Para fortalecer la identidad

La opinión del Comunicador Social….

ERNESTO  A.  HOLDER
ernestoholder@gmail.com

No pretendo dejar el tema de la invasión y de los muertos del 20 de Diciembre de 1989.   Me anticipo a la fecha para reconocer un hecho que, desafortunadamente, los gobiernos que han existido después de ese fatídico acontecimiento, no han colocado en un sitial de respeto y merecedor de la consideración nacional. En ocasiones anteriores habíamos puntualizado que: ‘1— No hemos madurado lo suficiente como para dejar de evaluar el violento acto de invasión sencillamente como el derrocamiento de la dictadura militar de Manuel Antonio Noriega (…) y 2— por la fecha en que se dieron, van en contraposición con la usura y las especulaciones económicas y comerciales de la época’.

Ahora que se planifica la modernización y desarrollo del área de El Chorrillo y Barraza para convertirlo en un destino de la élite internacional, se debe recordar que allí desaparecieron o murieron cientos de inocentes panameños que hoy sucumben al olvido y al desinterés.

Mi profesor de gerencia estratégica a nivel de maestría solía animar su clase con repentinos interrogantes. Un buen día para ilustrar un punto, preguntó: ‘¿Quién aquí es patriota?’. Entre un poco más de 20 profesionales adultos que ocupaban puestos en instituciones públicas y privadas de la ciudad, únicamente el profesor y yo levantamos la mano. Esto ocurrió en 1994.

Para los que suelen contextualizar los eventos en un marco muy restrictivo, la invasión del 20 de Diciembre de 1989 acabó con los años de dictadura y se reinstauró la democracia.   Eso ha sido suficiente para muchos y eso lo han repetido y repetido como papagayos programadas durante estos 21 años. Para este servidor acabó con mucho más.   Acabó con un sentido de pertenencia y de compromiso con la nación, para fortalecer una conducta de individualidad destructiva que se refleja hoy en todos los círculos sociales.

Veintiún años después nos debatimos en un triste y desalentador ambiente político. La disertación, el debate y la retórica no están al nivel intelectual de una nación que se jacta de estar encaminada a un nivel más elevado de desarrollo. El compadrazgo, amiguismo y el clientelismo son la norma establecida y no hay indicios de cambio alguno.

El tráfico y consumo de drogas está fuera de control, ligado a la lucha entre carteles internacionales y pandillas locales que se pelean los mercados, los canales y el territorio. Se adelantan investigaciones sobre el blanqueo de capitales y la infiltración de la actividad en las estructuras económicas del país.

En educación, desarrollo cultural y cuidado del ambiente tenemos graves problemas. Un sistema educativo desfasado amenaza con mantenernos rezagados indefinidamente en cuanto al desarrollo intelectual de esta generación de panameños.   Esto con la ayuda de la pobre utilización de los medios de comunicación. El ambiente en que debemos vivir y en el cual nuestros vástagos deben crecer, está tristemente amenazado por un concepto y visión de desarrollo enmarcado en la construcción de edificaciones de cemento, acero y vidrio en perjuicio de las necesidades de convivir en ambientes que conjuguen la comodidad con las necesidades naturales de supervivencia armónica con el planeta. Recordemos los desastres de la semana pasada.

Muy pocos países han tenido la oportunidad de casi partir de cero como la tuvo Panamá. Oportunidad para reestructurar cada pieza que tiene que ver con las circunstancias de desarrollo de la nación. ¿Por qué no se aprovechó la destrucción de la institucionalidad para integralmente resolver los problemas en el sistema judicial?   ¿Por qué persisten los problemas del sistema educativo? ¿Por qué los problemas en el sistema de salud? ¿Por qué los problemas de seguridad nacional?

El gobierno de Martín Torrijos en 2007 realizó un tímido intento por darle algo de reconocimiento a la fecha. La Asamblea Nacional de Diputados de aquel entonces, aprobó el proyecto de ley que declaraba el 20 de Diciembre ‘Día de Luto y Reflexión Patriótica’.   La ley también creaba la Comisión de la Verdad y por la Reconciliación Nacional, que investigaría las muertes que se dieron a razón de la dictadura militar y de la invasión. La aprobación en asamblea se dio ante la presencia de familiares de los caídos el 20 de Diciembre que se presentaron a la cámara legislativa vestidos de negro. Dos meses después el presidente Torrijos vetó la ley.

A Noriega se le encausó y condenó en Estados Unidos y ahora pasa pena en una cárcel de Francia. Muchos sienten que, con haber realizado comicios electorales libres en cuatro ocasiones, tenemos democracia.   Yo lo veo de otra manera: los eventos que dieron paso a la invasión y a la subsiguiente destrucción de las estructuras político—administrativas de la Nación, ofrecían oportunidades y desafíos más prometedores que no hemos aprovechado. Es hora de retomar el reto para fortalecer el crecimiento y la identidad nacional.

 

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<> Este artículo se publicó el 13 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Navidades de plástico

La opinión del Abogado…

ROBERTO DÍAZ HERRERA
robertodiazherrera@hotmail.com

Para los propios niños de un ateo o un agnóstico, sus corazones, sintonizados con el espíritu que cultivan o sienten en sus propios colegios, seguramente en este mes de diciembre estarán conectados a un sentido de ilusión y de esperanzas. No creo que ningún intelectual, inclinados más que los no académicos a la ausencia de fe en Dios, le enseñe desde tierna edad a sus pequeños: ‘no creas en Dios, que eso no existe, la religión fue inventada para controlar a los ignorantes’.

De hacerlo, o sea, de volver ateos o agnósticos a sus hijos, puede ser que en los criterios paternales haya un sentido de crianza positivo, racionalista, de buscar que sus hijos no se conviertan en ‘beatos o beatas fanáticos’.  Aun en ese supuesto, aquellos niños, que bien pueden ser el caso hoy día de los infantes cubanos, con padres marxistas — leninistas, carecerán no solo de la ventaja psicológica de sabernos protegidos por un Ser Superior y la guía ética que nos manda a practicar la Justicia, la Caridad, la Compasión y el huir de los crímenes y actitudes negativas. Solo lo anterior, ya es un sendero que promueve los mejores valores humanos, sino que, llegadas estas fechas, nos inculcan igualmente el análisis de la vida —desde su nacimiento— de ese ícono de la revolución del amor, llamado Jesús.

Curiosamente, pese a todas las influencias de los filósofos materialistas que niegan la existencia de Dios, muy variados, los libros que, según las temáticas, más se venden hoy día, son los de autoayuda, por ejemplo de los Paulo Coelho, al igual que los de otros motivadores.    En esencia, todos se basan en esa revolución del amor, que impulsó Jesús de Nazaret. Y lo hizo cuando predicarlo costaba incluso la vida.   Más aun, los teólogos y filósofos hebreos de su tiempo, que podrían ser los Coelho de esta época, o sea, predicadores de la fraternidad y la sensibilidad (no sabemos cómo es Paulo en su propia casa), eran meros propagadores de principios muy bellos, pero que se cuidaban mucho de realizarlos ellos mismos.

El problema, a mi juicio, que daña más las enseñanzas de Jesús, incluyendo el espíritu real de las navidades, es la superficialidad con la cual nos han enseñado, aun los curas, la obra revolucionaria de ese Hombre Poderoso. Al querer mostrárnoslo como un Mesías que Ora, nos han hecho perder al Líder que conduce y enfrenta los peligros más recios, al predicar lo que Él sí enseñaba y lo que Él sí nos mostraba, yendo adelante, no atrás ni a los lados.

