Reflexión a propósito de declaraciones del Papa

La opinión de…

 

Ángela I. Figueroa Sorrentini

Dice el Papa que la homosexualidad está contra la naturaleza. Habría que comenzar por definir qué es estar “contra la naturaleza”. Si estar contra la naturaleza es atentar contra ésta, actos contra natura –como los llama la Iglesia– serían todas las prácticas de consumo, malos hábitos en la disposición de desechos y proyectos desarrollistas que contaminan las aguas, secan los ríos, devastan millones de hectáreas e inundan otras tantas, acometen contra la flora y la fauna y aumentan de forma amenazadora el calentamiento global.

Aunque algunas y algunos piensan que el sexo gay o lésbico es lo más caliente que existe, les aseguro que no hay prueba científica alguna de que aumente el calentamiento global, afecte el curso de los ríos o coloque en peligro de extinción a especies marinas o aves tropicales.

Si estar contra la naturaleza es actuar en formas que no son inherentes a nuestra biología, sino que van en contra de ésta, la práctica sexual contra natura por excelencia sería la perpetua abstinencia. El sexo entre dos personas del mismo sexo no va contra nuestra biología, pues nacemos con el equipo y el potencial para dar y recibir gratificación sexual, tanto de personas del mismo sexo como del sexo opuesto.

Si el argumento es que va contra nuestra biología, porque dos personas del mismo sexo no pueden procrear, están cometiendo un grave error de razonamiento lógico: el que el sexo sirva para procrear no significa que tiene que limitarse a ese fin. El reducir el sexo a la reproducción de la especie es un argumento religioso, cultural, social, no un imperativo biológico. Además, quienes lo arguyen caen en la hipocresía de la doble moral, pues no condenan como contra natura el sexo entre personas del sexo opuesto, que no resultará en embarazo porque uno o ambos son estériles, porque usan protección o por otras razones. Y pregunto a las y los heterosexuales –sean sinceros (as) por favor– ¿cuándo fue la última vez que usted tuvo sexo cruzando los dedos para que el fruto fuera un embarazo?

Si estar contra la naturaleza tiene que ver con afectar/actuar sobre/transformar lo que se da naturalmente, contra natura sería producir, distribuir y consumir productos enlatados o congelados que prolongan la vida natural de frutas, vegetales, granos, mariscos y carnes. Contra natura sería la electrificación, focos con baterías y velas que prolongan la luz más allá de lo que la naturaleza brinda. También, las tecnologías médicas que permiten prolongar la vida con respiración artificial, transfusiones sanguíneas, trasplantes de órganos y tecnologías   similares.

Lo que nos lleva a un importante planteamiento: no todo lo que va contra la naturaleza es malo o inmoral.   En esta acepción, lo contra natura en materia sexual sería el uso de juguetes sexuales –sin que quiera decir que eso es malo o inmoral– más no el uso de la piel, la mente y toda la riqueza de órganos que la naturaleza nos regala y que sirven muy bien para el disfrute sexual, sea entre personas del mismo sexo o del sexo opuesto.   Ni siquiera sería contra natura el uso de pepinos o plátanos, porque eso también nos lo brinda la naturaleza y crecen sin una inscripción en su cáscara que diga: para alimento solamente.

Si estar contra la naturaleza es, como dice el Papa, “contra la naturaleza de aquello que Dios ha querido originariamente”, entonces no puede afirmarse que haya algo en este mundo contra la naturaleza. Aún si usted cree que existe ese ser sobrenatural que llamamos Dios, no hay forma humanamente posible de conocer qué es lo que esa entidad quiere, originariamente o en el presente. ¿Cómo lo sabríamos? Por la Biblia no, porque es racionalmente demostrable que la Biblia no puede ser la palabra de un ser quien es, por definición de los creyentes, omnisapiente, perfecto y sin error.

Porque lo dice el Papa o la Iglesia tampoco, porque el Papa es un ser humano y la Iglesia es un producto de seres humanos.   Recuerde que son estos seres humanos –no Dios– quienes dicen que su palabra es la palabra de Dios. Creerles sería admitir su fe ciega en hombres, no en Dios.   ¿Porque Dios lo puso en su corazón? Si cree en Dios, cree también en el diablo, ¿cómo exactamente sabe que fue Dios y no el diablo quien se comunicó con usted? ¿Cómo sabe que no es un diálogo de yo con yo? Por reclamos similares en los cuales no se incluye a Dios o a la religión, hay mucha gente internada en hospitales psiquiátricos.

