¿Quemar basura para hacer diésel sintético?

La opinión de…


Jorge G. Conte Burrell

Este es el tipo de negocios que le encanta a los grandes demagogos: comprar por 65 millones de dólares una unidad de tecnología avanzada (son 325 millones de dólares en nuestro caso) dizque para salir del tercer mundo y directo para el primero, después dar subsidios a algunos empresarios privados de su partido para que lo dizque manejen por 5 años y presentarlo como logro de su administración.

Luego, el siguiente gobierno quita los subsidios, demandan las licitaciones y las concesiones y los costos terminan por acabar con el proyecto, ya que requirió una alta inversión inicial en lo humano y lo tecnológico y principalmente en su mantenimiento.

Considerar la instalación de una planta modelo de conversión de basuras a diésel sintético en las instalaciones de la Universidad Tecnológica de Panamá, para ir adecuándonos al sistema sería más inteligente.    La tecnología propuesta por la empresa alemana es muy avanzada para la educación y cultura de los panameños, sin mencionar que la misma es experimental inclusive donde es originaria.   Con relación al personal humano requerido, aunque es casi nulo en Panamá, esto se podría solucionar con la contratación de personal extranjero por un periodo de tiempo para capacitar a la mano de obra local en la planta modelo.

Adicionalmente están las consideraciones ambientales a la incineración de desechos, que es lo que hace este equipo y las emisiones tóxicas resultantes. Mientras no haya control previo de lo que consideremos como, y echemos a la basura, es decir, reducir y recuperar, para reciclar, el material fósil y metálico, estas emisiones serán altamente tóxicas. Los filtros para su eliminación vendrán incluidos en la primera compra, durarán 5 años y no serán reemplazados, ya que son muy costosos y las administraciones muy deficientes.

Este proyecto seguro que no sería el ejemplo de cero corrupción que existe en la Unión Europea y por lo tanto estará plagado de corrupción y corruptos. El implementar este programa a sopetón y porrazos, no lo llevará a buenos resultados, sino al mismo resultado de siempre. Vayamos por partes y midiendo resultados para ajustar nuestro curso de acción. Implementemos acciones de base que apuntalen nuestras inversiones.

Yo sugiero que comiencen con leyes y programas instituidos de separación de los desechos sólidos por parte de la población, escuelas, universidades, empresas y el Estado principalmente y para dar el ejemplo. Creando consorcios para la recuperación y reciclaje de materiales con valor comercial. Esto reduciría la necesidad de camiones de recolección contaminantes, tan grandes y tan frecuentemente.

Luego que se tiene la cultura, la preparación de los técnicos y asegurado el modelo, entonces invertir en bienes de capital. Ahora es tiempo de educar e invertir en las personas y las organizaciones. Ese mismo dinero podría servir para crear y subsidiar la cultura del reciclaje en Panamá. Ya se tiene la noción, ahora se requiere la infraestructura para crear la cadena de valor. Estos pasos reducirían el costo inicial de entrada a la tecnología sugerida, soportada en una cultura homogénea que apoya el éxito del proyecto y el retorno seguro de la inversión en lo social-ecológico-salud y económico en el mediano y largo plazo.

Debemos salir caminando del subdesarrollo para luego correr hacia el primer mundo. Para esto debemos hacer lo que hacen los países en vías de desarrollo o del segundo mundo, como yo los llamo. Comportamientos tan básicos como la separación de los desechos, el uso de bolsas reutilizables en vez de plásticas, el uso de desechos orgánicos para producir compost o abono orgánico, la industrialización del reciclaje, el uso de aceite vegetal usado para producir biodiésel, entre otras, nos llevarán a la creación de empresas que generen el valor agregado del crecimiento sostenible y sostenido.

Esto visto desde los ojos de un estadista sería una posible realidad; en manos de un director ejecutivo o de un presidente demagogo y corrupto sería un desastre anunciado.

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Este artículo se publicó el 28  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Más allá del Big Bang I parte

La opinión del Docente….

 
RICARDO COCHRAN MARTÍNEZ
cocranc@hotmail.com

Hasta el siglo XIX las especulaciones sobre el mundo y el universo giraban en torno a exposiciones interpretativas, más los geólogos primeramente empezaron a deducir que la tierra era muy, muy antigua, tal vez tenía millones de años. De igual forma Charles Darwin observó que las mutaciones en una especie han de necesitar miles y miles de años, no se producen de inmediato, ya que existe un proceso de selección natural propia de la evolución.

