Epidemia de obesidad, hora de actuar

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La opinión de…

Ernesto Martínez 

Hace un año el mundo se unió para alertar a la población sobre el riesgo que representaba la epidemia de la gripe A(H1N1).   Las personas usaban máscaras de protección y seguían las medidas para combatir esta “enfermedad”.    Alrededor de 12 mil 220 personas murieron a causa de esta enfermedad.   ¿Pero nos hemos preguntado, cuál es nuestra actitud ahora frente a la epidemia global de la obesidad?

Según declaraciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), 2.5 millones de personas mueren al año a causa de enfermedades relacionadas con el sobrepeso y la obesidad, ¿Prestamos la debida atención y actuamos frente a esta epidemia, como se hizo con la gripe A(H1N1)?

Según la OMS, mil 700 millones de personas sufren de obesidad en el mundo y se calcula que en 2015 habrá cerca de 2 mil 300 millones de adultos con sobrepeso y más de 700 millones personas con obesidad. En Panamá, según cifras del Ministerio de Salud (Minsa), el 51.9% de los adultos tiene sobrepeso y obesidad, más de la mitad de los panameños (as) en edad productiva tienen exceso de peso y sus enfermedades asociadas, que pueden causar muerte o discapacidad (diabetes, hipertensión arterial, enfermedad renal, etc).

Estados Unidos, con la tasa de obesidad más alta en el mundo, también toma medidas para combatir este mal. En enero de este año, Michelle Obama se convirtió en la cara de la campaña contra la obesidad que planea poner en marcha el Gobierno. El plan incluirá una campaña informativa que ofrecerá consejos saludables, como comer más frutas y verduras, y luchará por implementar programas de educación física en las escuelas.

En Panamá se han empezado a tomar medidas para combatir la obesidad infantil. Hoy, Panamá pertenece al grupo de los 18 países en la Federación Latinoamericana de Sociedades de Obesidad, cuyo rol es mayormente el estudio científico de esta patología. De acuerdo al Minsa, este tipo de proyectos contra la obesidad y enfermedades relacionadas le cuesta al Gobierno alrededor de $100 millones anuales. La primera dama, la Secretaría Nacional para el Plan de Seguridad Alimentaria y otras instituciones impulsan la campaña “Cinco al día”, para incentivar el consumo de más frutas y vegetales.

Son pasos importantes, pero la población debe tomar conciencia de que la obesidad sí es una enfermedad. Para ello, deben cambiar sus hábitos alimenticios, y eso involucra unir fuerzas para la ejecución de iniciativas de prevención en salud, cuyas claves están en: Un trabajo conjunto, Gobierno y la empresa privada, para educar sobre la importancia de llevar un estilo de vida saludable; educación integral en las escuelas para formar niños con hábitos alimenticios adecuados. Desde nuestro campo implementamos el plan “Comienzo Sano, Vida Sana”, que incluye información educativa dirigida a profesionales de la salud y padres de familia para que fomenten buenos hábitos de alimentación en bebés y niños pequeños; e informar a la población sobre los aportes calóricos que tienen todos los productos que las empresas ofrecen.

Estamos frente a una epidemia, pero podemos hacer mucho para revertirla y evitar que alguno de nuestros hijos o familiares padezca esta enfermedad.

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<> Este artículo se publicó el 6 de octubre  de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

La crisis de la hemodiálisis

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La crisis de la hemodiálisis

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La opinión del médico….

Enrique Lau Cortés

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Con cierta frecuencia escuchamos a través de los medios de comunicación social, quejas presentadas por los pacientes o sus familiares que reciben hemodiálisis como tratamiento para su insuficiencia renal crónica, lo que quiere decir que los riñones han experimentado un deterioro progresivo e irreversible de su capacidad para manejar los líquidos, eliminar desechos tóxicos conocidos como productos azoados, de producir eritropoyetina que es una hormona que cuando falta ocasiona anemia, lo que lleva a las personas a retener líquidos, tener la presión arterial elevada, baja la hemoglobina, fatiga, y dejar de orinar.

Actualmente, en nuestro país se estima que existen cerca de mil pacientes con insuficiencia renal crónica, 80% generados en enfermos con diabetes y/o hipertensión arterial. Novecientos en tratamiento con hemodiálisis tres veces por semana a un costo promedio de mil 200 balboas al mes, que representan aproximadamente 62 mil balboas por paciente al año, si sumamos cada mes 35 nuevos pacientes en poco tiempo, al ritmo que vamos con esta epidemia, el país no podrá atender las necesidades crecientes e infinitas de ellos, con recursos cada vez más limitados de la sociedad, por lo que sugerimos un cambio radical en la estrategia de abordaje a esta problemática.

Por un lado, debemos entender que la hemodiálisis es un tratamiento paliativo que toma cerca de 12 horas a la semana; sin embargo, hay otras modalidades incluso con mejores resultados como la diálisis peritoneal continua, en cambio, ésta requiere mayor preparación, educación y colaboración de los pacientes y sus familiares y mejor control médico, pero este también es paliativo, así que en aquellos casos que califiquen, la solución debe ser el trasplante renal.

Los trasplantes renales a nivel internacional tienen un costo entre 25 mil a 50 mil balboas, y el tratamiento para evitar el rechazo del riñón tiene un costo aproximado de 12 mil balboas al año. No hay que ser financista para entender que es más costo–efectivo y produce más costo–beneficio trasplantar a los pacientes que mantenerlos en hemodiálisis, pero las ventajas van más allá de lo económico sino también les dan libertad a los pacientes, la vida vuelve a ser un poco más parecida a lo normal, mejora la autoestima y la calidad de vida cambia positivamente para todo su entorno familiar.

Si nos detenemos ahí no hemos hecho la tarea completa, ya que a nivel internacional se estima que cerca de 290 nuevos casos por cada millón de habitantes deben diagnosticarse cada año, por lo que se impone una acción sanitaria que es la prevención y la promoción de la salud, ¿Cómo hacerlo? Simple, evitando que los diabéticos y los hipertensos sigan siendo los mayores proveedores de insuficiencia renal crónica. Para ello debemos contribuir a la educación de nuestros pacientes, permitiendo la toma de conciencia en su responsabilidad con su salud. Además, cada uno de estos pacientes debe ser sometido a un acompañamiento por su equipo de salud y su médico de atención primaria, garantizando los medicamentos de calidad oportunamente, mejorando sus hábitos alimentarios, adoptando formas de vida saludables, eliminando el tabaco, alcohol y otras drogas con lo cual estaremos mejorando la forma de enfrentar esta grave condición.

Esta enfermedad se ha convertido en una epidemia mucho más grave que la ocasionada por el virus de la influenza A (H1N1), por lo que debe ser tratada como una verdadera crisis sanitaria ya que representa para nuestros países la utilización creciente de fondos para remediar una enfermedad que refleja en gran medida falta de capacidad resolutiva del sistema sanitario nacional, si continuamos haciendo lo mismo, los resultados serán más de lo mismo y no mejoraremos la calidad de vida de la población afectada.

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Publicado el 24 de agosto de 2009 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde