Un lamento por el pasado

La opinión de…

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Pedro Luis Prados S.

Con estupor, pero más que todo con gran tristeza, presencié por los medios el pasado 30 de octubre la visita al país de un equipo de evaluación del Comité de Patrimonio Mundial de la Unesco, para determinar la permanencia de los conjuntos monumentales del país en la lista de dicho organismo.

Tristeza sobre todo porque ese día se conmemoraría el septuagésimo octavo aniversario del natalicio de esa extraordinaria panameña que fue la Dra. Reyna Torres de Araúz, forjadora del gigantesco proyecto de rescatar, clasificar y ordenar jurídicamente el Patrimonio Nacional de Panamá.

El Patrimonio histórico–cultural de un país lo constituyen todos aquellos bienes muebles o inmuebles que son parte del pasado de los pueblos que forman la nación y que son elementos de identificación y cohesión colectiva.

Dentro de los mismos debemos reconocer los grandes conjuntos ceremoniales y arquitectónicos, o aquellas viviendas solitarias testimonio de un acontecimiento memorable; los bienes arqueológicos, artísticos, literarios, folclóricos, culinarios y la indumentaria de cada etnia; las costumbres, tradiciones, mitos, relatos y leyendas transmitidas de una generación a otra.   El patrimonio cultural es, en definitiva, todo lo que una sociedad ha hecho desde sus orígenes para hacer sentir su presencia en el mundo, pero, sobre todo, para reconocerse a sí misma. Cuando una nación pierde esa irremplazable herencia, pierde su rostro; deja de ser un país para convertirse en un negocio.

La energía de la Dra. Reyna Torres de Araúz la llevó a la creación de 14 museos en la geografía del país, entre ellos el Museo Antropológico que hoy lleva su nombre –lamentablemente reducido a una vitrina de artefactos arqueológicos sin ninguna lectura museográfica–, la mayoría de ellos en pésimas condiciones o clausurados por inseguros.

Desde la vicepresidencia del Comité de Patrimonio Mundial impulsó la declaratoria de los Conjuntos Monumentales de San Lorenzo de Chagres, Portobelo, Panamá la Vieja y el Parque Nacional del Darién como Patrimonio de la Humanidad; promovió la creación del Museo del Canal con apoyo de ese organismo, y obtuvo el financiamiento y apoyo técnico para el rescate de las riquezas arqueológicas y sacramentales del país.   Sustentó, en susúltimos días de vida, ante la Asamblea Nacional la Ley para la Administración y Protección del Patrimonio Histórico, hoy violada con toda impunidad por propios y extraños.

Investigadora incansable hurgó los orígenes, costumbres y creencias de los grupos indígenas del país compilados en una monumental obra. Con igual vehemencia negociaba con un cacique ngäbe o kuna, en sus lenguas nativas, un proyecto arqueológico; o bien sustentaba en la Unesco una ponencia en varios idiomas. Un empeño de vida soterrado por la ignorancia, el oportunismo y la negligencia en el cual se repite una vez más esa actitud tan panameña de medir todo con la marea política.

La temprana desaparición física de la gestora de estos grandes proyectos precipitó la custodia del patrimonio histórico en el vértigo de la política partidista y con ello desapareció el criterio técnico de su administración. Al igual que su obra, su figura fue sumida en el olvido y el pasado del país en un lamento de cosa perdida.

Por eso, miro con escepticismo el revuelo mediático sobre características y manejo de los símbolos patrios, no porque carezcan de importancia, sino porque empeñados en la pantalla sólo vemos las imágenes que los medios nos venden y olvidamos los empeños, desdichas y frustraciones de quienes hicieron posible su creación.

Nadie recuerda a don Manuel Encarnación Amador, creador de la bandera nacional, destituido por el presidente Arnulfo Arias como cónsul en un país europeo en el ocaso de su vida; sin pensión se ve obligado a impartir clases de dibujo en un zaguán de la Escuela Nacional de Pintura, deambulando en las tardes en los cafés de la Plaza Cinco de Mayo, con el desgastado traje de lana, los viejos zapatos que apenas podía amarrarse por la hinchazón de la gota, esperando que un amigo lo invitara a un café.

