La invasión: el eslabón perdido

La opinión del Abogado, Diplomático, Militar, Escritor….


ROBERTO  DÍAZ  HERRERA
robertodiazherrera@hotmail.com

La invasión militar, cruel y desproporcionada, suele analizarse sobre dos eslabones, según los opositores o los defensores de Noriega y su régimen. Del sector civilista de Endara y compañía, suelen achacar ese despliegue de armas todopoderosas a los extremos desafiantes de Noriega contra el régimen republicano de Bush. Del sector adicto al dictador, se acusa como traidores a la patria a quienes, en efecto, hacen lobbies en Washington y luego son notificados anticipadamente de que iban a invadir, y cenan y toman posesión de presidentes en las bases militares gringas.

De ambos eslabones hay verdades relativas y acomodadas. Pero tenemos un tercer eslabón que suele estar perdido y es demasiado clave.

George Bush, padre, y Noriega eran socios desde antes del asesinato de Omar Torrijos, complot donde el preso de París participa con la CIA, la de Bush precisamente; esa asociación era por negocios geopolíticos, más de lo primero. Los dos estaban unidos a través de los episodios que luego estallan en Washington como el escándalo Irán – Contras. Ese hecho amoral que se inicia con Ronald Reagan, pero siempre con Bush como mentor, pretende derrocar a l os comandantes marxistas – sandinistas de Managua, primero con dólares oficiales del Congreso, y prohibidos éstos, entonces se inventan otras monedas fuertes provenientes de armas vendidas a Irán —los diablos de hoy para Washington— en su guerra de entonces contra Irak. Como esa plata no les alcanzaba, colocan al coronel Oliver North, del Consejo de Seguridad, dirigido por el almirante Poindexter, para que coordine el ingreso de toneladas de drogas a USA, con el semáforo semioficial en luz verde. Solo le pedían a los carteles colombianos ir a medias en el mercadeo de cocaína y el nuevo subproducto, crack, para el target bajo. Participan narcomafias mexicanas, generales hondureños, narcomercaderes cubanos del exilio y Noriega es designado gerente en Panamá, por sus nexos íntimos con Pablo Escobar Gaviria.

El atenuante para muchos panameños es que nadie conocía de esos secretos. Era una operación clandestina, encubierta, a espaldas de su Congreso.

Cuando muy tarde estalla esa porquería, Reagan con carita de santo pide perdón público y enjuician y destituyen como chivos expiatorios a Caspar Weinberguer, ministro de Defensa, al almirante Poindexter, al subsecretario de Estado Elliot Abraham y al propio Oliver North. Pronto Bush, su socio mayor, al convertirse en presidente, los indulta, enseñando sus manos cómplices.

Solo las denuncias y reacciones públicas que se inician en Panamá, en junio del 87, propician un escándalo en Washington, que se hincha y va develando el sucio negociado que estimula la droga en un pueblo ya enviciado, y se le piden cuentas al dúo Reagan – Bush. Solo por eso Noriega es abandonado por sus altos socios, uno de ellos, también llamado a juicio, muere durante el mismo; se trataba del padrino mayor, William Cassey, el top de la CIA.

Cuando leo a los de izquierda echar toda la culpa a Endara y a los suyos, y a los Civilistas culpar solo a Noriega y nadie habla de las causas, los orígenes, el Irán – Contras, veo cuán ignorantes y sectarios somos. Como me pueden creer igualmente subjetivo, les dejo la tarea siguiente: averiguar qué hacían visitando el Palacio y cenando con Nicky Barletta y hablando obviamente solo de negocios —de drogas y armas ya habían hablado con Noriega horas antes— los altos personajes Caspar Weinberguer, el mismo Oliver North, y, curioso, don David Rockefeller. Además de Nicky, dos testigos nacionales, éramos Noriega y yo. Barletta debe acordarse mejor de esa cena diplomática, pero creo que fue a principios de 1985.

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<> Este artículo se publicó el 23  de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

La herencia que nos dejó ‘Just cause’

La opinión del comunicador social…

 

EDWIN   RODRÍGUEZ
edwinhr50@hotmail.com

Los primeros grupos delincuenciales aparecieron en Panamá a finales de la década de los ochenta y tomaron más auge tras la eliminación de las Fuerzas de Defensas en 1989, con la operación Causa Justa, integrando a menudo delincuentes deportados de EE.UU.

Desde entonces en nuestro país, las pandillas han crecido. Se observa una evolución importante de su organización, han variado sus actividades delincuenciales, aliándose a los carteles internacionales del narcotráfico, siendo ellos los encargados del trabajo sucio a nivel local.

La crisis de las instituciones de socialización como la familia, la escuela y el trabajo; la categorización de los modelos de conducta que los medios de comunicación promueven y que la juventud copia; la reducción de oportunidades para los jóvenes y la necesidad de establecer mecanismos de autodefensa, entre otras, son razones para su existencia.

En consecuencia, la pandilla se convierte en un sustituto asociativo que le ofrece al joven la posibilidad de ser parte del mundo, compartiendo TERRITORIO e identidad.

La endeble política integral por parte de los Estados, ha contribuido en gran medida a esta realidad, quienes muchas veces, toman decisiones unilaterales, sin tomar en cuenta a la juventud. Por ende, la carencia de oportunidades para estos sectores marginados ALIENTA el crecimiento de los grupos pandilleros. Por otro lado.

Quienes trabajan para suplir sus necesidades y pagos de casas, tienen poco tiempo de atender a sus hijos que es a mi entender el principal factor el porqué existen tantos jóvenes que son absorbidos por el abismo de las pandillas y las drogas.

Para educar lo más humanamente posible a sus hijos, es imperativa mayor convivencia con ellos y estar atento al mínimo cambio de conducta en sus proles. La situación económica de muchas familias obliga a dejar los niños solos, que se atiendan unos con otros en el hogar donde hay más de uno. Las cosas se complican cuando sus hijos llegan a la adolescencia; es allí donde son presas fáciles de las pandillas, por esa falta de vigilancia de sus padres.

La separación conyugal de los progenitores es otro factor que incide. Los niños crecen con solo uno de ellos, con un pariente o con los abuelos. La carencia de un núcleo familiar sólido hace al adolescente más vulnerable asociarse a una pandilla, en busca de comprensión, apoyo y hermandad ficticia que le brindan otros jóvenes en igual o peor situación.

No obstante, carecemos de programas para combatir a las bandas delincuenciales mediante el deporte, educación, el trabajo y centros ocupacionales para disminuir el ocio amo de todos los vicios. Finalmente, dentro de la globalización, el cambio y modernidad, no se puede vivir de espaldas a la realidad. Es difícil pensar que la violencia va a terminar, pero la indiferencia y la inequidad hacen tanto daño como su existencia. Salvo mejor parecer.

 

 

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<> Este artículo se publicó el 23  de dicembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Invasión: las balas que segaron vidas y esparcieron dolor

La opinión del Presidente del Parlacen….


DORINDO JAYAN CORTEZ
jayan2258@gmail.com

Cinco días antes del fatídico 20 de Diciembre de 1989, el de la cruenta invasión de EE.UU. a Panamá, el capitán Julián Lorenzo, de las Fuerzas de Defensa, al llegar a su residencia después de la dura faena de preparación miliar, tomó a su hijo más pequeño, tres añitos de edad, entre sus brazos. Los otros dos hijos, de nueve y doce años, lo rodearon, como tantas otras veces, como muestra de cariño infantil, que es aquel que se recuerda para siempre. Esa escena de afecto familiar se había repetido muchas veces. La faena militar, en los últimos meses, le había impedido estar con ellos, por lo menos como lo haría un padre normal ajeno a la disciplina de un cuerpo castrense. El retiro de casa era, ahora, frecuente debido al recrudecimiento del conflicto con la mayor potencia del mundo. La confrontación armada era lo más probable.

Ahí estuvo sentado por largo rato, contemplando a sus pequeños, con mirada perdida y sin decir palabras. Su compañera, consciente de la gravedad del momento, se unió al grupo y, sin que se diera cuenta Julián, estaba llorando. Luego, ocultando su desaliento, ordenó a los niños ir a la cama. La resistencia se hizo presente, refunfuñaron; aunque se marcharon, uno tras otro, no sin antes un beso como era costumbre, salvo que ahora, sin saberlo, sería el último. El más pequeño, en su retirada, miró fijamente a su padre con ojos tiernos de despedida; alzó también su manito en forma de saludo como si le dijera: ‘adiós papá, regresa pronto para estar contigo’.

Esa noche fue distinta a tantas otras. En el ambiente reinaba tristeza, una rara sensación. Aún así, tenía que cumplir con la tarea, comentada entre compañeros de armas, en la que debían dar indicaciones. Había que seguir reglas ante la posibilidad, no deseada, pero que se veía venir, de un enfrentamiento armado. Era el temor de un padre, ante el futuro de su familia, el de sus hijos. El miedo se apoderaba de Julián, y de tantos otros que, aun con sus principios, le mortificaba imaginar en orfandad a sus hijos. El temor tenía, aquí, un profundo sentido de solidaridad humana, de conciencia plena de la vida, de sentimiento de familia que, como siempre, estará por encima de cualquier guerra. Guerras que jamás serán justas.

Después de repetir ‘cierra bien las puertas’, ‘no salgan a la calle, salvo para lo necesario’, ‘recen por mí, yo haré lo mismo’, extendió sus brazos y dio el más profundo de los abrazos de su vida matrimonial. Fue como una despedida acompañada de la cruel sensación de ‘no regreso’. Al llegar a la puerta, con semblante decaído y triste, alzó la mano, como había hecho su pequeño, en señal de despedida. Y su mirada, fue tan igual de profunda, con proyección de dolor.

Fue un adiós para no volver. En los disparos y bombazos del agresor cayeron muchos cuerpos carbonizados, descuartizados. En fosas comunes fueron enterrados muchísimos cuerpos irreconocibles. En una de ella, es posible que esté Julián Lorenzo. Él, y tantos como él. Son los que abandonaron el mundo terrenal por una supuesta ‘causa justa’ llamada invasión. Los hijos, de todas las edades, esposas, familias enteras, son las víctimas vivientes de aquel genocidio que segó vidas humanas y sembró dolor.

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<> Este artículo se publicó el 26  de dicembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Las barricadas de la Navidad de 1989

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La opinión del actual Embajador de Panamá en Nicaragua…

Olimpo A. Sáez M.

