Ni con pata de conejo

La opinión de la Comunicadora Social…

BERNA  CALVIT
bdcalvit@cwpanama.net

Sería gran satisfacción empezar 2011 con los mismos sentimientos que sentía en mis años escolares al abrir un cuaderno nuevo. Recuerdo aquellos cuadernos, forrados con el papel más bonito que encontraba; las etiquetas blancas con borde de color, azul para el de español, verde para geografía, amarillo para aritmética; en las que escribía con orgullo mi nombre y el nombre de mi escuela.

Con mucho cuidado pasaba las páginas en blanco; eran una tentación para escribir palabras bonitas con mi mejor letra; procuraba que no se ajaran, que nada las manchara; que no tuviera necesidad de borrar, intento fallido muchas veces a pesar de mi esmero; los rastros del borrador y las tachaduras quedaban para afear aquella blancura separada por los renglones que disciplinaban mi escritura.

Eran los años en que no imaginaba que algún día podría escribir en una pantalla en la que podría corregir errores sin dejar rastros, maravilla de la tecnología. Para esperar la llegada del nuevo año cierro mi cuaderno de 2010, ya no de niña de escuela, sino de ciudadana de Panamá y del mundo. Y con pesar lo cierro sucio, feo, ajado, con la horrible escritura y las manchas dejadas por los que fomentan las guerras, la pobreza, el narcotráfico, la corrupción, la ignorancia; lacras que los benefician para seguir enriqueciéndose; para ejercer mayor poder. Mas no todo está perdido. Hay en mi cuaderno páginas que alborozan mi corazón; que registran los esfuerzos de los que no permiten que se apague en mí la flama de la fe en el humano, en mis hermanos universales.

Hemos sufrido, y sufrimos, los abusos que nos infligen poderes económicos y políticos foráneos. Y los que nos infligen nuestros propios compatriotas, más dolorosos por esa razón. Los acontecimientos recientes confirmaron la sospechada trama de corrupción dentro del Poder Judicial.   Nuestro país está sumido en incontables hechos de vicios y abusos del poder; la impunidad despojada de su ropa interior, muestra sus llagas, algunas tan viejas que las miramos con indiferencia, tal vez como mecanismo de defensa para continuar sobreviviendo en el viciado aire que se respira en los tres poderes del Estado, Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

Desgraciadamente, también los ciudadanos de a pie contribuimos con nuestra cuota de complicidad. Mientras sigamos siendo un pueblo tan ganoso de celebrar fiestas; de tener más días libres; de trabajar menos; y de no tomar conciencia de nuestros derechos y deberes, continuaremos siendo víctimas de los que se aprovechan de nuestras flaquezas. Y nos seguirán dando “pan y circo” mientras vorazmente se reparten los bienes de la Nación como negocios privados y nos atolondran con absurdas y costosas campañas publicitarias gubernamentales más propias de tiempos electoreros.

Termina el año 2010, año de desasosiego, de decisiones impensadas, impulsivas; de incertidumbres y malestares; algunas de consecuencias graves y desestabilizadoras. Las autoridades muestran desprecio por las opiniones y los aportes de ciudadanos y grupos interesados en contribuir a la mejor marcha de los asuntos nacionales. La reputación del Gobierno está severamente golpeada y el cuaderno nacional para 2011 empieza arrastrando las manchas de 2010. La economía crece a la par que nuestra reputación decrece.

El desenlace en la Procuraduría General de la Nación, a la que llegó un procurador que entró por la puerta trasera, de la mano del Ejecutivo, era de esperarse. La Wiki-hemorragia mundial desveló la degradante solicitud de nuestro gobierno, de solicitar ayuda a un país extranjero para espiar a nacionales panameños con propósitos bajunos. ¿Qué autoridad moral tenían las autoridades para sancionar a la ex procuradora general, Ana Matilde Gómez, por intervenir el teléfono de la víctima de un funcionario corrupto? Aunque duela y ofenda enterarnos de la oprobiosa solicitud al Gobierno norteamericano, ha servido para “calar” hasta dónde es capaz de llegar la malsana ambición de poder.

Qué más quisiera yo que abrir el cuaderno de 2011 con la misma ilusión con que abría mis cuadernos escolares nuevos. No podré hacerlo, pero sí puedo prometer, amable lector, que mientras siga en este espacio escribiré, como hasta ahora, con criterio independiente, sin enconos personales, ni intereses mezquinos. Porque sé que “las cosas no caen del cielo”, y que no hay talismán, ni sahumerio, ni pata de conejo, ni conjuro que valga para concedernos un buen 2011 por el simple hecho de desearlo, metamos el hombro para impedir que nos hundan del todo en el oscuro agujero de la desesperanza. Estiremos los brazos y abramos las manos con la ilusión de alcanzar, con nuestro esfuerzo, la luz que alumbre mejores días para todos.

<> Este artículo se publicó el 3  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora, todo el crédito que les corresponde.
Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: