Las reformas electorales

La opinión de…..

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RAMIRO VÁSQUEZ CH.

Recientemente la Comisión Nacional de Reformas Electorales aprobó la sustancial rebaja de los porcentajes para poder inscribir nuevos partidos políticos.   Pienso que es una iniciativa muy importante —en el caso de ser aprobada en la Asamblea de Diputados— para ampliar el escenario de oportunidades y de participación a bloques importantes de la sociedad que luchan por tener expresiones propias en el campo de la democracia electoral.

La marginalidad política reduce los espacios de la democracia participativa y crea un campo de presión social cuando parte de la población no encuentra escenarios en donde pueda volcar su pensamiento y desarrollar una militancia.

Esa inteligente iniciativa va de la mano con el fortalecimiento de las instituciones políticas del país. La modernización del régimen de oportunidades electorales, no sólo es una ayuda al desarrollo de la vida democrática, sino que le impone nuevas realidades a los llamados partidos tradicionales.   Cada cierto tiempo el sistema toma medidas para refrescar sus espacios legales de participación cuando la clase política dominante va perdiendo su capacidad de representatividad y cuando la población deja de sentirse reflejada en los discursos de los dirigentes de esas organizaciones políticas.

Aparentemente, la era de los megapartidos llegó a un punto de agotamiento. Por ello es poco probable que los porcentajes que alcanzaron en las pasadas elecciones sean mejorados en el 2014. Como en política no hay espacios vacíos ese retroceso de los megapartidos darán pie al surgimiento de nuevos movimientos que se alimentaran de ese electorado insatisfecho.

Ese fenómeno va de la mano con una anterior decisión de la Corte Suprema que reconoce la legalidad de las candidaturas independientes, inclusive para la Presidencia. La mesa está servida. Ha llegado el momento de una recomposición de fuerzas que, desde la política, militan por espacios de poder. Esa iniciativa es más vinculante con las nuevas realidades del país y con los fenómenos que están produciéndose en toda la región.

Los llamados partidos tradicionales se van quedando rezagados con respectos a esos cambios. Su identidad histórica se va perdiendo con la misma velocidad que la generación que les dio origen.   Su incapacidad para abordar los graves problemas estructurales y para crear los consensos básicos que se requieren para su solución, golpean directamente su propia existencia.

El camino hacia las elecciones de 2014, estará lleno de sorpresas.

Esa recomposición de fuerzas creara nuevas oportunidades y nuevas opciones. Producirá nuevas iniciativas en el campo de las alianzas y lo más importante, le impondrá a la clase política nuevos métodos en el manejo hacia la sociedad.

Las fuerzas que dirigen el gobierno caminan hacia la creación de un amplio movimiento nacional, similar en sus formas al que liderizó Omar Torrijos.   Por otro lado el PRD —que ha debilitado su espacio de centroizquierda— aventurándose a escenarios que no le pertenecen, corre el riesgo, de perder nuevamente.   Es desde ese centroizquierda abandonado que surgirán los nuevos movimientos que, aunque no sean opción de poder, jugaran un papel importante en las alianzas y en el equilibrio político de la nación.

Los contenidos de la política panameña son únicos y responden a la agenda dada por una economía abierta de mercado y por la globalización.

Las diferencias estarán suministradas por las prioridades y por el discurso de cada una de ellas para ganar la aceptación electoral. En conse cuencia no hay nada que inventar.


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Este artículo se publicó el 20 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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El Ministerio de Seguridad y el silencio del PRD

La opinión de…..

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RAMIRO VÁSQUEZ CH.

El martes de la semana pasada se aprobó en tercer debate la creación del Ministerio de Seguridad Pública. Sorprendentemente, la bancada del PRD se abstuvo.Y para finalizar la sorpresa, no presentó un informe de minoría. Por su parte la dirección del partido no se refirió al tema en ninguna de sus acostumbradas denuncias contra del Gobierno.  O sea que nos quedaremos sin saber nunca, por qué razón no aceptamos esa iniciativa.

