El Censo de 1950 – Aventuras en Darién

La opinión de…

 

Guillermo Sánchez Borbón

He decidido terminar esta serie de artículos sobre el Censo de 1950, por razones que la semana entrante comprenderás. Pero antes debo corregir un monumental patinazo que di en el artículo anterior. El Noel Morón Arosemena de esta historia se llamaba en realidad Elías Morón Arosemena, no Noel, como erróneamente escribí. Noel fue amigo mío desde 1944, amistad que fue interrumpida por su muerte años más tarde. El de la aventura (o desventura) de Darién fue Elías, talentoso abogado y bellísima persona.   Era hermano de Noel.

Pues bien, Elías y yo nos dirigimos a otra población, donde tendríamos nuestro cuartel general. Ahí tuvimos que hacerle frente, valerosamente, a nuestra próxima crisis. No había dónde comer ni dónde descomer. Por razones que habría que preguntarle al río, la creciente se llevó todos los sitios escusados del pueblo, dejándonos una situación imposible, de cuyos deprimentes detalles te haré gracia.

Ninguno de los dos sabía cocinar. Decidimos engañar el hambre, ¿con qué? Las tiendas locales estaban tan bien surtidas como la guarida de un ratón venido a menos. Lo único comestible que tenían en abundancia eran camaroncitos tití.   Y nos atracamos de ellos con un entusiasmo que tendría consecuencias impredecibles, como suelen decir los diputados. Te haré gracia de esta nueva calamidad.

Pero, al parecer, Dios se apiadó de nosotros. Solíamos comprar cigarrillos y otras cosas en la no muy bien surtida tienda de un chino. El hombre, sobremanera sagaz y bondadoso, se dio cuenta de los apuros que pasábamos, y se apresuró a rescatarnos, ordenándonos que fuéramos todos los días a su casa para compartir con nosotros sus comidas.   De esa experiencia data mi afición por el pulpo, delicia que a la sazón muy pocos degustaban en nuestro país. Elías y yo lo comimos en esa ocasión con un placer que tenía muy poco que ver con el refinamiento y mucho con el hambre.

A pesar de estos contratiempos, hicimos lo mejor que pudimos nuestro trabajo. A los días apareció nuestra jefa, Carmen Miró, y con la inteligencia, capacidad y energía que la caracterizan, nos dio una mano (las dos, mejor dicho). Y así logramos hacer un buen censo. Te haré gracia de los detalles técnicos.

No recuerdo cómo regresó a Panamá Elías. Jamás olvidaré, en cambio, cómo regresé yo: en un barquito tan abarrotado de banano, que no encontraron para mí cama, ni siquiera un sitio en que pudiera sentarme. Pasé todo el viaje de pie, aprisionado por racimos de guineo que resentían tanto mi compañía, que no solo no pude sentarme durante el tiempo que duró la travesía: ni siquiera pude liberarme de una inmovilidad, que me dejó durante mucho tiempo con dolores en cada milímetro de mi cuerpo, de mi “hermoso cuerpo”, como decía una jamona en un tele anuncio de la época. Pero cuando se es (relativamente) joven se tolera mejor esta situación de veras intolerable. Por suerte el Pacífico, a pesar de sus ocasionales accesos de malhumor, esa noche –tal vez compadecido de mi incómoda situación– se portó admirablemente conmigo.

Como si fuera una misteriosa extensión de mi bahía natal, ni siquiera se rizó una sola vez durante el tiempo que duró el viaje de regreso a la capital. Si entonces no lo hice, ahora le doy las gracias al Pacífico por no haber agravado una situación de suyo intolerable.

A los días de haber regresado a la capital, tuvimos que hacerle frente a una nueva crisis. Muchos empadronadores habían olvidado anotar datos esenciales en la parte agropecuaria del censo. Y nos distribuyeron a todos por el país para que localizáramos a los censados y les pidiéramos los datos que habían omitido los empadronadores. Te haré gracia de todos estos detalles. Bastaría uno solo a guisa de ejemplo. A la pregunta “¿cuántas reses tienes?”, los ganaderos jamás te respondían con la cifra exacta, sino con un lacónico, poco informativo “varias”.   Yo mismo soy medio campesino y los conozco muy bien. Eso me permitió a mí y a otros empadronadores, tan montunos como yo, lograr que nos dieran la cifra exacta.

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Este artículo se publicó el 22  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Solamente somos 9.2 % los afro?

La opinión de…

Alexander A. Alleyne Botacio

Los resultados del censo respecto a la población afro en Panamá no sorprenden. La inclusión de las interrogantes en el Censo de 2010 sobre este tema, como es conocido, generó estrés institucional, y ni pensar en su aplicabilidad práctica; tal vez fue la prueba de que nuestra institucionalidad social y estadística no ha avanzado lo suficiente para adentrarnos en temas explicativos que merecen mayor profundidad y el divorcio de aquellos estigmas sociales.

Por lo accidentado del tema y la histórica negación de la presencia afro en el istmo, por parte de algunos sectores, era de esperarse que los resultados indicaran una cifra inferior a las poblaciones indígenas. “Las cifras censales arrojaron 313 mil 289 afrodescendientes y 417 mil 559 indígenas, de los 3 millones 405 mil 813 habitantes” (La Prensa 30/12/2010). “Es decir que el 9.2% de la población censada el pasado 16 de mayo se consideró negra o afrodescendiente, y el 12.3% dijo pertenecer a alguna etnia indígena. El Censo Nacional 2010 muestra que hay 142 mil 3 afropanameños, 77 mil 908 afrocoloniales, 65 mil 113 afroantillanos, 15 mil 527 otros y 12 mil 738 no declarados”.