Ambas disciplinas enfocándose en distintos aspectos de la realidad que nos circunda llegaron a una sola conclusión: el mundo no tenía 4,000 años como mencionaba el obispo James Usher en el siglo XVIII, sino… millones de años.

En 1905 Albert Einstein, concibió el mayor adelanto en la ciencia y en la comprensión de la naturaleza y la física al descubrir la ‘relatividad del tiempo’.

Hasta ese entonces no se sabía que la velocidad de la luz es constante y que ronda los 300 mil kilómetros por segundo. Todo fenómeno es adelantado por la velocidad de la luz o llega con este. Otro aspecto de su teoría es que la tierra sería un ’laboratorio en reposo respecto a nosotros’, la visión que se pueda tener de un acontecimiento o fenómeno dependerá de la posición privilegiada o desde el laboratorio en reposo o en movimiento rectilíneo que hagamos; así podríamos ver desde otra posición en el universo el pasado, el presente y el futuro de la tierra.

No hay que olvidar además que la tierra gira a treinta kilómetros por segundo, no nos damos cuenta, y el sentido común al no percibirlo plantea que estamos inmóviles.

La tierra y el sol, el sistema solar gira así dentro de la galaxia a la cual pertenecemos.

Para la segunda década del siglo XX sucedió un hecho importante, los matemáticos William Sitter, Alexander Friedman y el cosmólogo George Lemaitre estuvieron de acuerdo en aplicar la teoría de la Relatividad General al Universo, ello fue un gran avance en el pensamiento humano y en su capacidad de procesamiento y experimental.

Posteriormente Edwin Hubble, planteó que tras escudriñar los cielos se percató que las galaxias se alejaban unas de otras, ello implicaba un proceso de expansión del universo como cuando tiras una piedra al río verás que luego de la explosión de la superficie las ondas se expanden, por citar una analogía sino de la más acertada bastante gráfica.

Desde ese momento la cosmología, la física y la filosofía entraron a un debate y a un campo jamás considerado por estas ciencias hasta ese momento: el universo tenía un principio y si lo tenía, entonces debía tener también un final, por que es un proceso.

Algunos filósofos, por fortuna no todos, mostraban cierta aprehensión ya que no podía demostrarse experimentalmente lo que Einstein y Hubble plantearon, estos pensadores eran empíricos, por lo cual necesitaban ver para creer.

Aquí hay que resaltar que la razón humana aunque traten de menospreciarla, aunque le apliquen ese sarcasmo malicioso en torno al potencial humano, hay que reconocer que la fuerza de la razón humana ‘pensó el Cosmos’ y lo ordenó de una manera comprensible al menos a nuestra especie, ¿ello no es algo divino?

Bien, la prueba de un Big Bang que fue como se le denominó a ésta singularidad en donde materia y energía, espacio y tiempo estaban comprimidas antes de explotar, se encontró en 1965 por los científicos Arnold Penzias y Robert Wilson y de la manera más jocosa, mientras se peleaban con una cría de palomas instaladas en su antena-radar descubrieron que estas aves no eran la interferencia sino radiación cósmica de fondo o ‘energía oscura’ que era el remanente, el eco primitivo de la luz y el calor que apareció tras la gran Explosión.

Así empezamos a considerar la frase griega ‘como es arriba es abajo’, ahora tiene sentido, por que el proceso de nacimiento, desarrollo y muerte es universal.

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<> Este artículo se publicó el  14  de enero de 2011    en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Energía eléctrica en Panamá

La opinión de…

 

Manuel Cereijo

Es un hecho comprobado que la gente consume más energía, según mejora su situación económica. En Panamá, la demanda eléctrica crece a razón de 4.7% al año y esto plantea un reto no solo en el aspecto de aumentar el plantel de generación. También nos hace analizar la forma en que consumimos energía.

El punto es que no somos eficientes con el consumo de energía.   Si bien hemos visto acciones muy puntuales como el cambio de horarios de trabajo y en el patrón de uso de los equipos de acondicionamiento de aire en las oficinas públicas, esto es apenas el comienzo de lo que debería ser una verdadera política energética.

