Concesión minera… ¡desarrollo o capitalismo salvaje!

 

La opinión del Médico y miembro de la Asociación Conciencia Ciudadana…

ALESSANDRO  GANCI
concienciaciudadana09@gmail.com

 

‘ Queremos empresarios, no empresaurios que practican el capitalismo salvaje. Algunas empresas internacionales se esconden detrás de la llamada seguridad jurídica; pero nadie se preocupa por la seguridad jurídica del pueblo…’. Así se refería el Ejecutivo a malas prácticas empresariales y tiene razón.

Capitalismo Salvaje. Puede definirse como una situación donde el libre mercado se ha desarrollado, con un sistema financiero y una economía avanzada, pero con pobres controles gubernamentales y sociales, que impiden que la riqueza generada permee sus beneficios a la población de una manera equitativa.

El premio Nobel de Economía J. E. Stiglitz, define claramente esta paradoja al expresar…

‘El desarrollo significa transformar las sociedades, mejorar la vida de los pobres, dar a todos la posibilidad de éxito y garantizar a cualquiera el acceso a los servicios sanitarios y a la instrucción… Lo que sirve son políticas para un crecimiento sostenible, justo y democrático’.

A primera vista, las reformas del Código Minero resultan beneficiosas. Se aumentarán las regalías y el costo de los arrendamientos de las tierras.

¿Por qué entonces, amplios sectores de la sociedad no se sienten conformes?

Minera Panamá, resultará uno de los mayores beneficiados. Goza, junto a Petaquilla Gold, de un contrato tremendamente ventajoso, donde gran parte de la inversión es deducible del impuesto sobre la renta, exonerada o con créditos fiscales. Los gastos por explotaciones fallidas, compra de materiales, viajes, programas sociales, incluido lo invertido en educación de las comunidades, hospitales, carreteras, escuelas, educación de los panameños. Tienen la potestad de desviar los ríos, si el proyecto lo amerita y adecuar todo el entorno a las necesidades de la mina. Los impuestos municipales, luego de los 100 000 dólares, también son deducibles.

Para comienzos del 2016, Minera Panamá, se espera producirá anualmente 254,695 toneladas de cobre, 89,674 onzas de oro, 1.5 millones de onzas de plata y 3,218 toneladas de molibdeno, sin contar el hierro, manganeso, plomo, estaño, platino, níquel, mercurio que pudiese encontrarse. Esto representa a los precios actuales entre 2300 a 2400 millones. Por su parte, Petaquilla Gold propugna alcanzar a futuro las 100 000 onzas de oro anuales (1300 millones de dólares) y 842 kilómetros cuadrados de concesión.

Ambas empresas generarán un estimado de 2450 puestos permanentes, en la mayoría de los casos, para trabajos rutinarios y poco especializados. Por cada puesto, las empresas obtendrán aproximadamente un millón de dólares (asumiendo que el Estado recibirá 4% de regalías y 25% de ISR). Ganancias infinitamente superiores, a la relación ganancia/trabajador de las empresas ecoturísticas o agroforestales. Un trabajo, por cada 5.5 hectáreas concedidas a MP y 84 a PG, definitivamente no reducirá la pobreza en áreas donde el 92% de la población la sufre.

Ante este contrato francamente ‘Tiranosáurico’, el Estado tiene una carta clave que puede perder, de aprobarse la reforma minera. Minera Panamá, es una compañía subsidiaria de la empresa canadiense Inmet recientemente fusionada y convertida en la empresa Symterra que, a su vez, busca financiamiento a través de la colocación de acciones con el consorcio surcoreano, Korea Panama Mining Corp. (KPMC), obtendrían un 20% con posibilidad de subir a 30% de las acciones y Temasek Holdings, del fondo de inversiones de Singapur que, a través de su filial Ellington Inversiones, adquirirá 500 millones de dólares en recibos de suscripción, obteniendo cerca del 14,6%, con posibilidad de adquirir hasta el 19.9% del total accionario.

Nuestra legislación es clara al respecto, y si se utilizaran estos fondos, se incurriría en una causal de extinción de la Concesión Minera por insubsistencia. Dado lo anterior, el contrato actual puede ser susceptible de renegociación, por medio de un arbitraje ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI), que es una institución del Banco Mundial, con sede en Washington o la Comisión Interamericana de Arbitraje Comercial.

