Cambios que no llegan

La opinión de…

EUCLIDES  M.  CORRO  R.
emacor@cwpanama.net

Con la designación del nuevo director de la Caja de Seguro Social, Guillermo Sáez Llorens, hace un año aproximadamente, muchos confiaron en su experiencia y, aunque no es médico, se pensó que el cambio sería favorable para los asegurados.   En la práctica el asunto ha sido lento, más allá de lo que se esperaba, y lógicamente hay desaliento entre los derecho—habientes.

En muchos aspectos lo que hoy se nos brinda dista mucho de lo que hace poco más de treinta años teníamos como beneficios de ser cotizantes de la primera entidad social de nuestro país, a pesar de que hoy día se aporta una cuota obrero patronal mucho más alta.

Para los que desconocen de qué les estoy hablando y para aquellos que ya lo han olvidado, el cuadro básico de medicamentos era quizás cinco veces lo de hoy y probablemente me estoy quedando corto.

Además, estaban las farmacias subrogadas. ¿Qué era esto?, para que se sorprenda, cuando un medicamento incluido en ese cuadro básico era recetado y no había, se le daba una orden de compra al asegurado para que fuera a algunas de las farmacias del país incluidas en el sistema, para que se lo entregaran.

¿Increíble? Pues, así funcionaba la CSS. Por otra parte, no había que esperar mucho para que un especialista nos atendiera.   Claro, hoy la población es mayor y los costos operacionales igualmente han aumentado. En esa misma línea de realidades, los médicos no formaban parte de organizaciones que parecieran estar más dispuestas a pelear por otros asuntos que por elevar la calidad de atención a los asegurados.

No lo digo como critica, sino como una realidad. Hoy hay muchos problemas tanto en la atención ambulatoria como en la privada. Es tal la situación, que ha sido necesario contratar médicos especialistas en el exterior, porque los que hay en Panamá o no quieren ir al interior del país, o simplemente tienen compromisos de trabajos en las clínicas privadas.

Quiero referirme a otros problemas menores, pero que sumados convierten en una verdadera tortura tener que recibir atención por parte del sistema de la Caja de Seguro Social.   Por ejemplo, conocí hace un par de días la situación de una señora de casi 70 años, muy humilde, residente en El Chorrillo, con una pensión realmente exigua, que fue a una cita con una especialista y esta le entregó una receta de un medicamento que no está en el Cuadro Básico y que en las farmacias cuesta cuatro balboas cada pastilla.

No hace mucho una persona muy apreciada falleció en las instalaciones del SS, y la familia aún está petrificada por la forma en que tuvo que pasar sus últimos días la dama en referencia.   Cito parte de una nota que me escribió su esposo, aún aturdido por la pena de perder a su compañera por más de 40 años.

Me dice: ‘Para quienes hemos vivido el calvario de tener un paciente en el Hospital Metropolitano, esto no es nada nuevo. Hemos visto de entre el baúl de las maldades, cómo las enfermeras y auxiliares se peleaban los esparadrapos por citar una nimiedad.   No hay jeringuillas, los ‘pampers’ están cuando hay y cuando eso ocurre, es dramático ver la pelea por los mismos entre los pacientes.

Los pacientes los recluyen en observación privados de la visita de familiares, mientras esperan camas. Allí son dejados casi a la intemperie y muchas veces sin atención médica por días, especialmente los fines de semana.   A los internistas hay que rastrearlos en las noches, porque se pierden sin rumbo fijo.

A estas bondades y más, súmele la indiferencia de las ahora licenciadas en enfermería y la grosera atención e indolencia de un sinnúmero de auxiliares.   Si su familiar cae en muchas de las salas de este hospital, comience a rezar para que salga vivo’.

Por tanto, lamento como el que más, que todas estas situaciones se sigan dando y observar que a la vista, por lo menos en la percepción de los panameños, con la nueva designación en la Dirección General, poco o muy poco se ha observado para encaminar a esta entidad en la dirección correcta .

 

Este artículo se publicó el  12  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Legal la Operación Milagros

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La opinión del Abogado y Periodista…


Belisario Herrera A. 

