Entre carisma y liderazgo

 

La opinión de la Psicóloga Especialista de la Conducta Humana…

GERALDINE  EMILIANI
geraldinemiliani@gmail.com

Cabría preguntarse, ¿si los partidos políticos y las ideologías son los que movilizan a la gente? o, ¿el carisma es la clave?    En su conferencia sobre ‘Liderazgo y Resultados’, John Sadowsky, profesor de Liderazgo en la Grenoble Graduate School of Business, comienza analizando el porqué Barack Obama se convirtió rápidamente en un líder, mientras que George Bush nunca llegó a serlo y, qué tienen en común Nelson Mandela, Martin Luther King, Mahatma Gandhi y Winston Churchill, llegando a la conclusión de que no hay patrones ni esquemas que puedan explicar sus éxitos, pero lo que sí tienen en común, es que fueron grandes narradores. Aprendieron a conocerse a sí mismos y a usar sus historias de identidad para incluir a la gente en sus sueños y contagiarles sus pasiones y quimeras.

Dice Sadowsky que, mientras Bush contaba una historia de poder para sí mismo, Obama supo inspirar al electorado con su historia personal y, que Gandhi no nació con el don del liderazgo, sino que se transformó en un maestro cuando decidió aprender de su propia experiencia y seguir los dictados de su corazón. Winston Churchill tampoco era un orador nato. El análisis minucioso de sus mensajes, el afán de simplificar las ideas para llegar al gran público y la práctica tenaz, fueron los ingredientes que lo convirtieron en el mejor orador del siglo XX.

Agrega Sadowsky, que el carisma no conduce al liderazgo. Por el contrario, es la ‘pasión por liderar’ la que lleva al carisma. Mi hipótesis central es que el carisma tiene cierto grado de racionalidad y que puede ser explicado a través de cada cultura y de cada uno de los seguidores de un líder.   La gran revolución del carisma tuvo lugar durante los años sesenta debido al uso de la televisión. Ésta ha transformado la morfología del carisma y la imagen pública de los políticos. A pesar de que no podamos concebir las relaciones sociales sin su presencia, el carisma puede convertirse en un peligro al servicio de demagogos e ideologías como el fascismo. Así, un exceso de fascinación por el carisma puede ir en contra de la cultura política y del espíritu crítico de las democracias.   No obstante, para un hacedor de imagen este elemento es un atributo necesario para todo tipo de líderes políticos democráticos, sin el cual los políticos no pueden triunfar electoralmente.    Solo que la compra de conciencia de los electores y las mentiras en las promesas de campaña sean las reglas a seguir.

Carisma es una palabra de origen religioso, y se refiere a un don que Dios les ha dado a ciertas personas para atraer o fascinar a otras.     En psicología, reconocemos a una persona carismática cuando tiene la habilidad de motivar o de entusiasmar a quienes les rodean. Son personas admiradas y queridas por sus seguidores o por el contrario, odiadas por sus adversarios.

No obstante, poseer este don no significa por ello ser ‘buena persona’, porque muchos dictadores y déspotas crueles y sanguinarios a través de la historia han sido carismáticos.

Muchos autores plantean que se nace con este don. Otros tantos, defienden la tesis de que el carisma se aprende como toda habilidad y que otros tienen que construirlo con esfuerzo. Pienso que el ser humano como ente bio—psico—social requiere de un componente genético, de la predisposición mental y psicológica y de un aprendizaje social para desarrollar la condición carismática, así como el liderazgo. Es bueno destacar que no todos los líderes son carismáticos, ni todos los carismáticos son líderes.

Para personas consagradas a una causa, el carisma es una fuerza interna que se posee y que se desarrolla por el interés, la constancia, el esfuerzo y el ejemplo hacia los demás. Para estas personas no importa si se es pequeño de estatura, poco atractivo o agraciado, artista, magnate o presentador de televisión, qué ropas se lleven o si se expresan con el silencio, mientras hacen su obra sin grandes discursos, como la Madre Teresa de Calcuta o Mahatma Ghandi.

