El 3 de noviembre de 1903… una conjunción de factores

La opinión del educador…

Ricardo Cochran Martínez

El historiador español Josep Fontana afirma que la historia es la “memoria pública” de una sociedad; repasemos nuestra memoria. Obviamente, mucho se ha hablado en torno a las causas y consecuencias de aquel 3 de noviembre y se ha insistido, por una parte, en que fue una escandalosa intervención estadounidense y, por otra, que fue un golpe financiero el que creó la nación panameña, esta es la tesis de la “leyenda negra”.

La perplejidad de algunos compatriotas estriba en el hecho de que en la separación, Estados Unidos (EU) jugó un rol, y se les olvida considerar el zeigest, el espíritu de la época. Para entonces, EU había estado a un tris de ir a la guerra contra los británicos, por una disputa de límites con Alaska, y por su intervención en Venezuela, pues los ingleses querían tomarse el río Orinoco.

En Europa, Alemania era la potencia ascendente; tenía, desde 1900, una flota y colonias, tanto en África como en Asia. Hay que recordar que ya EU y Alemania había chocado en Hawái y otras islas del Pacífico sur que eran estratégicas para tener bases de aprovisionamiento.

En el Oriente, Japón era la potencia indiscutible, con colonias y protectorados de los que obtenía petróleo y otros recursos.

Todas las potencias de la época sabían que para ganar un imperio debían hacer caso a lo que el almirante estadounidense Alfred Mahan planteó en su obra La Influencia del poder naval en la historia, “sin fuerza naval no puedes ganar una batalla”.

La guerra hispano-estadounidense, de 1899, reveló que una flota en el Atlántico no podía estar en el Pacífico con rapidez, tenía que dirigirse hacia Sudáfrica o hasta el estrecho de Magallanes. Los gringos no olvidarían esta lección.

Cuando los franceses intentaron construir el canal, lo hicieron bajo una idea comercial, estrictamente; una vieja añoranza que se remontaba al año 1456, cuando, al caer Constantinopla, los otomanos dominaron por siglos todo el Mediterráneo oriental. Al lograr el Canal de Suez, el dominio europeo sobre el mare nostrum se hizo real.

Pero con el Canal de Panamá, no fue así, de ahí que el financiamiento estuvo en manos de particulares y del pueblo francés.

En agosto de 1903, Colombia se dio el lujo, la exquisitez, de rechazar el tratado Herrán-Hay. Fue su último error, porque la misma Colombia introdujo a los estadounidenses a nuestra política como socio en 1856. Entonces, ni los patriotas istmeños ni Colombia pudieron ver el giro de la rueda del destino que se abalanzaba, por la batalla por las rutas de dominio estratégico entre las potencias del nuevo siglo; y en esa conjunción de factores: imperialismo, revolución industrial y tecnología, preámbulo a la gran guerra de 1914. Se presentó la opción de construir la herramienta artificial estratégica más innovadora de la historia humana.

Ni los griegos ni los persas ni los romanos ni España e Inglaterra, en la era moderna, ni Francia en la era contemporánea habían logrado de forma contundente el dominio de una “ruta artificial”, capaz de colocar una flota y una armada en cualquier punto de la tierra a través de un canal. No fue ninguna estampillita, no fue ninguna creación de Wall Street, como se menciona, y tampoco fue traición de los istmeños, que no tenían nada con qué intimidar a Colombia. Fue la necesidad estratégica de una potencia militar económica emergente en el siglo XX y XXI, la que operó en nuestra historia y en la historia mundial.

El Canal de Panamá transformó la hegemonía estadounidense en el planeta. Sin este, Estados Unidos no sería la potencia militar que hoy día es.

No se le debe olvidar a ningún panameño que el Canal “no” es tan solo un negocio ni fue creado para un “bazar persa”. El Canal es y será, ad eternum, la herramienta geoestratégica más formidable de toda la historia humana. Si no lo creen revisen el tratado de neutralidad, el que nos coloca “bajo el paraguas del Pentágono”, no de Wall Street.