Lo paradójico de todo esto es que el ministro de gobierno del presidente Martín Torrijos ha defendido en dos ocasiones tal iniciativa y el grueso de la oficialidad de las extintas FFDD ha reconocido el hecho como un paso justo y necesario en las medidas que el Estado panameño debe asumir en la lucha contra la violencia callejera y el crimen organizado tanto internacional como local.   Este hecho trae a colación un tema que debemos tener claro.

El papel de una organización política de oposición, es el de mantener una militancia y una vigilancia constante para preservar y defender las normas democráticas que sirven de base a su participación ciudadana.   En un país de democracia electoral este principio marca las relaciones que la oposición debe desarrollar ante el Gobierno.

Pero también existe una agenda de Estado que implica otro tipo de debate y de posiciones porque son temas que atañen a toda la sociedad y su solución debe significar una mejoría para cada uno de ellos.

En consecuencia también es un deber de esa oposición ante la agenda de Estado —llámese educación, salud, trabajo, seguridad pública o nacional— dejar de lado las condenas genéricas y de enemigo potencial y ocupar una posición de participación democrática y asumir por igual un reconocimiento a la necesidad de resolver estos temas en conjunto, respetando la identidad y formas de pensar de cada uno de sus actores.

Es cierto que el tema de la seguridad no se encuentra en su mejor momento ante la población afectada y que los prejuicios a que aumenten las iniciativas para reforzar el mando civil de los estamentos de seguridad con un fuerte componente de figuras provenientes de la extinta Fuerza de Defensa, genera desconfianza en la sociedad, pero no menos cierto es que estos pasos no han sido improvisados.

Me explico: Ante todo el tema de Seguridad —llámese nacional o ciudadana— es uno de los temas más apremiantes del Estado-nación, ante las nuevas realidades que se plantean de amenazas y de riesgos, unas de carácter nacional y la mayoría de origen externo. En el anterior Gobierno de Martín Torrijos —a mediados de 2008— se firmó un compromiso regional conocido como Plan Mérida. Una iniciativa auspiciada por toda la comunidad de inteligencia de Estados Unidos más el Departamento de Estado y el de Justicia.

Un Tratado Internacional de Seguridad. En el, Panamá asume un sinnúmero de compromisos dando pasos, entre otros deberes, a la creación del viceministerio deseguridad para transformarlo luego en ministerio.

El Poder Legislativo, como agente participante de la política nacional, juega un papel destacado para mantener la agenda de seguridad, como parte de los intereses de la nación y no del Gobierno de turno.  Por eso no me explico el silencio adoptado por la bancada del PRD teniendo de su lado a las mejores cabezas pensantes en materia de la seguridad nacional.

La pérdida de oportunidades para desarrollar nuestra visión de Estado-nación y buscar los consensos sociales que el país reclama.

Para establecer las reglas de juego en las que —en esa materia— los diputados actúan como parte del poder del Estado y no como representantes de su partido.

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Este artículo se publicó el 6 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La muerte de ′Pepín′ y la agonía del PRD

La opinión de….

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RAMIRO VÁSQUEZ CH.

Recuerdo como si fuera hoy aquella expresión de Rómulo Escobar Bethancourt cuando asumimos los cargos a la máxima dirección del PRD, por los años de 1986: “¡Caín, Caín, que has hecho de tu hermano!”, refiriéndose a la despiadada lucha intestina que amenazaba sepultar al partido surgido del proyecto Torrijista.   Estuve acompañando a mi camarada de lucha de toda la vida, Pedro Pereira, en la ceremonia del último adiós de su único hijo varón “Pepín”.  Un joven profesionista de 33 años, quien murió ahogado el viernes 19 del mes en curso, durante su luna de miel.

Sobre sus frescas cenizas desfilaron cientos, de cientos, de hombres y mujeres de todas las edades.  Jóvenes dolientes, compañeros de la generación de “ Pepín ” y de Adriana Ivonne, su esposa, también viejos veteranos de aquellos hermosos años de lucha y de sacrificio por un proyecto de vida al cual nos entregamos sin condición alguna. Conocí a Pedro —el padre— en el Congreso de la Federación de Estudiantes de Panamá, luego de los sucesos del 9 de Enero de 1964.   Desde aquel día nos unió una profunda amistad solo conocida por aquellos que, como diría Andrión A La Barca, se hermanan subiendo montañas.   En fin, el dolor unió, sin distingos de banderías políticas, a quienes queríamos expresar la solidaridad ante una absurda tragedia. Pero ese día se expresó una situación que no puedo callar y que no podré olvidar. Los dirigentes del partido que él ayudó a fundar, del mismo Partido que luego de la invasión se echó encima para rescatarlo de las cenizas, que fue uno de los primeros en abrir sus puertas, en su condición de miembro del CEN, para demostrar que el PRD no había muerto, no asistieron. En su lugar enviaron un lacónico papel firmado por uno de sus subsecretarios en que lamentaban el deceso.

Para mí esa acción no es una simple ofensa hacia un dirigente que decidió aceptar la oferta del Gobierno de Martinelli para ser el embajador de Panamá ante la República Socialista de Venezuela.

Para mí es la revelación de una condición humana más allá de las diferencias políticas circunstanciales. No sé sí Pedro es un adversario de la dirección del partido o un enemigo del mismo.  Sí sé que luego de la invasión, jamás se le hizo un reconocimiento y, por el contrario, fue marginado y bloqueado en sus derechos ganados y obtenidos en mil y una batallas en favor de una sociedad más justa. Es uno de los tantos desheredados políticos, mil veces corrido, mil veces humillado, por diferir del camino que tomó su partido y cuyo resultado estamos padeciendo en el día de hoy.

Claro, el mundo ha cambiado mucho y con él los valores y principios que guían la conducta humana. La misma incapacidad para absorber esos cambios ha convertido a muchos dirigentes en seres intolerantes, mezquinos y egoístas.

Si esa es la actitud por la posición adoptada por Pedro —que podríamos no compartir— entonces, que sea igual para quienes ya negociaron la protección de sus intereses malhabidos y entregaron a compañeros como un lastre en su precipitada búsqueda de inmunidad.


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Este artículo se publicó  el  30 de marzo de 2010 en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Lo que sí se agotó

La opinión de….

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RAMIRO VÁSQUEZ CH.

Mientras no queramos reconocer que el modelo de gestión política se agotó, no pondremos pie en la tierra.   Los últimos acontecimientos de fuerza previos a la marcha del 18 de marzo reflejan los estertores de ese modelo.   Las élites del país, carentes de imaginación y creatividad,  no encuentran la forma de producir nuevos escenarios de participación acordes con los cambios que han modificado todo el comportamiento de la sociedad.

Las fuerzas políticas que han sido desplazadas por nuevos instrumentos de comunicación social y de generación de opinión, se alejan cada vez más de quienes debieran representar.  Como los partidos ya no son una fuerza de militancia permanente, sino simples organizaciones electoreras cuya fuerza se presenta en cada período de lucha por el poder, sin que medien mayores diferencias entre una y otra,  han sido reemplazadas por un incipiente movimiento de reivindicaciones motivado por demandas de mejoras en la calidad de vida. Pero a su vez esos mismos movimientos reivindicativos se hayan atrapados por la vieja cultura oportunista, sin tener claro cuáles son los objetivos mediáticos y cuáles los de largo plazo, que deben servir de guía para su accionar. Eso reduce el camino de su acumulación de fuerzas a cosas puramente coyunturales, de oposición por la oposición. Por esa vía les tomará mucho, pero mucho, tiempo convertirse en una opción política fuera de los aparatos tradicionales.

Ninguna de las fuerzas admiten la necesidad de apresurarse a discutir los cambios que han madurado en el pensamiento de la sociedad. A admitir siquiera que esos cambios tienen un ritmo propio para expresarse y que su verdadero papel es el de dirigirlos por buen camino para bien de toda la población. Cada fuerza ha cavado sus propias trincheras y desde allí disparan en contra de todo lo que se mueva.   Según ellos, su deber es oponerse a las iniciativas del gobierno de turno, porque no es el de ellos. Se fijan en la iniciativa y no en la posibilidad de usarla para introducir los contenidos que sirvan para colocar al país a la altura de los desafíos.

Por ejemplo, el Gobierno, ha tomado algunas decisiones en el campo de la Educación, avaladas por todas las instituciones de la enseñanza, pero el sector ideologizado del movimiento magisterial lo rechaza sin presentar una alternativa concreta.

Confunden lo ideal, lo utópico, con la oportunidad de abordar un camino, sino de solución, al menos de mejoras en la presión por una mejor educación. Rechazan la posibilidad de cambios estructurales dentro del sistema. En el plano económico, el fenómeno es más dramático. Dos escuelas del pensamiento económico se enfrentan. Ninguna de las dos ha sido capaz de aterrizar para brindar una opción a la panameña. Como hay incapacidad en el campo intelectual, todo se expresa por la vía aparentemente formal.

Sin la presencia del gran pueblo, las dirigencias tienden a la polarización de sus posiciones. No hay capacidad de negociar, de hacer concesiones, de usar las oportunidades que brindan las tribunas democráticas. Es el yo o el tú. Bien, ese camino sí que agotó. Si no hay capacidad para la convivencia y el reconocimiento práctico de ese debate, solo una de ellas sobrevivirá, o tendrán que convivir en medio de una eterna lucha, mientras la agenda del gran pueblo transita por otras cosas.

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Artículo publicado el 23 de marzo de 2010 en el  Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

31 años después

La opinión de….

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RAMIRO VÁSQUEZ

El pasado 11 del mes en curso, el PRD conmemoró el 31 aniversario de su fundación. Un modesto acto —convocado por lo que queda de su juventud— se realizó en la sede del partido. Un solo medio cubrió el programa de aniversario. Razón tienen los pensadores asiáticos, cuya dimensión del tiempo es diferente a la de los occidentales, cuando declaran que esos 31 años son apenas un cerrar y abrir de ojos.   Es una verdad para la historia, pero para los seres humanos, los protagonistas y actores de esa creación política, es toda una vida.

El PRD surge de las entrañas mismas de un pueblo victorioso en su pacífica lucha por el recobro de su soberanía. Años —refiriéndonos a Churchill— consagrados por la sangre, el dolor y las lágrimas de muchas generaciones. El PRD es el resultado natural del llamado proceso democratizador pactado luego de la firma de los Tratados Torrijos-Carter.

Un proceso que incluía, el repliegue de los militares a sus cuarteles, la legalización de los partidos políticos, el regreso del exilio de los adversarios, la apertura de los medios de información y la aprobación de un proceso gradual de retorno a la democracia representativa.

Como es natural el PRD reflejó, tanto en su contenido como en su composición, al conjunto de las fuerzas sociales que participaron de esa obra de liberación. Más que partido, en el sentido tradicional de la palabra, el PRD, surge como un frente político multiclasista con una gran diversidad de pensamientos e intereses.

Su misión era la de garantizar que el proceso de descolonización, la apertura democrática y la vuelta al “ frente interno ”, no se truncará. Pero además debía llenar el vació que gradualmente dejaban los militares en el escenario del poder político. Esa transición debía transformar al PRD, de fuerza política auxiliar de los militares, en un partido con su propia identidad.

El PRD debía tomar en sus manos, y garantizar, el complejo camino de la vuelta a la “ patria doméstica ”. Esa segunda etapa de la liberación cae con la muerte del general Torrijos un 31 de julio de 1981 y recibe su estocada mortal con la invasión estadounidense del 20 de Diciembre de 1989.

Pero el PRD sobrevive, por la misma razón de su origen. Pero además, el escenario mundial finalmente nos impuso su propia transformación. Quedamos a la merced de otras realidades.

Con la caída del campo socialista el mundo bipolar cedió su espacio de negociación a las fuerzas sobrevivientes. El proceso de consolidación de esas fuerzas nos tomó de sorpresa. Por nuestra condición de país, unas veces muy joven, otras de instituciones muy frágiles, carentes de un liderazgo con capacidad de continuar la obra de Torrijos, buena parte del camino recorrido, se fue cediendo, tramo tras tramo.

El PRD refleja también el cambio de estos tiempos y sus nuevos escenarios sociales. Por su peso específico en la sociedad, de la cual formamos parte y de la cual nos alimentamos políticamente, vivimos la realidad de un agotado modelo político, de una forma de comunicarnos en la que ya nadie cree, de un liderazgo que ha perdido toda su fe, de un Estado sin actualización, en donde la vida ha superado de sobra toda su imaginación. Pero el PRD también tiene sus propias escenarios internos.

Con el tiempo el PRD quedó atrapado dentro de esas complejas realidades. De partido dirigente pasó a ser una organización sin visión de futuro. La aplastante derrota electoral —que se han negado a evaluar— no fue suficiente para entender cuán retrasado se encuentra y cuán falto de una perspectiva histórica se halla. Le corresponderá a la práctica como el mejor criterio de la verdad dar su fallo final.

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Artículo publicado el 16 de marzo de 2010 en el Diario la Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde

Un salto al vacío

La opinión del miembro del PRD……

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RAMIRO  VÁSQUEZ  CH.

El escenario político del país no encuentra punto de apoyo. Los medios de información han comenzado a retomar su control en la generación de opinión, sin que ello signifique que tengan una agenda más allá que la de reafirmar su espacio dirigente dentro de la población.

El panameño ha perdido buena parte de sus mecanismos de comunicación social. Los efectos de los cambios a nivel mundial están influyendo de forma sorprendente en un país todavía joven con frágiles instituciones.

Los grandes aparatos generadores de una nueva cultura consumista tienen atrapada a su población en un estado de insatisfacción, que no permite que el panameño se involucre colectivamente en la búsqueda de soluciones.

Por otro lado, su cuerpo dirigente —llámese, políticos, gremiales o benéficos o religiosos, que debieran jugar un papel orientador, conductor del pensamiento, e incluso de organizador de la sociedad— pierde de a poquito su capacidad de acceso a esa población.   Por el contrario, son los medios los que llenan ese vacío. Son los medios los que imponen en muchas ocasiones esa agenda que alimentan a través de novedosos sistemas publicitarios.

El discurso de la actual clase política se ha convertido en un simple material de uso de los grandes medios de comunicación.   La literatura política se disputa los espacios con la crónica roja o la publicidad consumista a los cuales debes agregar la retahíla de problemas que se reproducen en la vida cotidiana de los seres humanos.

Mientras tanto, la verdadera agenda, aquella que afecta a toda la población y de la cual depende el futuro de toda la Nación, no es ni siquiera considerada.

Discutir la calidad de una mochila es más importante que abrir un debate sobre la crisis de la educación. Una imprudente declaración del Gobierno, sobre un tema internacional en el Medio Oriente, tiene más valor que conocer de la política exterior en su conjunto y de cómo nos abrimos paso en un mundo cada día más complejo.

Una Reforma Fiscal solo es tratada con una visión egoísta y oportunista, abandonando la posibilidad de presionar sobre la revisión de la política económica y la injusticia en la distribución social. Así podríamos enumerar cientos de temas que son básicos para salir de un modelo agotado y de una forma de conducirnos que ya no responde al desafío de los tiempos.

El problema es que en el fondo hay una conducta de complicidad. El modelo tiene su propia dinámica para resistirse al cambio. El evadir la verdadera agenda y sustituirla por un discurso parcial e interesado, es parte del manejo de la situación.  En ella participan todos los actores del problema, menos las bases de la población.   En esa lucha de las cúpulas no se encuentra realmente reflejado el principal protagonista: El pueblo, aunque todos digan que hablan en su nombre y representación.

Pero los temas están allí sobre el escritorio de todos. Son los mismos. Se han acumulado a lo largo de los quinquenios. Muchos de los cuales no resisten otro período.

Acostumbrados a la política de recámaras, no confían uno del otro para llegar a un verdadero compromiso abierto, de cara a la sociedad y asumir un nuevo pacto social para enfrentarlos.   Creen erradamente que todo esto es un tema de alternativa de poder, como si nada hiciera crisis.

Como si la misión fuera liquidar al adversario y esperar el turno y volver a repetir —en solitario— las mismas improvisaciones sin visión, sin creatividad, sin imaginación, hasta que un día —un día de estos— todo estalle y tengamos que reconstruir, sobre las cenizas de lo que quede, un nuevo Panamá.


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Articulo publicado el 9 de marzo de 2010 en el diario La Estrella de Panamá a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Pobre mi PRD, qué bajo has descendido

La opinión de….

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RAMIRO VÁSQUEZ CH.

Acabo de leer el comunicado de prensa distribuido a los medios, que resume la reunión de los representantes y alcaldes del PRD de las provincias de Chiriquí y de Bocas del Toro, en el cual se hacen eco de una anónima denuncia en contra del jefe de la Policía Nacional.

Ese grupo asume para sí la acusación de que se cometió un grave delito cuando se viola la Convención de Ginebra al trata o intentar secuestrar a un grupo de ciudadanos norteamericanos “civiles” la noche de la invasión a nuestro país.   Además asume como justa la decisión, de un tribunal militar de aquel entonces, que le dio de baja junto a otros integrantes del comando de FF.DD. por “haber afectado el prestigio de la Institución”.

No pensé jamás escuchar tamaña irresponsabilidad proveniente del partido que denunció y condenó el empleo desmesurado de fuerzas y fuego que liquidó el proyecto Torrijista de aquel entonces.  La invasión que arrasó con el barrio mártir de El Chorrillo y que ocultó en tumbas secretas los cuerpos de quienes con dignidad y orgullo patriótico enfrentaron una agresión a la esencia misma de la patria.  Entiendo la decisión de dar de baja al comando de militares que se enfrentó desproporcionadamente a las tropas invasoras. Ello era el producto del odio que se había introducido en las filas de las FF.DD., que produjeron dos intentos cruentos de golpe, uno de los cuales terminó con el ajusticiamiento de la oficialidad rebelada y la detención de parte de sus integrantes. Oficialidad que, luego de la invasión, fue colocada al mando de la institución. Además que lo entiendo como un gesto de desagravió hacia las fuerzas victoriosas en la desigual lucha.

Lo que no podré jamás aceptar es que del seno de ese partido, que mantiene una responsabilidad histórica por todo lo ocurrido, se pretenda ahora, de forma oportunista e irresponsable, tratar de lavar la cara adhiriéndose a una denuncia anónima de inconfesables propósitos.

Una cosa son los temas de Gobierno en los que el principal partido de oposición, debe manejar una firme conducta de principio para evitar los excesos y abusos del poder. Otra cosa son los temas de Estado.

El jefe de la Policía, designado por el nuevo Gobierno, asume un compromiso de Estado y el tratamiento de esos temas debe abordarse de otra manera. Podemos ser críticos sobre la política de seguridad del jefe de campo de la primera línea de lucha en contra de la violencia y la criminalidad.  Pero de allí a hacerse eco de una condena a un acto plenamente justificable a la luz del momento militar que se vivía, es otra cosa.

Es que estamos condenando también a quienes, por honor y deber, enfrentaron la invasión.  Qué bajo ha descendido el partido que tolera, alimenta y justifica tamaño acto por el simple interés de ganar simpatías entre quienes finalmente jamás votarán por ellos. Qué lástima de aquel partido de Omar mancillado por una calaña sin pudor y orgullo nacional.

Quiere decir ello que ese PRD no avalará ninguna agenda de Estado ni reconocerá ninguna acción proveniente del Gobierno, que pueda redundar en beneficio de las comunidades.

Quiere decir que no seremos capaces de sentarnos en la misma mesa para abordar temas comunes a todos los panameños.

Sepan ustedes, gestores de esa conducta, que también tendrán que asumir su responsabilidad histórica cuando el partido comience a desintegrarse ante la carencia de una postura digna, sin principios ni honor.

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Publicado el 2 de marzo de 2010 en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.