Pus por donde apriete

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La opinión de la Periodista…

Adelita Coriat

El desgaste del sistema judicial es de larga data. Reconocerlo no es fácil, menos recuperarlo. El crimen organizado no es el único responsable, también forman parte las influencias políticas, la compra de puestos, el nombramiento de personal los favores políticos.

Esta semana escuchamos declaraciones preocupantes por parte de dos ex funcionarias de la procuraduría. Una confiesa que a cambio liberar a 4 implicados en un supuesto caso de narcotráfico le entregaron el despacho de la fiscalía de drogas de Los Santos. La otra ex funcionaria relata sospechosas actuaciones de sus colegas en las fiscalías de Drogas; incautaciones, manejo de expedientes y pruebas, así como la anuencia de sus superiores en los nombramientos.

Marquel Mora fungía como fiscal en la mencionada fiscalía, en septiembre fue enviado de vacaciones por tres meses, por lo que le correspondía a los fiscales superiores de droga nombrar un reemplazo.

Así fue como llegó la ex fiscal Milagros Valdés a este cargo. No perdió tiempo en cumplir el trato acordado que se aceleró cuando, dice, recibió amenazas telefónicas.

Valdés también deja ver la existencia de influencias entre funcionarios de jerarquía del MP y los implicados del caso en cuestión.

Por otra parte vemos a la ex jefa de recursos humanos, Eva Lorenz, denunciando la falta de garantías en su proceso. Lorenz alerta sobre la actuación de los fiscales de droga donde en ocasiones no hay capturas humanas pero si toneladas de cocaína, habla de la identificación de “droga diluida para dejar pasar la buena”, que hay poca compatibilidad entre la droga incautada y la que se acredita en los expedientes, y que a pesar de la inteligencia y seguimientos no hay capturas en los allanamientos.

Si usted estaría bajo investigación criminal, ¿confiaría en la investigación de los funcionarios de esta institución? Quien toma el mando en esta situación es el crimen organizado.

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<>Artículo publicado el  27  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

Uniformados, sueldos y condiciones

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Si bien este gobierno hizo muy bien en aumentarles a los policías, aún les falta ingresos más cónsonos con sus riesgos.  La opinión de…
ROBERTO DÍAZ HERRERA

Mucho se ha dicho y poco se ha analizado en relación a la profesión policial y las condiciones salariales y de bienestar de los miembros de la Fuerza Pública.

En primer término, tenemos los panameños un vacío cultural histórico: casi no hacemos diferencia entre lo militar y lo policial, tan distintos.

En un supuesto teórico de guerra contra Costa Rica, la Constitución nos impele a tomar las armas.   En ese caso tan improbable como absurdo, un panameño o panameña incluso debe aprender a tomar un arma y usarla lo mejor posible. Podrían ser entrenados, con urgencia a disparar, conocer su arma básicamente hasta en un día, exagerando, pero se puede. Pero, ¿ser un policía y más o menos bien entrenado…?

Para ‘hacer’ un raso, no menos de 6 meses, y es poco tiempo, debe ser un período académico mínimo de un año, donde no solo se les entrene físicamente, con ‘ranas y pechadas’, sino con contenidos en su mente, de qué es el Estado, las leyes, los derechos humanos, etc. Hay que tener gente militarizada para la Frontera, pero lo que más necesitamos es policías, que sepan de Investigación Criminal, Dactiloscopia, Medicina Legal, conservar la escena de un crimen, etc.

Sobre salarios y beneficios, conozco que hay países ‘peor pagados’, como el Perú, donde me consta, lo vi, que hasta capitanes tienen que tomar el día libre para trabajar en supermercados, algo moralmente doloroso, luego de tantos estudios, un oficial debe hacer de 4 a 5 años, incluso saliendo como licenciados en varias materias.

¿Por qué el Estado peruano, lleno de reservas hoy, tiene a sus oficiales ganando la mitad que Chile? En Panamá si bien este gobierno hizo muy bien en aumentarles a los policías, aún les falta ingresos más cónsonos con sus riesgos, pero igualmente mucha más exigencia moral, sobre todo con las tentaciones del narcotráfico, que todo lo penetra.

Que conste, nunca creo que dólares más inmunicen contra esas tentaciones, ¿cuántos coroneles de ayer o comisionados de hoy no quedan tras las rejas por dejarse penetrar?

Pero tener que mirar a policías manejando taxis, ¿no es acaso una tentación más grande para que haya componendas con la droga, especialmente la de movimientos nocturnos? Eso se presta… ‘tras que estamos jodidos, pare la abuela’.

Un gran problema actual es que muchos altos jefes de hoy en la entidad policial son militares de carrera y policías empíricos, y no es su culpa, eso estudiaron, armas, morteros, blindados, artillería… pero no saben de criminología, etc… Y lo más grave, no tenemos una estrategia policial científica o más o menos técnica… y eso es urgente introducirlo… pero temo que ni siquiera hay conciencia de ello, ni en el Ejecutivo ni en los altos mandos… y hay una soberbia profesional de no reconocerlo… Panamá no puede avanzar casi nada si esto no se corrige.

Si queremos exigirle a nuestros policías un servicio eficiente, vigilante y honesto, el Estado debe brindarle a la sociedad un salario digno para que sus hombres —muchos desvelados de trabajar toda una noche— no tengan que volver a amanecer en otros servicios privados, porque ningún organismo físico y una mente humana soporta tal nivel de exigencia laboral por la necesidad económica que tienen esos hombres y sus familias.

Cualquier ‘moral’ flaquea ante las tentaciones del narcotráfico y si eso no se comprende, no sabemos lo que es el servicio policial y las presiones del crimen organizado.

<> Artículo publicado el 4 de octubre  de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos,  lo mismo que a la autora,   todo el crédito que les corresponde.