De ahí que naciera nuestro 3 de noviembre de 1903. Ese día, los intereses mundiales apuntaban hacia esta patria, tendida sobre un istmo; y eso sí, para nosotros los hijos de esta tierra, afortunados como el Benjamín de América Latina, fue un día grandioso… ¡alcanzamos por fin la victoria! y entramos en el concierto de las repúblicas del mundo, bajo el nombre de Panamá.

¡Gloria a nuestra nación!

 

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Este artículo se publicó el 3 de noviembre de 2016  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Panamá, un nación con una historia hermosa

Bitácora del Ex- Presidente del 26 de enero de 2011.

La opinión del Abogado, Empresario,  Docente Universitario y Ex Director de la Policía Nacional…

 

EBRAHIM  ASVAT

Panamá como nación tiene una hermosa historia y es  una lástima que sean pocos los panameños que la conozcan.  Estoy casi seguro que el desconocimiento de su historia es lo que distancia al panameño de su responsabilidad cívica.

Todos estamos obligados a dejar un mejor Panamá del que encontramos.  Nuestros actos, nuestros sacrificios,  nuestro trabajo,  nuestros triunfos a diferentes niveles deben marcar en última instancia un factor de mejoramiento de toda esa organización y conglomerado que constituye lo que denominamos Panamá.

Desde el nacimiento de un hijo,  la instrucción escolar,  el puesto de trabajo, la actividad profesional o empresarial,  la adquisición de una casa para construir un hogar, la vida comunitaria, la vida pública , la solidaridad humana.  Todos estos pequeños eventos son relevantes y marcan hitos, cada uno en su dimensión en la vida de un país.

Cuando se fundó la República de Panamá en el año 1903 y luego de dar sus primeros pasos, el analfabetismo alcanzaba al 85% de la población.    A alguien se le ocurrió la idea de que lo que le correspondía al país era lograr que cada uno de sus habitantes aprendiera a leer y escribir.  De esa idea central, se trajeron maestros y profesores extranjeros,  se crearon los primeros centros de formación e instrucción de enseñanza primaria y secundaria.   Se invirtió en escuelas a lo largo y ancho del territorio nacional.   Nuestras maestras y profesores se movilizaron y dedicaron sus vidas a llevar escolaridad.  ¡ Cuanta inversión a largo plazo!  Esos maestros y profesores invirtieron (y siguen invirtiendo) sus vidas por otros a salarios bajos porque su mística y empeño no se mide  en dinero sino en otro tipo de satisfacción psicológica que  no tiene precio y genera admiración, respeto y estima.    Cuantos  conocemos la experiencia de maestros y profesores que tienen historias que contar de los alumnos que pasaron por su clases.  Historias  de sacrificios, empeño, desvelos, alegrías, triunfos y tristezas.

Hoy el analfabetismo está casi por desaparecer y cada vez más, los menores de 12 años entran en un centro de instrucción escolar.  ¿ Que calidad de panameños son estos que dedican sus vidas a un propósito nacional con poca remuneración y reconocimiento público?

Nadie que ha vivido y crecido en este país puede desconocer la influencia de maestros y profesores que les ha marcado sus vidas.  Lo hicieron por otros.  No les importó quienes eran.  Lo hacían sin tenerlo en mente, por un país, por eso que llamamos Panamá y que lo llevan muy adentro.

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Artículo publicado el 25 de enero de 2010 a las 21:00   en su muro en Facebook  por el autor  a quien damos todo el crédito que le corresponde.

¡Felicitaciones! Dr. Eduardo Flores

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La opinión del estudiante universitario…

César Valdés Paredes

El pasado miércoles 1 de diciembre en la celebración del Día del Educador, el Consejo Municipal del Distrito de Panamá llevó a cabo la entrega de la medalla con la Orden Municipal Octavio Méndez Pereira al Catedrático Universitario de Física, Dr. Eduardo Flores Castro. Tal distinción tiene ya 10 años de estar otorgándose en el Consejo Municipal, y es la primera vez que a un profesor universitario se le concede este honor. La Orden Municipal Octavio Méndez Pereira se otorga a aquellos educadores insignes que por su trayectoria y servicio de calidad dentro de las aulas escolares han sido modelo y ejemplo para sus estudiantes.

