Desigualdad y bienestar

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La opinión de…

Juan Jované 

Entre los más recientes estudios dedicados al análisis del impacto humano de la falta de equidad económica y social se destaca el libro de los distinguidos epidemiólogos británicos Richard Wilkinson de la Universidad de Nottingham y Kate Pickett de la Universidad de York, publicado por el editorial Pinguin (2009) bajo el título de “The Spirit Level”.
La tesis fundamental del libro, cuya demostración se basa en la comparación minuciosa entre cerca de dos docenas de países desarrollados, así como entre los cincuenta estados de los Estados Unidos de América, es que la falta de equidad afecta profundamente la siquis humana, crea ansiedad, desconfianza social y toda otra serie de problemas tanto físicos como mentales.
Los resultados concretos del estudio son contundentes, la mayor inequidad genera de manera sistemática efectos tales como más violencia, falta de cohesión social, casos de abusos de drogas y de embarazos prematuros, así como un peor aprovechamiento de la educación, una menor movilidad social, una expectativa de vida inferior y un estatus reducido para la mujer.

Los resultados antes descritos, conviene enfatizar, se lograron con un alto nivel de apego al método científico, el cual llevó a que los autores dedicaran una parte de la investigación a asegurarse que aún eliminando otras causas alternativas de estos fenómenos, como lo son las diferencias culturales, la vinculación entre falta de equidad y los mismos seguía siendo robusta.

 

Así mismo lograron demostrar claramente que la dirección de la determinación va de la falta de equidad hacia los problemas sociales antes señalados. Se trata, vale la pena añadir, de una demostración que coincide con los recientes hallazgos de Dean Baker y David Ronsnick del Center for Economic and Policy Research, quienes al estudiar la situación de los jubilados del seguro social norteamericano han llegado a la conclusión de que mientras que entre los de mayor ingreso la expectativa de vida se ha incrementado, lo mismo no ha sucedido con los de menores ingresos relativos.

La tesis demostrada por Wilkinson y Pikett, que ratifica que la equidad es un elemento central del desarrollo humano sostenible, tiene la mayor importancia para un país como Panamá, en el que pese a sus altas tasas de crecimiento se muestra una distribución del ingreso profundamente sesgada por medio de la cual el 10% más rico de la población, es decir la clase dorada que controla la vida económica y política del país, se apropia de cerca del 40% del ingreso nacional disponible.

Resulta así necesario empezar a definir un nuevo paradigma para nuestra economía en el que:

1) el objetivo central sea el pleno desarrollo de cada panameño y panameña;

2) se provea a todos de una existencia humana decente asegurándoles la satisfacción de sus necesidades básicas;

3) esté disponible un empleo decente para cada trabajador;

4) se instale una amplia democracia participativa basada en la organización de la comunidad;

5) se asegure una situación de respeto y sostenibilidad frente al medio ambiente.

Para esto debemos construir una fuerza política independiente amplia.

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<>Artículo publicado el 11  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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Horizontes sociales

La opinión del Médico y Ex Ministro de Estado….

GUILLERMO  ROLLA  PIMENTEL
grollap@cableonda.net

La desorientación de los partidos es evidente, porque abandonaron sus publicitadas ideologías y se han convertido en partidas económicas de muchos súbditos oportunistas. De allí que la sociedad, gremios, periodistas, la opinión pública y la gente de la calle estén exigiendo respeto y participación.

Los partidos son híbridos con una gran masa de adherentes de las clases populares y televidentes, manipulados por caciques ricos o enriquecidos (en dinero) que invierten y apuestan al negocio de la política; y todavía lo hacen a veces con una metodología arrogante, cínica, antinacional y antidemocrática, aunque los nombres de los partidos promulguen otra cosa.

Esas observaciones son vox populi y llenan los medios de comunicación; y los directorios electoreros lo saben muy bien. No es antagonismo ni oposición, ni envidia. Es todo lo contrario, es la lógica respuesta de una comunidad consciente, con la mejor intención de colaborar, que advierte que vamos por el camino desviado; y por el bien del país exigen fraternalmente corregir la dirección y los procedimientos que vienen del pasado, y que deben tener un CAMBIO urgente y de verdad. Para eso son los amigos políticos, además de reconocer lo positivo. La ejecutividad debe ser con eficiencia y transparencia para que sea eficaz, sostenible y con credibilidad. No solo el control unipartidario. Esta es la patética y trágica percepción de la ciudadanía.

