El alcance y las profundidades de la corrupción en Panamá

La opinión de:

 

JOSÉ  DÍDIMO ESCOBAR SAMANIEGO

El clientelismo político fue el instrumento eficaz para inocular durante años y ante la mirada complaciente de toda la clase política, el virus de la vileza que permitió el desmantelamiento de valores morales y éticos que hubieran frenado en nuestra sociedad, la retoma del poder por sectores poderosos económicos que además, en un sistema democrático corrompido pudieron agenciarse el poder político a través de sus representantes que juegan a su favor y cumplen la tarea de administrar el Estado por encargo de esos poderes fácticos.

Una larga lista de empresas, otrora con algún prestigio en la sociedad, ahora han devenido en partícipes del festín de la corrupción, so pena de quedar aisladas de contratos jugosos, desde un Estado que paga obras por un valor; tres veces lo que cuesta al sector privado.

La excusa para semejante dislate, la presentan las empresas argumentando que sus gastos financieros son muy altos, para encubrir las mordidas, las coimas y la participación de intermediarios que ayudaron a facilitar el negocio o funcionarios del Estado directamente involucrados en el proceso de asignación, inspección y recibimiento de las deficientes obras por lo general.

La ley de contrataciones públicas fue arrumada y echada a un lado y se privilegió la contratación directa para facilitar la decisión política caprichosa en contraposición a aspectos técnicos y financieros, y abrir así un portillo inmenso de arbitrariedad que le cuesta a la sociedad miles de millones de balboas que se los terminan repartiendo las empresas, bancos, funcionarios y padrinos electorales que patrocinaron campañas a cambio de esas jugosas recompensas.

Empresas Internacionales, como ODEBRECHT, MECO, FCC, CONALVIAS, y las nacionales TCT, CUSA y 12 empresas más, recibieron contratos por un valor cercano a los 18 mil millones de balboas en los últimos años, lo cual puede estimarse un sobreprecio cercano a los cinco mil millones de balboas, que representan más del presupuesto nacional anual de Nicaragua con una población de más de siete millones de personas.

Una lista de 23 Bancos con licencia internacional e interna asentados en la República de Panamá, se han encargado de la operación de limpieza de capitales oscuros surgidos de estos negocios al amparo y permisibilidad de la Unidad de Análisis Financieros (UAF), adscrita a la Presidencia de la República y prácticamente el patrocinio de la Superintendencia de Bancos y el silencio cómplice de la Asociación Bancaria Nacional que no termina por creer en la autorregulación.

Al día de hoy y después de semejantes escándalos, no hay ninguna medida de sujeción, multa o suspensión de licencia o cancelación de la misma a pesar de haber violado flagrantemente la normativa de la banca nacional y del centro financiero internacional que ha sido cuestionado desde hace rato por fuerzas internacionales que lo quieren liquidar como competencia, pero que ante esta situación ofrecen en bandeja de plata la justificación expedita a esos ataques, ahora fundados.

La figura de las Adendas a contratos se ha convertido en un mecanismo perverso de incrementar criminalmente los costos ya de por sí sumamente altos o la figura o maniobra de presentar un bajo precio para obtener el contrato y luego modificar el precio por este mecanismo de las adendas y consolidar así el atraco con la diligente anuencia de las autoridades nacionales.

Las autoridades encargadas de investigar y sancionar todas las conductas delictivas y llevar al banquillo de los acusados a los corruptos, han terminado siendo rebasados en su deber, porque estas autoridades también están sujetas al control político de los mismos que deben ser procesados y condenados por sus acciones contra los panameños. Solo muy pocos están siendo investigados, y las investigaciones adolecen de la contundencia y firmeza que se requiere.   La Contraloría General de la República, por su parte, ha terminado haciendo informes que lejos de auditorías forenses trasparentes, terminan por concluir que aquí no ha pasado nada, se ha evitado investigar siquiera las partidas circuitales y fondos de juntas comunales y municipios donde es evidente que hubo toda clase de chanchullos, mientras que la deuda pública para cancelar esas obligaciones oscuras nos ha llevado a un límite peligroso que pudiera comprometer la libertad financiera del Estado panameño en un corto plazo. Ha quedado además en evidencia; la renuencia del Ministerio Público panameño, en colaborar con organismos similares de otros países, cuando se le ha pedido colaboración.