Es precisamente el Profesor Eduardo Flores Castro un modelo de dedicación, capacidad, trabajo, compañerismo y fortaleza, ya que su vida ha sido el ejemplo de una constante preparación académica en las áreas científicas y de investigación y con un verdadero sentido de servicio universitario. El Profesor Eduardo Flores tiene un poco más de 25 años de servicio universitario, es Licenciado en Física de la Universidad de Panamá, además también profesor de segunda enseñanza, tiene un post grado en Docencia Superior, una Maestría en Ciencia con especialidad en Ciencia de Materiales del Instituto Politécnico Nacional de México (Mención honorífica por mejor índice académico), y un Doctorado en Ciencias Físicas de la Universidad Politécnica de Barcelona (Con la mención honorífica: Acta Cum Laude).

Ha tenido estadías en diversas universidades del exterior, de gran prestigio y ha publicado varios artículos tanto en revistas nacionales como internacionales. El Profesor Eduardo Flores fue Decano de la Facultad de Ciencias Naturales, Exactas y Tecnología de la Universidad de Panamá del 2000-2003, el Primer Presidente de la Sociedad Panameña de Física, Subdirector del Centro de Investigaciones con Técnicas Nucleares de la Universidad de Panamá, fue presidente de las Olimpiadas Panameñas de Física, miembro del Consejo Editorial de la Revista Cultural Lotería y también ejerció como presidente de la Comisión Técnica de Ruidos y Vibraciones de la ANAM.

Tiene tres libros publicados, uno de ellos “Ciencias Físicas o Filosofía de la Naturaleza”; el cual es utilizado en más de cien colegios tanto públicos como particulares en toda la República de Panamá. Su vida ha sido completamente llena de aportes, académica, de investigación y de servicio. Su permanente capacitación y actualización en las áreas científicas, han hecho del Profesor Flores un docente actualizado, adaptado a un nuevo entorno, y conocedor de las necesidades actuales de la educación superior. Los amigos y estudiantes universitarios que lo conocemos y que hemos compartido momentos con el Profe, queremos decirle que estamos orgullosos de él, que lo felicitamos por su medalla, y que habrán nuevos retos que afrontar para el rescate y renovación de nuestra Universidad de Panamá, la cual todos los universitarios y sociedad panameña demandan.

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<>Artículo publicado el  17 de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Las lecciones de nuestros educadores ilustres

La opinión del Docente Universitario y Ex Ministro de Estado…

JUAN  BOSCO  BERNAL
jbbernal@cwpanama.net

Hace unos pocos días viví una de mis mejores experiencias profesionales, al compartir con más de seiscientas personas del sector educativo, asociadas a COOPEDUC, una jornada de reflexión sobre el legado de nuestros educadores ilustres y sus aportes al desafío que Panamá debe enfrentar en el campo de la educación.

En esa oportunidad recordamos cómo los educadores se constituyeron tempranamente en los constructores de la nación panameña. Este hecho derivó del papel que la educación jugó desde el amanecer de nuestra proclamación republicana, en la difusión de la condición del nuevo Estado y la necesidad de asegurar la integración de todo su territorio.

De este modo, la educación se reconoce como un pilar fundamental de la historia panameña y sector decisivo en el devenir del desarrollo nacional. Oportunamente los próceres alertaron sobre la necesidad de crear escuelas, formar y nombrar maestros. La escuela fue la pionera en los servicios públicos de Estado naciente, y llegó a comunidades remotas, donde otras agencias gubernamentales no soñaron con establecerse.

Así, ser educador, maestra o profesor, se constituyó en una de las primeras profesiones que logró prestigio y reconocimiento social. Era la figura que representaba el saber, sinónimo de la verdad y de la virtud en las comunidades donde laboraba.

Muchos educadores forjaron su profesión y prestigio dentro de difíciles circunstancias en las que vivían y realizaban su misión. Probablemente los nombres que mejor conocemos sean los de Manuel José Hurtado, José Daniel Crespo, Abel Bravo, Octavio Méndez Pereira, Francisco Céspedes, Otilia Arosemena de Tejeira, Sara Sotillo, entre muchos otros, que tuvieron una destacada actuación en su función pedagógica, social y política.

