¿Qué piensa la ciudadanía?

La opinión del Presidente de la Red Iberoamericana de Universidades…

Bernardo Kliksberg

Hay una gran expectativa en la opinión pública a nivel internacional sobre la Responsabilidad Social Empresarial (RSE). El “World Economic Forum” ha indicado que la opinión sobre las grandes corporaciones, era en el 2009, la más baja desde 2001. La ciudadanía espera prácticas empresariales sistemáticas que signifiquen un compromiso con valores, y necesidades muy sentidas de la comunidad, y está dispuesta a apoyarlas firmemente. 

Lo expresa una de las más recientes mediciones de lo que piensa al respecto realizada en un país en pujante desarrollo, Panamá, que se ha convertido en centro regional de numerosas grandes corporaciones. SUMARSE, entidad empresarial que realiza una vigorosa labor por el avance de la RSE termina de presentar los resultados del estudio internacional OPINARSE por primera vez aplicado en Panamá. Es ilustrativo de las nuevas tendencias que se advierten hoy en América Latina, y consistente con estudios semejantes efectuados en otros países, en años recientes.

Un 54% de los entrevistados está familiarizado con el concepto de RSE. Se le da la más alta trascendencia. Un 85% de los encuestados considera que es importante o muy importante que las empresas se involucren con la comunidad. Cuando se pregunta cuales deberían ser las áreas prioritarias de inversión social, las respuestas dan direcciones muy concretas: las empresas deberían privilegiar cooperar en lucha contra la pobreza (32%), y educación (29%). Ello hace mucho sentido en un continente que a pesar de sus progresos tiene 190 millones de pobres (un 34% de la población), y donde en diversos países sólo la mitad de los jóvenes finaliza el colegio secundario.

Un tema muy sensible, es el del medio ambiente. El 81% de los encuestados dice que es bueno/muy bueno que las empresas no contaminen, ni dañen el medio ambiente.

También se le da gran importancia al comportamiento de las empresas respecto a su propio personal.

Se está transmitiendo el mensaje de que “la verdadera RSE empieza por casa”. Los entrevistados consideran que de ello deriva un beneficio invaluable para las empresas. El 61% dicen que el buen trato a sus empleados hace que la gente valore el lugar donde trabajo.

Una respuesta que ratifica la idea de que la RSE será cada vez más un factor que creará un plus de competitividad en las empresas que la lleven adelante, es que el 55% de los encuestados manifiestan favorecer con sus compras de productos a empresas percibidas como socialmente responsables. Resultados en la misma dirección se obtuvieron respecto a este último punto en otras encuestas en países como Chile, Argentina, y Brasil.

El Presidente de SUMARSE Stanley Motta, resume con precisión la lección que cifras como estas dan a los empresarios: “La RSE corresponde a un camino estratégico que busca generar mayor valor para las empresas promoviendo relaciones beneficiosas a largo plazo, donde no sólo importa cuánto gano, sino como lo obtengo”.

Contestar en los hechos las expectativas que tiene la ciudadanía sobre la RSE, implica pasar de acciones útiles pero puntuales a convertirla en una de las políticas centrales de la empresa, y tratar de crear valor socialmente responsable, en todas sus áreas.  El desafío está abierto.

<>Artículo publicado el  2  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Industrias y empresas más verdes

La opinión de…

Guillermo Alemán de la Cruz

Hoy el tema ecológico es de tal importancia que trasciende todos los niveles en el mundo entero. Es poco o ninguno el conocimiento que tenemos acerca del impacto que ejercen nuestras empresas e industrias manufactureras al “ambiente ecológico” y, por otro lado, el costo que representa cada uno de nosotros por las emisiones que causamos a la atmósfera a causa de las actividades del diario vivir. Solo por mencionar algunos ejemplos, podemos pensar en el uso de nuestros automóviles cuando nos trasladamos de un lugar a otro, la demanda y uso de químicos volátiles altamente contaminantes en fumigaciones y otros sistemas de conservación de los alimentos, son unas de las tantas incursiones que hacemos a nuestro ambiente en forma nociva. En otros países se hacen cálculos en una relación de contaminación por persona, según la cantidad de habitantes, y de la que eventualmente se les hará responsables con el pago por los daños causados.

Si pudiéramos cuantificar el valor agregado que ofrecen los procesos ecológicos y ambientales aplicados al mejoramiento de nuestras empresas e industrias, estas serían más sólidas, de alta sostenibilidad, rentabilidad y, por ende, de una alta ventaja competitiva. Los últimos ensayos científicos referentes a este tema indican un alto grado de confiabilidad y progreso.

Tenemos que pensar más en “verde” en la elaboración de nuestros productos. Esto significa la sustitución de materias primas tóxicas por recursos renovables de bajo costo, limpios y que no contaminen. También implica la iniciativa de manejar las empresas e industrias de forma que además de satisfacer las necesidades imperantes contribuyan a establecer conductas sanas en las próximas generaciones.

Cuando se realizan cambios de sistemas, siempre existe el rechazo a estos. No es necesario entrar en tantos requerimientos tecnológicos y modernos para lograr el fin de lo que se desea; como por ejemplo la insaciable lucha por alcanzar el reconocimiento de las famosas Isos. En verdad, lo único necesario en todo caso es contar con una estructura organizada con la cual se pueda visualizar las ventajas competitivas de los proyectos en ejecución. Una de las acciones inmediatas a favor de las empresas e industrias que optan por ser más “verdes” es involucrar a los empleados para alcanzar las metas y desarrollar una empatía con los procesos de la empresa, al punto de llevarlos a sentirse orgullosos y parte de la misma, dándoles la oportunidad de crear iniciativas para lograr empresas más fuertes.

Visto desde otra perspectiva, las empresas que apoyan al desarrollo del mejoramiento del sistema ecológico, gozan de una alta credibilidad ante los organismos internacionales de crédito, lo que constituye un avance económico que las sitúa en posiciones ventajosas.

Para aspirar a ser un país de primer mundo, no solo es necesario contar con una estructura económica sostenible, basada en los más altos estándares en materia de la industria de la construcción, como es el caso de nuestro país. Hay muchos otros elementos, con componentes de orden social, que también juegan un papel importante, pero lo verdaderamente significativo son los factores inmediatos con que se cuenta como aporte a lo que estamos haciendo en materia de la protección al medio ambiente, es decir, ser conscientes de crear ambientes favorables para vivir libre de contaminantes que ponen el peligro nuestra salud.

Prevenir es más rentable que curar. Si hacemos campañas encaminadas a concienciar nuestras empresas e industrias en cuanto al mejor cuidado del ambiente, no solo serán prósperas en sus actividades, sino que se proyectan hacia un futuro más seguro y sostenible.

*

<> Este artículo se publicó el 16  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/aleman-guillermo/

Boom y las políticas de empresas

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministra de Estado…
MARIELA  SAGEL
marielasagel@gmail.com

El viernes 12 de Noviembre fue el estreno de la obra BOOM O LOS VICARIANTES DEL 18, en el Teatro La Quadra.   Como todas las propuestas de mi sobrino y ahijado Arturo Manuel (otra oveja negra de la familia, junto conmigo) es agresiva, contestataria y atrevida. Y no es la primera, viene a ser como la novena que en dos años ha cosechado este joven dramaturgo.

La obra se burla del boom que experimenta esta ciudad, con sus edificios con nombres anglófonos, la calidad de los servicios que brindan las empresas de servicios públicos, la pésima atención en las instituciones del estado –mejor dicho, la incompetencia de los funcionarios— y de los cánones sociales que impone la sociedad, entre otras muchas críticas incómodas. Hay tres significados de Vicariantes, según el programa de mano, entre el que está ‘se dice de los pares de caracteres genéticos mutuamente excluyentes, que sirven para diferenciar razas’, y el vicario es ‘la persona que ejerce las funciones de otra en todo o en parte por delegación y nunca con carácter propio: la sustituye por tiempo indefinido o determinado’.

La obra, por muy crueles verdades tristes que devela, no deja de entretener y aunque reclama para sí el hecho de gritar una verdad incómoda, corrosiva, como lo es ‘el diario vivir en una ciudad donde uno se levanta escuchando taladros y se acuesta para soñar con martillos’, es una explosión de historias, y como toda explosión, además de divertir por la forma en que se dice –adelanto que abundan las palabras sucias— no trata de ofrecer una línea conducente, ni explicaciones racionales, ya que no la hay, como esta sobrevivencia en un país conducido por locos.

Es bueno que todos hagamos el esfuerzo por ver esta obra de teatro, ya que la actuación es apenas una fábula de la realidad. El Teatro La Quadra, desde sus inicios, ha dado la oportunidad a los directores que proponen obras diferentes, no los típicos bodrios que se ven en otras salas –aunque a veces hacen concesiones que resultan ser las más vendidas— y a precios muy accesibles, puede uno no solamente mirarse en un espejo con creatividad, sino lograr un rato de esparcimiento y colaborar con elevar el acervo cultural de todos los panameños.