Crimen organizado y estrategias

La opinión de…

JERÓNIMO RAMÍREZ URRIOLA

Setenta y dos inmigrantes que querían alcanzar el sueño americano fueron asesinados por sicarios en México,   hecho que provocó el repudio generalizado de varios gobiernos, planteando la necesidad de revisar qué están haciendo los organismos de seguridad encargados de luchar contra las operaciones del crimen organizado.   La lucha interna de las bandas por el control del mercado de la droga ha sido el detonante de un fenómeno social que afecta a todos los países de América Latina, pero sobre todo a Centroamérica, por ser una ruta de distribución y custodia de estupefacientes.

El último informe sobre desarrollo humano de las Naciones Unidas para América Central 2009-2010: ‘Abrir espacios a la seguridad ciudadana y el desarrollo humano’, plantea que las principales estrategias están orientadas a desmontar el negocio ilícito del narcotráfico, disminuyendo su rentabilidad económica.

Pese a las dificultades económicas de los gobiernos por erradicar todo tipo de violencias, nunca habrá un ‘presupuesto ideal’ que frene al crimen organizado; sin embargo, es válida la adopción de políticas de Estado dentro de las mismas estructuras de justicia y seguridad.   Por ejemplo, implementar medidas para la protección de testigos claves, usando inteligencia policial y adiestramiento con una adecuada especialización a los policías encargados de perseguir y capturar a los delincuentes.

El informe recomienda fortalecer los procedimientos especializados para el juzgamiento de los delitos asociados, frenando el crecimiento de las maras, pandillas y bandas organizadas que tienen tentáculos de largo alcance en todas las esferas de la sociedad, reclutando a niños y niñas en barrios marginales por unos cuantos dólares.

La lucha contra la corrupción e impunidad dentro de los organismos de seguridad, porque con frecuencia se filtran informaciones antes de una operación encubierta. Esta situación pone en peligro la integridad física de los cuerpos policiales y sus familiares, por lo que el informe enfatiza en la necesidad de aumento de penas y la no excarcelación de los delincuentes en caso de reincidencia.

Otro elemento a considerar es el tema de la violencia contra la mujer, pues se trata de un delito silenciado o privado en hogares. Mientras existan más estadísticas sobre maltratos y femicidios en esa medida se podrán buscar soluciones a corto plazo.

Panamá registró un repunte en la tasa de homicidios con 24 por 100000 habitantes hasta agosto de 2010, ranking liderado por Honduras (61), El Salvador (52), y Guatemala (45).

Si bien estamos por debajo de los otros países vecinos, la tendencia indica que las organizaciones criminales se han tomado las calles.

Afortunadamente, el gobierno del presidente Ricardo Martinelli hizo cambios puntuales, como la creación del Ministerio de Seguridad Pública, aglutinando a todos los componentes de la Fuerza Pública en un solo organismo, de manera que cuenten con un mayor presupuesto de funcionamiento, equipos y herramientas para el intercambio de información de inteligencia.

En 2009 se incautaron 56 toneladas de cocaína en todo el territorio nacional y se espera que la cifra aumente luego de la instalación de bases aeronavales en puntos estratégicos de trasiego, sobre todo en áreas fronterizas con Colombia, donde se mueven grupos irregulares por el área del Darién.

<> Artículo publicado el 28 de septiembre de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos,  lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

Los peligros de la democracia

El narcotráfico y el crimen organizado son los nuevos enemigos que amenazan  la democracia en Latinoamérica.   La opinión del Ex Presidente…

MARTÍN TORRIJOS 

La democracia en América Latina, como sistema político, aún transita en medio de serios riesgos y amenazas.   Sus enemigos y los peligros cambian con las nuevas formas y el entramado de intereses que surgen en el tiempo. Antes, fueron intereses políticos que se encubrían como movimientos sociales, iglesias, medios de comunicación y hasta con la fachada de organizaciones de la sociedad civil.

Hoy en día es, por ejemplo, el narcotráfico y el crimen organizado, que penetran no sólo las organizaciones políticas, sino también las estructuras financieras, empresariales, policiales y jurídicas.   Tenemos que admitir que este poderoso mal ha penetrado el tejido social en América Latina y corrompido instituciones de nuestros Estados.

La violencia e inseguridad que genera el narcotráfico constituyen amenazas para la convivencia pacífica y democrática de nuestra región.

El doloroso drama social que genera cobra miles de vidas humanas y a veces nos hace olvidar otros dos elementos que, a mi juicio, están interrelacionados y que también son parte de las nuevas amenazas a nuestras democracias latinoamericanas.

Me refiero, primero, a la débil institucionalidad democrática que, en muchos casos, proviene de la actuación de los propios políticos y los partidos; y, segundo, que además hay quienes, bajo el disfraz de anti-políticos, se dedican a la descalificación de la política.

Se desconoce así que la institucionalidad y la política son insustituibles para la existencia misma del estado democrático.

Con frecuencia, en nuestros países el tema del deterioro de la política, los partidos y los sistemas políticos está asociado a la idea de que en nuestro Continente se vive un constante proceso degenerativo de la política.

Y la verdad es que estos señalamientos no han surgido sin sustento. Sin pretender justificar a los partidos y a nosotros, los políticos, solo quiero recordar: que los partidos son organizaciones sociales, estructuras vivas que canalizan el rumbo a seguir de una sociedad.

Es cierto que, en el ejercicio político, los partidos pasan por períodos de crisis, pero también es verdad que ellos son capaces de experimentar etapas de readaptación y relanzamiento.

Su reactualización y resurgimiento depende de la capacidad que posean de adecuarse a los cambios sociales, culturales, económicos y políticos que viven nuestros pueblos, y a las nuevas exigencias y desafíos de un mundo que cambia todos los días.

Si estos cambios pasan desapercibidos para los dirigentes y partidos políticos, éstos terminan perdiendo representatividad y confianza ante la sociedad.

Por eso, cuando aparecen nuevos actores desde fuera del sistema político establecido —y que incluso desplazan del poder a nuestros partidos—, surgen muchas preguntas como: ¿Dónde fue que nos perdimos?  ¿Qué nos impulsó a mirar más al interior de nuestras organizaciones, en lugar de enfocarnos en lo que ocurre a nuestro alrededor?  ¿Qué hicimos para desilusionar a nuestros electores al punto que perdieron la confianza en la democracia misma?

