Después de la basura, ¿qué?

 

La opinión del Honorable Diputado…

 

José Blandón Figueroa

A raíz de mi gestión como asesor ad honórem del alcalde de la ciudad capital, varias personas me han planteado que se preguntan qué hará el Municipio luego de que el 3 de enero del próximo año no tenga la recolección de la basura como una de sus funciones.    Creo que esa preocupación surge de un desconocimiento o mala interpretación de lo que son las funciones de los gobiernos locales.

Comienzo por señalar que Panamá es quizá el país más centralista de América Latina. Creo que es el único país donde el recaudo del impuesto de inmueble no va a las arcas municipales. Y el único donde los municipios no tienen un rol importante que jugar en la realización de obras públicas en sus áreas respectivas, además de la responsabilidad de prestar servicios públicos como la recolección de basura, educación, salud, agua potable y transporte. Para que tengamos una idea, el presupuesto aprobado del Municipio de Panamá para el año 2010 fue de 111 millones (incluyendo el Dimaud), mientras que el Municipio de Medellín tiene un presupuesto de mil 500 millones y el de Guayaquil, de 500 millones, por citar dos ejemplos exitosos en la región.

En razón de lo anterior, considero que el país debe moverse hacia una mayor descentralización, no hacia una mayor concentración de responsabilidades en el Ejecutivo. El Municipio tiene mucho trabajo por hacer, aún sin la recolección de la basura. Hay que recordar que antes de 1999, Mayín Correa tuvo una gestión muy activa y que dejó muchas obras. Y sin embargo, fue en agosto de 1999 cuando la Dima pasó del Gobierno central al Municipio de Panamá, a raíz de la derrota electoral del PRD y el triunfo de Navarro como alcalde.

A mi juicio, una de las funciones principales de la Alcaldía tiene que ver con el ordenamiento urbano y la mejora de la calidad de vida de quienes residimos en la ciudad capital. Hay que ganar más espacios públicos para la ciudadanía. En Guayaquil, por ejemplo, la gestión combinada de los alcaldes León Febres Cordero y Jaime Nebot, ha hecho un cambio sustancial en la faz de la ciudad con sus obras de regeneración urbana, gracias a las cuales los guayaquileños tienen hoy más y mejores áreas públicas.

Aun sin la Dimaud, es posible una Alcaldía capitalina que concentre sus esfuerzos en que los ciudadanos tengamos más y mejores parques, en que tengamos más y mejores aceras públicas y mobiliario urbano y en tener una mayor presencia física en las áreas alejadas del centro, tales como los circuitos 8–9 y 8–10. Todo ello, sin olvidar que aunque la Autoridad Nacional de Aseo asuma el 3 de enero la responsabilidad primordial de recoger la basura en la ciudad capital, eso no inhibe al Municipio, como autoridad local, de jugar un rol protagónico en este tema.

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<> Este artículo se publicó el 16  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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¿Descentralización o centralización?

La opinión del Abogado,   Político Independiente…

Juan Manuel Castulovich

La decisión ya tomada por el Órgano Ejecutivo de asumir la recolección de la basura, la proyectada sobre las vallas publicitarias y los amagos de la ATTT de controlar las placas, vuelven a poner sobre la mesa el tema de la descentralización, y dejan en claro que las intenciones del actual gobierno van, precisamente, en la dirección opuesta.

No comparto la apología que se hace de las capacidades de nuestros municipios para asumir y prestar, con mayor eficiencia, los servicios públicos. De los más de 70 que existen, su casi totalidad carece de autonomía financiera, pues dependen de los subsidios del gobierno central. Tampoco tienen, actualmente, y tomará tiempo que la alcancen, la capacidad de gestión para administrar los servicios que solicitan se les traspasen de manera inmediata. Pero, por otro lado, no comparto y considero contraproducente la embestida centralizadora del actual gobierno, especialmente cuando tras bambalinas, parecen moverse intereses no muy claros, como el comentado de convertir la basura en un negocio privado.