El alto costo de la energía es algo que le resta divisas y competitividad al país, además de que incrementa los problemas ambientales como la contaminación del aire y el calentamiento global.

Una política energética debe contemplar temas como el uso de estándares internacionales en materia energética. Tener aranceles más bajos para equipos eléctricos eficientes. Reglamentar niveles de iluminación en las oficinas y comercios. Exigir ciertas normas en la envoltura de los edificios y centros comerciales, para que absorban menos calor y, por consiguiente, requieran menos consumo de energía en aire acondicionado e iluminación.

Debe haber incentivos fiscales o de algún tipo para los inversionistas interesados en invertir en edificios verdes que tanto éxito tienen en otros países. Además, hay que dar cabida a las energías limpias.

Un aspecto crucial es la parte docente. Es muy común encontrar administradores de edificios que desconocen la forma en que compran y consumen energía en sus facilidades. Esto requiere la formación de administradores de energía que identifiquen oportunidades de ahorro energético en las facilidades a su cargo.

De igual forma en los hogares, la gente debe entender cosas, como que un kilovatio–hora, equivale más o menos a una hora de plancha o una hora de uso del secador de pelo. Que una refrigeradora muy vieja o sucia puede aumentar su factura eléctrica sensiblemente.

Pero, el Gobierno es quien debe dictar la norma a seguir para que los consumidores de energía, que somos todos, entendamos que es urgente un cambio de mentalidad.

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Este artículo se publicó el  8  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La importancia de Cancún

La opinión de la Embajadora de Estados Unidos en Panamá….

PHYLLIS M. POWERS
cordovaaa@state.gov

Hoy en día, alrededor del mundo, ya estamos viendo los efectos dañinos del cambio climático, desde temperaturas que aumentan y glaciares que se derriten hasta elevados niveles del mar y sequías cada vez más largas.   El costo para nuestro planeta solo empeorará si la comunidad internacional no fortalece sus esfuerzos para atender este problema. La próxima conferencia climática de las Naciones Unidas en México ofrece una oportunidad para dar un importante paso hacia adelante —y debemos aprovechar este momento, juntos.

Estados Unidos está comprometido en trabajar con Panamá y nuestros otros socios internacionales para enfrentar este gran reto global.

En Cancún, debemos trabajar para construir sobre el progreso obtenido el año pasado en Copenhague y adelantar todos los elementos claves de las negociaciones— mitigación de emisiones, transparencia en las acciones, financiamiento, adaptación, tecnología, y la protección de nuestros bosques.  Al avanzar, debemos también evitar socavar lo logrado en Copenhague, donde los líderes dieron un paso significativo y sin precedentes en nuestro compromiso colectivo de enfrentar el reto del cambio climático. Como parte del Acuerdo de Copenhague por primera vez todas las principales economías se comprometieron a realizar acciones para limitar sus emisiones y hacerlo en una forma transparente a nivel internacional. El acuerdo también incluye disposiciones para asistencia financiera, con el fin de apoyar el desarrollo de tecnología limpia, la adaptación y la protección de los bosques en esos países que más lo necesitan. Estas disposiciones consisten de un compromiso de financiamiento para ‘inicio rápido’ por naciones desarrolladas que se acerca a $30 mil millones en los años 2010 — 2012 y un compromiso de movilizar $100 mil millones anualmente de fuentes públicas y privadas para el 2020 en el contexto de mitigación y transparencia significativas.

Al ejecutar su compromiso para el inicio rápido, Estados Unidos ha aumentado de forma significativa su financiamiento climático en el 2010 a un total of $1,700 millones, $1,300 millones de asistencia asignada por el Congreso y $400 millones en créditos para finanzas de desarrollo y exportación.

Estados Unidos también está trabajando fuertemente para reducir sus propias emisiones. La Ley de Recuperación del presidente Obama brindó más de $80 mil millones para apoyar la transición a una economía de energía limpia.  Hemos establecido los estándares de ahorro de combustible y emisiones de tubos de escape más ambiciosos que hemos tenido en Estados Unidos. Estamos dando pasos importantes para reducir las emisiones de nuestras mayores fuentes de contaminación. El presidente Obama continúa comprometido con la creación de leyes sobre energía doméstica y el clima.

