Un lamento por el pasado

La opinión de…

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Pedro Luis Prados S.

Con estupor, pero más que todo con gran tristeza, presencié por los medios el pasado 30 de octubre la visita al país de un equipo de evaluación del Comité de Patrimonio Mundial de la Unesco, para determinar la permanencia de los conjuntos monumentales del país en la lista de dicho organismo.

Tristeza sobre todo porque ese día se conmemoraría el septuagésimo octavo aniversario del natalicio de esa extraordinaria panameña que fue la Dra. Reyna Torres de Araúz, forjadora del gigantesco proyecto de rescatar, clasificar y ordenar jurídicamente el Patrimonio Nacional de Panamá.

El Patrimonio histórico–cultural de un país lo constituyen todos aquellos bienes muebles o inmuebles que son parte del pasado de los pueblos que forman la nación y que son elementos de identificación y cohesión colectiva.

Dentro de los mismos debemos reconocer los grandes conjuntos ceremoniales y arquitectónicos, o aquellas viviendas solitarias testimonio de un acontecimiento memorable; los bienes arqueológicos, artísticos, literarios, folclóricos, culinarios y la indumentaria de cada etnia; las costumbres, tradiciones, mitos, relatos y leyendas transmitidas de una generación a otra.   El patrimonio cultural es, en definitiva, todo lo que una sociedad ha hecho desde sus orígenes para hacer sentir su presencia en el mundo, pero, sobre todo, para reconocerse a sí misma. Cuando una nación pierde esa irremplazable herencia, pierde su rostro; deja de ser un país para convertirse en un negocio.

La energía de la Dra. Reyna Torres de Araúz la llevó a la creación de 14 museos en la geografía del país, entre ellos el Museo Antropológico que hoy lleva su nombre –lamentablemente reducido a una vitrina de artefactos arqueológicos sin ninguna lectura museográfica–, la mayoría de ellos en pésimas condiciones o clausurados por inseguros.

Desde la vicepresidencia del Comité de Patrimonio Mundial impulsó la declaratoria de los Conjuntos Monumentales de San Lorenzo de Chagres, Portobelo, Panamá la Vieja y el Parque Nacional del Darién como Patrimonio de la Humanidad; promovió la creación del Museo del Canal con apoyo de ese organismo, y obtuvo el financiamiento y apoyo técnico para el rescate de las riquezas arqueológicas y sacramentales del país.   Sustentó, en susúltimos días de vida, ante la Asamblea Nacional la Ley para la Administración y Protección del Patrimonio Histórico, hoy violada con toda impunidad por propios y extraños.

Investigadora incansable hurgó los orígenes, costumbres y creencias de los grupos indígenas del país compilados en una monumental obra. Con igual vehemencia negociaba con un cacique ngäbe o kuna, en sus lenguas nativas, un proyecto arqueológico; o bien sustentaba en la Unesco una ponencia en varios idiomas. Un empeño de vida soterrado por la ignorancia, el oportunismo y la negligencia en el cual se repite una vez más esa actitud tan panameña de medir todo con la marea política.

La temprana desaparición física de la gestora de estos grandes proyectos precipitó la custodia del patrimonio histórico en el vértigo de la política partidista y con ello desapareció el criterio técnico de su administración. Al igual que su obra, su figura fue sumida en el olvido y el pasado del país en un lamento de cosa perdida.

Por eso, miro con escepticismo el revuelo mediático sobre características y manejo de los símbolos patrios, no porque carezcan de importancia, sino porque empeñados en la pantalla sólo vemos las imágenes que los medios nos venden y olvidamos los empeños, desdichas y frustraciones de quienes hicieron posible su creación.

Nadie recuerda a don Manuel Encarnación Amador, creador de la bandera nacional, destituido por el presidente Arnulfo Arias como cónsul en un país europeo en el ocaso de su vida; sin pensión se ve obligado a impartir clases de dibujo en un zaguán de la Escuela Nacional de Pintura, deambulando en las tardes en los cafés de la Plaza Cinco de Mayo, con el desgastado traje de lana, los viejos zapatos que apenas podía amarrarse por la hinchazón de la gota, esperando que un amigo lo invitara a un café.