La pregunta clave es ¿qué sería mejor para Panamá? ¿Concesiones mineras o empresas mixtas… donde sea el Estado el principal inversor y, por lo tanto, receptor de ganancias, que superarían con creces, lo generado por nuestro Canal. Otorgando a las comunidades locales participación accionaria y autónoma en equidad, con una Zonificación Económica y Ecológica bien definida, que tome en cuenta, no solo si existen minerales económicamente viables, sino la posibilidad de que la explotación genere conflictos sociales y/o ambientales, o si existen otras actividades como la agricultura o el turismo, que sean más rentable en términos ecológicos o de generación masiva de empleo.

Reconocer el derecho al consentimiento previo, libre e informado de las comunidades locales, a otorgar o negar su consentimiento a proyectos mineros, crearía las bases para el diálogo cuadripartito (gobierno, empresarios, comunidad local y sociedad civil), fundamento básico para evitar la confrontación.

 

Este artículo se publicó el 10 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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Ahora le toca al pueblo… El Otoal

La opinión del morador de la comunidad del Otoal…

ELIO    PINEDA 
eliopineda@gmail.com

Me contaban mi abuelo y mi madre, en mi niñez, que en las décadas de los 50, 60 y 70, aquello era un verdadero espectáculo que atraía la atención de chicos y grandes.    Ver una recua de machos en perfecta fila india, que muchas veces se divisaba a lo lejos, bordeando el río, surcando los senderos, subiendo el filo de los cerros.   Entre sesenta y cien animales, cargados cada uno con su enjalma, bien aparejados para llevar dos sacos de café cada uno.   Desde Los Llanitos del Fraile se veían bajar por la Loma de El Fraile; su origen era Barreta de Olá, pasando por El Calabacito, este producto tenía como destino Pocrí de Aguadulce, centro del comercio coclesano en aquellos días. Era una travesía de trillos, quebradas, ríos, valles, cerros, riscos, de día y de noche, realizada con sol y lluvia por hombres como: Cucho Real, Blas Collado, Chano Quezada, Pastor Riquelme, Andrés Castillo y otros comerciantes, emprendedores y fundadores de las modernas rutas de transporte.

No fueron malos esos tiempos, en realidad fueron de gloria, de desafíos, empresas y conquistas para estos hombres, para la campiña y para el desarrollo nacional. En aquellos días no existían las carreteras asfaltadas y mucho menos los buses, no había caminos de penetración por donde sacar los productos del campo para su comercialización. La fuerza que impulsaba a estos hombres era el coraje, el deseo de surgir, de mantener a sus familias, el sueño de un porvenir mejor, y por eso lucharon contra la naturaleza, los obstáculos y sus propios temores; ellos fueron la fuerza motriz de una economía que, aunque rudimentaria, (por estar basada en la compra-venta y el trueque, en donde las familias con su producto (café) obtenían a cambio vestido, calzados y otros productos básicos), sentó las bases de los pueblos, las ciudades y sus sistemas de comercio y transporte moderno.

En la actualidad muchos de estos trillos y viejos caminos han sido olvidados, nuestros gobernantes ni siquiera saben de su existencia. Los pioneros y visionarios de antaño han sido reemplazados por inversionistas (en su mayoría extranjeros, que nada saben de nuestro pasado y nuestras luchas), que ofrecen muy poco o nada a la comunidad, a cambio de apropiarse, ‘legalmente’, de los recursos naturales con los que enriquecen sus bolsillos. Así, mientras el progreso acaricia y nutre sus arcas, el cacareado desarrollo sostenible es casi nulo para la comunidad.

Por esta causa, pongo en conocimiento a su Excelencia Señor Presidente de la República, Ricardo Martinelli, que en una población campesina del corregimiento de Guzmán, distrito de Natá, se desarrolla un proyecto hidroeléctrico que explota y aprovecha las aguas del Río Grande, río que ha sido histórico en el desarrollo de estas comunidades desde su nacimiento en Cerro Negro.   Las ‘mejoras’ impulsadas por esta empresa no llenan las expectativas comunitarias, porque son afectadas desde la toma de agua de la represa en la localidad de Zapillo Arriba, hasta la salida de la línea de transmisión que entregará a la Red Nacional la energía generada por el proyecto en la entrada de Río Grande, vía Interamericana.