Y lo más importante: ¿Qué debemos y tenemos que hacer para recuperar esa confianza de nuestros compatriotas y fortalecer la institucionalidad democrática?

Muchas de las respuestas a estas interrogantes son incómodas y motivan debates que no pocas veces provocan luchas internas. ¡Créanme que de eso algo sé!

Permítanme explicarles, para quienes no están en la política, que en la clasificación de los contrincantes, uno primero encuentra a los adversarios, después a los enemigos, y al final nos enfrentamos con los críticos más hostiles que, para asombro de muchos, son los mismos compañeros de nuestros propios partidos.

Aún así, cuando prima el bien común; cuando gana el interés nacional y se propone con honestidad y compromiso un proyecto de país más incluyente, es cuando realmente iniciamos el camino de la recuperación y resurgimiento de nuestras organizaciones políticas, y el de nuestras naciones.

<> Artículo publicado el 28 de septiembre de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos,  lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

Políticas equivocadas y crimen organizado

La opinión del Profesor Universitario e Investigador asociado al CELA…

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MARCO A. GANDÁSEGUI, HIJO

La semana pasada nos referimos a la violencia y el avance del crimen organizado en la Región. Sostuvimos que Panamá se encuentra en el mismo camino, ya trazado por los países vecinos, debido a las políticas desastrosas que ejecutan los gobiernos de turno, muy especialmente el actual, presidido por Ricardo Martinelli. Tanto las políticas sociales (flexibilización del trabajo) como la política exterior (someterse a la militarización impuesta por EE.UU.) son señales de futuros problemas que los panameños tendremos que pagar a precios muy elevados.

El diario O Globo de la ciudad de Sao Paulo, metrópoli de Brasil con 20 millones de habitantes, entrevistó a un capo pandillero encerrado por varios delitos y quien desde la cárcel revela las operaciones que realiza en combinación con el crimen organizado y la clase política de su país. El entrevistado se llama Marcos Camacho, mejor conocido como Marcola.  Dirige detrás de las barras una pandilla ligada al crimen organizado, conocida con el nombre de ‘Primer Comando de la Capital’ (PCC).

Marcola refleja la crisis del sistema político y su relación con el crimen organizado y el tráfico de drogas. Según Marcola, ‘yo era pobre e invisible. Solo éramos noticia cuando una favela desaparecía debajo de un derrumbe en los cerros o en la música romántica sobre ‘la belleza de esas montañas al amanecer’. ¿Qué hicieron los políticos? Nada. El gobierno federal nunca aprobó presupuesto para nosotros’.

Marcola dice que ‘ahora estamos ricos con la multinacional de la droga. Y ustedes se están muriendo de miedo. Nosotros somos el inicio tardío de vuestra conciencia social. No hay solución. La propia idea de ‘solución’ ya es un error’.

O Globo pregunta: ‘¿Usted no tiene miedo de morir?’. Marcola contesta: ‘Ustedes son los que tienen miedo de morir, yo no. En la cárcel ustedes no pueden entrar y matarme, pero yo puedo ordenar que los maten allá afuera. Nosotros somos hombres—bombas.   En las favelas hay cien mil hombres—bombas.   La muerte para ustedes es un drama.   La muerte para nosotros es algo cotidiano, tirados en una fosa común’.

‘No hay más proletarios o infelices o explotados’, señala Marcola. ‘Hay una tercera cosa creciendo, cultivada en el barro, educándose en el más absoluto analfabetismo, diplomándose en las cárceles, como un monstruo escondido en los rincones de la ciudad. Ya surgió una especie de post miseria que genera una nueva cultura asesina, ayudada por la tecnología, satélites, celulares, Internet y armas modernas’.

O Globo pregunta: ‘¿Qué cambió en las favelas?’. Marcola contesta: ‘Mangos (dólares). ¿Usted cree que quien tiene 40 millones de dólares, como Beira Mar (empresario brasileño), no manda? Con 40 millones de dólares la prisión es un hotel, un despacho… ¿Qué policía va a quemar esa mina de oro? Nosotros somos una empresa moderna, rica. Si el funcionario vacila, es despedido y colocado en el microondas’.

Desde su silla tras las barras, Marcola le dice al periodista: ‘Ustedes son el Estado quebrado, dominado por incompetentes. Nosotros tenemos métodos ágiles de gestión. Ustedes son lentos, burocráticos.   Nosotros luchamos en terreno propio. Ustedes, en tierra extraña. Nosotros no tememos a la muerte.   Ustedes se mueren de miedo. Ustedes nos transformaron en super stars del crimen. Nosotros los tenemos de payasos. Nosotros somos ayudados por la población de las favelas, por miedo o por amor.   Ustedes son odiados’.

O Globo pregunta: ‘¿Pero, qué debemos hacer?’. Marcola contesta: ‘Les voy a dar una idea, aunque sea en contra de mis intereses. ¡Agarren a ‘los barones, narcotraficantes del polvo’ (cocaína)! Hay diputados, senadores, empresarios y ex presidentes metidos en el tráfico de la cocaína y de las armas. ¿Pero, quién puede meterles mano? ¿El Ejército? Nosotros somos hormigas devoradoras, escondidas en los rincones. Para acabar con nosotros necesitan estallar una bomba atómica en las favelas. ¿Ya pensó?   ¿Ipanema radio activa?’.

O Globo pregunta: ‘¿No habrá una solución?’. Marcola contesta: ‘Ustedes deben hacerse una autocrítica de su propia incompetencia. Estamos todos en el centro de lo insoluble. Solo que nosotros vivimos de él y ustedes no tienen salida. Entiéndame, no hay solución. ¿Saben por qué? Porque ustedes no entienden la extensión del problema. Como escribió el divino Dante:  Pierdan todas las esperanzas. Estamos todos en el infierno’.

Si México y Centroamérica se enfrentan a serios problemas, Brasil no se queda atrás. Para qué decir EE.UU. con una población marginada a punto de estallar.   Panamá todavía tiene una oportunidad de frenar el avance del crimen organizado, si hacemos un alto y modificamos radicalmente las políticas públicas equivocadas que sirven de caldo de cultivo de la violencia y empujan a la adolescencia hacia las pandillas.

<> Artículo publicado el 23 de septiembre de 2010  en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,   lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

Sin control avanza el crimen organizado

La opinión de…

MARCO A. GANDÁSEGUI, HIJO

Nelson Quintanilla, sociólogo salvadoreño, acaba de escribir un artículo de alerta, que los panameños y latinoamericanos debemos tomar muy en cuenta.   En El Salvador las pandillas declararon un paro del transporte público que paralizó el país. ¿Debe sorprendernos o es la consecuencia de políticas públicas equivocadas? Según el sociólogo, el país centroamericano ‘vive una ola de criminalidad que afecta a los transportistas víctimas de asesinatos. El gobierno no logra definir una política que garantice la seguridad de la población.  El paro del transporte decretado por las pandillas tiene como antecedente la Ley de Proscripción de Organizaciones de Naturaleza Criminal’.

Mientras los gobiernos —el panameño entre los primeros— se apresuran en aprobar una legislación laboral que crea más desempleo e informalidad y, además, pone su política exterior al servicio de intereses bélicos de EE.UU., como consecuencia directa la Subregión cae cada vez más en manos del crimen organizado. En el caso de El Salvador, las pandillas se han convertido en un actor político, que disputa su legitimidad de igual a igual con otros sectores de la sociedad civil.

El Ejército declaró que tiene ‘la situación del transporte controlada’.    Sin embargo, ‘lo que no estamos controlando es el rumor’, declaró el ministro de Defensa, general David Munguía.   El 1º de setiembre de este año, la Asamblea Legislativa aprobó la llamada Ley de Proscripción de Maras, Pandillas, Agrupaciones, Asociaciones y Organizaciones de Naturaleza Criminal, que impone hasta 10 años de cárcel a cualquier persona que integre esas agrupaciones.

Según la ley aprobada, ‘son ilegales y quedan proscritas las llamadas pandillas o maras Salvatrucha, MS-trece, Pandilla Dieciocho, Máquina y Mao Mao’. Además, quedó establecido que los bienes, valores, dinero y otras posesiones derivadas de las actividades ilícitas de las pandillas serán confiscados y pasarán a manos del Estado.    En 2010, según el periódico Heraldo, en represalia al rechazo de los empresarios del transporte a pagarles la llamada ‘renta’ (extorsión), han asesinado a 107 personas, entre choferes y cobradores.

El incremento de la violencia se ha politizado, convirtiéndose en un arma de la extrema derecha para atacar al gobierno que cuenta con el apoyo político del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN). Según el sociólogo Quintanilla ‘no se puede negar que la situación es complicada y que necesita firmeza para resolverla… (Sin embargo), no necesitamos una dictadura militar para evitar la zozobra, el pueblo mismo puede y debe participar decididamente para evitar una guerra social’.

Se necesita una política pública que reincorpore a la juventud, que se ha unido a las pandillas, a las escuelas y a los centros de trabajo.   Política que consolidaría a la institución familiar y fortalecería a las comunidades y centros culturales.

Hay que estudiar cuáles son las fuerzas políticas que se encuentran detrás de las pandillas manipuladas por el crimen organizado. En el caso de El Salvador, plantean sus reivindicaciones y publican sus comunicados abiertamente en busca de legitimidad. La semana pasada circularon una declaración insólita pidiendo disculpas por la paralización del transporte público, pero explicando sus motivos:   ‘Los miembros de las pandillas MS y 18 le pedimos al pueblo salvadoreño, en general, nuestras más sinceras disculpas por los inconvenientes causados, a través de un paro de buses.   La MS y la M-18 piden al presidente salvadoreño vetar la ‘Ley de proscripción de maras, pandillas, asociaciones y organizaciones de naturaleza criminal’.

Las pandillas del crimen organizado convocan al diálogo y le pide ‘al Gobierno que vete la ley de proscripción… lo invitamos a iniciar un proceso transparente de diálogo con el fin de buscar solución al conflicto de la violencia’, indica el comunicado. Quintanilla concluye ‘que estos grupos son fuertes y si no se les presta la debida atención pueden crear más terror’. Señala con acierto que ‘no son leyes de mano dura o súper mano dura las que pueden resolver el problema. Debe revisarse las causas que hicieron posible la aparición de estas organizaciones y proponer alternativas de solución’.

Al igual que en Panamá, las causas que permiten la aparición de estas organizaciones criminales son las políticas públicas equivocadas que ejecutan los gobiernos de turno que desintegran las instituciones básicas de la sociedad. Estas políticas de flexibilización del trabajo y de ‘apertura’ a inversiones de capital ‘sucio’ se hacen cada vez más peligrosas al ser subordinados los gobiernos por los intereses del crimen organizado.

<>Artículo publicado el 16 de septiembre de 2010 en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes  damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

La conspiración permanente

La opinión del Ingeniero y Analista Político…

JOSÉ I. BLANDÓN C.

Todo poder es una conspiración permanente’. Honoré de Balzac.   Desde que el mundo es mundo, ha existido un grupo de personas con poder, en posición de gobierno o de empresas poderosas, que en forma ininterrumpida realizan actividades dirigidas a matar, robar, engañar, manipular y sojuzgar a gente sin poder.

La historia está llena de conspiraciones. Desde las obras de Shakespeare que sirven para matar a César, o para derrocar a un presidente, o para mantener con vida una idea sobrenatural, hasta las modernas redes de Internet, el mundo está en una permanente ‘conspiradera’.   ¿Cómo diferenciar esa predisposición a la conspiración y al engaño asociado a la misma, de la verdad o de la realidad?

En nuestro país, en los últimos veinte años hemos visto cómo los organismos asociados a la inteligencia del Estado han inventado conspiraciones para asesinar al presidente de turno. ¿Se acuerdan del complot ‘maten al gordito’ o del plan para matar a El Toro, o del último informe del Consejo de Seguridad en donde se aseguraba que un puertorriqueño intentaba asesinar al presidente Martinelli? Nada de esto era cierto, pero ¡cómo nos divertimos con estas historias!