La figura de don Nicanor Villalaz, creador del escudo, obligado a trasladarse con su arte a Centroamérica, en donde realiza la mayor parte de su obra y en donde muere a temprana edad, por la carencia de espacio para la actividad creadora.   O el triste drama de don Santos Jorge, destituido como director de la Banda Republicana, puesto concedido por el presidente José Domingo de Obaldía como agradecimiento del país, y remitido con una beca a tomar clases de armonía en el Conservatorio Nacional por imposición de Narciso Garay Díaz, un muy culto, pero arrogante Secretario de Instrucción Pública.

Por eso siempre pensamos que era cuestión de tiempo. Borrada la pasión por el patrimonio nacional, olvidaremos igualmente a sus gestores. Sencillamente, está en nuestra naturaleza.

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<> Este artículo se publicó el 6  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/prados-s-pedro-luis/

Palos de ciego

No es secreto que el patrimonio cultural a este gobierno le trae bastante al fresco y que otro museo no es la solución.   La opinión de…

MÓNICA MIGUEL
monicamiguelfranco@hotmail.com

Como le gusta repetir a alguien muy cercano a mí, ‘la ignorancia es atrevida’. Y este país, sobre todo en temas de patrimonio, se atreve a casi todo. En varias ocasiones he aullado acerca de diversas bestialidades que se han hecho contra el patrimonio histórico y cultural de todos los panameños. Cuando este gobierno asumió el poder me dije que había que darle el beneficio de la duda, que esperáramos a ver qué iban a hacer en ese tema, lamentablemente a estas alturas ya me he dado cuenta de que no sólo no han hecho nada, sino que no tienen intención de hacerlo. Continúan poniendo parches, lo cual, en temas patrimoniales, es más de lo mismo.

Dependiendo de los intereses personales de cada director general de turno así sopla el viento en el INAC. En el resto de las áreas se siguen dando palos de ciego y se sigue nombrando a todo aquel a quien se le deba un favor y no se sepa donde ponerlo.

Durante meses no se lee nada nuevo en cultura oficialista y de pronto veo en la prensa un artículo que me hizo dar un respingo,   ¿se van a gastar diez millones de dólares en un museo de la pollera?   ¿En serio?    Tuve que mirar el calendario para convencerme de que no era el día de los inocentes. Me aclaran que es una iniciativa con fondos privados imaginada por alguna mente calenturienta… Pero no puedo dejar de pensar que hay tantas necesidades urgentes en los museos estatales que ya existen, en los que llevan años abandonados, en los que están tratando de sobrevivir con uñas y dientes, que parece una broma de mal gusto el que alguien diga que van a hacer uno más. Las piezas agonizan por falta de cuidados preventivos, faltan planes reales y acciones meditadas, y eso en los que ya están abiertos al público.

Como ejemplo pongamos el Museo Antropológico Reina Torres de Araúz. Porque ese pobre miserable lleva años agonizando. Sus piezas fueron trasladadas de mala manera a un galpón que no fue construido para ser un museo arqueológico; algunas de ellas fueron mal montadas para una exhibición inaugural ordenada por la anterior mandamás y luego retiradas para montar otro bodrio al que se atrevieron a llamar exhibición y almacenadas en condiciones nada apropiadas que, en muchos casos, han implicado un daño permanente a piezas que, por su antigüedad, son sumamente delicadas.

Este gobierno está abogando por el turismo, y en nombre del mismo algunos están pensando ahora montar un museo de la pollera e invertir en él diez millones de dólares esperando que sea un foco de desarrollo. Y no dudo que sea una buena idea, lo que digo es que, si con los museos que el país ya tiene abiertos no saben qué hacer, si el personal no es adecuado, si se está contratando a gente que no tiene idea de museos, de patrimonio, ni de cultura, si estamos poniendo parches en un sitio y en otro. Si todos sabemos que en realidad el patrimonio cultural a este gobierno le trae bastante al fresco (porque no hay responsables de lo del Hotel Central ¿verdad? ¿y de lo del P.H. Independencia?), nos queda la duda de a quién beneficiará esta brillante idea surgida de las mentes preclaras cercanas al gobierno.

¡Arreglen lo que tienen! ¡Mantengan lo existente! Y cuando lo que hay tenga buena salud y haya salido de cuidados intensivos, piensen entonces en otras metas. Pero claro, me imagino que es más vistoso cortar la cinta de algo que se les haya ocurrido a ustedes solitos para sentirse inteligentes, y luego no importa que inicie también el largo camino de olvido hacia su futuro cierre.

