Acerca de la Universidad secuestrada

 

La opinión de:

Francisco Herrera

Un efecto grave del clientelismo interno en la Universidad de Panamá (UP) ha sido la merma de la academia, entendida esta no como su estamento de docentes, sino como su hacer intelectual, investigativo y crítico de la realidad. Su función se ha reducido en la mayor parte a la de docencia, importantísima si no fuera porque no está apoyada por la investigación y el debate crítico de la realidad.

La politización negativa de los docentes, educandos y administrativos se ha convertido en el mecanismo de control y desarrollo de la institución, hasta crear un desbalance de poder, anómalo e incongruente con el deber ser de la UP. Se desplaza al profesorado por segmentos administrativos y estudiantiles, afiliados mediante planilla a la estructura de las decisiones.

Se ha dicho hasta la saciedad que la UP es un microcosmos del país. Si la intención es que la realidad de la nación proyecta sobre la vida universitaria sus virtudes y defectos, podríamos estar de acuerdo, pues se trata de una institución formada por seres humanos y miembros de la misma sociedad. Pero hasta ahí el símil. Si lo repetimos como una aceptación de una verdad que es imposible cambiar, entonces la UP estaría de más, como institución pública formadora de agentes sociales de calidad para una continua renovación. Aunque, de hecho y como institución pública dependiente del poder del Estado, a pesar de su autonomía relativa, ha sufrido los avatares de la dinámica política.

Uno de estos elementos es el presupuesto asignado por el Estado para su funcionamiento. El otro es la incidencia estatal en la selección de los poderes administrativos, a través de fuerzas políticas externas que operan en el campus, los partidos políticos.

Como institución pública de educación superior, la UP ha jugado momentos estelares en la construcción de la conciencia ciudadana. Algo de ese sedimento se mantiene en el país y en algunos estamentos dispersos, en conjunto con la academia y, probablemente, entre los estudiantes y administrativos.

Los años de funcionamiento durante el periodo militar tuvieron efectos contradictorios. Por un lado, se creó una subcultura clientelar (no dudo que también la hubiera en el periodo anterior, como se comentaba cuando fuimos estudiantes), que se intensificó en la medida en que el sistema fue regido desde afuera por el poder. Cuando desaparece ese poder, el sistema de democracia formal le agrega su propio modelo de control, orientado a regular la conducta política de los estudiantes, manteniendo los mecanismos de clientelismo institucional previamente creados.

Lo peor que ha pasado es que el sistema se ha enraizado al punto de que la mala hierba –como la paja canalera– apenas si puede desarraigarse, pues sus raíces son tan intrincadas y extendidas que al cortar una sección horizontal aparece más adelante, reproduciéndose, como la hidra. Tal vez, desconociendo los antecedentes, presumiría que la práctica actual, que emplanilla a dirigentes estudiantiles, es relativamente nueva. Es decir, nueva desde la época militar, pero ha provocado que cada dirigente o cada estudiante que quiere sobrevivir se haga un espacio en la planilla universitaria, sin más formación ideológica y política que los clichés ya desgastados de las protestas armadas, cuando son necesarias.

De forma que, acompañando a un estamento universitario geróntico, se extiende sobre el horizonte una actitud de desfallecimiento institucional que apenas si levanta cabeza en algunas que otras instancias académicas. ¿Contra qué se lucha? ¿Hay lucha? ¿Hay agonía? Agonía significa lucha, pero no parece existir en la UP cuando aun los mejores mantienen callada su inteligencia, proyectándola hacia afuera, como esperando que por rebote tales pronunciamientos reflejen la queja de todo el mundo universitario. No ocurrirá hasta cuando ese grito se haga desde adentro. Y el silencio hasta ahora parece ser el refugio del temor extendido, del autocontrol que reafirma que en boca cerrada no entran moscas.

No se puede decir que la actitud es responsabilidad de los que callan, sino de los que mandan a callar, con múltiples técnicas de amenazas y control social interno.

La academia ha muerto por la muerte segura de una generación que, si alguna vez fue actora en las reivindicaciones nacionales, hoy parece que su agotamiento la induce a la comodidad del silencio.

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Publicado hoy 30 de mayo  de 2016  en el diario La Prensa,  a quien damos, lo mismo que damos al autor, todo el crédito que les corresponde.

