La última columna

La opinión del Sociólogo,  Escritor, Educador…

Raúl  Leis  R. 

Cumplo 17 años de sostener ininterrumpidamente todos los miércoles esta columna de opinión en este diario. Salvo en muy pocas y contadas ocasiones, por circunstancias inevitables, no acudí a esta cita con los lectores.

Durante todos estos años El Panamá América nunca me impuso censura ni limitación que restringiera mi opinión sobre los temas que he tratado en esta columna ad honórem.   Pero ahora confieso mi incomodidad con el nuevo panorama. El cambio de dueños ha generado radicales cambios en la línea editorial que no comparto.   Se han producido despidos y renuncias de periodistas.   Se han restringido los espacios de opinión de los lectores al eliminarse los foros virtuales.    Esto aparece precisamente en el contexto de serios ataques gubernamentales a la libertad de expresión.

Por ello esta es mi última columna en este medio. Mi agradecimiento a los excelentes comunicadores sociales y creativos ilustradores, y en especial a los lectores y lectoras para los cuales recupero algo que escribí hace un tiempo:

No encuentro mejor definición para nombrar a este espacio, si no es como una ventanita de palabras. ¿Por qué? Un periódico es como un edificio de papel y tinta provisto de muchas ventanas que muestran trozos de la realidad en la que estamos inmersos.   De esas ventanas de todo tamaño, cuelgan palabras e imágenes de todos los colores, tamaños y calibres como si fueran tendederos, balcones, maceteros pero alusivos a personas, sociedades, economías, naturalezas de aquí, de allá y acullá. También el edificio tiene puertas, que para mi simbolizan la comunicación, la interacción con la cotidianidad.

Siento que cada semana, puedo abrir mi ventanita de palabras para transparentar mi punto de vista con los demás que abran el diario o la web, y les interese o motive conocerla.   Gracias, queridos lectores o cibernautas. Pero mis palabras no son solo las mías, pues muchas veces abro la ventanita a pareceres, ideas, desafíos y esperanzas;  a través de una comunión de ideas y propuestas.    Por eso se asoman pueblos indígenas clamando justos derechos ancestrales, mujeres por la igualdad, la necesaria justicia legal y social, el ambiente sostenible frente a la depredación, la urgente cultura política democrática, la aspiración por la educación con equidad y calidad, las carencias de la pobreza, la creación e identidad cultural, los reclamos anticorrupción, y otros más; en fin todos los que propugnan por la construcción de una ciudadanía transformadora, y de caminos para cambiar para mejor, la vida.

Un viejo comentarista de una pequeña emisora de radio, me dijo una vez   “lo importante, es que por lo menos alguien me escuche” cuando pregunté sobre el tamaño de su audiencia.   No sé cuántos miran hacia esta ventanita, o la escuchan leída o citada en alguna radio, o por internet.    Gracias a los que lo hacen, porque lo esencial es que algún mensaje caiga de vez en cuando, alguna vez, como semilla en buena tierra, y así  valga la pena el esfuerzo sostenido.  Prometo que seguiremos en ello.

<>Artículo publicado el  2 de febrero  de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Anuncios

El silencio también es opinión

La opinión del Docente Universitario…

 

JORGE LUIS MACÍAS FONSECA
jorge101@cwpanama.net

Sobre el silencio se han tejido una serie de apreciaciones. Para algunos es aconsejable porque permite comportamientos alejados de la suspicacia, de las malas interpretaciones, y de los compromisos.   Para otros es un buen signo de educación y de buenos modales. Algunos consideran que es importante romperlo, pues se permite con ello, conocer el pensamiento de los parlantes, y crear un ambiente de cordialidad y de comunicación.

La fábula que explica como el águila en lo alto soltó la presa que llevaba en el pico, cuando le preguntó, cómo había llegado a tan elevada altura, tiene como moraleja, aquello que: ‘más vale callar cuando lo que dices puede llegar a perjudicarte’ y con el mismo mensaje, lo tenido como máxima por los viejos, en el sentido que: ‘no todo lo que siente se dice’. Con ello se sentencia con propiedad al silencio, pues en una buena interpretación: ‘en boca cerrada no entran moscas’.