El 20 de diciembre de 1989, las tropas de los Estados Unidos entraban al Chorrillo y atacaban al Cuartel Central. Esa mañana el amigo Miguel Vanegas me llamaba por el teléfono para comentarme que el Canal 8 y una emisora que funcionaba en la Zona del Canal transmitían unos mensajes en español, pidiendo apoyo a la población para el Gobierno del Presidente Endara y que él consideraba ofensivo que un puertorriqueño lo hiciera en vez de los mismos panameños. ¿Qué podíamos hacer me preguntó? Le dije que lo único por hacer era tomarnos una emisora con cadena nacional e iniciar una campaña nacional de apoyo al Gobierno del Presidente Endara. La dificultad de esta toma, era que no sabíamos nada de radio para echarla a andar. Más le dije que podíamos tratar de conversar con unos amigos que nos ayudaran en dicha acción.

Fuimos a visitar a Chito Montenegro y luego de una conversación al respecto llamamos a Lerroy Hubarb Joseph, conocedor de la materia, lo mismo que al difunto Juan Barrera Salamanca. Con éste, dispusimos, visitar en su casa de Carrasquilla a Ramón Pereira Hijo, en ese entonces propietario de la emisora Radio Mía. Juan Barrera era su amigo. Luego de una corta conversación Ramoncito Pereira le entregó el cristal de la emisora a Barrera Salamanca y se dispuso llamar al amigo Laguna, locutor de esta emisora para que nos acompañara a las transmisiones que íbamos a realizar. Así, cristal en mano, ocupamos pacíficamente Radio Mía. Miguel Vanegas llegó con dos Ak47 abandonadas y recogidas frente a la Iglesia Guadalupe para defendernos de los Batalloneros que estaban anárquicamente tratando de huir o de hacerle frente a los soldados norteamericanos atrincherados en varias partes de la ciudad. Los viejos gritos de Ni un paso atrás!!! del Estado Mayor de Noriega ya no se escuchaban y la Operación Cutarra del Comandante Benjamín Colamarco deambulaba por los barrios sin destino fijo ni cierto.

Para ese día y los siguientes, El Saqueo, propiciado por los batalloneros en la idea de que las tropas norteamericanas saldrían a defender al comercio y se provocaría un enfrentamiento de sangre, muertos y heridos entre la población y los soldados de USA, propiciaron las mejores navidades para miles de panameños que se dedicaron a la tarea de saquear todo lo que se pudo. Los soldados gringos observaron El Saqueo, sin pestañar. La anarquía social se había adueñado de la ciudad capitalina.

Atrincherados en Radio Mía, organizamos una programación de 24 horas que llamamos Rardio Cadena Civilista, desde donde apoyamos al Gobierno recién instalado de Endara, Arias Calderón y Ford, llamamos a los batalloneros y policías a abandonar la violencia y sumarse al Gobierno Civilista y Democrático, surgido de las urnas del 10 de mayo de ese mismo año. Igualmente se iniciaron las denuncias de los ciudadanos vía telefónica de las incursiones de los batalloneros en barrios y calles de la ciudad. Vista la magnitud de las denuncias, la anarquía reinante, la falta de seguridad iniciamos una campaña radial para que los ciudadanos levantaran barriadas en los barrios y calles de la ciudad. Con ello también queríamos inmovilizar a los batalloneros. La campaña dio resultados, en pocas horas la ciudad se había llenado de trincheras con ciudadanos armados con revólveres, machetes y palos. Se quería evitar enfrentamientos entre ellos y los soldados de USA, que pudieran provocar muertos y heridos entre la población indefensa.

Lerroy, Barrera Salamanca, Chito Montenegro, Miguel Vanegas, Jorge Flores y el que escribe esta columna, nos dedicamos en esas navidades, en el año nuevo y los días siguientes, día y noche, a propiciar todo el apoyo ciudadano al nuevo Gobierno, a orientar a la ciudadanía sobre la situación reinante y a denunciar los escondites de armas que recibíamos de los ciudadanos vía telefónica.

Apoyando y acuerpando la toma pacífica de Radio Mía, nos acompañaron José Moreno, Julio Lobón, Guillermo Ríos V., Alejandro Garrido, Rolando Marcos Hermoso, el difunto Payo, Alfonso Saldaña, Vasco Rincón y el locutor Laguna, que sin recibir un medio de salario, estuvo en los controles de la emisora durante todos esos días. De los políticos que se acercaron a solidarizarse con nosotros solo aparecieron Chinchorro Carles, Leonidas Aragón y Gonzálo Menéndez Franco. Días después, siguiendo el ejemplo nuestro, éste y Bucho Pinzón se tomaban Radio Soberana, perteneciente a Toti Suarez. Navidades con Barricadas…

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<>Artículo publicado el  22 de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

¡Una estatua para Marc Cisneros!

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La opinión del Educador…


Pastor E. Durán E.

Si le hicieron una estatua al invasor de la época de la Conquista, Vasco Núñez de Balboa, ¿por qué no hacerle una también a Marc Cisneros, el invasor contemporáneo que comandó la invasión a Panamá en diciembre de 1989?

Ni el Presidente Martinelli, ni la gobernadora Correa ni el Alcalde Vallarino se opondrían, pienso yo. ¿Qué méritos tiene Balboa que no los tiene Cisneros? ¡Ah! ¿Que Balboa “descubrió” el Mar del Sur? Ese es un cuento chino de la historia eurocentrista que muchos se regocijan en creer, pues el Mar del Sur (Océano Pacífico) ya estaba descubierto por los nativos panameños desde hacía miles de años.

Según investigadores de la talla de Richard Cooke, Olga Linares y Omar Jaén Suárez, hay indicios de que el ser humano (homo sapiens) se encuentra en Panamá desde hace por lo menos 12,000 años.