En conclusión: no importa cómo definamos contra la naturaleza, no aplica a la homosexualidad.

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<> Este artículo se publicó el 4 de diciembre  de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Yo voté por el cambio, pero…

La opinión del Escritor…

Enrique Jaramillo Levi

Yo voté por el cambio. Ante la única otra opción, la de una mujer políticamente desprestigiada que, a mi juicio, hubiera sido nefasta al frente del país, opté por lo que en ese momento sentí como la esperanza.

La mía y la de miles de panameños. Y es que uno siempre se acoraza en la esperanza, para no padecer eternamente los embates del descreimiento, la frustración y los malos augurios que se cocinan en la mente cuando el pasado siembra temores y ensombrece las entretelas del futuro.

Enfrentar la corrupción y castigarla, poner orden en la cosa pública, emprender proyectos ambiciosos que beneficien a las grandes mayorías, enrumbar las bases mismas de nuestra incipiente democracia, son ideales que la gente sensata necesariamente comparte.

Pero qué desagradable es irse decepcionando, lentamente o a pasos agigantados, cuando empiezan a agrietarse las más elementales normas que rigen los cimientos de la sensatez y los logros trabajosamente conquistados en materia de libertad de expresión, equilibrio medioambiental, equidad económica para todos los sectores, seguridad ciudadana y otros derechos humanos fundamentales, tras haber enfrentado durante tantos años el oprobio de la vieja dictadura.

Qué sensación de engaño ante la prepotencia galopante que en todos los ámbitos sentimos abiertamente o de forma solapada. Qué decepción cuando a cada rato surgen contradicciones entre lo dicho y lo que en realidad se hace o se deja de hacer; entre lo prometido en campaña y los vicios que vemos repetirse, solo que desproporcionadamente aumentados como si los estuviéramos mirando bajo el prisma ilusorio de una lupa.

Lamentablemente, todo parece indicar que la percepción no es ilusoria. Y, además, la gente siente que empieza a reptar tras bambalinas un amedrentamiento que, gestado en diversas instancias del poder, provoca un temor real en quienes no se pliegan ni transigen; sobre todo, en los que se atreven a disentir, a criticar, incluso a debatir públicamente sobre temas que en un momento dado se perciben como delicados o inconvenientes, ya sea porque las decisiones que se toman o se van a tomar riñen con la Constitución, o porque sin hacerlo amenazan el progreso de muchos a favor de unos pocos, a menudo desquiciando de paso las bases mismas de la institucionalidad.

La compra directa y la omisión del control previo recientemente decretados con excusas baladíes, además de los obvios favoritismos políticos y económicos, son buenos ejemplos. Aparte del desastre nacional que fue la reciente represión en Bocas del Toro, con sus secuelas trágicas en distintos niveles, por la terquedad de aprobar una ley obtusa e intransigente que de todos modos ha sido necesario cambiar.

Ahora los medios de información, y no pocos periodistas individuales, de diversas maneras y con pretextos disímiles empiezan a ser amedrentados. El informe de la comisión panameña ante la Sociedad Interamericana de Prensa, reunida hace unos días en Mérida, México, es clarísimo en su contundente muestreo y denuncia de peligrosos desaciertos del Gobierno en su progresivo asedio sutil o abierto a dichos medios.

Si a esto sumamos el desafío a los grupos ambientalistas, a los pobladores locales y a la salud del país mismo en materia de minería a cielo abierto y otras formas de violentar la indispensable protección ambiental en aras de un supuesto beneficio económico superlativo, además de diversas modalidades de enfrentamiento o desavenencia permanente con otros grupos de la sociedad civil, lo que tenemos es un cuadro nacional en extremo deprimente. Y, por supuesto, muy, muy preocupante.

Ante este panorama, en una sociedad democrática no queda más que organizarse. Pero al margen de los partidos políticos, de los que todos estamos hartos por esa eterna actitud convenenciera que de una manera u otra suele uniformar a los oportunistas, que son muchos de sus dirigentes. Decididamente, empezar a hacer sentir a nuestros gobernantes sólidos criterios divergentes cuando los haya, acaso más sensatos; y tal vez incluso, poco a poco, mayoritarios. Porque si la unión hace la fuerza, la fuerza de los razonamientos individuales al multiplicarse puede perfectamente convertirse en mayoría. La historia, siempre sabia, ha dado múltiples ejemplos del fenómeno.

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<> Este artículo se publicó el 4 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Docente, el arte de respetar y ser respetado

La opinión de…

Carlos A. Voloj Pereira

La composición académica, pedagógica y del carácter intelectual de un profesor se refleja en la conducta y personalidad del estudiante, a tal punto que ambos grupos se identifican con el espíritu que cada uno se forma como estudiante y como profesor. El estudiante, a su vez, es el producto de la formación que le dan en el hogar, por lo que se podría también decir que el estudiante es el reflejo de la educación que recibe en su casa y que ya habrá venido formado a la universidad para que el docente, a su vez, lo impregne de la integridad, la honestidad, la sabiduría y la ambición bien delineada que deberá recibir durante el período de su formación académica e intelectual.

Por lo tanto, la trayectoria del estudiante es la de aprender a hacer buen uso de los conocimientos y la responsabilidad que le inculcan en las aulas superiores para cuando tenga que enfrentarse totalmente ante la sociedad. La evaluación del aprendizaje en la educación  panameña se palpa mejor y con mayor intensidad en las aulas de clases, en el intercambio práctico y habitual que los profesores realizan con sus alumnos y en el que los alumnos intercambian con sus profesores.

Con este ejercicio, el estudiante y el profesor adquieren una viva conciencia social y humana, que será moderada y conducida por los valores cristianos que habrá recibido hasta su llegada a la universidad, en donde esos valores deberán ser robustecidos, apuntalados y mejor definidos, de manera que el alumno vea en esos valores cristianos su mejor vitamina y su más apropiado escudo de defensa contra las asechanzas del mundo competitivo. Sin embargo, la universidad y los educadores deberán prever que ya los estudiantes vendrán con una formación espiritual algo anémica y un tanto enclenque que no les permitirá valerse de toda la fuerza para la batalla, en la que los valores humanos fortalecidos y equilibrados puedan prevalecer.

De ahí que el estudiante deba tener profesores ejemplares, porque la moral del educador deberá ser siempre encomiable y digna de ser emulada. Por eso, el concepto de justicia debe ser claro en la conciencia del docente, de manera que pueda transmitirlo a sus alumnos, sin el menor asomo de hipocresía o de sarcasmo; esto es que sea honesto en lo que diga y no provoque ironías en las respuestas de sus alumnos. La integridad denota aversión a la corrupción.

Esta resistencia a la contaminación de la falta de ética y moral es el instrumento con el que se gana el respeto de la sociedad. De ahí que el docente deberá ser el mejor expositor del arte de respetar y ser respetado y, aunque la felicidad pudiera ser una quimera que parece correr delante de nosotros sin que nunca podamos alcanzarla, como no sea rozarla con la punta de los dedos, los grandes sabios y prohombres de la humanidad siempre han respondido cuando les han preguntado: “¿Y para qué quiere usted saber… aprender tanto?”, han respondido: “Para ser feliz, solo para tratar de ser feliz”. Por lo que, tratando de ser sabios y hacer sabios a nuestros discípulos, nos estamos otorgando y les estamos otorgando un poco de felicidad.

Los valores humanos no podrán ser calificados a través de actitudes y comportamientos de personas que no posean una cultura integral, que haya sido robustecida y avalada por el entorno académico en que el egresado haya recibido su formación superior. Esto demanda que, también, el docente se mantenga a la altura de la demanda del momento científico, tecnológico y educativo. El docente y el estudiante no pueden funcionar separadamente. Es una dualidad inevitable sin la cual no puede existir un sistema educativo.

El docente deberá inculcar al estudiante que todos los días deberá buscar la verdad y el conocimiento en la constante evolución de la vida diaria. Lo que ayer era el máximo tecnicismo y el mayor descubrimiento de la tecnología avanzada ya no nos sirve, y hay que aprender lo que es de actualidad y lo que sirve ahora.