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<> Este artículo se publicó el 24 de octubre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la autora,   todo el crédito que les corresponde.
Más artículos de la autora  en: https://panaletras.wordpress.com/category/miguel-franco-monica/

La administación del Patrimonio Mundial

La opinión de…

Orlando Acosta Patiño

La última reunión de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación Ciencia y la Cultura, Unesco, sobre la protección del patrimonio cultural tuvo lugar en Brasilia entre el 25 de julio y el 3 de agosto de 2010. Varias conclusiones y recomendaciones fueron vertidas con relación al presente y futuro de los sitios panameños. La realidad se mueve entre el pasado reconocimiento de sus valores universales que llevaron a su inclusión a la categoría de Patrimonio de la Humanidad a la posible consideración para el próximo 2011, a la evaluación de estos a lista de Patrimonio en Peligro.

Las razones de cambio de categoría se colocan, tal como lo expresamos en otros espacios de opinión en la ausencia de una política estatal que logre articular los objetivos de conservación, uso y continuidad de este patrimonio. La meta de lograr subir al tren de desarrollo el patrimonio cultural panameño y dar vigencia a los valores universales que sustentaron su declaratoria es imperativa.

Es urgente detener el proceso de abandono, deterioro y riesgo de desaparición al cual estamos siendo espectadores. San Lorenzo, Portobelo, el Casco Viejo y Panamá Viejo están en riesgo de desaparecer. El informe preliminar del encuentro en Brasilia identifica la falta de claridad en la definición de una política nacional de preservación de las los bienes panameños bajo categoría de Patrimonio de la Humanidad como elemento que amenaza su continuidad y que destina su desaparición. La ausencia de esta política se refleja en la falta de una acción de planeamiento y administración coherente y sistemática de los conjuntos de Portobelo y el Fuerte San Lorenzo Real de Chagre. La condición de ruina, deterioro natural y de origen antropogénico es su presente y su futuro inmediato no es promisorio.

Para los sitios en el Caribe panameño, el descontrolado desarrollo urbano y presiones del turismo son parte del problema. La ausencia de intervenciones regulares y sistemáticas, el abandono y falta de mantenimiento y el resultado de actividades humanas sin control comprometen la integridad y autenticidad de estas estructuras. Por otro lado, la actividad turística desarticulada, sin planeamiento y desvinculada con el desarrollo local es otra de las amenazas que se ciernen sobre estas estructuras que son referencia para entender el proceso de conquista y colonización del continente americano y que se erigen como piezas clave para interpretar el pasado y visualizar a Panamá como sitio de tránsito. El deterioro del Casco Viejo amenaza los valores patrimoniales.

El conflicto de intereses entre los actores, identificados en la especulación inmobiliaria, y los procesos crecientes de “gentrificación” son evidentes en el barrio. La limitada capacidad de mantenimiento y rehabilitación del parque eticado y la falta de una política de mantenimiento y conservación de los edificios, junto con la demolición de edificaciones emblemáticss (Hotel Central), además del desplazamiento de sus habitantes originales es otra de las situaciones. El no evaluado impacto de los recientes proyectos urbanos viales (extensión de la cinta costera) son amenazas reales y sin control que atentan con la continuidad del Casco Viejo. Estamos ante una de las realidades donde la ausencia de una política clara de conservación liderada por una organización débil del Estado nos arrebata uno de los sitios excepcionales que cuenta del devenir histórico de América.

De manera contraria, el sitio de Panamá Viejo se encuentra trabajando con eficiencia y compromiso. No lo digo yo, lo afirma el reporte de la reunión. El desarrollo de facilidades interpretativas, las acciones de detener la densificación por torres de apartamentos en los límites de su área de amortiguamiento son valoradas como expresión de un interés de conservar el carácter y sus condiciones de unicidad.

No todo es bueno para Panamá Viejo. Persiste la amenaza de la vía Cincuentenario cuyas alternativas de relocalización aún no han tenido asignación de fondos de inversión del Estado. No se precisan itinerarios claros sobre cuándo este problema será abordado. Finalmente y como pronóstico del Comité de Patrimonio Mundial de la Unesco, la condición de Patrimonio Mundial de las propiedades panameñas será considerada en una lista de patrimonio en peligro si para el 2011 el contexto de política de administración, conservación del patrimonio panameño no sea redefinida. No son buenas noticias. Parece que se repite el grito que se pregonaba en el siglo antepasado: el que quiera venir a Panamá, que venga porque se acaba.

