Elecciones y paquetazos II

La opinión del Escritor…

Guillermo Sánchez Borbón

Yo nací y crecí bajo el liberalismo. Como el resto de mis paisanos, lo creía eterno. En 1968 su candidato, David Samudio, se enfrentó a Arnulfo. Éste logró, por razones demasiados complejas para analizarlas aquí, el apoyo de importantes facciones liberales disgustadas con Samudio, quien en mi opinión hubiera sido un buen presidente, pero que no lo fue porque le faltaba tacto político (cualidad indispensable) y se había enajenado a los líderes de facciones poderosas de su partido y de los partidos aliados al suyo.

Estos líderes, furiosos, decidieron darle un escarmiento ejemplar a Samudio. El resto es historia de sobra conocida. Perdió Samudio, pero debido a las características personales de Arnulfo y a la feroz ambición de los militares, a los 11 días de haber tomado posesión de su cargo, todos sus nuevos aliados estaban furiosos y a punto de romper con el socio mayoritario. El golpe de los militares a los 11 días de haber asumido el poder Arnulfo, el cuartelazo de octubre, impidió que consumaran un rompimiento formal –que todos sabíamos inevitable– entre Arnulfo y los partidos aliados a Arnulfo.

Una de las consecuencias del cuartelazo y de los años en el poder del llamado proceso (kafkiano) fue acelerar la muerte de los partidos tradicionales; pero yo tengo la seguridad de que todos estaban condenados a morir de muerte natural. Excepto el arnulfismo, que sobrevivió al cuartelazo y a todas las persecuciones militares. Gracias al veranillo democrático (definición feliz de Carlos Iván Zúñiga) que impuso Carter a Torrijos, Arnulfo regresó del exilio para dar su última batalla. Una vez más, los ciegos militares le arrebataron su triunfo con un paquetazo.

De ahora en adelante, el brazo político de los militares se irá encogiendo hasta que, por último, ya muy disminuido, irá a reunirse con todos sus antecesores (a menos que el actual presidente trate de reelegirse y le infunda renovados bríos al hoy predifunto).

No se crea, ni por un momento, que este ha sido un proceso exclusivamente panameño. En el resto del mundo ha ocurrido lo mismo. La otrora todopoderosa Democracia Cristiana se ha esfumado en todas partes (menos en Alemania y en Chile) en un plazo angustiosamente corto. Recordemos un proceso de agonía sobremanera veloz, del que ninguno de sus líderes tiene personalmente la culpa. Todos fueron arrastrados por una corriente incontenible. Voy a citar algo que escribí, hace casi 30 años, para un acto de ILDEA:

“Para poder subsistir, mucho antes del derrumbamiento de la URSS y de sus satélites, inteligentemente el comunismo italiano abjuró primero de Stalin, luego de Lenin y por último de Marx, es decir, de todos sus grandes patriarcas y santones, y de una teoría elevada por sus seguidores al rango de verdades reveladas.   Hicieron bien los italianos: no sólo por el desprestigio en que han caído aquellos nombres, sino porque ninguno de los profetas y políticos que nos legó el siglo pasado (y casi la primera mitad de este), puede aconsejarnos sobre las cuestiones angustiosamente urgentes de hoy. Ninguno de ellos (salvo Stalin, que optó por ignorar los peligros) conoció las armas nucleares, la sobrepoblación y la consiguiente (y tal vez irreversible) destrucción del medio ambiente”.

Páginas más tarde, escribí: “Y aquí tocamos una de las llagas más sensible del problema: el coste exagerado de las campañas electorales y el del mantenimiento de los partidos. Algunos jefes políticos de nuestros días, desesperados, han tenido que aceptar dineros cuya procedencia los dirigentes se han guardado de aclarar. Han pagado carísimo (con su muerte política) estas maniobras siniestras.

“Daré una idea del coste de las campañas: en 1992 la de Estados Unidos fue de 60 millones de dólares, en 1996 fue de 200 millones y se calcula que este año será de 500 millones. ¿Qué se esconde detrás de estas cifras? El Partido Republicano de EU, de suyo muy conservador, ha vendido su alma a poderosas fuerzas económicas.