Un fallo sesudo y justo en cuanto a derecho en toda su dimensión, es el que ha emitido la Sala Tercera de lo Contencioso Administrativa de la Corte Suprema de Justicia, con fecha cuatro de enero de 2011, con relación a la Demanda Contencioso Administrativa de Plena Jurisdicción interpuesta por la Asociación Médica Nacional (AMN) para que se declarara nula por ilegal, la Resolución No 3 de 7 de mayo de 2007, dictada por el Consejo Técnico de Salud del Ministerio de Salud.

La Sentencia que “declara que no es ilegal, la Resolución No. 3 de 7 de mayo de 2007, dictada por el Consejo Técnico de salud del Ministerio de Salud, el acto confirmatorio y para qua se hagan otras declaraciones y en consecuencia, niega las restantes peticiones contenidas en el libelo de demanda.”

Esta sentencia que a mi juicio es de enorme precedente para la Sala Tercera de lo Contencioso Administrativo, se dio con al voto unánime de los magistrados que la integran, siendo su Magistrado Ponente, Víctor L. Benavides P.

Lo que pretendió la Asociación Médica Nacional, mediante apoderado legal, fue la de detener la “Operación Milagros” que se llevó a cabo en nuestro país, alegando su oposición a que se trataba de médicos extranjeros, en este caso cubanos. Al sentirse frustrados en sus propósitos, luego de agotada la vía gubernativa, tras los pasos ante la Junta Técnica de Salud y del propio Ministerio que se opusieron a dichas pretensiones, consideradas ilegales, es por lo que el caso terminó ante la Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia con la decisión que líneas anteriores señalamos.

Hay que destacar, en el curso de la demanda, la opinión del Procurador de la Administración que en representación del Ministerio Público señala en su momento quien solicita a la Sala que desestime las pretensiones de los demandantes, y en su lugar, se declare legal el acto administrativo impugnado, ya que acorde al criterio del Procurador de la Administración, el Consejo Técnico de Salud y su Secretario, otorgaron autorización a profesionales médicos y técnicos de la salud provenientes de la República de Cuba, amparados en el Convenio de Cooperación suscrito por los Ministerios de Salud de ambos países, para asesorar y participar en el territorio nacional del proyecto de “Operación Milagros”.

Alusivo a la posición sectaria de la Asociación Médica Nacional en cuanto a su pretensión, la Sentencia hace referencia a que este tipo de convenio es repetitivo en muchos aspectos en nuestro país en materia médica con distintos países y remarca con relación a lo negativo de la pretensión, entre muchas otras consideraciones que “El Estado Panameño según controles reveladores del Ministerio de Salud, no está en condiciones de asumir un programa similar” Debemos concluir, por otra parte, que el gobierno actual en forma unilateral, echó por tierra esta operación beneficiosa para la gente de pocos recursos.

 

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<>Artículo publicado el 21  de enero de 2011    en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Operación Milagro – Una bendición para los humildes

La opinión de…

Bolívar Perigault Sánchez

Recientemente, la Sala Tercera de lo Contencioso Administrativo y Laboral de la Corte Suprema de Justicia declaró legal la Resolución No. 3 del 7 de mayo de 2007, dictada por el Consejo Técnico de Salud, la cual no admitió una denuncia presentada por la Asociación Médica Nacional, que pretendía que se investigara el ejercicio, supuestamente ilegal, de la profesión por médicos extranjeros –en este caso cubanos– dentro del Programa denominado “Operación Milagro”. Este fallo, que tuvo como ponente al magistrado Víctor Benavides, fue avalado por los magistrados Winston Spadafora y Alejandro Moncada, y con él nuestro país se reivindica a la luz del derecho internacional.

En el fallo, la Corte elaboró una reseña histórica, referente a la ejecución del programa, que emerge del Convenio de Cooperación entre los ministerios de Salud de ambos países, del 18 de marzo de 2006, para mejorar la calidad de vida de los panameños con afecciones oftalmológicas, entre noviembre de 2005 y febrero de 2007, en Cuba: 5 mil 212 cirugías y una evolución médica de 22 mil panameños.

