La invasión: el eslabón perdido

La opinión del Abogado, Diplomático, Militar, Escritor….


ROBERTO  DÍAZ  HERRERA
robertodiazherrera@hotmail.com

La invasión militar, cruel y desproporcionada, suele analizarse sobre dos eslabones, según los opositores o los defensores de Noriega y su régimen. Del sector civilista de Endara y compañía, suelen achacar ese despliegue de armas todopoderosas a los extremos desafiantes de Noriega contra el régimen republicano de Bush. Del sector adicto al dictador, se acusa como traidores a la patria a quienes, en efecto, hacen lobbies en Washington y luego son notificados anticipadamente de que iban a invadir, y cenan y toman posesión de presidentes en las bases militares gringas.

De ambos eslabones hay verdades relativas y acomodadas. Pero tenemos un tercer eslabón que suele estar perdido y es demasiado clave.

George Bush, padre, y Noriega eran socios desde antes del asesinato de Omar Torrijos, complot donde el preso de París participa con la CIA, la de Bush precisamente; esa asociación era por negocios geopolíticos, más de lo primero. Los dos estaban unidos a través de los episodios que luego estallan en Washington como el escándalo Irán – Contras. Ese hecho amoral que se inicia con Ronald Reagan, pero siempre con Bush como mentor, pretende derrocar a l os comandantes marxistas – sandinistas de Managua, primero con dólares oficiales del Congreso, y prohibidos éstos, entonces se inventan otras monedas fuertes provenientes de armas vendidas a Irán —los diablos de hoy para Washington— en su guerra de entonces contra Irak. Como esa plata no les alcanzaba, colocan al coronel Oliver North, del Consejo de Seguridad, dirigido por el almirante Poindexter, para que coordine el ingreso de toneladas de drogas a USA, con el semáforo semioficial en luz verde. Solo le pedían a los carteles colombianos ir a medias en el mercadeo de cocaína y el nuevo subproducto, crack, para el target bajo. Participan narcomafias mexicanas, generales hondureños, narcomercaderes cubanos del exilio y Noriega es designado gerente en Panamá, por sus nexos íntimos con Pablo Escobar Gaviria.

El atenuante para muchos panameños es que nadie conocía de esos secretos. Era una operación clandestina, encubierta, a espaldas de su Congreso.

Cuando muy tarde estalla esa porquería, Reagan con carita de santo pide perdón público y enjuician y destituyen como chivos expiatorios a Caspar Weinberguer, ministro de Defensa, al almirante Poindexter, al subsecretario de Estado Elliot Abraham y al propio Oliver North. Pronto Bush, su socio mayor, al convertirse en presidente, los indulta, enseñando sus manos cómplices.

Solo las denuncias y reacciones públicas que se inician en Panamá, en junio del 87, propician un escándalo en Washington, que se hincha y va develando el sucio negociado que estimula la droga en un pueblo ya enviciado, y se le piden cuentas al dúo Reagan – Bush. Solo por eso Noriega es abandonado por sus altos socios, uno de ellos, también llamado a juicio, muere durante el mismo; se trataba del padrino mayor, William Cassey, el top de la CIA.

Cuando leo a los de izquierda echar toda la culpa a Endara y a los suyos, y a los Civilistas culpar solo a Noriega y nadie habla de las causas, los orígenes, el Irán – Contras, veo cuán ignorantes y sectarios somos. Como me pueden creer igualmente subjetivo, les dejo la tarea siguiente: averiguar qué hacían visitando el Palacio y cenando con Nicky Barletta y hablando obviamente solo de negocios —de drogas y armas ya habían hablado con Noriega horas antes— los altos personajes Caspar Weinberguer, el mismo Oliver North, y, curioso, don David Rockefeller. Además de Nicky, dos testigos nacionales, éramos Noriega y yo. Barletta debe acordarse mejor de esa cena diplomática, pero creo que fue a principios de 1985.

