La derrota de Obama

La opinión del Profesor de la Universidad de Panamá e Investigador asociado al CELA….

MARCO  A.  GANDÁSEGUI,  HIJO
gandasegui@hotmail.com

Los resultados de las elecciones del 2 de noviembre de 2010 representan una derrota contundente del pueblo norteamericano. Más allá de las elecciones, se trataba del fracaso del presidente Barak Obama, quien fuera ungido en 2008 para dirigir el país del Norte hacia un puerto seguro frente a la crisis del capitalismo y las guerras imperialistas. El Partido Demócrata del presidente Obama perdió la mayoría en la Cámara de Representantes (responsable de la política fiscal) y apenas conservó su poder en el Senado (responsable de la política exterior).

Durante los dos años en la Casa Blanca, Obama aplicó las mismas políticas que desarrolló su antecesor —George W. Bush— de 2001 al 2009. Le transfirió fondos públicos a la banca para sacarla de la bancarrota y destinó cada vez más recursos a las guerras en Asia. Con una economía nacional ‘enferma’ que no produce de manera competitiva, Obama simplemente logró extenderle la vida unos años más a los especuladores que juegan a la quiebra del sistema capitalista.

Casi todos coinciden en que el principal factor que explica la derrota es la economía que está estancada. Lo más alarmante es la tasa de desempleo (9.6 por ciento).   Estas circunstancias han dado pie a la aparición de una nueva corriente electoral derechista, que logró atraer mucha atención y muchos fondos para su causa. Los sentimientos de xenofobia contra los migrantes de países latinoamericanos fueron manipulados y convertidos en un problema de ‘seguridad nacional’.   El historiador Garry Wills agrega algo más: la reacción francamente racista contra un hombre negro en la Casa Blanca.

Según Amy Goodman, los grandes medios de comunicación fueron los principales ganadores en las elecciones de este año en EEUU. ‘Estas fueron las elecciones legislativas de mitad de mandato más caras en la historia: costaron casi cuatro mil millones de dólares, de los cuales tres mil millones se gastaron en publicidad. ¿Qué pasaría si el tiempo publicitario para las campañas fuera gratuito? No se oyen debates al respecto, porque las corporaciones obtienen inmensas ganancias con los avisos publicitarios de las campañas políticas’.

La reacción derechista es parte del caldo de cultivo que caracteriza la sociedad norteamericana en esta coyuntura. La promesa de Obama se hizo humo y sectores amplios de la población simplemente no acudieron a las urnas. Estaban decepcionados y no creen que la solución de sus problemas está en los partidos políticos o en los discursos bien articulados de sus representantes. Incluso, muchos se inclinaron por los candidatos de la extrema derecha que postuló el Partido Republicano y su nueva vanguardia, el Tea Party.

La fracción derechista representada en el Tea Party aprovechó las políticas erráticas de Obama e introdujo un elemento de miedo y odio, a la vez, en el proceso electoral de 2010. La profesora Ruth Rosen, de la Universidad de California — Berkeley, apunta al hecho que ‘dentro de unas cuantas décadas la población no blanca será mayoría en EEUU.   Muchos cristianos evangélicos se sienten sitiados y las mujeres, por su parte, sienten que deben proteger públicamente a sus familias de cambios tan vertiginosos y posiblemente dañinos.   Sienten que burócratas, inmigrantes o minorías anónimas a las que identifican como ‘los otros’ amenazan su pureza moral. Lo que no les despierta miedo es que las corporaciones hayan tomado al gobierno’.

Las políticas públicas norteamericanas han logrado, en gran parte, construir una sociedad con tres estamentos, con el objetivo de mantener un control social sobre las organizaciones populares. Por un lado, una masa de trabajadores que hasta hace poco era considerada afluente y estable. Esta población, en su mayoría trabajadores asalariados, proviene de migraciones europeas de fines del siglo XIX y principios del siglo pasado. Por el otro, una población calificada como negra, de ascendencia africana, que llegó a las costas norteamericanas como esclavos hace tres o cuatro siglos. Por último, la población llamada ‘latina’, producto de migraciones masivas, especialmente mexicanas, de la última mitad del siglo XX. La aparición del Tea Party es un indicador de futuros enfrentamientos entre estos estamentos creados artificialmente por políticas públicas de la elite gobernante.

Según la apreciación optimista del economista Dean Baker, EEUU tiene que ‘recorrer un largo trecho para restaurar una economía que funcione para la gran mayoría, pero el primer paso es saber dónde estamos. La redistribución (de la riqueza) hacia arriba de las tres últimas décadas no tiene que ver con el mercado. Se trata de un proceso por el que el rico y el poderoso han reescrito las reglas para hacerse más ricos y más poderosos’. ¿Habrá tomado ese primer paso el presidente Obama?

 

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<> Este artículo se publicó el 18 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del   autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/gandasegui-marco-a/

El drama de los niños negros

La opinión de…

Bertilda Herrera Anria

Kabengele Munanga, uno de los antropólogos más destacados de Brasil y autor de decenas de obras, que abordan el tema de la discriminación de los niños negros en las escuelas, exhortó a los gobernantes del mundo entero a rever sus valores para construir sociedades más justas y ricas.

Para Munanga, el racismo mantiene a los negros en pésimas condiciones socioeconómicas y dificulta su acceso a la educación de buena calidad y al mercado de trabajo, entre otros males. A consecuencia de eso, los niños ya maltratados por el bajo poder adquisitivo de sus padres, también sufren al entrar a la escuela. El sistema, dice, fue construido con base a una realidad de la minoría abastecida o sea, de la clase media. Así, además de ser excluidos de las escuelas particulares, no reciben en las unidades públicas el tratamiento adecuado para su desarrollo intelectual y emocional.

Todos los tipos de discriminación se encuentran en las escuelas, cuyo papel debería ser de preparar a futuros ciudadanos para la diversidad. Pero en la práctica ellos terminan reforzando el racismo. La mayoría de las veces, dice el especialista, los profesores no están preparados para lidiar con las diferencias y muchos están predispuestos a no esperar buenos resultados de un estudiante negro y pobre.

Existe también la cuestión curricular y el propio libro didáctico, que además de privilegiar a la cultura europea, transmiten conceptos erróneos de varias naturaleza: de clase, de color, de raza, de religión… todo eso fortalece los mecanismos de exclusión e impide que la escuela cumpla su verdadero papel de educar, socializar y formar verdaderos ciudadanos.

Algunos libros hablan del papel del negro como esclavo, pero no muestran su participación concreta en la sociedad, su espacio en la economía. El negro no trabajó solo en las plantaciones, trabajó y trabaja en las artes y en otras esferas. No podemos crear la identidad de una nación a partir de una única cultura, considerada superior. Los niños deben aprender en la escuela que todos contribuimos a construir este país y que ninguna de esas contribuciones es superior a otra.

La discriminación sufrida en el barrio se refuerza y se repite en la escuela, eso mina el proceso de aprendizaje. Se acostumbra decir como, una constatación racista, que el negro es menos inteligente, una cosa completamente absurda. Lo que sucede es que simplemente el niño no encuentra un espacio en la escuela para desarrollarse intelectualmente.

Además la falta de preparación de los profesores, los contenidos incompletos en los libros didácticos y la discriminación generalizada, hacen que el niño se sienta inseguro, desestimulado y acabe mostrándose incapaz. Es aquí que los padres juegan un papel importante, deben enseñarles a luchar por sus derechos, a no bajar la cabeza, jamás.

Países como Brasil han tomando medidas para disminuir estas diferencias, hay disposiciones jurídicas por las cuales se sanciona de manera enérgica cualquier tipo de discriminación, entre ellas, la racial que se considera un crimen sin derecho a fianza. En julio pasado el presidente Luiz Inácio Lula da Silva sancionó el estatuto de igualdad racial, que busca corregir las diferencias históricas de los brasileños descendientes de africanos, en cuanto a oportunidades y derechos. La pregunta que nos hacemos es ¿qué se está haciendo en Panamá para acabar con esas diferencias y falta de oportunidades por motivos raciales?