Una charla impactante de Jesús, para mí, es cuando, cabreado ya (no encuentro otro término más claro) de esos ‘maestros’ que recomiendan cosas, que jamás cumplen, los sentenció: ‘¡Pobres de ustedes, fariseos!, ustedes dan para el templo la décima parte de todo, sin olvidar la menta, la ruda y las otras hierbas, pero descuidan la justicia y el amor a Dios… ‘¡Pobres de ustedes también, maestros de la Ley, porque imponen a los demás cargas insoportables, y ustedes ni siquiera mueven un dedo para ayudarles!..’ ‘¡Pobres de ustedes, maestros de la Ley, que se adueñaron de la llave del saber!  ¡Ustedes mismos no entraron, y cerraron el paso a los que estaban entrando!’…

¿Cuántos políticos, educadores, militares, banqueros, aun obispos, no entran en esa categoría de hipócritas y farsantes que denunciaba un Jesús sin miedo a las censuras ni a las leyes penales de aquél tiempo?   (leyes que si bien lo condenan a muerte, lo catapultan al rol histórico e imperecedero que mantiene 20 siglos más tarde).

Cuando vemos este tipo de ‘navidades’ que hoy ‘celebramos’, ¿a qué grupo creemos pertenecer, según las reglas de Jesús?   Con valor autocrítico creo que no pasamos del 2.5 de calificación. Sabemos a conciencia que entramos a festejar unas Navidades de Plástico, como los envoltorios de las muchas cajetas de licores de lujo, o las pequeñas del ron ponche y el seco, según nuestros bolsillos. Podemos comprarle a los hijos o nietos, esos juguetes, carísimos de Félix, o de rebaja en El Machetazo, también envueltos en plásticos.

El plástico retratará bien los corazones ‘cristianos’, de estas navidades, huecas de contenido y de propósitos. Habrá, por supuesto, espíritus diferentes, que practican estas fechas.

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<> Este artículo se publicó el 11 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Del sancocho y del sentimiento

La identidad nacional en nuestros países ha servido muchas veces (¿o siempre?)  para colonizarnos internamente.  La opinión de….

LUIS PULIDO  RITTER
luispulidoritter@gmx.net

Una de las grandes taras del continente americano ha sido la fragmentación atávica y el provincialismo que siempre nos ha amenazado como la espada de Damocles.

Muchas veces, como han dicho otros, nos ignoramos mutuamente. Pero no es necesario apelar aquí a un latinoamericanismo ramplón y chabacano, a un nacionalismo cultural, que por décadas nos ha empobrecido con sus golpes de pecho de pertenecer a una cultura original, a una tradición indio-hispánica, a una civilización con una misión especial en la historia como quiso hacerlo Vasconcelos en su día.

Y creo que, en este sentido, nos hemos quedado atrapados en la visión dualista y maniquea que se inaugura con el ensayista Rodó sobre la identidad cultural latinoamericana.

En efecto, la identidad nacional en nuestros países, para decirlo con toda claridad, ha servido muchas veces (¿o siempre?) para colonizarnos internamente, borrar las diferencias étnicas y culturales, en fin, crear la ilusión de que con la nación nos igualaremos.

Pero, finalmente, el racismo, la exclusión y la marginalidad, es lo que termina encubriéndose. Y al contrario de Pedro Luis Prados (La Estrella, 21 de noviembre), no creo que la unidad de la nación, es decir, “compartir propósitos comunes” deba levantarse sobre la “superación” de las diferencias étnicas y culturales,   porque la pregunta aquí consiste en quién define lo que es la unidad de la nación, qué discurso mitificador y encubridor se pone en circulación para no discutir lo que hay que plantear: lo que ha significado la exclusión racial y cultural en Panamá.

Para este encubrimiento no han dejado de prestarse los discursos de clases, nacionalistas y populistas en el país, discursos, al fin y al cabo, esencialistas.

En otras palabras, ninguno de estos discursos en Panamá se ha alejado del eje romántico y centralista, identificar la nación con un tipo de construcción cultural, por ejemplo: nos identificamos panameños por gustarnos tal o cual música. Y la “cuna” de la nación está en tal o cual pueblo.