Gracias a la gestión del entonces presidente Torrijos, quien se reunió con su homólogo cubano, se decidió establecer el Centro Oftalmológico Omar Torrijos Herrera, en Santiago de Veraguas, en marzo de 2007. Desde sus inicios, “Operación Milagro” cumplió con el principal objetivo de brindar atención oftalmológica gratuita a todos los ciudadanos panameños o residentes en Panamá, o de cualquier otro origen, de bajos recursos económicos y pobreza extrema. Esta labor se realizaba bajo los parámetros y supervisión del Ministerio de Salud, que en la captación previa proporcionaba personal de registros médicos, secretarias, laboratoristas, médicos generales que en conjunto con los especialistas cubanos del programa cumplían con tal objetivo.

En octubre de 2008, “Operación Milagro” comenzó a brindar servicios para glaucoma y retina, evaluando a los pacientes con diabetes mellitus y a los que presentaban retinopatía diabética se les aplicaba láser, según el tipo de retinopatía, dándoseles seguimiento hasta el día de alta. El total de pacientes atendidos en consulta entre el 27 de marzo de 2007 al 29 de diciembre de 2009 fue de 74 mil 961; realizaron 44 mil 515 cirugías, más las 5 mil 212 hechas en Cuba en la primera etapa, suman 49 mil 727.

Como bien señala el fallo, “resulta importante destacar que los números por sí solos no representan mucho, si no se tiene en cuenta el gran impacto social que este proyecto ha experimentado en el pueblo panameño, personas que llevan en ocasiones años de ceguera, así como personas que por no contar con accesibilidad económica, geográfica e institucional que les permita recuperar la salud visual, han encontrado en este programa la manera de recuperar la luz en sus vidas, rescatándoles de la oscuridad y elevándose considerablemente su autoestima, y la calidad de vida de los miles de panameños beneficiados”.

La decisión de la Corte, a mi juicio y leal entender, reivindica a esos médicos cubanos que dando cumplimiento a su juramento hipocrático se desplazaron desde Cuba hasta las regiones más apartadas de nuestro país, adonde la mayoría de nuestros “oftalmólogos” no acceden. El impacto positivo en la comunidad de la excelente labor profesional de los médicos cubanos de este programa devolvió la visión a 49 mil 727 panameños, a través de cirugías oftalmológicas gratuitas y de alta calidad.

Si consideramos que la Organización Mundial de la Salud estima que existen entre 40 y 52 millones de personas ciegas en todo el mundo, y otras 60 millones con deficiencia visual severa, y las tres cuartas partes de los casos corresponden a los países pobres, debo concluir que “Operación Milagro” es una bendición para los más humildes. Este fallo, igualmente respeta y se fundamenta en diversos convenios internacionales, firmados y ratificados por nuestro país, en diversas áreas de salud, que en su momento han sido objeto de pronunciamiento por parte de la Corte.

Concluyo esta entrega, manifestando mi agrado por tan importante decisión y haciendo un llamado a nuestras autoridades para que, de una vez por todas, se despoliticen los asuntos de salud, a la mayor brevedad posible y actúen a favor del pueblo restaurando “Operación Milagro”, para que miles de panameños humildes, de a pie, indígenas, campesinos, marginados y olvidados, de las más apartadas regiones, puedan disfrutar nuevamente de la bendición de la salud que se les está negando.

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Este artículo se publicó el 27  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Al fin Panamá responde

La opinión de…

 

Ricardo Gutiérrez

Soy ciudadano cubano residente en Panamá desde 1996. Aunque por razones obvias de respeto y ciudadanía extranjera no me entrometo en situaciones de cualquier índole, incluyendo el político, no por eso dejo de reconocer tanto las fallas como aciertos que a mi juicio han cometido los gobernantes de turno en este tiempo. Voy a referirme específicamente a un caso particular, que constituyó para mí uno de los errores más grandes de carácter humano y político que ha cometido este gobierno y lo hago ahora porque se presenta la oportunidad de que, por una parte, otra persona de origen panameño, en un maravilloso artículo y la Corte Suprema por otra parte, han puesto muy en alto la dignidad de esta nación y la verdadera interpretación del vocablo “agradecimiento”.

Me estoy refiriendo al artículo publicado en La Prensa el 27 de enero, titulado “Operación Milagro”, una bendición para los humildes. Aunque el señor Bolívar Perigault explica con datos muy claros las decenas de miles de panameños beneficiados por esta vía de forma gratuita, valdría quizás la pena hacer algunas reflexiones y preguntas a los responsables de esta falla (por no usar términos más duros).

¿Realmente la Asociación Médica Nacional o mejor, sus representantes, pretendían que con su denuncia se investigara el ejercicio supuestamente ilegal de médicos extranjeros, o por el contrario lo que perseguía era librarse de posibles competidores que redujeran sus ingresos al realizar servicios gratuitos y masivos a la gente humilde, gente a las cuales jamás ellos atenderían simplemente porque esas decenas de miles de seres humanos no tienen con qué pagarles?

¿Qué ha hecho la Asociación Médica Nacional, el Ministerio de Salud o en definitiva el Gobierno para sustituir con la misma eficiencia y garantizar a muy corto plazo la labor de los profesionales prácticamente expulsados en el orden tanto cualitativo como cuantitativo los servicios por ellos prestados? A estas alturas ya debían existir operados más de 18 mil nuevos pacientes de escasos recursos, pues el argumento del Gobierno para poner fin a la asistencia indicaba que “ésta sería garantizada por sectores público y privado panameños”. ¿En realidad se ha cumplido de verdad esta afirmación?

Estoy seguro de que no, sencillamente porque ese “material humano afectado” no representa ningún estímulo para estos señores. Ojalá estuviera equivocado y existieran de veras personas con poder sensibles a estos requerimientos, profesionales de la salud que prometieron en el juramento de Hipócrates entre otras cosas “en el momento de ser admitido entre los miembros de la profesión médica, me comprometo solemnemente a consagrar mi vida al servicio de la humanidad”.

Pero todo parece indicar que al leer el nombre del famoso médico griego (Hipócrates) una parte de los jurantes confundió algunas letras y creyó que se trataba de otra palabra.

Nos reconforta el saber que existen instituciones y gente como el señor Bolívar, el Consejo Técnico de Salud y la Sala Tercera de lo Contencioso Administrativo de la Corte Suprema de Justicia que no den paso a estos errores tan dramáticos.

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Este artículo se publicó el 31  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Hacia un pacto ético de salud

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La opinión de…

Mauro Zúñiga Araúz

He escuchado a las autoridades, tanto del Ministerio de Salud como de la Caja de Seguro Social informar que se construirán nuevos hospitales, porque la demanda supera la oferta. Actuar así es mantener el círculo vicioso: más pacientes, más hospitales, más hospitales, más recursos empleados en terapia, más pacientes.

No lo vamos a romper creando más hospitales, sino orientando nuestros esfuerzos hacia programa de desarrollo humano sostenible, con promoción de la salud, prevención de la enfermedad y la atención precoz, eficiente y eficaz de los pacientes. He ofrecido mis puntos de vista en innumerables escritos y he tenido la oportunidad de debatir sobre el tema con especialistas de otras regiones. Hay un común denominador: eliminar las inequidades sociales y reforzar la atención primaria.

La presencia de un paciente en un centro de salud o una policlínica es indicativo de que algo estuvo mal.   El nuevo paradigma de la medicina se está dirigiendo hacia lo social: incluir nuestras relaciones sociales como parte de la fisiología humana. En un país con una situación socioeconómica equitativa y estable y en donde las causas de estrés sean reducidas, las tasas de morbilidad serán bajas. La gente se enfermará menos, se morirá a edades más tardías y conservará una buena calidad de vida. Esto significa que el esfuerzo de toda política gubernamental ha de dirigirse hacia el mejoramiento de la situación socioeconómica de la población.

Ese debe ser el punto de partida, o si se quiere, el objetivo fundamental de toda política de Estado. Los gobiernos no deben contentarse con el crecimiento económico sino en hacer un círculo virtuoso entre el crecimiento económico y el desarrollo humano sostenible. Un crecimiento económico que se distribuya entre toda la población pensando en las generaciones futuras. Es por eso que antes de que se tire la primera piedra de los hospitales, le propongo al Gobierno diseñar, en conjunto con el equipo de salud y la sociedad, un pacto ético de salud que siente, en primer lugar, las bases de un programa de desarrollo humano sostenible para lograr que los parámetros socioeconómicos de los panameños mejoren, se enfermen menos y se logre demostrar lo inútil y costosos que son esos hospitales.