<> Este artículo se publicó el 18 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

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Racismo y connotaciones

La opinión de…

Azael Álvarez S.

Iniciamos este artículo con muestras de admiración por el legado ofrecido por esos hombres ilustres que incluso ofrecieron sus vidas por defender la libertad, la igualdad y la fraternidad de todo ser humano, sin importar el color de la piel y la clase social de las personas y de los pueblos en general.

Espartaco y sus seguidores se enfrentaron al imperio romano para liberar a los esclavos.  Abraham Lincoln hizo otro tanto en Norteamérica donde después de una sangrienta guerra civil se liberaron a los esclavos; luego fue Presidente de Estados Unidos y murió asesinado por un fanático racista. Igual suerte corrió (en ese país) Martin Luther King, paladín del movimiento antisegregacionista y defensor de los derechos de los negros.

Pero las lacras sociales aún no han terminado, persisten los resabios por la segregación, el racismo maquillado, no solo con los miembros de otras etnias y grupos étnicos como son los chinos, los indígenas, los gitanos e inmigrantes no deseados.

La laureada escritora Isabel Allende dijo recientemente: “Lo más insufrible de los chilenos es su exagerado sentido de clase, un clasismo que es terrible, porque es excluyente, como es el racismo en Estados Unidos”.

Vale también recordar a otros luchadores antirracistas como Amílcar Cabral, Patricio Lumamba y Nelson Mandela, este último presidente de Sudáfrica y premio Nobel de Paz, visto recientemente con motivo del campeonato mundial de fútbol, donde también se hicieron proclamas en contra del racismo.

El no al racismo debe ser el grito unánime que produzca eco en todo el mundo.

Todos recordamos a la Alemania nazi y sus horrores en contra de los judíos, aquella negra historia quedó atrás. Pero nos preguntamos si actualmente existen resabios de los males sociales en ese continente europeo; cuna, de la democracia, de los logros en materia de los derechos humanos, recordemos que fue en Francia donde se proclamaron los principios de libertad, igualdad y fraternidad.

Sin embargo, actualmente, el Gobierno francés está siendo muy criticado por la expulsión de los gitanos rumanos y búlgaros y los inmigrantes no deseados que en Europa están pasando dificultades en varios países de ese continente.

En Panamá no hay gitanos ni se observa un racismo manifiesto. Sin embargo, con los problemas que tuvieron, recientemente, los indígenas de Bocas del Toro hubo críticas que dejaron entrever que en el país hay grupos marginados y etnias segregadas, hasta el punto que se hicieron manifestaciones de connotaciones odiosas. Hubo quienes calificaron los hechos de Bocas como masacre o genocidio, incluso se habló de un decapitado, desaparecido. Hay que emplear bien los términos.

Las palabras tienen dos significados, uno denotativo, de diccionario y otro connotativo. Sobre connotaciones, el autor Prieto Castillo, en su libro Elemento para el análisis de los mensajes dice: “En las connotaciones tienen que ver las experiencias individuales y grupales de los que reciben el mensaje. Sus relaciones sociales, su educación y la manera de ver y evaluar la realidad. Por ejemplo para un racista, el término ‘negro’ denota tal color de piel, pero a la vez connota desprecio, peligro, inferioridad”.

Otro autor destacado ha dicho que “el significado no está en las palabras, está en las personas”.

<> Artículo publicado el 13 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

El racismo de Arnulfo Arias

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministro de Estado

MARIELA SAGEL

Durante años hemos escuchado que Arnulfo Arias fue racista y que sus políticas estaban encaminadas a evitar que llegaran a Panamá ‘razas indeseables’ que desmejoraran la nuestra. Sin embargo, nunca tuve acceso a una evidencia que esto fuera algo que él expresara, hasta que recientemente me llegó un ‘Boletín Sanitario’, publicado en agosto de 1934 por el Departamento de Sanidad y Beneficencia, cuyo director era precisamente el Dr. Arnulfo Arias Madrid.