Menos conocidas son las vidas igualmente ejemplares de los miles de educadores, de la ciudad y del campo, cuya vocación, dedicación y superación contribuyó a cambiar el destino de sus estudiantes y de las comunidades, pues les otorgaron poder y un porvenir de oportunidades. Esta pléyade de buenos docentes tiene sus ejecutorias inscritas en los anales silenciosos de la profesión y en nuestros corazones.

De todos estos educadores aprendimos muchas lecciones imperecederas. Fueron personalidades íntegras que formaron con la palabra y predicaron con el ejemplo. Su función primordial fue enseñar a pensar y aprender durante toda la vida, y fueron excelentes orientadores sobre el bien, el trabajo, lo verdadero, lo correcto y la belleza. No solo transmitieron saberes, especialmente se interesaron en formar la personalidad y el carácter de sus discípulos, cuidando con esmero el desarrollo afectivo y moral. Amaron con pasión su profesión y sentían orgullo de ser educadores. Cuánta nostalgia nos causan.

Sin embargo, ante los cambios que viven la sociedad y el mundo, cambió también el sentido de la escuela, la manera de aprender y la función del educador. El conocimiento ocupa un lugar estratégico y la forma de crearlo, adquirirlo, transferirlo y aplicarlo decide la prosperidad o pobreza de las naciones. El aprendizaje se logra en la escuela, pero también fuera de ella, mediante diversos canales y agentes, que sorprenderían a los mejores docentes de aquellas épocas (Internet, TV por cable, radio, entornos virtuales, libros). Se ha pasado de un aprendizaje escolar memorístico y repetitivo, a un aprendizaje dinámico, diverso y significativo p ara toda la vida.

Pero ¿qué pasó en Panamá? La escuela panameña, en general, ha mostrado parálisis (a veces también retroceso) ante el ritmo de estos cambios, contrario a los resultados observados en los países que más avanzan en esta materia. Son evidentes los bajos resultados académicos obtenidos en las pruebas nacionales e internacionales y otros signos en los alumnos, que muestran que algo está ocurriendo en la formación y desempeño de nuestros educadores. Cuando los alumnos no aprenden los contenidos curriculares correspondientes a su edad-grado, una buena parte de esa dificultad es atribuible al acto docente. Evitemos la autocomplacencia y la frustración, pasando a la superación.

Urge intervenir en alguna de las partes del proceso educativo, para transformarlo y adecuarlo a las nuevas demandas sociales. Sin duda, el eslabón más decisivo en esa cadena es el personal docente, por lo que el porvenir de la educación nacional depende, incuestionablemente de lo que se decida y realice a partir de este momento en sus educadores, especialmente en cuanto a: la sólida formación, el riguroso reclutamiento, el apoyo a su gestión y los incentivos profesionales y salariales, para atraer y mantener en el servicio a las personas más talentosas e inspiradas. Atender esta urgencia es responsabilidad primaria del Estado, quien puede así reivindicar el legado de nuestros educadores ilustres y ofrecer un futuro de oportunidades a las nuevas generaciones.

 

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<> Este artículo se publicó 10  de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Nelly Murgas en el origen del pensamiento torrijista

La opinión del Docente y miembro del PRD….

RAÚL  AMORES  SERRANO
rramores@yahoo.com

NELLY MURGAS TORRAZA es una maestra jubilada, quien trabajó durante 35 años en el apacible y olvidado pueblo de Trinchera, al Sur de Veraguas.   Hermana de ‘Fulo’ Murgas, uno de los inolvidables guerrilleros de Cerro Tute que enfrentaron en franca desigualdad a las tropas del capitán Omar Torrijos. Por casualidades del destino, un día del año 1969 aterrizó en Trinchera el helicóptero del entonces jefe de la Guardia Nacional, que había tomado el poder político del país. Allí se encontraron Nelly y Omar, naciendo así una amistad y admiración mutua que duraría toda la vida.

Omar, con mucha sorpresa, se encuentra a esta mujer frágil, que apenas pesaba unas 75 libras, llevando el peso de una escuela multigrados de día y de noche, atendiendo a adultos en un incipiente, pero tenaz programa de alfabetización.  Nelly era pura energía. Y esa energía se desbordaba hacia los pobres del mundo y del poblado de Trinchera.

‘Pareciera que tu energía viene de tu espíritu, pesas muy poco para tener tanta energía’, le manifestó un día el futuro general de división, al observarla enfrascada con entusiasmo en tantas labores durante el día.

Mujer vivaz y de fácil palabra, una de las características de los hijos de Rafael ‘Pito’ Murgas y de doña Celmira Torraza.   Nelly, como miembro de la familia Murgas Torraza, no era ajena al pensamiento sociopolítico tercermundista de entonces.   La influencia de las discusiones y amistades políticas que llegaban a casa, todas ellas de tinte revolucionario, afloraron poco a poco en las conversaciones con el General.

Las visitas de Omar se hicieron frecuentes y así mismo las conversaciones sobre diversos temas del acontecer nacional. En la visión de Nelly estaban siempre presente las ideas de Fulo, su hermano guerrillero, uno de los estudiantes más brillantes que ha pisado la Facultad de Derecho de la UP.   Siendo apenas un niño de 9 años Fulo desmintió frente a la clase a su maestra, quien dijo que el polvillo del ala de las mariposas producía ceguera instantánea. Salió al jardín, capturó una mariposa, le restregó las alas y el polvillo se lo pasó por los ojos… ‘¿vio, maestra, que no quedé ciego?’, fueron las palabras de este precoz científico.   La respuesta de la maestra a su mejor alumno fue una sonrisa.

El cuestionamiento a un sistema social plagado de injusticias sociales no estaba ausente en el pensamiento de la maestra Nelly Cecilia Murgas Torraza.

En Trinchera ocurrió el segundo encuentro entre Omar Torrijos y los guerrilleros del Tute. Esta vez sin otras armas que el pensamiento y las ideas.   Los revolucionarios hablaron a través de la boca de la incansable maestra Nelly Murgas, una y otra vez.

El pensamiento revolucionario de los Murgas Torraza se fue permeando en la mente del futuro General a través de las conversaciones con Nelly Murgas, de quien un día el General dijo frente a su tropa: ‘si yo tuviera 10 Nelly Murgas, una para cada provincia, este país sería distinto’.

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<> Este artículo se publicó el 5 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

¡En el Día del Maestro!

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La opinión del Pedagogo,  Escritor, Diplomático…

Paulino Romero C.

Precisa recordar hoy, Día del Maestro Panameño, el mensaje del Profesor Federico A. Velásquez, ex ministro de Educación.   Hace aproximadamente 50 años, nos decía: “Si los educadores logramos presentar un frente unido, capaz de señalar rumbos en la vida nacional notaremos de inmediato la necesidad alarmante que existe de definir posiciones, de establecer ideales, de seleccionar valores. Sin definiciones del tipo de hombre que deseamos formar por medio de la educación, la actividad educativa andará al garete, sin rumbo. Es preciso saber si estamos educando a un joven para que viva en una sociedad semifeudal como la típica de América, o si estamos educando para una sociedad que evoluciona con gran rapidez y que requiere de una educación que contribuya a capacitarlo para que viva en una sociedad de cambios y progreso”.

Medio siglo después del llamado del Profesor Velásquez (y de los infructuosos intentos que se han hecho para modernizar la educación en Panamá), la situación escolar ha desmejorado significativamente, empeorando en muchos aspectos. La unidad magisterial hoy parece ser una quimera, una ilusión; ¡y la actividad educativa parece andar al garete, sin rumbo! Lamentablemente, aún no hemos definido, a nivel de Estado, ¿qué tipo de hombre deseamos formar por medio de la educación frente al reto del siglo XXI?