La figura de don Nicanor Villalaz, creador del escudo, obligado a trasladarse con su arte a Centroamérica, en donde realiza la mayor parte de su obra y en donde muere a temprana edad, por la carencia de espacio para la actividad creadora.   O el triste drama de don Santos Jorge, destituido como director de la Banda Republicana, puesto concedido por el presidente José Domingo de Obaldía como agradecimiento del país, y remitido con una beca a tomar clases de armonía en el Conservatorio Nacional por imposición de Narciso Garay Díaz, un muy culto, pero arrogante Secretario de Instrucción Pública.

Por eso siempre pensamos que era cuestión de tiempo. Borrada la pasión por el patrimonio nacional, olvidaremos igualmente a sus gestores. Sencillamente, está en nuestra naturaleza.

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<> Este artículo se publicó el 6  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/prados-s-pedro-luis/

Palos de ciego

No es secreto que el patrimonio cultural a este gobierno le trae bastante al fresco y que otro museo no es la solución.   La opinión de…

MÓNICA MIGUEL
monicamiguelfranco@hotmail.com

Como le gusta repetir a alguien muy cercano a mí, ‘la ignorancia es atrevida’. Y este país, sobre todo en temas de patrimonio, se atreve a casi todo. En varias ocasiones he aullado acerca de diversas bestialidades que se han hecho contra el patrimonio histórico y cultural de todos los panameños. Cuando este gobierno asumió el poder me dije que había que darle el beneficio de la duda, que esperáramos a ver qué iban a hacer en ese tema, lamentablemente a estas alturas ya me he dado cuenta de que no sólo no han hecho nada, sino que no tienen intención de hacerlo. Continúan poniendo parches, lo cual, en temas patrimoniales, es más de lo mismo.

Dependiendo de los intereses personales de cada director general de turno así sopla el viento en el INAC. En el resto de las áreas se siguen dando palos de ciego y se sigue nombrando a todo aquel a quien se le deba un favor y no se sepa donde ponerlo.

Durante meses no se lee nada nuevo en cultura oficialista y de pronto veo en la prensa un artículo que me hizo dar un respingo,   ¿se van a gastar diez millones de dólares en un museo de la pollera?   ¿En serio?    Tuve que mirar el calendario para convencerme de que no era el día de los inocentes. Me aclaran que es una iniciativa con fondos privados imaginada por alguna mente calenturienta… Pero no puedo dejar de pensar que hay tantas necesidades urgentes en los museos estatales que ya existen, en los que llevan años abandonados, en los que están tratando de sobrevivir con uñas y dientes, que parece una broma de mal gusto el que alguien diga que van a hacer uno más. Las piezas agonizan por falta de cuidados preventivos, faltan planes reales y acciones meditadas, y eso en los que ya están abiertos al público.

Como ejemplo pongamos el Museo Antropológico Reina Torres de Araúz. Porque ese pobre miserable lleva años agonizando. Sus piezas fueron trasladadas de mala manera a un galpón que no fue construido para ser un museo arqueológico; algunas de ellas fueron mal montadas para una exhibición inaugural ordenada por la anterior mandamás y luego retiradas para montar otro bodrio al que se atrevieron a llamar exhibición y almacenadas en condiciones nada apropiadas que, en muchos casos, han implicado un daño permanente a piezas que, por su antigüedad, son sumamente delicadas.

Este gobierno está abogando por el turismo, y en nombre del mismo algunos están pensando ahora montar un museo de la pollera e invertir en él diez millones de dólares esperando que sea un foco de desarrollo. Y no dudo que sea una buena idea, lo que digo es que, si con los museos que el país ya tiene abiertos no saben qué hacer, si el personal no es adecuado, si se está contratando a gente que no tiene idea de museos, de patrimonio, ni de cultura, si estamos poniendo parches en un sitio y en otro. Si todos sabemos que en realidad el patrimonio cultural a este gobierno le trae bastante al fresco (porque no hay responsables de lo del Hotel Central ¿verdad? ¿y de lo del P.H. Independencia?), nos queda la duda de a quién beneficiará esta brillante idea surgida de las mentes preclaras cercanas al gobierno.

