Esperanzas de justicia

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La opinión del Abogado…….

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JUAN CARLOS PASTOR

No obstante el justificado grito social de diversos sectores nacionales por la forma y resultado en la selección de los nuevos magistrados, es menester olvidar lo sucedido, pues, conociendo nuestras democracias y respetando irremediablemente el Estado de Derecho, nos vemos compelidos a aceptar la designación del Ejecutivo y su confirmación por la Asamblea.

¿Qué tiene el Legislativo que, aunque de selección popular proviene, parece proceder en contra de las aspiraciones colectivas más evidentes?   ¿Será que es el pueblo el que se equivoca y ellos hacen lo debido?  Olvidar, supongo, el asunto es lo que nos queda y esperar por experiencia lo peor de los ungidos. No obstante, no todo fue malvado, y si por gracia de Dios solo uno resulta un magistrado responsable, cívico e imparcial, nos daría la bofetada por los vituperios lanzados y coadyuvaría al engrandecimiento de la democracia y juntos, dos harían la fuerza.

He escrito en contra de los magistrados de Moscoso y de aquellos ya difuntos que tanto mal hicieron, mientras los primeros a fuerza del descaro allí se mantuvieron, pero sé que responderán a Dios. No todo fue demasiado malo cuando por hipocresía o necesidad descartaron belleza: Latorraca, y por inercia les tocó dirigirse hacia una figura indiscutiblemente competitiva y reconocida, Abel A. Zamorano.

¿Qué moraleja nos brinda y evidencia su selección? Nos evidencia la necesidad del balance entre lo malo y lo bueno, entre lo político y lo cívico, entre las descarnadas luchas por el control del poder y la necesidad del neutrón entre la separación de los mismos; que los ratificadores siempre han sabido distinguir entre el mérito y la sinvergüenzura.

¿Qué buen abogado o estudiante en Panamá no conoce a Zamorano y se siente honrado con su escogencia? ¿Qué cuestionamientos negativos caben ante tan positivos ejemplos? Panamá gana con Zamorano en la suplencia kilómetros de lo que supongo hemos perdido con la escogencia de sus titulares.

Es un hombre campesino, educado al estilo de las mayorías luchadoras; amante y practicante del deporte y su rol social, un excelente académico en lo público y privado, un profesional que enorgullece. ¿De cuántos magistrados saludables, enérgicos, sencillos e incansables en sus actividades ha podido jactarse Panamá? ¿Quién puede decir que Zamorano goza de la venia del presidente o apoyo de la Asamblea? Abel le ha servido con su aspiración al Ejecutivo y al Legislativo, remediándoles en medida alguna su aberrante forma de escoger tan importantes nominados.

Sea como sea, hemos ganado con Zamorano y, aunque hoy es suplente, sabemos de su trayectoria y colocamos nuestras esperanzas en que sirva de ejemplo a los ungidos y vierta esas energías que le sobran en darle transparencia y publicidad al Órgano de Justicia en la medida de sus posibilidades.

Profesor, felicitaciones, pido a Dios que lo ilumine, para así iluminar ese importante Órgano del Estado.

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Publicado el  10  de enero de 2010   en el Diario La Estrella de Panamá , a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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