Si es por la matanza de panameños, algunos cronistas de la Conquista contabilizaron, más o menos los nativos asesinados por Balboa en sus incursiones. Pero en el caso de la invasión de diciembre del ’89, hasta la fecha nadie sabe decir ni con la más mínima precisión cuántos muertos hubo. Sólo se sabe que fueron varios miles.

Cuando el invasor Balboa cruzó el Darién en septiembre de 1513 para ver por primera vez el Mar del Sur, ya había estado antes en las costas orientales del Caribe panameño en 1502 en la invasión de Rodrigo de Bastidas. Desde entonces no regresó a España pues se quedó en República Dominicana donde fue dueño de tierras y de indios. En aquella ocasión que vino con el invasor Bastidas, robaron mucho oro y secuestraron indios para llevarlos a Dominicana como esclavos.

Con el invasor Martín Fernández de Enciso –según el cronista Pedro Mártir de Anglería en su “Década del Nuevo Mundo”-, Balboa participó en el ataque al poblado del cacique Comagre donde fundaron Santa María La Antigua (1510), pusieron fuera de combate a cerca de 500 nativos y robaron “dos mil libras de oro en collares, bronchas, manillos, zarcillos y otros joyeles…”.

Durante su travesía hacia el Mar del Sur, Balboa y sus soldados mataron a 600 indios en las tierras del cacique Torecha. También asesinaron a 40 indígenas travestis. Bartolomé De Las Casas dice en su “Historia de Indias”: “…¿quién hizo juez a Vasco Núñez…, en señorío y jurisdicción ajena, siendo él súbdito de aquellos naturales señores… y que de justa justicia, por sus… invasiones y robos… por toda ley natural, divina y humana…, podían hacerlos cuartos y tajadas?”

Durante la invasión del ‘89 hubo también saqueos, pero éstos los cometimos los mismos panameños.  ¿Tiene o no también méritos Marc?

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<>Artículo publicado el 20  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

21 años después de la Invasión

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La opinión del Abogado…

Oriel A. Domínguez C. 

La Invasión a Panamá es sin lugar a duda el genocidio más grande de nuestra historia, sin embargo nadie sabe con exactitud cuántos panameños murieron, en parte gracias a la actitud para algunos servil del hoy difunto Presidente Endara y su gobierno, quienes se negaron a incluir en el Censo de 1990 la pregunta relacionada a si algún familiar suyo había muerto en la invasión.

Sólo para recordar algunos hechos que dan inicio a esta época “democrática”. Nadie podrá cambiar jamás que Endara, Calderón y Ford cenaban en una base norteamericana horas antes de la invasión, en dicha cena les fue comunicado que nos invadirán, nadie sabe cómo reaccionaron, pero no parece ser que se hayan opuesto con vehemencia ante tal noticia, lo cierto es que esa noche ellos tomaron posesión de sus cargos recibiendo cada uno el abrazo de los mismos soldados que nos masacraron utilizando las más modernas armas.

Una de ellas el avión de combate Stealth Fighter F-117 “Nighthawk” que erró tres de las cuatro bombas que intentó detonar en el Cuartel Central, pese a este hecho reconocido por los propios invasores, muchos hoy todavía tontamente creen que el Chorrillo fue quemado por miembros del Batallón de la Dignidad.

Otro hecho fue que a los días, muchos panameños a pesar de lo sucedido salieron con gran alegría vistiendo camisetas que decían “Just Cause” portando banderas de los Estados Unidos, otros incluso servían a Estados Unidos y salieron vistiendo con orgullo el uniforme militar yankees.

Que decir de los y las que se subían a las tanquetas gringas y se tomaban alegremente fotos con los soldados sureños de ojos verdes y cabellos rubios únicamente. Para los meses siguientes la historia recuerda al Embajador de los Estados Unidos dando órdenes en el Consejo de Gabinete de la República de Panamá.Todos estos hechos lejos de constituirse en algo heroico rayan en la más grande traición.

Es triste que hoy se considere esta fecha como “Día de Reflexión” y es que después de 21 años por donde se mire la invasión no tuvo nada de Justa.

Con estas actitudes nunca llegaremos a ser país de primer mundo y habrá que esperar que toda esta generación muera, así como murieron los judíos que salieron de Egipto que tenían mentalidad de esclavos, para entonces empezar a edificar un país con dignidad y valor, donde el amor a la patria esté por encima de todo.

Ojalá algún podamos honrar a aquellos que dieron su vida por la patria ese día como ellos se merecen. Nunca los olvidaremos.

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<>Artículo publicado el  20  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

21 años después de la invasión

La opinión de…

Oriel A. Domínguez C.

La invasión de Estados Unidos a Panamá es, sin lugar a dudas, el genocidio más grande de nuestra historia, sin embargo, nadie sabe con exactitud cuántos panameños murieron. Eso se debe, en parte, a la actitud –para algunos servil– del hoy difunto presidente Endara y su gobierno, quienes se negaron a incluir en el censo de 1990 una pregunta relacionada a si algún familiar había muerto en la invasión.

Solo para recordar algunos hechos que dan inicio a esta época “democrática”. Nadie podrá cambiar jamás que Endara, Calderón y Ford cenaban en una base estadounidense horas antes de la invasión y que en dicha cena les fue comunicado que nos invadirían. Nadie sabe cómo reaccionaron, pero no parece que se hayan opuesto con vehemencia ante tal noticia. Lo cierto es que esa noche ellos tomaron posesión de sus cargos, recibiendo cada uno el abrazo de los mismos soldados que nos masacraron utilizando las más modernas armas.

Una de ellas, el avión de combate Stealth Fighter F-117 Nighthawk, que erró tres de las cuatro bombas que intentó detonar en el Cuartel Central, pese a este hecho reconocido por los propios invasores, muchos hoy todavía tontamente creen que El Chorrillo fue quemado por miembros del Batallón de la Dignidad.

Otro hecho fue que a los días muchos panameños, a pesar de lo sucedido, salieron con gran alegría vistiendo camisetas que decían Just Cause, portando banderas de Estados Unidos. Otros, incluso, servían a Estados Unidos y salieron vistiendo con orgullo el uniforme militar yankee.

Qué decir de los y las que se subían a las tanquetas gringas y se tomaban, alegremente, fotos con los soldados sureños de ojos verdes y cabellos rubios. Para los meses siguientes, la historia recuerda al embajador de Estados Unidos dando órdenes en el Consejo de Gabinete de la República de Panamá.

Todos estos hechos, lejos de constituirse en algo heroico, rayan en la más grande traición. Es triste que hoy se considere esta fecha como “día de reflexión” y es que después de 21 años, por donde se mire, la invasión no tuvo nada de justa. Con estas actitudes nunca llegaremos a ser país de primer mundo y habrá que esperar que toda esta generación muera –así como murieron los judíos que salieron de Egipto que tenían mentalidad de esclavos– para entonces empezar a edificar un país con dignidad y valor, en el que el amor a la patria esté por encima de todo.

Ojalá algún día podamos honrar a aquellos que dieron su vida por la patria ese día como ellos se merecen.

¡Nunca los olvidaremos!

 

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<> Este artículo se publicó el  19  de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Una disputa internacional innecesaria

La opinión del  Embajador de Panamá ante la OEA…

GUILLERMO A. COCHEZ

gcochez@covad.net

La presentación por Costa Rica del agravio fue clara y contundente; era el 3 de noviembre. Demostró que Nicaragua había invadido su territorio y que, por carecer constitucionalmente de ejército, acudía al auxilio de las instancias internacionales como la OEA. Con gráficas y argumentos irrebatibles el Embajador tico Enrique Castillo, ex Ministro de Justicia, probó la premeditada acción nica. Por su parte, el Embajador de Nicaragua, General Denis Moncada, presentó como excusa el hecho de que era un problema de límites con su vecino –hecho del cual Costa Rica desconocía- y que no había cooperación tica en la lucha nica contra los narcos, el tráfico de armas y el crimen organizado en la frontera de ambos.

 

En mapas y gráficas que presentó (que no aparecen en las transmisiones de la OEA) señaló la supuesta ruta que llega a Nicaragua de un grupo de narcos –que denominó operación “Los Tarzanes”- provenientes de Colombia, pasando por Panamá y Costa Rica, dando a entender que con connivencia de los países que atravesaba al no combatir el flagelo. Inmediatamente terminó su intervención, a nombre de mi país catalogué lo desafortunadas de sus declaraciones, tildándolas como una “insolencia” inaceptable.

En esa sesión extraordinaria se acordó enviar a las áreas en conflicto al Secretario General José Miguel Insulza, quien visitó a los presidentes de los dos países, sobrevoló dichas áreas y, lo más importante, puso a hablar telefónicamente a los presidentes Laura Chinchilla y Daniel Ortega, entendiéndose que habría un entendimiento de reanudar las conversaciones entre ambos, que incluía el retiro de los diez o veinte soldados que Nicaragua tiene sobre el área reclamada por Costa Rica y que en su mayor parte son humedales o tierras inutilizables. Para esos días ya había quedado claro que los mapas usados para quien hacía el dragado sobre el Río San Juan (El Comandante Edén Pastora) no eran oficiales sino de “Google Maps”, descubriéndose luego que eran errados.

El 9 de noviembre, el Secretario Insulza presentó el informe sobre su misión, concluyendo que se debía, “con el fin de generar un clima propicio para el diálogo entre ambas naciones, evitar la presencia de fuerzas armadas o de seguridad en el área donde su presencia podría generar tensión”. El Secretario General no calificó a nadie como invasor como pretendía Costa Rica; aún así aceptó y apoyó el informe. Nicaragua se negó. Ortega daba un cambio de 180 grados a lo que verbalmente se había comprometido con su colega Chinchilla.

El 12 de noviembre, luego de varias dilaciones por parte de Nicaragua y de varios días de intensas negociaciones, fuimos al Consejo Permanente Extraordinario para decidir qué hacer.   Al filo de la medianoche de ese día se aprobó el informe del Secretario General por 26 votos a favor –Panamá incluida- dos votos en contra –Nicaragua y Venezuela- y tres abstenciones –Ecuador-Guyana y Dominica. Bolivia, presente en el Consejo, decidió “no votar”.   En un gesto sin precedente –votar sin llegar al acostumbrado consenso- El Consejo Permanente aprobó la petición de Insulza: los militares nicas debían abandonar el área en conflicto.

Al día siguiente, el Presidente Daniel Ortega Saavedra, molesto con la esperada decisión de la OEA, calificó la resolución aprobada como “manipulada, mañosa y mentirosa”, lamentando que “Colombia, México, Panamá, Honduras y Guatemala, países infestados por el narcotráfico, hicieran causa común.”   Parece que se le olvido que Nicaragua ha sido uno de los pocos países que aún está en contra del reintegro de Honduras a la OEA.   Estas declaraciones del jefe sandinista han generado el repudio de los países que irresponsable y temerariamente han sido involucrados en una red internacional de narcotráfico. Pareciera que el Ortega se ha olvidado de los años (entre 1985-1990) en que se dio cobija en Nicaragua al narcotraficante Pablo Escobar Gaviria durante su primer gobierno. Siempre recuerdo que para pegar mentiras y comer pescado hay que tener mucho cuidado, sobre todo cuando estamos en presencia de un conflicto internacional innecesario.

http://www.panamaoea.org

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<>Artículo publicado el  22  de noviembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/cochez-guillermo-a/

Desacato aplicado

La opinión del Abogado y Docente Universitario…

CARLOS AUGUSTO HERRERA   –
cherrera255@hotmail.com

El renombrado desacato siempre lo vemos en la práctica sobre la pensión alimenticia, pero, como vamos a conocer, es amplia su aplicación en otros menesteres.

El interdicto posesorio de perturbación es lo mismo que el desacato a las autoridades cuando algo ordenan. Existe en la perturbación de bienes, que no es más que la intrusión de una o varias personas sobre bienes en tenencias posesorias. Así quien previamente se encuentra en posesión del bien y lo debe probar al demandar ante la autoridad correspondiente a los que amenacen la tranquilidad de la que goza el afectado, en función del artículo 1358 del Código Judicial.

Lo mismo debe ocurrir dentro de la demanda sobre los hechos en los que fundamenta la inquietud y los perjuicios que puedan ocasionar tales disturbios. Esto se extiende a los que se beneficien de la maniobra. Con las suficientes pruebas presentadas el juez puede intimar al perturbador para que se abstenga de continuar con los actos y advertir que puede incurrir en desacato, además de la indemnización a favor del demandante los daños y perjuicios que acarreé los que persistan en la actuación. El juez puede utilizar la Fuerza Pública para contener la invasión.

Se pueden ordenar las demoliciones sobre mejoras que existan en la propiedad ocupada por parte de los intrusos. Esto se puede convertir en todo un proceso, si el demandado solicita la revocatoria del auto dictado dentro de los cinco días siguientes a la notificación.   Si es negado se concede la apelación en efecto devolutivo, pero de la revocatoria se apela en el efecto suspensivo.

En una sucesión testada si alguien advierte la tenencia del testamento, pero que se abstiene de presentarlo, el juez lo conminará con multas sucesivas hasta que lo presente y en el último caso, puede ser sancionado por desacato y además se obliga a pagar los daños y perjuicios que ocasione la retención indebida del testamento. (1941).

En los procesos ejecutivos de acuerdo con el artículo 1623 del Código Judicial. Se apercibe al deudor para que comparezca dentro de dos días al notificarse del auto ejecutivo. Paga o denuncia bienes y si no lo hace será sancionado como desacato y si miente sobre las informaciones, da lugar al proceso penal mediante copia de la actuación al agente del Ministerio Público.

Otra de estas curiosidades la encontramos dentro de los procesos penales al momento de surtir la indagatoria. Tal y como lo prescribe el artículo 2103, los defensores y querellantes son convidados de piedra al evento, porque no pueden intervenir ‘más que para cuidar que se cumplan formalmente las garantías que le confiere la ley’, por tanto, no se pueden dirigir al declarante, interrogarlo o sugerir cómo debe rendirse la diligencia.

La violación de esta norma constituye desacato. ‘Terminada la indagatoria y firmada en la forma indicada en el Artículo anterior, se consignarán a continuación las objeciones que, al contenido de la misma, quisiera formularle el defensor o el querellante’.

El artículo 2570 del Código Judicial se refiere al Pleno de la Corte y su vigila por el cumplimiento de la sentencia y además el deber de conocer de las quejas que se presenten por desacato al cumplimiento del fallo aludido y aplicar las sanciones correspondientes, de conformidad con el procedimiento establecido en este Código para el caso.

El artículo 2632 de nuestro Código de Procedimiento prescribe, que sí se presenta y admite un Amparo: ‘Los funcionarios que se nieguen a cumplir la orden de suspensión o que se nieguen a acatar y cumplir la decisión del tribunal, en el caso de que la orden materia de la demanda de amparo sea revocada, serán sancionados por desacato con multa de veinticinco balboas (B/.25.00) a quinientos balboas (B/.500.00), que la impondrá el tribunal o juez de la causa’.

Aquí tenemos que la imposición por desacato es contra los funcionarios remisos de menor jerarquía. Lo mismo ocurre con el Hábeas Corpus, como lo anuncia el artículo 2595 de la misma excerta legal, en la que ordena acatar el mandamiento, la norma comentada especifica: ‘Una vez presente la autoridad o funcionario rebelde, el juez lo conminará para que rinda el informe’ en el acto y de modo verbal. ‘Si se resistiere a ello, el juez competente ordenará su prisión por todo el tiempo que persista en su desacato’.

El artículo 2612 también del mismo cuerpo legal y sobre el tema del Hábeas Corpus, establece los siguiente: ‘Con el fin de asegurar el cumplimiento de los deberes exigidos en este Capítulo’, se imponen multas sucesivas de cincuenta balboas o prisión de cinco a cincuenta días, sin perjuicio de exigir la responsabilidad por desobediencia o desacato. Sin dudas el desacato es útil, aunque de contexto inquisitivo.