En dicho boletín se editorializa sobre la eugenesia, término derivado del griego que significa ‘bien nacido’ o ‘buena reproducción’, y se manifiesta abiertamente el respaldo a las prohibiciones de las migraciones de chinos, japoneses, sirios, turcos, indio-orientales, indio-arios, dravidianos y negros de las Antillas, de las Guayanas, cuyo idioma original no sea el castellano, al territorio de la República, en apego a leyes que fueron promulgadas en 1827, 1926 y 1928. Las llama además razas parasitarias ‘que se dedican generalmente al comercio’.

El documento señala en forma alarmista que las autoridades han relajado y en ocasiones, apadrinado, la entrada al país de razas indeseables, y que la poca cultura que tenían los panameños de entonces no les había permitido desarrollar ‘un orgullo nacional para no mezclarse con elementos que lo inferiorizan’, y señala cómo ‘una nube negra de habla inglesa’ ocupa los barrios de Las Sabanas, Pueblo Nuevo y Río Abajo, y ‘una mancha amarilla’ se extiende por las aldeas, pueblos y ciudades ‘que arrebatan con sus métodos comerciales de cuartillo y su dieta de arroz y chop suey los negocios de las manos de los panameños’.

En estos mismos términos sugiere no solo atacar este peligroso elemento, ya sea por expulsión o repatriación, sino ‘extender su erradicación por medio de métodos de esterilización a aquellos enfermos de ambos sexos que podrían aumentar su familia o establecer una’ con estas personas indeseables.

El boletín está firmado por el Dr. Arias Madrid y por la fecha, era el auge del predominio pronazi que posteriormente desencadenó la Segunda Guerra Mundial. No me entra en mi razonamiento que documentos y posiciones de corte tan visceral no sean óbice para que una gran población endose una supuesta doctrina política, que solamente tiene de su líder el nombre, porque no se conoce lo que es en esencia el panameñismo.

Sería interesante saber cuántos chinos, hindúes o negros son miembros hoy en día de ese partido. La autora es arquitecta y ex ministra de Estado.

<>Artículo publicado el  6 de septiembre de 2010 en el Diario El Siglo, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El descubrimiento

“Aquellos ojos humanos que miraron esas aguas durante miles de años, ¿eran menos humanos?   Al iniciarse la destrucción de las poblaciones aborígenes y la imposición de las verdades de la cristiandad como instrumento de dominación ideológica, se debatió durante muchos años si los pueblos originarios del continente tenían alma o no. ” Ahondemos en este interesante artículo de opinión del distinguido jurista…

LUIS CALVO RODRÍGUEZ

Los primeros seres humanos llegaron a nuestro continente hace catorce mil años aproximadamente, según los estudios más conservadores, aunque es probable que hayan llegado mucho antes.

A partir de esos primeros pobladores se desarrollaron grandiosas civilizaciones, como los aztecas, olmecas y mayas en Norte y Centroamérica; o los incas y mapuches en el sur. Todos estos pueblos, que desarrollaron y sistematizaron conocimientos avanzados en diversas ramas de la ciencia, conocían la tierra que habitaban. Sí, la conocían, aunque parezca algo obvio, es necesario afirmarlo, pues hace dieciocho años se celebró con toda pompa, el ‘descubrimiento’ del continente por parte de los conquistadores europeos.

Se celebró el exterminio de poblaciones enteras, un genocidio no reconocido por la historia oficial, en el cual decenas de millones de seres humanos, descendientes de los primeros pobladores del continente, fueron asesinados por el hambre de oro y plata que impulsaba a los imperios europeos.

Esa historia escrita por los vencedores, empapada de sangre indígena, desconoce la categoría de seres humanos a los primeros pobladores del continente, desconoce el nivel de civilizaciones a aquellos pueblos, pues marca, por ejemplo, que el descubrimiento del denominado Mar del Sur se da con la llegada de los expedicionarios de Vasco Núñez de Balboa a sus costas en setiembre de 1513.

Aquellos ojos humanos que miraron esas aguas durante miles de años, ¿eran menos humanos?  Al iniciarse la destrucción de las poblaciones aborígenes y la imposición de las verdades de la cristiandad como instrumento de dominación ideológica, se debatió durante muchos años si los pueblos originarios del continente tenían alma o no. Este debate no era una cuestión puramente teológica, pues al concluir que no tenían alma, también se desprendía que los mismos no eran humanos, sino objetos, como fueron considerados los africanos secuestrados de sus tierras para servir como esclavos.