¡Arreglen lo que tienen! ¡Mantengan lo existente! Y cuando lo que hay tenga buena salud y haya salido de cuidados intensivos, piensen entonces en otras metas. Pero claro, me imagino que es más vistoso cortar la cinta de algo que se les haya ocurrido a ustedes solitos para sentirse inteligentes, y luego no importa que inicie también el largo camino de olvido hacia su futuro cierre.

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<> Este artículo se publicó el 24 de octubre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la autora,   todo el crédito que les corresponde.
Más artículos de la autora  en: https://panaletras.wordpress.com/category/miguel-franco-monica/

Retratos de una Obra Histórica

La opinión del Comunicador Social…
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ERNESTO A. HOLDER

En la noche del pasado jueves 19 de agosto, en el auditorio del Museo Interoceánico del Canal de Panamá, se presentó la publicación:   ‘La Ampliación del Canal: Retratos de una Obra Histórica’, preparado por el equipo de Comunicación y Documentación Histórica del Programa de Ampliación del Canal, con el apoyo de la Oficina de Comunicación Corporativa de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP).

Como parte de mis responsabilidades profesionales con la ACP, tuve el honor de ser el editor en jefe de esta publicación y para la cual escribí la siguiente introducción:   ‘Hace un poco más de 100 años, para la construcción del Canal a inicios del siglo pasado, en un memorando de 1906 el ingeniero F. B. Maltby, de la Comisión del Canal Ístmico, solicitó lo siguiente: ‘Mucho deseo hacer tomar una serie de fotografías en Gatún, como una vez al mes, para mostrar el progreso de la construcción. Debe hacerse con regularidad y creo que serán de gran valor en relación con la preparación de informes sobre el progreso de la obra.   Por lo tanto, solicito se conceda autorización para emplear un fotógrafo con quien, tengo entendido, ya se han hecho arreglos para trabajar no más de dos días al mes’.

Esta nota resultó en la contratación del fotógrafo Ernest ‘Red’ Hallen, quien fungió como fotógrafo oficial de la empresa del Canal desde 1907 hasta 1937, cuando se jubiló.

La documentación visual que realizó Hallen con su equipo de trabajo resultó en lo que conocemos hoy como ‘La Colección Hallen’.   Sus 23 tomos incluyen 2233 fotografías en blanco y negro del período de la construcción del Canal, de los primeros años de operación y de las áreas aledañas a la vía acuática. La totalidad del trabajo del fotógrafo Hallen comprende cerca de 17200 fotografías en placas de vidrio de 8×10 pulgadas. Los originales reposan en las oficinas de los archivos nacionales de los Estados Unidos.   Constituyen un valioso patrimonio visual, no solo del período de la construcción del Canal de Panamá, sino también del establecimiento de la Zona del Canal y su consecuente segregación.   Muestra la actividad comercial de los primeros escenarios y asentamientos comunitarios en las ciudades terminales de Panamá y Colón y ante todo, captura en su esencia los inicios de nuestro Panamá como república.

Además de la Colección Hallen, existen —a nuestro entender en la Autoridad del Canal de Panamá (ACP)— otras tres colecciones: La de Booz (o Brochard), que cuenta con 91 fotografías;  la de DeSabla, con 33 imágenes; y la Colección Mueller, con 37 fotografías, las tres pertenecientes al periodo francés y de cuyos originales se desconoce el paradero.   Además, la Biblioteca Nacional de Francia protege el legado de otra colección de fotos originales en placas de vidrio, también del periodo francés.

La biblioteca Roberto F. Chiari de la ACP, ha catalogado cerca de 1000 artículos y 4000 libros relacionados a la construcción del Canal, producto de la documentación de la época. Debido al continuado compromiso con la documentación histórica, la biblioteca y tantos otros archivos canaleros cuentan también con gran cantidad de información sobre acontecimientos y eventos posteriores a la inauguración de la vía acuática.