Por allí hay un dicho que reclama apoyar el talento nacional. No deje de ver Boom y se verá reflejado en muchas escenas.

*

<> Artículo publicado el 15 de noviembre de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos de la autora  en: https://panaletras.wordpress.com/category/sagel-mariela/

¡Cómo nos roban y qué importa!


La opinión de…

Mauro Zúñiga Saavedra

Robar, término que significa “quitar o tomar para sí lo ajeno usando la fuerza, por extensión, tomar para sí lo ajeno por medio del engaño o la astucia”, tiene una connotación nefasta para las buenas costumbres sociales y se utiliza para catalogar a la o las personas que cometen un delito.

Las leyes panameñas permiten la creación de sociedades anónimas offshore, que pueden abrir cuentas bancarias y ser dueña de bienes en el extranjero sin tener que pagar impuestos en Panamá por mantener estos bienes a su nombre.

Estas empresas crean páginas web donde promocionan sus servicios, uno de ellos podría ser la captación de dinero para invertirlo en mercados internacionales de alto rendimiento. El pequeño inversor hace efectiva su participación en el negocio, a sabiendas que la sociedad ha sido constituida “para cualquier objeto lícito” (Ley 32 de 26 de febrero de 1927).

En otras palabras, el capitalista confía que está invirtiendo en un negocio lícito porque asume que de alguna manera tuvo que pasar un filtro para constituirse en sociedad anónima. No pueden creer que sea tan fácil crear una   S.A. en Panamá, al mismo tiempo que se fía en la fiscalización de las entidades reguladoras del país y hace una revisión de las operaciones de la sociedad.

Con el tiempo esa S.A. panameña comienza a fortalecerse con la gran cantidad de dinero recaudado ante la mirada indiferente de los entes reguladores del país.   Sólo en el momento que esa, como otras empresas similares, se convierta en una amenaza de los grandes intereses de los sectores poderosos es que las entidades reguladoras del país toman acciones.

Muy discretamente la dirección de auditoría y fiscalización de una de estas instituciones inicia una investigación sobre la citada compañía, concluyendo casi un año después “que no existe material probatorio que sustente posibles violaciones al Decreto Ley No. 1 de 8 de julio de 1999 o sus reglamentos”.   De otra forma, “no es viable vincular a personas naturales o jurídicas a los hechos investigados”:   tras una investigación la empresa está en regla, limpia.   No hay robo.

Simplemente la empresa no violó las normas que regulan el mercado de valores en la República de Panamá.

Asambleas internacionales, participación bancaria en sus operaciones y el “visto bueno” de la entidad reguladora respectiva abren un compás optimista para sus inversores, pero la compañía se va convirtiendo en una amenaza para un sector altamente regulado: el bancario.

Si esta empresa se creó bajo las leyes panameñas y superó una investigación de casi un año por la institución reguladora respectiva, las posibilidades de que esta millonaria empresa pierda su rumbo son remotas.

De repente, a seis meses de su última convención internacional en un país sudamericano, en enero de 2009 deja de pagarle a sus verdaderos dueños mensualmente después de estar haciéndolo ininterrumpidamente desde hace aproximadamente dos años, alegando que efectivamente los capitales están congelados por orden de un fiscal en el estado de la Florida, Estados Unidos.

¿Cómo explicarle al inversionista que el motivo del congelamiento en Estados Unidos es una sospecha de que esta empresa incursiona en un negocio ilícito (piramidal o Ponzi), cuando en Panamá había superado las barreras que podían haberle hecho la creación de la sociedad anónima y las regulaciones de los organismos fiscalizadores del país?

Algo huele mal, no hay duda.   Ahí está otro caso, el de David Murcia, que por motivos políticos le “dañaron” el negocio en Panamá y, de paso, afectaron a sus inversionistas, aduciendo que recibía supuestamente fondos del narcotraficante colombiano Juan Carlos Rodríguez Abadía, alías Chupeta, para sus operaciones de captación de dinero bajo el esquema piramidal utilizando el sistema bancario panameño.

El Juzgado Tercero del Circuito Penal dictó un sobreseimiento definitivo a favor del colombiano en el caso que se le seguía por blanqueo de capitales (Panamá América, 13 de septiembre de 2010).

Más adelante, la nota menciona que “esta misma instancia legal podría también dictar un sobreseimiento a favor de Murcia Guzmán”, en el caso pendiente por captación masiva ilegal de dinero a través de su empresa, DMG.

Ambos negocios millonarios dejan de operar por sospechas, supuestos actos ilícitos, a pesar de que las leyes panameñas les permitieron hacerlo durante dos o más años. Hay, evidentemente, una laguna legal inmensa en Panamá que deja a las empresas operar el tiempo suficiente para hacerse millonarias y dar la percepción al inversionista que son negocios prósperos.

Muchos perdieron todo, otros sólo se deprimieron, pero ninguna entidad gubernamental veló por los intereses de los inversionistas, simplemente son las víctimas, al igual que ciertas empresas, de toda clase de atropellos de los que controlan el poder político y económico del mundo a su antojo. Es una realidad “palpable”, a las manos de quienes sufren semejante robo.

El primer principio de la termodinámica dice que la energía no se destruye, sino que se transforma, aplicado al sistema económico y financiero del mundo: el dinero no se pierde, cambia de manos, así que la pregunta obligatoria será hoy, mañana y hasta que vuelva a las manos de sus verdaderos dueños:  ¿dónde está y quiénes poseen el dinero ajeno?

 

<> Este artículo se publicó el 5  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/zuniga-saavedra-mauro/

Cultura del emprendimiento

La opinión de…

*

Juan Planells

El estudio sobre la situación del emprendimiento en Panamá, contenido en el Global Entrepreneurship Monitor del año 2009, preparado por el Instituto de Estudios Superiores en Administración y la Ciudad del Saber, revela que en el momento de la encuesta solamente uno de cada 10 panameños se encontraba iniciando un negocio propio con menos de 42 meses de existencia. Esta cifra coloca a nuestro país muy por debajo de vecinos como Colombia, Perú y Guatemala que muestran una actitud emprendedora entre su población en porcentajes mayores al 20%.

Este bajo índice de emprendimiento tiene graves consecuencias sociales en cualquier país que, como el nuestro, tiene aspiraciones de lograr un desarrollo con justicia y paz; pues solamente a través de la creación de muchas pequeñas empresas puede transformarse nuestra abundante riqueza, en mayores ingresos para más panameños y panameñas.

Las razones por el reducido número de nuevos empresarios en Panamá son varias y pasan, entre otras, por las dificultades que experimenta un emprendedor para convertir su idea en empresa exitosa debido a la gran cantidad de requisitos y costos involucrados en el proceso.

Pero, más allá de estos obstáculos fácilmente salvables, debemos reconocer que falta en nuestro país la cultura empresarial que mueve a descubrir oportunidades, y a enfrentar las dificultades encontradas para aprovecharlas; y en este tema el sistema escolar tiene culpas que aceptar.

Creatividad y constancia son dos cualidades indispensables para ser empresario que, lamentablemente, no han sido desarrolladas por el sistema educativo, diseñado para formar seguidores y no líderes.

Desde que el joven expresa su deseo de ser diferente e innovador, la escuela trata de someterlo a la regla rígida que convierte a los estudiantes en dóciles discípulos del modelo implantado por la maestra. Una normativa uniforme, impuesta a sangre y fuego, apaga todo intento de ser distinto, y castiga al que pretende salirse del patrón establecido para mantener el orden institucional.

Hay que tener presente que el orden es solamente una aspiración humana que nace del desorden que hay dentro de nosotros y alrededor. Pretender que el orden existe es una hipocresía que despierta en el estudiante la rebeldía o el sometimiento fingidor. Aferrarse al dogma e imponerlo a través de la autoridad escolar ha sido una actitud promotora de la violencia o del alienamiento en los jóvenes, cuyas consecuencias hoy sufrimos todos en la sociedad.

Por otra parte, una formación que se ofrece desarrollando miedo al fracaso impide la actitud de asumir riesgos, tan necesaria para enfrentar los reveses inevitables al tratar de llevar adelante un sueño emprendedor.

El boletín escolar califica precisamente aquellas actitudes que promueven una mente inflexible, torpe y temerosa. Se premia al estudiante que se deja moldear por un sistema esencialmente basado en el premio y el castigo, con sus disciplinas y reprimendas, que marchitan al espíritu emprendedor.

Pareciera que el objetivo escolar fuera formar empleados que aceptan y no empresarios que cuestionan, y quizás esta es la razón por la cual un buen número de empresarios exitosos nacen de los rechazados por el sistema escolar. Abundan los ejemplos en la historia.