El lunes 6 de setiembre, el presidente Ricardo Martinelli me llamó para conversar de varios temas, pero en realidad lo que quería decirme era que tenía información sobre un supuesto plan para enviar desde Guatemala información que vinculaba a su primo Ramón Martinelli, detenido en México, y a Ricardo Martinelli, con el narcotraficante mexicano conocido con el nombre de ‘La Barbie’.

Lo más asombroso es que me dijo que yo estaba asociado a esta conspiración contra el presidente panameño.  Eso es para morirse de la risa, pero en realidad, hay que preocuparse.   ¿Quién inventó esta historia? Solo se me ocurre que sea gente del Consejo de Seguridad o del llamado ‘aparato de inteligencia del gobierno’.

No todo el mundo tiene el privilegio de que un presidente lo incluya en una conspiración internacional, eso dice mucho de mi capacidad conspirativa. El problema no es inventar una conspiración, con el propósito de producir una contra información, el problema es que el que la inventa, la compra de vuelta como verdad.

Este juego peligroso de utilizar los aparatos de inteligencia como arma política para intimidar a los ciudadanos, constituye un elemento más que conspira contra la democracia panameña.

En lugar de perder el tiempo en perseguir o intentar amedrentar a los ciudadanos, el sistema de seguridad panameño debería dedicarse a enfrentar con inteligencia el avance incontenible del crimen organizado.

No hay condiciones objetivas en Panamá para un golpe de Estado.   Lo que sí existe es un malestar, que se agrava cada día, por las medidas inconsultas que se toman y que afectan en forma negativa la convivencia pacífica entre los panameños.

Es frecuente escuchar a altos dirigentes del gobierno sobre conspiraciones que grupos de izquierda, o sindicatos, o partidos políticos como el PRD, montan contra el Ejecutivo. Hay una falta de comprensión del origen de los problemas. Veamos un caso.

Los problemas de Bocas del Toro no fueron inventados por los sindicatos ni por los partidos políticos. En esa región había y hay condiciones objetivas para una explosión social, que se disparó por la aprobación de la Ley 30. ¿Por qué los aparatos de inteligencia del gobierno no detectaron esto? Los medios de comunicación hacían denuncias diarias sobre los problemas de Bocas y el gobierno no prestó atención. Se sumó en el carro de la conspiración permanente. Este es un vehículo que utilizan con mucha facilidad los burócratas, nuevos y viejos, enquistados en el Consejo de Seguridad.

Después que ocurrieron los alzamientos, comenzaron las historias sobre reuniones secretas, pactos, pactitos, acuerdos y todo un plan maquiavélico para hacerle daño al gobierno. Nadie hizo el balance objetivo de los errores que se cometieron. Muy por el contrario, se continúa con la práctica de sembrar información falsa para amedrentar y enfrentar con la contra información los argumentos de los ciudadanos.

La democracia panameña enfrenta un grave problema con el incremento de las actividades del crimen organizado a nivel nacional y regional. No estamos para jugar con la información de inteligencia que debería servir para proteger al país de daños irreparables que causen las redes criminales. Es importante que el gobierno entienda esto de una vez por todas.

La política de sembrar el miedo en el seno de la sociedad es totalmente contraria a un espíritu de solidaridad que hay que cultivar, si realmente queremos transformar la nación. Además, solo tienen miedo los que cometen crímenes contra la sociedad y los que falsamente son acusados, tienen la suficiente valentía y fuerza moral para dar la batalla por la libertad y por la democracia.

<>Artículo publicado el 10 de septiembre de 2010  en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Ya nadie quiere hablar

La opinión del Comunicador Social….

ERNESTO A. HOLDER

El mensajero de la empresa donde trabaja la vecina es del interior. Tiene cinco años de haber llegado a la capital. Terminó la secundaria y quiere seguir la universidad, pero aún no se matricula. Es cordial y amable. Hace bien su trabajo. Le gusta el coqueteo con las chicas con que hace amistad en Cerro Batea, donde vive con su hermana mayor, el esposo de esta y sus tres hijos.

En la empresa le dieron un celular para comunicarse con él durante el día y para darle seguimiento a las encomiendas que debe realizar durante su jornada de trabajo, pero por ese celular no puede hablar con las chicas, así que se compró otro celular, a un precio módico y con todos los minutos que le ofrece una de las telefónicas en la captura de clientes.

Con su celular nuevo puede hablar con Diana, la vecina de la otra calle que se dejó hace 10 meses con un albañil que trabaja en la construcción de uno de esos rascacielos en Costa del Este. Diana le dio su número de celular para que la llamara cuando quisiera, pero el mensajero no se atreve. El albañil le dijo que se alejara de su ex mujer, sino se busca un lío. Desde hace una semana, solo atiende el celular del trabajo para cumplir con sus obligaciones, no vaya a ser que alguien escuche y le diga al albañil.

La señora Justina piensa devolver el celular que le dio el señor Carballo, el de la casa grande.   Le va a decir que se va un tiempo a Chiriquí a ver a un familiar, pero no es cierto.   Ahora que el gobierno aumentó la comisión a las billeteras, no quiere que nadie sepa que también vendía los chances clandestinos para Carballo, la lotería de Miami, rifas y one-two’s.    Una billetera rival amenazó con denunciarla. Usó ese mismo celular por más de 8 años y había logrado formar una larga lista de clientes para vender para la casa grande de Carballo todos los ‘tiempos’ posibles de los números bajitos que la gente quería.   Ese número de celular ya es un peligro, por eso lo devolverá.  No vaya a ser que alguien escuche.

La niña Ángela, de 15 años, ya no habla con su novio Rubén, de 16, tarde en las noches cuando sus padres la creen dormida. ‘No hables esas cosas Rubén, que alguien puede escuchar’. También está considerando dejar de chatear en la computadora.   El viejo Edgardo le pidió a su mujer que vendieran la casa y que se fuera a vivir al interior. No confía en las antenas satelitales que una empresa de cable televisión tiene en un lote del barrio. ‘Esos aparatos le dicen a todo el mundo lo que está pasando en la casa de uno’, dice.