Es más el silencio es recomendable, cuando se quieren eludir responsabilidades, o esconder posiciones, pues sin la opinión, difícil es conocer la ubicación que se asume. En la administración pública-por ejemplo-el silencio administrativo es una forma que se ha legitimado para dilatar los asuntos o bien para no resolverlos. En las áreas dedicadas a la salud, como son las clínicas y los hospitales, se exige silencio, igualmente en las aulas cuando se transmite información para que ella sea bien recibida, también en una sala de teatro, del padre al hijo cuando lo reprende, el juez cuando dicta sentencia, o en la soledad cuando ella se impone por la reflexión serena a la que se puede estar sumido o bien en los campos santos donde hay una realidad distinta a la nuestra.

Pero también el silencio es impuesto, cuando se pretende callar una voz crítica o disidente, principalmente en tareas como la del periodismo, que por su naturaleza tiene que ser expresivo. Igualmente se silencia para amparar irregularidades e ilegalidades y para soterrar los ideales de hombres probos.   De la misma manera, se reduce al silencio o se silencia, cuando se cercenan los derechos humanos, y cuando las posibilidades de expresión son reducidas a la nada. Así, aquello de que el que ‘calla otorga’, no siempre tiene certeza, porque se puede opinar en silencio y también con el silencio.

Se puede manifestar un sinnúmero de razones sin necesidad de la estridencia, pero en silencio, y no por ello se está otorgando. ¿Qué ocurría por ejemplo en un país en donde la población adoptara el silencio como una forma de expresión, de lucha y de protesta? De seguro que ningún gobierno resistiría el impacto de un silencio sepulcral, ni mínimo, ni prolongado. ¿Qué ocurriría en una institución ante una mala acción del superior jerárquico que tenga como respuesta un silencio manifiesto?. No sería de extrañar que la preocupación y el temor, se apoderaría del mismo porque-no cabe duda-que el silencio asusta.

En las instituciones públicas nacionales el hablar se convierte en delito, y si esa acción es crítica se ‘cae en el terreno del crimen’, por lo que pareciera mejor adoptar el silencio como una forma de opinión.

 

Este artículo se publicó el 23 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Bonanza: ¿interrumpida?

*

La opinión de la Periodista…

ADELITA CORIAT
Pocas veces en la historia de un país se viven tiempos de bonanza económicos como los que atravesamos. Panamá es el tercer país en Latinoamérica que presentará un crecimiento en contratación de mano de obra el próximo año. Sin embargo, para poder traducir esta buena racha en un crecimiento sustantivo debemos incorporar a las clases menos pudientes.

Aparentemente las cosas marchan bien, pero hay señales de alarma que debemos mirar con atención. Recientemente Alianza Ciudadana publicó un comunicado sobre el  “Retroceso de la democracia en Panamá”, que al hacer un análisis del contenido, da la impresión que estamos frente a un régimen autoritario.

Ciertas situaciones son palpables; las instituciones siguen siendo muy débiles y este es un factor de riesgo. Vemos como las reglas del juego se transforman a lo interno de las entidades estatales sin el conocimiento de la sociedad, lo que crea malestar o incertidumbre en la población porque las cosas no caminan como debieran. La percepción de la captura de los poderes del estado en una sola silla disminuye la confianza de la población en el Estado y los partidos políticos. Podría ser difícil probar que hay centralización. Pero la población lo siente reflejado en las influencias sobre poderes estatales; Parlamento, Corte Suprema de Justicia. Un parámetro interesante a medir y reevaluar.

El mencionado comunicado cita hostigamiento a miembros de ciertas organizaciones civiles y periodistas bajo la utilización de intimidaciones verbales. En lo personal no he recibido ninguna, hasta ahora. Me pregunto; ¿porqué sancionar a quienes tengan opiniones distintas a una gestión? ¿Hubo este tipo de intimidaciones en otros gobiernos? Sí, cuando se pisan cayos muy grandes.

Verá usted, la democracia funciona mejor con transparencia, sin importar que actor político esté al mando. Pareciera que uno de nuestros males sociales es llegar al poder para servirse de él, y olvidamos cómo servirle al sistema.

*
<>Artículo publicado el  13  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Una lectura necesaria

La opinión del Abogado y Periodista….

BELISARIO  HERRERA  A.
belisarioherrera@hotmail.com

El distinguido jurista y empresario, Dr. Ebrahim Asvat, ha tenido el cuidado de reunir su ‘Bitácora del Presidente’ en una obra, nítidamente impresa y que abarca más de 423 páginas, compendio de obligante lectura para todo aquel que siga el acontecer nacional e internacional.

Su columna, que diariamente nos ofrece el ensayista Asvat en el diario El Siglo de profusa circulación, nos demuestra el esfuerzo investigativo de su parte en cuanto a la marcha de la Administración Pública en todo sentido y, de manera especial, a la cúpula misma del régimen sobre sus aciertos y desaciertos y lo que es más grave, hasta donde algunos han hecho mal uso de la cosa pública.

El libro en referencia me ha sido entregado con una dedicatoria autografiada de la pluma del propio autor y al otear, mirar con cuidado, me detengo en el prólogo de cuyo pórtico cito: “Bitácora del Presidente, de Ebrahim Asvat, no tiene por finalidad suplir un espacio periodístico en el diario EL Siglo o una deliberada inclinación en la arena periodística. La recopilación de las columnas del autor en este libro es debido a que su contenido registra valiosos aportes al país.”

Y agrega su prologuista: “Muchas veces sus ideas también son críticas en interés de salir al frente en defensa de la que debería ser una verdadera política de Estado. En cada concepto emitido, vemos acciones marcadas para potenciar el verdadero sentido de defender la democracia lograda con tanto sacrificio entre todos los panameños, una libertad ganada o arrancada de gobernantes déspotas, ambiciosos o de dictadores creyéndose los reyes de las finanzas públicas y que gustaban pisotear esas libertades municipales bajo el maléfico influjo del nepotismo familiar, donde hasta las tierras se las repartían en parcelas”

Los enfoques políticos del doctor Ebrahim Asvat, no solamente se detienen para analizar el sentir de la nación panameña, sino que también avanza para ponderar la realidad cultural y política de los Estados Unidos, su proceso electoral o el triunfo del presidente Barack Obama invitando a los líderes demócratas y republicanos a mantener una política transparente ante la agenda del pueblo americano.

Y debo agregar que quienes tengan en sus manos el valioso libro ‘ Bitácora del Presidente’, de donde no se nos escapan ni los presidentes Hugo Chávez , Álvaro Uribe ni el propio Ricardo Martinelli, de su lectura tendrán valiosa oportunidad de repasar algunos conceptos que la vorágine diaria habían dado por olvidados.

*

<> Artículo publicado el 6  de noviembre de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/herrera-belisario/

Escribir para el público

La opinión del Periodista …

Manuel E. Barberena R.

—-

Escribir para el público es como salir a la calle. Uno se arregla de la mejor manera.    La presentación es un asunto de autoestima.    En todo lo que el periodista escriba, en la entrada es donde debe poner más esmero, y la salida debe grabar en la mente del lector el leitmotiv, tema medular del escrito.
En verdad no hay un sólo público sino parcelas de públicos diferenciados. Hay un periodismo para cada país, para cada comunidad, para cada necesidad, para cada nivel social.   De todos los géneros de la escritura, como sistema estructural de símbolos, el periodismo es el menos mentiroso y el más libre. La novela es más dominable que el cuento y la poesía el más difícil de todos los géneros y el único que no se puede traducir. Los poetas no inventan, escuchan. Jean Cocteau. Y también se escuchan a sí mismos. En el poeta adolorido la poesía es la sangre que mana del alma herida.
Redactar noticias es un ejercicio de interpretación basado en la observación, la percepción y el relato. Todos estos elementos constituyen un riesgo para la fidelidad de la noticia, pues el reportero no percibe sino lo que ve y en ciertos casos vemos y oímos con la mente. Se ignora la causa y el efecto del hecho. De las personas sólo observamos la corteza. Habla para que pueda verte decían los filósofos de la antigua Grecia.
En la redacción de las columnas de opinión es donde se ponen a prueba los quilates del periodista como pensador. Algunos escritores reconocen la técnica como una herramienta importante para la fluidez, pues estiman que escribir, como arte, es poner por escrito una serie ordenada de pensamientos, con claridad, coherencia y cierta belleza. Otros no piensan igual. Por ejemplo, para William Faulkner, cuando la técnica no interviene la escritura es más expedita, en cierto sentido. Ernest Hemingway prefiere las oraciones cortas, pocas comas y el uso de verbos en vez de adjetivos cuando así conviene. Otros, de gran linaje, mantienen una inclinación por la continuidad, algunos ponen a cada nombre un adjetivo (García Márquez), y usan un sólo adjetivo, rara vez dos.    Picasso, en particular, y casi todos los artistas han hablado del “otro” como verdadero creador de su creación.   “Me siento habitado por una fuerza o un ser … al que casi no conozco. El da las órdenes, yo las cumplo”, confesó Jean Cocteau.
Es por ese mandato que el escritor se ve precisado a escribir inmediatamente lo que le dicta el “otro” cuando llega el soplo, a la hora que sea y en el lugar que sea.   Un título, una palabra, un giro feliz puede tomar horas, días, meses, hasta que el “otro” esté dispuesto a hablar.
La preocupación del escritor no es acerca de cuántos lectores tendrá sino la seguridad que debe tener de que el lector lo ha entendido y que el mensaje ha influido en él.   La búsqueda de la verdad es una misión muy peligrosa, pues una vez encontrada el periodista debe disparar al blanco.
Para el periodista encontrar la verdad es más importante que la verdad misma. Los que menos saben de periodismo son quienes más lo juzgan.   “El periodismo es un sacerdocio terrible”, y una ambrosía.
<> Artículo publicado el 13  de octubre de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.
Mas del autor en:  https://panaletras.wordpress.com/category/barberena-r-manuel-e/

Sobre el honor

La opinión del Abogado y Docente Universitario…

CARLOS AUGUSTO HERRERA

El honor es la buena opinión que se tiene hacia una persona por sus cualidades morales, o el actuar de acuerdo con las normas establecidas en la sociedad, sean morales o legales. El honor puede ser visto desde distintos ángulos, sea como opinión o valoración en el sentido de probidad. El honor es un conjunto de valores morales que hacen que una persona obre con rectitud o la demostración de respeto que se puede tener para honrar a alguien.

Regulamos el honor en el artículo 17 de nuestra Constitución Política, como garantía de velación por parte de las autoridades y en beneficio de los panameños, donde se encuentren y de los extranjeros dentro de nuestra jurisdicción. El artículo 37 del mismo cuerpo legal, se refiere a las responsabilidades legales de quien expresa su pensamiento en palabras o por cualquier otro medio, pero con ello se atenta contra la reputación o la honra.

Nuestro Código Penal regula las conductas como la calumnia o injuria, por cierto, con penas irrisorias que no llegan al encarcelamiento y menos otras medidas cautelares. Todas las sentencias se pueden convertir en días—multas en perjuicio de este honor tan abrigado constitucionalmente, pero que, además, se excluyeron como demandantes a algunos funcionarios públicos. Esto fue un patinazo legislativo, porque se contradice con algunas normas. Ahora hay una fricción legal sobre esa desventaja entre los propios empleados públicos y sobre el derecho de demandar, frente al derecho de no ser demandados de algunos periodistas.

Claro que hay reglas para contener los abusos que han llegado a la jurisdicción penal cuando se trata de calumnia o de injuria, frente a ese aval que representa la fama pública y los derechos a la imagen, a la intimidad, a la privacidad, al nombre y apellido, a la buena fama pública. Nuestro Código de Familia se refiere al Estado como garante de ese respeto a lo enunciado (575). A dos numerales más se regula al uso exclusivo de la propia imagen, la que se puede reproducir en caso de previo consentimiento, pero estas normas no son más que enunciativas. Que no se diga que por guardar en secreto la fuente de la información se exima al periodista de su responsabilidad, porque no es cierto.

La auténtica investigación periodística es una bendición para sanear parte de la sociedad corrupta, la cual se vale de los poderes para avasallar a los débiles y de este modo señorear el falso ego superlativo. Por supuesto que entran las variables en juego, porque además del periodismo, está el medio masivo de comunicación que sustenta el éxito. Existen grandes informadores que en conjunción con la editorial, encuentran resonancia pública de su aceptación en cualquier sociedad, ávida de reglas del juego, pero con derechos en equilibrio sobre los que tienen y no tienen poder.

Lo que no podemos excluir son las mil y una formas que se puede utilizar para ofender a cualquiera, a través de un medio de comunicación masivo con la ventaja de ser un profesional de la pluma, por cierto una carrera que debe llenar de honor a quien la practica como debe ser. Seguro que hay periodistas valientes y de enfoque certero a los que nunca demandarán por su elegancia y buen juicio al emitir incluso opiniones. Otros en cambio, son promotores de exposiciones arteras que no los excluyen de los encausamientos por lo que dicen o sostienen sin poderlo probar.

Lo que sucede es que se puede expresar con ironía para dar a entender lo contrario de lo que se dice. El lenguaje tiene muchas facetas con fines aviesos, para lograr un sentido lesivo, como, por ejemplo, escribir o atacar sin nombre propio, pero con señas inequívocas para que el lector lo entienda, al extremo de que esa ironía se convierte en sarcasmo. Escribir una palabra entre comillas, con signos de exclamación o paréntesis. Los ‘emoticones’ (esas caritas redondas) no se excluyen del ambiente burlesco o gracioso o de la pedantería preñada de esos alardes de erudición para atacar a mansalva al resto de los mortales.

Hay en boga esas expresiones satíricas, con los dobles sentidos o las acostumbradas pantomimas en remedo, para referirse a determinadas personas con rasgos físicos particulares, sin el menoscabo de la genialidad de las caricaturas cuyo efecto es tan notorio que es muy común en los diarios, o la expresión cáustica, con el sinnúmero de las variantes en columpio con sus efectos incisivos, punzantes, mordientes, pero como la ironía se pierde entre la traducción la suelen utilizar en un sentido ordinario. Toda cultura incorpora su propia manera de metáfora lingüística y expresiones verbales. En tales casos, la traducción requerirá un cuidado extra, y quizás una explicación apropiada.

 

<> Este artículo fue publicado el 10 de octubre de 2010  en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

El silencio también es una opinión

La opinión de…

Jorge Luis Macías Fonseca

Sobre el silencio se han tejido una serie de apreciaciones. Para algunos es aconsejable porque permite comportamientos alejados de la suspicacia, de las malas interpretaciones, y de los compromisos. Para otros es un buen signo de educación y de buenos modales. Algunos consideran que es importante romperlo, pues se permite con ello, conocer el pensamiento de los parlantes, y crear un ambiente de cordialidad y de comunicación.

La fábula que explica cómo el águila en lo alto soltó la presa que llevaba en el pico, cuando le preguntó, cómo había llegado a tan elevada altura, tiene como moraleja, aquello de que: “más vale callar cuando lo que dices puede llegar a perjudicarte” y con el mismo mensaje, lo tenido como máxima por los viejos, en el sentido de que: “no todo lo que siente se dice”. Con ello se sentencia con propiedad al silencio, pues en una buena interpretación: “en boca cerrada no entran moscas”. Es más, el silencio es recomendable cuando se quieren eludir responsabilidades o esconder posiciones, pues sin la opinión es difícil conocer la ubicación que se asume. En la administración pública –por ejemplo– el silencio administrativo es una forma que se ha legitimado para dilatar los asuntos o bien para no resolverlos.

En las áreas dedicadas a la salud, como son las clínicas y los hospitales, se exige silencio, igualmente en las aulas cuando se transmite información para que ella sea bien recibida, también en una sala de teatro, del padre al hijo cuando lo reprende, el juez cuando dicta sentencia, o en la soledad, cuando ella se impone por la reflexión serena a la que se puede estar sumido, o bien en los campos santos donde hay una realidad distinta a la nuestra.

Pero también el silencio es impuesto, cuando se pretende callar una voz crítica o disidente, principalmente en tareas como la del periodismo, que por su naturaleza tiene que ser expresivo. Igualmente se silencia para amparar irregularidades e ilegalidades y para soterrar los ideales de hombres probos. De la misma manera, se reduce al silencio o se silencia, cuando se cercenan los derechos humanos, y cuando las posibilidades de expresión son reducidas a la nada.

Así, aquello de que “el que calla otorga”, no siempre tiene certeza, porque se puede opinar en silencio y también con el silencio. Se puede manifestar un sinnúmero de razones sin necesidad de la estridencia, pero en silencio, y no por ello se está otorgando. ¿Qué ocurría por ejemplo en un país en donde la población adoptara el silencio como una forma de expresión, de lucha y de protesta? De seguro que ningún gobierno resistiría el impacto de un silencio sepulcral, ni mínimo, ni prolongado. ¿Qué ocurriría en una institución ante una mala acción del superior jerárquico que tenga como respuesta un silencio manifiesto? No sería de extrañar que la preocupación y el temor, se apoderarían del mismo porque –no cabe duda– de que el silencio asusta.

En las instituciones públicas nacionales el hablar se convierte en delito, y si esa acción es crítica se “cae en el terreno del crimen”, por lo que pareciera mejor adoptar el silencio como una forma de opinión.

.

<> Artículo publicado el 10  de octubre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.