El presidente Martinelli no ha definido una posición sobre el tema de la descentralización, pero como de hecho se están tomando acciones específicas de evidente signo contrario y, además, existe aprobada una Ley de Descentralización, es hora de que se abra el tema a la discusión pública y se aclaren los rumbos.

La descentralización, de existir las condiciones para garantizar servicios más eficientes a la comunidad, en términos generales, es conveniente. La clave, insisto, es asegurar las condiciones para que el resultado sea positivo.

Nuestra experiencia, vivida y comprobada, es que nos fuimos al extremo de crear tantos “minigobiernos” como corregimientos existen en el país. Algo se ha revertido de esa tendencia atomizadora de los recursos públicos y, por ende, improductiva; pero la solución dista mucho de ser la “municipalización inmediata”, con efectos de panacea, que algunos promueven. Por las condiciones de nuestro país, tanto políticas como de capacidad de gestión, antes de “municipalizar” sería más conveniente “provincializar”, siguiendo un principio de gradualidad.

El señor Martinelli ha expresado su inclinación por establecer “la elección de los gobernadores”.   La comparto, pues la he propuesto muchas veces. Pero la pregunta que cabría es ¿serviría un “gobernador elegido”, sin mayores competencias, como es la situación actual? La elección de los gobernadores debe conllevar a la creación de un “gobierno provincial”, encabezado por el gobernador o serviría de muy poco.

En la Constitución de 1941, el Dr. Arnulfo Arias introdujo la novedad de los “Ayuntamientos provinciales” (Artículos 172 y sgts.), con funciones de “parlamentos provinciales”. Tanto esas normas como las que existen en la Constitución vigente sobre “los Consejos Provinciales” (Artículos 254 y sgts.), que tienen, entre otras, la función de “preparar el plan de obras públicas de la provincia y fiscalizar su ejecución, supervisar la marcha de los servicios públicos, recomendar los cambios a la división política y solicitar programas y estudios a las autoridades nacionales”, debidamente revisadas y actualizadas, para incluir la elección de los gobernadores y precisar sus competencias, serían una magnífica fuente de orientación y útil “base de trabajo” para concretar, si hay voluntad política seria en esta materia, la primera etapa de una bien pensada “descentralización” que, en un orden lógico y práctico, debe pasar, primero, por la “provincialización”.

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<> Este artículo se publicó el 26  de octubre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que al   autor, todo el crédito que les corresponde.
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Para contrarrestar los excesos del sistema

La opinión de….

Anel Flores

Los últimos movimientos efectuados por el Órgano Ejecutivo, principalmente en el que le arrebata al municipio más importante del país sus obligaciones en el servicio de aseo para asignarlo a otra entidad, aunado a pretendidas inversiones millonarias que no son prioritarias y que demanda el pueblo panameño en materia de salud, educación, seguridad y en una canasta básica más cónsona con la realidad del país, dejan en evidencia el exceso de un sistema presidencialista que atenta contra principios fundamentales de la democracia.

Ante este panorama sombrío no podemos pasar por alto la aparente intromisión del Ejecutivo en el Órgano Judicial, socavando sistemáticamente la institucionalidad democrática de la nación.

Cuando vemos niveles de ejecución presupuestaria por debajo del 50%, quedando al desnudo la incapacidad de los ministros en solucionar los problemas apremiantes de una población, que tiene que someterse a respuestas improvisadas, es que pensamos en la necesidad de proponer la descentralización de la administración pública.

Esta herramienta permitiría que las juntas comunales cuenten con sus propios recursos para hacerle frente a los problemas de sus comunidades.

La baja aceptación popular de la Asamblea Nacional en las últimas encuestas, sumado a la aprobación de leyes impopulares e inconsultas, demandan hoy que los representantes del poder popular creado por Omar Torrijos, asuman el reto de convertirse en una Cámara Baja.

Este reordenamiento del organigrama legislativo, permitiría que los 623 representantes de corregimiento actúen en calidad de garantes de los ciudadanos y pongan en práctica la democracia que soñó Omar. Sólo con la consulta popular podremos perfeccionar las leyes en beneficio de todo un pueblo, construyendo un nuevo Panamá.

Imaginemos por un segundo que el proyecto de presupuesto fuera sometido a discusión en primer debate a la Cámara Baja. Esto facultaría a los representantes del poder popular a negociar y destinar los recursos necesarios para darle solución a los ingentes problemas de sus respectivas comunidades.

Estos representantes de corregimiento serían los encargados de recoger la opinión de los ciudadanos acerca de sus problemas, sobre las leyes propuestas a su consideración y las prioridades en la agenda de los temas nacionales.

Esto sí sería un legítimo rescate de la doctrina torrijista.

El derecho que todos tenemos de opinar y de participar en la toma de decisiones se concreta con la consulta popular permanente con sus electores y que sean ellos quienes propongan y decidan.

Como decía nuestro líder máximo: “El que más consulta, menos se equivoca”.

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<> Este artículo se publicó el 20  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Crisis en el Municipio de Colón

La opinión de…..

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Jorge Luis Macías Fonseca

Desde hace muchísimo tiempo la vida municipal en el distrito de Colón se encuentra paralizada.   Esto, desde luego, tarde o temprano, iba a generar situaciones de conflicto.  Desde la administración pasada se advertían problemas que iban desde la casi imposibilidad de hacerle frente a los compromisos económicos, como el pago de la planilla a los servidores municipales, hasta la cancelación oportuna de las cuotas a la Caja de Seguro Social.

Si a esto se le agrega la errática administración del periodo pasado, que ni siquiera pudo hacer una buena obra municipal que quedara para la posteridad y beneficiara a toda la comunidad colonense, era claro que en algún momento la situación iba a hacer eclosión, incluso, si se hubiese dado el caso que se mantuviera la anterior administración municipal.

Es obvio que la ascensión de una nueva administración, que se planteara reivindicar la cosa municipal, iba a estrellarse irremediablemente con una realidad que le era adversa. De allí, entonces, la necesidad de fortalecer el marco de la capacidad administrativa y financiera de un municipio desarrollista, de manera transparente y con rendición de cuentas.   Esto tendría que conducir a crear las condiciones para construir un municipio en perspectiva y de un exitoso futuro para los colonenses.

Ahora bien, los últimos acontecimientos acaecidos en el municipio de Colón, traen al tapete una serie de asuntos que deben ser observados con detenimiento. Por un lado, la concepción del desarrollo de la municipalidad que tiene la administración alcaldicia y, por el otro, la que tiene la comunidad que pudieran no ser coincidentes.   Todo esto pasa por una discusión seria que tiene como punto sustantivo: la descentralización municipal, en donde la participación ciudadana es factor esencial en la toma de decisiones.

Es claro que no existen los mecanismos de intervención del ciudadano en la cosa municipal, por medio de la consulta permanente.   Las representaciones indirectas de la población por medio de los consejos municipales cumplen un cometido de manera parcial y no de forma mucho más amplia. De allí la necesidad de activar cabalmente las juntas comunales con el apoyo de las alcaldías, para que se logren resultados satisfactorios y para que la gente participe de las decisiones comunitarias.

El ejemplo del gobierno central es plausible. El interés por llevar a consulta pública una serie de intereses es correcto, pues se gobierna para la gente, y ella tiene que ser parte de las decisiones que las pudieran afectar.

La contradicción entre el Municipio de Colón y la comunidad ha llegado a los niveles de confrontación en donde las descalificaciones, las diatribas, las detenciones y las posiciones de fuerza, han suplantado al debate sereno y reflexivo.

La propia realidad crítica de Colón, con índices de violencia alarmantes y situaciones sociales difíciles, obliga a que todos, sin prejuicios, encontremos las vías del entendimiento para poder plantear con seriedad fórmulas de avances, para una sociedad que tanto lo necesita.

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Este artículo se publicó el  12  de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Municipalidad y Desarrollo Humano

La opinión del Docente Universitario

JUAN BOSCO BERNAL

El centralismo gubernamental es un fantasma que ha recorrido toda la vida de la nación panameña, impregnándola de cuestionables valores y comportamientos institucionales generadores de un crecimiento hipertrofiado y desequilibrado de la República.