El asunto de las escuchas telefónicas es de temer, realmente de temer.   Frente a los peligros que amenazan a las sociedades en estos tiempos, puedo, en principio, estar de acuerdo con que los estados (no los gobiernos) utilicen estos sistemas para protegernos contra el crimen organizado que atenta cada día contra la integridad de la sociedad. Creo que a nivel mundial estamos viviendo tiempos muy peligrosos y debe haber mecanismos de inteligencia y de cooperación entre las naciones para salvaguardar y proteger una sociedad de paz.

El tráfico de armas y de drogas; el blanqueo de capitales, el tráfico de seres humanos, marcan los más horrendos crímenes que, dadas sus características y su modus operandi, deben ser combatidos con las más modernas tecnologías de inteligencia para, por lo menos, disminuirlos y salvar vidas.

Por ejemplo, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito en la página 76 de su Informe Mundial sobre las Drogas del 2009, puntualizó que ‘Centro América y el Caribe, dos de las más importantes rutas para el tráfico de cocaína, representaron un 15% de los decomisos globales’.   El ‘World Factbook’ de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos señala que Panamá es un ‘punto importante de trasiego de cocaína’, que la ‘actividad de lavado de dinero es especialmente pesada en la Zona Libre de Colón’ y que ‘la corrupción oficial sigue siendo un problema mayor’.

Creo que hay suficiente que hacer en materia de vigilancia y seguimiento al crimen organizado, y a las pandillas y bandas que se reparten nuestro país, como para que nuestros especialistas en inteligencia se la pasen escuchando a sus adversarios políticos,  al mensajero,  a la señora Justina,  a la pobre Ángela de 16 años o al Sr. Edgardo.   Ya ninguno se atreve a hablar por un aparato electrónico, mientras que la corrupción y el crimen organizado siguen ganando terreno en nuestro país.

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Este artículo fue publicado el  9 de agosto de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor o autora, todo el crédito que les corresponde.

Educación, trabajo y crimen organizado

La opinión de….

MARCO A. GANDÁSEGUI, HIJO

En varias oportunidades he compartido con los lectores mi preocupación por la presencia creciente del crimen organizado en Panamá. Esta situación se asocia directamente con las políticas públicas equivocadas que han ejecutado los últimos gobiernos y que el presidente Ricardo Martinelli no ha cambiado.

Por un lado, la creciente informalidad del empleo, producto de las políticas de flexibilización, está debilitando la estructura de la mayoría de las familias panameñas que están quedando sin cabeza responsables. Por el otro, la política de desregulación pone en peligro el sistema educativo del cual dependen más de 700000 escolares. Estos factores, combinados con la ‘apertura’ financiera que favorece inversiones especulativas y de origen desconocido, crean el caldo de cultivo perfecto para que el crimen organizado penetre el tejido social panameño.

El debilitamiento de la familia crea comunidades vulnerables, donde prevalecen los negocios que bordean con lo permitido por la ley y proliferan las pandillas al servicio del crimen organizado. Las escuelas, a su vez, son abandonadas por autoridades y comunidades que ceden ante el avance del crimen. El sistema educativo panameño está en crisis desde el inicio de la ejecución de los programas neoliberales en la década de 1980. En la actualidad, las escuelas se encuentran en un estado de abandono lamentable. Los educadores son mal pagados y no existen programas de educación continua adecuados para asegurar sus niveles académicos. El nivel de deserción escolar ha llegado a su nivel más alto en la historia del país.

Frente a esta situación desoladora, el gobierno del presidente Martinelli no presenta propuestas. Más bien continúa aplicando las viejas políticas que tienden a hundir aún más el sistema educativo. En forma sorpresiva, sin embargo, el mandatario panameño ha sacado un ‘as de la manga’ que pretende resolver los problemas del sector educativo. Anunció la creación de un programa para subvencionar las economías familiares de todos los estudiantes del país.

Comenzaría en 2011 con los escolares de primaria en los planteles oficiales a lo largo y ancho del país. Seguiría con los adolescentes de la educación media. Según señalan los medios, en 2013 el programa incluiría también a los escolares del sector privado. En total, se beneficiarían cerca de 800000 estudiantes pertenecientes al sistema educativo panameño. Casi el 90 por ciento está formado por estudiantes en el sector público (oficial).

Según el programa que ejecutaría el Ministerio de Educación, la familia recibiría un subsidio mensual de 20 dólares por cada niño (hasta un máximo de cuatro) que tiene un buen rendimiento escolar. El despacho ministerial todavía no tiene un presupuesto para el proyecto. Tampoco tiene claridad sobre el total de estudiantes que serían beneficiados ni cómo calcularlo.

El equipo que está trabajando en el proyecto tampoco tiene un plan para distribuir los fondos a las familias. Desde el punto de vista político, sin embargo, el programa puede resultar en una enorme ayuda a elevar la muy golpeada imagen del gobierno. Sin importar el éxito administrativo del programa, los fondos desembolsados por el gobierno serían muy bien acogidos por la gran mayoría de las familias panameñas que están pasando serias dificultades económicas, tanto de la capital como del interior del país.

El gobierno nacional tiene una responsabilidad: ofrecerle la mejor educación a los panameños. El programa descrito más arriba no está dirigido a lograr ese propósito. Para cumplir con esa obligación constitucional, el presidente Martinelli tendría que formar un equipo que presente el mejor programa académico para los niños panameños. Además, ofrecerle a cada niño un desayuno y almuerzo diario, en forma organizada y considerando los niveles nutritivos más altos.

Un cálculo muy por encima —20 dólares por estudiante— arrojaría un gasto total anual para el programa de 100 millones de dólares (sin incluir los gastos administrativos). El Ministerio de Educación tiene actualmente un presupuesto de 600 millones de dólares. Apenas el 2.5 por ciento del presupuesto nacional del gobierno. Para que el sistema educativo se comience a recuperar, el gobierno tendría que duplicar el presupuesto de ese sector a un cinco por ciento del total. Es decir, a un total de 1200 millones de dólares.

