Churras o merinas

Obviamente soy mujer, y hasta este momento de mi vida nunca me he sentido discriminada, acosada, ni intimidada por nadie.   La opinión de….

CHURRAS Y MERINAS. Ambas son razas de ovejas, para aquellos que no tengan mucho conocimiento ovino, ambas son bichos lanudos con cara de idiotas. Así que suele ser fácil confundirlas entre ellas para aquel que no sea un experto, su pastor, o la oveja que las parió. Y eso es lo que estamos haciendo todos, confundir las churras con las merinas. O la velocidad con el atropello. O el culo con las témporas, que tampoco tienen nada que ver. Y así nos va, de mal en peor.

Últimamente veo con más frecuencia reportajes sobre la violencia doméstica y datos referidos a los índices de mujeres maltratadas y asesinadas y a cuantos casos llevamos este año respecto a años anteriores.   Mal está, y debemos apoyar los esfuerzos realizados en esa dirección, nadie puede justificar el abuso y ninguna sociedad civilizada puede permitir que una parte de ella sufra sin poner las medidas adecuadas.   Hasta ahí todos de acuerdo y todos contentos.   Pero (claro, siempre hay un pero) también veo la lucha que tienen un grupillo de mujeres tratando de conquistar hueco político a golpe de doble cromosoma X.   Ahí empieza a torcer la puerca el rabo y no puedo dejar de relacionar ambos hechos en mi cabeza.

Pero el colmo de mi asombro llega cuando escucho a las mujeres decirles a los niños: “A las niñas no se les pega” (generalmente esta frase es pronunciada por la mamá de la susodicha niña, ser angelical que acaba de endiñarle tremendo golpe al niño, quien, en su ingenuidad infantil, lo único que quiere hacer es defenderse, con dientes crujiendo y puño levantado).

Y también me he anonado cuando altas funcionarias, investigadas por delitos de corrupción, tienen el descaro de decir que las persiguen por ser mujeres, cuando en realidad el tufillo a sinvergüenza no se lo quita su perfume “rien de rien”.

Entendámonos, obviamente soy mujer, y hasta este momento de mi vida nunca me he sentido discriminada, acosada, ni intimidada por nadie. He tenido alguna pelea con hombres, que he solucionado a las bravas (de lo cual no me siento orgullosa) pero en la que tampoco esperé que me fueran a tratar suavecito por ser mujer.   Si no me dejan otra salida, la busco.

He llegado a donde he querido, como he querido y con quien he querido. No sé en realidad si he de agradecerle esto a la sociedad o a mis padres, a los cuales jamás los escuché decirme que no podía hacer tal o cual cosa por ser mujer o que tenía que actuar de determinada manera por serlo.   En mi obtusa cabeza no existe un trato de favor para mí por haber nacido sin algo entre las piernas, soy lo que soy y tengo las mismas oportunidades que cualquiera.    Lo que me parece injusto y absurdo es que para compensar siglos de relegación tratemos de imponernos simplemente por que sí. Y exijamos que nos traten diferente por haber nacido hembras.

Tampoco me parece justo que a los hombres de hoy en día los castiguemos por lo que hicieron otros, que cada palo aguante su vela.    Si eres corrupta, a la cárcel, seas mujer u oveja.   Creo que estamos confundiendo igualdad con imposición,   respeto al otro con aguantar lo que nos tiren, apología de la violencia con el derecho a la legítima defensa.

Somos una sociedad que, convencida de la buena voluntad de todos, estamos a merced de los que se quieren aprovechar del resto usando para ello cualquier excusa, y ‘soy mujer’ es una excusa como otra cualquiera para lograr sin esfuerzo lo que se quiere, o para eximirse de la culpa de los propios actos.   Los maltratadores a la cárcel, las abusivas a la cárcel, las corruptas y las ladronas a pagar su pena. Quizás si tratamos a todos y todas por igual empecemos a entender lo que significa igualdad.