Los diputados de este partido defienden públicamente los siniestros intereses de las compañías tabacaleras (que cada día ponen más nicotina a sus cigarrillos con el fin de enviciar a los adolescentes) y de la National Rifle Association, que pese a las tragedias ocurridas últimamente en las escuelas, sigue oponiéndose tenazmente a cualquier control de las armas de fuego, aun a la instalación de un dispositivo de seguridad que impediría que un niño de seis años de edad asesine en clase a uno de sus condiscípulos”.

<> Este artículo se publicó el 4 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/sanchez-borbon-guillermo/
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Entrevista a Mireya Moscoso II

Bitácora del presidente  – La opinión del Abogado,  Empresario y actual presidente de los diarios La Estrella de Panamá y el Diario el Siglo…
EBRAHIM ASVAT
easvat@elsiglo.com

En la entrevista que divulgó Canal 13, Mireya Moscoso mencionó una reflexión del Dr. Arnulfo Arias Madrid que me pareció oportuna.   El Dr. Arias era conciente que en política no hay amigos, sino intereses.   Su vida política le demostró que no estaba equivocado. La ex presidente Moscoso confesó que el presidente Arias tenía, si acaso, un amigo.   El poder es solitario y quien no tiene conciencia de esa realidad comete los peores errores de su vida. Más aún cuando se encuentra en ejercicio del poder.   El Dr. Arias fue autoritario en su proceder y no buscaba consensos en sus decisiones políticas porque tenía un sentido de su papel en la historia panameña.

Como dirigente no entró al gobierno para hacer negocios, sino para reconstruir el tejido social de un país y en su corto periodo de gobierno (especialmente en los años 1940-41) realizó una de las transformaciones más profundas que se haya realizado en Panamá. Como ningún presidente de los últimos veinte años, en su momento entró a la Presidencia para escribir la historia panameña. Eso lo han hecho apenas tres personajes en toda nuestra historia republicana. No fue un presidente que quiso satisfacer su ego personal, engrandecer su figura personal o aumentar su patrimonio personal. Eso generalmente lo hacen los mediocres.

Arnulfo no tenía esas taras. En su vida profesional, fue un excelente médico graduado de las mejores instituciones académicas del mundo. La ex mandataria también manifestó su preocupación porque su partido aceptó participar de una coalición que llegó al poder sin dirigente a la cabeza. Que frente a esa situación era preferible seguir en la oposición. Aquí difiero de la ex mandataria.

Para nadie es un secreto que el Partido Panameñista sufrió una crisis interna muy profunda, luego de la derrota en las elecciones del 2004. El costo de la oportunidad exigía entrar en una alianza, sacrificando la cabeza de la papeleta presidencial para darse un tiempo para la reconstrucción. Así como el panameñismo no tiene ni tendrá un líder como el Dr. Arnulfo Arias Madrid, tampoco tenía la fuerza y el espíritu para maniobrar con inteligencia política en momentos difíciles. Eso lo pueden hacer los líderes, no los apenas capaces.

Arnulfo Arias fue un líder muy controversial en su época y quizás no tuvo la necesaria astucia para neutralizar a sus opositores.   Los Estados Unidos, la oligarquía criolla y los militares le impidieron completar sus tres períodos presidenciales respectivamente.  Esta entrevista es lo mejor que he visto en la televisión, en medio de tanta locura política.

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<> Artículo publicado el 25 de noviembre de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Elecciones y paquetazos

La opinión del Escritor…

Guillermo Sánchez Borbón

Una noche de estas, mientras daba vueltas al aparato de mi televisor buscando un programa cualquiera para matar una hora, tropecé con un programa que en ese preciso momento transmitía una entrevista a los dirigentes actuales del PRD. Ahí paralicé mi receptor, porque la muerte política es un tema que me interesa mucho, sobre todo cuando el muerto aún no sabe que lo es.

Trataré de explicarme.   Durante mucho tiempo el Partido Liberal ejerció en nuestro país una especie de monopolio político, sobre todo desde que (después de nuestra independencia), su principal adversario, el Partido Conservador, se fue volatilizando misteriosamente hasta desaparecer por completo.   Es cierto que con el correr del tiempo el liberalismo se fragmentó en facciones aparentemente irreconciliables; pero que se unían cuando su monopolio era amenazado por una fuerza política exterior.