El estudiante será su mejor jurado, juez y fiscal, y sólo él podrá evaluarse a sí mismo en el cumplimiento de su deber. No podrá evitar amoldar su fisonomía profesional y moral, sin tener en cuenta el perfil de la gestión pedagógica y curricular que haya acumulado en su vida como estudiante universitario. El material con el que se haya construido su bagaje académico conformará la estructura con la que se sostendrá en los terrenos de la vida. El estudiante será, pues, la imagen y semejanza de su profesor.

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<> Este artículo se publicó el 4 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Elecciones y paquetazos II

La opinión del Escritor…

Guillermo Sánchez Borbón

Yo nací y crecí bajo el liberalismo. Como el resto de mis paisanos, lo creía eterno. En 1968 su candidato, David Samudio, se enfrentó a Arnulfo. Éste logró, por razones demasiados complejas para analizarlas aquí, el apoyo de importantes facciones liberales disgustadas con Samudio, quien en mi opinión hubiera sido un buen presidente, pero que no lo fue porque le faltaba tacto político (cualidad indispensable) y se había enajenado a los líderes de facciones poderosas de su partido y de los partidos aliados al suyo.

Estos líderes, furiosos, decidieron darle un escarmiento ejemplar a Samudio. El resto es historia de sobra conocida. Perdió Samudio, pero debido a las características personales de Arnulfo y a la feroz ambición de los militares, a los 11 días de haber tomado posesión de su cargo, todos sus nuevos aliados estaban furiosos y a punto de romper con el socio mayoritario. El golpe de los militares a los 11 días de haber asumido el poder Arnulfo, el cuartelazo de octubre, impidió que consumaran un rompimiento formal –que todos sabíamos inevitable– entre Arnulfo y los partidos aliados a Arnulfo.

Una de las consecuencias del cuartelazo y de los años en el poder del llamado proceso (kafkiano) fue acelerar la muerte de los partidos tradicionales; pero yo tengo la seguridad de que todos estaban condenados a morir de muerte natural. Excepto el arnulfismo, que sobrevivió al cuartelazo y a todas las persecuciones militares. Gracias al veranillo democrático (definición feliz de Carlos Iván Zúñiga) que impuso Carter a Torrijos, Arnulfo regresó del exilio para dar su última batalla. Una vez más, los ciegos militares le arrebataron su triunfo con un paquetazo.

De ahora en adelante, el brazo político de los militares se irá encogiendo hasta que, por último, ya muy disminuido, irá a reunirse con todos sus antecesores (a menos que el actual presidente trate de reelegirse y le infunda renovados bríos al hoy predifunto).

No se crea, ni por un momento, que este ha sido un proceso exclusivamente panameño. En el resto del mundo ha ocurrido lo mismo. La otrora todopoderosa Democracia Cristiana se ha esfumado en todas partes (menos en Alemania y en Chile) en un plazo angustiosamente corto. Recordemos un proceso de agonía sobremanera veloz, del que ninguno de sus líderes tiene personalmente la culpa. Todos fueron arrastrados por una corriente incontenible. Voy a citar algo que escribí, hace casi 30 años, para un acto de ILDEA:

“Para poder subsistir, mucho antes del derrumbamiento de la URSS y de sus satélites, inteligentemente el comunismo italiano abjuró primero de Stalin, luego de Lenin y por último de Marx, es decir, de todos sus grandes patriarcas y santones, y de una teoría elevada por sus seguidores al rango de verdades reveladas.   Hicieron bien los italianos: no sólo por el desprestigio en que han caído aquellos nombres, sino porque ninguno de los profetas y políticos que nos legó el siglo pasado (y casi la primera mitad de este), puede aconsejarnos sobre las cuestiones angustiosamente urgentes de hoy. Ninguno de ellos (salvo Stalin, que optó por ignorar los peligros) conoció las armas nucleares, la sobrepoblación y la consiguiente (y tal vez irreversible) destrucción del medio ambiente”.

Páginas más tarde, escribí: “Y aquí tocamos una de las llagas más sensible del problema: el coste exagerado de las campañas electorales y el del mantenimiento de los partidos. Algunos jefes políticos de nuestros días, desesperados, han tenido que aceptar dineros cuya procedencia los dirigentes se han guardado de aclarar. Han pagado carísimo (con su muerte política) estas maniobras siniestras.