La gente de la Cruzada Civilista, los sindicatos, los indígenas y los incomunicados y ‘sentenciados’ políticos plantean denuncias y buscan soluciones, pero parece que no nos ponemos de acuerdo.   Los intereses mercantiles locales e internacionales tienen una poderosa influencia.   El Progreso económico es excelente. Pero no hay que perder el objetivo final: ‘El bienestar de TODOS los panameños, en Libertad’. Eso es: su ambiente, su seguridad, su alimento, su trabajo y su educación.    Cualquier programa o ley no puede ir en contra de esa meta. Corrupción, antiambiente, antiobreros.

La entrada de los trabajadores organizados al terreno político es una consecuencia natural de lo que está sucediendo.   El vicepresidente Juan C. Varela les ha dado la bienvenida. Si los partidos se olvidan de sus militantes, esos mismos e ncontrarán otras vías de proyectarse cívicamente.

Es más, ya expresé que los trabajadores y los desempleados son las mayorías en los partidos. Si la frustración y la decepción se mantienen, vendrán otras propuestas que ya se están publicando y que se han experimentado en otros países.   Lula y el partido de los trabajadores de Brasil son un claro modelo. Gobernar con objetivos socialistas, mantener la democracia disciplinando a los militares, civilizar y regular a los inversionistas a cumplir su función social de crear empleo y actuar con justicia social con los consumidores.   Protegiendo y haciendo respetar al país en la protección del ambiente, su mercado y su total soberanía con posiciones nacionalistas en lo internacional, atentos a intentos exteriores (Pinochet y ahora Ecuador) de presiones.   Avanzar en reducir el hambre y la pobreza.    Ningún empresario se ha ido de Brasil. Todo lo contrario, llegan más y tienen que ser regulados.   China otro país de éxito que viene del radicalismo de avances sociales, y se abre en forma regulada al socialismo de mercado.

Para una posición nacionalista panameña y social de ese tipo, todos lo pregonan, pero lo interpretan de maneras diferentes, habría que hacer un gran esfuerzo de autocrítica, ética y solidaridad. Una reingeniería democratizadora de los partidos, una vuelta al fundamentalismo ideológico real y una justicia valiente sin impunidad.  Si las membresías básicas de los partidos leales a sus principios de los estatutos hicieran alianzas y se depuraran de distorsiones dictatoriales del pasado, de desviaciones mercantilistas y vicios de corrupción e ineficacia pudiera crearse una gran Unidad Popular con respeto pluralista…

Podrá calificarse de utopía que el PRD pidiera perdón por los crímenes de sus fundadores e indemnizará a sus víctimas;   porque el cinismo de sus militares es insólito dando clases de democracia. Deberían estar todos presos. Tendrían que renovar su dirigencia y sus métodos. Que los directivos políticos que han manejado las elecciones como inversión monetaria, dieran paso a una real equidad entre todos los candidatos y partidos; excluyendo los dineros como fuerza decisiva.

Estamos en deuda con el país. Los tratados nos pasaron de una ‘zona colonial’, a un ‘país protectorado’ por la ingenuidad y codicia de un sector oportunista de espías de USA y narcodictadores. Están pendientes grandes tareas en educación, constituyente, justicia y seguridad, que no se resolverán si los partidos políticos —especialmente el panameñismo, que tiene más antigüedad, tradición y mística en estas experiencias— no toman la iniciativa, la amplia comunicación y las acciones concretas que deben caracterizarlo, para impulsar ese CAMBIO profundo y operativo.    Primero desde lo interno y luego proyectarlo a toda una nueva forma moderna de hacer política. Es una ruta para avanzar a un Panamá Mejor.

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<> Este artículo se publicó el 23 de octubre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/rolla-pimentel-guillermo/

Índice de iniquidad

La opinión de…

Xavier Sáez-Llorens

Bienestar y desarrollo deberían ser palabras mutuamente incluyentes.   En la práctica, parecen conceptos antagónicos. Cuando uno lee que Panamá ocupa posiciones cimeras de América Latina en el índice de competitividad global, lo normal sería alegrarse.   Al analizar los factores ponderados, empero, la felicidad se convierte en tristeza.

Estamos en envidiables escalafones en lo que se refiere a mercado financiero, ambiente macroeconómico y adaptabilidad tecnológica, pero peleamos protagonismo con países africanos en educación,   transparencia institucional,  justicia y algunos aspectos de salud pública.   Estas iniquidades sociales son fina cortesía del clientelismo y corrupción de nuestros políticos durante dos décadas de democracia.