Así ocurrió en 1948 para enfrentar al arnulfismo, tildado de fascista por sus adversarios políticos. Como de todo esto me he ocupado recientemente, no voy a llover ahora sobre mojado repitiendo mi análisis de hechos de sobra conocidos.   Baste con recordar uno solo.    Yo entré de lleno en la campaña electoral de 1960, que en mi provincia eligió como diputado a mi hermano Rodrigo y como presidente a Nino Chiari.   En aquel tiempo el arnulfismo no era, al menos en nuestra provincia (Bocas del Toro), un factor político de mucha entidad. Ello no obstante, observé, con interés, que los arnulfistas nos ayudaban activamente en la campaña electoral de 1960.

Yo sospechaba que había un acuerdo bajo cuerda, pero no estaba completamente seguro hasta que el historiador Conte Porras, en uno de sus libros, confirmó mis sospechas (muy vagas hasta entonces), de que en esas elecciones hubo un acuerdo más o menos secreto entre los panameñistas y los liberales. Según el historiador, Enrique A. Jiménez fue a Boquete y pactó el acuerdo con el mismísimo Arnulfo.   Don Enrique era el único caudillo liberal que podía hacerlo: uno de sus primeros actos como presidente fue autorizar el regreso de Arnulfo Arias (a la sazón exiliado en Argentina) al país, y permitir su participación en las elecciones de 1948.   Y luego trató de convencer a los liberales de que reconocieran el triunfo de Arnulfo. Era lo mejor para el país y para el liberalismo.

Pero entonces intervinieron unos energúmenos (para colmo recién llegados al Partido Liberal) que rechazaron el prudente consejo del viejo caudillo, y se deshonraron arrebatándole el triunfo a Arnulfo con un grotesco paquetazo. Arnulfo estaba al tanto de estos pormenores.    Por eso no tuvo ningún inconveniente en pactar con los liberales el acuerdo que en 1960 hizo posible su retorno a la palestra política.

El primer acto de los liberales en el poder fue devolverle sus derechos políticos al jefe panameñista. (Este ganó las elecciones de 1964, pero una vez más le robaron su triunfo con actos de magia matemática).

En las elecciones de 1968, gracias a unas inteligentes alianzas, el caudillo panameñista sacó tal cantidad de votos, que esta vez no pudieron privarlo de su victoria). Arnulfo era un hombre sobremanera hábil en la oposición. Su problema era que el poder se le subía a la cabeza y –como decía un psiquiatra español que vivió muchos años en nuestro país– lo inducía a cometer un disparate tras otro hasta que lo derrocaban.   Eso volvió a ocurrir a los 11 días de su toma de posesión. Pero sus enemigos políticos nunca pudieron despojarlo de su incontrastable popularidad. Su entierro reunió una gigantesca multitud (la más grande de nuestra historia), que le dio el último adiós llenando el cementerio y todas las calles de la ciudad.  El próximo sábado publicaré la segunda y última parte de este artículo.

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<> Este artículo se publicó el 27  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/sanchez-borbon-guillermo/

Cápsula histórica de mitos y traiciones

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La opinión del Ingeniero Químico y Psicólogo Industrial…

Giovanni Niedda Alvarado

Es importante que se le aclare a los jóvenes de este país lo que estaba detrás del golpe militar del 68 en detrimento de las vidas que se perdieron: una porción de agua que cruza del Pacífico al Atlántico… el Canal de Panamá.

Para alcanzar este colofón se agregó al golpe que realizaron los oficiales Boris Martínez y Federico Boyd a un joven oficial de mayor rango quien obligado, no quería dar el estacazo, más bien propiciaba por separar al presidente Arnulfo Arias para entregar el gobierno a los liberales:   El militar Omar Torrijos Herrera.

No se podrá anotar en este breve espacio la serie de actos mezquinos y los efectos que siguieron después de aquello que hemos heredado de una de las dictaduras más entorpecedoras que ha habido en América Latina.