Si queremos promover una cultura empresarial en Panamá, que multiplique las oportunidades de transformar nuestra abundante riqueza en bienestar para todos, debemos revisar los fundamentos del sistema educativo que aún conserva la misión de formar empleados para las fábricas, surgida en la época colonial bajo la influencia de la revolución industrial inglesa.

La nueva escuela debe fomentar la creatividad y la innovación entre sus estudiantes, apreciar las diferencias de pensamiento que ellos muestran, promover la participación y las iniciativas, impulsar el trabajo en equipo y desarrollar la capacidad de pensar en lugar de aferrarse a una rigidez curricular, castigar al que se sale de la norma, centralizar la autoridad, promover el temor al fracaso, premiar la individualidad y aprender a memorizar.

De ello dependerá que los panameños transformen nuestra inmensa riqueza natural en empresas exitosas que nos traigan bienestar para todos en Panamá.

<> Este artículo se publicó el 30 de septiembre  de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Equilibrios entre el Estado y el mercado

La opinión del Empresario y Escrito…

RAFAEL CARLES

Desde hace varios años se ha estado realizando una serie de cambios estructurales que son vistos por algunos como reformas del Estado. Si bien muchas de estas reformas no solo son importantes, sino que también eran ineludibles, no creemos que tengan que ser vistas como una verdadera reforma del Estado, sino como una ampliación del papel del mercado. Tal es el caso de las leyes creadas a finales de los años 90, con la intención de promover la competencia, privatizar las empresas públicas e incentivar las fuerzas del mercado, como mecanismo para asignar recursos en toda la gama de actividades en el país.

En este sentido, se entiende que una reforma exitosa del Estado es aquella que logra un adecuado equilibrio institucional entre el Estado y el mercado.  Sin ese equilibrio, la ampliación del papel del mercado seguramente no dará los frutos esperados por todos; es decir, no podrá alcanzarse un desarrollo sostenido ni en el plano económico ni en el social.   Este es claramente un tema relevante en gran parte del mundo. Tanto es así que el Banco Mundial dedicó su último informe anual para recordárselo a los distintos gobiernos que han hecho cambios, pero se han olvidado de los objetivos. La preocupación es especialmente válida en el caso panameño, donde muchas de las reformas se hicieron solo para cumplir con los requisitos de las instituciones financieras, pero sin la elaboración efectiva de las instituciones que deberían ayudar a dar forma al nuevo Estado. Y por esa razón es que vemos en muchas áreas del acontecer nacional un profundo desequilibrio entre el funcionamiento del mercado y el del Estado.

Algunos ejemplos nos pueden ayudar a entender la problemática y vemos que los beneficios del proceso privatizador no han sido del todo automáticos.   Ahora sabemos que dependen de la transparencia, del diseño y de los mecanismos de fiscalización y control de las agentes que operan en cada uno de los mercados; igualmente, obedecen al grado de desregulación y competencia, de la estructura del mercado y de las tecnologías disponibles en los mismos.   La experiencia panameña, salvo algunas excepciones, es claramente deficitaria en estos aspectos. La impactante concentración económica no solo es consecuencia del proceso de globalización y de reformas estructurales inconclusas, sino que en gran parte es resultado de un Estado ausente y cómplice por las pérdidas al bienestar de los consumidores, cada vez que asume posturas monopolísticas cuando patrocina y permite las posturas y fijaciones de precios y mercados.   Del mismo modo, al Estado le ha faltado iniciativas para la puesta en marcha de políticas activas en materia de desarrollo productivo, que no solo requieren capacidad y voluntad para su diseño, sino también, como muestra la experiencia internacional, de una sólida capacidad institucional que permita implementarlas.

Quizás una de las áreas donde más se ha notado la ausencia de esta capacidad institucional es el de las pequeñas y medianas empresas.   Sin duda, un desarrollo económico sustentable requiere de adecuadas instituciones públicas de manera que aseguren previsibilidad y planeamiento conveniente al sector privado, al tiempo que eviten las desigualdades producidas por actos de corrupción y por medidas estatales arbitrarias. Nuevamente la experiencia en este terreno es deficitaria. La falta de una oportuna atención a los sectores más desprotegidos, más allá de su dimensión ética, se torna incompatible con la marcha de la política económica.