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<> Este artículo se publicó el 23  de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

La herencia que nos dejó ‘Just cause’

La opinión del comunicador social…

 

EDWIN   RODRÍGUEZ
edwinhr50@hotmail.com

Los primeros grupos delincuenciales aparecieron en Panamá a finales de la década de los ochenta y tomaron más auge tras la eliminación de las Fuerzas de Defensas en 1989, con la operación Causa Justa, integrando a menudo delincuentes deportados de EE.UU.

Desde entonces en nuestro país, las pandillas han crecido. Se observa una evolución importante de su organización, han variado sus actividades delincuenciales, aliándose a los carteles internacionales del narcotráfico, siendo ellos los encargados del trabajo sucio a nivel local.

La crisis de las instituciones de socialización como la familia, la escuela y el trabajo; la categorización de los modelos de conducta que los medios de comunicación promueven y que la juventud copia; la reducción de oportunidades para los jóvenes y la necesidad de establecer mecanismos de autodefensa, entre otras, son razones para su existencia.

En consecuencia, la pandilla se convierte en un sustituto asociativo que le ofrece al joven la posibilidad de ser parte del mundo, compartiendo TERRITORIO e identidad.

La endeble política integral por parte de los Estados, ha contribuido en gran medida a esta realidad, quienes muchas veces, toman decisiones unilaterales, sin tomar en cuenta a la juventud. Por ende, la carencia de oportunidades para estos sectores marginados ALIENTA el crecimiento de los grupos pandilleros. Por otro lado.

Quienes trabajan para suplir sus necesidades y pagos de casas, tienen poco tiempo de atender a sus hijos que es a mi entender el principal factor el porqué existen tantos jóvenes que son absorbidos por el abismo de las pandillas y las drogas.

Para educar lo más humanamente posible a sus hijos, es imperativa mayor convivencia con ellos y estar atento al mínimo cambio de conducta en sus proles. La situación económica de muchas familias obliga a dejar los niños solos, que se atiendan unos con otros en el hogar donde hay más de uno. Las cosas se complican cuando sus hijos llegan a la adolescencia; es allí donde son presas fáciles de las pandillas, por esa falta de vigilancia de sus padres.

La separación conyugal de los progenitores es otro factor que incide. Los niños crecen con solo uno de ellos, con un pariente o con los abuelos. La carencia de un núcleo familiar sólido hace al adolescente más vulnerable asociarse a una pandilla, en busca de comprensión, apoyo y hermandad ficticia que le brindan otros jóvenes en igual o peor situación.

No obstante, carecemos de programas para combatir a las bandas delincuenciales mediante el deporte, educación, el trabajo y centros ocupacionales para disminuir el ocio amo de todos los vicios. Finalmente, dentro de la globalización, el cambio y modernidad, no se puede vivir de espaldas a la realidad. Es difícil pensar que la violencia va a terminar, pero la indiferencia y la inequidad hacen tanto daño como su existencia. Salvo mejor parecer.

 

 

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<> Este artículo se publicó el 23  de dicembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Invasión: las balas que segaron vidas y esparcieron dolor

La opinión del Presidente del Parlacen….


DORINDO JAYAN CORTEZ
jayan2258@gmail.com

Cinco días antes del fatídico 20 de Diciembre de 1989, el de la cruenta invasión de EE.UU. a Panamá, el capitán Julián Lorenzo, de las Fuerzas de Defensa, al llegar a su residencia después de la dura faena de preparación miliar, tomó a su hijo más pequeño, tres añitos de edad, entre sus brazos. Los otros dos hijos, de nueve y doce años, lo rodearon, como tantas otras veces, como muestra de cariño infantil, que es aquel que se recuerda para siempre. Esa escena de afecto familiar se había repetido muchas veces. La faena militar, en los últimos meses, le había impedido estar con ellos, por lo menos como lo haría un padre normal ajeno a la disciplina de un cuerpo castrense. El retiro de casa era, ahora, frecuente debido al recrudecimiento del conflicto con la mayor potencia del mundo. La confrontación armada era lo más probable.

Ahí estuvo sentado por largo rato, contemplando a sus pequeños, con mirada perdida y sin decir palabras. Su compañera, consciente de la gravedad del momento, se unió al grupo y, sin que se diera cuenta Julián, estaba llorando. Luego, ocultando su desaliento, ordenó a los niños ir a la cama. La resistencia se hizo presente, refunfuñaron; aunque se marcharon, uno tras otro, no sin antes un beso como era costumbre, salvo que ahora, sin saberlo, sería el último. El más pequeño, en su retirada, miró fijamente a su padre con ojos tiernos de despedida; alzó también su manito en forma de saludo como si le dijera: ‘adiós papá, regresa pronto para estar contigo’.

Esa noche fue distinta a tantas otras. En el ambiente reinaba tristeza, una rara sensación. Aún así, tenía que cumplir con la tarea, comentada entre compañeros de armas, en la que debían dar indicaciones. Había que seguir reglas ante la posibilidad, no deseada, pero que se veía venir, de un enfrentamiento armado. Era el temor de un padre, ante el futuro de su familia, el de sus hijos. El miedo se apoderaba de Julián, y de tantos otros que, aun con sus principios, le mortificaba imaginar en orfandad a sus hijos. El temor tenía, aquí, un profundo sentido de solidaridad humana, de conciencia plena de la vida, de sentimiento de familia que, como siempre, estará por encima de cualquier guerra. Guerras que jamás serán justas.

Después de repetir ‘cierra bien las puertas’, ‘no salgan a la calle, salvo para lo necesario’, ‘recen por mí, yo haré lo mismo’, extendió sus brazos y dio el más profundo de los abrazos de su vida matrimonial. Fue como una despedida acompañada de la cruel sensación de ‘no regreso’. Al llegar a la puerta, con semblante decaído y triste, alzó la mano, como había hecho su pequeño, en señal de despedida. Y su mirada, fue tan igual de profunda, con proyección de dolor.

Fue un adiós para no volver. En los disparos y bombazos del agresor cayeron muchos cuerpos carbonizados, descuartizados. En fosas comunes fueron enterrados muchísimos cuerpos irreconocibles. En una de ella, es posible que esté Julián Lorenzo. Él, y tantos como él. Son los que abandonaron el mundo terrenal por una supuesta ‘causa justa’ llamada invasión. Los hijos, de todas las edades, esposas, familias enteras, son las víctimas vivientes de aquel genocidio que segó vidas humanas y sembró dolor.

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<> Este artículo se publicó el 26  de dicembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Las barricadas de la Navidad de 1989

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La opinión del actual Embajador de Panamá en Nicaragua…

Olimpo A. Sáez M.

El 20 de diciembre de 1989, las tropas de los Estados Unidos entraban al Chorrillo y atacaban al Cuartel Central. Esa mañana el amigo Miguel Vanegas me llamaba por el teléfono para comentarme que el Canal 8 y una emisora que funcionaba en la Zona del Canal transmitían unos mensajes en español, pidiendo apoyo a la población para el Gobierno del Presidente Endara y que él consideraba ofensivo que un puertorriqueño lo hiciera en vez de los mismos panameños. ¿Qué podíamos hacer me preguntó? Le dije que lo único por hacer era tomarnos una emisora con cadena nacional e iniciar una campaña nacional de apoyo al Gobierno del Presidente Endara. La dificultad de esta toma, era que no sabíamos nada de radio para echarla a andar. Más le dije que podíamos tratar de conversar con unos amigos que nos ayudaran en dicha acción.

Fuimos a visitar a Chito Montenegro y luego de una conversación al respecto llamamos a Lerroy Hubarb Joseph, conocedor de la materia, lo mismo que al difunto Juan Barrera Salamanca. Con éste, dispusimos, visitar en su casa de Carrasquilla a Ramón Pereira Hijo, en ese entonces propietario de la emisora Radio Mía. Juan Barrera era su amigo. Luego de una corta conversación Ramoncito Pereira le entregó el cristal de la emisora a Barrera Salamanca y se dispuso llamar al amigo Laguna, locutor de esta emisora para que nos acompañara a las transmisiones que íbamos a realizar. Así, cristal en mano, ocupamos pacíficamente Radio Mía. Miguel Vanegas llegó con dos Ak47 abandonadas y recogidas frente a la Iglesia Guadalupe para defendernos de los Batalloneros que estaban anárquicamente tratando de huir o de hacerle frente a los soldados norteamericanos atrincherados en varias partes de la ciudad. Los viejos gritos de Ni un paso atrás!!! del Estado Mayor de Noriega ya no se escuchaban y la Operación Cutarra del Comandante Benjamín Colamarco deambulaba por los barrios sin destino fijo ni cierto.

Para ese día y los siguientes, El Saqueo, propiciado por los batalloneros en la idea de que las tropas norteamericanas saldrían a defender al comercio y se provocaría un enfrentamiento de sangre, muertos y heridos entre la población y los soldados de USA, propiciaron las mejores navidades para miles de panameños que se dedicaron a la tarea de saquear todo lo que se pudo. Los soldados gringos observaron El Saqueo, sin pestañar. La anarquía social se había adueñado de la ciudad capitalina.

Atrincherados en Radio Mía, organizamos una programación de 24 horas que llamamos Rardio Cadena Civilista, desde donde apoyamos al Gobierno recién instalado de Endara, Arias Calderón y Ford, llamamos a los batalloneros y policías a abandonar la violencia y sumarse al Gobierno Civilista y Democrático, surgido de las urnas del 10 de mayo de ese mismo año. Igualmente se iniciaron las denuncias de los ciudadanos vía telefónica de las incursiones de los batalloneros en barrios y calles de la ciudad. Vista la magnitud de las denuncias, la anarquía reinante, la falta de seguridad iniciamos una campaña radial para que los ciudadanos levantaran barriadas en los barrios y calles de la ciudad. Con ello también queríamos inmovilizar a los batalloneros. La campaña dio resultados, en pocas horas la ciudad se había llenado de trincheras con ciudadanos armados con revólveres, machetes y palos. Se quería evitar enfrentamientos entre ellos y los soldados de USA, que pudieran provocar muertos y heridos entre la población indefensa.

Lerroy, Barrera Salamanca, Chito Montenegro, Miguel Vanegas, Jorge Flores y el que escribe esta columna, nos dedicamos en esas navidades, en el año nuevo y los días siguientes, día y noche, a propiciar todo el apoyo ciudadano al nuevo Gobierno, a orientar a la ciudadanía sobre la situación reinante y a denunciar los escondites de armas que recibíamos de los ciudadanos vía telefónica.

Apoyando y acuerpando la toma pacífica de Radio Mía, nos acompañaron José Moreno, Julio Lobón, Guillermo Ríos V., Alejandro Garrido, Rolando Marcos Hermoso, el difunto Payo, Alfonso Saldaña, Vasco Rincón y el locutor Laguna, que sin recibir un medio de salario, estuvo en los controles de la emisora durante todos esos días. De los políticos que se acercaron a solidarizarse con nosotros solo aparecieron Chinchorro Carles, Leonidas Aragón y Gonzálo Menéndez Franco. Días después, siguiendo el ejemplo nuestro, éste y Bucho Pinzón se tomaban Radio Soberana, perteneciente a Toti Suarez. Navidades con Barricadas…

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<>Artículo publicado el  22 de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

¡Una estatua para Marc Cisneros!

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La opinión del Educador…


Pastor E. Durán E.

Si le hicieron una estatua al invasor de la época de la Conquista, Vasco Núñez de Balboa, ¿por qué no hacerle una también a Marc Cisneros, el invasor contemporáneo que comandó la invasión a Panamá en diciembre de 1989?