En segundo lugar, mejorar toda la red de atención primaria en el país. Deberíamos cambiar la ecuación y en vez de que el paciente busque al médico en el consultorio, sea el equipo de salud el que visite a la persona en su ambiente laboral y doméstico. Es decir, apostemos por la salud y no por la enfermedad. Todos los pacientes tendrán su médico de cabecera para que atienda su enfermedad. El médico amigo que conoce bien su problema biológico, emocional y social. Pero además, tendrá un equipo técnico que le ayudará a prevenir las enfermedades, que se encargará de detectar todas las alteraciones que pueda tener una persona antes de que aparezca la enfermedad.

¿Qué sucede cuando una persona se enferma? Si es en horas laborables, acudirá a su médico de cabecera sin cita previa. Si no es en horas laborables, al cuarto de urgencia de su unidad ejecutora o de otra unidad ejecutora. Si el paciente está muy enfermo, se queda en el hospital. Si no lo está, se le comunica al equipo de salud de la unidad ejecutora a la que pertenece el paciente, para que le haga una visita domiciliar. La idea es que en los hospitales permanezcan los pacientes que requieren una monitorización continua o los postoperados de cirugías mayores. Una vez egresen del hospital, el equipo de salud los atenderá en sus casas las veces que estime necesarias.

Recordemos dos cosas: los hospitales son edificios enfermos en donde conviven gérmenes resistentes a la antibióticos y a la terapia convencional, y no hay un sitio mejor para un paciente con una enfermedad moderada o leve que su propio entorno, asistido por el equipo médico.

En tercer lugar, replantear la responsabilidad que tiene el médico y demás trabajadores de la salud en la atención personal, familiar y laboral de las personas, y en cuarto lugar, comprometernos a cambiar la cultura de la curación, enraizada en la sociedad, por la cultura de la salud. No ir de la enfermedad a la salud, como se hace en la actualidad, sino atrasar la presencia de la primera.

En resumen, un pacto ético en el que el Gobierno se comprometa a implementar un programa de desarrollo destinado a satisfacer las necesidades básicas de la población, en el que el Ministerio de Salud y la Caja de Seguro Social refuercen la red de atención primaria, en el que el equipo de salud se comprometa a ofrecer una atención eficiente, eficaz y oportuna, y la población exija su derecho a participar en la toma de decisiones y en la fiscalización de los programas.

El Dr. Franklin Vergara conoce muy bien este plan desde que trabajó conmigo en la Amoacss, pero parece que el ejemplo de su nuevo maestro, el excelentísimo, lo está llevando por otros derroteros.    Soy consciente de que con este Gobierno hablar de un pacto ético equivale a enseñarle una cruz a Drácula.   Basta ver el trato cuasi criminal que le están dando a la crisis del agua,   en el que han dejando en el abandono a miles de familias, pero garantizando el suplemento a los grandes comercios. Lo grave es que las autoridades ya sabían que venía la crisis y no tomaron ninguna medida.   Claro que se completará la privatización del agua, enriqueciendo más a los grandes gamonales que la venden.   Pero, enseñémosle la cruz a Drácula.

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Este artículo se publicó el 12  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Los envenenados; los olvidados, los humillados, los impotentes

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La opinión de…

Milagro B. de Calvo 

Esos son los niños, hombres y mujeres que, buscando una cura para su enfermedad, han sido víctimas de un envenenamiento masivo que se ha convertido en insoluble problema.

Es cierto que, es una situación que encara un gobierno que no tuvo en ella ninguna injerencia. Lo reconoce el Sr. Presidente de la República que impactado por los hechos: muertos, enfermos con multiplicidad de síntomas y complicaciones dijo, en su momento, que estos enfermos debían ser pensionados..

Y es que hay de ellos, quienes ya no tienen tiempo para sus incapacidades, por que todas han sido agotadas por sus enfermedades; otros están pasando hambre al carecer de recursos y están agobiados por la pena y la desesperación.