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Este artículo se publicó el 12 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

En busca de turismo cultural

La opinión de….

MARIELA SAGEL


Como parte de la extraordinaria capacitación y serie de conferencias que lleva a cabo la Universidad Tecnológica, con el auspicio de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), asistí recientemente a la tercera charla del Proyecto I +D en Cultura, que persigue establecer ésta como herramienta para el desarrollo.

El tema era el patrimonio cultural y turismo, y coincidió con un artículo que publiqué en Facetas, de este mismo diario, el domingo pasado, en el que alertaba sobre el peligro de perder la designación con que la UNESCO nos honró en el año 1997 al incluir el Casco Antiguo como Patrimonio de la Humanidad.

El conferencista, el catalán Jordi Tresserras, expuso una presentación comprehensiva, donde señaló las ventajas que tiene contar con una estrategia de turismo que atraiga a los visitantes a los sitios históricos y mostró estadísticas de los lugares que mejor han aprovechado su riqueza ancestral.

En mi artículo Un Patrimonio en Peligro señalaba con preocupación que nos van a poner en la lista de sitios en peligro, después de la dura labor que se realizó para inscribir tanto el Casco Antiguo como a Panamá La Vieja. Los funcionarios locales y de la organización de Naciones Unidas invirtieron tiempo y recursos revisando miles de documentos para llegar a la decisión de incluirnos en esa lista.

Y luego de trece años de haber logrado tan preponderante sitial, pareciera que no hemos entendido la responsabilidad que se adquirió con ello.  La Oficina del Casco Antiguo se fue convirtiendo en tinglado político, vitrina o pasarela para la farándula y más recientemente, desprecio de los encargados de la estrategia turística, quienes alegan que esos sitios no atraen turistas.

Jordi Tresserras desgranó las múltiples experiencias que han atravesado otros países, con menos recursos que Panamá, y han mantenido y conservado sus tesoros culturales.

Cuba, sobre todo, bajo el liderazgo de Eusebio Leal, ha sido un ejemplo del respeto a la historia y eso le ha permitido la supervivencia en todos estos años de bloqueo.

Perú ha ido poco a poco saliendo del estigma de ser un país peligroso por lo de Sendero Luminoso (al senderismo allí le llaman ‘treking’) para que sea mundialmente asociado con Machu Pichu y la gastronomía.

La República Dominicana ha ‘dado la vuelta’ y además de ser recipiente de muchas inversiones en sus idílicas playas, apuesta a la capacitación para entrenar a las personas a atender apropiadamente a los visitantes.

Colombia ha hecho una marca país —algo que nosotros no hemos logrado por el prurito que cada administración tiene para c ambiar el eslogan turístico— y ahora se enfrasca en una campaña que utiliza íconos, como esculturas de Botero, para posicionar, por ejemplo, a Cali, como capital de la salsa a nivel mundial.

Algo que me llamó mucho la atención fue el caso de Barcelona, que al ser considerada por Woody Allen para filmar ‘Vicky Cristina Barcelona’ en sus escénicos parajes, exigió la utilización de los íconos de esa ciudad, —las obras de Gaudí y Miró—, así como la comida mediterránea y los vinos, reforzando las costumbres que atraen al visitante a esa ciudad.

Qué diferente hubiera sido si Panamá le hubiera sentado estrictas pautas al director de ‘El Sastre de Panamá’, y no resultara el desastre que fue.

Para entender lo grave de la vulnerabilidad que estamos ahora mismo atravesando, hace falta una verdadera voluntad política que impulse una preservación con sentido ético y humanístico, respeto a la parte estética, arquitectónica e histórica y equipos interdisciplinarios, que no sean liderados por instituciones desfasadas o por funcionarios que solo quieren conservar su puesto y se prestan para todo tipo de caprichos de ricos.

Profesionales que entiendan de políticas de preservación, que es un trabajo altamente sensitivo y técnico y que existen en nuestro país, pero que son dejados de lado, porque no se amedrentan ante las acciones de fuerza que esgrimen los que pasan por las posiciones de decisión con la única finalidad de enriquecerse.

Qué triste e irónico será que nos otorguen un grado de inversión como país y al mismo tiempo, nos saquen de la lista de patrimonio histórico de la Humanidad. Como se dice, es para dormirse de pie.

