Magistrados y el por qué de la justicia

La opinión del Abogado….

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JUAN CARLOS PASTOR

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Magistrados y el por qué de la justicia

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Lo primero, no debemos olvidar lo que repiten los “expertos” en sistemas de selección y justicia, “ningún sistema es perfecto”. Lo cierto es que el nuestro abusa de mediocridad y con el universo a nuestro favor caminamos en vía contraria, en vez de aprovechar la democracia para afianzar recuperando décadas perdidas.

Hoy, al echarle un vistazo a la ciudad, campo y sociedad, cuantificando los recursos derrochados en “ democracias ”, los sacrificios humanos y pérdidas sufridas en cuanto a libertades, calidad de vida y oportunidades, me atrevo a sugerir que nos mantenemos con al menos tres siglos de retraso universal.

Todavía contamos con “ letrados ” que se adhieren al arcaico concepto fijado en la Constitución que le otorga toda nuestra servidumbre, sometimiento y adulación mundana al emperador. El presidente como cargo de jerarquía en nuestras democracias, no es más que la forma en que se prolongaron los reyes del medievo, no obstante la Revolución Francesa y todo su bagaje teórico y sustento. No es solo el conocido poder y reverencias que le otorgan nuestras desfasadas constituciones al poder presidencialista, es peor la actitud de nuestros súbditos en la forma como interpretan y legitiman este poderoso exceso luego incontrolable, con tan vasalla sumisión producto definitivo de su nula imaginación y deseos concretos de una sociedad equitativa en función de la sencillez educada al tipo de tanta pobreza.

Separación de poderes según fue concebido originalmente y ejercido en aquella cámara inglesa de los comunes, es sencillamente inconciliable con el dedo y la absurda atribución al presidente a designar los magistrados de la Corte (vea usted, Suprema) de Justicia. Después incomprendemos por qué la justicia se estanca y torna irresponsable desde estos hacia abajo en el contaminado Sistema.

Interesante el dilema.. y resulta que tanto su origen como solución ocupan su lugar solo en la mente humana, donde si ésta no es pura o, al menos, no enfila ese objetivo, cauterio del corazón, será imposible implementar el concepto de lo justo y equitativo. Mi país presenta un problema fácilmente concebible, cuando nos ponemos a buscar quiénes son los que pudiesen ocupar un cargo para administrar justicia con la certeza suficiente de su madurez, imparcialidad, credibilidad, honestidad, etc., y esto surge del hecho de que no tenemos una sociedad real, pues “ sociedad ” implica desear y trabajar por el bien de todos y esto a su vez implica ceder en alguna medida lo que tienes por ese compromiso con el bienestar común.

Esto quizás irrite a unos y confunda a otros, lo acertado es preguntarnos: ¿Fue primero la justicia o el juzgador? ¿Tiene nuestra sociedad una estructura ideológica e histórica que nos garantice que venimos formando personas con valores apropiados a un ser justo y bueno o estamos criando lo contrario? ¿Están nuestros valores morales ligados a nuestras creencias y temor real a un Dios único? ¿Es adecuada la moral de nuestros corregidores, policías, ministros? Entonces, hay que trabajar en todo ello, porque la carrera es larga.

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Publicado el 4 de octubre de 2009 en el La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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