 

<> Este artículo se publicó el 21 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del   autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/herrera-carlos-augusto/

Proclama por los caídos

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11 DE OCTUBRE DE 1968.  La opinión de…

Giovanni Niedda Alvarado

Sólo una mente estéril olvida el pasado manteniéndose cohibida frente a un futuro que se hace cómplice de la amnesia de ella misma.   Hay quienes dicen que el golpe militar del 11 de octubre de 1968 debió ser defendido.  Que aquellos días de luchas desesperadas debimos realizarlas junto con la población, para evitar que 19 años después se sacaran los pañuelitos blancos, en un país ya deteriorado.

Tal vez hubiesen muerto menos cantidad de ciudadanos panameños de los que yacen en sus tumbas y de los que no aparecen; tal vez hubiese muerto más gente, pero no tendríamos una invasión extranjera y una veintena de años pesando sobre nuestra soberanía, democracia y el deterioro social que conllevó la permanencia de una dictadura militar.

La muerte de tantos combatientes por la democracia jamás debe ser olvidada, así como tampoco los sufrimientos de sus almas antes de morir, sabiendo que dejaban también lastimados a padres, hermanos, esposas e hijos.

El dolor físico intenso ante las torturas despiadadas y la valentía de sus corazones deberán ser exaltados ante la faz nacional e internacional, para que su sacrificio no quede en vano y se sepa que aquí en Panamá se peleó duro y que, aunque no debemos olvidar a aquellos panameños soldados oficialistas que también murieron por lo que pensaron era su deber, tenemos la fibra que nos mantendrá libres en el mañana y que los merecedores de castigo, los militares golpistas que no pelearon, aunque caminen libres por nuestras calles, sus pies se hincharán por el peso de sus conciencias y morirán así, sin las botas puestas, pero que mientras vivan deberán deambular cabizbajos, con vergüenza, con respeto, en consideración por los familiares de las víctimas, tanto de los soldados constitucionalistas que se alzaron en la ciudad Capital, Coclé, Veraguas y Chiriquí, como de los soldados oficialistas que enviaron a morir para repeler el contragolpe.

Los que quedamos vivos, tendremos nuestro propio cuento para contar, con la esperanza de poder resarcir la desaparición de nuestros compañeros y recordarlos a través de actos de reconocimiento que permitan a los ciudadanos que nacieron desde los años 70 en adelante percibir con regocijo un pedazo de la historia panameña que parece haber sido enterrada con los muertos del golpe de Estado de 1968.

<> Este artículo se publicó el 8  de octubre  de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Rubén Miró y la invasión de cubanos a Panamá

La opinión del Contador Público Autorizado…..

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ALEXIS SÁNCHEZ

¡Al amigo Gonzalo Menéndez Franco, In Memorian, quien en La Mesa de La Papaya, se refería a la verdad historica!

El 19 de abril de 1959, salió una expedición de noventa y siete hombres en el yate Mayari,  desde el Puerto Surgidero en Batabanó, Cuba a treinta millas de La Habana, desembarcando en Playa Colorada, San Blas a las 8:00 p.m. del viernes 24 de abril.

Bredio Benavides, intendente de San Blas, quien visitó el barco abandonado y encallado en la playa, el 26 de abril, dio parte a las autoridades.   De Playa Colorada, los invasores se dirigieron a Nombre de Dios, donde establecieron su base de operaciones.

La expedición estaba compuesta de tres panameños, un puertorriqueño, un argentino y el resto de nacionalidad cubana.   El domingo 26, fueron capturados los primeros invasores, entre ellos el panameño Guillermo González, y los cubanos Antonio Puente Blanco, Alberto o Gilberto Bethancourth Chacón y/o Roberto A. Arancibia Rodríguez, quienes fueron identificados por sus pasaportes.   Éstos no se rendieron, abriendo fuego contra la Guardia Nacional.   En el desembarco muere el panameño Enrique Morales Brid y dos personas más, quienes no fueron identificados. Una vez capturados, informaron que se esperaban dos barcos más con mercenarios.

El primero de enero de 1959, el Ejéercito rebelde, llega al poder, luego de la salida de Fulgencio Batista. La efervecencia revolucionaria, estaba de moda.

La invasión de cubanos a Panamá en abril de 1959, para unos guarda relación y para otros no, con los levantamientos que se dieron en Cerro Tute, en Veraguas, el desembarco en las playas de Santa Clara, y los proyectados asaltos a los cuarteles de Boquete y La Chorrera. Desde principios del año 1959, el gobierno panameño tenía informes fidedignos y confiables, de que en la Isla de Cuba se proyectaba una invasión a territorio panameño de cuatrocientos hombres en tres naves distintas, siendo comunicado esto por el canciller panameño Miguel J. Moreno, al canciller del Gobierno Revolucionario de Cuba, doctor Roberto Agramonte. Tanto el doctor Agramonte, como el embajador Raúl Roa, pusieron al tanto al comandante Antonio Enrique Lussón Batlle, y éstos dieron seguridad a Moreno, que no permitirían que se llevaran a cabo dichas actividades en contra de Panamá.   Diógenes De La Rosa, estuvo presente en dicha reunión, celebrada en Caracas, Venezuela.