Ni el Presidente Martinelli, ni la gobernadora Correa ni el Alcalde Vallarino se opondrían, pienso yo. ¿Qué méritos tiene Balboa que no los tiene Cisneros? ¡Ah! ¿Que Balboa “descubrió” el Mar del Sur? Ese es un cuento chino de la historia eurocentrista que muchos se regocijan en creer, pues el Mar del Sur (Océano Pacífico) ya estaba descubierto por los nativos panameños desde hacía miles de años.

Según investigadores de la talla de Richard Cooke, Olga Linares y Omar Jaén Suárez, hay indicios de que el ser humano (homo sapiens) se encuentra en Panamá desde hace por lo menos 12,000 años.

Si es por la matanza de panameños, algunos cronistas de la Conquista contabilizaron, más o menos los nativos asesinados por Balboa en sus incursiones. Pero en el caso de la invasión de diciembre del ’89, hasta la fecha nadie sabe decir ni con la más mínima precisión cuántos muertos hubo. Sólo se sabe que fueron varios miles.

Cuando el invasor Balboa cruzó el Darién en septiembre de 1513 para ver por primera vez el Mar del Sur, ya había estado antes en las costas orientales del Caribe panameño en 1502 en la invasión de Rodrigo de Bastidas. Desde entonces no regresó a España pues se quedó en República Dominicana donde fue dueño de tierras y de indios. En aquella ocasión que vino con el invasor Bastidas, robaron mucho oro y secuestraron indios para llevarlos a Dominicana como esclavos.

Con el invasor Martín Fernández de Enciso –según el cronista Pedro Mártir de Anglería en su “Década del Nuevo Mundo”-, Balboa participó en el ataque al poblado del cacique Comagre donde fundaron Santa María La Antigua (1510), pusieron fuera de combate a cerca de 500 nativos y robaron “dos mil libras de oro en collares, bronchas, manillos, zarcillos y otros joyeles…”.

Durante su travesía hacia el Mar del Sur, Balboa y sus soldados mataron a 600 indios en las tierras del cacique Torecha. También asesinaron a 40 indígenas travestis. Bartolomé De Las Casas dice en su “Historia de Indias”: “…¿quién hizo juez a Vasco Núñez…, en señorío y jurisdicción ajena, siendo él súbdito de aquellos naturales señores… y que de justa justicia, por sus… invasiones y robos… por toda ley natural, divina y humana…, podían hacerlos cuartos y tajadas?”

Durante la invasión del ‘89 hubo también saqueos, pero éstos los cometimos los mismos panameños.  ¿Tiene o no también méritos Marc?

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<>Artículo publicado el 20  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

21 años después de la Invasión

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La opinión del Abogado…

Oriel A. Domínguez C. 

La Invasión a Panamá es sin lugar a duda el genocidio más grande de nuestra historia, sin embargo nadie sabe con exactitud cuántos panameños murieron, en parte gracias a la actitud para algunos servil del hoy difunto Presidente Endara y su gobierno, quienes se negaron a incluir en el Censo de 1990 la pregunta relacionada a si algún familiar suyo había muerto en la invasión.

Sólo para recordar algunos hechos que dan inicio a esta época “democrática”. Nadie podrá cambiar jamás que Endara, Calderón y Ford cenaban en una base norteamericana horas antes de la invasión, en dicha cena les fue comunicado que nos invadirán, nadie sabe cómo reaccionaron, pero no parece ser que se hayan opuesto con vehemencia ante tal noticia, lo cierto es que esa noche ellos tomaron posesión de sus cargos recibiendo cada uno el abrazo de los mismos soldados que nos masacraron utilizando las más modernas armas.

Una de ellas el avión de combate Stealth Fighter F-117 “Nighthawk” que erró tres de las cuatro bombas que intentó detonar en el Cuartel Central, pese a este hecho reconocido por los propios invasores, muchos hoy todavía tontamente creen que el Chorrillo fue quemado por miembros del Batallón de la Dignidad.