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<> Este artículo se publicó el 28 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos de la   autora  en: https://panaletras.wordpress.com/category/miguel-franco-monica/

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Igualdad y justicia

La opinión del Abogado y Docente Universitario…

 

CARLOS  AUGUSTO  HERRERA
cherrera255@hotmail.com

A plaudimos la tecnología de punta que permite una verificación sobre casos legales pendientes, en los que se reclama la comparecencia de la persona, para determinar la posibilidad de casos penales o policivos.   Esto es un gran avance, pero a la vez un retroceso, al eclosionar con semejante gravamen el cotejo de toda la sociedad, es injustificable frente al derecho a la libertad; a la tranquilidad ciudadana que también es el fin de la actividad, pero en este circuito se provoca el desasosiego y la creciente incertidumbre por los yerros que se provoca con la desactualización de la informaciones más los errores humanos que suman cada día a más inconformes.

En referencia a lo citado, hoy escuché sobre este Pele Police, parecido al ‘Digicom Policial’, que es un aparato argentino que llevan los carros y que les provee la misma feria de información que a nosotros.   Nos dicen que nuestra Policía Nacional, en conjunto con el Poder Judicial, programa para que este fin de semana en la Terminal de transporte en Albrook, la gente voluntariamente acuda y se verifique.   Me pareció entender que darían hasta una certificación a los que resultaran airosos.

Me imagino que en los casos contrarios se tendrán que quedar ‘retenidos’ hasta que se arregle el problema. Todo esto para evitar el engorroso procedimiento que hacen en este sentido en los buses y otros lugares públicos.

¿Qué les parece? Nuestra Policía Nacional tiene, dentro de su estructura funcional y legal, la misión ineludible de proteger a nuestra sociedad con actividades fundadas en lo preventivo y excepcionalmente represivo, pero ahora con los papeles invertidos en la práctica, cuyas consecuencias no parecen beneficiar en nada, más bien, agregan un adicional ingrediente a la intranquilidad que se vive, además de ocupar al cuerpo en labores que atrasan el verdadero sentido de la institución.

Vamos a conversar un poco sobre la tranquilidad ciudadana que empieza con la característica fundamental del Hombre y su libre albedrío. La libertad es un concepto, que consultado en el diccionario ‘El mundo’: se define como la: ‘Facultad que tiene el ser humano de obrar o no obrar según su inteligencia y antojo’. Otra definición: ‘Estado o condición del que no está prisionero o sujeto a otro’. Seguimos con esta encuesta: ‘Falta de coacción y subordinación’. Esta última se pega más a lo que nos preocupa. Por supuesto que sobre su aplicación hablamos de la gran mayoría, pero en el medio tenemos que instalar la ley para regular la pérdida de la misma, ahora con la tecnología de punta denominada ‘Pele Police’ o ‘Digicom Policial’.

Nos dice Wikipedia que el siglo XVIII y XIX, sobre aquellas revoluciones burguesas, la libertad oscilaba muy cerca de los conceptos justicia e igualdad. No estaban muy alejados de esa verdad. Lo cierto es que nosotros permanecemos enfrascados en una batalla de una mayoría contra la minoría delincuencial, la cual pretende resolver los enconos por la fuerza en vez de someterlo a la ley. Por supuesto que dentro de las variables, hay una gran desconfianza y resentimiento por la falta de oportunidades para los que tienen menos. De esto podemos hablar hasta el cansancio, pero no es el tema central. Debemos referirnos al denominado aparato definido en el párrafo anterior y sobre sus efectos.

Tenemos de esta misma fuente bibliografía utilizada el siguiente pensamiento, tomado ahora de la legislación internacional sobre los derechos humanos: ‘La libertad consiste en poder hacer todo aquello que no cause perjuicio al otro…’, Artículo 4 de la Declaración Universal de los Derechos del hombre y del ciudadano.

Aquí nos volvemos a situar al final del mismo círculo en el que nos afecta a la mayoría, porque una minoría no cumple sus compromisos y entonces, nos pregunten a todos y cada uno ‘¿dónde está al que buscan?’.

En la sección de opinión del Panamá América del miércoles 27 de octubre de este año, N. Miranda compara la nociva función de entregar a un mono una pistola cargada, como conceder un instrumento tecnológico con datos personales a una policía comandado por personas con mentalidad totalitaria, con tendencias a la violación de los derechos humanos. Sostuvo además la persona aludida, que este instrumento es inconstitucional, supongo que por la confidencialidad que tanto defendemos. Esto ya lo hemos escuchado en otros momentos, pero este complejo legal aludido, en el artículo 43 de la súper ley, habla del derecho a solicitar, a través del Habeas Data, información de acceso público o de interés colectivo que repose en una base de datos, para exigir un tratamiento leal y la posibilidad de su rectificación. El gobierno debe publicar la lista de las personas con casos pendientes, pero identificarlos con la cédula, para que todo el mundo averigüe sin quedar preso.

 

<> Este artículo se publicó el 28 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del   autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/herrera-carlos-augusto/

De las cuotas a la paridad

La opinión de…

ALICIA FRANCO 

Corría el año 1993. Una tarde, específicamente el 22 de junio, las mujeres de todos los partidos políticos fuimos convocadas al Colegio Nacional de Abogados por Marisín Villalaz de Arias, reconocida profesional, médica y prominente líder política de nuestro país, y por Matilde Real de González, profesora y laureada poetisa panameña.

Desde allí surge la idea de unirnos como mujeres políticas, identificadas por la falta de oportunidades reales en el ámbito de nuestros partidos políticos y se fundó el Foro Nacional de Mujeres de Partidos Políticos (Fonamupp).

Pocos meses después, muy ufanas fuimos a la Asamblea Legislativa, con razones muy justificadas. En la voz de la destacada legisladora Gloria Moreno de López, se presenta el proyecto de Ley de Cuotas, donde solicitábamos la igualdad de género para las mujeres políticas. Por supuesto, no fue aprobado. Nos encontramos con una Asamblea mayoritariamente de hombres, quienes tenían escasa idea y mucha actitud ancestral para que a las mujeres de Panamá se les otorgara la oportunidad de estar de forma igualitaria en las curules.

Al pasar algunos años, en 1997, el Foro Nacional de Mujeres de Partidos Políticos se propone —en esta ocasión con mayores instrumentos, preparación, asesoramiento nacional e internacional— lograr la Ley de Cuotas en la Asamblea Legislativa. En ese momento —gracias al trabajo de Maritza Royo, Mariela Jiménez, Balbina Herrera. de hombres como Roberto Ábrego y Gerardo González (q.e.p.d) y las valiosas mujeres de todos los partidos políticos— logramos la Ley de Cuotas, que establece en un 30% la participación de las mujeres en los puestos de elección popular.

Hoy, en pleno siglo XXI, ¿por qué estamos pidiendo la llamada paridad? Resulta que en Panamá, desde 1997 a la fecha, la Ley de Cuotas no se ha reglamentado. A los partidos políticos les importa poco con sus mujeres militantes y aspirantes a puestos de elección popular. Las mujeres siempre nos encontramos bajo el eslogan de la cacareada exigencia: tienen que ‘capacitarse’, los medios de comunicación no ven a las féminas como reales proyectos políticos, las mujeres siempre están con desventajas económicas que les impiden lograr sus aspiraciones.

Por todo esto, nuevamente las mujeres del Foro Nacional de Mujeres de Partidos Políticos nos encontramos luchando a capa y espada en la Comisión de Reformas Electorales para lograr la Ley de Paridad; la igualdad política de hombres y mujeres. Si en un circuito hay 4 curules, deben ser 2 para hombres y 2 para mujeres y que en la papeleta vaya un hombre, una mujer o una mujer, un hombre.

¿De qué depende este logro? De ti, mujer panameña, de que hagas tuya esta aspiración. No importa que seas obrera, profesional, diputada, deportista, religiosa, laica, representante de corregimiento, política, independiente; eres mujer y esta lucha es de todas. Te esperamos, apóyanos.

<> Artículo publicado el 23 de septiembre de 2010  en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,   lo mismo que a la autora,    todo el crédito que les corresponde.

Competencias y diversidad

La opinión de…

Danysabel Caballero


Un nuevo paradigma educativo de reciente data emerge a paso acelerado, tanto en el nuevo espacio europeo como en Latinoamérica; es el enfoque por competencias. Panamá no está ajeno a los cambios que en las diversas esferas de la vida se producen en el mundo y a los cuales, tal como el fenómeno de la globalización, estamos estimulados a adherirnos.

De igual forma, nos encontramos comprometidos con el cumplimiento de pactos, acuerdos y compromisos en el orden educativo y social, como la Declaración de los Derechos Humanos, la Declaración de los Derechos de las Personas con Discapacidad, la Declaración de Viena, la Declaración de El Cairo y las Metas Educativas 2021, cuyo propósito es lograr que más alumnos estudien con una oferta de calidad, equitativa e inclusiva que implica el derecho a la igualdad de oportunidades.