Las instrucciones institucionales fueron “claras” y los resultados irreversibles; más pudo el estigma que arrastra el considerarse negro en nuestro país que los esfuerzos realizados por algunos miembros de la comunidad afro organizada. Sin lugar a dudas, hablar de poblaciones afro en esta coyuntura social puede resultar para algunos tomadores de decisiones una complejidad adicional; siempre y cuando lo social se fundamente en un accionar serio y con conocimiento causal. Lo demás, es mera filantropía social.

El 9.2% de resultado censal con respecto a las poblaciones afro, lejos de reflejar una realidad respecto al conteo poblacional, apunta a la emergencia de un problema subyacente en la construcción de una identidad nacional, además de la prevalencia de la herencia esclava, traducida en la estigmatización común: lo negro como negativo.

Por consiguiente, se cierne sobre el Consejo Nacional de la Etnia Negra y las organizaciones afro, a partir de la cifra revelada, la responsabilidad de ahondar en las condiciones de la población afropanameña; trascender las cifras hacia el reflejo de la realidad, que tenga como norte la denuncia y posterior demanda de derechos negados, que mejoren las condiciones sociales, económicas, ambientales y de otro tipo para avanzar hacia una sociedad más equitativa y solidaria.

Y es que para mejorar las condiciones de la población afropanameña, se debe partir por conocer su realidad… “A la sangre hay que ir, para que se cure la llaga. No hay que estar al remedio de un instante, que pasa con él, y deja viva y más sedienta la enfermedad. O se mete la mano en lo verdadero, y se le quema al hueso el mal, o es la cura impotente, que apenas remienda el dolor de un día, y luego deja suelta la desesperación” (Martí, 1893). Solo conociendo, solucionamos.

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Este artículo se publicó el 5  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El Censo Nacional y la Política Migratoria

Bitácora del presidente  – La opinión del Abogado,  Empresario y actual presidente de los diarios La Estrella de Panamá y el Diario el Siglo…

EBRAHIM  ASVAT
easvat@elsiglo.com

Los resultados del censo nacional de 2010 se quedaron en sus cifras preliminares del 16 de mayo del 2010. Según las cifras oficiales somos 3.322,576 residentes en Panamá.

Estas cifras han generado todo tipo de especulaciones y sospechas sin que a la fecha se haya ratificado la validez científica del mismo.

En un decenio hemos aumentado, de ser así , en medio millón de residentes adicionales en Panamá.

Los datos que salgan de este censo serán importantes para determinar cual será la política migratoria del país.

Las razones son dos situaciones importantes que experimentan los países del mundo: En primer lugar, la población está envejeciendo cada vez más y el número de jóvenes que ingresan para ocupar las plazas de trabajo están disminuyendo con los años; el otro factor, es el índice de fertilidad.

Hoy las familias mientras se van trasladando a las zonas urbanas tienen menos hijos. No se está produciendo la necesaria sustitución de los habitantes de un país. Hay países que están sufriendo un crecimiento negativo de su población y para crecer depende la inmigración extranjera.

En este decenio las políticas migratorias de muchos países se irán reajustando para invitar la inmigración extranjera, especialmente la calificada. Frente a esta realidad y ante las circunstancias muy particulares que viven los países en desarrollo con altos niveles de crecimiento muy pronto veremos como se irán produciendo la diáspora de personal calificado a otros países.

Recientemente observé un anuncio en los periódicos locales donde la aerolínea de los Emiratos Árabes estaba contratando personal panameño para trabajar en el medio oriente. Esto ya no es algo inusual.

Muchos pilotos panameños han sido contratados por aerolíneas del medio oriente y de la India con salarios libres de impuestos y otros beneficios adicionales. Mañana serán ingenieros civiles, enfermeras, analistas de sistemas, administradores y contadores.

Hay dos tendencias que se vienen reflejando en los movimientos migratorios. Trabajadores altamente capacitados para quienes las puertas están abiertas a la inmigración y trabajadores temporales, visitantes o especiales para trabajos de bajo status social.

Muchos países confrontan la realidad de que los nacionales no están dispuestos a realizar algunos trabajos por considerarlos de bajo status (meseros, vendedores, recolectores de basura, agentes de seguridad, recolectores de frutas, etc). Estos últimos son una mejor opción de trabajo para los inmigrantes frente a las oportunidades dentro de sus respectivos países.

Es hora de que empecemos a elaborar políticas públicas relacionadas con el tema de la inmigración y la emigración. El censo del 2010 debe ofrecernos mucha información valiosa para conocer nuestra situación demográfica.

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<> Artículo publicado el 16 de noviembre de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/asvat-ebrahim/

Con frenesí y sin control

La opinión de la comunicadora social…

BERNA  CALVIT
bdcalvit@cwpanama.net

Bajo el sol inclemente, la señora vendía flores con la esperanza de que ese día, de difuntos, ganaría algo para “parar la olla” en casa. El Mes de la Patria es bueno para los “empresarios” de la carne en palito, el mafá, raspa’os, o fritangas; para los que venden banderas panameñas que, en algunos, despierta efímero amor por Panamá porque el resto del año poco les importa su suerte.

En los desfiles, cada vez más desvirtuados de su verdadero significado, no faltan los estudiantes engalanados con charreteras y quepis, haciendo complicadas piruetas con los instrumentos musicales a ritmo de regué o “pasa–pasa”; y las chicas, con ropa más apropiada para Carnaval que para desfiles patrios, se contonean como en coreografía de concurso Baila conmigo. Sería mejor, para no terminar de estropear estas festividades, que los periodistas no les hagan preguntas peliagudas como ¿Qué se celebra hoy? ¿Quién fue el primer presidente de Panamá? ¿En qué año dejó Panamá de ser parte de Colombia? Afortunadamente, siempre hay estudiantes y grupos que por su sobriedad y buena presentación salvan los desfiles.

Pasaré estos días con el ánimo fortalecido para resistir, con estoicismo digno de pupila de Séneca, la usual palabrería hueca de los políticos que aprovechan para decir cuánto aman a su pueblo, con cuánto sacrificio trabajan por nuestro bienestar, bla, bla.    Entre el “jalouin”, las fiestas patrias, el Día de la Madre, y la llegada de Navidad y el nuevo año, estamos tan distraídos que si al Gobierno se le ocurriera vender la torre de Panamá La Vieja o el Parque Catedral, ni cuenta nos daríamos.   Si algo así sucediera (los locos son impredecibles), solo unos cuantos pegarían el grito al cielo (inútilmente, por cierto), porque el resto estaría muy ocupado en llenar los centros comerciales como si el fin del mundo estuviera cercano; comprando frenéticamente porque hay que apartar los juguetes de los hijos, comprar el pavo, el lechón, el “guaro”, el arbolito y pintar la casa.

Con tanta distracción, tres días antes del “jalouin” la contralora general de la República, Gioconda de Bianchini, ex contralora del Super 99, decidió exceptuar a los ministerios del control previo para manejo de fondos, recursos y bienes públicos.   Qué oportuna decisión (que se sospecha no salió de Contraloría) cuando, precisamente, se aprobaba el presupuesto más alto de la historia, 13 mil 9 millones, para una serie de paquidérmicos y delirantes proyectos, algunos innecesarios y otros, hasta irresponsables.

Los diputados, sumisos servidores de palacio, siguen diciendo sí. El ministro de Economía y Finanzas, Vallarino, dice que está destinado a proyectos de inversión de compromiso social. ¿Compromiso social la caprichosa torre La Tusa (69 pisos, 2 mil 200 estacionamientos) justo al lado del hospital Santo Tomás (monumento histórico), área de silencio, pesadilla, ya, de caos vehicular; carreteras y puentes para favorecer a inversionistas inmobiliarios que se llevarán la parte del león?   Rubén Darío Carles (Chinchorro), que destaca por el manejo serio de la Contraloría durante el gobierno de Guillermo Endara, y José Chen Barría, ex contralor y señor de todos mis respetos, afirman que eliminar el control previo pone en peligro la administración de los recursos públicos y fomenta la corrupción.   Imagínense que los directores de escuelas podrán hacer contratos para reparar escuelas sin publicar la información en Panamá Compra. ¡Bingo!

¿Ya se olvidó el escándalo de corrupción millonaria en el Fondo de Equidad y Calidad de la Educación (FECE), gracias a la falta del control previo?   Los ministerios de Obras Públicas y de Salud manejarán durante el año 2011, unos B/.848 millones en el renglón de inversiones sin “control previo” ni necesidad de publicar los detalles de la contratación o compra. Dice de Bianchini: “No significa que no vamos a fiscalizar. Por el contrario, nos mantendremos vigilantes”.

¿Cuándo? ¿Después que, por ejemplo, alguien pase cuentas por $500 mil en tuercas que en realidad cuestan $36 mil, “clavo pasado” porque el negocio es del pariente o amigo de algún encopetado funcionario? ¿Vigilará con la eficiencia que reflejó el censo nacional 2009, el más desastroso de nuestra historia?   ¿Y qué con lo del FIS/FES y la auditoría de la Contraloría?

El Gobierno, ignorando recomendaciones objetivas, avanza como aplanadora, sin miramientos. Ni que tuviéramos las riquezas de los Emiratos Árabes.   No perder el poder en 2014, a este costo, es irresponsable. Sobre todo, porque las verdaderas necesidades sociales siguen insatisfechas.   “El poder sin límites es un frenesí que arruina su propia autoridad”, dijo Fenelón, prelado y erudito francés.

<> Este artículo se publicó el 8  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos de la autora  en: https://panaletras.wordpress.com/category/calvit-berna/

Algunos sí pudieron

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministro de Estado…

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Mariela Sagel

El slogan de campaña de Martín Torrijos fue   ‘Sí se puede’  y muchos tendíamos a generalizar que la mayoría de los funcionarios se dedicaron a servirse del poder y no a servir al país e incumplieron esas promesas.   Sin embargo, recientemente tuve que hacer un trámite en la Contraloría General de la República y me sentí, honestamente, que estaba en una empresa privada o en una institución de Estado en otro país.

Recordaba que ir a la Contraloría era un riesgo a la salud. Había que subir escaleras y si se me ocurría buscar algo en Estadística y Censo, el asunto se convertía en un acto heroico.

Para mi sorpresa, el ingreso en esta ocasión —a principios de este mes— fue de un cambio radical. Los ascensores funcionan, hay un módulo de información en la planta baja, una oficina para hacer trámites al lado de ese módulo de información y enfrente un centro estilo biblioteca, donde consultar y sacar fotocopias en forma expedita y amable.

Como mi trámite requería que el documento llevara timbres, me indicaron que afuera, al lado de la entrada, había un expendio de timbres (supongo que era una filial del Banco Nacional). Todo el proceso me tomó apenas unos minutos, porque las personas que atendían estaban en línea (no es que fueran flacas, sino que había un sistema computacional que funcionaba), eran amables y dispuestas a servir, algo que no es común encontrar en los panameños, sean funcionarios públicos o empleados de la empresa privada.   Lo mejor de todo es que coincidió con la visita de mi hija a Panamá y ella quedó más que sorprendida, pues donde ella vive (Canadá) ese tipo de atención es lo usual y el Estado es eficiente.

Indagando y ponderando la grata experiencia que había tenido al ir a la Contraloría (donde abundan los baños, para damas y caballeros, y sobre todo, con papel higiénico y en buen estado) se me señaló a Dani Kuzniecky como el contralor que lideró este cambio radical hacia la modernidad y la actitud de servicio y él tuvo a bien remitirme sendos documentos que resumen su gestión, que apenas fue de 2005 a 2007, pero que puso en el siglo XXI a la institución que fiscaliza, controla y custodia los fondos y el patrimonio público.   En esos documentos pude revisar la envergadura de lo que acometió el Lic. Kuzniecky durante su fugaz paso por la Contraloría. Y me imagino todos los paradigmas, resistencias pasivas y activas y problemas que tuvo que enfrentar.

La modernización de una institución tiene sus principales enemigos en los mismos funcionarios que se han acostumbrado a hacer siempre las cosas de una manera, aunque esa manera sea la más larga, tediosa y errónea, pero es como siempre se ha hecho.

Los documentos que me remitió el señor ex contralor tenían un detalle pormenorizado de las mediciones de las actividades que se efectuaron en la Contraloría durante su gestión y los resultados de los casos resueltos. Coincidió en el puesto con la celebración de los 75 años de fundación de la institución y rescató muchos documentos que destacaban la labor de los más recientes contralores que tuvimos y el remozamiento de sus instalaciones, de las que pude percatarme.

Entre las anécdotas que me contaron fue que el contralor veía a diario una puerta caída y un día preguntó por qué estaba caída y la respuesta fue que porque sí. Mandó a comprar las bisagras y la tal reparación no ascendió a más de $200.

Es una lástima que tantas buenas acciones, en beneficio no solo de los abnegados funcionarios de la Contraloría sino de todo el país, hayan sido pasadas por alto, por falta de divulgación y también por una, a mi juicio, anticipada salida del señor Kuzniecky.

Espero que sus siembras no hayan sido devastadas por la nueva administración que para muestras ya nos dio un botón: El estrepitoso resultado negativo de los censos nacionales.

Los sistemas prevalecen, pero generalmente la dirección la marca el líder y Dani Kuzniecky demostró ser un líder, silencioso y hacendoso, que con creces demostró que, en su caso, sí se pudo hacer un cambio.

<>  Este artículo se publicó el 19  de septiembre de 2010  en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

El desastre de los Censos y la CGR

La opinión de….

DANIEL ANGEL DE GRACIA

Si el periodo de la señora contralora general no fuera de cinco años, tendría que afirmar que ella es el inicio de la debacle institucional en la Contraloría General de la República (CGR), en teoría, una institución que debe presumir su independencia política y capacidad del recurso humano para fiscalizar los recursos del Estado.

Después de laborar cinco años en la Dirección de Comunicación de la CGR, me queda compartir la experiencia y revelar cómo se hacía la gestión de los últimos tres contralores de la CGR al servicio de la politiquería presidencial, el amiguismo, la corrupción y los intereses personales.

Por ejemplo, un contralor que le ordenó a una auditora que omitiera el nombre de un director de la Policía Nacional en un informe de auditoría, que reflejó una lesión patrimonial en esa institución por varios cientos de miles de dólares.

Este caso es curioso, primero porque el contralor en cuestión no era o no es político y el director de la Policía que se involucraba en el informe de auditoría no era de su gobierno, sino del anterior.

Pero, para que este contralor hiciera tal cosa, el pedido tuvo que haber llegado de alguien más alto que él: el entonces presidente de la República y también su amigo personal desde la juventud.

Más extraño aún es: ¿Por qué ese presidente de la República pediría tal favor? La respuesta más cercana a semejante favor político es lo que el ex presidente Guillermo Endara (q.e.p.d.) siempre denunció y nadie le creyó: La existencia de un pacto llamado MAMI.

Otro contralor, lo primero que hizo cuando llegó a la CGR fue solicitar un informe de auditoría, que recién se había realizado, a una institución de educación superior y que revelaba una importante lesión patrimonial, en la cual se involucraba nada más y nada menos que a su hermano, el cual había sido el máximo jefe de esa entidad en el periodo auditado.

Ese contralor intentó desmeritar el informe, archivar el informe y evitar enviarlo a la entonces DRP, para que a su vez fuese remitido al Ministerio Público, así también, inició una persecución contra los auditores que hicieron la auditoría y ordenó suspender una siguiente etapa de la misma auditoría.

Finalmente, la llegada de la doña contralora fue histórica y será recordada, junto a su pésimo ‘asesor’, como la responsable del desastre de los Censos Nacionales de mayo pasado,  sin contar que apenas lleva más de medio año de sus cinco años de gestión. Barrió con todos los directores de la CGR, menos el director del Instituto de Estadística y Censo (INEC), Dimas Quiel, porque ya estaba en proceso los Censos Nacionales y para guardar algo de su imagen luego de la andanada de críticas; pero le hizo el trabajo imposible, en buen panameño ‘le hizo la cama’, provocando su renuncia luego de hacerle bastante humillación. Fui testigo (nadie me lo contó), en al menos dos ocasiones y por motivo de mi trabajo en la Dirección de Comunicación, de cómo la señora contralora prácticamente lo insultaba y lo humillaba ante el resto de los directores de la CGR en reuniones de trabajo.

