En busca de una cultura ‘cool’

La opinión del Médico y miembro del Club Rotario…

CARLOS   VÁSQUEZ

La sociedad contemporánea está sujeta a interpretaciones individuales. Es una cultura que muestra muchas opciones, donde no existen las reglas. Buscan dejar de lado lo normal, aunque sea sólo por una noche, los incitan a reinventar la vida, a innovar, y crear brevemente los momentos, que lo viven solo un instante, lleno de utopía y negación de sí misma. La música la hacen para que se escuche solo a todo volumen, es más, muchos dicen que es hecha para que se sienta, se experimenten sensaciones nuevas, se perciba esa ‘vibración’, que invade y sacude todo el cuerpo. Lo que importa es que todos los presentes sigan el movimiento, lo vivan intensamente. Los bailes de ahora quieren expresar intensidad ‘pura’, pero con una sobrecarga auditiva y visual de luces cambiantes, que puedan excitar y contorsionar a cientos de jóvenes hasta el agotamiento.

Esta cultura ‘cool’, crea un ambiente donde los jóvenes se pueden desinhibir para dar rienda suelta a los sentidos, dejen de ser ellos mismos y puedan entrar en esa ‘onda’ distinta, que les produce letargo y momentos fascinantes. Esta actitud en la juventud muestra una inmensa soledad; tratan de encontrar ‘la compañía’ que no tienen en su casa, desean escapar de la vida alienante y frustrante de cada día. Lamentablemente no son conscientes de la castración mental y la negación de sí mismo a que se ven expuestos.  Se sumergen en un mundo ficticio, donde creen no se sufre si no se goza, compensando con ello la falta de amor, la carencia de caricias maternales y del apoyo de un padre responsable. Las nuevas generaciones viven diferente, experimentan mucha soledad, inseguridad, su vida no tiene sentido, necesitan ‘estos escapes’, embotarse en ensueños, ruido y drogas.

Padres, por favor, dejen de ser ciegos y sordos, ¡despierten! Los hijos los necesitan. Pongan un alto a la competencia por el dinero. Miren lo que hacen sus hijos, interésense por sus amistades, los lugares que frecuentan, sus gustos, aficiones y sus intereses.   Escúchenles, aconséjenles, pongan límites, (créanme que los necesitan), establezcan horarios, enséñenles a seleccionar amistades, diversiones, edúquenlos para que sean responsables de sus actos y que reflexionen; pasen más tiempo junto a ellos.

Es prioritario darle un giro al estilo de vida en el que están inmersos nuestros jóvenes. Si queremos una sociedad más justa y equitativa, debemos trabajarla, pero unidos a ellos, a su sed de justicia, confiando en sus deseos de superar los vicios y lacras que como adultos exigimos e imponemos. Pongamos todos las bardas en remojo, aprendamos de Egipto; ellos se están manifestando por un ‘basta ya’, no por extremismos religiosos o políticas utópicas, dándoles las herramientas para que encuentren el camino de la verdadera libertad.

El futuro de Panamá será promisorio si los animamos a que busquen la excelencia del conocimiento,  del trabajo.

 

Este artículo se publicó el 17 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.  El resaltado es nuestro.
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Ronald Wilson Reagan (1911-2011)

La opinión del Presidente del U.S.-Panamá Business Council USA y Ex Embajador de Panamá en Estados Unidos…

JUAN B. SOSA
panamerica@msn.com

El 6 de febrero se cumplió el centenario del nacimiento de Ronald Wilson Reagan, el 40 avo presidente de los Estados Unidos. La ocasión fue propicia para destacar las contribuciones del presidente Reagan y el impacto que tuvo no solo en su país, sino en el mundo entero.    Como dijo un historiador, Reagan llegó a la presidencia con la intención de cambiar el país, pero terminó cambiando al mundo.

De la imagen de actor de cine Reagan se convirtió en la imagen del libertador de los países detrás de la Cortina de Hierro, región habitada por ciudadanos de muchos países sedientos de la libertad que la Cortina de Hierro les había negado, y que finalmente cayó a menos de un año de su salida de la Casa Blanca.

La llegada de Reagan a la Casa Blanca estuvo llena de desafíos.   En esos momentos los Estados Unidos vivía la crisis de los rehenes de la Embajada en Irán, una inflación galopante, altas tasas de intereses que estaban agobiando a la empresa privada, y un estado mental pesimista en el norteamericano que después de la guerra de Vietnam pensaba que su país había perdido la capacidad de ser modelo e inspiración a otros países y entraba en un ciclo declinante.

Adoptando políticas radicales enfocadas a impulsar el espíritu empresarial, inspiró y le dio confianza a una nación que en pocos años recobró su prestigio internacional y lideró la transformación de países frenados por sistemas comunistas hacia esquemas de libre mercado, y al establecimiento de procesos democráticos y respeto a las libertades individuales.

Ronald Reagan tuvo experiencias importantes con Panamá. Durante su intento para ganar la nominación del Partido Republicano en 1976 contra el presidente Gerald Ford, y luego en su campaña para le presidencia en 1980 contra el presidente Jimmy Carter, Reagan fue un fuerte crítico de los Tratados del Canal.   Sin embargo, respetuoso de las leyes, privadamente siempre aceptó la realidad de los Tratados y los justificó con la frase: ‘son la ley de la tierra y como presidente la respetaré’ (The Senate has ratified the Panama Canal Treaties. It is the law of the land and I will upheld the law of the land).   Para crédito de Reagan durante sus ocho años de presidencia siempre evidenció un profundo respeto por los Tratados del Canal.   Reagan era amante de la libertad y por ello apoyó movimientos dirigidos al logro de libertades y un Estado de Derecho. Ese apoyo le ganó eventualmente la liberación de los países dominados por la Rusia comunista y en nuestro hemisferio apoyó los movimientos pro democráticos de Nicaragua y de Panamá.

Durante su presidencia se opuso al general Noriega y jamás reconoció el golpe de estado de febrero de 1988, cortando la comunicación con el régimen ilegítimo y apoyando al gobierno en el exilio del presidente Eric Arturo Delvalle.   Su irrestricto apoyo fue clave en que su vicepresidente George Herbert Walter Bush continuara el apoyo a las aspiraciones de libertad de Panamá, una vez asumió la presidencia en 1989.

Al recordar el centenario de su nacimiento el legado de Ronald Reagan siempre se identificará con su apoyo hacia la libertad, la democracia y el espíritu empresarial.

Este artículo se publicó el 13  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Un pueblo idiotizado

La opinión de la Psicóloga Especialista de la Conducta Humana…

GERALDINE EMILIANI
geraldinemiliani@gmail.com

¿ Qué hace un hombre en el poder por 30 años? Mubarak jugó con las frustraciones del pueblo egipcio por 30 años, con el propósito de un dominio perpetuo, que además de producir traumáticas y perdurables divisiones sociales, desató la ira colectiva que acabó con la traumática y perdurable dictadura. Solo un pueblo idiotizado por el miedo, que conduce a la complicidad con el gobernante de turno, puede caer en tal desperdicio mental.

Hay quienes consideran que las dictaduras surgen por la pobreza, la corrupción y otros males sociales en los países democráticos. Es el hombre y no el sistema quien afecta a la sociedad. Y, aunque un gobierno autoritario y totalitario agrava los problemas sociales, hay otros factores de fondo, menos visibles y más psicológicos, que impulsan a la gente a preferir un gobierno autoritario, en lugar de mejorar y proteger la democracia.