El 9 de enero de 1964

La opinión de…

 

Rimsky Sucre Benjamín

El cerro Ancón albergó el aparato operativo y administrativo francés y norteamericano del Canal de Panamá desde finales del Siglo XIX hasta finales del siglo pasado (XX).   El período norteamericano se inicia con un tratado firmado a espaldas de negociadores nacionales que, prontamente, fue calificado como ignominioso por las generaciones de panameños que sufrimos el injusto trato y protestamos, principalmente, su cláusula de perpetuidad.

Fue y sigue siendo “nuestro amado cerro Ancón” la inspiración, el símbolo y bandera de protestas y luchas generacionales en defensa de los derechos soberanos de Panamá, reclamaciones incesantes de nuestros mejores ciudadanos de todos los ámbitos sociales y regiones del país, desde que se tuvo conocimiento del contenido y alcance del Tratado Hay–Bunau Varilla de 1903.

Era yo estudiante graduando del VI–B del Instituto Nacional de Panamá, cuando luego del recreo de ese mediodía solicitamos permiso al profesor Roberto McNally, consejero del salón, para ir de aula en aula a manifestar nuestro deseo de izar esa tarde la bandera nacional de nuestro colegio, en la escuela secundaria de Balboa, situada en las cercanías del cerro Ancón, en respuesta a los recientes hechos de irrespeto por parte de los llamados “zonians” (que no se consideraban norteamericanos ni panameños, y luchaban muy unidos para perpetuar sus grandes privilegios en ambas naciones).

La solicitud original consistió en que los alumnos de mayor índice académico requiriesen al rector, profesor Dídimo Ríos, dicha bandera, considerada histórica por el plantel. Al unísono los salones se movilizaron, logrando esa misión; mientras otros improvisamos carteles y afiches con los pocos materiales que aparecieron en el aula de Artes Industriales y otras (papel manila, cartones, tempera, tiza y algunos restos de pintura).

En poco más de una hora partió el compacto, ordenado y cívico grupo de estudiantes, principalmente de los sextos, quintos y menores grados del segundo ciclo institutor, con consignas y letreros que se centraron en que “Panamá es soberana en la Zona del Canal”, sorprendiendo a la gendarmería y a los servicios de inteligencia del gobierno canalero (un gobierno extranjero dentro de nuestro territorio) y a todas las dirigencias de política estudiantil y oficial del país.

Conocido ya es el civismo y respeto demostrado por este grupo, que guardó silencio absoluto en el recorrido por el hospital Gorgas y cantó el himno nacional en la residencia del gobernador zoneíta, hoy residencia del administrador panameño del Canal;   en contraste con la desesperación y falta de coordinación de la policía militar zoneíta, del gobernador,   del director del Balboa High School College y los vejámenes a que fueron sometidos los seis estudiantes que, inicialmente, permitieron ellos –con la promesa de custodia y protección– cruzar al asta de la bandera de esa escuela.   Fueron traicionados por los agentes de seguridad norteamericanos, quienes no solo participaron en la golpiza y negaron la izada de nuestro pabellón, sino que también, cobardemente, lo rasgaron.

Los jóvenes estudiantes norteños fueron arengados por sus padres a lanzar todo tipo de improperios y agresiones físicas a nuestra escasa comitiva, para impedir que se cantasen las estrofas del himno nacional.    Sin embargo, lograron con los brazos erguidos cantar, impidiendo que nuestra bandera, con el escudo bordado en su centro, tocase el suelo.

El regreso al otro lado de la cerca limítrofe fue tumultuoso. El primer disparo hecho con arma corta y por un civil en las cercanías del actual gimnasio de Ancón, no causó daño aparente.   La noticia se esparció por la ciudad a medida que algunos deteníamos el tráfico en la Avenida de Los Mártires (hasta aquel día: Avenida 4 de Julio), y otros, de regreso al interior del alma máter, notificaban al rector, profesores y administrativos, a dirigentes estudiantiles de otros colegios, a la Universidad de Panamá y a los medios de comunicación.