Toda esta trama fue el resultado de una serie de acontecimientos e intromisiones que se realizaron desde finales del siglo XIX cuando se forjaban los tratados Mallarino-Bidlack, Evarts-Arosemena y otros. Hoy podemos analizar con certeza, que hubo gobernantes nacionalistas, pero también hubo quienes traicionaron al pueblo, sus haberes, la bandera y el derecho a la felicidad, conceptos estos inmersos en el campo de una real independencia.

Sería de gran propiedad advertir la diferencia entre las personalidades gobernantes, cuando dictaminamos que dentro de los pocos presidentes que se preocuparon por desarrollar el país dentro de la dignidad requerida estuvo el Dr. Harmodio Arias desde su tratado Arias-Roosevelt en 1936(Art. X)  y con el cual abolió todo concepto de permanencia extranjera:

“… ambos países tenían la obligación de tomar medidas confiables para proteger el canal si estuviera en peligro… y esto sería sujeto a consulta entre ambos gobiernos”

Todavía así, los EU se aseguraba el derecho a una continuidad en las ingerencias a través del Art. 136 de la Constitución de 1904 que les permitía a EU intervenir a Panamá en cualquier punto del país para restablecer la paz pública, etc, etc.,  todo esto para controlar el canal.    No fue sino hasta el año 1941 que otro presidente de corte nacionalista, el Dr. Arnulfo Arias Madrid reemplaza este último vestigio de intromisiones a través del Artículo 151 de su nueva Constitución de 1941:   “Ningún gobierno extranjero ni ninguna entidad o institución oficial… podrá adquirir el dominio, posesión, uso o usufructo sobre ninguna parte del territorio nacional salvo lo estipulado en convenios internacionales…”

Toda esta lucha ocurrió en el transcurso de un par de décadas hasta que unos jóvenes institutores confirmaron con sus vidas en 1964 el respeto a la bandera y a la soberanía de Panamá.   Sin embargo, los EU sorprendidos con esta gesta y aferrados a su canal, no desmayaron en seguir utilizando los medios necesarios para controlar el mismo y no sólo contribuyeron con el golpe militar del 68 perpetrado al Dr. Arnulfo Arias, sino que mantuvieron a toda costa al militar potable Omar Torrijos eliminando del camino a Boris Martínez (quien no quiso hablar de tratados por el momento) y a Federico Boyd, para conllevarnos a la firma de un tratado nuevamente oprobioso, que permitiera intervenciones al suelo patrio al capricho de los EU como ocurrió con la invasión a Panamá en diciembre de 1989.

Lo que hizo EU con todos estos intentos de intervención, fue dar continuismo al tratado Mallarino-Bidlock de 1846, cuyo principio de injerencia extranjera se insertó al tratado Hay-Bunau Varilla(1903) y a la idea de los EU de controlar de por vida el canal, manteniendo a la fecha esta idea a través de la firma de un tratado en 1977  (Tratado de Neutralidad) encargado al ciudadano militar Omar Torrijos, considerado por muchos como el traidor, informante de los EU.

A la fecha, Torrijos es utilizado por los miembros del partido PRD el cual fundó, y quienes también traidores, en una abierta contradicción e irrespeto a ellos mismos, estuvieron hasta el último día de la invasión norteamericana con Manuel A. Noriega, el que supuestamente fue mencionado autor intelectual de la muerte del propio Torrijos.

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<>Artículo publicado el  6  de noviembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/niedda-alvarado-giovanni/

El hombre y sus circunstancias

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11 DE OCTUBRE DE 1968  – La opinión de…

Rubén Darío Paredes 

En fechas que marcan sucesos trascendentales en el país como hoy, 42 años después del 11 de octubre de 1968,  sugerimos hacer una pausa para reflexionar y, como un águila, mirar desde las alturas, embriagados de optimismo hacia nuestra república, comprendiendo que los panameños hemos logrado hacer de ella una nación hermosa y pujante.

 

Solo ayer, en 1903, éramos la patria imberbe, indefensa, temerosa y bajo amenaza, pues aún teníamos el cordón umbilical unido a Colombia. Aquellas circunstancias obligaron a nuestros próceres a buscar protección en la bolsa marsupial de Estados Unidos para acumular fuerzas y lanzarnos luego a perfeccionar nuestra soberanía, lo que tomó un siglo.