Los tres Panamá, el metropolitano —el interior rural— el indígena, que se reconocen dentro de un mismo país, revelan un modelo de desarrollo humano desequilibrado, contradictorio y excluyente, que presenta un panorama de un país rico habitado por más pobres que los que la vergüenza y la ética pública pueden tolerar.

La tradición administrativa dentro del Estado panameño pone al Ejecutivo, especialmente a sus ministros y presidente, en el centro del poder, subordinando a los restantes órganos del Estado a la voluntad política del gobierno de turno.

Hasta las decisiones más elementales de la vida de la población en materias como la salud, educación, seguridad, aseo, alimentación, para ser legitimadas requieren de la consideración de las autoridades superiores de gobierno.

La municipalidad, instancia local más cercana a las personas, apenas se ocupa de tareas y funciones operativas como la recolección de basura, cementerios, mataderos, mercados públicos, parques y, en contados casos, de instalaciones deportivas y culturales.

La complejidad y tamaño del Estado, así como las demandas y necesidades crecientes de la población dentro de una sociedad y un mundo que experimenta cambios científicos, tecnológicos, económicos, políticos y culturales importantes, fundamentan la urgencia de contar con una nueva arquitectura de gobierno, con una institucionalidad caracterizada por la participación responsable, la funcionalidad operacional, la transparencia, la eficiencia y la legitimidad política y democrática de las organizaciones.

Ese nuevo diseño debe considerar una transferencia de poder y toma de decisiones a las instancias locales, mediante un proceso gradual y controlado de descentralización, que contribuya progresivamente a trasladar, del centro a la periferia, decisiones y competencias, con vista al mejoramiento de la calidad de vida de la población, allí donde ella reside.

La Ley de Descentralización, ya aprobada en el 2009, apunta en esa dirección y requiere de su oportuna y juiciosa implementación.

El cuestionamiento que se hace a la debilidad técnica de los municipios y al manejo irregular de los recursos por algunos de ellos, lejos de ser un impedimento para fortalecer su poder, es precisamente la justificación para acometer oportunamente una estrategia destinada a desarrollar las capacidades locales, mediante la formación de sus cuadros dirigentes y técnicos, a fin de impulsar de modo inteligente planes y proyectos orientados al desarrollo humano de su población.

Postergar esta decisión puede significar actuar en sentido contrario, es decir, consolidar aún más el centralismo metropolitano y el presidencialismo, con los efectos nocivos anotados.

La debilidad institucional de los gobiernos locales es reconocida. Algunos municipios del país han dado un salto significativo en la expansión de la población y en sus ingresos, pero sus modelos de gestión responden más al clientelismo político y al interés personal de sus dirigentes, que a la búsqueda del bien común de sus asociados. De esta manera, los nuevos recursos obtenidos no se reflejan necesariamente en mejores obras y servicios en beneficio de la niñez, la juventud y las personas adultas de esa circunscripción.

El Municipio de Antón, en la provincia de Coclé, es un ejemplo de esta situación. A diferencia de Olá y La Pintada, que son municipios que reciben subsidios del Estado, Antón ha visto incrementado sostenidamente sus ingresos durante los últimos diez años.   En el 2009, la comuna antonera tenía un presupuesto de 1.4 millones de balboas. Es decir, es un municipio millonario. Superaba en sus ingresos a la totalidad de los municipios coclesanos, incluyendo a Penonomé, que casi le dobla en extensión territorial y en población.   Contrario a ese hecho, el distrito tiene una condición social precaria. Su reconocida riqueza agropecuaria, complementada con un incremento vertiginoso en las actividades turísticas en razón de la ampliación de la moderna infraestructura hotelera en el área, no se corresponde con los bajos índices educativos y de desarrollo humano, la falta de espacios públicos, de medidas de control ambiental, de disposición de agua potable y servicios de salud de calidad para su población, que es mayoritariamente joven y rural.

En se sentido, la pregunta es ¿hacia dónde van esos recursos? ¿Qué nuevas obras y programas se han realizado en el distrito con los ingresos crecientes que se reciben? ¿Cómo se elabora el presupuesto y a quién se beneficia con el gasto? ¿Cómo ha crecido la planilla municipal en relación con la cobertura de los programas sociales?