Con el desarrollo de los sistemas democráticos, el hombre obtuvo la libertad para decidir su destino como nunca antes en la historia. Sin embargo, a medida que el hombre se liberó de las cadenas feudales que lo ataban a su ‘amo o señor’, también comenzó a sentir la angustia de tener que tomar sus propias decisiones y asumir todo el riesgo que ello implicaba. Esto es lo que algunos filósofos e intelectuales han denominado acertadamente como el ‘miedo a la libertad’.   Fromm lo explica en pocas palabras: ‘Cuanto más el hombre se transforma en individuo, se presenta el dilema de unirse al mundo a través de las condiciones que le impone la sociedad, en la búsqueda de seguridad. Al acudir a estas formas es cuando el hombre cae en los mecanismos de evasión y apatía, los cuales destruirán la anhelada libertad y su integridad junto con su yo individual’.

Según Fromm, el autoritarismo es un mecanismo de evasión de la libertad que consiste en la tendencia a abandonar la independencia del yo individual para fundirse con algo o alguien exterior, a fin de adquirir la fuerza de la que el ‘yo’ carece. Es decir, busca nuevos vínculos secundarios como sustituto de los primarios que se han perdido; por ejemplo: los impulsos de sumisión y dominación.

Fromm también nos habla de la conformidad automática: este mecanismo se da por ejemplo cuando hay retraimiento del mundo exterior y el individuo deja de ser él y asume una personalidad que la sociedad le asigna.

El conflicto de libertad comienza por el lazo materno. Inicialmente, el humano posee un instinto que le une con su madre. En las sociedades primitivas el individuo estaba muy ligado a su clan.   En las primeras etapas de la vida siempre hay una necesidad de seguridad y orientación que implica una falta de individualidad. Posteriormente, la persona va desarraigándose de sus vínculos primarios. Cuando lo consigue, debe encontrar la orientación y la seguridad que necesita y al no volver a unirse a los vínculos primarios tiene una sensación de soledad y necesidad de cuidado. Entonces necesita aferrarse a algo o a alguien para sentirse seguro.

He aquí cuando aparece el conformismo. Las personas conformistas buscan ‘seguridad’ y no libertad.   Por eso prefieren un gobierno fuerte que les garantice beneficios, aunque ello implique la pérdida de sus libertades. Y, esto es una situación de peligro, porque se abre el espacio para que surjan seres sanguinarios, dictadores, amos y señores disfrazados de salvadores o resguardos de aquellos que no se atreven a hacer las cosas por sí mismos, como el de sacrificarse e invertir horas y energías extras para levantar un negocio propio. Tampoco las escuelas han ayudado mucho, pues enseñan más a estudiar para conseguir trabajo que para ser emprendedores.

Es necesario que los dirigentes de cada país comprendan que los sectores más frágiles de la sociedad deben ser protegidos mediante la oportuna generación de leyes, instituciones, y otros mecanismos sociales correspondientes. Pero sobre todo, es urgente educar a las nuevas generaciones con los valores de la libertad y el emprendimiento, para que desarrollen un espíritu independiente, y puedan entender y perfeccionar la democracia, en vez de destruirla apoyando proyectos populistas y totalitarios. Los líderes autoritarios, son los más propensos a convertirse en dictadores, pues, bajo el pretexto de buscar la ‘justicia social’, tienden a reprimir los derechos humanos fundamentales y terminan sacrificando el desarrollo y agravando los problemas de la sociedad.

Solo la ignorancia puede hacer que un pueblo entero confunda a los demagogos con líderes o estadistas. La educación es la base para el desarrollo integral de los marginados por la pobreza y la ignorancia. Las naciones que posean una amplia cultura democrática estarán preparadas para entender y perfeccionar la democracia, y también para neutralizar con éxito las pretensiones autoritarias de un líder, un partido o una ideología.

Este artículo se publicó el  16  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Entre carisma y liderazgo

 

La opinión de la Psicóloga Especialista de la Conducta Humana…

GERALDINE  EMILIANI
geraldinemiliani@gmail.com

Cabría preguntarse, ¿si los partidos políticos y las ideologías son los que movilizan a la gente? o, ¿el carisma es la clave?    En su conferencia sobre ‘Liderazgo y Resultados’, John Sadowsky, profesor de Liderazgo en la Grenoble Graduate School of Business, comienza analizando el porqué Barack Obama se convirtió rápidamente en un líder, mientras que George Bush nunca llegó a serlo y, qué tienen en común Nelson Mandela, Martin Luther King, Mahatma Gandhi y Winston Churchill, llegando a la conclusión de que no hay patrones ni esquemas que puedan explicar sus éxitos, pero lo que sí tienen en común, es que fueron grandes narradores. Aprendieron a conocerse a sí mismos y a usar sus historias de identidad para incluir a la gente en sus sueños y contagiarles sus pasiones y quimeras.