El Otoal requiere que el gobierno del cambio corte con tractor el camino y habilite el paso para vehículos desde los Llanitos de El Fraile, la Loma de El Fraile y conecte a las comunidades de Caimitillo, Zapillo y Chirva. Señor presidente, usted cuenta con los recursos humanos, económicos y logísticos para realizar esta pequeña obra que, de seguro, será indicio de verdadero progreso en esta localidad. En este momento, las autoridades de Coclé están al tanto de la problemática social que se vive en estas áreas apartadas. Esperamos a corto plazo respuestas y que las decisiones que tomen nuestros gobernantes de turno redunden en beneficio del desarrollo real, a largo plazo, para nuestras comunidades campesinas. Igualmente, esperamos que los esfuerzos realizados por estos hombres ilustres y visionarios del pasado sean respetados, porque ellos sentaron las bases del Panamá que tenemos hoy.

 

Este artículo se publicó el  4  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Comunidades rurales en el olvido

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La opinión del  Educador…

Bertilo Mejía Ortega 

Los habitantes de las comunidades de San Francisco, La Esperanza y Quebrada Llana, en el occidente de la provincia de Chiriquí, se sienten defraudados por la presente administración, ya que a más de un año del presente quinquenio no han recibido la más mínima atención en materia de caminos de producción, una sentida necesidad en estos hombres del campo.

 

La vía que conduce de San Francisco a Volcán, pasando por la comunidad de La Esperanza, constituye la más elocuente indiferencia estatal en un sector que se expresó en las urnas a favor del prometido cambio. Se lamentan de los buscadores de voto que se han olvidado del área que tanto visitaban durante la pasada contienda electoral. Según ellos, se han congelado los Diputados y el Representante del corregimiento de San Andrés que, a decir de algunos, la tienen atado por pertenecer a un partido de oposición.

Estas son las actitudes que restan respaldo y simpatía a los gobiernos; las que promueven el voto castigo, y las que saben aprovechar los líderes locales que aspiran a buscar una representación popular en las contiendas venideras. Pero en las altas esferas gubernamentales pareciera que esto no preocupa, y más se han interesado por sumar ocasionales adherentes, en vez de atender a los genuinos electores en el civilismo, dignos de respuestas que, aunque extemporáneas, aportarían grandes remedios a grandes males.

Conmueve observar las dificultades por las que atraviesan quienes no tienen otra alternativa que transitar a pie y caballo por empinados caminos obstaculizados por la piedra, los derrumbes y el lodo y, por tanto, convertidos en potenciales peligros para ganaderos y agricultores. Peor cuando una mujer embarazada se dirige a los distantes centros de salud, y cuando hay que sacar a un enfermo que requiere de atención médica.

Parece inverosímil que en pleno siglo 21 esta sea la triste realidad de éstos y otros campesinos que a lo largo de la geografía nacional pasan por las mismas dificultades en el diario acontecer. Los voceros de estas comunidades están en la obligación de cumplir con la misión encomendada desde las urnas. Deben asumir la responsabilidad de atender los naturales deseos de la población a mejores niveles de vida, y corresponder, con sentido de equidad, al salario que devengan. Aunque humildes, nuestros hombres y mujeres del campo, no entienden cómo en un Estado donde se paga muy bien a los representantes y Diputados, y en el que abundan los asesores con jugosos salarios, el progreso comunal está estancado en recodos de la Patria dignos de mejor suerte. Nada es tan conveniente para la oposición que la abulia gubernamental, y quienes la promuevan consciente o inconscientemente, están contribuyendo a que se repita en nuestro país el tradicional rechazo en las urnas a los equipos de gobierno. ¡Recapaciten!

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<>Artículo publicado el  2  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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Un vecino como pocos

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La opinión de la Periodista….

Zulay Espinosa V.

En estos tiempos en que se vive con tanta inseguridad, la gente ha dejado de confiar hasta en aquellos que viven a su alrededor. Cuántas personas viven con altos muros que los separan de sus vecinos. Sin embargo, hay personas privilegiadas que cuentan con un vecino que al paso de los años se convierte en parte de su familia.

 

Sé que mucha gente tiene una convivencia difícil con vecinos que no son considerados en ninguna manera, pero también estoy convencida de que mucha gente (quizás más en el campo que en la ciudad) cuentan con vecinos que se han convertido en amigos.

Así era nuestro vecino, un hombre que a pesar de múltiples obstáculos y dificultades enseñó a sus hijos la importancia de ser hombres y mujeres de bien. Era muy trabajador, especial en el arte culinario, le gustaba tocar la guitarra casi a diario y ejecutaba nuestros bailes típicos como buen santeño que era. A diario llevaba puesto su sombrero pintado.

