Trasfondo educativo a todo nivel

La opinión de…..

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Rodrigo Quijano Marcucci


Al inicio de un nuevo período escolar en todo el país, nos permitimos realizar un análisis crítico de cómo los ministerios de Educación de los diferentes gobiernos han manejado las relaciones o responsabilidades que le competen como entes reguladores de la llamada educación privada en todo el territorio nacional.  Comenzaremos destacando la notoriedad en lo referente a la ausencia casi total de una adecuada supervisión, tanto del ámbito académico como en el control de los elevados y desmedidos costos económicos imperantes en las empresas educativas en todo el país.

El Ministerio de Educación, regido por diferentes gobiernos en los últimos años (arnulfistas, perredés y ahora “martinelistas”), ha aplicado una nefasta política leseferista en lo referente a la total ausencia de pautas y controles razonables en las exorbitantes ganancias con que lucran y operan estos centros educativos, sean regentados por empresas religiosas o como sociedades anónimas civiles utilitarias.

Es notorio el exagerado costo de los textos, útiles escolares, uniformes y otros enseres –muchos innecesarios– que solicitan al paciente padre de familia, quien anhela una mejor calidad educativa para sus hijos, no escatima esfuerzos y acepta –con patética mansedumbre– estos atropellos a su bolsillo por parte de estos mercaderes de la educación.

Qué decir de los carísimos textos escolares que no se pueden volver a utilizar por pueriles razones, con la exigencia de que se compre otro texto nuevo e igual al que solo se le ha cambiado una coma o el color de la portada. El texto anterior es desechado por algún educador apegado a los consabidos intereses mercantilistas de los dueños de la empresa educativa.

Ante esta triste realidad, los funcionarios altos y medios del Ministerio de Educación y de los entes reguladores miran para un lado, permitiendo por omisión, indiferencia o poco importa que estos nocivos abusos se incrementen cada año, especialmente, al inicio de cada período lectivo. Es necesario que los padres de familia tomen conciencia, dejen de ser entes pasivos, asuman un papel más beligerante y hagan valer sus derechos; no solo de exigir una formación de calidad para sus hijos, sino mejores ambientes escolares y apoyo técnico–científico en el proceso de aprendizaje de sus vástagos.

Sería prudente, apropiado y de urgencia que los flamantes supervisores de la educación visitaran periódicamente las instalaciones físicas de estos centros particulares y evaluaran la operación y funcionamiento de los laboratorios, enfermerías campos de recreación, actividades físicas deportivas y otros auxiliares básicos de la enseñanza–aprendizaje por cuyos servicios se pagan elevadísimas mensualidades, por lo tanto, la calidad y resultado académico tendría que estar acorde con estos incontrolables costos económicos.

Dirán los dueños de estas empresas que vivimos en un país en donde santificamos y glorificamos la llamada economía de mercado, en donde la cacareada libre competencia postula que la educación privada es parte del concepto utilitario de la inversión particular en esta área sensible de la formación integral del panameño ilustrado.

Estos criterios parecen, lógicamente, dentro de una sociedad que acepta como válida las reglas del juego impuestas desde afuera y con visto bueno del capital nacional; pero una cosa son los soportes del llamado statu quo, que evita conflictos a los altos niveles de los sectores pudientes, y otra cosa es la paciencia de Job con que la clase media acepta, resignada, con mansedumbre, pesimismo y abulia estos rebencazos con que el llamado capitalismo salvaje –presente y actuante en el mundo de la educación privada– nos abruma; con acciones de rapiña, desplazando y casi eliminando la acción estatal en la misión de dictar pautas y limitar el descontrol, agudizando las inequidades y el desasosiego en la clase media, víctima visible del esquilme utilitario de los llamados colegios particulares en la patria de Jeptha B. Duncan, Moscote, Morales, Pereira , Hurtado y otros, creadores y defensores de una educación al servicio del desarrollo nacional.

Actúe ya señora ministra Lucinda Molinar, exija y regule una supervisión urgente en la educación particular que se ofrece a la clase media baja, alta y a otros sectores de la sociedad panameña.

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Artículo publicado el 10 de Marzo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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