“Daré una idea del coste de las campañas: en 1992 la de Estados Unidos fue de 60 millones de dólares, en 1996 fue de 200 millones y se calcula que este año será de 500 millones. ¿Qué se esconde detrás de estas cifras? El Partido Republicano de EU, de suyo muy conservador, ha vendido su alma a poderosas fuerzas económicas.

Los diputados de este partido defienden públicamente los siniestros intereses de las compañías tabacaleras (que cada día ponen más nicotina a sus cigarrillos con el fin de enviciar a los adolescentes) y de la National Rifle Association, que pese a las tragedias ocurridas últimamente en las escuelas, sigue oponiéndose tenazmente a cualquier control de las armas de fuego, aun a la instalación de un dispositivo de seguridad que impediría que un niño de seis años de edad asesine en clase a uno de sus condiscípulos”.

<> Este artículo se publicó el 4 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/sanchez-borbon-guillermo/

Veraguas: sede del aeropuerto internacional

La opinión del Educador….

VICENTE A. CABALLERO DÍAZ
chente-3406@hotmail.com

La ciudad de Santiago es una urbe en movimiento, hospitalaria y progresista. Sin adentrar en su historia, que arranca por los años de 1502, con la llegada de Cristóbal Colón, quedó demostrado su valor estratégico como ruta internacional para Panamá y Centro América que se realizaba a lo largo y ancho de su geografía.

Pues, hoy día, la provincia de Veraguas se localiza en el ombligo central de la República de Panamá, con el privilegio mundial de ser la única provincia bañada por los dos océanos: el Atlántico y el Pacífico, para contar con 395.7 kilómetros de costas. Tiene la isla más grande del país y Centroamérica, que lo es Coiba, declarada por la UNESCO patrimonio de la Humanidad. En total, son 40 islas, donde puede proyectarse el turismo.

Los españoles con cierta precisión, supieron escoger el sitio que sirvió de enclave a esta progresista ciudad, visitada constantemente por comerciantes de las provincias de Coclé, Herrera, Los Santos y Chiriquí, unos con mayor intensidad. Se levantó la ciudad en una extensa planicie, equidistante a la cordillera y a las costas. Siguiendo el lema aristotélico: ni muy muy, ni tan tan. Esta condición sui géneris la ubica ventajosamente, dentro de las diferentes opciones, libre de otros elementos que afectan directamente, a la aviación nacional e internacional, factores que servirán de diagnóstico por los técnicos y expertos, quienes tendrán que tomar la decisión histórica sobre el sitio más congruente para levantar este megaproyecto en el interior del país.

Tiene un extraordinario puerto internacional en Bahía Honda, que, en un futuro próximo, rendirá sus frutos. Una provincia, además, rica por su gente, que es un mosaico del país y, particularmente, por la cultura originaria expresión de nuestra identidad nacional.

Ocupa la provincia el tercer lugar en la República, en cuanto a su superficie terrestre y población. Su ventajosa posición geográfica, punto de encuentro de las rutas del transporte nacional, de Centro América y América del Norte, han incidido en su inesperado crecimiento. La carretera Panamericana, que parte a la ciudad en dos mitades, ha contribuido en el crecimiento habitacional y, por ende, del comercio y la industria. En el aspecto político administrativo, en el rubro de la educación, con la creación de más de 12 universidades, apunta hacia un proceso de acrecentamiento cul tural, lo cual merece un tratamiento especial. Santiago es un Centro Bancario por excelencia, y este fenómeno, único en el interior del país, es indicativo de la pujanza del sector industrial y comercial, acoplado al rol que ocupa el Ministerio de Desarrollo Agropecuario en el interior y otras instituciones.

Sin ninguna pose chovinista, se hace necesario elevar los juicios de valores y ponderar en su justa medida los diferentes lugares pertinentes, para la ubicación de dicho aeropuerto, mirando el presente político y sin intereses personales y sórdidos, sino el futuro de país, inmerso en este perentorio cambio de la economía panameña.

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<> Este artículo se publicó el 3 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

No me preguntes por chismes

La opinión del  Escritor y Analista Político….

 


RAFAEL MONTES GÓMEZ
recursossinlimites@gmail.com

Fíjense, estimados lectores, que hay gente que piensa que la realidad de Colombia en la era de Uribe se trataba de guerrilleros marxistas con pistolitas de agua. Jamás volaron en pedazos a nadie, no hubo asesinatos en masa perpetrados por las FARC y jamás participaron del narcotráfico. Su líder Tiro Fijo y otros gamonales seguramente mintieron.