Al viajar por Panamá veo preocupación sobre los impactos actuales y las amenazas potenciales que presenta el clima cambiante, pero me animan las acciones que se están realizando.

Panamá está promoviendo fuentes de energía renovable, revisando su política de ahorro reducido en las emisiones y está realizando los pasos técnicos necesarios para prepararse para participar en el programa colaborativo de reducción de las emisiones que se originan por la deforestación. Las impresionantes organizaciones ambientales de Panamá están creando conciencia en el público, analizando las opciones que representan las políticas y están promoviendo la eficiencia energética.

El Acuerdo de Copenhague es, y la próxima reunión sobre el cambio climático en Cancún deberá ser, un paso importante en nuestro compromiso colectivo de acelerar la transición a una economía sostenible y de energía limpia, dejando un planeta más limpio y más saludable para todos.

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<> Este artículo se publicó el  7 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos de la   autora  en: https://panaletras.wordpress.com/category/powers-phyllis-m/

La Paradoja de Jevons

La opinión del Economista,  Político y Docente Universitario…

Juan Jované  

En 1865 William Stanley Jevons, considerado uno de los iniciadores del enfoque marginalista de la economía, introdujo, como parte de un libro dedicado a estudiar los posibles problemas del agotamiento de las reservas de carbón sobre el poderío industrial de Gran Bretaña, la paradoja que sirve de título al presente artículo.
De acuerdo a esta el resultado de una mejora en la eficiencia económica en el aprovechamiento de la energía no llevaría a una disminución en el uso total de carbón. Por el contrario llevaría a un incremento del mismo que aceleraría el agotamiento de la dotación de carbón.    Se trata, de acuerdo al economista ecologista Herman Daly, de una paradoja que luego de haber sido olvidada ha vuelto vengativamente, esta vez referida al problema del uso del petróleo.

La paradoja puede explicarse de dos maneras. En primer lugar, se debe entender que una mayor eficiencia en el uso de la energía alienta un uso incrementado de la misma, que sobrepasa el efecto eficiencia.   Es así, tomando el caso norteamericano como ejemplo, que pese a que ahora los motores de los automóviles tienen una mayor eficiencia, esto es una relación peso-milla por galón superior, lo cierto es que se tiende a utilizar, en promedio, vehículos más grandes, los cuales, además, recorren una mayor distancia diariamente.   La segunda explicación está dada por el hecho de que en la medida en que la mayor eficiencia económica eleva los beneficios, también incrementa el proceso de acumulación y crecimiento económico, el cual termina por demandar más energía.

En el caso de Panamá, si se toma como referencia el largo período que va desde 1985 hasta el 2009, se puede observar una clara ganancia en la eficiencia en el uso del petróleo,   la que se refleja en el hecho de que entre esos dos años la cantidad del mismo utilizado por unidad real de producto interno bruto declinó en cerca del 46.67%.   Sin embargo, para el total de utilización, medido en barriles diarios, se observa durante el mismo período un crecimiento del 43.5%.

Con el fin de establecer que se trata de un fenómeno vinculado con el estilo de crecimiento de la economía se estableció por vía econométrica que, para el período en referencia, la relación entre la tasa de crecimiento del consumo total de petróleo y la tasa de crecimiento del PIB por persona, lo cual constituye lo que los economistas conocen como una elasticidad, tiene un valor de 0.48.   Este, siendo menor que la unidad, muestra que se ha dado un incremento en la eficiencia energética, pero al ser positivo también muestra que la utilización total se ha incrementado, cumpliéndose así con las condiciones de la paradoja de Jevons.

Todo esto nos conduce a llamar la atención sobre el hecho de que los problemas ecológicos y económicos relacionados con los combustibles fósiles no tienen una solución exclusivamente tecnológica, la misma precisa ajustes en nuestro estilo de desarrollo, instituciones y conducta, a fin de adecuarlos a los requisitos de la sostenibilidad.

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<>Artículo publicado el  23  de noviembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/jovane-juan/

Lecciones de Termodinámica para consumidores

 

La opinión del Empresario….