Como estoy harto de denunciar la mediocridad de gobernantes, diputados y magistrados o el “juega vivo” en las instituciones públicas, prefiero concentrarme en los ministerios sociales.   En el ámbito educativo, el foro económico mundial nos calificó mal en calidad de la enseñanza primaria, retención de estudiantes a nivel secundario, capacidad de los docentes y adiestramiento curricular en ciencia.    En materia sanitaria, salimos mal librados en prevalencia de infección por VIH, tuberculosis, malaria y mortalidad materno-infantil.    Estas deficiencias son espejo de nuestro fracaso con cumplir los Objetivos del Milenio para 2015. Una vergüenza.

La solución parece fácil, pero la ineptitud y soberbia de los tomadores de decisión dificulta progresar y propiciar el bien colectivo. La educación pública panameña requiere una urgente reforma, no selectiva sino integral. No basta con mejorar la cobertura escolar para toda la niñez panameña, incorporar novedosos métodos audiovisuales o impartir el idioma inglés en las asignaturas. Es imprescindible desarrollar el pensamiento crítico en los estudiantes, desterrar los misticismos, inculcar la investigación científica e impulsar una reflexión filosófica pragmática en las actividades del saber académico.

Las calificaciones en salud son inaceptables para un país tan pequeño y medianamente rico. Debemos minimizar la malaria en áreas indígenas y atacar de forma contundente la tuberculosis, enfermedad ligada a pobreza, hacinamiento, insuficiente atención primaria y circulación del virus del sida.   La cifra de infectados por el VIH se aproxima al 1% de toda la población.

Esta elevada prevalencia obedece al machismo, promiscuidad, escaso uso de preservativos, falta de información mediática, campañas ministeriales sutiles e intermitentes y educación sexual mojigata en los colegios.   Los resultados de una encuesta realizada por investigadores del Instituto Gorgas, bajo el liderazgo de la Dra. Ruth de León, muestran el gigantesco desconocimiento que existe en la juventud en el campo de la sexualidad.

La infidelidad, en ambos géneros, es notoria pero lo peor es que ésta se ejecuta de manera insegura. La gente no usa condones. Esta irresponsabilidad es similar a no vacunarse contra la poliomielitis, no ponerse el casco al viajar en moto o no utilizar el cinturón de seguridad dentro de un vehículo en marcha.   Además del riesgo de adquirir infecciones de transmisión sexual (la sífilis también anda en aumento), la mujer se expone a embarazos no deseados, cada vez más frecuentes en niñas jóvenes.

La mortalidad infantil ronda el valor de 20 x 1000 infantes menores de 1 año de edad.   Cuba, Chile, Costa Rica y Puerto Rico, con cifras inferiores a 10 x 1000, nos dan una bofetada monumental. Los lactantes panameños se están muriendo en comarcas, regiones rurales y bolsones urbanos marginados debido a desnutrición, infecciones prevenibles y a una reciente disminución en tasas de vacunación.

La mortalidad materna se acerca a niveles de 50 por cada 100 mil niños nacidos vivos y en este índice nos superan aún más países de la región. Embarazos de alto riesgo en adolescentes, inasistencia a citas de control prenatal y abortos clandestinos son las principales causas de las defunciones.   Tristemente, el fácil acceso a métodos anticonceptivos está diseñado para clases adineradas, no para los segmentos más desaventajados que más lo necesitan.

La ceguera de nuestras autoridades es deprimente. La educación sexual y reproductiva es urgente, tanto en eso que llaman “valores” (los que deben ajustarse a la generación actual) como en la prevención (estrategia más barata e impactante). Los púlpitos sirven para dictar sermones espirituales a creyentes, no para normar la educación y salud pública de la nación.

Proyectos modernos y civilizados como, por ejemplo, la esterilización de mujeres que lo soliciten o la no discriminación de la homosexualidad se enfrentan a oposiciones viscerales basadas en creencias retrógradas y actitudes machistas.   Tal parece que a la derecha religiosa infiltrada en este gobierno le conviene mantener a la colectividad en tinieblas para beneficio particular.   La historia debe pasarles factura por las muertes y secuelas evitables que ocasionen en sus años de mandato.   En el siglo XXI, la hoguera debería aplicarse a los hipócritas de moral única.  Amén.