Mientras tanto, Rubén Oscar Miró Guardia, llega a Cuba como turista con su esposa y sus hijos el 15 de enero de 1959. Miró, primo hermano de Roberto “Tito” Arias, fue absuelto en diciembre de 1957, por su participación en el magnicidio del presidente José A. Remón Cantera.   El 4 de agosto de 1958 sufrió un atentado, recibiendo tres disparos de arma.   El 9 de abril de 1959, llega a Miami procedente de La Habana, y el Miami Herald en su edición del 10 de abril, en una noticia que firma el periodista George Southword, señala que “Miró prometió a un fiscal distritorial de Estados Unidos que se portaría bien durante sus tres días de visita en Miami, y “que era un viaje de placer”.    “Yo soy el jefe del movimiento revolucionario de Panamá, y deseo registrarme con el gobierno de los Estados Unidos. No violaré las leyes de neutralidad de este país”. En dicha noticia señala que Miró “está escribiendo un libro titulado ¿Quién mató a Remón?”.

Miguel Moreno, el 15 de abril, puso en conocimiento personalmente al encargado de negocios a.i. de Cuba en Panamá, Ricardo Riaño Jauma, que el gobierno panameño estaba enterado que en territorio cubano se preparaba una expedición armada.  En esa nota “se invocó la obligatoriedad de parte del gobierno cubano de reprimir tales preparativos, en cumplimiento del artículo primero de la Convención sobre Deberes y Derechos de los Estados en caso de Luchas Civiles, aprobada en la Sexta Conferencia Internacional Americana en La Habana, Cuba en el año 1928”. El 17 de abril, Riaño Jauma contestó “que su Gobierno se pronunciaría en evitación de que se produjeran los hechos denunciados”.

El 16 abril, Panamá convocó al Órgano Ejecutivo, y comunicó al país “de que se preparaba una expedición de extranjeros para invadir el país”.   Ese mismo día, a las 9:30 p.m., Miguel Moreno entregó el comunicado a las delegaciones de los países de la OEA acreditados en Panamá, para que lo transmitieran a su respectivo gobierno.

Colombia envió dos fragatas y dos aviones caza, para la custodia de las costas del Istmo.     Ecuador puso dos aviones, Guatemala un avión con aprovisionamiento militar y con voluntarios, inclusive Cuba, envió dos oficiales del Ejército cubano, para que éstos desistieran de su plan. Además ofreció una fragata para vigilar las costas panameñas.

La Cancillería agradeció al gesto de la fragata, pero solicitó que la misma se utilizara para evitar la salida de otras naves de puertos cubanos, y que la cooperación ofrecida, se empleara para impedir las actividades en Cuba de Rubén Miró y mantener estrecha vigilancia de Andrés Cantillo y otros.

La misión de los dos oficiales cubanos en Panamá, capitán Armando Torres y teniente Fernando Ortiz enviados por Cuba, para convencer a los invasores de desistir de la aventura, fracaso, porque Torres y Ortiz, querían que se les permitiera regresar a Cuba con las armas a los invasores.

El embajador de Panamá ante la Organización de los Estados Americanos, Ricardo M. Arias Espinosa, solicitó la intervención de la OEA invocando el artículo 6 del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca de Río de Janeiro de 1947.   El 28 de abril el Consejo aprobó una resolución para que se trasladara al lugar de los hechos para investigar la situación denunciada.

La comisión quedó integrada por los embajadores de Brasil – presidente, Estados Unidos – vicepresidente, Paraguay, Argentina y Costa Rica. La comisión llegó a Panamá, el 29 de abril. Ese mismo día, es arrestado en La Habana, Rubén Miró. Luego de un estudio de los interrogatorios, pruebas, entrevistas, la comisión comunica al Consejo la noche del 19 de abril sus conclusiones, entre los que se señalaba: el carácter foráneo de la expedición, en cuanto a la organización y a sus componentes, ya que la totalidad era de nacionalidad cubana, Panamá sostuvo como base para cualquier arreglo, la rendición incondicional de los invasores, la cual fue aceptaba el 1 de mayo y así se evitó el derramamiento de sangre. La Guardia Nacional condujo a los cubanos a la Cárcel Modelo en Panamá. El destino de éstos quedó en manos de la justicia. Mientras, que el 30 de junio, mediante Decreto 1523 y publicado en la Gaceta Oficial de Cuba el 2 de julio, se dispuso la expulsión de Cuba de Rubén Miró, siendo deportado a Miami.

El Segundo Tribunal Superior de Justicia el 25 de junio perdonó el delito cometido por los invasores cubanos, en razón que se rindieron incondicionalmente y depusieron las armas sin disparar un solo tiro. A cinco extranjeros y un panameño, no les tocó el perdón, porque no se sumaron a la rendición incondicional en Nombre de Dios, y por enfrentarse con las armas a la Guardia Nacional. A la Cancillería le tocó tramitar la concesión de varios asilos diplomáticos y dar salvoconducto a panameños [Jaime Padilla Beliz y Samuel Gutiérrez] que se asilaron en la Embajada de Chile acreditados en Panamá.

El 12 de mayo el gobierno panameño, se pronuncia por unas declaraciones de Fidel Castro en Río de Janeiro, Brasil. El gobierno panameño, calculó los perjuicios de la invasión en más de trescientos mil dólares en gastos directos y en daños indirectos en varios millones de dólares, ya que el comercio y la industria se paralizaron durante varios días. Los invasores cubanos regresaron a Cuba en vuelo de COPA, pagados por el gobierno de Cuba, debiendo aterrizar en el aeropuerto militar Ciudad Libertad de La Habana.

Años atrás un cubano me contó que conoció a Rubén Miró en Cuba reclutando a los futuros miembros de la aventura de la invasión en Cuba para venir a Panamá, y que al recibir el ofrecimiento de Miró, no aceptó.

Cincuenta y un año después de estos hechos, sirva para recordar los mismos.


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Este artículo se publicó el 22 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.