El racismo es siempre la negación del otro y en algunos tristes casos la negación de sí mismos, como es el caso de los mestizos que discriminan, sin saberlo, sus propios orígenes.   Esa negación lleva a la deshumanización, a la cosificación humana, que en última instancia lo que busca es justificar la explotación humana, busca dar razones a la marginación y la pobreza de un sector social o étnico, razones que dejen libre de culpa al sistema social, político y económico que realmente sustenta tantas injusticias.

Quedan pinceladas de estas concepciones retrogradas en el actual pensamiento dominante, las cuales podemos encontrar en el sistema educativo o en la forma como reprimieron brutalmente al valiente pueblo bocatoreño, con el cual se tuvo especial saña debido al grupo étnico mayoritario de los manifestantes o en el reciente anuncio de la celebración oficial por parte del gobierno nacional del descubrimiento del Océano Pacífico, como si aquellos ojos que guiaron a Balboa y que conocían ese mar desde mucho antes, no fuesen realmente humanos.

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Este artículo fue publicado el 3 de agosto de 2010 en el diario  La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Racismo, violencia e impunidad

La opinión de…

Héctor Huertas González

Cuando en 1925, Nele Kantule y Simral Colman tomaron la decisión muy delicada de defender la integridad de su pueblo a toda costa, lo hicieron por el racismo de los gobernantes hacia los indígenas. Hoy, 85 años después de esa revolución, vemos cómo los gobiernos de Torrijos y ahora el de Martinelli violan los derechos humanos de los indígenas.

En 2007 contra el pueblo kuna de Madungandi; en el 2008 contra el pueblo ngäbe de Charco la Pava, y en 2009 contra el pueblo naso. En todos estos casos los manifestantes fueron reprimidos con el uso de la fuerza indiscriminada: allanamientos, gases lacrimógenos y perdigonazos, causando lesiones personales y dejando a cientos privados de libertad, incluyendo a niños y mujeres.

Tanto el sistema de protección de los Derechos Humanos de la OEA, como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos son irrespetados por el Gobierno. Las instancias nacionales como la Defensoría del Pueblo y el Órgano Judicial son mudos, por no decir cómplices de la impunidad de los gobernantes, porque su escogencia tiene matiz político y en política todo se negocia, hasta los derechos humanos.

Mientras el Gobierno se llena la boca con palabras como: “derechos humanos”, “estado de derecho”, “democracia” e “igualdad”, en la práctica toman acciones deplorables que solo puede tomar un Ejecutivo henchido del poder y que se considera absoluto para hacer y deshacer a su antojo; toman decisiones tan inhumanas como reprimir a manifestantes con perdigonazos disparados a la cara, dejando un saldo de muertos y ciegos.

Esto demuestra que no solo la violencia juega un papel importante en la toma de decisiones tan bárbaras como las sufridas en Changuinola, sino que la discriminación y el racismo hacia los indígenas parece ser un argumento mayor para llevar a las fuerzas de seguridad del Estado a tomar esas decisiones, secundadas por los responsables políticos que se retratan así mismos cuando se refieren a estos grupos étnicos como “indios, borrachos y manipulados”. En países realmente democráticos estas autoridades estarían en las cárceles.

El racismo es producto de la ignorancia y ha sido causante de genocidios y flagrantes e inhumanas violaciones de los derechos humanos. Lo de Changuinola no es casual, es producto de una política racista, promovida por los sectores con poder económico de los que el Presidente es parte, no solo para acallar la voz de los sin voces, sino para apropiarse de las tierras y recursos de los pueblos indígenas.

Ser indígena en Panamá es peligroso. Las autoridades indígenas deben exigir respeto por parte del Gobierno nacional, pedir a la Procuraduría General que investigue penalmente a los responsables de estos hechos, y denunciar a los gobernantes por racismo ante los organismos internacionales.

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Este artículo se publicó el 30 de julio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Víctimas de la discriminación

La opinión de…

Dialys Ehrman

Los hechos acaecidos en la provincia de Bocas del Toro traen nuevamente a colación el tema de la discriminación racial de la cual somos objeto diferentes actores de la sociedad en su conjunto, especialmente, los indígenas y negros.

Después de más de 10 años de la mora del Estado panameño en rendir su informe ante la Organización de Naciones Unidas sobre este tema, por los compromisos asumidos en el marco de la Convención Sobre Todas las Formas de Discriminación Racial, me permito hacer la siguiente reflexión sobre el tema.

A pesar de los avances cualitativos y cuantitativos en materia indígena, es evidente que la intolerancia y la discriminación racial persisten en nuestro país, lo cual ha impedido notablemente el desarrollo social, económico y político de nuestros pueblos indígenas de Panamá, y se manifiesta en diferentes formas que paso a explicar.

1. Discriminación en el empleo: Los trabajadores indígenas son objeto de explotación y constituyen la mano de obra barata en Panamá, en la mayoría de los casos no le pagan seguro ni prestaciones laborales.

2. Discriminación en la educación: En la esfera de la enseñanza, en los planteles educativos de las ciudades existe un sistema que tiende a relegar a los niños y niñas indígenas y en especial si asisten al plantel con su vestimenta originaria; reciben malos tratos y marginación por parte de educadores y compañeros de salón.

El Estado al permitir esta marginación desde una etapa muy temprana atenta contra la armonía social entre los distintos integrantes de un plantel educativo.

3. Prejuicios racistas: Más allá de los factores económicos y sociales, la situación de los indígenas en Panamá es consecuencia de prejuicios seculares extendidos en la sociedad, así como de ciertas prácticas de los agentes de Estado que nos consideran ciudadanos de segunda categoría. Es decir, hay un marcado estereotipo que se manifiesta en los materiales de estudio (libros, etcétera), los medios de comunicación (radio, televisión, etcétera). Estas prácticas se basan en la ideología de superioridad del mundo occidental.

4. Discriminación en la salud y vivienda: La exclusión de nuestros pueblos indígenas de los derechos sociales, como salud y acceso a la vivienda, contribuye a un mayor empobrecimiento, falta de hospitales y centros de salud, escasez de medicamentos, y a la desvalorización de nuestra medicina tradicional.

La escasez de viviendas en Panamá es uno de los grandes problemas que atraviesa el país; los pueblos indígenas no escapan de ese flagelo. Según el sociólogo Manuel Canales: “La intolerancia es una disposición cultural que tiende al rechazo, en cualquiera de sus formas de la diversidad sociocultural. La discriminación por su parte, se entiende como la disposición cultural a reconocer desiguales derechos de las personas, atendiendo a criterios externos a la esfera propia de responsabilidad de los individuos, tales como etnia, edad, grupo socioeconómico de pertenencia, etc”.

Igualmente Manuel Osorio, en el Diccionario de Ciencias jurídicas, Políticas y Sociales, define desde el punto de vista social, “dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos u otros”.

El racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas de intolerancia son propias de la ideología occidental y se reflejan en la relación que la sociedad dominante ha mantenido con los pueblos indígenas en América, la cual se constituye como un problema histórico que tiene profundas raíces en el colonialismo que comienza con la invasión de 1492, practicada por el Estado y la sociedad panameña occidental desde entonces.

Finalmente, hacemos un llamado de reflexión al Gobierno Nacional, a definir las políticas públicas que garanticen el ejercicio de nuestro derecho al desarrollo, que los diputados empiecen a elaborar las leyes necesarias que tipifiquen y sancionen penalmente las conductas y prácticas discriminatorias, xenofóbicas y racistas, vengan de donde vengan; a establecer procedimientos y recursos para una efectiva atención de las denuncias de violaciones a los derechos de los pueblos indígenas y problemas de racismo en general; que los tres órganos del Estado empiecen a promover políticas realmente pluriculturales y plurilingües, con el pleno reconocimiento y respeto a la diversidad cultural y la promoción de relaciones interculturales en el marco de los derechos colectivos e individuales.

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Este artículo se publicó el 29 de julio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.