En este momento histórico, hemos constituido un equipo especializado de profesionales que tendrá la responsabilidad de realizar un proceso de documentación histórica efectivo y detallado del Programa de Ampliación del Canal.   La recolección, clasificación y preservación de documentos, fotografías, objetos y otros insumos relacionados a las obras, garantizarán la conservación de todos los elementos de valor histórico.    Colocará en su justa perspectiva los alcances, las historias, los hechos como se dieron, las amenazas, los retos, los triunfos y ante todo, las manos y los rostros de quienes participaron de este nuevo capítulo en la vida de la nación.

Esta publicación fotográfica, presenta los tres primeros años de este monumental esfuerzo de construcción. Ilustra el Panamá de hoy, el marco social en que se lleva adelante esta importante labor. Expresa —en imágenes— instantes que detallan los eventos, los paisajes y los rostros que marcan en el tiempo, la energía trasformadora que le dará forma final a esta obra.   Estas 460 imágenes son tan solo el comienzo de este compromiso histórico del que todos sentimos profundo orgullo’.

Por compromisos ineludibles no tuve la oportunidad de asistir al evento de presentación, pero todos los comentarios que he recibido expresan un profundo sentido de orgullo, complacencia y satisfacción, no solo por la publicación, de excepcional calidad y presentación, sino por el compromiso de los que llevan día a día el trabajo de cumplir con esta propósito nacional; satisfacción por los que lo documentamos y por el compromiso de la ACP con la documentación y la Memoria Histórica de nuestro más preciado bien.

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Artículo publicado el 30 de agosto de 2010 en el diario La Estrella de Panamá a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Nuestros Museos

Reproducimos el artículo de  opinión del Director Ejecutivo de Fundación Instituto Panameño de Estudios Cívicos, Ingeniero.…

Guillermo Antonio Ruiz –

Con la apertura de un nuevo museo religioso en el Casco Antiguo nuestras autoridades dan un paso positivo y de aplaudir para mejorar una dolencia de nuestra querida Ciudad de Panamá y quizás de todo el país: la falta de una oferta de museos adecuada.

Es común entre los panameños al viajar a distintas ciudades del exterior la visita a museos, cosa que no hacemos en nuestro país. ¿Por qué?

Salvo el museo del Canal de Panamá en San Felipe, nuestro país tiene un bajo inventario de verdaderos museos y los que existen parecen más salas de exhibición que museos en propiedad.

El Museo de Ciencias Naturales, ubicado en un hermoso edificio en la Avenida Cuba, es un verdadero desperdicio.   El que debería ser el sitio por excelencia que todos los estudiantes de escuela primaria deberían visitar es un museo con pocas salas y con un presupuesto realmente irrisorio. El Ministerio de Educación podría hacer un convenio de apoyo al INAC y con la colaboración de instituciones científicas suplir regularmente de atractivos a este museo en un país que es crisol de fauna y flora. Me temo que con la inauguración del Museo de la Biodiversidad, el Museo de Ciencias pierda total atractivo cuando perfectamente pueden ser complementarios.

Panamá necesita un museo que muestre nuestras relaciones con Estados Unidos a través del tiempo a propios y extraños.   Las más de 20 invasiones y su historia, la relación entre la Zona del Canal y los gobiernos panameños, y sobre todo un extenso y bien documentado material multimedia de la lucha por la recuperación de nuestro canal sería sumamente atractivo para comprender esta relación única en nuestro continente.

Para crear un lugar así el sitio ideal debería ser la antigua embajada norteamericana en la Avenida Balboa. Pero como alguien tiene una “mejor idea” para ese sitio, en el Casco Antiguo existe un edificio donde operó por décadas el First Nacional City Bank el cual, con la creación de un patronato similar al que se creo para el Museo del Canal, con el apoyo del INAC, canales de televisión, historiadores y otros se pueda recoger un rico material audio visual y así se podría cristalizar esta obra.

Definitivamente que el Museo Reina Torres de Araúz necesita ser la prioridad uno del INAC.   Se necesita construir la infraestructura necesaria para que se puedan mostrar todas las piezas precolombinas actualmente almacenadas y una cartelera de eventos y exhibiciones dinámica haría de esta joya de la corona de nuestros museos un sitio obligatorio de visita para locales y extranjeros. Lo mismo para otros museos del interior que con algo de apoyo de la empresa privada, serían la primera parada de los turistas a estas regiones del país.