El político que posee liderazgo y carisma convence con sus puntos de vista y tomando en consideración la opinión de todos. No impone criterios, los discute, enseña, y guía. Su autoridad no depende de una cara bonita, ni del dinero que tenga, ni del cargo o posición de jefatura, sino de su autoridad moral y del respeto que siente hacia su propia persona. Entiende y está consciente de que se puede equivocar, que la verdad absoluta no existe y que es vital reconocer la opinión de todos.   Acepta la decisión de la mayoría y lucha por mantener los grados de libertad del pueblo que dirige. Lo contrario conduce a la barbarie, al despotismo y a la tiranía.

 

Este artículo se publicó el 9 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

Un nuevo año de esperanzas deportivas

La opinión de…

 

Allan Baitel Martínez

La vida nos enseña que después del huracán viene la calma y que el agua siempre encuentra su nivel. Esto ha pasado con el deporte panameño, donde después de turbulentos choques de opiniones e intereses en las elecciones de varias federaciones los resultados tienen un común denominador, el triunfo de la democracia.

En esas contiendas electorales deportivas la voluntad de las mayorías se manifestó contra el continuismo, y contra de figuras desgastadas por acciones relacionadas con la falta de ética, por no decir más. Señores, y la ética es algo importante, trata de la moral y las obligaciones del hombre. Nadie puede ser un ejemplo si no es ético, y las figuras públicas deben ser ejemplos a seguir.

La sociedad ha acogido positivamente a los nuevos dirigentes en las diferentes disciplinas deportivas que integrarán el nuevo Comité Olímpico Panameño.

Todas esas acciones son un buen augurio para el deporte en el nuevo año del 2011. Todavía falta mucho por hacer. Falta aún que dirigentes conflictivos den un paso al costado para que el deporte panameño se unifique de una vez por todas y poder ser un ejemplo para todos.

Los deportes son un derecho de los pueblos, mueven las masas, enaltecen y regalan héroes a sus países y escriben sus nombres con letras de oro en la historia. Nuestra sociedad reclama la institucionalidad en el deporte, para que este se desarrolle y de una vez por todas sea un ejemplo para todos.

El deporte es la rueda que impulsa a un país, facilitando la gestión de los gobiernos, beneficiando a las provincias y mandando un gran mensaje a la comunidad internacional de que Panamá, cuenta con excelentes dirigentes y un gran pueblo del que salen gloriosos deportistas.

Panamá está en el centro del continente, y está realizando obras tan grandes como la ampliación de su Canal, se convierte en un destino turístico, un centro de conexiones aéreas, en un centro bancario y puede y debe convertirse en un centro de eventos deportivos de talla mundial. Esto solo lo lograremos con dirigentes generosos, honrados e intachables que nos darán una unión intocable.

¡Feliz año nuevo! ¡Feliz año deportivo! Estoy seguro de que falta poco para lograr la meta de un Comité Olímpico panameño unificado y fortalecido por federaciones y asociaciones deportivas honestas, con miembros que tengan como meta común el bien del deportistas y no sus ansias de poder y posturas egocéntricas. Estos dirigentes han recibido reveses notables. Un dirigente deportivo tiene que tener como norte servir, sin intereses personales. Juntos lo lograremos.

 

<>
Este artículo se publicó el 14  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El cambio a la República asiática

La opinión del Estudiante de Arquitectura…


CARLOS A. SOLÍS TEJADA
c.a.solis-tejada@lse.ac.uk

Hace un año y 5 meses el pueblo panameño se dejó seducir por una promesa de cambio. No éramos los únicos, siendo el caso más emblemático el de Barack Obama. En un mundo hastiado de la política de siempre, cambio era una palabra seductora y esperanzadora pero a la vez ambigua. Y tras esa ambigüedad se esconden las más secretas intenciones de quienes buscaron nuestro voto. Es así como en Mayo de 2009, Cambio Democrático, el partido fundado, dirigido y financiado por Ricardo Martinelli, parecía haber cumplido su cometido: unir el poder económico y el poder político en una sola mano y por consiguiente todo parecía indicar que CD tenía fecha de expiración en 2014.

