Panamá en competencia educativa con los grandes

La opinión del Docente Universitario y Ex Ministro de Educación….


JUAN BOSCO BERNAL
jbbernal@cwpanama.net

Por primera vez Panamá participa en la evaluación de sus resultados educativos, a la par de las naciones del mundo que mayores progresos registran en los aprendizajes. En efecto, nuestro país decidió integrase a la prueba PISA (Programme for International Student Assessment) en el 2009. Esta prueba es administrada por la OCDE (Organización para la Cooperación del Desarrollo Económico), cada tres años, desde el 2000 y evalúa las competencias obtenidas en los estudiantes de 15 años en las áreas de matemáticas, ciencias y lenguaje, no solo en contenidos curriculares sino también en desempeño para la vida. PISA permite dar a conocer los países cuyos estudiantes han logrado los mejores promedios y, al mismo tiempo, se convierte en un distribuidor de oportunidades que, cual espejo de varios lados, muestra a los menos favorecidos en los resultados, el tamaño de la ambición y esfuerzo que debe realizar hacia el futuro.

De los 65 países participantes, alcanzaron el mejor desempeño: Shangai – China, Corea, Finlandia, Hong Kong – China, Singapur, Canadá y Nueva Zelanda. Panamá ocupó la posición número 62 con un promedio de 371 puntos de los 600 establecidos como límite máximo en la escala de evaluación. Así, está por encima de Perú, Azerbaiján y de Kirgyzstán. En la prueba marca por debajo de Argentina, Brasil, Colombia, Trinidad y Tobago, México y Chile, únicas naciones de la región incluidas en este importante test.

A diferencia de los países descritos, Panamá compite por primera vez en esta prueba y aunque mostró un lugar muy bajo en la pirámide de resultados, su desempeño es más alentador que el de países como Chile y Colombia cuando iniciaron su experiencia en el PISA. De modo alguno, esta comparación significa autocomplacencia con el sistema educativo panameño que, coincidimos muchos, demanda una reingeniería total. Lo que deseamos resaltar es cómo, gracias al empeño de sus gobiernos y los parámetros que ofreció esta prueba, países hermanos ubicados en los últimos lugares en el pasado, hoy muestran posiciones más favorables.

Por ejemplo, en el área de lectura, Chile, que es el país latinoamericano que mejor desempeño mostró (en esta y otras evaluaciones), se ubica en el lugar 44 entre los 65 participantes, con un promedio 449 puntos, que significan 44 puntos por debajo del promedio de los países de la OCDE, que fue de 493.

Una de las variables que mide la prueba es la condición socioeconómica de las escuelas de los alumnos evaluados. Mientras que en Finlandia (3er lugar) tienen un desempeño entre 3 y 4, pues, en general, son de clase media, las panameñas son clasificadas entre 1 y 2, representada básicamente por escuelas pobres. En el caso de Chile, pese a sus buenos resultados relativos dentro de la región, uno de cada tres estudiantes no alcanza el nivel 2 de desempeño, ubicándolos en condición de no poseer las competencias que demanda su inserción efectiva en el mundo laboral y ciudadano. La condición socioeconómica ayuda a explicar los resultados, pero no representa un obstáculo insalvable para mejorar los aprendizajes, pues países como Brasil y la propia China muestran buenos resultados educativos en poblaciones pobres.

El buen desempeño de los estudiantes no puede improvisarse ni construirse a la ligera. Los sistemas que mejor responden a la evaluación son aquellos que poseen políticas educativas y normas claras, sostenibles y ambiciosas, ampliamente compartidas en esos países, acerca de las habilidades de pensamiento complejo de orden superior que deben lograr en sus alumnos. Es decir, las reglas del juego son explícitas acerca de lo que se requiere para obtener un buen desempeño en los aprendizajes. Aquí la calidad del sistema educativo y de sus escuelas no puede ser superior a la de sus principales actores: estudiantes y docentes. De esta manera, la condición de buenos docentes y estudiantes definen las posibilidades de éxito en los resultados de la formación de su capital humano.