Quedó viudo y no se volvió a casar. Se quedó con su pequeño hijo, hoy un hombre y, hasta un poco antes de su partida, vivió con él y sus nietos como cumpliendo una promesa -probablemente hecha a su esposa- de cuidar a su último hijo.

Sus últimos años fueron difíciles, pero entregó todas las fuerzas que le quedaban para dar a su último vástago la protección que él no tuvo. Muchos pensarán que no lo hizo de la forma correcta, no podemos juzgarlo, pero lo cierto es que lo hizo con el corazón porque el sacrificio fue inmenso. Si hay algo que nos enseña es que por un hijo se lucha con todo en contra y se está dispuesto a dar hasta la vida.

Hacía un año y meses que no le veíamos porque sus hijas mayores se lo llevaron para que descansara, pues ya estaba muy mayor y hace pocos días supimos de su deceso.

Su nombre no fue necesario para nosotros, desde niños siempre le llamamos: el vecino. Con esa palabra bastaba para decir todo lo que representaba.

Ojalá sigan habiendo más personas como el señor Gustavo Antonio Cedeño Escudero, nuestro vecino inigualable que un tiempo antes de su partida disfrutaba de ir los domingos a la iglesia como quien se pone de acuerdo con el Señor para preparar un viaje especial a un lugar desde donde nos esperará y nos recibirá nuevamente justo al lado… como siempre, nuestro vecino.

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<> Este artículo se publicó el 17  de octubre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

La solidaridad debe ser de todos

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La opinión del empresario…

RAFAEL CARLES  

Casi nadie dudaría en afirmar que la solidaridad es uno de los valores fundamentales de la sociedad, quizás el más necesario para garantizar la convivencia humana. Por eso, ese valor básico se despliega cotidianamente, sin estridencia, pero con tesón, en miles de actividades comunitarias de lo más diversas.

Silenciosamente, miles de personas en Panamá se dedican a ayudar a los demás. Según los cálculos oficiales, hay más de cuatrocientas organizaciones comunitarias que tienen como objetivo la acción social.    Esta miríada de fundaciones, asociaciones, clubes y organizaciones de distinto tamaño y tenor que se dedican a ayudar a los que están en problemas, y a la que hay que incluir los aportes que realizan muchas instituciones públicas, tiende cada vez más a crecer, al igual que el número de personas que necesitan ayuda.

Al respecto, la conclusión de una tesis de graduación de una universidad local reveló que dos de cada diez panameños dedican parte de su tiempo al trabajo voluntario, y que otros dos de cada diez que no participan estarían dispuestos a hacerlo en el futuro.   Es decir, sería conveniente conectar entre sí las distintas organizaciones solidarias, prestar un servicio de información permanente y funcionar como nexo entre los que necesitan algo y los que pueden dar una solución. Los miles de voluntarios donarían su tiempo de una manera más efectiva y la ayuda llegaría de una forma más productiva.

Esta realidad es demostrativa de que la solidaridad está intacta y de que solo hace falta ordenarla y restablecer la cadena de credibilidad para que aflore en toda su potencialidad.   Porque, aunque la situación social es dura, con graves carencias y deterioro de las condiciones de vida, la gente parece estar esperando la oportunidad para ayudar a los demás.  Clubes cívicos, organizaciones religiosas, entidades gubernamentales, grupos comunitarios, enclaves escolares, círculos colegiales, y un gran número de instancias sin fines de lucro se unen permanentemente para organizar comedores comunitarios, jornadas de barrios, equipos de apoyo, asociaciones vecinales, guarderías infantiles, dormitorios improvisados, reuniones de autoayuda, tutorías de alfabetización, visitas a hospitales y otras tantas actividades en los ámbitos más diversos que representan testimonios palpables del ejercicio cotidiano de la solidaridad en la comunidad.

Pero este sentimiento humano de solidaridad hacia los que más lo necesitan no puede quedarse en un gesto individual. Para fructificar completamente debe completarse con los recursos institucionales que el Estado está obligado a proveer y que pueden dar sustento en el tiempo a las iniciativas de la sociedad.   Recuerdo mis años como miembro del Club de Leones de Panamá y las múltiples campañas que realizaban en pro de los más necesitados, llámese Bastón Blanco,  Semana del Pañal,  Rifa Millonaria y la tradicional Colonias Infantiles de Verano, las cuales recibían el apoyo multitudinario de toda la población. Existía entonces una especie de sincronización entre los ideales cívicos de ayudar al prójimo con la capacidad ilimitada de muchos ciudadanos de coadyuvar con tales esfuerzos.

No es ningún secreto que a la mayoría de los panameños la mueve el sentirse solidaria con los demás, que siente una enorme emoción cuando ayuda a alguien que carece de recursos económicos, que tiene problemas o que por ignorancia se encuentra desprovisto de los enseres mínimos necesarios para sobrevivir. Esta solidaridad no es un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas; más bien, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común. Es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos sean verdaderamente responsables de todos.

Este principio de solidaridad lleva a muchos de nosotros a sentir un hondo respeto por las personas y a no permanecer indiferente ante las necesidades de los demás. Pareciera que, por mínima que pueda parecer la fe o la religiosidad de los panameños, al final y en la práctica ésta se manifiesta con mayor entonación en obras de caridad y de misericordia, en el interés de los que menos tienen.

Por eso es preciso que sepamos poner en nuestras relaciones cotidianas de familia, amistad, vecindad, trabajo y esparcimiento, el sello de la solidaridad, que no es más que vivir con sencillez, veracidad, fidelidad, mansedumbre, generosidad, alegría y amor.   De hacerlo, tendríamos un buen país y las cosas marcharían indudablemente mucho mejor.

<> Artículo publicado el 5 de octubre  de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos,  lo mismo que a la autora,   todo el crédito que les corresponde.

Gente carente de conciencia

La opinión del Abogado y Periodista…

BELISARIO HERRERA

Mi historia puede ser parecida a la de muchos que no soportan las arremetidas contra la inteligencia. Cuando residí por muchos años en el distrito de San Miguelito tuve que enfrentarme a la corrupción de los llamados Representantes de Corregimiento, que entonces eran cinco, combinados en toda clase de canonjía y donde no duraban los alcaldes, porque sobre cada uno en su turno, los llamados ediles le presentaban mayores exigencias para su beneficio personal, con tales decisiones no deseo dar a entender que dichos alcaldes en su oportunidad no quedaran contaminados o implicados en la corrupción.

Mi caso en San Miguelito dio lugar a que se me ocurriera escribir un cuento titulado ‘La casa embriagada’ en la que pinto la mala conducta de tales funcionarios municipales que aceptaban el soborno para mortificar hasta altas horas de la madrugada con apertura de bodega convertidas en cantinas al aire libre y funcionaban alegremente con el apoyo de agentes de la Guardia Nacional de diferentes rangos.

Naturalmente, todo el elemento de baja calaña allí iba para tomarse sus respectivas frías, digo hasta por cajas y con el radio de batería a alto volumen. Todo ello ocurrió al lado de mi residencia sin que hubiera autoridad que le pusiera coto, claro todos estaban envueltos en la corrupción y hasta no pocos malos vecinos apadrinaban esa mala conducta, conduciéndose en igual forma.

El cuento lo dice: ‘…el camino a seguir fue mudarme a otra barriada donde por largos tiempo unos mozalbetes han hecho de las suyas porque sus padres los han apoyado para que beban al aire libre y escandalicen hasta altas horas de la madrugada…’ Debo decir que debido a que he amenazado con asumir medidas legales, ello, aparentemente, han cesado de un tiempo para acá, pero me hago eco de que residentes en esta misma barriada de Don Bosco, Juan Díaz, no aguantan el abuso en tal sentido, impidiendo a los buenos vecinos que concilien el sueño reparador.

Lo que revelo se multiplica a lo largo y ancho de muchas comunidades en que se repiten similares problemas, me hace pensar en una pésima conciencia de malos elementos de nuestro pueblo y eso constituye ingrediente que gravita para que el país esté tan dividido o sea presa de la corrupción política que se turna el poder.  ¿Hará falta mano de hierro para que cese tanto abuso?

<>Artículo publicado el  11 de septiembre de 2010 en el Diario El Siglo, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Las cometas de Santiago

La opinión del artista y escritor veraguense residente en Florencia, Italia…

ARISTIDES UREÑA RAMOS


Verano de 1964, Santiago de Veraguas.— Se cuenta que pocas veces se había visto un día de veranillo tan resplandeciente, que algunos hombres lloraron de la emoción, que las mujeres trepitaron de tanta ternura y que los niños vieron abusiones de estudiantes normalistas.

—. Ese día parecía de fiestas patronales, por la cantidad de gente que seguía como hipnotizada el cielo repleto de cometas multicolores. El lugar estaba frente al matadero, en el llano, donde actualmente están la piscina y el gimnasio municipal.