Las miles de veces que las FARC y el narcotráfico se han enfrentado al legítimo y constitucional ejército colombiano, incluso en el asalto y toma del propio Palacio de Justicia (1985), lo hicieron con armas de mentira y balas de salva.

En la versión revisionista de los medios, son una falacia los cientos de miles de colombianos muertos durante cinco décadas, eso nunca sucedió, Colombia siempre fue lo pacífica que es ahora.

Tampoco nunca antes los magistrados, jueces, gobernadores, periodistas, policías y militares estuvieron infiltrados por los siempre buenos capos del narcotráfico o los nobles de las FARC, así que pincharlos fue un crimen de lesa humanidad.

Borren de los libros de historia que en el año 2000 hubo una señora llamada Elvira Cortés que estuvo por varios días con un collar bomba de PVC1, y que al intentar rescatarla la volaron en pedazos a control remoto, imagen que recorrió el mundo, pero que no responde al legado de paz de los marxistas ni de las FARC.

Borren de los libros de historia que los jefes del Cartel de Cali financiaron las campañas de muchos parlamentarios, así como los patrocinados por los consorcios económicos privados y que aportaron entre todos seis millones de dólares a la campaña presidencial de Ernesto Samper, el que con esos fondos repartió dinero para comprar el margen de votos que le permitió asegurar su triunfo.

Jamás ocurrió que Andrés Pastrana, el candidato perdedor, y después sucesor de Samper, entregara las grabaciones con las escuchas telefónicas ‘ilegales’ sobre la financiación de narcotraficantes a candidatos.

Borren de los libros de historia el atentado, de 500 kilogramos de dinamita en un carro bomba, contra el DAS en diciembre de 1989. Tampoco nunca perecieron en ese hecho espantoso cerca de 104 personas entre funcionarios y transeúntes, además de 600 heridos. No hubo derechos humanos que hablaran de las FARC.

Borren de los libros de historia que un 9 de abril de 1948 fue asesinado a mansalva Jorge Eliécer Gaitán, candidato a la Presidencia, por Juan Roa Sierra, dando inicio a uno de los conflictos internos más sangrientos de la historia. Jamás sucedió, el presidente Álvaro Uribe Vélez muy por el contrario recibió a una Colombia en un remanso de paz y de virtudes.

¿Qué tal si a los magistrados se les ocurre que le devuelvan los discos duros de Raúl Reyes a las FARC, y que todas las pruebas que recabaron tras el bombardeo se extrajeron de forma ‘ilegal’? ¿Qué tal si a los magistrados de la Corte se les ocurre que además, se procese al actual presidente Santos?

Un colombiano en Panamá me dijo: ‘No puede tener excusa si fue el ministro de Defensa del presidente Uribe, arréstenlo por el asesinato del Mono Jojoy, total ya confesaron con orgullo los organismos de seguridad a su mando cómo lo setearon con la bota convertida en GPS y le tiraron una inmensa bomba que lo hizo añicos. Total Santos es responsable del DAS y de los falsos positivos’.

Hecho esto, obvio empezamos otra guerrita civil por otros 50 añitos más… ¿Les parece bien así?

En fin… ¿Lo ven, se dan cuenta? No hay límites para la estupidez humana. Colombia no es Panamá, no se admiten comparaciones. Aquí es donde cobra vida la frase que queda grabada para la posteridad: ‘No me preguntes por chismes’. Hablemos de realidades, de la lucha contra la guerrilla y el narcotráfico.

 

 

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<> Este artículo se publicó el 3  de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Los acuerdos fiscales

La opinión del Ingeniero Industrial y Analista Político...


JOSÉ I. BLANDÓN C.
blandonc@cwpanama.net

Enel marco de la nueva situación generada por la globalización de la economía y el desarrollo tecnológico que han alcanzado las actividades ilegales promovidas por individuos y por organizaciones criminales, se ha hecho necesario replantearse, para modernizarlas, las relaciones entre los estados concernientes a la cooperación fiscal y al intercambio de información en materia de impuestos.