<> Este artículo se publicó el 3  de octubre  de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

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Mockusmanía, partidos verdes, imitaciones y autenticidad

La opinión de…

Azael Barrera

Luego del rápido ascenso del Partido Verde en la campaña electoral del vecino país, ya varios hablan de formar un partido ecologista en Panamá. Argumentan y preguntan en los medios, en los pasillos de los trabajos, en las salas de los hogares, en las de espera de los hospitales o de las instituciones, si en Panamá debemos tener un Antanas Mockus.

Nuestro gobierno apenas cumplirá un año en funciones y ya las decepciones brotan, a pesar del aparente apoyo popular, como pasó hace 5 y 10 años, sobre todo entre quienes diferencian una administración gubernamental responsable y planificada de una populista “apagafuegos”.

Irónico porque los bomberos no tienen con qué apagar los verdaderos fuegos.

Lastimosamente, en nuestro país no imitan las cosas para construir algo bueno, no se innova. Se imita lo malo o conveniente, adoptando vidas de “telenovelas”, nombrecitos, colores y eslóganes, alimentando por dentro el “juega vivo”, de derecha o de izquierda.  Abundan los partidos “camaleones” que cambian de nombre y de piel, pero siguen “jugando vivo” buscando espacios de poder.

El verdadero cambio no es cambiar buses de tercera por buses de segunda clase, –la seguridad y la vida no tienen precio– o poner un metro sin replanificar la ciudad. No es ir con mazos retomando las concesiones del Estado, cuando al mismo tiempo se invita a las transnacionales a que destrocen nuestro patrimonio natural, cambiando leyes y suavizando normas ambientales para atraer “inversión extranjera”.

El verdadero cambio no es el que un mandatario o gobierno hará por nosotros, es el que debemos hacer nosotros mismos. De nada vale ningún “cambio”, si continúa el “juega vivo” propio, de aquel vecino, chofer, funcionario de bajo y alto rango, obrero, empresario, productor o intermediario, policía o extranjero. El virus de la corrupción está en todas partes; se alimenta insaciablemente de una pobre y débil educación.

¿Es posible un verdadero y duradero cambio, sin retóricas populistas que respondan al autoritarismo y permanencia en el poder? Sí, porque su base estará en una buena educación. Pero no esperemos que una autoridad educativa y su “manual de transformación”, o educadores “sindicalizados” lo hagan por nosotros. Debemos hacerlo nosotros mismos. El cambio comienza en nosotros, en casa, sea de cartón, barro o cemento, de hojalata o de mármol; en nuestra comunidad, en nuestro trabajo, en la calle, y sí, en el aula.

¿Será posible un “partido verde”, sin plagiar la Mockusmanía? Sí, aunque digan que una golondrina no hace verano, pero al menos la primavera es posible. Sería un “partido” integrador; algo contradictorio, porque los partidos dividen.

Sería primero “verde”, no sólo porque sea ecologista, sino por esperanza en el ser humano honesto, que vemos reflejado en la biodiversidad que todavía no ha sido presa de la minería a cielo abierto –la cual hay que detener, ya en sus garras tiene a Colón y Chiriquí– o, incluso, en el pasto orgánico.

Verde por soñador, pero realista como los “libros verdes” que cambian ciudades para bien; porque sabemos que podemos cambiar por dentro para mejor y, al hacerlo, cambiaremos para mejor lo que nos rodea. Así funciona la ecología humana positiva.

Luego cambiaría a “blanco”, como la luz que suma todo el espectro, como el color de la convicción, de la integridad, de la honradez, de la limpieza, de la salud, de la transparencia, de la honestidad, de la legalidad, de la solidaridad y de la autonomía democrática, de la independencia respetuosa y de la paz, porque no habrá paz si no hay todas las anteriores.

En ese momento ya no habría partidos de ideologías desgastadas y contrarias, sino conglomerados humanos diferenciados pero actuando por un verdadero bienestar individual y común, es decir, una auténtica sociedad civil.

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Artículo publicado el 3  de junio de 2010  en el Diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Los aportes de la industria del seguro

La opinión de…..

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Luis Della Togna

Desde los albores de la civilización, el hombre ha buscado cómo minimizar y transferir sus riesgos ante las distintas eventualidades cotidianas que pudieran afectarlo, lo cual impactaría su vida familiar y, sobre todo, la economía base de su subsistencia.