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Este artículo se publicó el  22  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Dos noches en la ópera

La opinión del Periodista y Docente Universitario…

MODESTO A. TUÑÓN F.

E l Museo del Canal Interoceánico de Panamá inauguró hace poco una inusual exposición sobre el compositor italiano Giacomo Puccini, que desarrolla su obra en el contexto de la ciudad de Lucca. Allí fue donde nació, germinó y se perfeccionó su creatividad y desde donde hizo proyectar su pensamiento musical hasta transformar los estilos en el periodo de transición entre los siglos XIX y XX.

Esta actividad es de importancia para la cultura en Panamá, precisamente en una época cuando se impulsa la ópera y surgen varios valores jóvenes que incursionan en este ‘bel canto’ y que pudieran dar al país una nueva veta artística para llevar a escenarios internacionales estas capacidades y sensibilidad, a veces desconocidas localmente.

En la sala dedicada a la muestra sobre Puccini, se pudo apreciar la forma como adquirió consistencia esta vocación musical, que impulsó su ingenio a crear un arreglo melódico con tan solo 14 años, cuando era miembro del coro y organista en iglesias de su poblado natal.

La vida bohemia que este artífice llevó en ciudades como Milán, donde estrenó varias óperas, aparece reflejada; tanto esta capital de la música y por el otro, la atmósfera bucólica de Lucca. Hay alusiones al paisaje lacustre de Massaciuccoli en el poblado de Torre del Lago, donde compuso algunas obras y vivió gran parte de su vida.

La expresión musical de este autor italiano, nacido hacia 1858, tomó un primer patrón de Verdi, así como de Wagner (es considerado uno de los primeros italianos en comprender el estilo de este compositor alemán), un ejemplo es Manon Lescaut; donde integró diferentes manifestaciones y principios técnicos de armonía y orquestación para dar a su trabajo un sello propio.

La historia de este creador fue muy irregular. Su estrechez monetaria, los conflictos familiares, los accidentes y la pérdida de algunos de sus más cercanos colaboradores, no fueron impedimento para consolidar un trabajo, caracterizado por una sólida estructuración entre el vocalismo y la instrumentación sinfónica en una dimensión teatral.

La singularidad de este músico se manifestó por sus temas, alejados de la tradicionalidad mitológica o ambientes shakespereanos. Por eso, encontramos desde Le villi, argumentos novedosos cuando en esta propuesta habla de un vampiro legendario que recorre Europa. Luego con Edgar, de un enfoque lírico, no pudo repetir el éxito de la obra anterior.

En su siguiente ópera Manon Lescaut, pudo adentrarse en el drama psicológico y alcanzar un reconocimiento internacional. De allí, una de sus mejores composiciones, La Boheme, con poco éxito original, pero que luego fue aclamada. De igual forma, sucede a sus posteriores materiales artísticos, Tosca, con la que entra al siglo XX y luego, Madame Butterfly, quizás la más difundida.

Luego vendrían La fanciulla del West (La chica del Oeste), tipo ‘western’ y La rondine (La golondrina), especie de opereta o híbrido en su estructura. Hizo tres operas de un acto, a las que denominó El tríptico (Il tabarro, Suor Angelica y Gianni Schicchi), una trágica, la otra lírica y la última, cómica. Este ejercicio de composición se presenta en una sola función.

Su último producto, Turandot no alcanzó a completarse y la parte final fue acabada por otro autor, bajo la revisión de Arturo Toscanini, a quien le correspondió dirigir la orquesta la noche de estreno y que al llegar hasta el punto donde trabajó Puccini, se detuvo y advirtió al público. En la segunda noche, se presentó la versión completa.

El repertorio de este artista original de Lucca, fue frecuentemente criticado por haber sido concebido fuera de los patrones tradicionales de la época, tanto en la estructura como en sus temas.

En fecha posterior a la inauguración de la exposición, en el Teatro Nacional se presentó un concierto patrocinado por la Embajada de Italia con la participación de la orquesta Sinfónica Nacional, bajo la dirección del maestro italiano Giovanni Battista Mazza. Varios jóvenes cantantes interpretaron fragmentos de Tosca y La Boheme con el acompañamiento orquestal.

El concierto creó el ambiente necesario para comprender en toda su expresión la grandeza de Puccini, el carácter universal de su obra y su trascendencia, cuyo testimonio pudimos apreciar a través de la exhibición excelentemente documentada del Museo del Canal Interoceánico de Panamá.

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Artículo publicado el 16 de junio de 2010  en el  Diario La Estrella de Panamá , a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Centros de exhibición de la cultura..

La opinión del Periodista y Docente Universitario…..

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MODESTO A. TUÑÓN F.

Cuando era estudiante, existía en la ciudad de Panamá un museo en la avenida Cuba y calle 30.   Este edificio albergaba una muestra de las principales especies de fauna y flora del país y era la admiración del público; sobre todo, quienes eran oriundos de la urbe capitalina o los turistas, que así conocían lo exótico de naturaleza local y aquellas cabezas de animales traídas de África y que colgaban de las paredes.

La capital creció, la población fue estableciéndose en nuevos barrios y el Museo de Ciencias Naturales quedó relegado a una dirección urbana, que pocos ubican en su memoria.

Por fortuna, desde los años setentas se han establecido otros centros de almacenamiento y exhibición de diferentes aspectos de la cultura nacional. En el Museo Antropológico, el estudio del hombre panameño y su evolución a través del tiempo; el Afroantillano, el legado de las migraciones de esclavos y trabajadores de las obras de construcción del ferrocarril y el Canal.

En las últimas décadas han surgido por fortuna, no solo claustros museísticos, sino centros de visitantes que exponen otros temas del quehacer cotidiano, la ciencia natural y hasta las historias ligadas al Canal de Panamá y las circunstancias que sirvieron de contexto a la presencia de los soldados y civiles estadounidenses en las bases del entonces territorio “ zoneíta ”.

También es digno de mencionar un macroproyecto que es el Museo de la Biodiversidad, diseñado por el afamado arquitecto Frank Gehry, situado a orillas del Canal y que mostrará la historia de la interacción de los sistemas humanos y naturales en este ámbito istmeño, de tanta importancia ambiental.

El establecimiento de áreas protegidas, las tareas de investigación del Instituto Smithsonian, entre otros temas, también dieron origen a la creación de centros de atención donde los asistentes puedan apreciar los componentes de la biodiversidad, pero en su vinculación directa con otros organismos.

Esto se produce —notable particularidad panameña— en un cordón en torno a la ciudad capital y que crea ricos y variados ecosistemas que son un valor turístico agregado a su especial función de servir de protección forestal al Canal de Panamá; algunos de ellos administrados por la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), otros por el Municipio, el Instituto Smithsonian u otros entes especializados.

Es por esa razón que la edición del Directorio de la Red de Centros de Visitantes y Museos viene a llenar un vacío en materia de orientación para interesados del país e internacionales, información pormenorizada sobre los principales indicadores de estos establecimientos culturales.

Este directorio tiene un cuidadoso estilo de diseño, que le hace atractivo y con un texto breve, sucinto y concreto. En él se expone la ubicación, datos básicos de cada museo o centro de visitantes e información para que los usuarios conozcan estos sitios tanto en la oferta, como objetivos fundamentales.

La producción de este directorio fue coordinada por varias instituciones y centros, con el auspicio de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), fue diseñado por Antonio Salado y cuenta con fotografías de Alexander Arosemena y un conjunto de colaboradores.

El contenido bilingüe incluye datos de 24 centros, museos, laboratorios, parques nacionales, monumentos naturales, refugios y paisajes protegidos, cuyo punto en común es que están situados o son vecinos a la Región Interoceánica del Canal de Panamá.

Su objetivo básico es “ fortalecer las capacidades de cada uno de los centros y museos, crear sinergias y compartir experiencias, información, recursos, oportunidades de intercambio y formación de personal… ”.

