como una copia inferior de un estilo existente.

Es en realidad un término alemán yidis y se usa, en su sentido más libre, para referirse a cualquier arte que es pretensioso, pasado de moda o de muy mal gusto. Y aclaro que al decir alemán yidis me refiero al idioma judeoalemán medio que se entiende como yiddish y se habla en las comunidades judías del centro de Europa ( ashkenazis ) que tiene raíces alemanas pero también fuerte influencia de lenguas eslavas, del arameo y del hebreo.

El kitsch apelaba a un gusto vulgar de la nueva y adinerada burguesía de Múnich  que pensaba, como muchos nuevos ricos, que podían alcanzar el status que envidiaban a la clase tradicional de las élites copiando las características más evidentes de sus hábitos culturales. Y generalmente esas copias eran malas y de pésimo gusto. Como lo son muchos edificios nuestros, que han adoptado estilos, materiales y hasta colores que no solamente hacen más caliente el entorno urbano sino que demandan más energía para enfriarlo, materiales que no se producen localmente y encima, desestiman totalmente la integración de la exuberante naturaleza tropical de la que debieran sacar partido.

El tema daría para un congreso de arquitectos donde tendríamos que poner a muchos en el banquillo de los acusados y otros a explicar lo importante que son los balcones y la ventilación cruzada en un país como el nuestro.

Sin embargo, en mi artículo de la semana pasada, señalé que en la manzana de Obarrio, sobre la calle 50, donde se talaron unos 180 árboles, se levantaría un hotel llamado Las Américas The Golden Tower, una torre dorada según pude ver en la presentación.   Tengo que hacer la corrección que en ese lote el hotel que se va a construir es un Ritz Carlton —que no sé si es mejor o peor que la torre dorada— y también un edificio de oficinas, ya que uno de sus promotores se tomó el tiempo de explicarme el proyecto, los cientos de miles de dólares que pagó por los árboles que taló y la reposición que hará la ANAM de los mismos y que la dichosa torre dorada se construiría en el lote al lado de los Consultorios Médicos Paitilla, donde hay ahora un montón de vallas y siempre estuvo el popular restaurante Wendy”s.

Aclarado el punto, sigo insistiendo que hasta la fachada del Hospital del Niño, hecho con donaciones de la teletón, es un adefesio de mal gusto de remembranzas del estilo corintio que ofende y que si seguimos así, copiando lo que en otros lugares se hace, seguiremos llenando la ciudad de edificios y casas pretensiosas, de mal gusto y que seguirán quitándole personalidad a nuestra ciudad.


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Este artículo se publicó el 4 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

¿Dónde queda el respeto a la Ley 15?

La opinión de……

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David Samudio

Skidmore, Owings and Merrill (SOM) es una de las más importantes oficinas de arquitectos del mundo. Tiene a su haber diseños de torres de oficinas en muchas de las ciudades más importantes del mundo y tantas obras que sería muy largo enumerarlas, pero podemos resaltar entre ellas la Lever House, en Nueva York, obra que revolucionó en la década de 1960 el diseño de edificios de oficinas en el mundo, la Sears Tower (ahora Willis Tower, por muchos años el edificio más alto del mundo), y la torre Burj Khalifa (anteriormente Burj Dubai), el edificio más alto del mundo, diseñada por el arquitecto Adrian Smith junto a un equipo de 90 profesionales en la oficina de SOM de Chicago, Illinois.

Fundada por dos arquitectos de Chicago, Louis Skidmore y Nathaniel Owings, desde su fundación en 1936 la empresa se proyectó como una oficina de avanzada, competitiva, bien organizada, logrando mantener una presencia en los mercados más importantes del mundo, y ahora como la octava oficina de arquitectos en base al total de ingresos, de 279 millones de dólares en 2008.

SOM ha recibido más de 800 premios de arquitectura por sus diseños, algunos de ellos hasta 20 años después de construidos, como es el caso del Aeropuerto Internacional Rey Abdul Aziz (Jeddah, Arabia Saudita), premiado originalmente cuando presentó un diseño basado en arquitectura árabe vernácula, como después, pasados los años, al comprobarse su resistencia por su capacidad de servir a los cientos de millones de peregrinos camino a La Meca.

Como estudiante y luego como profesional, profesor asistente y encargado de una página diaria sobre arquitectura publicada en el diario El Mundo, conocí, analicé, estudié y presenté proyectos basado en las enseñanzas de los arquitectos de SOM, logrando ser recibido en 1987 en sus oficinas principales en Nueva York, donde me presentaron el anteproyecto y maqueta de lo que llegaría a ser la torre del Banco Central de Arabia Saudita. En esa ocasión los invité a Panamá, donde asociados con una firma local, se hubiesen podido proyectar edificios de excelencia arquitectónica y constructiva que pudieran haberse convertido en obras emblemáticas.

Noticia reciente nos dice que el Gobierno nacional ha invitado a SOM para que sean los diseñadores de una nueva torre gubernamental que se desarrollaría en el terreno donde anteriormente estaba la Embajada de Estados Unidos, en la Avenida Balboa, para ubicar en ella al Banco Nacional de Panamá, al Ministerio de Finanzas, a la Comisión Bancaria Nacional y a otras oficinas del sector financiero nacional.