Los consensos nacionales (empresa privada, ministerios de educación, hogares, gobiernos, asociaciones profesionales) acerca de las competencias que deben tener los egresados del sistema educativo, caracterizan un entorno y una cultura que proveen condiciones, incentivos y restricciones (cuando sea indispensable) a los procesos y resultados en los aprendizajes, tanto en la contratación de profesionales como en el reconocimiento social a los estudios realizados.

Una tendencia observada es la de pasar de los sistemas centralizados y burocratizados hacia organizaciones menos verticales, donde la gente participa más directamente en las decisiones pedagógicas y financieras de los centros educativos. Allí la transferencia de poder a las escuelas y a sus directores para determinar lo que se enseña y cómo se enseña y aprende, parece ser un factor que hace la diferencia en estas evaluaciones. Son entornos escolares donde el personal docente aprende a trabajar junto en impulsar las buenas prácticas educativas y realizar investigaciones que permiten verificar los procesos que aplican en sus aulas de clase, como medio de avanzar en el logro de los resultados deseados.

Panamá ha dado un primer paso importante en reconocerse a sí misma como sistema educativo frente a las naciones del planeta con mejor educación. Ahora corresponde tomar las decisiones y trabajar inteligente, responsable e incansablemente para alcanzar los estándares que la historia y la sociedad naciente demandan. Saludamos la entrada al juego de las grandes ligas.

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<> Este artículo se publicó el 17  de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

La ausencia de geólogos capaces en Panamá

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La opinión del Ingeniero…

EDUARDO   A.  ESQUIVEL  R.
eesquivelrios@gmail.com

Entre la sospecha y la vergüenza han quedado las declaraciones de altos directivos de la ANAM de que Panamá, respecto al Estudio de Impacto Ambiental (EIA) de la Minera proyecto Cobre Panamá S.A.,   “No cuenta con los técnicos preparados para hacer este tipo de evaluaciones”.

Espero que esta vez no guarden silencio cómplice el gremio de geólogos panameños que han sido insultados públicamente y la Cámara Minera de Panamá, que reconoce esto.

Tengo entendido que en Panamá no solo existen profesionales capaces de la geología y minería, sino que en la ANAM laboran varios de ellos.

Muchos han estudiado grados y postgrados en las mejores universidades del mundo en esta especialidad. Además, la propia ley prohíbe ser consultores ambientales a extranjeros o consultoras que no residen en Panamá.

Además, cómo explicaría la ANAM que a otros proyectos mineros de similar tamaño como Petaquilla, Cerro Quema, etc., se les haya aprobado ya el Estudio de Impacto Ambiental, con los técnicos poco capaces de que dispone, según ellos mismos. Están diciendo que estos EIA son deficientes.

Inexplicable es el detalle de la “donación” de cerca de 800,000 dólares a la ANAM por parte de la Empresa Minera, y más aun la “contratación directa” de una misteriosa empresa chilena que hará la “evaluación” del EIA.

En ninguna parte la Ley General del Ambiente, ni el Decreto 123 que la reglamenta, autoriza a la ANAM a recibir “donaciones” de los promotores, por lo que esto huele muy mal. Hay que ver si la empresa chilena esta no tiene relación con la promotora, además ya se sabe que el que paga es el que manda. Ni quiero pensar lo que pasará con el EIA de Cerro Colorado.

Sin duda nuestro Medio Ambiente dentro de poco no será ni un cuarto de ambiente, porque los otros ¾ lo habrán hecho polvo.

No ceso de asombrarme de la capacidad destructiva del ambiente de algunos políticos. Leo ahora que quieren hacer en Bocas del Toro una Termoeléctrica de Carbón, con el cuento chino de que es una nueva tecnología que no contamina. Cuando el carbón es el combustible fósil más contaminante de todos. Pobre Bocas del Toro.

Todavía no han dicho de dónde van a traer el carbón ni cómo. Pero parece que lo importante ahora es los billetes verdes que esto significa. Y será lo único verde que se vera por allá. Esta parece ser el lema de la nueva política ambiental: “in dubio pro pecunio” y no “in dubio pro natura” como debía ser.

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<>Artículo publicado el  4  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Docente, el arte de respetar y ser respetado

La opinión de…

Carlos A. Voloj Pereira

La composición académica, pedagógica y del carácter intelectual de un profesor se refleja en la conducta y personalidad del estudiante, a tal punto que ambos grupos se identifican con el espíritu que cada uno se forma como estudiante y como profesor. El estudiante, a su vez, es el producto de la formación que le dan en el hogar, por lo que se podría también decir que el estudiante es el reflejo de la educación que recibe en su casa y que ya habrá venido formado a la universidad para que el docente, a su vez, lo impregne de la integridad, la honestidad, la sabiduría y la ambición bien delineada que deberá recibir durante el período de su formación académica e intelectual.

Por lo tanto, la trayectoria del estudiante es la de aprender a hacer buen uso de los conocimientos y la responsabilidad que le inculcan en las aulas superiores para cuando tenga que enfrentarse totalmente ante la sociedad. La evaluación del aprendizaje en la educación  panameña se palpa mejor y con mayor intensidad en las aulas de clases, en el intercambio práctico y habitual que los profesores realizan con sus alumnos y en el que los alumnos intercambian con sus profesores.

Con este ejercicio, el estudiante y el profesor adquieren una viva conciencia social y humana, que será moderada y conducida por los valores cristianos que habrá recibido hasta su llegada a la universidad, en donde esos valores deberán ser robustecidos, apuntalados y mejor definidos, de manera que el alumno vea en esos valores cristianos su mejor vitamina y su más apropiado escudo de defensa contra las asechanzas del mundo competitivo. Sin embargo, la universidad y los educadores deberán prever que ya los estudiantes vendrán con una formación espiritual algo anémica y un tanto enclenque que no les permitirá valerse de toda la fuerza para la batalla, en la que los valores humanos fortalecidos y equilibrados puedan prevalecer.

De ahí que el estudiante deba tener profesores ejemplares, porque la moral del educador deberá ser siempre encomiable y digna de ser emulada. Por eso, el concepto de justicia debe ser claro en la conciencia del docente, de manera que pueda transmitirlo a sus alumnos, sin el menor asomo de hipocresía o de sarcasmo; esto es que sea honesto en lo que diga y no provoque ironías en las respuestas de sus alumnos. La integridad denota aversión a la corrupción.

Esta resistencia a la contaminación de la falta de ética y moral es el instrumento con el que se gana el respeto de la sociedad. De ahí que el docente deberá ser el mejor expositor del arte de respetar y ser respetado y, aunque la felicidad pudiera ser una quimera que parece correr delante de nosotros sin que nunca podamos alcanzarla, como no sea rozarla con la punta de los dedos, los grandes sabios y prohombres de la humanidad siempre han respondido cuando les han preguntado: “¿Y para qué quiere usted saber… aprender tanto?”, han respondido: “Para ser feliz, solo para tratar de ser feliz”. Por lo que, tratando de ser sabios y hacer sabios a nuestros discípulos, nos estamos otorgando y les estamos otorgando un poco de felicidad.

Los valores humanos no podrán ser calificados a través de actitudes y comportamientos de personas que no posean una cultura integral, que haya sido robustecida y avalada por el entorno académico en que el egresado haya recibido su formación superior. Esto demanda que, también, el docente se mantenga a la altura de la demanda del momento científico, tecnológico y educativo. El docente y el estudiante no pueden funcionar separadamente. Es una dualidad inevitable sin la cual no puede existir un sistema educativo.

El docente deberá inculcar al estudiante que todos los días deberá buscar la verdad y el conocimiento en la constante evolución de la vida diaria. Lo que ayer era el máximo tecnicismo y el mayor descubrimiento de la tecnología avanzada ya no nos sirve, y hay que aprender lo que es de actualidad y lo que sirve ahora.

El estudiante será su mejor jurado, juez y fiscal, y sólo él podrá evaluarse a sí mismo en el cumplimiento de su deber. No podrá evitar amoldar su fisonomía profesional y moral, sin tener en cuenta el perfil de la gestión pedagógica y curricular que haya acumulado en su vida como estudiante universitario. El material con el que se haya construido su bagaje académico conformará la estructura con la que se sostendrá en los terrenos de la vida. El estudiante será, pues, la imagen y semejanza de su profesor.

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<> Este artículo se publicó el 4 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Proceso y Evaluación en la Educación

La opinión del Educador Kuna….

Rodelick Valdes R. 

El sistema de evaluación en nuestra educación se basa más en medición que formación y es más cuantitativo que cualitativo, y es el sistema como está operando que hace que los resultados sean numéricas más que una formación integral. El periodo de evaluación para observar el avance o promoción de los niños y jóvenes es bimestral, regulado por el decreto 123 de 1958, modificado por los decretos 128 de 1965 y 399 de 1985, y restablecido por el decreto 114 del 2 de junio del 2000. Ahora el MEDUCA piensa reestructurar el calendario en trimestres.

De implementarse el sistema de trimestres los docentes emplearían más tiempo de ese periodo para evaluar a los estudiantes. Entre tanto, ellos tendrían menos posibilidad para recuperar o reponer las materias reprobadas en periodos anteriores. Las asignaturas con 4 o 5 horas de clases a la semana tendrían que hacer exámenes mensuales y no trimestrales por el extenso material del contenido que abarcarían. En todo caso el trimestre se circunscribe a la simple medición y no resolverá el problema de fondo por que nuestro sistema de evaluación está por mejorar.

Si ya está en ejecución este sistema de trimestres en algunos planteles seria conveniente divulgar y analizar los porcentajes de los indicadores de reprobados por trimestre, repitencia anual y deserción escolar. En caso que los resultados sean positivos y haya disminuido los índices de los indicadores mencionados, entonces, seria bueno implementarlos en las demás escuelas.

Para una real evaluación de nuestros estudiantes es importante prestar atención y evaluar al proceso de educación que ellos reciben y no una calificación de su instrucción y enseñanza. Primero, comenzaríamos evaluando las condiciones de los salones y escuelas donde estudian nuestros hijos. Segundo, los padres realmente cooperan en sus deberes con la formación integral de sus hijos en sus hogares (Decreto 245 de 16 de julio de 1985). Aunque recomendaría que los padres lleven un registro de la efectividad de la educación de los alumnos. Si no hay ningún tipo de cambio en su formación en su hogar ni en su comunidad, habría que revaluar al estudiante. Tercero, el ejemplo de los educadores con sus estudiantes es indiscutible y su influencia en su proceso es determinante. Cuarto, la revisión de los mecanismos e instrumentos de medición y evaluación a los estudiantes de manera integral en base a principios, hábitos y valores que sea a tono con su sociedad. Quinto, que el nivel de participación de las empresas privadas en el proceso de educación sea tangible y permanente. Con respecto a este punto, el pasado 15 de agosto se cumplió un año del programa “volvamos a la aula”, en la cual las empresas serian los padrinos de los colegios. Pareciera que para el MEDUCA el mismo fue simplemente un marketing pues desde ese día muchas empresas se olvidaron de sus colegios y el Ministerio de Educación tampoco le ha dado seguimiento al tema, ni se ha evaluado. Esto indica que poco le interesa el proceso, pero sí critican los resultados.

Mientras sigamos con la idea de que los estudiantes solo aprenden, se educan y se evalúan en las escuelas, y nosotros como padres, como autoridades y como sociedad no tenemos nada que ver en su proceso, seguiremos teniendo buenos profesionales en diferentes especialidades pero carentes de valores positivos hasta irrespetuosos con los demás, y la culpa es el sistema que da prioridad a las puntajes y no al ser como persona.