Habría pues que separar la nación de la cultura para entrar a pensar este problema de manera diferente.   En Panamá, Armando Fortune, con su teoría del sancocho y del sentimiento, hizo una propuesta para salir de ese atasco romántico.

Y coincido plenamente con Prados con respecto al folklorismo. Esto está suplantando el debate necesario que habría que realizar en Panamá sobre nuevos modelos de convivencia, de identidad tanto individual como colectiva.

Pero, por otra parte, no debe dejar de decirse que la globalización implica nuevos retos a todos. Y no vamos muy lejos si la demonizamos. Lo que se entiende como globalización –que tiene muchas connotaciones– también ha significado la oportunidad de millones de seres humanos para, finalmente, salir de la pobreza en los últimos veinte años.

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<> Este artículo se publicó el 12 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Diez años en busca de una política

La opinión de…

DANILO TORO LOZANO
torolozano@hotmail.com

La propuesta electoral del candidato Ricardo Martinelli mencionaba el plan ‘Calles Seguras’. La publicación que distribuyó su campaña detallaba como medida puntual de seguridad pública, la eliminación de los Decretos Leyes con los que se creaban el Servicio Nacional de Fronteras, el Servicio Aeronaval, un Sistema Nacional de Inteligencia (SENIS) y se modificaban las normas sobre la Policía Nacional y el SPI.

Sin embargo, el nuevo gobierno dejó vigentes los decretos —aunque aún se espera la derogación del SENIS— con lo que evidenció, a la postre, su satisfacción con ellos, pese a contar con una mayoritaria y creciente fuerza parlamentaria, que los pudo haber pasado por el curso de legitimidad que reclamaba la opinión pública.

En materia de seguridad ciudadana, la administración Martinelli ha concentrado esfuerzos en el factor policial más que en cualquier otro factor.   Aumentó el salario de las unidades de la Fuerza Pública y montó cambios en la estructura, función y operación de componentes de esta. Pero, antes de terminar su primer año de gobierno, tuvo que salir al paso de una temprana manifestación de presión ciudadana catalizada por el asesinato del joven Daniel Carrizo y se comprometió a presentar resultados, en el nuevo plazo de tres años. Entre esos resultados habría de estar la aprobación de una Política Criminológica, para cuyo cumplimiento, en realidad, no es mucho lo que queda por hacer.

Desde que en 1990 se emitió el decreto que organiza la Fuerza Pública y, sobre todo, desde el año 2000, cuando se promulgó el decreto que expone los Fundamentos de la Política Panameña de Seguridad, mucha agua ha pasado bajo el puente.

En noviembre de 1992 fue rechazada en plebiscito, una propuesta para reformar la Constitución, que incluía nuevas disposiciones sobre la Fuerza Pública y la seguridad pública. Pero más tarde, con los actos legislativos 1 y 2 de los gobiernos de Guillermo Endara y Ernesto Pérez Balladares, en 1993 y 1994 respectivamente, se incorporaron a la Constitución nuevas normas sobre estos temas, en el Título XII.

Durante la década de los noventa, además, se emite y aprueba una variada gama de normas dentro del temario de la seguridad pública, tales como: La creación del Consejo de Seguridad Pública y Defensa Nacional, la organización de la Fuerza Pública, primero mediante Decreto de Gabinete Nº 38 de 1990 y luego mediante la Ley 18 de 1997; después ampliada y desarrollada en 1999. Igualmente, temas como la creación de la Policía Técnica Judicial, la regulación del Sistema Penitenciario, el uso y porte de armas y la actividad de las agencias privadas de seguridad fueron objeto de abordaje jurídico.   Pero, pese a los intentos de avance, todo este cuerpo normativo guarda escasa relación entre sí, y en algunos casos, incluso, genera o permite contradicciones a lo interno de diversas instituciones, tal y como ocurrió con la Policía Técnica Judicial.

Similar suerte, en cuanto a la formulación y aprobación de normas, han experimentado la administración de justicia y las instituciones encargadas de la protección y prevención social durante las dos últimas décadas.

En junio de 2000 se da un salto cualitativo, cuando se adoptan, como política de Estado, los Fundamentos de la Política Panameña de Seguridad, mediante la Resolución de Gabinete Nº 34. En la confección de este instrumento emitido por la administración de Mireya Moscoso y que fue producto de un audaz acuerdo entre partidos antagónicos como el Arnulfista y sus aliados, el PRD y el PP,   jugó un papel determinante Ricardo Arias Calderón.   Sin embargo, la presidenta Moscoso nunca se remitió a la Resolución por ella signada ni acogió una propuesta de política criminológica impulsada por el Instituto de Criminología de la Universidad de Panamá.  En el ocaso de su periodo, agobiada, entre otras cosas, por un aumento alarmante de la criminalidad y la violencia, proclamó la aplicación de ‘mano dura’, como medida para enfrentar la situación.

La campaña que llevó a Martín Torrijos a la Presidencia hizo de la seguridad pública uno de sus principales focos de atención, que después, durante su administración, fue objeto de tratamiento, pese al faltante de convicción y de equilibrio político; que de haberse tenido, hoy posiblemente estarían validadas por todos los actores políticos, jurídicamente promulgadas y en ejecución, una política criminológica y una política de seguridad ciudadana. En la administración Torrijos, el tema de una Política Criminológica fue discutido ampliamente en la Mesa del Pacto de Estado por la Justicia, cuyos participantes terminaron aprobándola. Solo faltó que el Ejecutivo, tras acogerla, la remitiera a la Asamblea Legislativa para que alcanzara carácter normativo.

Además, a mediados de 2008, el ministro de Gobierno y Justicia, Daniel Delgado Diamante, presentó la Propuesta de Política de Seguridad Ciudadana ante esa misma mesa, como un producto del Programa de Seguridad Integral (PROSI), programa concebido durante la gestión de Héctor Alemán como ministro del ramo.   No se expresó ninguna objeción contra la Propuesta presentada, fruto de la labor que destacados especialistas efectuaron bajo la coordinación del PROSI. De ello debe mencionarse como relevante lo realizado por Juan Faroppa y en el tema concerniente a la creación del Viceministerio de Seguridad, a Hugo Fruhling.

Si se analiza la propuesta de esta institución se notará que para los objetivos y funciones planteados en la Política, correspondía una estructura determinada en el Viceministerio. La aprobación final y la consideración de ambos esfuerzos producidos por el PROSI, hubieran podido reducir los riesgos de improvisación, retardo y equívocos, para darle en su momento mayor sentido y utilidad a lo creado como Viceministerio de Seguridad primero y luego como Ministerio de Seguridad.

En cuanto a política criminológica y de seguridad ciudadana, es poco ya lo que hace falta para cumplir con el compromiso presidencial. Ahora la administración Martinelli tiene la oportunidad de reconocer los esfuerzos y logros obtenidos y, sin enfrascarse en la invención de la rueda, puede considerar las aprobaciones que corresponden para que las políticas en cuestión se conviertan en una realidad de Estado, al cabo de una década.

 

<> Este artículo se publicó el 13 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Examen de pares en la OECD

El examen Entre Pares está diseñado para suministrar una visión de cómo los países han manejado la competencia.   La opinión del Administrador General de ACODECO….

 

 

PEDRO MEILÁN
pedromeilan@acodeco.gob.pa

El 6 de diciembre la Acodeco presentó en un hotel de la localidad el informe final del Examen de la Ley y de la Autoridad de Competencia de Panamá. Para este importante evento nos acompañaron el ministro de Comercio e Industrias, Roberto Henríquez; la secretaria de Economía de la Presidencia de la República, Kristelle Getzler;  la directora de Divulgación del Tema de Competencia de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), Hilary Jennings; el especialista en Comercio e Integración del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Mario Umaña;  y el consultor contratado por la OCDE y el BID, Daniel Sokol, que realizó el estudio.

El proceso de Examen Entre Pares está diseñado para suministrar una visión de cómo los países han manejado la competencia y asuntos reglamentarios, al examinar tanto la solidez de la Ley de competencia de un país como la estructura y efectividad de sus instituciones de competencia.

La OCDE y el BID han encontrado que la Legislación Panameña en materia de Competencia es de manera general consistente con muchas de las mejores prácticas internacionales. La Acodeco ha demostrado ser un ejecutor efectivo en materia de competencia.

Las recomendaciones claves en el Examen Entre Pares incluyen: El aumento en los esfuerzos para combatir carteles que han sido tradicionalmente omnipresentes en todo Panamá. El aumento en los niveles de multas a compañías que infrinjan la Ley.

El fortalecimiento del entendimiento del público de la importancia de la competencia para hacer que los mercados funcionen para el beneficio de los consumidores y de las empresas. El incremento de los recursos financieros para la Acodeco para lograr mejores resultados en competencia en toda la economía.

Hilary Jennings, directora de Divulgación de la Competencia en la OCDE y a cargo de las relaciones con los países no miembros indicó: ‘La publicación de este Examen Entre Pares demuestra que la Política de competencia es de alta prioridad en la agenda de Panamá. Es claro que la fuerte ejecutoría en materia de competencia junto con el compromiso del gobierno a los principios de competencia puede tener efectos poderosos en el desempeño de la economía’.

Todo lo anterior no hubiese sido posible sin el apoyo del Gobierno Nacional, con el cual tenemos una muy buena comunicación y han fortalecido el presupuesto de la Acodeco para seguir protegiendo el proceso de libre competencia y a los consumidores. Queremos aprovechar para adelantarles que el 1º de febrero de 2011 la primera Ley de competencia de Panamá cumple 15 años de promulgada. Para celebrarlo realizaremos un Foro Nacional de Competencia ese día para hacer una presentación del trabajo efectuado en estos 15 años.

Antes de terminar, tenemos que agradecerle a la OCDE y al BID por la oportunidad que nos han dado de que expertos mundiales de alto nivel académico y de agencias de mayor experiencia, examinen nuestras actuaciones, procedimientos y resultados. También hemos podido aprender de forma directa de las mejores prácticas en materia de combate a conductas anticompetitivas. Esto nos ayuda a hacer un alto en el camino, para reflexionar y evaluar lo actuado y aplicar los correctivos que correspondan.

 

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<> Este artículo se publicó el 11  de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

El diferendo centroamericano

En la Reunión de Consulta de Ministros de RREE de la OEA, el embajador fijó su posición en torno al tema.  La opinión del Embajador de Panamá ante la OEA….

 

GUILLERMO   COCHEZ
gcochez@covad.net

Queremos felicitar el esfuerzo que ha hecho durante todo este proceso el Secretario General, quien —tal como entendimos todos en la última reunión sobre este tema— pensó que había habido un arreglo cuando los Presidentes Chinchilla y Ortega hablaron a instancias de él. Sin embargo, no fue así (…).

Bendito Dios que no ha habido muertos ni heridos, pero debo decir que ha habido algo más grave que eso, porque se está hiriendo a la patria misma. Panamá vivió esas circunstancias.   Se está hiriendo la soberanía de uno de los países nuestros, se busca el mecanismo para que aquí cada uno haga lo que le da la gana, que México lo haga con Guatemala,  que Guatemala lo haga con Belice, y así sucesivamente, y nadie proteste.