 

Pero como todo en la vida, no todo es lo que aparenta ser y otra realidad se comenzaría a revelar en el CD: un plan al parecer con grandes objetivos políticos concretos y claros: constituir un régimen unipartidista como el de China y Singapur (o Japón, Corea y Taiwán durante sus primeras etapas de desarrollo) donde los tres poderes del estado y la prensa están perfectamente cuadrados con el pensamiento y los objetivos del partido único o dominante. Aparentemente a las mentes maestras de CD les incomoda las repúblicas democráticas por complicadas, y en el peor de los casos, por ineficientes. Está claro entonces que no vinieron a cogobernar (entiéndase consultar) con nadie y para lograr su hegemonía no dan muestra alguna de escrúpulos.

 

Para nadie es un misterio como ha sido el camino hacia el control absoluto y vale la pena repasarlo. Primero han subvertido el sistema partidista imperante encabezando un partido chico la nómina presidencial en lugar de sus aliados más numerosos los Panameñistas aprovechando las debilidades heredadas del ‘mireyismo’ pero aprovechando su maquinaria electoral. Seguido le infligen una derrota desastrosa al partido más grande, el PRD, aprovechando unas primarias sospechosas por su carácter altamente divisivo y cuyas secuelas aún no termina de superar el PRD. Luego pasaron a profundizar las crisis internas de estos dos partidos con el fin de debilitarlos al punto que no representen una amenaza.

 

Paralelamente Cambio Democrático se embarca en un proceso expansionista anexando a los partidos más chicos de la alianza de gobierno y cooptando a políticos de oposición y del Panameñismo para dominar numéricamente la Asamblea Nacional y los gobiernos locales lo cual ya garantizaría junto con el dominio del poder judicial, un control total sobre el estado panameño que garantice la reelección y otras medidas que permitan una mayor duración del nuevo régimen por establecerse. La batalla por el control de los medios está aún por dirimirse pero es crucial para el nuevo régimen.

 

Es de sospechar que las mentes maestras de CD han visto en el modelo político asiático una vía expedita hacia el desarrollo económico sin embargo hace falta otros elementos que fueron clave para el éxito de los tigres asiáticos, elementos que si bien no necesitan de un estado autoritario si necesitan de un estado fuerte que los respalde.

 

El primer elemento es la implementación de una tecnocracia meritocratica tanto en el Servicio Civil como en el partido dominante cuya formación académica y profesional les permita guiar e informar las políticas públicas sabiendo combinar sabiamente la planificación con el libre mercado. CD por el contrario ha visto en la Carrera Administrativa un obstáculo en vez de un paso necesario para el establecimiento del Servicio Civil al no permitirle la CA hacer del estado un botín político y como la mayoría de los partidos políticos, quizás salvo el Partido Popular, no se preocupa por la formación política y académica de sus cuadros. El segundo elemento es el educativo.

 

Para proveer tanto al Servicio Civil, la empresa privada y a los partidos de personas con un alto nivel educativo y profesional que impulsen el desarrollo es deber del estado reformar profundamente el sistema escolar, al sistema universitario y el sistema de becas y créditos del IFARHU para garantizar la formación óptima del recurso humano que provea tanto al Servicio Civil como a la empresa privada de personas con un alto nivel educativo y profesional que impulsen el desarrollo. El Tercer elemento es el establecimiento de unas alianzas entre las elites empresariales y las elites políticas en comunión de objetivos en pos del desarrollo, algo que el actual gobierno tiene potencial en lograr.