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Artículo publicado el 31  de agosto  de 2010 en el Diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que a la  autora,   todo el crédito  que les corresponde.

Un proceso de evaluación participativo

La opinión de….

Mariana A. de McPherson

El concepto de evaluación ha sido reorientado hacia el proceso que permite identificar oportunidades de mejora para tomar decisiones que alcancen el objetivo último de la evaluación, el cual es “mejorar”.

En este proceso se evalúa los métodos de trabajo, los procedimientos, los recursos que se utilizan, los resultados, el impacto que éstos alcanzan y todas las actividades que inciden en el logro de los objetivos de la institución. Vista así, la evaluación tiene que ser participativa.

La participación se sustenta en que no todos los integrantes o estamentos de la institución tienen información sobre todas las actividades, procesos o resultados que se deben evaluar, trátese de directivos, docentes, estudiantes o personal administrativo.

De hecho, hay información relevante que habrá que preguntar a la sociedad, tal como la relacionada con la proyección social, resolución de problemas a la comunidad y aplicación de conocimientos.

En este sentido, es invaluable la información que puede proporcionar la sociedad a través de los gremios de profesionales, sector productivo, graduados y padres de familia, sobre lo que esperan de la universidad, del perfil de los egresados y las oportunidades que, en consecuencia, pueden aprovechar éstos una vez se inserten en el mercado laboral, bien sea como empresarios o como parte de una empresa ya establecida.

Para que el proceso tenga validez, es importante que los participantes brinden información fidedigna.

La información recopilada será válida y confiable en función de factores como los siguientes: Diseño de los instrumentos para recopilar, plasmar y analizar la información; cientificidad en el diseño de las muestras de los sectores participantes; credibilidad de la cual goce el proceso de evaluación por parte de todos los actores.

Para desarrollar credibilidad y confianza en el proceso se requiere desarrollar actividades de sensibilización sobre la importancia de la evaluación, ya que es menester que ésta se haga porque todos los participantes sienten que es necesaria y no porque es impuesta.

No obstante, hay que asegurar, previamente, la existencia de un clima organizacional adecuado, es decir, una organización “sana”. Cualquier esfuerzo conjunto tiene que realizarse en condiciones que los participantes se sientan libres de responder. Esto es necesario para que el esfuerzo tenga éxito.

Y, el proceso de evaluación institucional implica, por sí mismo, un esfuerzo conjunto.

Es probable que, crear y mantener un clima de confianza sea un proceso más difícil que la evaluación. Pero, tiene que crearse ya que, el éxito del proceso de evaluación y de la ejecución del plan de mejora correspondiente, depende de las condiciones en las cuales se realicen.

La participación impacta sensiblemente el sentido de compromiso con la ejecución de la propuesta y desarrolla sentido de pertenencia con la institución.

Todos los colaboradores tienen capacidad para aportar lo propio en la elaboración del plan de mejoras, al menos en lo que concierne a actividades en las que participan directamente.

La participación permite al personal aportar criterios para establecer prioridades, presupuestos y requerimientos de recursos para ejecutarlo. Lo anterior implica que los resultados, los hallazgos y las conclusiones producto del análisis de la información recopilada, se deben divulgar y compartir.

Por ello, es trascendental la sensibilización sobre los objetivos del proceso de evaluación: Recordar que se trata de mejorar y que la única manera de lograrlo es mediante un proceso de evaluación.

El hecho de que una gran parte del personal sea consciente de los objetivos y de la importancia del proceso, acallará las voces que intenten desvirtuarlo señalando culpables, reaccionando con mecanismos de defensa o encaminando los resultados hacia beneficios o intereses particulares.