El problema no es nuevo, se ha repetido históricamente y hasta lo vemos en una de las citas que el Deuteronomio nos hace de las conversaciones de Moisés con el pueblo judío. El versículo 17 del capítulo 27 dice lo siguiente: ‘Maldito sea el que cambie los límites de la propiedad de su vecino para robarle terreno y todo el pueblo dirá Amén’. Esos eran los términos a los que se referían entonces…

A nuestro juicio, Costa Rica, desde el principio, en forma responsable, ha señalado cuál es su problema: agresión, invasión sufrida contra su territorio por tropas nicaragüenses, lo cual ha violentado la soberanía de ese país que no tiene ejército.

Lo que Costa Rica aquí ha alegado ha sido probado, incluso a nivel de las personas responsables, pues a veces pareciera premeditación por aquello del nombre de la famosa draga llamada ‘Soberanía’ y que Costa Rica ha probado lo que se hace y nosotros, con nuestra inacción, permitimos que continúe, que sigan cavando canales, dragando en el territorio de Costa Rica y no hacemos absolutamente nada.

Por el contrario, Costa Rica ha visto que Nicaragua presentó todo tipo de argumentos. Primero: que era un asunto de drogas, de una operación ‘Los Tarzanes’, que nadie conoce y que con todas las informaciones de los últimos días y de las últimas horas, se pone en duda…

Después dijo que era un problema de límites, cosa que Costa Rica no sabía, se enteró de ello aquí y que iba a ir a la Corte Internacional de Justicia.

Y nos pasamos aquí en tres reuniones, dilación tras dilación, esperanzados en que podíamos llegar a consenso, y no llegamos. Fuimos a votar y fueron burlas.

¿Qué ocurrió después que se dio la votación? Nicaragua amenazó con irse de la OEA, y sabemos que es una simple amenaza, porque pierde mucho más si se va. Entonces ¿por qué optó?, pues por no dar la cara en una reunión como ésta.

… A nuestro juicio ha habido una burla de Nicaragua hacia todos nosotros, no sólo hacia Costa Rica, sino hacia el sistema, hacia lo que hemos estado buscando, una solución negociada, de respeto hacia las partes, donde Costa Rica ha ofrecido todo para encontrarla. Sin embargo, no se ha visto en ningún momento nada de Nicaragua, solo excusas, dilaciones y, repito, burlas.

No podemos permitir que cada uno haga lo que le da la gana porque volveríamos a los estados forajidos de la Edad Media, cambiando linderos, trastocando cauces de ríos y eso no es respetar al Derecho Internacional, que hoy son parte fundamental de las constituciones que rigen cada país a nivel local y a nivel internacional. Tenemos que consolidar el sistema interamericano, reconocer la autoridad de la OEA, no porque seamos jueces, sino porque buscamos el respeto al derecho internacional.

La moralidad internacional está en juego, lo está cuando hay países que, actuando con temeridad, con premeditación, hacen lo que aquí se ha dado en estos días: si pierdo, me voy y no oigo. Y eso no es lo que queremos.   Deseamos propiciar un diálogo para encontrar esas soluciones que en este organismo hoy busca la República de Costa Rica.

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<> Este artículo se publicó el 12  de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Las lecciones de nuestros educadores ilustres

La opinión del Docente Universitario y Ex Ministro de Estado…

JUAN  BOSCO  BERNAL
jbbernal@cwpanama.net

Hace unos pocos días viví una de mis mejores experiencias profesionales, al compartir con más de seiscientas personas del sector educativo, asociadas a COOPEDUC, una jornada de reflexión sobre el legado de nuestros educadores ilustres y sus aportes al desafío que Panamá debe enfrentar en el campo de la educación.

En esa oportunidad recordamos cómo los educadores se constituyeron tempranamente en los constructores de la nación panameña. Este hecho derivó del papel que la educación jugó desde el amanecer de nuestra proclamación republicana, en la difusión de la condición del nuevo Estado y la necesidad de asegurar la integración de todo su territorio.

De este modo, la educación se reconoce como un pilar fundamental de la historia panameña y sector decisivo en el devenir del desarrollo nacional. Oportunamente los próceres alertaron sobre la necesidad de crear escuelas, formar y nombrar maestros. La escuela fue la pionera en los servicios públicos de Estado naciente, y llegó a comunidades remotas, donde otras agencias gubernamentales no soñaron con establecerse.

Así, ser educador, maestra o profesor, se constituyó en una de las primeras profesiones que logró prestigio y reconocimiento social. Era la figura que representaba el saber, sinónimo de la verdad y de la virtud en las comunidades donde laboraba.

Muchos educadores forjaron su profesión y prestigio dentro de difíciles circunstancias en las que vivían y realizaban su misión. Probablemente los nombres que mejor conocemos sean los de Manuel José Hurtado, José Daniel Crespo, Abel Bravo, Octavio Méndez Pereira, Francisco Céspedes, Otilia Arosemena de Tejeira, Sara Sotillo, entre muchos otros, que tuvieron una destacada actuación en su función pedagógica, social y política.

Menos conocidas son las vidas igualmente ejemplares de los miles de educadores, de la ciudad y del campo, cuya vocación, dedicación y superación contribuyó a cambiar el destino de sus estudiantes y de las comunidades, pues les otorgaron poder y un porvenir de oportunidades. Esta pléyade de buenos docentes tiene sus ejecutorias inscritas en los anales silenciosos de la profesión y en nuestros corazones.

De todos estos educadores aprendimos muchas lecciones imperecederas. Fueron personalidades íntegras que formaron con la palabra y predicaron con el ejemplo. Su función primordial fue enseñar a pensar y aprender durante toda la vida, y fueron excelentes orientadores sobre el bien, el trabajo, lo verdadero, lo correcto y la belleza. No solo transmitieron saberes, especialmente se interesaron en formar la personalidad y el carácter de sus discípulos, cuidando con esmero el desarrollo afectivo y moral. Amaron con pasión su profesión y sentían orgullo de ser educadores. Cuánta nostalgia nos causan.

Sin embargo, ante los cambios que viven la sociedad y el mundo, cambió también el sentido de la escuela, la manera de aprender y la función del educador. El conocimiento ocupa un lugar estratégico y la forma de crearlo, adquirirlo, transferirlo y aplicarlo decide la prosperidad o pobreza de las naciones. El aprendizaje se logra en la escuela, pero también fuera de ella, mediante diversos canales y agentes, que sorprenderían a los mejores docentes de aquellas épocas (Internet, TV por cable, radio, entornos virtuales, libros). Se ha pasado de un aprendizaje escolar memorístico y repetitivo, a un aprendizaje dinámico, diverso y significativo p ara toda la vida.

Pero ¿qué pasó en Panamá? La escuela panameña, en general, ha mostrado parálisis (a veces también retroceso) ante el ritmo de estos cambios, contrario a los resultados observados en los países que más avanzan en esta materia. Son evidentes los bajos resultados académicos obtenidos en las pruebas nacionales e internacionales y otros signos en los alumnos, que muestran que algo está ocurriendo en la formación y desempeño de nuestros educadores. Cuando los alumnos no aprenden los contenidos curriculares correspondientes a su edad-grado, una buena parte de esa dificultad es atribuible al acto docente. Evitemos la autocomplacencia y la frustración, pasando a la superación.

Urge intervenir en alguna de las partes del proceso educativo, para transformarlo y adecuarlo a las nuevas demandas sociales. Sin duda, el eslabón más decisivo en esa cadena es el personal docente, por lo que el porvenir de la educación nacional depende, incuestionablemente de lo que se decida y realice a partir de este momento en sus educadores, especialmente en cuanto a: la sólida formación, el riguroso reclutamiento, el apoyo a su gestión y los incentivos profesionales y salariales, para atraer y mantener en el servicio a las personas más talentosas e inspiradas. Atender esta urgencia es responsabilidad primaria del Estado, quien puede así reivindicar el legado de nuestros educadores ilustres y ofrecer un futuro de oportunidades a las nuevas generaciones.

 

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<> Este artículo se publicó 10  de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.