Therapeia (del 12 de diciembre de 2010)

La opinión de la estudiante…

SHARON  TORRIJOS
sts2309@gmail.com

Friedrich Nietzsche dijo:  ‘Ser independiente es cosa de una pequeña minoría, es el privilegio de los fuertes;’ desgraciadamente este multifacético alemán también comentó que ‘cuando trates con una mujer no olvides el látigo.’

Pese a que mi parte feminista repela la segunda cita no puedo más que concordar con la primera. La mayoría del mundo desea ser independiente, pero ciertamente, no todos podemos. ¿Razones? Minoría de edad ó incapacidad para sobrellevarla.

Es algo radical hablar de independencia cuando, si uno lo piensa, nadie es íntegramente independiente. Todos dependemos de alguna manera u otra de alguien o de algo, y es eso lo que nos hace pertenecer a la comunidad global. Los jóvenes, sobretodo, pareciera que el desarrollo nos hubiera alterado el ADN para agregar el gen de la libertad.   Nuestras ansías de ser libres es tan grande que olvidamos la lógica.

El problema de creernos autosuficientes es principalmente que no lo somos, y se debe a que estamos en una etapa de cambios, por ende, no somos la prueba exacta de la sensatez y para que mentir, no tenemos el gran repertorio de experiencia para poder jactarnos de tomar las mejores decisiones sólo con nuestra sabiduría. La verdad sea dicha, la sabiduría es lo contrario, es tener la capacidad de poder aceptar las opiniones de los demás y considerarlas con mente abierta. Por ello, la sabiduría reside en aprender a escuchar a los demás y educar al criterio para razonar.

Nietzsche, quién pareciera ser el protagonista de mi columna hoy día –el hombre por algo es un reconocido filósofo–, escribió: ‘El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.’ No se trata de perdernos en lo que los adultos quieren de nosotros, se trata de demostrar con nuestro comportamiento y decisiones que somos capaces de comprender y aceptar consejos, opiniones manteniendo siempre nuestra esencia.

Como dice mi papá no debemos ser sabio en nuestra propia opinión. Ser independiente no quiere decir hacer lo que se nos da la regalada gana, es aprender a tomar decisiones propias y asumir con dignidad las consecuencias de las mismas. Debemos saber balancear entre mantener la pureza de nuestra individualidad y acatar ordenes—CREANME, yo sé cuan difícil es someterse a la autoridad, pero el balance entre ellas es lo que determina nuestro calibre.

*

<> Artículo publicado el 12 de diciembre  de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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