Si después de esta publicación, el señor Quiel desmiente mi afirmación, él tendrá sus razones, pero insistiré, lo vi y lo escuché y no solo yo, era la comidilla entre mis compañeros de oficina que también presenciaron en más de una oportunidad los insultos de la doña contralora hacia el director Quiel.

Lamentablemente, el INEC es solo un nombre decorativo y como institución no existe, puesto que en realidad es una dirección más de la CGR, controlada directamente por el contralor o contralora de la República.

Al ‘hacerle la cama’, la señora contralora mermaba intencionalmente la capacidad administrativa de Quiel, para hacerlo quedar mal y luego reclamarle e insultarlo en las reuniones de directores, provocando los problemas previos y el desastre de algo tan importante para el país como los Censos Nacionales.

Es una lástima que haya sucedido así, la CGR no merece semejante desprestigio de una señora que todavía cree que es una empleada de las empresas del presidente Ricardo Martinelli.

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Este artículo fue publicado el  24 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Validez del censo?

La opinión del Analista Político…..

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JUAN JOSÉ AMADO III

El informe de la Contraloría correspondiente al Censo de mayo del 2000, establece lo siguiente: “De acuerdo a los resultados del último Censo de Población y Vivienda (Mayo 2000) se puede señalar que nuestro país ha pasado de un crecimiento alto (registrando una tasa de 3.17 entre 1911 y 1920) a un crecimiento más lento (registrando una tasa anual de crecimiento promedio de 2.00 entre 1990 y el 2000); situación que según las estimaciones se mantendrá durante los próximos 25 años, como consecuencia directa de la disminución de la fecundidad a nivel nacional”.

En el mismo informe se agrega: “ La población de Panamá pasó durante la última década de 2,329,329 a 2,839,177 personas, lo que representa un incremento poblacional en diez años de 509,848 personas ”. Esta cifra refleja la tasa de crecimiento estimada por Estadística y Censo de 2.00, resultando en un aumento aproximado de 20%.

Los medios locales informan que según la Contraloría, la población aumentó en 346,985 personas en el Censo recién llevado a cabo y que corresponde al año 2010. Esta cifra refleja una marcada disminución porcentual con el censo del año 2000. Es contradictorio que con un mayor número de habitantes, el crecimiento de la población disminuyó comparativamente en 162,863. Esto a todas luces es ilógico y no responde a las propias proyecciones de la Contraloría.

Sobre la base del resultado del Censo del año 2000, que determinó una población de 2,839,177 y el crecimiento poblacional de 2.00 para esos 10 años, el resultado del censo del año 2010 debió ascender a una población de 3,460,000 aproximadamente, lo que reflejaría un aumento de 620,000 personas.

Recomendamos que la Contraloría, por medio de la Dirección de Estadística y Censo, revise cuidadosamente las cifras o los procedimientos utilizados en sus cómputos para definir mejor el resultado del Censo recién efectuado.

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Este artículo se publicó el 26   de mayo de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Censo: Entre mitos e interrogantes

La opinión del Consultor en Sociología del Ambiente, Educación y Salud.

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ROBERTO A. PINNOCK

Ha surgido una serie de interpretaciones sobre los acontecimientos acaecidos en torno de los recién terminados censos de población y de viviendas de nuestra República, que apuntan a cuestionar la legitimidad de los resultados. En realidad, las versiones que he escuchado a pocos días de su ejecución no tienen mayor fundamento científico.   Incluida la más ridícula e inverosímil versión de que todos los defectos organizativos fueron producto de la “mano oscura” del PRD y la oposición al gobierno.

Recientemente, se recibió el resultado general de la cuantía de personas que habitamos este país, indicando que ahora somos 3.19 millones de panameños. La cifra inmediatamente me alineó del lado del grupo de personas que señala que tal información generó más interrogantes que aclaraciones.

Una de estas preguntas procede del hecho de que las estimaciones de esta entidad, durante el último decenio, nos hablaban de que al año 2010 en el país habríamos crecido a un tamaño de aproximadamente 3.5 millones de habitantes (D.E.C., Situación demográfica, boletines No. 10 y No.11). ¿Se compadece esta cifra con la producida por los resultados del censo?   Obviamente que no. Casi medio millón de personas de diferencia en nuestro territorio representa no menos de 8% de incompatibilidad, lo que a nuestro entender es para tomar en cuenta.

Ciertamente, las estimaciones solo son eso, pero la aproximación a los resultados reales de las mismas en las últimas décadas permitía su uso confiable.   De lo que se trata es de explicar con fundamento científico a qué se debió este contraste.   Pero cabe advertir, que si las explicaciones van en la vía de reducir la validez que han tenido las estimaciones hechas por la misma institución que realiza los censos, sin duda se estará reduciendo la legitimidad de estas; consecuentemente, vendría el desprestigio y baja confiabilidad de tales cifras. Por tanto, habrá estimaciones y “ estimaciones ”, más no una oficial y confiable, como ya habíamos madurado en esta Patria.

Algunos, dirán que se trata de que no se fue a todos los hogares a censar, a partir de cuanta anécdota se ha esgrimido al respecto, solo válidas para el día del censo. En realidad, esto es poco probable que se dé, dado que el personal técnico corrige esto en los días y hasta meses sucesivos. Pero surge aquí otra interrogante: ¿la organización del censo siguió al pie de la letra el librito que conocemos los investigadores de campo?