 

Sin embargo el establecimiento de un estado autocrático no es prerrequisito para implementar estas medidas conducentes al desarrollo basta con lograr un compromiso a largo plazo entre nuestros políticos, empresarios y sindicalistas y demás grupos sociales que permitan al país seguir creciendo de manera sostenida y equitativa con medidas que permitan el acceso universal a la economía formal y al crédito, la movilidad social a través de la meritocracia y una vez logrados estos objetivos establecer una red de protección social, que le permita al panameño mayor independencia de las redes sociales y familiares tradicionales (con el consiguiente efecto de reducir el nepotismo, el favoritismo y el tráfico de influencias tan arraigadas en nuestra cultura) y de esta forma permitirle asumir como individuo mayores riesgos para emprender proyectos más grandes como nuevas empresas y estudios superiores ayudando finalmente a reducir la pobreza, aumentar nuestro acervo cultural y fomentar avance tecnológico, nobles objetivo que debería ser el norte de cualquier gobierno que decidamos elegir.

 

Sin lugar a dudas un liderazgo fuerte y ejemplar es necesario pero un régimen unipartidista es de por sí un exabrupto en nuestro contexto latinoamericano y por tanto como panameños no debemos permitir que se nos imponga esta clase de régimen en una sociedad cuyos valores están cimentados en la tolerancia y la negociacion.

 

<> Este artículo se publicó el 7  de enero de 2011  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Culpar a la naturaleza por las consecuencias de las lluvias es fácil

Bitácora del presidente  – La opinión del Abogado,  Empresario y actual presidente de los diarios La Estrella de Panamá y el Diario el Siglo…

EBRAHIM ASVAT
easvat@elsiglo.com

Cuando ocurren desastres naturales en un país como el nuestro propicio para inundaciones, crecidas de ríos, lluvias, vientos huracanados, epidemias, infecciones tropicales, etc., etc. tenemos la costumbre de culpar a las condiciones meteorológicas, al cambio climático, la deforestación, las condiciones geográficas donde habitan los ciudadanos, las fallas sísmicas.

 

Casi nadie advierte que esas condiciones son propias de un país como el nuestro en las coordenadas geográficas en que se encuentran, con la hidrografía existente y topografía.

 

La vida humana en nuestro país se desarrollan dentro de estas condiciones atmosféricas, topográficas, hidrográficas y súmele todo lo que termina en ‘ficas’ y que representan un área de conocimiento de la naturaleza. Si las lluvias que han caído sobre el país fueran en Libia, Mauritania o la Arabia Saudita habría razón para culpar a factores exógenos fuera de nuestro control o dentro de cualquier crisis predecible.

 

Las lluvias sin embargo no caen en esos países sino en Panamá, un país tropical. Lo que nos corresponde son dos cosas: primero, nuestra infraestructura debe ser cónsona con el país donde vivimos y es inaceptable que una carretera quede inhabilitada por un desplome de la magnitud de la acaecida en el Centenario; esto no es producto de fuerzas impredecibles, la infraestructura vial no fue construida atendiendo el entorno natural donde vivimos.   Segundo nuestra capacidad de reacción frente a desastres, propios de nuestro entorno, es deficiente.

 

También existen dos razones por la cual no mejoramos: La corrupción en los proyectos o obras públicas trae como resultado obras deficientes, esto es problema que nadie quiere confrontar.

 

Nuestra capacidad de organizarnos para atender desastres naturales es deficiente, queremos idiotas liderando crisis porque pertenecen a un partido político o hay que abrirle un espacio en el gobierno.

 

Los desastres naturales se atienden por personas con capacidad y talento, que puedan liderar en circunstancias adversas y mucha organización. En este tema falta de todo. Tenemos los recursos pero sin liderazgo y organización es poco lo que se puede hacer.

 

Y sobre el desplome de nuestra infraestructura vial es un efecto de la corrupción política. La ingeniería y la ciencia saben resolver estos temas. Si ocurren es por negligencia, error humano o porque a nadie le importa.

 

Pagamos a cada rato las consecuencias de nuestra propia ineptitud, ignorancia o viveza. Es cómodo acusar a la naturaleza que siempre ha sido como es en los último quinientos años de existencia que tiene este país crisol de razas.

*

<> Artículo publicado el 17 de diciembre  de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Divide y vencerás

La opinión de…

 

Moisés Pinzón Martínez

Todavía no hemos podido percatarnos de que las críticas que se hacen al ex presidente Martín Torrijos van dirigidas a cavar nuestra tumba en 2014.   ¿Y por qué?