 

Hoy, tras solo 107 de vida independiente, la república luce vigorosa y autodeterminada ante los retos para su desarrollo. La ocasión es propicia para repasar los hechos que fueron tallando nuestra personalidad de nación libre y soberana.

 

Veamos entonces. Algunos historiadores tildan de oportunista, conspirador e impostor al ingeniero Philippe Bunau–Varilla, porque siendo francés y no panameño incurrió en un abuso o arbitrariedad, al firmar el tratado a perpetuidad con Estados Unidos, sobre el Canal y zonas adyacentes, el 18 de noviembre de 1903, en la residencia del secretario John Hay, en la ciudad de Washington.

Deberíamos preguntarnos ¿Cuáles eran las circunstancias imperantes que obligaron a nombrar a este francés como nuestro primer embajador ante el Gobierno norteamericano?   Él no pudo autonombrarse embajador ¿verdad?

 

Ubicándonos en aquel episodio de emergencia independentista en 1903, nuestro primer presidente, colombiano de nacimiento, el Dr. Manuel Amador Guerrero y la “Comisión de Asuntos Constitucionales, a nuestro juicio jugaron su mejor carta al designar a Bunau–Varilla como embajador plenipotenciario y negociador ante EU, quien a juicio de muchos cumplió con la patriótica misión que se le había encomendado de negociar el tratado, una réplica exacta confeccionada por los gringos, la misma que había rechazado Colombia unos meses antes.

 

Bunau–Varilla partió hacia Washington con dicho documento en su maletín e instrucciones precisas para convertirlo en un tratado, sin dilación. Además, desarrolló una participación decisiva de inteligencia estratégica ante la Casa Blanca, en apoyo a la decisión separatista de Panamá de Colombia. Por otra parte, había demostrado tener vínculos de influencia, confianza y el respeto de los norteamericanos.

Es evidente que Bunau–Varilla no necesita que alguien –y menos yo– un siglo después lo defienda, lo que deseo es introducir el pensamiento filosófico sobre la conducta y proceder de los hombres.

 

El escritor español Ortega y Gasset expresa que la actuación de los hombres las definen las circunstancias donde se encuentra inmersos… “Yo soy y mis circunstancias”.   En consecuencia, opinamos que Bunau–Varilla, contrario al criterio de aquellos nuestros próceres, supo hacer frente con devoción a sus circunstancias, en 1903.

 

Durante el primer golpe de Estado en la historia republicana, el 2 de enero de 1931, las “circunstancias” imperantes obligaron a los hermanos Harmodio y Arnulfo Arias, letrados cabecillas del movimiento populista “Acción Comunal” a actuar contra la oligarquía, que derrocó al presidente constitucional Florencio H. Arosemena y dejó un saldo de 12 muertos.   Los objetivos de ese movimiento se desvanecieron en corto tiempo entre los intereses y la partidocracia.

 

El 3 de abril de 1959,  Santa Fe de Veraguas, Cerro Tute:  “Don Anatolio, mandó a decir a don Chico que salga temprano mañana y que use otro camino, porque estalló la guerra; la Guardia Nacional al mando de un capitán Torrijos está en el pueblo de Santa Fe”.

 

La presencia militar obedecía a que 25 estudiantes se habían alzado en armas contra el Gobierno y se encontraban en las faldas del cerro Tute. Cincuenta años después, Virgilio García, uno de los estudiantes combatientes expresó: “En esa gesta perdí a mi hermano menor Domingo García y a otros cuatro compañeros.   La aventura valió la pena, como consecuencia de ese alzamiento fructificó con los años en el golpe militar del 11 de octubre de 1968, entonces la situación del país mejoró radicalmente”.

 

El 11 de octubre de 1968, cuando la institucionalidad de la Guardia Nacional se vio amenazada por el gobierno del Dr. Arnulfo Arias, quien ganó las elecciones de mayo de 1968, al cancelar y derogar la Ley del Escalafón de Méritos y Antigüedades de la institución, y cuando algunos jefes obligados al retiro habían claudicado inertes, “eran las circunstancias”.