Los hechos se precipitaron con lamentables pérdidas humanas y logrando la unidad nacional más monolítica de nuestra historia. Una lucha digna y magistral en el terreno internacional, que logró la condena universal de la política estadounidense, provocada –en última instancia– por la arrogancia de una generación de norteamericanos y sus descendientes que, como corolario, irrespetaron los acuerdos de la época sobre la izada de la bandera panameña en ese soberano territorio, pretendiendo perpetuar sus privilegios “sociales… y comunales…” en la Zona del Canal de Panamá.

No pretendemos, los de la generación de 1964, desconocer las luchas previas que nos inspiraron, ni las posteriores, con las que también hemos alcanzado el reintegro territorial y la casi plena soberanía; me es imposible revivir el llanto… Estamos convencidos de que la gesta del 9 de enero de 1964 convenció, finalmente, al Gobierno norteamericano de que las causas del conflicto permanente con Panamá debían y tenían que ser resueltas en forma definitiva y pacífica, quedando esto patente con las negociaciones fallidas en el período del presidente Marcos A. Robles, para el apodado “Tratado Tres en Uno”, y las del largo recorrido del Tratado Torrijos Carter.

Amado cerro Ancón, de Amelia Denis de Icaza, de Demetrio Korsi, del Nido de Águilas “Altivo a las faldas del cerro Ancón”, del negro Agustín Rodríguez, de Edwin y Dimas Castro, tuyo y mío, has sido y serás agua y sabia pura, memoria, historia, imponente y maravilloso monumento, mástil, bandera, reserva natural, pulmón de la ciudad y ensoñación. Sí, ensoñación, como versa la declaración de amor de mi padre a Eloísa, en la última página de su libro de dedicatorias… y que luego nos trajo a este mundo.

El 9 de enero, te rendimos pleitesía, sin rencores, sin resabios, con el testimonio dado de una vida constructiva, basada en ideales. Hacemos votos por tu conservación en beneficio de la historia, de tu fauna, flora y biodiversidad; por tus servicios ambientales a la ciudad, al país y al mundo, por tu belleza imponente.

Subamos juntos esa primera recuperada trocha. Toquemos el chorrito, maravillémonos con tus paisajes, su rica vida y olor a tierra mojada; con tus cuentos. Hablemos libres junto a Amelia, cantemos bajo nuestro imponente pabellón nacional y hagamos bueno el pensamiento de Omar, quien dijo: “pónganlo allí (el mástil), adonde no hay yerbita, para no dañar nada”.

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Este artículo se publicó el 8  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Sobre el fracaso escolar

La opinión de la Psicóloga y Docente Universitaria….

YOLANDA  CRESPO  DÍAZ
zedirto@cwpanama.net

‘Cuando fracasa un estudiante, fracasa la maestra’.   Todo estudiante con problemas es producto de su situación familiar.

Los fracasados pierden el interés, la motivación, la escuela se convierte en castigo, un lugar aburrido.

Los padres de familia deben interesarse por el rendimiento académico de sus hijos, dedicarles tiempo, premiar, estimular sus logros, fomentar la superación profesional.

Muchos fracasados vienen de familias desestructuradas, problemáticas. (Divorcio, familias reconstituidas, monoparentales). Fracasan para llamar la atención de sus padres. La poca convivencia con los hijos, la ausencia paterna, cuando la familia no se relaciona con el centro educativo: no asiste a las reuniones de padres de familia o eventos escolares, se refleja en el estudiante.

Fracasan, por trastornos emocionales, de conducta, aprendizaje, porque el contenido del curso no es presentado de manera clara o atractiva, por incapacidad intelectual, falta de interés e indiferencia en la familia. Se debe atender individualmente al alumno con dificultades en el aprendizaje.

El fracaso escolar debe remediarse rápidamente, con programas especiales, ayuda de la familia inmediata, entrenamiento en técnicas de autocontrol, responsabilidad, disciplina, autodirección, habilidades sociales, expresión de sentimientos, actitudes positivas, tolerancia, conducta ética, aceptar las consecuencias de nuestros actos, respetar la autoridad, cooperación , desarrollo de la inteligencia emocional.

Porque no pueden controlar sus propias vidas, ni las cosas que les suceden. La respuesta suele ser la agresividad, el ausentismo, ante un mundo incomprensible, frustrante.

Las cifras de fracasos se acentúan en estudiantes de bajos recursos, provenientes de familias de pocos estudios, no valoran títulos académicos.