El adversario no es tonto, es, por el contrario, muy capaz y experimentado. ¿O se nos olvidó que hace tan sólo 20 años fuimos invadidos, no para resolver nuestros problemas estructurales sino para resolver los de ellos?

Datos: luego de la pérdida electoral el año pasado, a escasos días se levantaron maestros, sirios y troyanos a criticar al gobierno saliente. ¿A quién le podría servir y con qué fin alguien invertía esfuerzos para desprestigiar a Martín Torrijos, que ya no podía hacer nada más?    Y no me vengan a decir que esas manifestaciones eran el producto de las masas disgustadas, ya que no hay que tener ni dos dedos de frente para saber que ya él era un tongo bota’o, y dicho por el difunto Arnulfo Arias: “Tongo bota’o no pone boletas”, fenómeno que no hay nadie en este país que no lo sepa.

Definitivamente que esas manifestaciones estaban siendo incentivadas por los nuevos gobernantes, cuyo objetivo era el que ya hoy todos conocemos: desestabilizar y llevar al Partido Revolucionario Democrático a su mínima expresión. Y entendía que el mencionado dirigente mantenía un liderazgo y un prestigio que ayudaba a impedir dicha tarea;  ni qué decir del 60% de popularidad con que termina su periodo que, por cierto, no es más que el producto de su gestión como buen estadista que por mucho que se ufanen tratando de negarlo “no se puede tapar el sol con la mano”.

Hoy se hace más patente esa realidad, pero por otros motivos.   No tiene nada que ver con su supuesto liderazgo ni popularidad, más sí con una razón sencilla: insisten en querer demostrar que el gobierno del PRD (léalo bien PRD) fue lo que la propaganda (ya cada vez más desgastada) del actual inquilino del Palacio de las Garzas ha venido promulgando una y otra vez desde aquellos aciagos días de campaña.   Y esa realidad hoy es cada vez más importante, ya que no solo este Gobierno está en un atolladero, sino que además no han podido hacer otra cosa que inaugurar las obras que dejamos en ejecución, sumiendo al país en una crisis de institucionalidad.

Pasar a desprestigiar, por incapaz o por sus errores, al ex presidente de la República Martín Torrijos es lo mismo que patentar en la opinión pública que el gobierno del PRD no sirvió; debilitando así, subliminalmente, toda posibilidad de triunfo en 2014.   ¿Será que hay que explicar esto?

De la misma manera en que él, Martín, tanto como el “Toro”, por el alto cargo que ocuparon, inevitablemente manejan determinados niveles de liderazgos. Como consecuencia, todo aquel que levanta la bandera de la intriga, menoscabando la personalidad y los resultados positivos de estos dirigentes, públicamente está inconsciente o conscientemente atentando contra la unidad del partido; camino obligadamente necesario para el posible triunfo electoral venidero.

Señores y señoras, copartidarios, yo no creo en la casualidad ni mucho menos en la inconsciencia política entre altos dirigentes, lo que me lleva a asegurar que cada uno de estos leguleyos sabe exactamente a quién le están haciendo el favor, saben exactamente cómo cobrarlo y no duden que ninguno de nosotros estamos incluidos en el reparto de esos sucios beneficios. La traición no es colectiva siempre es un acto personal; si fuese colectiva dejaría de ser traición.

 

*

<> Este artículo se publicó el 20  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/pinzon-martinez-moises/

Se busca un líder

La opinión del Ingeniero y Analista Político….

 

MARIO  A.  ROGNONI *
marognoni@cwpanama.net

Históricamente nuestro país siempre ha mantenido un claro concepto de quiénes son sus líderes.   Liderazgo incuestionable en mi recuerdo un general Remón, un Nino Chiari, un David Samudio, o bien el doctor Arnulfo Arias Madrid, un Omar Torrijos. En la nueva era democrática vimos liderazgos incuestionables de un Pérez Balladares, una Mireya Moscoso, un Martín Torrijos. Hoy, sin embargo, el país sufre de falta de líder.   Partidos de gobierno y partidos en oposición buscan afanosamente un líder, ese capaz de unir a sus fuerzas y proyectarse enmarcado en su capacidad, honestidad y liderazgo.

Nuestros nuevos políticos pretenden lograr el liderazgo en función de inversión publicitaria y recursos económicos, no tener seguidores por su ‘proyecto—país’, sino vilmente comprar conciencias. El nuevo método parece cómodo a aspirantes a diputados, alcaldes y presidente, quedando los representantes de corregimiento como el único bastión para un líder natural, recogiendo todavía el poder popular. Lo grave del cambio ocurrido es que el desarrollo natural de nuevos líderes se ha visto afectado. Hoy no basta tener un buen discurso y ser buen orador, ahora necesitas un manejo de imagen, presencia en medios, contratar un equipo profesional que complete tu esfuerzo.

Todo eso, evidentemente, enmarcado en gastos e inversión de fuerte sumas de dinero. Pero lo peor de lo que nos está ocurriendo es que el sistema, basado en leyes acomodadas siempre por los partidos gobernantes, está diseñado para reducir las posibilidades de una verdadera democracia. Hoy no elegimos los mejores, elegimos los más ricos. Peor aun, no corren los mejores, corren los más ricos.

Desde un sistema de primarias, donde priva la publicidad, compra de votos y subsidios a electores; hasta una elección de diputados en circuitos plurinominales, donde salen, gracias a la popularidad de unos, otros que jamás serían electos individualmente. Si realmente quisieran nuestros políticos propiciar liderazgo real, primero hay que cambiar las reglas de juego de las primarias. Yo personalmente, creo en una primaria donde los aspirantes no puedan hacer publicidad ni en televisión, radio ni prensa, de forma que los miembros del partido elijan al candidato que ellos conocen, no el que le vendan. Si en los 60 días de la primaria los aspirantes tienen que visitar a pedir el voto sin apoyo mediático, solo lograrían ser candidatos los verdaderos militantes de los partidos, reconocidos y con trayectoria conocida a los miembros. Por otro lado, los diputados deben salir de un sistema electoral que dé un voto por persona. Es decir, aun en los plurinominales, se votaría por un solo aspirante, los más votados serían los electos. Las minorías tendrían mejor representación en la Asamblea y los diputados tendrían una verdadera representación de su electorado.

Quizás la tragedia de la falta de líderes tenga otras raíces, como, por ejemplo, el haber perdido el país una causa que nos una o que proyecte la necesidad. Causas como el nacionalismo, la lucha por la soberanía, la presencia militar extranjera en nuestro suelo, quedaron atrás y resueltas. Hoy haría falta unirnos contra la pobreza, unirnos contra la corrupción, luchar por la mejor distribución de la riqueza, pero son causas que solo con un verdadero líder se pueden proyectar. La nuevas generaciones se desgastan en ambiciones materiales y un desenfreno sexual explotado por medios y comerciantes.

Hoy lo importante no es cuánto sabes, sino cuánto tienes. No cuenta la inteligencia, la habilidad o capacidad, cuenta la riqueza. Y mientras alimentamos las ambiciones de los jóvenes en el consumismo y la tenencia material, lo bombardeamos en televisión, radio y prensa escrita con anuncios sexuales, novelas con antivalores y malos ejemplos de triunfo y éxito.

Liderar una campaña de adecentamiento no es fácil, nuestros aspirantes a líderes prefieren concentrar su esfuerzo denigrando y atacando a sus adversarios y exponiendo su conocimiento de la actualidad nacional. Pero, ¿qué proyecto país tienen? ¿Qué causa pretenden impulsar? Hoy por hoy, el electorado pareciera reducido a escoger o bien el que más conoce o al que crea con más capacidad para gobernar, pero salvo una posible candidatura de los obreros, los demás, gobierno y oposición, parecen promover al candidato y no un programa o proyecto. Quizás, en los próximos años, surja otro gran líder, pero por ahora, seguiremos viviendo con el recuerdo de los últimos que el país conoció.

 

 

*

<> Este artículo se publicó el 16 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del   autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/rognoni-mario-a/

El jefe presidente

La opinión de…

*

Roberto Arosemena Jaén

Ocurrencias, improvisaciones, rectificaciones.  Un cambio sin rumbo. Una meta fija:  Gobernar, mantenerse en el poder y proyectarse a seguir gobernando. Esta meta será efectiva bajo el supuesto de que el cambio está entreteniendo a la mayoría, asegurándole el trabajo y creando expectativas a futuro. De allí la propaganda grosera de que “too va bien”.

El diario vivir es una realidad que descubre el engaño y lo reduce a mentiras. Los uniformados del cambio no tuvieron dificultad en sacar la única Ley 30, o las seis leyes de la fraccionada maldita ley, del sombrero de la Asamblea Nacional.   Esa manera mágica de desprestigiar a la Asamblea ha reducido y borrado toda la ilusión del partido panameñista de adecentarla con la falsedad de las reformas éticas y morales.    Diputados siervos son incapaces de restablecer la credibilidad de un organismo incapacitado.

La promesa central del cambio, cuya implementación había diseñado el gobierno de Martín Torrijos, con el Transmóvil, llegará con el trineo de Santa a fin de año.    Utilizar el dolor de 18 víctimas del transporte público para quitarle el mantón de luto a una unidad del Metro Bus es un signo de irrespeto a los familiares de los usuarios del bus “trampa de muerte” por complacencia de las autoridades de seguridad.   Se podría decir que la Presidencia carece de pudor público.

El arreglo de Changuinola entre el Gobierno y la comunidad en rebeldía ha desconocido el problema indígena de las autoridades ngäbe buglés, que se expresó en medio de la represión gubernamental. La respuesta fue movilizar al Tribunal Electoral, al Ministerio de Gobierno y Justicia el pasado 24 para elegir una multitud de representantes ngäbe en contra de la voluntad generalizada.    El principio antiguo y perverso de sometimiento “divide y vencerás” se aplicó en las montañas coloradas del oeste panameño.   “Si lo hizo el PRD por qué no lo puede hacer el Cambio”, es la justicia maquiavélica del cambio.

La población no ha terminado de entender a Martinelli Berrocal y ya los medios nos asustan con los próximos presidenciables.    El contraste es impresionante.   El liderazgo del jefe desborda a los potenciales presidentes. Además, la campaña publicitaria de que las cosas van bien es inconteniblemente engañosa.    El partido del jefe se engorda con sus leales opositores y a lo mejor los partidos de la alianza desaparecen en el unipartidismo de las venideras elecciones.     Como si esto fuese poco, el jefe decide eliminar los millones de subsidio electoral.   El argumento es válido: el que “pone la plata es el dueño del baile”. Pocos dirán que la astucia del jefe es debilitar financieramente al partido para mantener su condición de principal contribuyente. De paso consigue el dinero para los pensionados.

Se sabe que la imagen del gobierno es nula y que la única imagen aceptable es la del jefe. Se puede aventurar que el jefe no es tan poderoso como lo afirman sus asesores y lo creen sus incondicionales, ni tan errática como lo querían sus adversarios. Lo significativo del momento político actual es que el gobierno superó su primera crisis de gobernabilidad. Como activo ciudadano queda la sacudida que se le dio al jefe de Policía, al ministro de Seguridad y a la ministra de Trabajo. Las instituciones se debilitaron, el Presidente se fortaleció a nivel personal pero al mismo tiempo quedó como el blanco único de la crítica futura.

La sociedad empieza a discurrir sobre la incertidumbre de un gobierno que pende o está colgado de la imagen volátil de un líder de apenas un año de ejercicio de poder público y con insuficiente experiencia pública.   La vulnerabilidad del cambio se ha hecho más irreversible dado el desprestigio de la Corte Suprema de Justicia y la Asamblea Nacional que actuaron como convidados de piedra ante la crisis de la Ley 30.

*
<> Este artículo se publicó el 26  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/arosemena-jaen-roberto/