Otro hecho fue que a los días, muchos panameños a pesar de lo sucedido salieron con gran alegría vistiendo camisetas que decían “Just Cause” portando banderas de los Estados Unidos, otros incluso servían a Estados Unidos y salieron vistiendo con orgullo el uniforme militar yankees.

Que decir de los y las que se subían a las tanquetas gringas y se tomaban alegremente fotos con los soldados sureños de ojos verdes y cabellos rubios únicamente. Para los meses siguientes la historia recuerda al Embajador de los Estados Unidos dando órdenes en el Consejo de Gabinete de la República de Panamá.Todos estos hechos lejos de constituirse en algo heroico rayan en la más grande traición.

Es triste que hoy se considere esta fecha como “Día de Reflexión” y es que después de 21 años por donde se mire la invasión no tuvo nada de Justa.

Con estas actitudes nunca llegaremos a ser país de primer mundo y habrá que esperar que toda esta generación muera, así como murieron los judíos que salieron de Egipto que tenían mentalidad de esclavos, para entonces empezar a edificar un país con dignidad y valor, donde el amor a la patria esté por encima de todo.

Ojalá algún podamos honrar a aquellos que dieron su vida por la patria ese día como ellos se merecen. Nunca los olvidaremos.

*
<>Artículo publicado el  20  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

21 años después de la invasión

La opinión de…

Oriel A. Domínguez C.

La invasión de Estados Unidos a Panamá es, sin lugar a dudas, el genocidio más grande de nuestra historia, sin embargo, nadie sabe con exactitud cuántos panameños murieron. Eso se debe, en parte, a la actitud –para algunos servil– del hoy difunto presidente Endara y su gobierno, quienes se negaron a incluir en el censo de 1990 una pregunta relacionada a si algún familiar había muerto en la invasión.

Solo para recordar algunos hechos que dan inicio a esta época “democrática”. Nadie podrá cambiar jamás que Endara, Calderón y Ford cenaban en una base estadounidense horas antes de la invasión y que en dicha cena les fue comunicado que nos invadirían. Nadie sabe cómo reaccionaron, pero no parece que se hayan opuesto con vehemencia ante tal noticia. Lo cierto es que esa noche ellos tomaron posesión de sus cargos, recibiendo cada uno el abrazo de los mismos soldados que nos masacraron utilizando las más modernas armas.

Una de ellas, el avión de combate Stealth Fighter F-117 Nighthawk, que erró tres de las cuatro bombas que intentó detonar en el Cuartel Central, pese a este hecho reconocido por los propios invasores, muchos hoy todavía tontamente creen que El Chorrillo fue quemado por miembros del Batallón de la Dignidad.

Otro hecho fue que a los días muchos panameños, a pesar de lo sucedido, salieron con gran alegría vistiendo camisetas que decían Just Cause, portando banderas de Estados Unidos. Otros, incluso, servían a Estados Unidos y salieron vistiendo con orgullo el uniforme militar yankee.

Qué decir de los y las que se subían a las tanquetas gringas y se tomaban, alegremente, fotos con los soldados sureños de ojos verdes y cabellos rubios. Para los meses siguientes, la historia recuerda al embajador de Estados Unidos dando órdenes en el Consejo de Gabinete de la República de Panamá.

Todos estos hechos, lejos de constituirse en algo heroico, rayan en la más grande traición. Es triste que hoy se considere esta fecha como “día de reflexión” y es que después de 21 años, por donde se mire, la invasión no tuvo nada de justa. Con estas actitudes nunca llegaremos a ser país de primer mundo y habrá que esperar que toda esta generación muera –así como murieron los judíos que salieron de Egipto que tenían mentalidad de esclavos– para entonces empezar a edificar un país con dignidad y valor, en el que el amor a la patria esté por encima de todo.

Ojalá algún día podamos honrar a aquellos que dieron su vida por la patria ese día como ellos se merecen.

¡Nunca los olvidaremos!

 

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<> Este artículo se publicó el  19  de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.