La sociedad, la familia, el sistema educativo son los mayores res ponsables.

El contexto economicosocial, los años de estudio que han cursado los padres, afecta el interés de los alumnos.

Prevenir el fracaso escolar es una manera de evitar la conducta antisocial en los jóvenes.

El fracaso escolar conlleva: baja autoestima, pérdida de confianza, decepción, cae en un círculo vicioso de pandillerismo, conducta antisocial.

Los alumnos que abandonan o terminan la educación sin la titulación correspondiente tendrán problemas laborales. El riesgo de marginación o de pérdida de un determinado estilo de vida se incrementa.

Las expectativas de los padres sobre el futuro académico de sus hijos, el apoyo en sus estudios, hábitos de lectura, actividades culturales determina las causas de las dificultades escolares. Un bajo nivel educativo puede compensarse por un mayor compromiso de los padres con la educación de los hijos.

Recomendamos una reducción del número de alumnos por aula, incremento de orientadores, maestros de apoyo, programas de diversificación curricular, Centros públicos atractivos para todos los sectores sociales, enseñanza basada en la utilización habitual de computadoras e Internet, aprender un instrumento musical, desarrollar su expresión artística. El arte, la educación plástica, la música tienen un extraordinario valor formativo, así como las deportivas.

Cuando los alumnos se retrasan de forma considerable en sus conocimientos y habilidades en lectoescritura y matemáticas, hay un gran riesgo de desinterés y de abandono de los estudios. En 1968 los psicólogos norteamericanos Rosenthal y Jacobson, descubrieron el efecto Pigmalión donde descubrieron que las apreciaciones de los profesores se reflejan en la evaluación de sus alumnos o sea que si esperan que un estudiante sea bueno o malo esta profecía se cumple independientemente del valor del estudiante. Esto indica que la impresión del profesor sobre el alumno se refleja en la evaluación.

Las mujeres aventajan claramente a los hombres en todos los paneles educativos en la universidad y en todas partes, a la hora de la graduación: más mujeres triunfan en la escuela.

Encontramos que uno de cada cuatro alumnos de 16 años abandonaba el sistema educativo, abandonar el sistema educativo es una decisión personal, aunque los hijos de padres sin estudios son más frecuentes los casos de fracaso y deserción. Los que mejor se sitúan en este sentido son los hijos de padre universitario, pues consiguen mayoritariamente el título obligatorio.

El éxito de las mujeres: las jóvenes tienen más éxito en el sistema educativo, maduración más temprana, mayor cantidad de hombres abandonan el estudio, repiten de curso, presentan problemas disciplinarios, absentismo y abandono prematuro del sistema escolar.

La edad de abandono está asociada al origen social, concretamente al nivel de estudios de los padres.

Las motivaciones del fracaso escolar abandonar los estudios se concibe como una transición a la vida adulta. Pérdida de valor de los estudios. Satisfacción inmediata: Se quiere dinero inmediato. Ocio nocturno temprano. Falta de capacidad intelectual por naturaleza.No le gusta estudiar, desinterés por el contenido, aburrimiento y desmotivación.

La familia es muy importante, la clase social, más común entre los estudiantes de las clases populares, menos familiarizados con el valor real general y particular de los títulos académicos en el mercado de trabajo, más vulnerables a las informaciones sensacionalistas, la idea de que los títulos no sirven,

El alumno de clase popular encuentra en su medio social, actitudes antiescolares: afirmación del trabajo manual y menosprecio del intelectual, culto al físico (la fuerza para los hombres, la sensualidad y reproducción en las mujeres), El alumno de clase media quiere superarse a través del estudio.

 

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<> Este artículo se publicó el  11  de enero de 2011    en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

La Gesta de Enero y la dignidad de la Patria

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La opinión de…

Dorindo Jayan Cortez 

jayan2258@gmail.com

9 de enero de 1964. Como en ninguna otra fecha de nuestra historia, se expresa el sentimiento por la patria, la panameñidad convertida en orgullo, la rebeldía justificada del ser nacional, como en aquella donde los estudiantes defendieron, con sangre y conciencia, el derecho de la tricolor de ondear, con el empuje de las suaves brisas del Cerro Ancón, en el territorio ocupado.

Las protestas de enero no eran ajenas al patriotismo impregnado en los corazones juveniles de la patria.   Se había construido en la conciencia estudiantil el firme reclamo de “un solo territorio, una sola bandera”. Treinta y cinco años después de aquella gesta, que fue gloriosa aunque también de luto, se cumple el sueño: rescatamos la Zona del Canal y la presencia USA llegó a su fin. Como reconoce William Jorden, Embajador del Gobierno de Lyndon Johnson (1963-1969), en su obra La Odisea de Panamá, “nadie pensó en Panamá en 1964 que el izar la bandera de su país frente a una escuela secundaria un grupo de irreflexivos estudiantes estadounidense, pondría ser el principio del fin de la forma de vida que tanto ellos como sus padres tanto ansiaban preservar.”

La lucha nacionalista tenía un camino recorrido (1947, 1958-1959). Cuando el Gobernador Robert Fleming, anuncia oficialmente, en diciembre de 1963, que las banderas de Panamá y de Estados Unidos ondearían junta en diecisiete lugares de la Zona del Canal, y que la bandera estadounidense no lo haría en otros sitios: escuelas y tribunales, estaba, con esta medida, aceptándose el reclamo enérgico de muchas generaciones cuyo fervor soberano y disposición de lucha hacia insostenible la negación zoneítas de que se izara la enseña patria como correspondía.

Un hecho debe reconocerse, que no es ajeno a los incidentes. El tipo de dominio colonial, ultrajante y apropiador, establecido por el poder estadounidense, desde inicios de la ocupación, generó en los norteamericanos residentes en la Zona, un sentimiento de pertenencia, de apoderamiento de la “Canal Zone”.   Ello explica la actitud, justificable para algunos, de los estudiantes de la Escuela de Balboa y Coco Solo, en Colón, de izar la bandera –la de ellos, que era la de Estados Unidos, en sus respectivas escuelas donde, por acuerdo, no debía hacerse. Surge, así, la reacción consecuente –contestataria, de los institutores –y otros que se unen, que, bandera en mano, deciden que en el asta donde los estudiantes zoneítas izaban la “rayada extranjera”, tenía, también y, principalmente, que izarse la tricolor panameña. Ese asta debe eternizarse como patrimonio nacional, símbolo de la juventud rebelde y patriótica.

La conducta patriótica y soñadora de nuestra juventud recibe, como repuesta, el ataque agresivo, inmisericorde, de los militares USA, repitiéndose, como en otros tiempos, el ultraje y la cobardía de la superioridad castrense acantonada en nuestro propio territorio. Las consecuencias son conocidas. La sangre derramada escribe una de las páginas dolorosa de la patria. Y aunque los agresores trataron de tergiversar los hechos, lo cierto es que la gesta era, más bien, una bella -aunque triste- expresión en defensa de la nacionalidad. El recorrido por las calles, el sonido de las consignas, las piedras lanzadas, los heridos, los caídos, sus aspiraciones y sueños hoy logrados; en todo esto está el emblema de una gesta heroica que jamás hay que olvidar.

 

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<>Artículo publicado el 9  de enero de 2011    en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Abdénago Domínguez: A propósito del fracaso estudiantil

La opinión del Abogado..


Silvio Guerra Morales 

Apropósito del multitudinario fracaso estudiantil en la educación media, ha venido a mi mente la egregia figura de un consagrado apóstol de la educación panameña a quien quiero rendir homenaje en vida.

 

Siendo estudiante del Primer Ciclo que operó, algunos años, en la Escuela Primaria José María Barranco, del Distrito de La Chorrera, allá por el año 1974, ya lo advertíamos, como Director del Colegio, recibir con grata sonrisa, sin renunciar a la disciplina, a los estudiantes.

Aún resuenan en mis oídos aquellas jalonadas: “Jovencito, la basta del pantalón está muy corta”, “Señorita, recuerde que la falta debe estar por debajo de la rodilla”, “Tiene Usted la camisa mal puesta, favor no dejar bultos de la camisa en la cintura”, “Péinese mejor”, “Jovencita se prohíbe entrar con las uñas pintadas, no puede entrar al colegio”, “Ese corte de cabello no es propio de un caballero”, “Usted debe estar en el salón de clases, permanecer en él, no deambular por los pasillos” , “Y si no deléitese en la lectura, vaya a la Biblioteca del Colegio”.