Hay muchos casos que pudiéramos citar para ilustrar esta situación respecto de la necesidad de avanzar en la gran reforma estructural pendiente en Panamá. Por ejemplo, junto con la discusión del Estado que queremos, debemos preocuparnos respecto de su financiamiento.   Si bien es difícil pensar que mediante la tributación se pueda mejorar sustancialmente la distribución del ingreso, al menos se pueden evitar algunos efectos negativos. Y es por eso que la mala distribución de los recursos atenta contra el financiamiento de funciones esenciales del Estado y además contra el logro de una mayor equidad.   Si bien es cierto que las demandas de un mundo más globalizado hacen difícil el diseño autónomo de muchos componentes de la estructura tributaria, también es cierto que la evasión es un despropósito que no se puede permitir la sociedad panameña, tal como representan más de 40 millones de dólares en concepto del ITBMS reportados en el primer semestre del año.

Es decir, sin una verdadera reforma del Estado que incremente apreciablemente su capacidad de gestión, será muy difícil alcanzar un desarrollo económico sostenido y una sociedad más equitativa.

<> Artículo publicado el 28 de septiembre de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos,  lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

La responsabilidad social empresarial y la competitividad

La opinión de…

Manuel Castillero

Durante la pasada década, un creciente número de compañías a nivel mundial han adoptado la práctica denominada Responsabilidad Social Empresarial (RSE). El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) define la RSE como un conjunto de políticas, prácticas y programas que conforman operaciones y actividades en el marco de la ética, conservación del medio ambiente, fomento del desarrollo en la comunidad, mercadeo responsable, fomento de la salud y seguridad en el trabajo, promoción de los derechos humanos y transparencia. Diversos estudios demuestran que la RSE conlleva un impacto positivo para el desempeño económico de la empresa y contribuye a la postre a mejorar el valor de sus acciones.

La RSE crea una imagen positiva ante los consumidores, inversionistas, empleados y la comunidad en general. De la misma forma, las empresas que adoptan la Responsabilidad Social alcanzan objetivos que van más allá del lucro y que conllevan adicionalmente un impacto social, económico y ambiental positivo.

Las empresas dedicadas a las exportaciones por ejemplo son las que más se benefician de la RSE, ya que su competitividad se incrementa mediante la aplicación de normas de responsabilidad social que permiten a sus productos integrarse a los mercados mundiales, mediante estándares de calidad medio ambiental y social. Se trata, por ende, de una estrategia integral que aumenta el valor agregado de la empresa y mejora su posición competitiva internacional. Según el BID, entre los beneficios que se derivan de la RSE figuran un mejor rendimiento financiero, reducción de costos de operaciones y el realce de la imagen y reputación de la empresa —con frecuencia los clientes se sienten atraídos y consideran de gran prestigio a marcas y compañías que aplican la RSE.

La perspectiva esencial de la RSE radica en que visualiza la actividad empresarial como un juego en el que todos los participantes pueden ganar para mantener la sostenibilidad de la empresa y asegurar su supervivencia a largo plazo.

Desde esta perspectiva, el enfoque de la RSE trasciende una visión centrada únicamente en la maximización inmediatista del valor para el accionista y se fundamenta en una concepción de tipo ganar-ganar para todas las partes a largo plazo.

El enfoque se basa en la necesidad de contemplar otros objetivos y de compaginar los intereses de todas las partes interesadas como lo son los accionistas e inversores, clientes, empleados, proveedores, colaboradores, y de la sociedad en general.

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en Panamá las iniciativas de RSE han sido una práctica aun aislada, no formal y esporádica.

En Panamá se encuentra en ejecución el proyecto de la Red de Pacto Global, ahora fusionada con los programas IntegraRSE y SumaRSE, cuyo propósito consiste en promover la incorporación de valores y principios a la visión estratégica y a las prácticas corporativas de las empresas locales.

En el año 2009, 43 empresas adoptaron la responsabilidad social como una herramienta de negocio en Panamá.

Al consultar a directivos, gerentes y empresarios sobre la razón que los motivó a adoptar las medidas de responsabilidad social empresarial, la gran mayoría respondió que lo consideraban una ventaja competitiva.

A pesar de los avances, resulta claro que en Panamá se requiere una política de Gobierno y de los gremios empresariales y de trabajadores que tengan como norte una más amplia instrumentación de la RSE.

Finalmente, resulta necesario superar la idea de que la RSE es solo para empresas grandes, ya que las Pequeñas y Medianas Empresas (PYMES), que forman parte de la cadena de abastecimiento, pueden también obtener grandes beneficios.

<>

Este artículo se publicó el 13 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.