 

Además, en una previa crisis política que culminó con una conspiración de los partidos, es decir un “golpe parlamentario”, pero fallido, contra el presidente constitucional Marco A. Robles, en las postrimerías de su mandato, ese “parlamentazo” lo que buscaba era la cabeza política del Dr. Arnulfo Arias.

Omar Torrijos y prácticamente toda la oficialidad de la Guardia Nacional, decidimos derrocar al presidente Arias por instinto de conservación personal e institucional.   El constitucionalista Dr. Carlos Bolívar Pedreschi da una versión en un ensayo publicado de aquellos sucesos previos al golpe del 11 de octubre, donde reseña, cuáles fueron las “circunstancias” que obligaron a los militares de la Guardia Nacional a derrocar al Dr. Arnulfo Arias.

 

Pasan los años y desde la óptica de ese águila en las alturas, Omar Torrijos representa el “último prócer” de la creación de nuestra república.

<> Artículo publicado el 11  de octubre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

Una cápsula histórica

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-La opinión del Ingeniero y Escritor…

Giovanni Niedda Alvarado 

Después del golpe del 11 de octubre de 1968, pude constatar que la lucha se podía forjar pareja si hubiesen existido más hombres valientes en todo esto.

El Dr. Arnulfo Arias había pasado de la Policía de Balboa para la casa de la familia Montaner en La Boca, pero fomentaba reuniones importantes en un caserón cerca del Administration Building de Balboa que cundió como el edificio de la Presidencia.   El 12, el Presidente trató de enviar telefónicamente un manifiesto por la Radio Mía, pero fue evitado por los militares ayudados por la intercepción de las llamadas por parte de las autoridades zoneítas (Gobernador Leber), quienes impedían que el Dr. Arias Madrid realizara un contragolpe desde la Zona del Canal.

En aquella casa, el Presidente reunió al Gabinete y a la Asamblea Nacional para plantear detalles de guerra y las medidas a tomar para defender la Constitución. Participaba en esto Rodolfo Delgado quien había establecido una línea de comunicación entre las transmisiones clandestinas y la Guardia Nacional en las que el oficial Crócamo transmitía consignas a la gente de Camilo en las patrullas. Eran alrededor de 1,500 efectivos armados, que luego no apoyaron el contragolpe.

El Presidente Arias, por su lado, hacía gestiones para conseguir armas para la lucha con el Presidente de Costa Rica, por lo que quiso moverse para Coto desde un yate que partiría de Balboa hasta Santa Clara y luego desde allí tomaría una avioneta que lo llevaría a su objetivo.

Ya había una fecha para realizar este evento histórico, pero algunos oficiales contra golpistas, como Saavedra, Díaz Duque, Mata y otros se habían retirado del caserón. El Dr. Arias propuso de inmediato ante Doña María, Tito Arias, Nicosia, Crócamo y otros, irse a la frontera como lo había planeado inicialmente, pero Doña María, de manera muy acertada, recomendó abortar el plan, porque de seguro los norteamericanos ya sabrían del mismo al igual que los militares panameños. El Presidente desistió.

Después de unos días se realizaron algunos eventos de contragolpe en la ciudad y el interior de la República, por lo que en algunas de las treguas el Dr. Arias fue invitado a Washington, y en su afán de resolver las cosas dejó el área caliente para tratar de salvar la democracia bajo un reguero de esfuerzos ilusorios y engaños tangibles.

Para algunos fue increíble que a sus 67 años tuviera la energía y el coraje de querer moverse en lanchas y avionetas para conseguir armas para la lucha.

Para cualquier buen panameño esto debe ser considerado un acto de gran valor en un hombre que a esa edad, tuviese la energía para empuñar un arma y seguir siendo un revolucionario nato como en los tiempos de Acción Comunal. Hubo que detenerlo y está claro con lo que le deparó el destino: tratar hasta lo último, mientras que otros se iban antes de tiempo.