Se estaría hablando de casi diez veces la suma que pretende gastar el gobierno en su programa de 20 dólares para cada escolar. Solo se puede concluir que el programa presentado por el presidente Martinelli tiene más objetivos politiqueros que educativos.

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Este artículo fue publicado el 29 de julio de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor o autora, todo el crédito que les corresponde.

De embudos y ministerios de seguridad

La opinión del Politologo….

MARCEL   SALAMÍN

Hace poco un alto funcionario estadounidense llamó la atención pública sobre una realidad que a la mayoría de los panameños pasa completamente desapercibida, a pesar de que nos salpica de sangre a un ritmo cada vez más creciente: Panamá es la parte más estrecha de un embudo por el que circulan, entre el Sur y el Norte del Hemisferio, flujos delictivos de inmenso poder.

Por simples leyes de la dinámica, si en el punto más ancho del embudo hay turbulencias, en su parte más angosta, la más débil estructuralmente, se están acumulando presiones de un poder destructor inimaginables. La experiencia de nuestros vecinos predice nuestro futuro.

Falso, dijeron unos.   Sabrá Dios si es verdad, dijeron los más ingenuos. De aquel fogonazo, parece que solo germinó la incredulidad que fue rápidamente aderezada con exclamaciones destempladas de patrioterismo barato:   ‘¡Ya vienen los gringos con sus pendejadas para justificar bases militares!’.   El resto lo hizo el silencio de nuestros medios de comunicación, prestos a chotear y a darle vuelta a la hoja.   Como fuego calcinante, el silencio consumió la advertencia.

Pero esa realidad sigue allí, crece, se afianza, su vaho se siente por encima del fragor de los goles del mundial y los del patio y allí seguirá, enconando, pudriendo nuestra economía, con el aroma embriagador del mango maduro. Pero pudriéndose.

Cabe preguntarse por qué los de afuera ven con claridad esa realidad y nosotros no! Pudiera aducirse que sufrimos de una ceguera histérica: los panameños no queremos verla porque nos causa horror. No soportamos verla. Pero pudiera también aducirse que la sordera —que se ha sumado a la ceguera y a la incapacidad de oler— es ya el síntoma maligno del vórtice de un remolino de poder criminal que amenaza con engullirse a trozos el tejido nacional y luego de un golpe, el Estado. ‘Si la economía va de maravilla, dejemos las cosas tranquilas. Que nadie alborote el avispero. Vean a México’, dicen. ¡Quietos izquierdistas alborotadores!

Pero pasar de menos de 300 homicidios en el peor año del quinquenio pasado a 419 solo en el primer semestre de este año, nos indica que algo se hizo mejor antes que ahora. Y por Dios, no se trata de reivindicar nada ni de criticar por deporte electorero.

Parafraseando a Monsiváis, se preocupa y alerta quien está informado. Pero actúa quien tiene la responsabilidad institucional y quien dispone de toda la información y las herramientas de poder legítimo y legal para sonar las alarmas, para incentivar los consensos y los acuerdos plurales que hagan posible instrumentar oportunamente las herramientas para hacerle frente a la mayor amenaza a la seguridad nacional de los panameños: el crimen organizado.

Me produce estremecimiento solo el pensar que este descalabro de la seguridad pública pudiera tener su origen en un desarreglo resultante de la infiltración del crimen organizado en nuestra institucionalidad.

Pero confieso también que me deja seco pensar que es más el resultado de la chatura intelectual y de la pobreza doctrinal. La primera la podemos ganar; la segunda la tenemos perdida de arranque.

Con la infiltración, podemos lidiar, siempre que cumplamos tres condiciones estratégicas: recolectar inteligencia, analizar la inteligencia y entregar la inteligencia al operador. Asumamos que haya decisión, firmeza y valentía. Asumamos —presunción lastimosamente negada por los hechos— que esa inteligencia es profesional y apolítica.   Aún así, la lucha contra la infiltración es una tarea dura e ingrata, a momentos desmoralizante, pero es una condición sine qua non para contener, detener y revertir la metástasis del crimen organizado.

La guerra sucia es una maldición que deriva en una vorágine que se traga a sus mandantes y ejecutores. Colombia no ha parado de desangrarse, aunque la hemorragia esté contenida. Esas heridas no cicatrizan.

Por paradójico que suene, el segundo origen de este descalabro es más difícil de resolver, porque no hay peor ciego que el que no quiere ver ni peor sordo que el que se rehúsa a escuchar. Es una ingenuidad, para decirlo suave, pensar que organizando un ministerio de seguridad se ha dado un paso decisivo y demoledor en la lucha contra el crimen organizado, como le escuché a nuestro presidente afirmar en su balance de año.

Los militaristas que están detrás del diseño final del Ministerio le convencieron de que solo acumulando poder de fuego se puede enfrentar al crimen organizado. Craso error. No los caracterizo como tal para descalificarlos. Lo hago para poner en evidencia que es mucho más valiosa una auténtica matriz doctrinal policial como misión de esa institución, como más útil es un diagnóstico bien fundado intelectualmente del fenómeno del crimen organizado.

Quien lidia profesionalmente con este problema sabe que hay cuatro ejes cardinales —valga la licencia— que hay que descardinar: dinero, armas, droga y corrupción.

Si se revisan someramente los informes de las agencias que luchan contra el crimen organizado, se encontrará la evidencia clara de que más dinero, más armas y más drogas pasan ‘legal y formalmente’ por nuestra aduana corrupta que los que circulan por los canales informales en la panza de ‘camellos’ o en las ‘fajas y maletines’ de los pasajeros.

¿Quieren de veras descardinar el crimen organizado? Péguenle a su dinero sucio y al lavado en las montañas de cemento que ‘embellecen’ la ciudad; péguenle a los contenedores de dinero, armas y drogas que pasan bajo nuestras narices por nuestros puertos y aeropuertos; péguenle a la corrupción.

Dicho en breve: No tiene ningún sentido un Ministerio de Seguridad Pública que no tenga como sus dependencias estratégicas Aduanas y Migración.