Es por lo tanto urgente pensar en una nueva estrategia de desarrollo local. Probablemente conviene aprender de iniciativas de otros países de la región destinadas a ofrecer incentivos a municipios que presenten sus presupuestos desglosados por objeto del gasto en términos de escuelas, centros de salud, centros de atención a la niñez, a la mujer, adultos mayores. Presupuestos que son elaborados participativamente, difundidos como medio de generar debates públicos con la comunidad acerca del uso que tienen los recursos municipales y las mejores formas de orientar el gasto social.

Una gestión apropiada del desarrollo local ha demostrados ser un valioso instrumento para el manejo transparente de los recursos, la promoción de la participación de la comunidad en asuntos de su interés, y en la construcción de confianza y capital social dentro de la comunidad y la sociedad.

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Este artículo se publicó el 10 de mayo de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La ignorancia es falta de información. No así la estupidez

La opinión del Economista…..

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Francisco Bustamante


La primera vez que vi un cajero automático, ATM, fue en Estados Unidos hace muchos años. Veía a la gente acercarse a los mismos, teclear unos datos y retirar dinero. Llamó mi atención esa caja que daba dinero, y pasé silbando y mirando de reojo cómo la gente usaba los cajeros. De repente caí en la cuenta que si en Panamá me veían en esa actitud sospechosa, sin dudas cargarían conmigo a la cárcel.

Así que preferí informarme mejor, me alejé del cajero, averigüé,  y supe entonces de la existencia de estos artificios. A qué viene esto?   Primero, reconocer la brecha tecnológica o ignorancia que me afectaba. No me apena reconocerla, ya que la misma es falta de información.   Eso tiene solución. La estupidez es otra cosa, es innata, irreversible y se manifiesta de manera autónoma y descontrolada en todos los actos.   Segundo, demostrar que la misma, me refiero a la ignorancia, nos juega pasadas a veces  tristes. También la estupidez, que todavía no sé si uno es responsable o no de los actos o palabras que nos dicta.

Hace años para entrar y salir de Santa Fe de Veraguas tomaba más de 12 horas por una trocha que conectaba con la capital provincial, Santiago. Hoy toma menos de una hora por la carretera existente.   En aquellos días los carros que entraban al pueblo usaban un cabestrante, mejor conocido en Panamá como winche, para poder atarse a algún árbol para subir y bajar las colinas del camino.

Santa Fe producía café. Un campesino fue a Santiago de Veraguas, con un par de quintales para venderlos.  Ya en Santiago, el campesino vio un sitio de expendio de helados, sacó unos reales probó uno y le gustó tanto que compró otro y  lo echó en su chácara para llevarlo a su hijita que quedó en el pueblo.   Ignorancia pura.

En el mismo pueblo había dos personajes que compartían el mismo apodo, Nengue. A uno le decían Nengue blanco, y al otro, mestizo,  Nengue feo. Unos desalmados le dijeron a Nengue feo que una campesina en otro poblado estaba embarazada y decía que él era el padre.   Nengue feo lo negaba rotundamente. Un domingo, vistiendo su mejor cotona, y pantalón limpio, caminaba Nengue feo hacia el poblado donde ya la mujer había parido.  Una vecina le preguntó, Nengue, onde vais tan arrumadito? Y Nengue contestó. Jé, dicen por ai que fulana estaba preñá de mí, y yo ni siquiera la conozco. De toas maneras, voy a ver er niño a ver si se parece a mí….Sin comentarios.

Han pasado muchos años, y hoy escucho y veo otros personajes. Sobre todo, a  quienes  nos representan por vía del voto popular. Cuando escuchamos a los políticos muchas veces no sabes a qué achacar lo que oyes.    Piscinas portátiles, records Guinness, que si hablan babosadas, etc.   Pero hay temas importantes que ni siquiera se discuten, como por ejemplo, no entran a definir el Plan de Trabajo para realizar la transición previa a la implantación de la descentralización municipal.  Las preguntas son,  (a) ignorancia o estupidez? (b)  De quién?  De los elegidos, o de quienes los elegimos?