Un programa de monitoreo es imprescindible para hacer los ajustes que se requieran durante la ejecución del plan de mejora. Es decir, el mismo plan debe tener indicadores de eficiencia, de eficacia y de impacto.

Con la participación y la divulgación de los resultados, se logrará crear y desarrollar una cultura de evaluación en la que todos aprenden: estudiantes, egresados, docentes, personal administrativo, investigadores, autoridades y la sociedad en general.

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Este artículo se publicó el 25 de agosto de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La evaluación escolar

La opinión de la Educadora…

Carmen Acuña de Santamaría

Una de las aristas que presenta nuestra educación nacional, es la evaluación de los aprendizajes.   Nosotros, los docentes, debiéramos tener más cuidado al momento de evaluar; porque la evaluación no es la suma de notas (evidencias) cognoscitivas, sino todo un proceso considerando, desde la presencia del alumno en clases, su participación, su nivel cognitivo y todas las actividades en los que él participa.

La evaluación tiene tres etapas: la diagnóstica, la formativa y la sumativa. No podemos eludir ninguno de estos pasos porque el resultado estaría falseado.

En el aprendizaje se tienen que lograr el aprender a conocer, aprender a hacer y aprender a ser y así se obtiene el desarrollo integral del educando.

En mi experiencia, como madre y como docente, he visto algunas incongruencias cuando se evalúa a un estudiante.

Debe contarse con suficientes evidencias de aprendizaje y deben ser también muchas las estrategias que se utilicen para lograr los objetivos propuestos.

En ocasiones, he observado que se evalúan en los aspectos cognoscitivo lo correspondiente a un aspecto formativo. Por ejemplo: el alumno debió traer la bata de laboratorio y no la trajo; se le adjudica un uno en el área que no corresponde. Si un alumno debe encestar una pelota y de 5 bolas encesta una ¿por qué no evaluar la técnica y el procedimiento utilizados para lograr el propósito, en lugar de sólo ver un resultado que pudo ser producto del azahar o de otros factores?

Pareciera que hubiera docentes a quienes les complace calificar con unos, otros en cambio, en forma muy positiva, ofrecemos al alumno la posibilidad de reponerse y de mostrar sus destrezas y aptitudes.

El docente que enseña con amor, con dedicación, que se actualiza, puede evaluar en forma más equitativa, continua, sistemática y científica.

Si enseñamos y evaluamos, correctamente, no habría la cantidad de fracasos y deserciones que hoy tenemos.

Exhorto a mis colegas a meditar sobre esta temática tan importante determinante en la educación nacional.

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Este artículo se publicó el  20  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Desafío de la educación superior

La opinión de…..

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Casimiro Vásquez

Con el advenimiento del nuevo siglo, la globalización es un hecho y la educación superior ya no se encuentra limitada por las fronteras nacionales: el conocimiento, los desarrollos tecnológicos, los servicios educativos y las personas cruzan fronteras; por lo que debemos prepararnos para enfrentar los desafíos de estas realidades.

La centralidad que ha adquirido la educación superior en la sociedad del conocimiento y su rol como componente estratégico esencial del desarrollo de los países, ha convertido la calidad de la educación superior en un problema de Estado que concierne a la sociedad en su conjunto y que involucra a muchos de sus actores sociales.

El Estado debe asegurar que la provisión de educación superior satisfaga estándares mínimos de calidad, debido principalmente a la proliferación de la gran cantidad y variedad de instituciones educativas privadas.

Tal afirmación fue corroborada en la última Conferencia Mundial de Educación Superior, celebrada en París (2009), donde se recalcó que la educación superior es un bien público y un derecho humano.

Siendo así, la evaluación y la acreditación se convierte en un imperativo estratégico para todos los niveles educativos, que tiene como base la investigación, la innovación y la creatividad y debe ser asumida con responsabilidad y apoyo financiero por parte de todos los gobiernos.

Hablar de calidad en la educación superior tiene como requisito fundamental poseer un alto grado de conocimiento de la realidad nacional y la identificación plena de nuestros clientes: los ciudadanos panameños y su sociedad. Esto exige además conocer nuestra historia y profesar un amor incondicional hacia nuestro pueblo.

Para que Panamá pueda competir al más alto nivel de productividad y calidad, se hace necesario que seamos cada vez más eficaces y eficientes. El crecimiento económico que experimenta nuestro país ha generado una serie de impactos tanto en las actividades productivas como educacionales. En este sentido, las universidades deben tener la iniciativa de establecer modelos de autorregulación que las comprometan en el cumplimiento de funciones, objetivos y metas orientados al mejoramiento continuo de su calidad.

En otras palabras, se trata de generar decisivamente una cultura evaluativa en el interior de la institución, que sea valorada y legitimada por sus miembros como útil para la administración y realización de los procesos.    Aunque el Estado y la sociedad civil pueden determinar distintos aspectos a evaluar, es la universidad la que se convierte en la primera responsable de establecer mecanismos de aseguramiento de la calidad; es la universidad la que debe desarrollar instrumentos de planificación estratégica que permitan a las unidades y programas que la integran contar con objetivos expresos, cuyo cumplimiento será sometido a evaluación.

Los procesos de evaluación y acreditación de la educación superior en Latinoamérica han ido gestándose a ritmos diferentes, lo que ha permitido avances muy diferenciados en muchos aspectos; sin embargo, una constante la representa, sin duda, la existencia en todos ellos de procesos que tienden a buscar la calidad en la educación y la búsqueda intelectual permanente para alcanzarla. Podemos ver el desarrollo y consolidación de tales procesos en los países desarrollados al igual que muchos países hermanos, especialmente en el cono sur, México y países vecinos.

Nuestro país se prepara para la puesta en marcha del Sistema Nacional de Evaluación y Acreditación para el Mejoramiento de la Calidad de la Educación Superior Universitaria, creado mediante la Ley 30 del 20 de julio del 2006 (por iniciativa del Consejo de Rectores de Panamá) y que tiene como objetivos fundamentales (Art. 5): Fomentar y desarrollar una cultura de evaluación que asegure la calidad de la educación superior universitaria; promover el mejoramiento continuo del desempeño y la calidad de las instituciones universitarias y de sus programas; dar fe, ante la sociedad panameña, de la calidad de las instituciones universitarias y de los programas que en ellas se desarrollan, mediante el dictamen de la acreditación; contribuir al mejoramiento de la calidad de la educación superior universitaria, mediante la regulación de los procedimientos y de los requisitos necesarios para la creación y el funcionamiento de las universidades; y promover la articulación entre las diferentes modalidades del sistema de educación superior.

Para ello se ha creado el Consejo Nacional de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior en Panamá (Coneaupa), (Art. 13) como un organismo evaluador y acreditador, rector del Sistema Nacional de Evaluación y Acreditación para el Mejoramiento de la Calidad de la Educación Superior Universitaria; independiente y descentralizado, con autonomía financiera, administrativa y reglamentaria, con patrimonio propio y personería jurídica, y representativo de los diferentes actores vinculados con el desarrollo de la educación superior del país, al que corresponderá establecer la coordinación necesaria con el Ministerio de Educación y la Comisión Técnica de Fiscalización.

Actualmente Coneaupa trabaja afanosamente en la reglamentación de la Ley 30, con el concurso de las universidades públicas y privadas, lo que representará un gran paso para la educación en Panamá.

Reconocemos que algunas universidades están asumiendo responsablemente este reto histórico y que el Gobierno nacional, a través del Ministerio de Educación, está facilitando las acciones de Coneaupa, para que en un tiempo perentorio podamos contar con el Sistema de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior.

La sociedad lo espera ansiosamente, nuestros estudiantes también, por lo que la acreditación se convierte en una urgencia notoria para todas aquellas instituciones de educación superior que pretenden ofertar carreras en Panamá.

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Este artículo se publicó el  15  de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.