Dice Sadowsky que, mientras Bush contaba una historia de poder para sí mismo, Obama supo inspirar al electorado con su historia personal y, que Gandhi no nació con el don del liderazgo, sino que se transformó en un maestro cuando decidió aprender de su propia experiencia y seguir los dictados de su corazón. Winston Churchill tampoco era un orador nato. El análisis minucioso de sus mensajes, el afán de simplificar las ideas para llegar al gran público y la práctica tenaz, fueron los ingredientes que lo convirtieron en el mejor orador del siglo XX.

Agrega Sadowsky, que el carisma no conduce al liderazgo. Por el contrario, es la ‘pasión por liderar’ la que lleva al carisma. Mi hipótesis central es que el carisma tiene cierto grado de racionalidad y que puede ser explicado a través de cada cultura y de cada uno de los seguidores de un líder.   La gran revolución del carisma tuvo lugar durante los años sesenta debido al uso de la televisión. Ésta ha transformado la morfología del carisma y la imagen pública de los políticos. A pesar de que no podamos concebir las relaciones sociales sin su presencia, el carisma puede convertirse en un peligro al servicio de demagogos e ideologías como el fascismo. Así, un exceso de fascinación por el carisma puede ir en contra de la cultura política y del espíritu crítico de las democracias.   No obstante, para un hacedor de imagen este elemento es un atributo necesario para todo tipo de líderes políticos democráticos, sin el cual los políticos no pueden triunfar electoralmente.    Solo que la compra de conciencia de los electores y las mentiras en las promesas de campaña sean las reglas a seguir.

Carisma es una palabra de origen religioso, y se refiere a un don que Dios les ha dado a ciertas personas para atraer o fascinar a otras.     En psicología, reconocemos a una persona carismática cuando tiene la habilidad de motivar o de entusiasmar a quienes les rodean. Son personas admiradas y queridas por sus seguidores o por el contrario, odiadas por sus adversarios.

No obstante, poseer este don no significa por ello ser ‘buena persona’, porque muchos dictadores y déspotas crueles y sanguinarios a través de la historia han sido carismáticos.

Muchos autores plantean que se nace con este don. Otros tantos, defienden la tesis de que el carisma se aprende como toda habilidad y que otros tienen que construirlo con esfuerzo. Pienso que el ser humano como ente bio—psico—social requiere de un componente genético, de la predisposición mental y psicológica y de un aprendizaje social para desarrollar la condición carismática, así como el liderazgo. Es bueno destacar que no todos los líderes son carismáticos, ni todos los carismáticos son líderes.

Para personas consagradas a una causa, el carisma es una fuerza interna que se posee y que se desarrolla por el interés, la constancia, el esfuerzo y el ejemplo hacia los demás. Para estas personas no importa si se es pequeño de estatura, poco atractivo o agraciado, artista, magnate o presentador de televisión, qué ropas se lleven o si se expresan con el silencio, mientras hacen su obra sin grandes discursos, como la Madre Teresa de Calcuta o Mahatma Ghandi.

El político que posee liderazgo y carisma convence con sus puntos de vista y tomando en consideración la opinión de todos. No impone criterios, los discute, enseña, y guía. Su autoridad no depende de una cara bonita, ni del dinero que tenga, ni del cargo o posición de jefatura, sino de su autoridad moral y del respeto que siente hacia su propia persona. Entiende y está consciente de que se puede equivocar, que la verdad absoluta no existe y que es vital reconocer la opinión de todos.   Acepta la decisión de la mayoría y lucha por mantener los grados de libertad del pueblo que dirige. Lo contrario conduce a la barbarie, al despotismo y a la tiranía.

 

Este artículo se publicó el 9 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

Todo menos los camellos

La opinión de…

Betty Brannan Jaén

WASHINGTON, D.C. –Las protestas de los últimos días en Egipto me han recordado las de Panamá en 1987 y 1988, solo que los “batalloneros” nuestros no tenían camellos.

Por lo demás, veo paralelos notables, comenzando con el apoyo que Estados Unidos dio al dictador.

Igual que en Panamá, leí que los manifestantes egipcios se quejan de sentirse “traicionados” por el apoyo de Estados Unidos al dictador.   Igual que en Panamá, mostraron por televisión las latas de gas lacrimógeno que decían “Made in USA”, que Estados Unidos había regalado al dictador Hosni Mubarak y que él está usando contra su propio pueblo.

Igual que en Panamá, todas las demás armas que los soldados egipcios están empleando para atacar a sus ciudadanos fueron regaladas o subsidiadas por Estados Unidos, porque Egipto ha estado recibiendo por 30 años más de mil millones al año en ayuda militar estadounidense.

William Hartung, del New America Foundation, un centro de análisis de tendencia liberal, observó esta semana que esa ayuda militar ha sido “el elemento clave” de mantener a Mubarak en el poder. Condoleezza Rice, cuando era secretaria de Estado, admitió que la política estadounidense por los últimos 60 años en el Medio Oriente ha sido “estabilidad a expensas de democracia”. Como sabemos bien, esa también fue la política estadounidense en Centroamérica y Panamá por muchas décadas.

Por ello, en Egipto, como ocurrió en Panamá, quienes han venido presionando por democracia se topaban siempre con el obstáculo inmutable de que Estados Unidos estaba no del lado de la democracia sino del lado del dictador. Mubarak encarcelaba, torturaba y asesinaba a sus opositores sin temor de que ello le causara problemas genuinos con Washington; mientras la represión proporcionara una ilusión de estabilidad en el país, los norteamericanos estaban contentos. Pero incluso ahora, cuando esa ilusión se ha desvanecido, Washington parece resistirse a sacarle la tabla a Mubarak. En los primeros días de las protestas, el vicepresidente Joe Biden defendió a Mubarak y rehusó tildarlo de “dictador”. Eventualmente, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, comenzó a hablar de una “transición ordenada” pero eso significaba darle más tiempo a Mubarak. En los últimos días, la Casa Blanca ha dicho que la transición debe ser “ya”, pero todavía esquiva usar la palabra “dictador”.

Aquí en Washington se ha criticado bastante la posición del gobierno de Barack Obama. Y en Egipto, Mohamed ElBaradei, premio Nobel de Paz y uno de los lideres pro-democracia comentó esto, ácidamente: “El Gobierno norteamericano no puede pedir que el pueblo egipcio crea que un dictador con 30 años en el poder será quien implemente democracia. Esto es una farsa”.

Mientras tanto, hubo un instante de optimismo cuando el ejército egipcio dijo que no usaría la fuerza para reprimir las manifestaciones (a diferencia de los panameños). Pero el día siguiente llegarían los “batalloneros” egipcios en sus camellos –con varas y látigos– a atacar a los manifestantes, mientras los soldados se quedaban de brazos cruzados. Quedó claro que todo era parte del plan, cuyo próximo paso sería que los soldados reprimieran con la excusa de poner alto a la violencia. Mubarak simultáneamente lanzó una fuerte campaña de intimidación y los medios estatales aumentaron el fervor de su propaganda pro-dictadura. Las tácticas clásicas de un tirano.

Mubarak rehúsa irse a las buenas y dice que morirá en su país. Manuel Antonio Noriega también rehusó irse a las buenas y sin duda morirá en su país, aunque le costó bien caro el no haber escuchado a su pueblo cuando debió hacerlo (sin hablar de que el país también pagó un precio muy alto). En el caso de Mubarak, el desenlace está por verse y hay el temor de que la cosa salga muy mal, como ocurrió en Irán. Es cierto que hay ese riesgo, pero no por eso se puede seguir negando la libertad del pueblo egipcio.