En este ámbito se impone el nuevo paradigma. Sergio Tobón define que las competencias son mucho más que un “saber hacer” en un contexto, pues van más allá del plano de la actuación e implican compromiso, disposición a hacer las cosas con calidad, raciocinio, manejo de una fundamentación conceptual y comprensión.

El programa de la Unión Europea ha definido el vocablo competencia desde una perspectiva curricular, con el propósito de favorecer el desarrollo de las capacidades de cada alumno a lo largo de la vida; el propósito es aplicar la máxima “cada individuo tiene derecho sobre todo lo que podría abarcar” bajo una perspectiva con mayor visual integradora (Spinoza, 1985).

De esta manera, el establecimiento de este nuevo modelo ha llegado a ser de estricto cumplimiento en los centros educativos de todos los niveles, obviando toda reflexión o abstracción, a pesar de los debates en pro y en contra, inclusive, sin tener clara la concepción diversa que el vocablo implica. No se puede soslayar que se enarbolan criterios de calidad y de rendimiento efectivo, atributos importantes bajo un parámetro mercantilista no humanizante.

Es prioritario reflexionar sobre la relación y los efectos que esta apuesta conlleva en términos del aumento o no de las desigualdades en razón de etnia, género, capacidades o clase social.

El momento requiere inferir acerca de los ajustes, metodología y evaluación con indicadores y criterios precisos de logros, que habría que hacerse durante todo el proceso de aprendizaje y la enseñanza para que este nuevo paradigma sea compatible con los criterios de atención a la diversidad y sobre todo a la atención de las necesidades educativas especiales.

En Panamá se han hecho grandes avances en materia de inclusión y atención a la diversidad: la creación del Iphe, la Universidad Especializada de las Américas, la creación de la Secretaría Nacional para la Atención de las personas con Discapacidad, por mencionar algunos.

Son aportes que redundan en beneficio de las más de 370 mil personas con discapacidad que viven en el país, según la primera encuesta nacional de discapacidad. Por ello debemos adecuar el nuevo paradigma para avanzar en esta dirección.

<> Artículo publicado el 12 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa   a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

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Podemos y debemos ser capitalistas

La opinión de…

Tomas Alberto Requena Lozano

A pesar de la irrefutable realidad, del fracaso reiterado de su engañosa oferta de bienestar comunal, de las múltiples pruebas del asesinato a millones de seres humanos en cada país en las que se impusieron a sangre y fuego las mal llamadas revoluciones, del sometimiento criminal, inhumano, desbastador, inmoral y bárbaro a las elementales libertades y derechos del individuo, de la criminalización al deseo de desarrollo, progreso y crecimiento naturales en la especie humana –repito–, a pesar de la realidad, algunos individuos menos ciegos que interesados continúan intentando vender la idea de que el comunismo o socialismo (lo mismo, según el gurú Fidel Castro) es la solución a la pobreza … increíble. Absolutamente increíble.

La pobreza no es una condición, una característica, una enfermedad, una sentencia perpetua o un dogma por lo que ayudar a otros a dejar de ser pobres no pasa por sentir lástima de ellos, clasificarlos, condolernos, convertirlos en mendigos o usarlos a través de la política o la religión para vivir de ellos, para hacer de ellos un negocio.

Ser pobre es una actitud o de otra manera: ser pobre es tener una mala actitud, no mala suerte, no malos contactos extraterrestres; solo se trata de tener la actitud equivocada. Si el pobre internalizara que para salir de pobre tiene que estudiar y ser el mejor de su clase, tiene que trabajar y ser el mejor en lo que hace, tiene que gastar menos de lo que gana y ahorrar un poco, tiene que pasar más tiempo de calidad con su familia y cero tiempo en la cantina o en el cotilleo, tiene que emplear tiempo en buscar soluciones creativas y pasar menos tiempo en escuchar las promesas de políticos, curas y pastores y, sobre todo, tiene que dejar de pensar que la solución a su vida vendrá de la lotería, de la suerte, de un alma caritativa, del crimen o del más allá.

