Bases y saberes

La opinión del Sociólogo, Escritor y Educador…

Raúl Leis R.

La Biblia nos provoca con una de las más profundas de todas las profecías de paz de la historia: «De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra» (Is 2, 2-5; cf. Miq 4, 1 ss.).

La verdad es que históricamente los panameños y panameñas nunca aceptamos ni avalamos que junto a una obra civil como es el Canal, se introdujera la formación de un inmenso complejo militar que no tenía que ver directamente con esa magna obra de ingeniería que unió los caminos marítimos del mundo.   Los Estados Unidos crearon una pavorosa estructura bélica que trascendía la defensa in situ del canal, y que se convirtió en parte de su aparato ofensivo y defensivo a nivel geopolítico mundial, por ejemplo con la presencia del Comando Sur, uno de los comandos unificados estratégicos a nivel planetario. No sólo eso. El enclave militar norteamericano en Panamá se convirtió en un factor extraño que intervino en la vida nacional a través de la injerencia en los asuntos internos, el fomento del militarismo y el uso de esas instalaciones para entrometerse en los asuntos propios de otras naciones latinoamericanas.

Luego, con el proceso del pleno ejercicio soberano de Panamá en todo su territorio se presentan desafíos, como el manejo eficiente del Canal, y la conversión de todas las instalaciones civiles y militares.   Es bueno hacer la aclaración que según el Diccionario de la Lengua Española se entiende por conversión «Mutación de una cosa en otra. Mudanza de vida. Cambio de efectos públicos por otro de diferentes características». Expresión más acertada que la palabra reconversión, «Hacer volver a su estado primero o a su creencia anterior aquello que ha sufrido una transformación». Es decir, de lo que se trataba (y se trata) es cambiar el sentido, la perspectiva de esas instalaciones no tanto a su estado anterior, pues ya existen bienes que han transformado el entorno original, sino convertirlos en un componente de desarrollo integral real.

En esta perspectiva planteamos desde antes del traspaso del Canal la necesidad de tres conversiones básicas, la conversión productiva que significaba aprender a reutilizar estos bienes en función de fortalecer la economía nacional en el marco de un plan nacional de desarrollo integral La conversión hacia la mejora del ambiente y la conversión hacia los recursos humanos. La experiencia de la Ciudad del Saber, se ubica en la tercera conversión, pues se edifica en una antigua base militar, pero con vasos comunicantes con las dos primeras. Aporta a la conversión, como un rey Midas, que en vez de convertir en oro todo cuanto toca buscar transformarlo en conocimiento para el desarrollo, en humanidad. Este es el toque que Panamá necesita. Una economía, una política, una vida social, una naturaleza tocada de humanidad. Una sociedad donde gobierne la lógica vital de las mayorías sobre la lógica excluyente. Economía, democracia y sociedad al servicio de la persona humana. Un país y un canal para la paz. Un país ya no más erizado de armas sino sembrado de justicia y libertad. Ojalá todos los bienes revertidos cumplieran el mandato histórico de nuestra histórica lucha soberana.

 

<>Artículo publicado el  22  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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