Y de paso: No se les ocurra nombrar un uniformado ni ex uniformado como ministro, porque ese día se habrá reconstituido un poder fáctico autónomo contrapuesto al poder civil, que asumirá como su misión tutelar la precaria democracia que nos están dejando. ¡Y hasta allí llegó Matea!

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Este artículo fue publicado el  12 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor o autora, todo el crédito que les corresponde.

Apostar al Darién

La opinión de…..


Adelita Coriat 

La frontera a la que por décadas menos atención se le ha brindado, parece un niño berrinchudo que apenas logra atraer la mirada de los gobernantes de turno.

El Darién pareciera la línea de la indiferencia, del abandono, de la lejanía. La falta de infraestructura ha dejado el camino libre para que otros llenen los espacios que el gobierno no ha tomado por años.

Es una de las provincias que refleja los peores índices de pobreza, de insalubridad y de mortandad. Esta situación resulta una oportunidad de oro para el crimen organizado que sabe recompensar el silencio y la “complicidad” de las poblaciones que les brindan apoyo para operar.

Tradicionalmente ha sido una zona de refugio y descanso para los grupos irregulares que cruzan a Panamá y dan sustento a los lugareños. Ahora la estrategia gubernamental parece aguarle la fiesta a estos grupos. Martinelli juega con otras cartas; pretende retomar el dominio territorial que las organizaciones al margen de la ley ya acapararon. No solo eso, se instalaron y protegieron sus campamentos con minas antipersonales que detonaron una reacción despechada del mandatario.

Esta no será una tarea fácil. El crimen organizado está infiltrado en varios estamentos del gobierno. En cambio el las instituciones poco han hecho para adecentarse. El narcotráfico conoce sus movimientos, los planes y las posibles amenazas en su contra. Le llevan mucha cancha a la inteligencia estatal.

Una de las fórmulas infalibles para sembrar seguridad es promoviendo el desarrollo sostenible mediante la paliación de la pobreza absoluta, la prestación de servicios sociales básicos, oportunidades de vida, de educación y trabajo. De no atender este tipo de necesidades fundamentales para vivir, la población seguirá a las ordenes de quien les brinde mejores horizontes sin importar a qué bando pertenezcan. La inseguridad no sólo favorece la injusticia, provoca miedo, y destruye la confianza; base de la democracia.

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Este artículo se publicó el  28  de junio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que a la  autora, todo el crédito que les corresponde.

De la guerra fría al crimen organizado transnacional

La opinión de….

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Severino Mejía  —-

Es más probable ver matanzas en las calles, que el choque de países con arsenales nucleares.   Después del derrumbe de las torres gemelas, el 11 de septiembre de 2001, se da inicio a un nuevo tipo de guerra en la que el objetivo no es un territorio sino la mente del hombre.

El terror desmoraliza y produce un efecto pandémico que se esparce a velocidad telegráfica en cualquier sociedad, no importa si es desarrollada o no. Surge un nuevo problema que trasciende la lógica de un conflicto nuclear para pasar a la compra de voluntades en los Estados débiles.

Aunque los actores sean diferentes, hay algo que se mantiene incólume a través del tiempo: la particularidad humana de la autodestrucción; no importa los medios empleados, ya sean estos armas de destrucción masiva, armas convencionales o la simple colocación de bombas en sitios donde se concentran muchas personas o el asesinato por encargo.

Si el escenario ha variado con nuevas modalidades de guerra, debemos preguntarnos entonces, ¿quiénes son los nuevos actores? Desde nuestro punto de vista, los actores enfrentados son el Estado contra el terrorismo y el crimen organizado transnacional. No es un enfrentamiento clásico con equipos bélicos sofisticados; el arma del Estado son las políticas públicas lo suficientemente fuertes para blindarse de la principal herramienta que disponen los criminales: la corrupción.

En este escrito nos ocuparemos únicamente en analizar el crimen organizado. Hay diversas acepciones de crimen organizado, la Interpol lo define como “Cualquier grupo con una estructura corporativa cuyo objetivo primario fuere obtener dinero, a través de actividades ilegales y a menudo del miedo y la corrupción de los organismos estatales”.

La Convención de Palermo del año 2001 (Convención Contra la Delincuencia Organizada Transnacional) propuso la siguiente definición: “Se entiende por grupo delictivo organizado a un grupo estructurado, existente durante un período de tiempo y que tenga por fin la comisión de un delito transnacional grave mediante la acción concertada, utilizando la intimidación, la violencia, la corrupción u otros medios para obtener, directa o indirectamente, un beneficio económico u otro beneficio de orden material”.

No importa la definición, el hecho es que el crimen organizado es una amenaza grave a las naciones democráticas y a la seguridad internacional, lo cual exige una comprensión por parte de los Estados en tener bien claro con quién se están enfrentando. En el mundo bipolar, el capitalismo y el socialismo interactuaban a través de las reglas internacionales de comunicación, pero con el crimen organizado este se trunca de manera inexorable.

La solución a los conflictos no se resuelven a través de las Naciones Unidas, sino por medio del empleo de fuerza letal.

Panamá, como el resto de las naciones centroamericanas, está acosada por estos grupos criminales, generadores de violencia, que convierten a la región en la más violenta del mundo.

En nuestro país, con valores agregados atractivos (el dólar como moneda de curso legal, una zona libre importante, un sistema bancario fuerte), cercano a la nación que produce el 80% de la cocaína que se consume en el mundo, es fácil deducir que es un campo atractivo para el lavado de activos y una zona de tránsito obligatoria de la droga sur–norte.

Combatir el crimen organizado conlleva una serie de acciones fundamentales que van desde la cooperación y solidaridad entre los países, así como el desarrollo de políticas públicas preventivas que impidan el proceso de reclutamiento de jóvenes de las zonas pobres para que engrosen sus filas como sicarios; la articulación del crecimiento económico con el desarrollo humano y, sobre todo, un conocimiento claro y preciso de nuestras fortalezas y debilidades como Nación.

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Este artículo se publicó el 25 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.