Las familias corrían con sillas y taburetes a ocupar puestos a la sombra, en los portales y debajo de los almendros de las casas que rodeaban el llano, las brisas con sus vientitos hacían danzar las cometas, embrujando con sus rabos la multitud de paisanos.

La construcción de las cometas, con carrizos de birulí y papel chino, hacía reunir a las familias en torno a este evento con varios días de anticipación. Fue allí, en las tertulias de los adultos, que escuché este comentario: ‘… la cometa que vuele más alto es la que llevará el mensaje con un deseo directo a Papa Dios…’, ‘hay que escribirlo en un papelito que subirá a través de un hilo y este llegará al Señor… ese deseo se cumplirá…’. Siendo muy pequeño la cosa me golpeó, llenándome de curiosidad… ‘hacer una cometa que llevaría mis deseos a Papa Dios’.

Esa noche mi hermano y yo no pudimos dormir intercambiando ideas sobre nuestros mejores deseos, además había puesto un ‘rum rum’(1) a la cometa, para que Dios la reconociera entre todas.

Fue así que nos encontramos en el centro del llano volando nuestra cometa, junto a las miles de cometas de las demás familias santiagueñas.

Nuestra cometa volaba muy alto y subía, subía… compitiendo con las demás, pero en cierto momento se acabó el hilo, no había más… y mi hermana me dio la orden de ir a comprar una bobina de hilo a la tiendita de Julito Sierra. Inmediatamente me encontré corriendo a comprar el carrete de hilo, pasando por el ‘chichemito’, para cortar distancia, llegando a la placita y a la tienda de don Julito… dicho y hecho, apenas estuve en posesión del hilo, me di a la fuga de regreso…, pero noté que comenzaba a chispear y a oscurecerse el tiempo, se acercaba un vendaval, pero seguí corriendo con todas mis fuerzas. Cuando llegué al centro del llano la gente corría a buscar refugio, retirando sus cometas, porque lo que caía del cielo era un palo de agua…, pero mi preocupación era que estaba casi llegando a mi meta… y no hice caso a los gritos de mis hermanas mayores, agarré mi cometa y me puse a amarrar el hilo, la gente comenzó a gritarme por el peligro de los rayos, pues el aguacero venía con relámpagos…

La lluvia me había bañado por completo y todo se veía gris por la violencia del aguacero… de pronto… alguien me agarró por los hombros y al voltearme vi que era un estudiante de la Normal, que con voz fuerte me invitaba a dejarle el control de la situación y a ponerme en zona segura… y así hice, sin dejar de mirar al normalista que, amarrando mi hilo, se encargaba de desbobinar el carrete de mi cometa, que subía cada vez más alto.

Apenas llegué bajo el palo de almendro, donde estaba mi familia, mis hermanos menores gritaban de alegría, saltando y señalando al héroe normalista…, pero los demás no lograban verlo, pese a nuestro gran alboroto…

Y de repente… salió el Sol entre las nubes, era ‘agua con sol’, iluminó el llano, y con la lluvia comenzaron a caer sardinas del cielo… y la gente corría como loca a recogerlas, olvidándose de nosotros y de las cometas… y el Sol regresó, iluminando la tardecita del llano, hasta el ocaso. La multitud no abandonó hasta bien entrada la noche, entre risas y comentarios, el llano del matadero… Mi mensaje había llegado a su destino.

Mis deseos viajan, junto a los de la gente de mi pueblo, aquellos que todavía soñamos con hacer una cometa… ¿qué digo?.. un PANDERO, con seis ‘rum runes’ a los costados, que le toquen una serenata a Papa Dios allá en los cielos, para recordarle que en Santiago todavía existe gente humilde, y para que nos mande otra lluvia de sardinas. Porque si no lo hace Él, la vaina acá está muy dura.

(1) rum rum: hojitas de papel que se pegan a un hilo de las cometas y produce ‘rumores’ (ruidos). la cometa generalmente está compuesta por tres palos que se atraviesan entre ellos, amarrados en el centro. para la cometa, una parte, aquella central, se alza de nivel y queda como un arco… dentro de este arco hay un hilo de birulí a birulí… en ese hilo se extiende y se pega un pedacito de papel… que con la fuerza del viento produce un sonido fuerte y repetitivo… trrrrruuuuuuuuu ruuuuuuuummmmm rummmmmmmm… truuuuuuu rummmmmm rummmmm… en santiago, en mi época, les llamábamos rum rum… una cometa sin rum rum no es una buena cometa.

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Artículo de opinión publicado el 4 de septiembre de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.