Todo esto ha servido como base para lo que hoy conocemos como la industria del seguro. Una industria robusta, próspera, creciente, la cual ofrece un gran aporte al crecimiento económico de nuestros países. El apoyo que la industria de seguros brinda a la sociedad, se ve reflejado en actividades como: el transporte de mercaderías y del comercio mundial, la construcción de grandes obras de infraestructura, la de proteger la vida y la salud de las personas y el respaldo de significativos compromisos financieros entre otras.

Pero, qué pasa con nuestros conciudadanos que no tienen un empleo formal que le garantice una pensión ante una enfermedad o accidente y salen día tras día a obtener el recurso necesario que les permitirá llevar el sustento a su familia de manera regular; qué pasa con el micro o pequeño empresario –ya sea zapateros, buhoneros, dueños de fondas de comida popular– que no tienen acceso a complejos sistemas financieros. Ante un siniestro, a estas personas se les afecta el equilibrio económico con el que sustentan a sus familias.

Como muchos sabemos, estos grupos de personas y microempresarios no son atendidos por los tradicionales esquemas de seguridad social y de seguros comerciales. Es aquí donde vislumbramos el significativo aporte que pueda brindar la industria de seguro a través del ofrecimiento de planes de microseguros. Consideramos que es una herramienta con la cual se buscaría generar una cultura de protección en la población de escasos recursos, además de mejorar la calidad de vida de sus familias. Contribuiría a no romper el equilibrio económico en caso de fallecimiento o incapacidad del microasegurado.

Como es del conocimiento de los panameños, el nuevo gobierno que dirige el señor presidente Ricardo Martinelli ha desarrollado políticas muy definidas enfocadas en mejorar las condiciones de vida de todos los panameños, especialmente de los que menos tienen.

El panameño de a pie, el que tiene que salir todos los días a poner su vida en riesgo ante inadecuados sistemas de transporte y situaciones de inseguridad a los que mayormente se ven expuestos. Por algo el mensaje que del nuevo gobierno es “ahora le toca al pueblo”.

Desde este espacio, manifiesto que la Superintendencia de Seguros y Reaseguros, a nuestro cargo, contribuirá con el respaldo a esta iniciativa de desarrollar los mecanismos y procesos necesarios para la implementación y comercialización de los microseguros. A la vez invitamos a las empresas de seguros establecidas en nuestro país para que compartan su experiencia de éxito con el desarrollo de un mercado sostenible de microseguros en Panamá.

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Este artículo se publicó el 14 de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Gobierno, bienestar social y democracia

La opinión de la Economista y Educadora….

LIZABETA S. DE RODRÍGUEZ

El acelerado ritmo de vida y los profundos cambios en el comportamiento humano, producto de la compleja red de procesos tecnológicos, culturales, políticos, económicos y financieros, nos han convertido en una sociedad con altos niveles de desarrollo científico, pero cada vez más deshumanizada.

Nuestro país en la última década ha mantenido crecimiento económico, sin embargo, adolece de políticas que promuevan la satisfacción de las necesidades, sin poner en peligro la capacidad de las generaciones futuras, para atender sus propias necesidades.

El crecimiento económico representa el incremento de lo producido por la economía, pero el mismo no es equivalente a la existencia de bienestar social y menos desarrollo sostenible y humano. Prueba de esto es la creciente desigualdad social con su secuela de marginalidad y aporte a niveles de delincuencia, creando altos niveles de inseguridad, así como la destrucción de los ecosistemas que se aprecian en nuestro país producto, en gran medida, de la aplicación de estrategias de libre mercado originadas por la globalización, cuyo éxito se sustenta en el enriquecimiento de un minúsculo grupo de políticos, empresarios o inversionistas inescrupulosos.

Se evidencia la urgente necesidad de que el gobierno tome decisiones acertadas. Aún estamos a tiempo en materia de políticas de Estado. Se requiere de voluntad efectiva e iniciativas acertadas que promuevan la inversión sana y el empleo formal, para favorecer una mejor distribución de la riqueza y atención a las demandas sociales.

En lo que respecta al tema ambiental se hace necesario impulsar una política más agresiva, que garantice la fiscalización como medio, para controlar la mala práctica de la coima y el juegavivo , así como la aplicación efectiva de normas procedentes que sancionen el uso y manejo inadecuado de nuestros recursos naturales, como medio para optimizar la utilización de los mismos.