<> Artículo publicado el 10  de octubre de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

Un presidente de verdad

La opinión de la Abogada y Ex Diputada de la República…

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MIREYA LASSO

Dentro de poco se cumplirá el primer aniversario del fallecimiento del presidente Guillermo Endara Galimany. Recordamos aquella apoteósica manifestación de aprecio y de dolor de ciudadanos de todo el ámbito político y social, al paso del cortejo fúnebre bajo un sol inclemente y una pertinaz lluvia aquel 30 de septiembre.   Fue el mérito reconocido al hombre íntegro por una trayectoria pública que encarnó valores trascendentes que deberían inspirar también hoy a los políticos criollos. En ese agridulce reconocimiento —con aplausos, lágrimas, pañuelos blancos— fuimos testigos de que todos los panameños, sobre todo los más humildes, compartimos los principios éticos que hicieron de él un Presidente de Verdad y un excepcional político, a quien se le podía mirar directo a la cara para comprobar la ausencia de engaño.

Muchos atributos adornaron su personalidad. Tuve el privilegio de conocerlo de cerca durante los últimos veinte años de su vida y de aprender, de su propia voz, algunas valiosas lecciones. Relato solo cinco de ellas.

Leal. Profesó lealtad invariable al Dr. Arnulfo Arias; lo acompañó en la formación de los nuevos partidos que fundó tras ser despojado de los anteriores. Su probidad le valió la designación como secretario general y vocero del partido que el Dr. Arias intentó infructuosamente formar antes de las elecciones de 1989.   Despreció a los tránsfugas de la política y el incumplimiento de la palabra empeñada, porque ‘los pactos deben cumplirse por credibilidad, debido a que los políticos tenemos la mala fama de decir una cosa y hacer otra’.

Rebelde. Anidó una sana rebeldía contra lo inconsulto y las imposiciones arbitrarias. Se opuso al Ordinario Castrense; nunca aceptó la dictadura militar ni decisiones judiciales odiosas, ni la muerte de pacientes de hemodiálisis en el Seguro Social. Tampoco calló ante amenazas de destitución de funcionarios arnulfistas que lo apoyaron en un proceso electoral interno que encabezó sin éxito, asegurando que ‘con el arnulfismo yo solo tuve problemas a partir del año 2000 y tengo una larga trayectoria en ese movimiento. Siempre fui un rebelde, siempre tuve actos de rebeldía, pero dentro del partido’. Esa rebeldía le valió su expulsión y ser tachado de ‘este traidor’ por su ex copartidario José Miguel Alemán.

Transparente. No hubo dobleces en su vida pública. Como candidato criticó la ‘demagogia barata del candidato que se aprovecha de los anhelos y del candor del ser humano, para hacerle ofrecimientos absurdos y engañosos a sabiendas de que son inalcanzables’. Nunca hizo promesas ilusorias en campaña y una vez con ingenuidad admitió: ‘Creo que la gente me cree cuando hablo’. Como presidente celebró conferencias de prensa cada semana; acudían periodistas y reporteros para preguntarle sobre cualquier tema y para recibir una respuesta directa del propio mandatario. Al abandonar el cargo con conciencia tranquila, permaneció en Panamá sin necesidad de protección de guardaespaldas ni de inmunidad del Parlacen.

Valiente. Detrás de su aspecto campechano y pacífico, se escondía el hombre resuelto que jamás claudicó ante la persecución política, que expuso su vida muchas veces y a manos de los batalloneros aquel trágico 10 de mayo en la Plaza Santa Ana.

Demócrata. Convencido de la sacrosanta bondad de la democracia como sistema de gobierno, fue consecuente con ese dogma. Respetó la separación de poderes como garantía contra el poder hegemónico de un Órgano sobre otros y consideró la libertad de expresión, de información y la pureza del sufragio como elementos claves de una buena gestión. Con una Constitución Política que todavía confirma un sistema presidencialista, optó por autolimitar su propio poder para evitar excesos que, aunque permisibles, no le resultaban juiciosos en la delicada tarea de reconstrucción nacional.

Quizás la valoración más certera de su obra la resumió el mensaje del gobierno canadiense de condolencias por su fallecimiento, cuando expresó: ‘El presidente Endara condujo su país de vuelta a la democracia en 1989 y puso a Panamá de camino hacia la estabilidad y prosperidad’.

Que descanse en paz.

<> Artículo publicado el 22 de septiembre de 2010  en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,   lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.