Pero ¿y la Ley 15? Le damos la bienvenida a SOM, pero recordamos la citada ley que regula el ejercicio de las profesiones de la arquitectura e ingeniería en Panamá, a la vez que la ley de contrataciones públicas, la cual señala que toda obra del Gobierno debe ser colocada en el portal del Sistema Electrónico de Contrataciones Públicas “Panamá Compra” y convocada a licitación aun cuando sea esta abreviada.

Se ha invitado, se ha contratado, pero ¿por qué montos y bajo qué condiciones se ha escogido la firma de arquitectos? ¿Qué autorización legal fundamenta su escogencia sobre lo que dice la Ley 15 que está regulada por la Junta Técnica de Ingeniería y Arquitectura, una dependencia del Ministerio de Obras Públicas?

Que se quiera realizar un edificio de excelencia, emblemático, que represente al Panamá de mañana se entiende, pero ¿por qué no se ha convocado a una licitación pública o concurso el diseño, como lo estipula la ley?

Los arquitectos panameños hemos seguramente demostrado ser capaces de proyectar todo tipo de proyectos de excelencia y carácter emblemático, entre ellos también torres de más de 70 pisos que han modernizado el perfil urbano de la ciudad, donde se ha destacado la capacidad no sólo del arquitecto, sino también del equipo completo de profesionales que requiere una obra de la magnitud de un edificio: ingenieros eléctricos, sanitarios, estructurales, de sistemas, ambientalistas y mecánicos, entre otras disciplinas reglamentadas por la citada ley.

Le damos la bienvenida a SOM, pero quisiéramos verlos trabajando a la par de profesionales panameños cuya oportunidad de participar en un proyecto nacional sea reglamentada por la ley de ese mismo carácter, y donde su empeño y experiencia local, tal como vemos puesto en práctica hoy para un proyecto privado en la obra de Frank Gehry a la entrada del Canal, ayude a producir el edificio emblemático que el Gobierno plantea y los panameños merecemos.

Frente a la estatua del descubridor Vasco Núñez de Balboa, quien hoy sería testigo del progreso de un país impulsado por panameños, una torre estatal monumental, de esencia y proyección primermundista.

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Publicado el 25 de enero de 2010 en el Diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Concursos de arquitectura

La opinión de….

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David Samudio Jr.

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Concursos de arquitectura
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Apoyemos la iniciativa del nuevo gobierno de construir nuevas sedes para ministerios y escuelas.

Según declaraciones del ministro de Economía y Finanzas, durante el período de transición, entre los proyectos que realizaría la próxima administración estaría la construcción de edificios propios para las sedes de los ministerios, además de nuevas edificaciones escolares.

Se ha informado que a la mundialmente conocida firma de arquitectura Skidmore, Owings & Merrill (SOM), se le ha encargado el prediseño para un Centro de Convenciones en el área de Amador, zona donde ya se encuentra en construcción una obra del reconocido arquitecto norteamericano Frank Gehry.

Si se está pensando en construir en la entrada del Canal una galería de edificios icónicos encargados a arquitectos de talla mundial como SOM y Gehry, me parece una idea muy valiosa. Pero, como arquitecto panameño no puedo evitar preguntarme dónde queda la participación de los arquitectos e ingenieros locales cuyo trabajo le dio forma a la moderna ciudad que podrá ser admirada desde los predios de esos futuros proyectos.

Démosle la bienvenida a SOM, a Gehry y a cualquier otro famoso: Foster, Koolhaas, HOK, Hadid, o Calatrava (para el metro). Pero estas intervenciones quisiéramos verlas con la inclusión desde sus etapas iniciales de profesionales panameños que aportamos el conocimiento local, no limitándonos a ser invitados de piedra en nuestro propio país.

Volviendo a las sedes para ministerios y escuelas, consideramos que son proyectos que pueden manejarse completamente a nivel local y bajo la modalidad de concursos de diseño. Para ello, el gobierno consultaría con los gremios de arquitectos, ingenieros y constructores los componentes técnicos de las propuestas de su programa, conformando una Comisión Ad Hoc que asistiera de forma ad-honórem en la elaboración de los lineamientos y términos de referencia para los concursos.

La apertura a concurso de la obra de gobierno ha sido permanente planteamiento de parte del Colegio de Arquitectos de Panamá, y es mandato legal en países como Costa Rica, Colombia, México, y España, entre muchos otros. La modalidad de competencia asegura la obtención de las mejores ideas que pueden contribuir los profesionales, y de ellas la mejor es escogida dentro de un proceso imparcial y transparente. El resultado: los mejores proyectos posibles, donde ahorros en los renglones de alquileres y mantenimiento son sólo uno de muchos beneficios para el estado y sus usuarios finales. Los concursos a su vez ofrecen a los arquitectos jóvenes la oportunidad de darse a conocer en base a su talento y esfuerzo, exponiendo ideas frescas e innovadoras.

La Comisión Ad Hoc ofrecería al nuevo gobierno la asesoría planteada, segura que en este trabajo de planes a futuro no solo estaría representando los intereses del gremio, sino el de las comunidades de la nación entera.

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Publicado el 28 de septiembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.