RAFAEL CARLES  
rcarles@cableonda.net

Son dos mil trescientos cincuenta pasos desde la puerta de mi casa hasta la entrada del supermercado más cercano, el cual me suministra los doce meses del año una abundancia modesta de vegetales, verduras y frutas de todas las clases.   Sin duda, no existe argumento válido en contra de los placeres y las ventajas que tiene para el paladar, el espíritu y la mente el consumo de productos locales, frescos y de temporada.

Pero la globalización y las formas modernas de producción y distribución de alimentos ha dado pie al surgimiento de reglas arbitrarias y sin ninguna base científica real, de parte de organizaciones ecológicas que utilizan la palabra sostenibilidad a su antojo, y desconocen la ciencia de la energía y del uso de la tierra.   Como resultado escuchamos todo tipo de señalamientos absurdos como, por ejemplo, que es un pecado comprar una papa importada de Idaho, por aquello del exceso de energía consumida en el transporte desde Estados Unidos, y alegremente señalan que es más amigable para el ambiente comprar una cultivada en Tierras Altas de Chiriquí.

Las estadísticas de estos defensores del planeta son utilizadas muy selectivamente y tienden a ser engañosas. Una cifra muy mal usada es la de 40 calorías de energía de combustible fósil requerida para transportar una caloría de alimento desde California al puerto de Balboa.   No solo comparan manzanas con peras, o peor, aún manzanas con rocas, sino que el petróleo no se come y la comida no se quema. Un número utilizado de esta manera es una mala representación de la realidad, porque refleja el costo de la energía total en toda la cadena productiva a partir de la siembra de la semilla, no solo la consumida durante el transporte. Los estudios demuestran que se requieren 3000 calorías de energía para producir una libra de lechuga, independientemente de que ésta sea cultivada en California o en Tierras Altas, o si es orgánica o convencional. Y teniendo en cuenta el nivel de eficiencia de los trenes y camiones, el envío de una cabeza de lechuga de California a Panamá aporta casi nada a la factura energética total.

Lo cierto es que una cucharada de diesel es suficiente para mover una libra de carga tres mil millas por ferrocarril, lo que representa unas 100 calorías de energía. Si se moviera por camión serían unas 300 calorías, aún una cantidad insignificante considerando que el transporte representa el 14 por ciento de la energía total consumida por el sistema alimentario mundial. Igualmente, la cuota de energía de los fertilizantes y productos químicos utilizados en la agricultura moderna es aún menor, alrededor del 8 por ciento. La verdad es que el consumo real de energía no está en la agricultura, sino en el consumo:   la preparación y el almacenamiento representan el 32% del uso total de energía en nuestro sistema alimentario, el componente más grande.

El viaje de 2 kilómetros en auto al supermercado más cercano me consume fácilmente unas 5 mil calorías de energía de combustible fósil. Tener el refrigerador conectado por una semana consume 9 mil calorías de energía. Estufas, lavaplatos y congeladores (más del 25% de los hogares panameños tienen uno) constituyen más del 20% de todos los gastos de energía en Panamá.

La agricultura, por otra parte, representa tan solo el 4% del consumo de energía de nuestro país.   A cambio, más de tres millones de personas son alimentadas y no olvidemos el hecho de que la superficie total de tierras productivas ha permanecido casi sin cambios desde hace más de medio siglo, a pesar de que hemos tenido que alimentar a tres veces más panameños y exportar más de 10 veces lo que hacíamos en 1960.

La mejor manera de sacar el máximo provecho a la agricultura es cultivar alimentos en los lugares donde crecen mejor y con las tecnologías más eficientes, y luego pagar el costo de energía relativamente pequeño para llegar al mercado, como hacemos con cualquier otra mercancía en la economía. A veces eso significa que el cultivo se siembre y coseche en el patio trasero o en el huerto comunitario, y a veces eso también significa comprar frutas y vegetales cultivados en California o en Chile.   La energía que se gasta en la agricultura moderna es una de las inversiones más sabias que podemos hacer, cuando se examina honestamente lo que devuelve a nuestra economía, nuestro entorno y nuestro bienestar.

 

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<> Este artículo se publicó el 16 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del   autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/carles-rafael/

El efecto bumerán

La opinión de….