Este último aspecto es primordial, pues no existe una formación de recursos humanos en este tipo de atención y estos centros se proponen formar personal “ en temas como: interpretación, educación y comunicaciones ”. Evidentemente, que elevar las capacidades del personal contribuiría a dar nuevas oportunidades a dichos centros para aumentar la afluencia de público en general.

En otros países del área se aprecia cómo las familias hacen días de campo y estudiantes convierten estos lugares en un laboratorio viviente por conocer pequeños y grandes organismos en su hábitat; por ejemplo, conocer las conductas de los crustáceos o el ciclo de vida de las iguanas, mariposas, hongos, las extrañas conductas colgantes de los murciélagos o sobre la colorida variedad de los colibríes.

Una de las características que resaltan en este documento, es la variedad de centros, que podrían darle al interesado o grupos específicos una agenda para apreciar diferentes tipos de escenarios, desde locales cerrados como el Museo de Antropología Reina Torres de Araúz o la agradable experiencia de interactuar con tiburones, estrellas y pepinos de mar en el centro Punta Culebra.

También se tiene en cuenta en este directorio la posibilidad de hacer un recorrido histórico en Panamá Viejo o en la Aduana de Portobelo, igual en el principal centro bibliográfico del país, la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero o una inusual concurrencia a un lugar con posibilidades de aprendizaje para estudiantes en el Centro de Ciencias y Arte Explora.

Hay en este manual información y datos sobre los parques nacionales alrededor del Canal, Altos de Campana, Soberanía, Camino de Cruces, Chagres, Portobelo, el Refugio de Vida Silvestre Taboga-Urabá, el Área Recreativa Lago Gatún, el Paisaje Protegido San Lorenzo e Isla Galeta y el Monumento Natural Barro Colorado. Además el Parque Natural Metropolitano y el Municipal Summit, entre otros centros.

La información del directorio es suficiente como para estimular el entusiasmo de los interesados e impide dar la excusa de que no se sabe dónde queda tal o cual lugar digno de conocer, sobre todo en un área tan importante como la Región Interoceánica. Solo falta, entonces, disposición para ir en pos de una gran aventura del conocimiento.

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Este artículo se publicó el 12   de mayo de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¡Vayamos a los museos!

La opinión de la Periodista …..

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Rosa Guizado

Me agobia ver a tantas madres de familia desesperadas por las tareas de sus hijos, sobre todo con los famosos álbumes y las figuritas para ilustrar cuadernos.

Recuerdo mis cuadernos de primaria. Ahora me río de los dibujos que hacía. No sé si lo que yo creía era un caballo se parecía más a un perro grande, pero en aquel tiempo mi maestra me felicitaba. Y como niña inocente, creía que era porque estaba perfecto, pero me percaté muchos años después que era para motivarme, aumentar mi autoestima y sobre todo, porque hubo aprendizaje, uno de los objetivos del trabajo docente.

¡Ah!, y la mayoría de estas actividades las hacíamos en la escuela. En la casa, había que darle duro a las Matemáticas, a las planas para mejorar la letra y al Español.

Nunca he estado de acuerdo con recargar a los estudiantes de tareas que terminan haciéndole los hermanos mayores o los padres ni con el superficial concepto de investigación que dejan en la Premedia, Media y en la universidad. El final es fatal: párrafos aburridos, incoherentes e interminables extraídos de Internet, copiados e impresos.

Ante este panorama, el mayor reto actual es aprender a aprender, lo que involucra desaprender y saber buscar la información relevante.

No hay que esperar una transformación curricular para tomar acciones que incentiven a la niñez a indagar, a dar rinda suelta a su creatividad y a proponer.

Y ese proceso dinámico involucra llevarlos a los museos, sacarlos del aula, de los muros; mostrarles la riqueza, los misterios y a la vez la sencillez de la naturaleza.

¡Vayamos a los museos!, con el otro propósito de obligar a las autoridades a invertir en ellos, porque muchos se sostienen de milagro y con el esfuerzo de esforzados ciudadanos que se niegan a dejarlos morir.

¡Vayamos a los museos!, para quitarles a muchos el olor a moho.

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Este artículo se publicó el  2  de mayo de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

La opinión de…..