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Este artículo se publicó el 6 de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

El efecto de la estupidez humana

La opinión de la Psicóloga Especialista de la Conducta Humana…

GERALDINE EMILIANI
geraldinemiliani@gmail.com

A veces quisiera hacerme la muy valiente cuando emito mis opiniones a través de esta columna semanal.   Pero en verdad muchas veces siento miedo y eso no es bueno, no es saludable.   Es ese miedo a que mi país vuelva a los años en que la libertad de expresión y de información guardaban silencio.

Expresar tus ideas, opinar sobre lo bueno lo malo y lo feo, te ayuda. Y ayuda a todos hasta al que no quiere oír, al que está enfrascado en su torpeza, en su capricho, en su desamor a la patria y hace daño.   Él no es tu dueño, tú no tienes dueño.    Sentirte en libertad te dignifica, te engrandece. Esa libertad que muchas veces hemos de prostituir porque la untamos en todo, como mantequilla al pan y la encontramos en acuerdos, convenios, contratos, hasta en las obras literarias.   La hemos cantado, la hemos bailado, la hemos llorado, la hemos pintado y, la seguimos soñando. Es causa de inspiración y emotividad. La usamos como bandería de rivalidades y disputas y hasta nos orgullecemos al pronunciarla y nos creemos grandes patriotas al defenderla.

Amigo y amiga, cuando sientan una molestia, preocupación o temor, escríbelo en el diario de tu propia vida, eso alivia y te hace reflexionar.   Allí te desahogas, te confiesas contigo mismo. Guardar silencio te afecta, debilita tu corazón que se agita de dolor, porque sientes esos sobresaltos angustiosos, el sobresalto de ese peligro inminente que se te acerca y no puedes con él.

A los periodistas que trabajan con la obsesión de hacer el bien buscando e investigando la noticia, craneando para que la verdad salga a relucir, y nos llegue sin un punto y coma de más, aunque esa verdad moleste a otros, mi admiración. Ese es el buen periodista, amante de su profesión, que bajo las inclemencias del tiempo y muchas veces sin ingerir alimento alguno, nos mantienen bien informados.

Es terrible y muy pero muy triste el periodista que se doblega porque ha de bailar al ritmo de la complicidad en la fiesta de los corruptos porque el dueño del medio le advirtió:   ‘¡Eso no va! porque molesta a los poderosos’.    Señores Periodistas ustedes son nuestros oídos, nuestros ojos, nuestra voz, no nos defrauden. Háganse sentir como Dios manda, porque la Panamá por dentro los necesita.

La Panamá por fuera es bella, elegante, entusiasta, la envidia de muchos de nuestros hermanos países, pero la Panamá por dentro sufre, gime, llora, y grita, porque la maltratan, la golpean, la queman con el fuego de la indiferencia y sin misericordia igual como le sucedió a los 7 internos del Centro de Menores aquel domingo 9 de Enero, precisamente en la fecha en que muchos panameños murieron enfrentándose a la estupidez humana del intruso prepotente, y cuyo único y sano objetivo fue por nuestra soberanía, por nuestra libertad que no se compra, no se vende y no se alquila.

Así como castigamos la conducta del delincuente, gente que lucha contra el egoísmo resistente de una sociedad humanamente deteriorada, materialista, hostil y espiritualmente vacía, ¿quién castiga la pasividad, el individualismo, el oportunismo, el amiguismo, el parentesco, y los favores y compromisos políticos debido a la estupidez humana de todos los gobiernos en detrimento de un pueblo sediento por abrir caminos, conocer los medios y encontrar los fines?

Somos soberanos de nuestra vida mental y afectiva, praxis y razón, ese es el sentido de la verdadera libertad. El hombre no puede estar sometido bajo el dominio de nadie. Nuestra conciencia en sus perspectivas intelectuales, afectivas y de acción, no tiene dueño.