Mirla Maldonado

La cuenta regresiva o la hora cero en el calendario de las naciones está cerca, y en su agenda de prioridades una preocupación: afrontar el fin de la era del petróleo, la energía que aceleró la industria y el comercio a escala mundial en el siglo XX.

En realidad, nuestras actividades están mayormente rodeadas de energías fósiles, desde los alimentos, medicinas, vestidos, calzados, casa, edificios, escuelas, oficinas, campos, fábricas, hasta los vehículos usados como medio de transporte. En un tronar de dedos, cambiará nuestro modo de pensar, y en consecuencia de actuar.

El derrame del crudo en el golfo de México por el gigante del petróleo British Petroleum, con una pérdida de 100 mil barriles diarios –según cifra suministrada por el Gobierno de Estados Unidos– complica el asunto; mientras nuestros personajes de la política panameña parecen acabados de salir de un caleidoscopio y muestran una flagrante ineptitud para dirigir el país.

Los expertos aseguran que puede no ser más que el principio de un desastre ecológico de imprevisibles consecuencias para el planeta, porque el mayor ecosistema marino de Estados Unidos está en peligro.

En Panamá los grupos ecologistas advierten de la importancia de los estudios de impacto ambiental –ver Ley 30– porque conocen la dimensión de un problema que ha estado exento de la consulta hacia aquellos sectores directamente involucrados en el tema. La naturaleza no perdona cuando tiene que cobrarse el daño que recibió.   Y de eso, países como Nicaragua, Guatemala, El Salvador, tienen harta experiencia.   Jamás permitamos que la estupidez de los bárbaros acabe con el pulmón de la ciudad de Panamá:   el Parque Natural Metropolitano.

Un comunicador responsable debe señalar la posibilidad futura, aunque el calígula del patio –emperador romano famoso por su crueldad– nos haya inyectado con los espejuelos de la modernización. ¡Dum, Dum! Parada… llegamos a la estación de un Metro que contamina.

¿Está cuidando nuestra casa, Sr. Presidente? ¿Su casa o su máquina tragamonedas? ¿Cuáles son las políticas climáticas del gobierno? ¿Qué medidas se están tomando a lo interno, para afrontar las emisiones de dióxido de carbono (CO2) que causan el calentamiento y/o repercusiones del cambio de energías renovables en la cadena alimenticia?

En estos tiempos de vorágine, es complicado enviar un cohete a la Luna, requiere de matemáticas, hardware y software desarrollados por expertos, pero qué simple debe ser respetar los derechos humanos, no sea que después tenga que contratar un especialista de la NASA para resolver un problema que requería de un cambio de actitud.

El escenario de acontecimientos no puede verse como si se tratara del mágico mundo de Harry Potter. Las sociedades tecnológicas se encuentran en el marco de una ecología industrial. Es sumamente difícil romper los nudos de la red sin que repercuta en todo lo demás.

En el tablero del ajedrez nacional, el rey está caracterizado por el mazo, rompe con las reglas del juego, y el riesgo de un bumerán será estrepitoso para el país. Una cosa fue la copia al carbón de la Cosa Nostra–PRD, y otra la aplanadora parlamentaria de un partido personalista–CD, sin una estructura orgánica y con un aliado –Partido Panameñista– que está más preocupado por la tarta de frutas –elecciones 2014– que por los problemas del país. Cuidado y nos invade la ola verde o el fenómeno Mockus de Colombia, como una propuesta de partidos verdes ecologistas que se forman en la región.

Mientras estos personeros de la política panameña se reparten el pastel, la demanda del oro negro ha aumentado en las últimas décadas, y la producción del crudo ha disminuido, en un proceso que según conocedores es irreversible. ¿Qué relación hay entre ecología y petróleo? ¿Será progresivo el cambio a energías limpias? ¿Cómo afectará la salud de la población? ¿Cuáles son los factores de la producción que resultan en detonante de esta implosión? ¿Cómo impactará en la economía del país? ¿Por qué si se conocen otras fuentes de energía, como la eólica, la solar o la hidráulica, no se comienzan a implementar con la urgencia que requiere el momento?

Estas son las preocupaciones de una desconocedora de las leyes que rigen el medio ambiente. ¿Serán estas las preocupaciones de la biempensante clase política panameña?

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Este artículo se publico el 3 de julio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.