Cuando el pobre entiende esto y cambia su actitud de “sentenciado” a la actitud de: “mi vida yo la cambio con mi esfuerzo tesonero, disciplina y compromiso”. Cuando esto pasa, cuando este cambio interno se da, no hay pobreza que se resista. Por eso, el que algunos se paseen en un Audi pudiera ser malo, pero solo porque no todos nos paseamos en un Audi.

Los grandes yates de la calzada de Amador solo deben servir a los pobres como recordatorio de que se puede llegar también a tener uno así, si se quiere, simplemente porque el dueño de ese yate, ese Audi o esa empresa lo son porque tuvieron, ellos o sus padres o sus abuelos, la actitud correcta para conseguir lo que han logrado.

El trabajo honrado, el ahorro, un proceso mental de razonamiento claro y sistémico y la convicción de que se puede cambiar la vida si se desea, proporciona la actitud necesaria para dejar de ser pobre.

Por supuesto, se necesita un sistema que permita esa actitud y ese sistema, el único sistema es el capitalista.

El socialismo no es más que una variante, una aberración del capitalismo ejercida por los sinvergüenzas que dirigen “revoluciones” solo para su provecho personal, y sobre las religiones… bueno ya sabemos algo… por lo demás el libro no debió decir “el amor con sacrificios por los más pobres” sino: el amor con sacrificios de los más pobres por dejar de serlo.

<>Artículo publicado el 6 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

¿Igualdad de oportunidad?

La opinión de…

Aracelly De León 

Mucho se ha hablado de las desiguales oportunidades entre hombres y mujeres, pero pocas veces se comprende el fondo de esta problemática. Primero debemos comprender que esta diferencia no es natural. Las relaciones de género (que no se refieren solo a las mujeres, sino también a los hombres), son producto de la tradición y de la cultura que se formó con la división sexual del trabajo, en base a funciones biológicas diferentes: engendrar y gestar. El hecho de que la maternidad es indiscutible sentó las bases para que, originalmente, el parentesco se estableciera a través de las mujeres y no de los hombres.

En los inicios de la civilización, la incertidumbre de los hombres acerca de la paternidad de los hijos y su necesidad de tener esa certeza cuando habían acumulado riquezas y querían heredarla a su descendencia, fueron condiciones que indujeron la idea del control de la sexualidad de las mujeres mediante el matrimonio y el confinamiento al espacio de la casa como garantía de seguridad para la paternidad de la descendencia y de la conservación de los bienes acumulados. Los mecanismos sociales construidos para garantizar la paternidad fueron primero la virginidad y luego la fidelidad absoluta, en aras de las cuáles se avasalló a las mujeres hasta convertirlas en invisibles. Se les relegó al llamado espacio doméstico, mientras a los varones se les asignó el espacio público.

Estos valores que hemos heredado como naturales y universales han sido la base de la discriminación de las mujeres durante siglos y en diferentes culturas y, además, han servido para justificar la violencia que se ha ejercido sobre ellas a través de la historia. Violencia de todo tipo: física, sexual, psicológica, patrimonial, cultural, política, económica, entre otras.

En este complejo contexto se ha considerado natural que las mujeres estén en un segundo plano, invisibles, y que el rol protagónico sea el masculino. A tal punto que lo femenino se define como antítesis de lo masculino y viceversa, en circunstancias que ambos somos seres humanos y debemos tener los mismos derechos y oportunidades según nuestras capacidades y opciones de vida, no como un destino manifiesto por el hecho de haber nacido hombres o mujeres. Este tipo de discriminación tiene sus homólogas en la discriminación racial, religiosa, económica o cultural, todas construidas por la sociedad y contrarias a los derechos humanos universales.

Producto de este imaginario social las mujeres realizan la mayoría del trabajo no remunerado en el mundo, lo que ha sido ampliamente documentado y calculado por las Naciones Unidas y múltiples estudios. El trabajo que realizan las mujeres en la reproducción de la fuerza de trabajo y en la creación de bienestar, no es reconocido ni valorado. Se considera una responsabilidad innata y directa de ellas. Por lo tanto, al salir las mujeres al mercado laboral remunerado (por diferentes fenómenos culturales, políticos, económicos, tecnológicos, entre otros) han asumido una doble y triple responsabilidad, porque no se ha logrado la necesaria redistribución ni dentro de la familia, ni con la sociedad, ni con el Estado.