El rostro de la estupidez humana se ve reflejado en el rosario de problemas e injusticias sin resolver y en el tiempo que se invierte en temas tan insignificantes como las discusiones estériles,  peleas irreconciliables, enredos, bochinches e hipocresías,  y que me hacen sentir indignada y sin fuerzas para continuar y luchar contra la corriente.

Cuando será el momento en que esa misma estupidez humana entienda que se ha comprobado científicamente que la convivencia social de un país es uno de los factores más trascendentes para el bienestar, armonía y felicidad de sus habitantes. Somos fundamentalmente animales grupales y nuestro equilibrio mental es mucho mayor cuando nos encontramos en un ambiente de tolerancia y de estrecha comunión.

Se ha demostrado hasta la saciedad que cuando nos encontramos solos estamos más predispuestos a un amplio espectro de enfermedades físicas, sociales y mentales.  No puede haber un ‘yo’ sin un ‘tú y todos’ esto es mucho más que un concepto filosófico y constituye una necesidad humana fundamental.

 

Este artículo se publicó el 26 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

Se impone corregir rumbos

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La opinión del Periodista,  Analista Internacional…

Jairo Henri Pertuz Suárez 

“Libertad mínima es el derecho inalienable de la palabra, al aire o escrita, de todos los seres humanos, con objetividad. Acallarla es el más absurdo desafuero”, JHPS.

Ha empezado el 2011. El mundo se encuentra sumido en la peor crisis financiera, laboral, ambiental y moral. Todos estos elementos afectan gravemente a los seres humanos sin distingo de etnias, credos o ubicación geográfica.  La violencia, las imposiciones, el engaño y el silenciamiento de libertades no son la solución. Está demostrado. Debe darse una convergencia al centro, con entendimiento, respeto y equidad.   El capital, sin la valiosa fuerza laboral, no genera riqueza y deben caminar a la par.

La primera década del Siglo XX  nos mostró terquedad y falta del elemental sentido común para, juntos todos los países y pueblos, sin ventajas ni imposiciones, lograr superar las crisis. Se acabó el tiempo de continuar cargando los empobrecidos a los desarrollados.

Vimos que las prácticas del rescate, mirando para un solo lado, no funcionan.   La crisis persiste y se agudiza con elementos sumamente graves: crisis alimentaria y de justicia.

Aún así, en esta década se han dado hechos saludables en el mundo y se han fortalecido países emergentes en indo-América.

El Estado de Israel y su pueblo han dado un ejemplo contundente de justicia al juzgar a un ex presidente y llevarlo a la cárcel por abusar sexualmente de una empleada suya.

En otros países del mundo, presidentes y funcionarios están por encima de la ley, cometen graves delitos y no pasa nada.   Brasil continúa con éxito su modelo democrático, interno y externo, con las políticas trazadas por el líder sindical “Lula “ Da Silva que, seguramente, serán fortalecidas por la presidenta Dilma Rouseff.   Indudablemente, próximos sucesos deportivos en ese país, coadyuvaran.

Panamá, con crecimiento económico logrado principalmente por su ubicación geográfica, las características que distinguen a su gente, un alto costo social y algunas acciones atinadas en las esferas gubernativas, no logra superar su pésima distribución de la riqueza ni los agudos problemas que nos aquejan.

Se continúa con un sistema de salud donde el Estado persiste en aprovecharse de quienes pagan Seguro Social para jubilarse bien y recibir servicios de salud eficientes. Los gobiernos le recargan todos los servicios de salud en la inventada figura de Beneficiarios.

Además, sin pagar las cuotas de los empleados públicos y con sus fondos devaluándose en el Banco Nacional, todo en perjuicio de los asegurados, afectando gravemente a los jubilados que mendigan sus derechos cada año. Se impone corregir rumbos.

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<>Artículo publicado el 13  de enero de 2011    en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.  El resaltado es del Editor.