Pero el andamiaje de la corrupción no se limitó a las contrataciones públicas, sino que está diseminado en toda la actividad social y económica en general que ha devenido en casi un Estado fallido que ha perdido el rumbo decoroso y digno al que debemos aspirar los que soñamos con un Panamá decente, donde puedan crecer y desarrollar sus sueños de realización libre nuestros hijos y nietos.

¡Así de sencilla es la cosa!

José Dídimo Escobar Samaniego.
Cédula: 7-84-41
20 de mayo de 2017

<> Este artículo fue publicado el sábado 20 de mayo de 2017 en la Estrella de Panamá y compartido públicamente por el autor en su página de Facebook.

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Los nuevos medios: ¿por qué importan?

La opinión del Comunicador Social…

ERNESTO A. HOLDER
ernestoholder@gmail.com

Literalmente hay cientos y cientos de estudios, ensayos y artículos sobre el poder de los medios, la influencia de los medios; el poder y la influencia de los medios; los medios y el poder; medios y manejo del poder; control de los medios y poder. Es decir, no importa cómo se titula, ha sido motivo de análisis y estudio por científicos sociales alrededor del mundo y de varias formas hemos tratado este tema en este espacio. Pero necesariamente hay que revisitarlo en el marco de varios acontecimientos ocurridos en las últimas semanas.

Es evidente que muchos grupos de influencia y en especial muchos gobiernos, no podrían adelantar sus planes y programas sin un uso adecuado y constante de los medios de comunicación y las posibilidades que tienen de llegar a grandes sectores de la población. Las oportunidades y ventajas que ofrecen los medios tradicionales, radio y televisión primordialmente, son bien conocidos.

A inicios y, durante gran parte del siglo pasado, los medios impresos ejercían el rol que durante la segunda mitad del siglo los medios electrónicos tradicionales ocuparon. Pero la razón de este artículo tiene que ver con la creciente influencia de los nuevos medios y las tecnologías para alcanzar objetivos de comunicación; tecnologías insistentemente cambiantes, con objetivos comerciales que comienzan a ampliar una brecha en materia de información y comunicación entre las diversa capas sociales.

Siguiendo los acontecimientos en Egipto, la efectividad de las primeras manifestaciones en rechazo al gobierno de Hosni Mubarak; la capacidad de aglutinar en tiempos mínimos a miles de manifestantes, se debió, ante todo, a la posibilidad que ofrecen los nuevos medios a través de la Internet y los medios sociales (Facebook, Twitter, etc.). Igual los sistemas de comunicación por celular (Chat, SMS).

No solo eso, estos sistemas de comunicación ofrecían la ventaja de cambiar las convocatorias a otro lugar en tiempo récord por medio del envío y reenvío a los seguidores de la causa y sin que las autoridades pudieran reagruparse con suficiente tiempo para montar estrategias de rechazo. Igual ocurrió en Irán hace unos años.

El viernes 28 de enero, el gobierno egipcio suspendió los servicios de Internet y telefonía celular. El New York Times en su página tecnológica reportó que esta suspensión causó 90% de pérdida en el envío y reenvío de data desde Egipto, que tiene una población de 80 millones de habitantes.

La empresa Vodafone, basada en Londres, proveedor de telefonía celular tiene 28 millones de subscriptores en Egipto, en una nota de prensa informó que: ‘todos los operadores de telefonía móvil en Egipto han recibido instrucciones de suspender su servicio en algunas áreas selectas’. Vodafone dijo que estaba ‘obligada a cumplir con la orden’, según señala el Times.

Jim Cowie, jefe de tecnología de la empresa estadounidense Renesys, que monitorea el tráfico mundial de Internet, de manera metafórica dijo que: ‘…, es como si hubieras redibujado el mapa y ya no son un país’, en referencia a cómo desapareció la actividad de Internet hacia y desde Egipto cuando el gobierno de Mubarak dio la orden de suspender el servicio.

Después de esto y en medio de las presiones de gobiernos aliados de abandonar el poder, durante toda la semana pasada, los seguidores de Mubarak han intimidado, perseguido, golpeado y amenazado a varios corresponsales de la prensa internacional, según los reportes periodísticos. Rob Mahoney, subdirector del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ por sus siglas en inglés), alarmado dijo que ‘estos incidentes están ocurriendo a una escala sin precedentes anteriores’. Se han dado más de 100 incidentes de detenciones, golpizas y asaltos desde que las fuerzas de apoyo al gobierno tomaron las calles. Y en los noticieros y medios a lo interno de Egipto, no se han dado trasmisiones sobre lo que ocurre afuera en las calles de la ciudad.

Y ¿por qué importan los nuevos medios? Hay nuevas maneras de información y comunicación que están redefiniendo el estatus de las relaciones político—sociales (esto lo entendió Barack Obama claramente en su campaña de 2008). Aún queda por estudiar a fondo sus alcances más por lo cambiante de la tecnología y su potencial infinito y universal de provocar un cambio de conducta social. Google y Twitter con su tecnología ilimitada ofrecieron servicio gratuito a los egipcios por encima del cierre que se ordenó, pero ese es otro estudio y discusión pendiente sobre la influencia de las trasnacionales en los asuntos internos de las naciones.

Mientras eso ocurre, las estructuras de poder, ven con recelo las amenazas a su modus vivendi y el enorme potencial de estos medios. Como Mubarak, tratarán de imponer su dominación sobre las estructuras sociales, con el único objetivo de preservar y ganar más espacios, aunque sea a la fuerza.

 

Este artículo se publicó el  7  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

La soledad del poder

La opinión de…

 

Jaime Cheng Peñalba

Los desaciertos políticos son los causantes del aislamiento entre los gobernantes y su población. Muchos jefes de Estado en la historia de la humanidad se sintieron tan inamovibles que desoyeron los reclamos de la población en momentos oportunos para corregir el rumbo de sus gestiones desacertadas. Todo parece indicar que el encerramiento en el poder llega a poner sordos a algunos gobernantes a quienes solo les parecen creíbles los consejos de desfasados asesores.

El caso de Egipto, como ejemplo más dramático, nos enseña que aun el ejército mejor dotado en tecnología no es capaz de detener una rebelión nacida legítimamente como producto de años de sufrimiento y abuso ocasionados por quienes detentaron el poder de turno y, precisamente, no hicieron o no se atrevieron a ejecutar las reformas sociales que la población les demandaba.

No hay mal que dure cien años ni pueblo que lo aguante. Así ocurrió con Baby Doc Duvalier, Manuel Antonio Noriega y Nicolae Ceausescu, entre otros. Llegó un momento en la historia de estos dictadores en la cual se encontraron tan aislados y embriagados de poder que no supieron aprovechar las oportunidades que se les presentaron para hacer su retirada en la coyuntura oportuna.

Luego de ser removidos del poder por la acción de revoluciones, golpes de Estado o salidas negociadas, al cabo de algunos años, muchos de estos dictadores llegaron a añorar tanto los momentos de gloria y de reverencias que un buen día, creyéndose todavía imprescindibles en sus países deciden regresar, dejando la comodidad forzada del exilio, como es el caso de Duvalier en Haití y Fujimori en Perú. El poder despierta tal pasión en el momento que se tiene que llega a convertirse en una obsesión que dura mientras se viva. Son como esas historias de amores no correspondidos en las que el pretendiente llega a suicidarse o asesinar a su amor no correspondido como única salida a su obsesión patológica.

No hay nada más asfixiante que la añoranza de los años dorados en el poder. Así nos lo relata Gabriel García Márquez en el relato del “señor Presidente” contenida en los Siete Cuentos Peregrinos en el que un dictador del Caribe exiliado en Francia solo vive para extrañar su futuro regreso al terruño natal, porque mantiene la fe en que sus coterráneos lo necesitan de vuelta.

Al parecer, la riqueza no es el factor determinante para el retorno de estos ex mandatarios, sino el deseo de sentirse vigentes y creerse que son la solución verdadera a los problemas de sus sociedades.

Existe un fenómeno curioso con relación al destierro y regreso de algunos de estos dictadores y es el hecho de que la memoria histórica de muchos de nuestros pueblos es tan frágil que al cabo de algunos años parecen inclinarse a alternativas anti-democráticas, precisamente, porque el proyecto “democrático” que se inaugura después de estos regímenes no ofrece reales alternativas de solución a los problemas y suelen re-editar los mismos males del pasado. Ante el grado de desesperación y frustración, la salida directa suele ser mirar al pasado, y se piensa que aunque no fue tan bueno, por lo menos guarda aspectos que la gente común reivindica. Esta forma de pensar colectiva no es beneficiosa para un país que debe buscar mejores alternativas.

Espero que las lecciones vividas en estos países, y las mejores expectativas de una sociedad que desea realmente perfeccionar una democracia legítimamente popular y eliminar los vestigios de una práctica cultural verdaderamente discriminadora, sirva para rechazar la vuelta de estos regímenes a Egipto, Sudán, Túnez, Yemen y ¿en Panamá?

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Este artículo se publicó el 3 de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Preguntas para probar probabilidades plausibles

La opinión del Médico…

Juan Carlos Ansin

Mis nietas mellizas son tan distintas entre sí como las dos caras de Jano.   Suelen ametrallarme con preguntas de toda índole. Las que más me perturban son las que se refieren a cosas tan sencillas que, por obvias, uno no se las ha vuelto a plantear desde que dejó la edad que ellas tienen ahora.    El abuelo, mientras tanto, vive atosigado de preguntas que tal vez ellas sólo puedan responder cuando él se haya transformado en una flor, un árbol o en un bichito raro que pulule bajo el macano que ha escogido para que el ciclo de la naturaleza siga su curso, antes que los fermiones de su materia másica se transformen en energía oscura. 

Cuando me preguntan por qué los pájaros vuelan, suelo responderles de modo que les incite a hacer otra pregunta. Por ejemplo, les digo que vuelan por la misma razón que todo dios tiene una religión.   Como es obvio la pregunta que espero es:  ¿qué es Dios abuelito?   Mi respuesta sería algo parecido a:   Dios puede ser de todo, menos abuelo. Pero me quedaría otra duda y es la de saber si es posible que exista una religión que no tenga un dios.

No considero al budismo como una religión, creo que es una filosofía de vida de raigambre psicológica como pudo serlo la secta pitagórica. El cientificismo tampoco es una religión, aunque la ciencia y la ficción sea lo que los une (religare). La esencia de lo religioso está inextricablemente unida al concepto de lo sagrado. Hubert afirma que en efecto, la religión es la administración de lo sagrado.   Entonces regresa a mi mollera una voz inquisidora que pregunta en qué consiste lo sagrado.    Caillois y Eliade dicen que es lo opuesto de lo profano. Pero esto no aclara nada. Éste último acuñó el término hierofanía: manifestación de lo sagrado.    Yo lo interpreto burdamente, como una manifestación de energía mística, dentro de la realidad espiritual que confiere a la esencia de cualquier cosa, un poder sobrenatural basado en una experiencia religiosa, la misma que permite a una piedra o a un hombre acceder al dominio de lo divino.

Por lo tanto no creo posible que exista una religión atea. Sí creo que existe una religión agnóstica en potencia, en tanto y en cuanto el agnóstico escéptico o el nihilista admitan la probabilidad –cuando en ilo tempore lo prueben evidencias inconcusas- de la posible existencia de Dios.   Aunque agnósticos apáticos encuentren irrelevante la existencia o no de algo sobrenatural.     Otras preguntas que atormentan al abuelo de las mellizas son las siguientes: ¿Es posible un orden mundial, es decir, una globalización que sea verdaderamente democrática?    Y si esto fuera plausible:   ¿El poder económico podría hacer lo que quiere o sólo podría eliminar al que quiere?

<>Artículo publicado el  6 de febrero  de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Por un verdadero cambio

La opinión de…

 

Efraín Hallax

El propósito del poder es casi siempre igual, según lo plantea Freud en los conceptos ego débil y ego fuerte, el primero carente de pasión y subordinado y el segundo siempre presto a imponerse. La variante genética no ha tenido ninguna transmutación y creo que se ha arraigado igual que un apéndice a través de los siglos en nuestro subconsciente animal. Durante miles de años, el poder ha sido la “hormona” que ha movido al mundo; ha sido y es más fuerte que el sexo y el rock and roll.

Contrario a lo que la mayoría de la clase pensante y espiritual intuye y predica, no es el amor ni el conocimiento lo que mueve al mundo, sino el poder. Mientras el pueblo se muere por el pan y el circo, el poder se muere por controlar al panadero, al dueño del circo y, lógicamente, a las emociones de la plebe que mira el espectáculo. Partiendo de estos conocimientos del poder, deberíamos aceptar que la lucha a muerte entre los participantes de este infinito torneo hormonal es tan común como la lechuga… o Santa Claus.

¡Quien ostenta el poder lo usa! ¡Quien tiene una onza quiere una tonelada! Dios, Satanás, un cura, mi madre, tu padre, y hasta un bebé, todos aprietan las tuercas para ejercer más poder cuando quieren, cuando deben, cuando pueden. No es el poder lo que me molesta de algunos líderes de mi partido, sino lo infantil que somos en no darnos cuenta de que el constante uso de la fuerza aburre y no funciona en periodos largos.

A la luz de las encuestas, Cambio Democrático tiene un importante caudal para aspirar a esa cuota extra: 65% de apoyo es más que suficiente para sentirse seguros. Pero esa confianza puede ser nuestra mayor debilidad; creo que cometer los mismos errores de ayer es una tontería que se pagará muy cariñosamente en un futuro cercano.

El poder que una vez ostentó el PRD lo perdió por su falta de integridad, por su falta de visión política, de pensar que solo queremos ser torrijistas, ñángaras y corruptos sin neuronas. Tengo una buena noticia, este pueblo ya no es PRD. Hoy día lloran por la falta de poder, y acusan con lágrimas que el excesivo ejercicio del poder por Cambio Democrático lo conducirá a su destrucción. ¡Qué gran inteligencia que han detectado en sus adversarios! ¡Qué nivel tan majestuoso del sentido de la deducción! El poder no puede mantenerse eternamente; se desgasta y se esfuma como las lágrimas en tiempos de cólera. Creo que todavía el PRD no lo entiende y no creo que lo entenderá jamás. El poder es momentáneo. El eterno cambio es la única constante universal. La disciplina es para todos, no solo para los perredistas, sino para los arnulfistas, y debe aplicarse especialmente a los pícaros de nuestro partido. Tanto aliados como miembros tienen que dar el ejemplo. Me pregunto, ¿por qué ningún arnulfista ha sido juzgado por corrupto? Ninguna organización, familia o imperio corrupto sobrevive un constante ataque por faltar a la moral y a la ley. Debemos luchar diariamente por metas superiores. Impulsar la educación, pues esta es requisito sine qua non para alcanzar el desarrollo integral. Pero ello debe ir acompañado por el impulso de los valores éticos, tanto en el discurso como en la praxis. El sufrir cotidiano, un poco de felicidad, eso es el pueblo, ese soy yo, ese es el objetivo.

Lo vulgar y anodino de diputados, alcaldes y jueces, buscando, oliendo, lamiendo y cepillando por tener acceso al poder. Esa estrechez de mente aburre… indigna. Creo que Cambio Democrático puede llegar a ser un faro, no solo para Panamá sino para toda América Latina si ejerce el poder y retoma los valores superiores. Si entendemos y abrazamos aquello que nos puede dar la vida o la muerte… el uso adecuado del poder.

Todos pensamos en Panamá que los arnulfistas eran los de verdad. ¡Qué fraude resultaron como gobierno! Tiemblo en solo pensar que regresarán.

La libertad casi siempre muere entre aplausos o entre lágrimas. Como toda idea, la libertad es solo una idea, igual que la democracia, lo real es el poder. Creo que la libertad y la democracia son espejismos terciarios del poder. Creo también que los locos somos más. No solamente por tener una idea de lo que deseamos que sea nuestra patria, sino porque pensamos que hay algo más allá, algo más grande que el pan y el circo; algo que toca lo divino: la esperanza de ser mejores seres humanos y entender que el poder supremo solo lo tienen los gusanos. Y que el destino final es volver a la tierra. Eso es realpolitik. Por ello propongo que examinemos con honestidad patriótica las ventajas de una constituyente, que nos una como nación, sin parches a la Constitución… una quimera del poder compartido.

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Este artículo se publicó el 23  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La grandiosa fama de los arrastrados

La opinión del Abogado…



LUIS FUENTES MONTENEGRO
luisfuentesmontenegro@gmail.com

En un país folclórico el éxito se mide en función de cuanta plata se tiene, si se aparece mucho en la televisión o en cualquier otro medio de comunicación social; se dice entonces que está en la buena o que se está en la fama. Por eso, hay cualquier cantidad de personas que hacen lo que sea, con tal de aparecer en televisión, periódicos, dar la impresión de que son famosos o influyentes, son capaces de arrastrarse y convertirse contentos, en un verdadero arrastrado.

Los arrastrados están en cualquiera esquina, no importa si sea una persona repleta de títulos universitarios, si tenga apellido de rabiblanco, sea hombre o mujer o del color que sea. El ser arrastrado es una categoría donde cuenta fundamentalmente que el arrastrado sea apto para pisotearse, para no tener dignidad y para asumir el rol de estúpido, sin ningún reproche ni estupor. Para un arrastrado, lo esencial es arrastrarse de modo infinito, pues su objetivo es alcanzar la supuesta fama o estar en una rosca, para vanagloriarse de que tiene éxito o poder.

Un arrastrado se conoce a primera vista, dicen y defienden estupideces. Pero lo más terrible de un arrastrado, es que siendo estúpido, cree que los demás también son estúpidos o que existen pueblos enteros sumergidos en la estupidez, toda vez que el pueblo los alaba, los elige como gobernantes, para que ellos le introduzcan la tuza de forma completa y sin compasión. Por lo general, un arrastrado con poder o fama se convierte en loco, pero entonces esa locura es explicada como una condición de genialidad.

Un arrastrado puede verse como cosa irremediable que se tiene que aceptar, partiendo del refrán que afirma ‘de todo hay en la viña del Señor’, pero cuando se trata de colectivos de gobernantes, masas de políticos, secuaces que se arrastran para estar en la rosca, entonces dan asco.

Quien quiera arrastrarse que se arrastre y quien le guste ser estúpido que lo sea, pero cuando se asesina a menores porque están en una celda o se le enseña al pueblo a mendigar sin darse cuenta, porque tiene que pedir y rogar agua, o cuando una red de maleantes penetra entidades de justicia, cónsules declaran aberraciones, parientes y copartidarios se vinculan al narcotráfico, entonces no todos son estúpidos y arrastrados para creer que en el país vamos bien.

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<> Artículo publicado el 25 de enero  de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.