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Este artículo fue publicado el 1 de agosto de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

El Premio ‘Ñopo’

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministra de Estado…

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MARIELA SAGEL

Hace unos días asistí, por invitación de la Fundación Eleta, al lanzamiento del Premio de Prensa Fernando Eleta Casanovas, que se otorgará anualmente a los mejores trabajos periodísticos publicados en el término de un año, que resalten el Patrimonio Cultural y el Patrimonio Natural de Panamá.

Esta iniciativa, a menos de un año de la inesperada muerte del inolvidable amigo ‘Ñopo’ Eleta, que partió demasiado pronto y demasiado aprisa, tiene el propósito de honrar su memoria por parte de sus padres y hermanos.  Lo hace bajo un convenio con el Centro Latinoamericano de Periodismo (CELAP), quienes serán los organizadores del mismo. Loable iniciativa que no nos dejó indiferentes cuando ‘Bati’, su hermana, explicó a los presentes, no solo los propósitos de vida de su entrañable hermano, sino el compromiso que tiene su familia para preservar su memoria de la manera en que él mismo lo hubiera hecho: capacitando periodistas que ejerzan con responsabilidad su oficio.

Aparte de los considerables montos que serán destinados para premiar la excelencia periodística, tanto escritos, radiofónicos, como televisivo y multimedia, los jurados internacionales que calificarán los trabajos que se inscriban serán designados por el Smithsonian Tropical Research Institute (STRI), ramal del Smitshonian Institution que está establecida en nuestro país desde 1923 —para los premios de patrimonio natural— y por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), para los premios correspondientes a Patrimonio Cultural. ‘Ñopo’ fue el Representante Alterno de nuestro país ante dicha institución, desde el 2005 hasta el día de su fallecimiento.

Como orador de fondo del almuerzo, donde se sirvió un delicioso pollo ‘A la Ñopo’, estuvo el experto en gestión cultural y desarrollo, docente e investigador, Gerardo Neugovsen, quien destacó ‘la importancia del periodismo responsable para permear la sociedad en todos sus estamentos y capas’. Ante la inevitable masificación de la comunicación, éste —el periodismo responsable— ‘cobra mayor importancia para que cada individuo pueda construirse una imagen de la realidad cercana y lejana’. A su vez, destacó que ‘es esencial que el periodismo sea crítico con su propia práctica y acción’ y que ‘es necesario que el periodismo panameño se sume activamente a iniciativas como ésta, participando de propuestas como la presentada por la Fundación Eleta, proponiendo temas, investigando con sentido crítico y enriqueciendo así su propia acción profesional’.

‘Ñopo’, desde la Gloria donde esté, posiblemente comiendo pixbae y riéndose con esa sonora risotada que siempre alegraba a quienes trataba, estará complacido de esta magnífica iniciativa que han tomado sus hermanos, porque él mismo fue un gran formador de toda una pléyade de comunicadores, quienes han dado, en el tiempo transcurrido desde su partida, franco y abierto testimonio de lo importante que fue para cada uno de ellos trabajar en su momento bajo su dirección.

Desde aquel aciago día en que se fue, siempre ha estado en la mente (y en el bolsillo de quienes guardamos una cruz de vidrio, en su recuerdo) y ahora se materializa en esta actividad, señalada como un acto de ciudadanía responsable. Una forma de generar esperanzas en una época donde las esperanzas están en extinción, como señaló el expositor invitado.

Y como si todo fuera una infausta coincidencia, ese mismo día se celebró una marcha contra la llamada Ley 9 en 1 —que ya fue sancionada por el Ejecutivo— y ese patrimonio natural que precisamente necesita preservar Panamá y que el Premio Ñopo va a premiar, se ve gravemente vulnerado por leyes que nos ponen en seria desventaja frente a un mundo de hoy día, donde la sostenibilidad es el valor agregado que tienen los países, pues, las empresas que aplicarían para un financiamiento que incluya, obligatoriamente, créditos de carbono requieren estudios de impacto ambiental.

Eso nos pasa a los panameños por agarrar todo a relajo, hasta un eslogan de campaña que llevó a un montón de ingenuos a tener esperanzas, cuando vemos cada día cómo las mismas, como lo dijo Gerardo Neugovsen, están en extinción.

Ojalá que el esfuerzo puesto en este ejemplar premio no quede solo en sendos trabajos, sino en prácticas que beneficien el entorno y el ambiente que una partida de locos se ha atrevido a vulnerar.

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Artículo publicado el 20 de junio de 2010  en el  Diario La Estrella de Panamá , a quienes damos, lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.