La reforma integral del sistema educativo es tarea prioritaria. La renovación de los métodos de enseñanza debe orientarse a conseguir que los cambios decisivos de la vida espiritual, política y económica sean más relevantes para la niñez, la juventud y el adulto. Pero el indiscutido objetivo del reformador consiste también en la elevación del nivel educacional, y en ofrecer a cada uno la oportunidad de desarrollar sus inclinaciones y aptitudes, así como también prepararlo para una vocación y un compromiso que redunde en beneficio de la sociedad.

Más que nunca en el pasado, la Escuela panameña tiene ahora la función de patrocinar el desarrollo espiritual, intelectual y formar el carácter de la población, especialmente juvenil. Pero los establecimientos educacionales solo pueden satisfacer estas expectativas si fundan su planificación específica de modo que les sea posible hacer justicia en esas metas, y siempre que se les concedan los medios adecuados y suficientes.

Panamá sigue a la espera de un verdadero “Magisterio Unido”, que se torne en fuerza de progreso, para que logre dejar oír su voz con autoridad en la vida nacional como corresponde. Pero tiene que poseer la firmeza que dan los ideales cuando se piensa en función de Patria, así como nos enseñaron Octavio Méndez Pereira, José Daniel Crespo y Federico A. Velásquez, fuese en el aula secundaria, en la cátedra universitaria, en la tribuna pública, o en la rectoría del Ministerio de Educación. ¡Nuestro homenaje al Maestro panameño en su glorioso Día!

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<>Artículo publicado el  1 de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Recuerdan a Diógenes

La opinión de la Docente Universitaria…
ELKA RODRÍGUEZ

La Universidad Autónoma de Chiriquí está organizando un homenaje póstumo a quien fuera Rector Magnífico de la Universidad de Panamá, el doctor Diógenes Cedeño Cenci. La vida de Cedeño Cenci abarcó períodos fructíferos en el campo profesional; su condición de hombre inteligente, sabio y humilde, le permitió hacerse cargo de los verdaderos ideales que alimentaron a Méndez Pereira y al doctor Harmodio Arias para crear una universidad democrática.

Cuando Cedeño Cenci tomó el mando de esta alta casa de estudio superior, trabajó con prudencia, justicia y creatividad, generando grandes resultados: extendió los estudios universitarios a nivel de toda la República con la creación de los hoy Centros Regionales Universitarios y la Universidad Popular del Darién.   Lo más importante y lo dijo, él mismo, al entregar la rectoría al doctor Ceferino Sánchez: ‘Recibí una universidad dedocrática y les entrego una universidad democrática’.   Esta frase lapidaria se explica por sí sola, porque la universidad se regía por el Decreto Ejecutivo 144.

Por otro lado, creó la Escuela de Sociología, apoyó el derecho a la organización gremial de los docentes y administrativos con la creación de la APUDEP y de la ASEUPA, gestionó la creación de la Universidad Tecnológica de Panamá, como también el traslado de la Facultad de Ciencias Agropecuarias a Chiriquí. Diógenes propuso el nombre de Méndez Pereira para el campus universitario. Sería largo enumerar la trayectoria de su excelente labor realizada en la Universidad de Panamá.

Cedeño Cenci supo renunciar a las adulaciones del mundo, aprovechó el tiempo y siempre mantuvo un sólo perfil de solvencia académica y humanista.

La Patria ha perdido a uno de sus mejores hijos, un hombre auténtico, con talento, experiencia y virtudes que sirvió a la Nación desde diferentes trincheras, logrando grandes cosas, trabajó con actitud de soldado desempeñando diversos cargos delicados de mucha responsabilidad y disciplina y siempre, el maestro, lo hizo correctamente.

La UNACHI en esta ocasión proclama respeto y admiración para este formador de cientos de profesionales, quien siempre tuvo fe en las transformaciones educativas como garantes de la modernización de la educación nacional. Para él, la educación era tema de Estado fundamental y requería de la participación de todos los componentes de este proceso, en atención a la educación permanente y continua.

Lamentablemente, le aplicaron la Ley Faúndes y lo dejaron sin su trabajo, violando sus derechos adquiridos, situación que empujó su enfermedad al desenlace fatal.

¡Paz a su tumba¡

<> Artículo publicado el 9 de octubre de 2010  en el diario El Siglo,  a quienes damos,  lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.