Siento que a los Directores de las Instituciones y Ministros, a quienes compete la solución del problema les está faltando voluntad y capacidad para hacerlo.

A los envenenados les deben tolerancia prudencia y respeto.

En cambio, algunos médicos, olvidando el Juramento Hipocrático, los maltratan con actitudes, palabras desalentadoras y hay de ellos los que se han prestado para intentar fraccionar la unidad del grupo, lo cual no es honesto ni ético.

Sancionar los responsables es asunto de la justicia de los Magistrados que, conociendo la triste realidad, parecieran dilatar su accionar y con ello un engranaje de profesionales que siguen esta línea.

En la historia, se han dado situaciones catastróficas que nos han conmocionado; acá, en Panamá, desde hace 4 años, se han minimizado los efectos y estragos del envenenamiento. Ojalá, a nivel internacional las querellas encuentren eco en gente más sensible y humanitaria.

Me uno al dolor de estos enfermos y los admiro, por su persistencia, valor y deseos de acabar sus días con dignidad y honor.

La medida extrema y desesperada de los Directores de las instituciones de orientar sus ofensivas hacia el líder del grupo ha generados el repudio y reprobación de quienes seguimos el caso con civismo y rectitud.

Estar sentenciados los llena de angustia de impotencia y eso es comprensible. Ellos solo pueden inspirar compasión, solidaridad y respeto.

No permitamos que forme parte y permanezca en nuestra historia el más fatídico y doloroso acontecimiento sin ofrecerle la atención equitativa y la justa solución.

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<>Artículo publicado el  17  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

CLISOE – Una clínica odontológica para la comunidad

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La opinión del Odontólogo, Abogado y Decano de la Facultad de Odontología de la Universidad de Panamá….

Omar O. López Sinisterra

Desde el año 2003, se concibió la idea de crear una clínica de servicios especializados dirigida a la atención de la comunidad universitaria y nacional. Es durante la administración del Dr. Gustavo García De Paredes que se cristaliza la misma y en la cual se han atendido en la actualidad cientos de pacientes con resultados satisfactorios.
Esta clínica cuenta en la actualidad con profesionales docentes y egresados que laboran en un ámbito de calidad y brindando un excelente servicio. El proyecto fue aprobado en Consejo Administrativo al igual que sus modificaciones que han sido en beneficio de la comunidad que recibe el servicio. Los docentes laboran en horarios fuera de sus horas de docencia, por lo que se cumple efectivamente con la función de servicio que ha sido consignada en la Ley 24 Orgánica de la Universidad de Panamá.

En esta clínica, se siguen todos los protocolos y procedimientos de bioseguridad además de seguir las normas que rigen la docencia universitaria en materia de tratamientos a los pacientes que asisten a ella. Los odontólogos que prestan el servicio son muy calificados y laboran en el marco de una estructura administrativa que realiza el control organizacional del área.  Esta clínica se fundamenta en una simbiosis universidad-profesional en la que se le concede el 40% del total de los ingresos de la misma como salario a la unidad operativa.    El 60% se dirige a las arcas de la Universidad de Panamá.

CLISOE como es comúnmente conocida, es un ejemplo en materia de organización y bioseguridad en la institución. El personal administrativo existente es muy calificado y ha demostrado mucha capacidad y eficiencia para el manejo de cantidad de pacientes bajo la égida de una excelente calidad.

La Clínica de Servicios Odontológicos Especializados es el proyecto de autogestión que por excelencia ha contribuido con el mejoramiento físico y académico de la Facultad de Odontología de la Universidad de Panamá, al igual que el Programa Sonrisa de Mujer, realizado sinérgicamente con el Despacho de la Primera dama de la República Sra. Marta Linares de Martinelli y que ha beneficiado a las damas panameñas y a la Facultad de Odontología, como otro de los exitosos programas de autogestión que se han realizado en nuestra facultad.

Lejos de afectar la vida de nuestro recinto, CLISOE se ha convertido en una muestra de trabajo en equipo, eficiencia, eficacia y éxito en lo que refiere a sus objetivos.

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<>Artículo publicado el  24  de noviembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/lopez-s-omar-o/