Nuestro país ha sido acusado injustamente de ser un paraíso fiscal, a pesar de los cambios que en forma continua ha realizado Panamá durante los últimos veinte años. También es cierto que la estructura financiera creada a raíz del desarrollo del sistema bancario nacional, ha permitido el uso ilegal de nuestras facilidades y como consecuencia, hemos sido incluidos en listas discriminatorias a lo largo y ancho del planeta.

Desde varias administraciones se ha venido estudiando la necesidad de introducir cambios en nuestras relaciones con respecto a la evasión fiscal y al uso del Centro Financiero panameño por personas ligadas al narcotráfico, terrorismo, a la evasión de impuestos, y a toda actividad ilegal que produce ingresos que necesitan ser ‘legalizados’, de una u otra forma.

Bajo la administración del presidente Martinelli se lanzó una estrategia con el fin de promover la integridad, competitividad y rescatar el buen nombre de Panamá, a través de una estrategia nacional para la promoción de los servicios internacionales y financieros, que tiene como uno de sus fundamentos lograr excluir a Panamá de listas discriminatorias.

En el marco de esta estrategia nuestro país ha logrado establecer mecanismos efectivos para el intercambio de información tributaria con catorce países, de los cuales ya han firmado diez, incluyendo el Acuerdo para la Cooperación Fiscal y el Intercambio de Información en Materia de Impuestos, que se firmó el martes 30 de noviembre en la capital federal de los Estados Unidos.

Algunos sectores han salido a cuestionar este acuerdo de Panamá con los Estados Unidos, especialmente los gremios de abogados ligados a estos negocios y las grandes firmas de abogados. En su argumentación indican que esta es una claudicación a la soberanía nacional y que tendrá efectos devastadores sobre el futuro del Centro Financiero panameño y el importante sector de servicios que constituye piedra angular de nuestra economía. ¿Será cierta esta afirmación de los gremios de abogados y los grandes bufetes?

Lo primero que tenemos que señalar es que en términos generales todos los acuerdos de intercambio tributario que ya ha firmado Panamá tienen exactamente los mismos principios y efectos, incluyendo el firmado esta semana con los Estados Unidos.   Estos acuerdos han tenido un efecto positivo en la imagen de Panamá y en la calificación de riesgo nación.   En la práctica, el sistema financiero panameño se está haciendo más transparente y la imagen del país ha mejorado sustancialmente.   El que quiere hacer negocios en Panamá tiene que hacerlo dentro de la legalidad nacional y en el marco de las reglas jurídicas que regulan la economía global. Panamá no debe dar espacio para que el crimen organizado, en cualquiera de sus manifestaciones, utilice nuestro sistema financiero para sus perversos propósitos.

Se ha hablado que Panamá perderá el secreto bancario, que se eliminará la privacidad, que los Estados Unidos podrá hacer investigaciones cuando les dé la gana, y, en fin, se expresa que el país colapsará. Además, que quienes firmen estos acuerdos serán considerados como los Bunau—Varilla modernos.

El acuerdo con los Estados Unidos garantiza la privacidad de los individuos y permite la emisión de acciones al portador, lo más importante es que no existe un intercambio automático de información ni las llamadas expediciones de pesca, es decir, los Estados Unidos tendrá que hacer una solicitud de investigación debidamente sustentada, para poder que Panamá acceda a entregar la información requerida.

El intercambio de información que se compromete a realizar Panamá, independientemente del tipo de acuerdo celebrado, se hará en base a solicitudes individuales provistas de un fundamento específico y justificado y observando el principio de la reciprocidad. Es decir, Panamá no dará información que la otra parte no pueda entregar.

Considerar traidores a las autoridades que firmen estos acuerdos es un argumento demagógico y demuestra la falta de objetividad de quienes realizan sus críticas. Es un hecho público y notorio que la Asociación Bancaria de Panamá, Cámara de Comercio y los abogados han estado representados, junto a altos funcionarios del gobierno, en el diseño y ejecución de esta estrategia.

Al final, el Centro Bancario de Panamá saldrá fortalecido y seguirá siendo factor importante del desarrollo nacional, ahora bajo una transparencia mayor y ajustada a las necesidades de nuestros aliados estratégicos, pero fundamentalmente, ajustada a los intereses de la nación panameña y del desarrollo económico de nuestro país. Ser panameño será en el futuro un sinónimo de transparencia y orgullo.

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<> Este artículo se publicó 3  de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.