El lago Alajuela colapsó

La opinión de…

Rubén Darío Paredes

El Art. 316 de la Constitución Nacional expresa:  “A la Autoridad del Canal de Panamá corresponde la responsabilidad por la administración, mantenimiento, uso y conservación de los recursos hídricos de la cuenca hidrográfica del Canal de Panamá, constituidos por el agua de los lagos y sus corrientes tributarias, en coordinación con los organismos estatales que la ley determine”.

El río Chagres representa para los panameños, lo que el Nilo es para los egipcios. Dicho mejor, Panamá es hija del Chagres como Egipto es un don del Nilo.   Descubierto en 1502 por Cristóbal Colón y bautizado por este con el nombre de “Río de los Lagartos”, pero pronto adopta el nombre del cacique Chagres a consecuencia de su fuerte liderazgo y dominio en su cuenca.

Aunque no se trata del río más extenso y caudaloso del istmo –como el Tuira, Chucunaque, Santa María, Sixaola o el Bayano– es un recurso de la naturaleza muy presente en la vida, desarrollo y economía de nuestro país, considerando que basta girar una llave para que las aguas del Chagres lleguen a las 400 mil viviendas de la capital y beneficien a más de un millón de panameños. Nuestros bisabuelos, abuelos, padres e hijos fueron bautizados con aguas del Chagres. Sin él no existiría el lago Gatún ni el Canal de Panamá, el activo físico estratégico más valioso para el comercio transcontinental, fuente de riqueza y soporte del desarrollo nacional.

En su recorrido el río Chagres forma el lago Alajuela (Madden) que nos brinda agua para el consumo humano y para impulsar el polo industrial y comercial, también dos saltos que generan electricidad.   Es el tributario principal del lago artificial de Gatún (425 Km2), ubicado a 26 metros sobre el nivel del mar, que permite almacenar y utilizar agua suficiente para que los barcos, con hasta 8 mil contenedores, atraviesen el istmo de un océano a otro, después de recorrer 33 Km antes y después de someterse al sistema de esclusas.

Por todo lo anterior, sugiero a las comisiones de Medio Ambiente y Recursos Naturales de la Asamblea Nacional, así como a la de Asuntos del Canal de Panamá, mirar con preocupación la desprotección y abandono de la irreemplazable cuenca del río Chagres; sobre todo ante la colonización espontánea, desordenada y por la explotación maderera, agrícola y pecuaria en la cercanía de su cuenca, ante la ausencia de una policía especializada de guardabosques y de un plan para el manejo de los recursos naturales.

La escasez de agua que nos obliga actualmente a un programa de racionamiento no es consecuencia única de los torrenciales aguaceros e inundaciones recientes.   Estos diluvios, aunque han contribuido a la turbiedad extrema del agua, lo que obstaculiza el procesamiento normal de potabilización en la planta de Chilibre, son apenas uno de los factores perjudiciales en la actual emergencia.

El problema es más complejo y delicado, porque el daño medular radica en que el lago Alajuela ha perdido capacidad de captación y embalse, como consecuencia de la tala desordenada, erosión de los suelos, escorrentía pluvial y la sedimentación histórica (prácticamente desde 1940), que se ha venido acumulando en su lecho. Vale decir que este lago, con un espejo de 50 Km2, aunque a simple vista no se note, se llena con el 60% de agua, el restante 40% lo ocupa la sedimentación o cieno, que aumenta cada vez más su espesor.

Por otra parte, sin ninguna regulación por ley ni límite, ocurre que más de mil vecinos del lago desarrollan actividades pesqueras comerciales, contaminando sus aguas con los residuos de la combustión de sus motores fuera de borda.    Como van las cosas, si el Estado sigue indiferente ante este deterioro progresivo, en algunos años más emergerán islas, con sus bosques, desde el fondo del lago Alajuela.    Para una mejor comprensión de la magnitud real del problema, cito del libro Colonización y Destrucción de Bosques en Panamá (1982), de los prestigiosos autores Stanley Heckadon y Alberto McKay.

El libro se basa en un valioso estudio técnico del biólogo norteamericano Frank Wadsworth, director del Instituto Forestal de Estados Unidos (en esa época), acerca de los problemas y consecuencias severas, a mediano y largo plazo, que traería la deforestación, erosión y acumulación de los años de enormes volúmenes de sedimento en el fondo del lago Alajuela.   El informe técnico en cuestión fue publicado y sustentado en una audiencia especial ante el Departamento de Estado y la AID, en Washington en 1978. Hace 33 años, recién firmados los tratados “Torrijos–Carter” y cuando EU hacía esfuerzos por demostrar a su contraparte panameña –y lo exigía así una cláusula del tratado–, que nos entregaban un Canal sin problemas operacionales a la vista.

Wadsworth establece en su informe que llegaría el momento en que habría que disminuir el tránsito de barcos para no sacrificar la demanda, por el consumo de agua destinada al millón de habitantes de la capital. Los argumentos vertidos desde entonces en dicho informe, a mi juicio hoy con los torrenciales aguaceros por el cambio climático del planeta, se han acelerado.

Sin embargo, el informe de Wadsworth y de Ira Rubinoff (este último entonces director del Smithsonian) demostraron que la capacidad de almacenamiento del lago Alajuela era cada vez menor por causa de la sedimentación veloz frente al cero dragado. Irónicamente, mientras hoy el lago ha perdido capacidad de almacenamiento de agua, la demanda por este elemento vital crece a consecuencia del aumento natural de la población, por la proliferación de nuevos edificios y torres, desarrollo comercial e industrial y las barriadas populosas por doquier.

Esto ha presionado de manera sostenida una mayor demanda de agua. Desconozco por qué razón la ACP no ha brindado el mismo dragado permanente a este lago tan importante para el desarrollo nacional como sí lo hecho con su gemelo mayor, el Gatún, como se obliga en el Art. 316 de la Constitución.

Por lo anterior, recomendamos construir dos dragas especiales en el sitio e iniciar, cuanto antes, el dragado en el Alajuela; iniciar los estudios de factibilidad de un nuevo acueducto en el Cerro Jefe (Cerro Azul) para atender la demanda de la población de Panamá este y su expansión (24 de Diciembre, etc.), utilizando aguas traídas del río Bayano; organizar, mediante ley, la policía ecológica y de recursos naturales, con la finalidad de custodiar todas las cuencas, ríos y lagos importantes del país.

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Este artículo se publicó el 15  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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