Ahora bien, si las estimaciones fueron técnicamente bien elaboradas, pero fallaron desde el punto de vista de la magnitud de la población (asumiendo como correcto el resultado recién anunciado) pudo haberse debido a que alguno de los factores y procesos considerados en ese momento, dejaron de tener significancia posteriormente. ¿Qué factor cambió? ¿Una menor tasa de natalidad?, entonces, ha resultado un mito la proliferación de las embarazadas adolescentes, en las magnitudes que lo afirman quienes se escandalizan de las mismas. ¿Una mayor tasa de mortalidad? Aunque no ha mejorado en los últimos años, sabemos que esta no se ha dado como para detener una tendencia de crecimiento poblacional. ¿Reducción del saldo migratorio? Si esto ha ocurrido, entonces se confirmaría que solo es un mito de carácter xenofóbico la “ masiva ” entrada a Panamá de colombianos(as), venezolanos(as) y dominicanos(as) en la última década.

A fin de cuentas, la legitimidad o no de los resultados pasa por responder científicamente a las interrogantes que se derivan de los propios resultados y no de las anécdotas del proceso censal o de rebuscar conspiraciones de quienes no dudo andan ocupados en otros menesteres. Confío en que las autoridades del INEC, estén en capacidad de responder a satisfacción este tipo de interrogantes.

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Este artículo se publicó el 24 de mayo de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Discriminacion y androcentrismo…

La opinión de…..

Emma Mendoza A.

En un país multiétnico y, por supuesto, multicultural como el nuestro no resulta muy claro por qué el censo de 2010 se empeña en contar a los negros en general, incluidas todas las gamas que existen en el caleidoscopio nacional (descendientes de antillanos o de origen colonial), y a los indígenas, aunque sin distinción de ramas.

Ahora, una inquietud conceptual se deriva de las herramientas utilizadas por el Instituto de Estadística de la Contraloría General de la República, para determinar el grado de certeza de las autoidentificaciones étnicas de la población estudiada. ¿Cuál o cuáles fueron? ¿Qué criterio confiable les permitirá conclusiones que trasciendan el campo de las hipótesis?; pues salvo mejor criterio, fuera de una autovaloración, generalmente subjetiva, la población panameña no tiene claras las características étnicas que entran en juego a la hora de configurar un autorretrato. ¿Acaso se explicó, antes de esgrimir la pregunta que la condición de negritud abarca más que la tonalidad de la piel, los rasgos del rostro, la textura del cabello y un sinfín de características más, que nos llevarían a la elaboración individual de un árbol genealógico para identificarnos dentro de ese contexto?

¿Por qué el censo de 2010 no se ocupó de establecer cuántos de los nacidos vivos (¿y los nacidos muertos, no se cuentan?) en el istmo provienen de griegos, rusos, judíos, alemanes, chinos, italianos, nobles o plebeyos? ¿Acaso para los efectos de contarnos como pobladores no suman los pelirrojos, pelinegros o “mechiblancos”?; los que poseen el destino del país y los que son destinados al país?

Supongo, si suponer se puede, que esto gira en la dirección de aglutinar por “etnia” a los negros y a los indígenas, porque de allí se derivarán grandes programaciones sociales que reivindiquen las ingentes necesidades de las poblaciones objeto de conteo especializado; monumentales obras de beneficencia o en su defecto determinar si a los naso los eliminan de un plumazo o los convierten en miembros activos de otros partiditos políticos, para las próximas elecciones.

Realmente no encuentro mucha lógica a esta y otras preguntas del censo que por primera vez, en lo que me alcanzan los recuerdos, se queda inconcluso con la gente sorprendida y apresada en su casa; con encuestadores maltratados física y económicamente, claro porque se trata de gente joven, muchos de condición humilde, cuyo trabajo valoramos menos de lo que valoramos la opinión ciudadana.

Finalmente, no podemos dejar sin consignar la clásica y androcéntrica pregunta: ¿Quién es el jefe del hogar? Ni siquiera el jefe, la jefa o los jefes. No pudimos evitar preguntar bajo qué criterio determinaban la jefatura del hogar. La respuesta nos dejó más que apabulladas: ¡El que gana más dinero!

Hoy que las mujeres panameñas expresamos a viva voz haber alcanzado hitos significativos de reivindicaciones femeninas, todavía el diseño del cuestionario censal, olvida que la pregunta sobre jefatura familiar debe tener una o varias alternativas, porque las familias no son de un solo tipo (las hay monoparentales femeninas) y aunque se tratara de la llamada familia nuclear, los tiempos y conquistas modernas, compelen a compartir los roles de mando y administración familiar, con independencia del ingreso de los cónyuges.

Por otro lado, cosa de las dinámicas familiares, quien gana más dinero no es necesariamente quien toma las decisiones fundamentales, cuando no se resuelve paritariamente ¿Qué le pasó al censo con el enfoque de género?

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Este artículo se publicó el 24 de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Arte: Rostros, figura y piel

La opinión de…..

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ERNESTO A. HOLDER

Después del conteo del pasado domingo 16 de mayo se ha producido un sinnúmero de acontecimientos —poco favorables— que ponen en duda los resultados de ese ejercicio.   Diez años es lo que probablemente tengamos que esperar nuevamente para confiar en los resultados de un nuevo censo. En otras palabras, tener indicadores sociales y económicos confiables: cuántos somos, cuántos extranjeros conviven con nosotros, cuántos de nosotros estamos empleados o desempleados, cuántos indocumentados, cuántos profesionales, obreros, amas de casa, cuántos negros, orgullosamente afrodescendientes, coloniales u otros.

Se han desaprovechado B/.16 millones, la posibilidad de entender, no solo el crecimiento poblacional, sino también el movimiento migratorio que experimentamos en los últimos 5 a 7 años y ha quedado una duda profunda y una discusión inconclusa sobre el autoreconocimiento y la constitución étnica de nuestro país, primordialmente negro. Científicamente esto ya se ha establecido.

