El sultán y el derviche

La opinión del Sociólogo, Escritor, Educador…

Raúl Leis R.

En alguna parte leí este cuento de origen sufí: Una vez el sultán iba cabalgando por las calles de Estambul, rodeado de cortesanos y soldados. Todos los habitantes de la ciudad habían salido de sus casas para verle. Al pasar, todo el mundo le hacía una reverencia. Todos menos un derviche harapiento.

 

El sultán detuvo la procesión e hizo que trajeran al derviche ante él. Exigió saber por qué no se había inclinado como los demás.

El derviche contestó:

– Que toda esa gente se incline ante ti significa que todos ellos anhelan lo que tú tienes: dinero, poder, posición social.   Gracias a Dios esas cosas ya no significan nada para mí.    Así pues, ¿por qué habría de inclinarme ante ti, si tengo dos esclavos que son tus señores?

La muchedumbre contuvo la respiración y el sultán se puso blanco de cólera.

– ¿Qué quieres decir? – gritó.

– Mis dos esclavos, que son tus maestros, son la ira y la codicia – dijo el derviche tranquilamente. Dándose cuenta de que lo que había escuchado era cierto, el sultán se inclinó ante el derviche. ..

Nuestros sultanes están cada vez más dominados por estos dos maestros, en especial la codicia que impregna las formas de operar la política y la economía convirtiendo a las personas en mercancías dispuestas a venderse por dinero o prebendas (Así, se compran campañas electorales, dirigentes, comunicadores, jueces, diputados, alcaldes, representantes) La ira no se queda fuera, declaraciones altisonantes que suenan a odio, violencia verbal, racismo. País donde cada vez más campea un mercado sin alma, populismos y contradictorias ordenes del mandamás de turno.

La libertad de expresión está en la mira en este desolador panorama. Por algo Kant la denominó “la libertad de la pluma… el único paladín del derecho del pueblo.”. Hoy estamos viviendo presiones sobre la prensa en procura de tratamientos de información que resulten más favorables a determinados intereses.

La tendencia a construir monopolios en materia de información que no impedirían la diversidad y el pluralismo. El culpar a los medios de todos los males que ellos denuncian o informan, en lugar de combatir al mal y no al mensajero.

Propuesta de proyectos de leyes de insulto, que disfrazan formas agresivas de censura, y que nacen de la antigua concepción del derecho divino de los monarcas (el rey no se equivoca) expresado en la ley francesa de prensa de 1881 (ya en desuso) que establecía que era un crimen “insultar al presidente”.

Formas veladas o indirectas de castigo o neutralización de periodistas a través de aplicación de presiones o acciones que permitan su control o separación.

El derecho a la libertad de expresión es decisiva para alcanzar la maduración política de un país, a través de una ciudadanía que sienta y tome parte de la vida política y económica, participando a través de los cauces democráticos, en la formación de la voluntad política, mediante una opinión pública con una perspectiva ética que ejerza contraloría social sobre el ejercicio del poder.

<>Artículo publicado el  21  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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