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Nota enviada por correo a Panaletras el 11/23/2009  a las 08:20 a.m. por el Autor a quien damos todo el crédito y la responsabilidad que le corresponde.

La descentralización no está en páginas amarillas

La opinión del Sociólogo, Escritor y Educador…..

RAUL  LEIS  R.



La descentralización no está en páginas amarillas

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La descentralización en Panamá se empantanó. El gobierno anterior distorsionó políticamente el proceso descentralizador y el actual lo posterga a años de distancia.

Tirios y troyanos no parecen ver que la descentralización y el desarrollo local es parte de una necesaria reforma política y aspecto clave del desarrollo al redistribuir capacidades, recursos en el fortalecimiento del desarrollo local. Al país le urge una política pública, construida participativamente, de descentralización y fortalecimiento municipal y local, como elemento imprescindible de un desarrollo integral y equitativo. Nuestros líderes olvidan o ignoran que hace 10 años se estructuró una agenda nacional emanada del Pacto por la Descentralización y el Desarrollo Local, como compromiso entre partidos y sociedad civil, creándose a partir de ahí una entidad plural CONADEL (la cual coordiné) para monitorear y animar el cumplimiento del pacto. Lo firmado es claro: Impulsar decididamente la descentralización político administrativa del Estado panameño, como un proceso de transferencia gradual, equitativa y responsable de competencias, recursos humanos, tecnológicos y económicos, responsabilidades y poder de decisión desde el gobierno central hacia los gobiernos locales.

En la medida en que se efectúe esta transferencia es necesario propiciar en las municipalidades, el desarrollo de las responsabilidades y capacidades necesarias para asumir el proceso a escala óptima en el ámbito local y simultáneamente debe lograrse la modificación de las entidades del nivel central que tenían dichas funciones. El municipio es como la unidad político-administrativa del proceso fortalecido con una creciente participación ciudadana.

Promover una administración municipal eficiente, eficaz y transparente; propiciada por la contraloría social de la sociedad civil que erradique o mitigue la corrupción. Desarrollo de la capacidad de la gestión local que permita superar la falta de preparación de los gobiernos locales para asumir las competencias que poseen o que deban ser transferidas por el gobierno central. Establecer una política de personal dirigida al perfeccionamiento profesional del funcionario municipal. Establecer los mecanismos que propicien la formación de cuadros gerenciales requeridos, de acuerdo con las necesidades que exige la descentralización, generando la asistencia técnica necesaria para fortalecer el proceso. Es fundamental incorporar a los empleados técnicos y administrativos municipales a la Carrera Administrativa del empleado público, para lograr su adecuada y correcta profesionalización.

Incorporación de la dimensión ambiental en todo el proceso de planificación y ejecución del desarrollo local, incentivando la participación ciudadana en el proceso de toma de decisiones sobre la sostenibilidad en el manejo de los recursos naturales y ambientales que sean necesarios para la ampliación de las capacidades de sus habitantes. Estimular la educación ambiental participativa formal y no formal en el ámbito local. Compromiso de respetar la estructura de gobierno tradicional y comarcas de los pueblos indígenas y buscar su incorporación al régimen municipal salvaguardando su identidad.

Por ello el desarrollo local debe sumar además de infraestructura, generación productiva y puestos de trabajo a nivel local, el desarrollo humano y social en el ámbito local a través de programas participativos y educativos acordes con las realidades. Incorporar a la comunidad en el proceso de planificación participativa de las actividades de desarrollo local.   Aprobar los presupuestos municipales previa consulta popular sobre objetivos, prioridades y asignación de recursos. Implementación del derecho de iniciativa, referéndum municipal que otorgan la Constitución Nacional y leyes nacionales vigentes, e impulsar la adopción de otros derechos como el cabildo abierto, la revocación y la participación ciudadana a través de comisiones de desarrollo municipal.

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Publicado el 18  de noviembre de 2009 en el diario El Panamá América, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.