Independientemente de todo lo anterior, este mes se reconoce oficialmente como el mes de la etnia negra. Se ha efectuado una serie de actividades conmemorativas que han pasado un tanto inadvertidas. Entre ellas, la “ Exposición Colectiva de Pintores y Temas Afropanameños ”, inaugurada el pasado 13 de mayo en Mi Pueblito Afroantillano. La mencionada exposición fue convocada por el Centro de Estudios Afropanameños, la Asociación de Artistas Plásticos de Panamá bajo el auspicio de la Universidad Ganexa, Mi Pueblito Afroantillano y el Consejo Nacional de la Etnia Negra.

“ La exposición, además de rendirle un tributo a los grandes pintores afropanameños, abre a consideración del público panameño una muestra de manera que el talento, creatividad y muestra de los afropanameños está presente con todo orgullo en el sitio importante que ocupa el arte panameño en el mundo ”. Se han desplegado obras de cerca de 30 artistas de la plástica nacional entre ellos: Luis Olaciregui, Rubén Contreras, Vielka Murillo, Nilsa Justavino, Peggy Arcia y Jorge Dunn, entre otros.

El profesor Gerardo Maloney, curador de la exposición, señaló que “ esta muestra unifica los trabajos.. Es la fuerza de los colores que es consecuente con la fuerza de las emociones de los afrodescendientes.. No importa que las emociones expresen alegrías, ritos o creencias, tristeza o esperanzas.. Es siempre con ritmo, con intensidad.. El color es equivalente al ritmo de los tambores.. Así comemos, nos vestimos, adornamos nuestras casas, los buses, llegando al momento sublime de color y ritmo que son los carnavales.. Esa es la relación que para mí guardan las pinturas entre sí.. ”.

Visité la exposición dos veces durante la semana pasada y me cautivó. Además del ambiente escogido, la intensidad y el brillo de los colores tocan una parte especial del alma y los sentidos; la majestuosidad con que cada uno de estos artistas logró plasmar la variedad de escenas y esencias de la presencia africana en nuestra cultura y en nuestro medio. Los rostros (“ Niño de la calle ” de Nilsa Justavino); los cuerpos y las figuras (“ Desnudo ” de Juan B. Janine); la danza y la piel (“ Diablitos ” de Nathaniel González) y las figuras (“ Tinajas ” de Jorge Dunn o “ Mangos ” de Vielka Murillo) exponen una intensidad de condiciones y provoca una mansedumbre profunda de sentimientos de pertenencia, que van más allá de las dudas y las vacilaciones de si pertenecemos o no pertenecemos; de si somos o no somos.

¿Se constituye esto en una marca distintiva en relación a la plástica panameña? Maloney responde: “ creo que no.. porque la inspiración creadora y al margen de la temática no es privativa de ningún tipo de panameño, étnicamente hablando. Por eso la muestra tiene pintores afropanameños y pintores que no lo son, pero que fueron movidos por las emociones afropanameñas. Al igual que en otras actividades del país, los pinceles de afropanameños y las representaciones de los temas afropanameños han sido realizadas con gran maestría, lo que, sin duda alguna, ha hecho de la plástica panameña una expresión de indudable valor y jerarquía estética ”.

Esta exposición estará abierta al público por unos días más. En un tiempo en que la negritud y la etnia están sobre el tapete, cuando la aceptación o la negación están en la conciencia de muchos, cuando la validez del autoreconocimiento es cuestionada y cuando hay profundas dudas sobre las intenciones y los resultados del pasado censo, una exposición como esa no hace más que reafirmar de una manera tan emotiva y bella, quiénes somos.


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Este artículo se publicó el 24 de mayo de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Identidad y números

La opinión de…..

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Daniel V. Velarde Garrido

La identidad del hombre contemporáneo es extremadamente compleja, incluso polimorfa, siempre asolada por los vientos de la historia y la globalización. Sin embargo, el concepto es preciso: es una conciencia, una afirmación del ser. En un grupo no es más que la organización espontánea que produce la interacción de individuos actuando según sus identidades particulares.

Como mestizo, desciendo de incontables laberintos genéticos y culturales que me llevan hasta el África ancestral, sin erosionar mi identidad monolítica. No necesito la confirmación del número. El aferrarse a la patética excusa del derecho a la identidad y cultura para justificar la inclusión de una pregunta sobre “raza” en el Censo Nacional de este año me parece indignante, más en Panamá, nuestro crisol de razas.

Un crisol no es una flor con pétalos de tonalidades independientes, un crisol es el recipiente de una fundición, donde una mezcla precisa de elementos se convierten en aleación. Y así como el bronce es mucho más noble que el cobre y el estaño separados, mucho más noble hace a Panamá nuestra tácita abolición del concepto de raza, nuestra rarísima capacidad de enriquecer esta aleación.

Este es el país en donde el indígena es panameño, el afrodescendiente es panameño y el asiático es panameño, también; viendo cada uno en el otro a un compatriota.

Pero cometimos un error al gastar millones y, aún peor, energía de nuestra sociedad en “contar” a un grupo específico de panameños, no por su identidad, no por su etnia, ni su cultura, sino por su “color y textura de cabello”, como se ha dicho y repetido en algunos medios.