Posteriormente, cuando nace el Colegio Moisés Castillo Ocaña, nombre que se le da en bien merecido honor al célebre poeta chorrerano del mismo nombre, es designado y por muchos años lo fue, como el primer Director del Plantel. Hice todo el segundo ciclo en dicho colegio. Nuevamente me tocó vivir los rigores de una disciplina que no indigesta ni causa mal alguno. Otra vez: “Jovencito…, jovencita…”. Algunos estudiantes, cuando lo veían pasearse, cual noble inspector del plantel custodiando el proceso enseñanza-aprendizaje, no sé si llenos de pánico, corrían hacia el salón previniendo: “¡Viene Abdénago Domínguez!”.

Sí, sin duda alguna que estoy hablando del Profesor Abdénago Domínguez. Preclaro Maestro que es de la Educación Panameña y conspicuo amante del arte de enseñar bien y de preparar, para la vida, a las almas núbiles. Orgullo invariable de los chorreranos. Siempre han brillado en él su acendrada devoción, como maestro que es del idioma Español, la brillantez en su expresión del buen hablar; nunca hizo concesiones o dio perdones a las faltas ortográficas y tampoco dio cabida a una expresión o palabra mal estructurada o dicha.

Recuerdo que, cursando ya el último año de la secundaria, la profesora de la materia Español, por incapacidad médica, tuvo que ausentarse por más de un mes, y él, siendo el Director del Colegio, nos impartió las clases. En esos cortos días aprendí de literatura universal lo que después con lecturas sistemáticas pude afirmar y ampliar.

Moraleja: Ciertamente que tenemos un indeseable y creciente fracaso de nuestros muchachos en las escuelas. La asistencia a los colegios de los que rehabilitan nos da la impresión de que las clases no han culminado. Son montones. Sin embargo, pienso que hay un problema de fondo: el proceso de la enseñanza-aprendizaje implica a estudiantes y a educadores. Pero al estudiante lo precede la familia y al educador le precede el sistema de formación. Sin duda alguna, que en estos eslabones debemos buscar la causa del por qué los muchachos no quieren estudiar o aprenden mal o demuestran cierta apatía por el estudio.

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Artículo publicado el  7  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Puntos y más puntos

La opinión de…


Victor A. Sanjur

Durante estos días, cientos de profesionales acuden a cada una de las oficinas del Ministerio de Educación, ubicadas en las diferentes provincias, con la finalidad de obtener uno de los puestos a concurso, en los distintos colegios oficiales a nivel nacional.

Aquellos profesionales que cuenten con un puntaje alto tendrán mayores posibilidades de obtener una de las vacantes a las que han concursado. Ahora bien, el puntaje de un docente refleja que este ha invertido más tiempo y dinero en su formación profesional, lo que debe garantizar una mejor calidad de enseñanza para sus estudiantes. Pero existen muchos que se preguntan: ¿Reflejará esta puntuación la calidad de un docente?   En la mayoría de los casos la respuesta es un rotundo no.

El afán por obtener una plaza de trabajo (en la mayoría de los casos permanente) ha corrompido la forma en la que se obtiene los puntos.   El objetivo de este sistema es premiar a aquellos docentes, que en su interés de crecer profesionalmente, continúan preparándose académicamente.

Pero hoy, podemos observar, que existe una gran cantidad de docentes que toman seminarios, diplomados, participan en congresos, etc; con la única finalidad de aumentar su puntaje personal, y en nada se aprecia que exista un aumento en su calidad profesional.    Muchos de estos seminarios no tienen nada que ver con la especialidad o cátedra que estos dictan. Así tenemos docentes del área científica, con una gran cantidad de puntos debido a cursos de costura, gastronomía, atención al cliente, etc.

¿Qué tiene que ver estos cursos con la matemática o la física? Pero el problema se torna más grave, cuando observamos a docentes que presentan un historial rico en títulos, por ejemplo: tres maestrías, cuatro posgrados, tres técnicos y una gran cantidad de diplomados y seminarios, de los cuales, un gran porcentaje no tiene nada que ver con su especialidad o son obtenidos en universidad o institutos superiores, que lo único que les importa es el pago de su matrícula y mensualidades, no la correcta formación profesional.

Podemos llegar a dos conclusiones, la primera, nuestros docentes tienen un alto grado de inteligencia, ya que tienen la capacidad de estudiar al mismo tiempo una maestría, un posgrado y un técnico, además de un gran número de seminarios, sumando a esto el tiempo que dedican a su empleo, o segundo lugar, estamos obteniendo una serie de títulos mediocres, en universidades o institutos superiores que solo les interesa que usted cancele al día sus pagos, y asistiendo cada 15 días, en pocas semanas usted es un técnico más en nuestro país. Este fenómeno, contribuye a agravar aún más la situación precaria por la que está pasando el sistema educativo panameño.

Para la solución de esta problemática se requiere de voluntad, pero parece que a nuestros dirigentes docentes solo les interesan los aumentos salariales, y no el mejoramiento de la calidad en la educación, al final los que sufren las consecuencias de estas deficiencias son nuestros estudiantes.

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<> Este artículo se publicó el 26 de diciembre  de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La revolución termina en la colina

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La opinión del Estudiante de Sociología…

Juvenal Eduardo Torres D.

juveduardo.torresd@gmail.com

Muchos de los integrantes de los grupos políticos actuales de nuestra universidad, provienen de una formación política en la secundaria o conocieron algún dirigente en su año inicial de estudios universitarios. Estos los integraron al que actualmente pertenecen, o en algunos casos, al que pertenecieron, les dieron a conocer la bandera, ideología y siglas y les convencieron que desde la universidad se haría la revolución.

En realidad han existido históricamente en la institución, jóvenes con diferentes perspectivas ideológicas y políticas con un ímpetu de participación, opinión e ideas constructivas, con una militancia constante, fundamentada en firmes ideales y compromisos con su organización, procesos sociales e identidad de clase.

Lo curioso del caso es que en la actualidad se pueden contar los grupos políticos estudiantiles que constantemente muestren un rostro renovado, que trabajen por garantizar un relevo con formación intelectual y principios éticos. En cambio las caras que se ven en la palestra de la política estudiantil son los mismos de la última y antepenúltima década que han sido incapaces de llevar sus palabras y discursos más allá de los predios universitarios.

Con una ausencia, en la mayoría de las agrupaciones nacionales incluyendo la Universidad, de criterios que promuevan el constante relevo generacional, darle espacio a nuevos administradores y portadores de nuevas formas de pensar y actuar, necesario e indispensable en toda organización e institución sin importar su tamaño, nivel o contexto histórico, político y cultural, de lo contrario están destinados a la extinción y desfase en todo los planos.

Aunado a esto, una práctica que ha corroido la beligerancia del movimiento estudiantil, es su domesticidad ante El Magnífico, producto de una práctica poco sustentada o justificada éticamente: el nombramiento de dirigentes estudiantiles en la universidad. Esto no solamente ha generado que diferentes grupos estudiantiles se conviertan en borregos y vasallos, sino que pone en duda su verdadero fin, compromiso “ideológico “y su denominado “Proyecto”.

No pongo en duda que en algún momento su discurso, emanaba de los más emotivos sentimientos revolucionarios. Pero como una ley natural, el que no se adapta a su medio perece, y la universidad se ha convertido en un ecosistema, similar al abismo oceánico donde conviven diferentes seres con particulares intereses que se apartan de la Luz porque, esta les molesta y a la vez que revela su grotesca apariencia.

Lastimosamente la realidad de la universidad hoy es otra, y los intereses de quienes la administran también; unos tratan de reelegirse como autoridades, otros piensan como ganar centros de estudiantes para vivir de sus ganancias mientras otros utilizan su poder de representación en los órganos de gobiernos para negociar beneficios propios.

En este escenario difícil, muchos han dejado, de ser comunistas para convertirse en cómodos funcionarios, de luchadores sociales a burócratas universitarios, de grupos históricamente beligerantes: aquellos “que ni se rinden, ni se venden” a estar alquilados por un salario. Tristemente, después de años de militancia y beligerancia, parece ser que la revolución termina cuando vas a buscar el talonario de pago en la colina.

 

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<>Artículo publicado el  21 de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.