Igualmente, se requiere de mayor nivel de conciencia en la población para preservar el ambiente, de forma tal que contribuyamos a contrarrestar los efectos del cambio climático y la contaminación galopante. Se requiere de la concertación de los diversos actores sociales, como medios de comunicación, organismos cívicos, organizaciones no gubernamentales, entre otros; para lograr en acción conjunta, constante e imperecedera con las autoridades gubernamentales, fundamentalmente ANAM, Educación y Salud, desarrollar campañas dirigidas a la formación y fortalecimiento de la conciencia ciudadana como medio para salvaguardar nuestro patrimonio ambiental y preservar la vida. El crecimiento económico no tiene sentido cuando está ausente el bienestar social y la capacidad de participación efectiva de los habitantes de un país en la construcción de su destino.

Solo el cambio de actitud y la búsqueda de un modelo de desarrollo más eficiente nos llevará a cambios estructurales profundos y al logro de una sociedad más justa, humanizada y solidaria, donde la gente pueda trabajar para instituir hogares dignos, con calidad de vida. Garantía de una convivencia pacífica y democrática.


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Este artículo se publicó  el  31 de marzo de 2010 en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Visto desde afuera

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La opinión del periodista…..
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JAMES APARICIO
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Hace poco estuve en la república de China en Taiwán (ROC) repasando por tercera vez los cambios y transformaciones que experimenta la isla asiática, cuyo gobierno se instaló en los 36,000 kms. cuadrados que tiene este territorio, desde 1949.

Desde afuera se ve a Taiwán como un milagro producto del orden, planificación, patriotismo y compromiso de los taiwaneses con su bienestar actual y futuro.   Sin embargo, la distancia permite ver lo que ocurre en Panamá, con más precisión y desapasionamiento.

En Taiwán gobierna Ma Ying—Jeoy del KMT y en Panamá, Ricardo Martinelli, ambos electos democráticamente con más del 58% de los votos.   Aunque en ambos extremos del mundo, tanto Panamá como Taiwán enfrentan los mismos retos:   fortalecer al país, hacer crecer la economía y lograr que los beneficios de esta lleguen a todos, sin distingos.

Desde afuera, Panamá tiene que superar los enfrentamientos que parecen crecer con el transcurso de los meses, entre el gobierno, las fuerzas sociales, económicas y también políticas. Para llevar el país hacia senderos de un sólido desarrollo, no solo se necesitan millonarias inversiones y megaproyectos públicos.    Se tiene que convocar a la unidad nacional, dejando a un lado las persecuciones, cacerías de brujas, descalificaciones y acciones de fuerza.

Solo con un plan de Estado para los próximos 10 a 20 años, podremos alcanzar niveles de desarrollo y prosperidad como los de Taiwán. Tenemos más territorio, recursos naturales, cercanía a los grandes mercados de Norteamérica y Europa, a la comunidad hispanoparlante de la Región, el Canal, una posición geográfica envidiable y estamos en una zona donde los desastres naturales son insignificantes, comparados con los que afectan parte de Asia.

Una de las características del pueblo chino, su gobierno, economía y democracia es que se basa en tres claros principios filosóficos, los tres principios del pueblo o la doctrina San—min. Fue el fundador de la república de China (reconocido tanto por China Popular como por la República de China en Taiwán), el Dr. Sun Yat Sen, quien estableció el nacionalismo (Minzú), la democracia (Minquán o poder del pueblo) y el bienestar social (Minshêng) son el soporte de un país para todos.

Panamá tiene que mirar el milagro taiwanés como un reto, para consolidar su economía de servicios, incursionar en la manufactura, fortalecer y hacer crecer su agricultura, aumentar el conocimiento del inglés, la ciencia y la tecnología y terminar con los conflictos locales que enrarecen el clima de inversión y la confianza de los ciudadanos.   Lo que no podemos es darnos el lujo de incubar enfrentamientos, alentar resentimientos y promover desasosiegos. Una de las características de los taiwaneses es que tienen claro hasta dónde llega la política, el límite de los gobernantes y las responsabilidades del pueblo.

Si pensamos en un Panamá con crecientes oportunidades de empleo, distribución de la riqueza producto del crecimiento económico que llegue a todos, una educación realmente sólida y democrática y empresas que paguen salarios justos, según el costo de vida y las necesidades ciudadanas, estaremos dando pasos gigantes. En ese camino, Taiwán es un ejemplo y nos lleva la delantera.

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Publicado el  10 de diciembre en el diario La Estrella de Panamá, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.