El resultado de estos fenómenos es que las mujeres del siglo XXI tenemos muchos anhelos no realizados. Entre ellos, que se nos reconozca como pares en la sociedad, en el trabajo, en la economía, en la política, en la ciencia y la tecnología. Mientras no se comprenda esto, seguiremos teniendo una mayoría de mujeres responsables de la familia y el hogar, y los varones tomando “sabias decisiones” en el parlamento y en la economía nacional.

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Este artículo se publicó el 23 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

La doble moral

La opinión de…

Rigoberto González Montenegro

Quienes decidieron que la licenciada Ana Matilde Gómez, en su condición de procuradora general, cometió el delito de abuso de autoridad y extralimitación de sus deberes, lo hicieron partiendo del siguiente supuesto: como el artículo 29 de la Constitución se reformó en el año 2004, y se dispuso que para intervenir las comunicaciones privadas se requiere mandato de autoridad judicial, al no tener ésta dicha condición, y al autorizar que se interviniera una comunicación telefónica, violó tal norma constitucional, incurriendo en el delito por el que se le juzgó y condenó.

No importaba que no existiera un pronunciamiento de la Corte Suprema, único tribunal competente para ello, estableciendo el alcance de la reforma introducida al artículo 29 de la Constitución, el sólo hecho de su modificación llevaba a que se entendiera que autoridad judicial sólo lo son los jueces y magistrados del Órgano Judicial. Para saber eso, no hacía falta interpretación constitucional alguna, pues quienes reformaron la Constitución así lo habían dejado claramente establecido.

Hasta aquí la argumentación que sirve de sustento a la condena impuesta.

Pues bien, en el mismo fallo en el que se declaró que los agentes de instrucción del Ministerio Público no son autoridad judicial, la Corte Suprema también dispuso que tal sentencia tendría efectos retroactivos, es decir, que lo que se decidió en julio de 2007 se retrotraía a agosto de 2005, mes y año cuando se expidió la resolución de la Procuraduría General declarada inconstitucional.

Para adoptar esa decisión, como es lógico, la Corte desarrolló, y sustentó con argumentación tal criterio jurídico. Dicho de otra forma, llevó a cabo una interpretación, tanto de la Constitución como de la ley, para acreditar y concluir que podía, no sólo declarar inconstitucional la resolución de la Procuraduría en la que se autorizó la intervención telefónica, sino para darle, a su vez, efectos retroactivos.

La pregunta que cabe hacerse es, ¿por qué la Corte Suprema, en materia de sentencias de inconstitucionalidad, le da efectos retroactivos en ciertos casos, cuando existe una disposición que establece exactamente lo contrario?

En efecto, en el artículo 2573 C. J. se dispone que en materia de inconstitucionalidad los fallos de la Corte, además de finales, definitivos y obligatorios, “no tienen efecto retroactivo”. Por tanto, la Corte al considerar que ciertas sentencias que emite declarando una inconstitucionalidad, tienen efectos retroactivos, hace una interpretación que la ley no le permite, ya que la misma lo que establece es exactamente todo lo contrario.

¿No se extralimita la Corte al darle efectos retroactivos a una decisión cuando la ley dispone lo contrario? ¿Por qué esta interpretación sí se puede hacer, pese a que la ley lo prohíbe, sin que se entienda que con ello no se viola la ley, o no hay extralimitación de funciones?   Lo paradójico de esto es que la Constitución no define qué es una autoridad judicial, sin embargo se condena a una persona porque interpretó y entendía que sí lo era.

La ley establece de manera expresa que las sentencias de inconstitucionalidad no tienen efectos retroactivos, pero la Corte interpreta que sí, por lo que va más allá de lo que le permite la ley, pero la Corte considera que no se extralimita.

¿No es esto doble moral?   ¿Cómo exigirle responsabilidad penal a alguien que interpreta una norma que no le dice que no es autoridad judicial, cuando quien la condena ha interpretado, contrario a la ley, que sí puede dar efectos retroactivos a lo que no le está permitido?

No hay igualdad ni justicia cuando quien condena a otro lo hace por unos hechos que, cuando los comete ella, considera que no son delito.

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Este artículo se publicó el 20 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.