¡Hemos decidido que esa proporción, que no representa a nadie realmente, es requisito para el desarrollo de la identidad y la cultura nacional! Buscar dicho “desarrollo” obligaría al ridículo de repetirlo para una infinidad de apariencias irrastreables en el poligenismo de nuestro panorama. Ningún desarrollo se obtendrá. El conocer la composición exacta de la población de un país no ha librado a ninguno de los serios problemas de racismo, al contrario, fortalece la cultura de prejuicio cromático, quizás no radical, pero sí del tipo pasivo–agresivo.

Mezclar el nocivo concepto de raza con estadísticas y aspiraciones frustradas (culturales o individuales) sólo lleva a la imposición de la cultura mayoritaria a fuerza de números. Ese es el precio de la democracia, la complacencia de los políticos a los caprichos de la mayoría, siempre que distraigan la atención sobre las cosas importantes.

La corriente cultural dominante del país debe surgir como fenómeno emergente; no ser el artefacto de un gobierno intervencionista, lo último es propaganda, no cultura. Pero esa pregunta no trata sobre identidad. Tampoco es un problema de salud, porque las enfermedades comunes entre los afrodescendientes son las mismas que dirigen las políticas de salud de Panamá: obesidad, hipertensión, etcétera.

Tampoco afectará su participación política. Una medida de discriminación positiva en los partidos políticos sería tan inefectiva como la existente para las mujeres.

¿Para qué, entonces? Para beneficio de los proponentes.   Ganan visibilidad y probablemente una plataforma política para sí mismos, quizás con una organización no gubernamental o una secretaría. No me contradigo en este punto. No son los afrodescendientes quienes ganan participación política, son los afro–activistas quienes obtienen influencia.

Ese, al menos, sería el propósito más digno. Existe otro, uno tan triste que no me atreví a considerarlo hasta ahora. Temo que estos activistas estén buscando refugio en los números. Temo que esperen que el “ser mayoría” los libre de complejos anacrónicos, construyendo todo un castillo de humo en sus mentes para justificar esta empresa; y que todos hayamos pagado por ello.

Concluye el censo, suficiente daño se ha hecho ya por las ambiciones y complejos de unos pocos. No desgarremos más el tejido de la identidad panameña por contar las hebras de cada color.

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Este artículo se publicó el 22   de mayo de 2010 en el diario La Prensa, La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Información, propaganda y bochinche

La opinión de la Ex Diputada de la República…..

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MIREYA  LASSO

Las autoridades tienen la obligación constitucional de proteger la honra de las personas y también una responsabilidad innata de ayudarlos a entender sus obligaciones legales, aunque se alegue que esa ignorancia no es excusa; y, por otro lado, no existe ley que obligue a publicitar las obras de gobierno. Algunos de estos factores que se manejan para influenciar la opinión pública se han venido exagerando últimamente; otros se han descuidado.

Las recientes reformas tributarias son ejemplo de escasa divulgación oficial.   La tributación no es asunto de fácil comprensión general; peor aún, el incumplimiento de ciertas obligaciones puede acarrear severas sanciones que aplica la administración. En septiembre se aprobó una reforma “ transitoria ”, cinco meses después se sancionó una reforma “ definitiva ” y ya se anuncian modificaciones a las modificaciones en sesiones legislativas extraordinarias. Siendo el tema tributario de fondo suficientemente complicado, la situación resulta doblemente peliaguda para quienes deberán cumplir las reordenadas obligaciones tributarias. Igual sucede con algunas interpretaciones erróneas recaídas sobre la nueva tasa del 7%, que algunos comercios aplican para aumentar exageradamente sus precios cuando en realidad en muchos casos significa un aumento del 2% del impuesto solamente.

La realización del Censo de Población 2010 es otro ejemplo de insuficiente divulgación que produjo confusiones. La publicidad se concentró en anunciar el hecho del censo en sí, pero faltó aclarar ciertas preocupaciones puntuales, como las de quienes entendieron que debían ser censados en su lugar de residencia y, en ese caso, se creyeron obligados a trasladarse al interior para ser censados allá.

La ausencia de esas instrucciones contrasta con el bombardeo constante de propaganda gubernamental costosa que caracterizó las pasadas administraciones, también copiada por la actual. Resulta ser un intento de persuadirnos de la eficiencia gubernamental a punta de anuncios publicitarios, en lugar de impresionarnos con inauguraciones de obras y acciones completadas.

Junto a la poca información por un lado y al exceso de propaganda por el otro, el público recibe lo que equivale a simples rumores perjudiciales contra la honra y conducta de funcionarios públicos. Hago constar que no opino sobre la veracidad o falsedad de tales bochinches, porque desconozco el fondo, pero no considero constructivo que se acuse con tanta facilidad al primer mandatario del país o a una magistrada del Órgano Judicial de conductas que, más que a ellos a título individual, empañan a la nación que representan. Acusaciones de esa índole no deben ser lanzadas alegremente, porque, querámoslo o no, manchan el cargo y la posición oficial que ellos ocupan y nos salpican a todos los ciudadanos de este país. Recordemos que la percepción a nivel internacional de Panamá y los panameños, durante la época de Noriega, fue lamentable.

Se aprecia, pues, una exageración en la utilización de propaganda oficial costosa; se nota alguna reticencia en brindar información necesaria para cumplir con importantes obligaciones ciudadanas; y nos inundan con meros bochinches que a todos nos abochornan y que deben ser despejados rápidamente de no existir mérito o, de lo contrario, ser probados cuanto antes.

Es natural y también positivo que el gobierno se preocupe por cultivar una buena opinión pública, pero ello se lograría más eficientemente con una auténtica disposición de servicio como respuesta a las inquietudes de la gente y una genuina señal de respeto al ciudadano, mostrando una actividad transparente pública y privada.


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Este artículo se publicó el 19 de mayo de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.